AVENTURAS EN TOKIO

II.

Era la última clase del día y las caras de entusiasmo en general era porque, precisamente, era la última clase del día. Honoka tenía un gesto de concentración total mientras ponía atención a las clases de química avanzada. No estaba del todo perdida en esa materia, aprovechó bien cada rato libre durante la preparatoria para leer cada libro de su interés al alcance de su mano. Había conseguido varios por su cuenta también y solía leer mucho de la materia por internet. Entre muchas otras cosas, claro.

Al principio dudó un poco en si ir primero a una rama en la química o la electrónica, y cuando Nagisa le dijo un "¿porqué no ambas?" tomó ambas. Poder elegir sus materias en cada curso era muy ventajoso, todos ahí tenían esa ventaja, estudiantes aplicados como ella que consiguieron un sitio ahí a base de mucho esfuerzo y trabajo. No ponía atención del todo a las otras caras cansadas, Honoka aun tenía energía de sobra y seguro los demás tenían sus razones para estar agotados a esa hora, no era quién para juzgar. De momento todo era teoría, pero dentro de un par de lecciones más podrían ir al laboratorio, lo esperaba con la misma emoción con la que un niño esperaba ir a un parque de diversiones.

Así era ella.

Con Nagisa asistiendo a otra universidad, Honoka estaba por su cuenta y su naturaleza reservada la hacía ir en paso solitario sin percatarse, era casi instintivo. No se había hecho de amistades y compañeros más cercanos, conocía los nombres de los demás en la clase pero no andaba con nadie más durante sus cortos ratos libres entre clases. Era capaz de hablar con los demás con soltura cuando se trataba de estudiar en pares o en grupos sobre la materia en turno, prestaba ayuda sin rechistar y podía explicar a quien se le acercara, pero fuera de ello, se movía por su cuenta. Así era ella.

Y de la misma manera que en su vida escolar en Verone, en la universidad también se hizo de una pronta fama no solo por ser una estudiante que aprendía rápido. No era una superdotada, vaya, pero era a la que más se le notaba las ganas por aprender. Lo otro que resaltaba de la chica era ese atractivo que hacía levantar más de una mirada, cabello largo y oscuro que le llegaba un poco más abajo de la cintura a esas alturas, que usara vestidos y faldas casi siempre le daba un atractivo clásico difícil de ignorar. Su modo de vestir era recatado, ella misma lo sabía, pero eso le sumaba puntos a ojos ajenos. Ese día en especial vestía una falda larga con vuelo de color azul claro, lo acompañó con una linda blusa de manga larga que Nagisa le recomendó y llevaba su calzado de tacón bajo. Muy casual, muy modesta y muy linda a su modo.

Apenas estaba comenzando el curso y la chica ya daba de qué hablar.

La última clase del día terminó y Honoka salió con prisa del salón de clases, no le dio oportunidad a nadie de entablar una conversación con ella, iba con algo de prisa. Tenía que terminar el trámite de su credencial de la biblioteca de la universidad y poder pedir prestados todos los libros que ella quisiera. En el camino puso un par de audífonos en un teléfono que muchos verían como uno normal, pero que en realidad era la nueva apariencia de su compañera Mipple. Encontró esa forma particularmente ventajosa, podría llevarla a todos lados, si se colocaba los auriculares podía hablar con ella y quien le viera pensaría que hablaba con otra persona y no literalmente con su teléfono.

─¿Me veo bien para la foto de la credencial? ─preguntó Honoka, aprovechó el camino para sacar su espejo de mano y darse un vistazo.

─Te ves bonita-mipo ─respondió la princesa con particular alegría─. Y hoy te pusiste los lentes de contacto, saldrás bien, pero también te ves linda con tus gafas normales-mipo ─agregó en total apoyo. Debía admitir que Honoka se veía bien sin importar qué se pusiera.

─Gracias, Mipple ─respondió Honoka con una sonrisa, luego volvió a mirarse a su espejo y controló la necesidad de tallarse los ojos─. Ahora que lo mencionas, las lentillas son algo molestas, debería ponerme mejor las gafas ─rápidamente fue a los baños del edificio más cercano para poder sacarse las lentillas y colocarlas en el estuche. Las gafas eran más cómodas. Apenas quedó lista, retomó su veloz paso hacia la biblioteca, no era la única que debía ir a tomarse la foto y terminar el proceso burocrático. Para el día siguiente ya debería tener su credencial de biblioteca. Terminó entre un pequeño río de estudiantes que hicieron una ordenada fila para poder pasar a donde les tomarían la foto. Casi todos estaban entretenidos en sus teléfonos o en lecturas, otros que iban en pares o pequeños grupos platicaban para pasar el rato.

Honoka ya no podía hablar con Mipple pero sí leer junto con ella uno de sus propios libros. Ni siquiera era de alguna materia, era una novela de aventuras que Nagisa le regaló porque la vio con muchos kanjis y se estaba vendiendo mucho en la librería a donde pasó. Hacía un tiempo de ello y esa era una de las lecturas que siempre cargaba consigo para entretenerse y despejar su cabeza.

Veinticinco minutos después ya estaba de salida de la biblioteca y camino a casa. Iba bastante satisfecha por lo logrado en el día. Quería llegar pronto a casa y ver qué tan bien le salía la comida a Nagisa ésta vez. La primera casi le da un dolor de estómago, pero ambas resistieron como campeonas porque no había otra cosa para comer y debían controlar sus gastos. La siguiente fue menos peor, le hizo falta sal y sazón, pero ninguna se enfermó. La siguiente no pudieron comer lo que cocinó porque se le quemó y la amable vecina percibió y olió el humo y les dio algo de lo que ella había cocinado. La vez pasada se pasó de sal pero solo un poco y estaba mejor sazonado. Todas esas situaciones se habían repetido al menos una vez.

Nagisa se estaba tomando en serio su papel como roomie compartiendo las tareas con ella. No que su pequeño piso necesitara mucho tiempo para limpiarse, pero su mismo tamaño lo volvía propenso a ensuciarse rápido si no mantenían cierto orden. Podría haber elegido un piso más amplio como sus padres sugirieron, pero uno así hubiera sido más costoso a futuro, incluso con ambas compartiendo los gastos por la mitad. El tamaño y la distancia era perfectos, ambas estaban a lo mucho a cuarenta minutos de sus respectivas escuelas, había varias facilidades cercanas y el barrio era muy animado.

Admiraba todo lo que sus padres lograron por sí mismos. Su propia abuela salió adelante luego de vivir una guerra siendo niña y aun así logró una hermosa familia, y su descendencia a su vez logró volar incluso más lejos que ella misma. Ahora era su turno y lo haría por méritos propios. Un año de renta se le hizo un poco excesivo pero en cuanto a negociación no había manera de competir contra sus padres, ellos se salieron con la suya e incluso amueblaron el piso con lo básico como la estufa, la nevera, el aire acondicionado, un televisor, una mesa plegable y hasta un futón, y un par de muebles más para guardar sus cosas. Los trastos básicos y la instalación de gas, luz e internet quedaron asegurados incluso desde antes que ellas se mudaran. Básicamente solo llegaron a acomodar las cosas con las que llegaron, ya estaba todo.

Era gracioso como era el turno de ella de volver a casa para los cumpleaños. Le alegraba que sus padres estuvieran ahora con la abuela, una de sus preocupaciones antes de mudarse era que se quedara sola, pero ya no era el caso. Un regalo de cumpleaños adelantado que sí aceptó de buena gana fue la laptop nueva y una impresora. Compartía ésta última con Nagisa, ella tenía una laptop propia que su padre le consiguió de segunda mano con ayuda de un compañero de oficina.

Bastó que Honoka le metiera mano a esa laptop para que quedara veloz y actualizada.

Salió con menos prisa de la universidad y de ahí hasta la estación de tren ligero. Solo debía hacer un transborde para llegar a la estación cerca de su casa, cinco minutos de caminata y llegaba a su destino. Sí, había investigado bien la ubicación. Tokio era ENORME, y estaba aprendiendo a conocer el sitio. Aun les hacía falta conocer todos los sitios emblemáticos, pero tenían en planes dar un tour completo a la primera oportunidad. Ella misma aun no acababa de desempacar todas sus cosas, tanto a Nagisa como a ella les llegaron unas cajas desde casa con el resto de sus pertenencias. De momento las tenían apiladas y aun sin abrir en una esquina del cuarto. Benditos muebles modernos de poco espacio y mucha capacidad, habían pedido uno en línea y les llegaría al día siguiente, solo debían armarlo.

Ya en el tren se acomodó casi al fondo y se recargó cerca de una ventana donde no estorbara a la salida y entrada de pasajeros, los trenes ahí siempre estaban llenos, por suerte a esa hora no había necesidad de que nadie del personal de la estación los metiera a presión como ya le había tocado una vez. Se emocionó tanto por la experiencia que fue lo primero que le contó a Nagisa al llegar a casa.

Aprovechó cada palmo de su espacio y volvió a sacar su libro, quería continuar donde se quedó, también se colocó los audífonos para escuchar música en el teléfono, música que Mipple eligió a capricho. Compartían los mismos gustos musicales después de todo.

Habían pasado poco más de veinte minutos desde que subió al tren cuando notó algo que le hizo fruncir el ceño. Así como Tokio era una ciudad más grande y ruidosa que su ciudad natal, también era más atrevida. Notó a un pervertido tratando de tocar a una chica posiblemente de secundaria, se veía joven. Eso la hizo enfadar porque la chica estaba tensa, seguramente asustada. Ella misma ya había lidiado con un par de sujetos que creyó buena idea tocarla y... Bueno, a ese delincuente le esperaba la misma suerte. Ninguno de sus compañeros de clase creería que Honoka podía ser alguien particularmente agresiva.

Fue una gran idea que tanto Nagisa como ella tomaran clases de defensa personal durante sus años de preparatoria...

El escándalo no era bienvenido en sitios públicos, lo sabía, así que con la misma discreción con la que el pervertido tocaba a la muchacha, con esa misma discreción Honoka lo tomó por la muñeca de su mano libre y le torció el brazo por la espalda en una firme llave para evitar que se volteara, incluso encontró soporte en el cinturón del mismo para trabar mejor la llave y no dejar que se liberara. Tenía tantas ganas de gritarle un par de cosas, pero mejor se lo dijo de una manera más amenazadora. Había aprendido mucho de las películas que veía con Nagisa.

─Tocas a alguien más de esa manera y te prometo que no podrás volver a usar tus manos ─le susurró al oído e hizo tanta presión en su brazo que casi le lesiona la muñeca, pudo sentirlo. El sujeto soltó un grito que estuvo a punto de convertirse en un escándalo, pero justo se abrieron las puertas de la siguiente estación y lo siguiente que se vio fue cómo el pervertido salió volando como si alguien le hubiera dado una fuerte patada. Pero no fue una patada, fue ella usando la fuerza y habilidad que había ganado con los años tanto en su forma guerrera como en su humilde forma civil.

Cuando el sujeto volteó le fue imposible ver a la culpable de haberlo lastimado. Soltó algunas maldiciones, pero su escándalo propio estaba llamando la atención y se fue con la cola entre las patas. Honoka solo calmó a la chica en baja voz y le animó a tener algo más de coraje y defenderse de sujetos como ese. Siendo su sociedad como era tenían pocas armas, pero así fuera solo una, si aprendían a usarla, sería más que suficiente. Mipple ayudó a confortar a la escolar usando un poco de su energía. La chica se bajó antes que ella pero sin duda se le veía mucho mejor.

─Nagisa te va a regañar si sabe que casi te metes en otra pelea-mipo ─dijo Mipple en voz baja, divertida.

─No fue una pelea, no como la primera vez ─se defendió Honoka como pudo, la primera vez sí hizo un verdadero escándalo y Nagisa tuvo que ir por ella junto con Fujimura y Kimata a la estación de policía. Ellos dos porque ya eran mayores de edad y alguien debía responder por ella, era eso o llamarle a los padres de Honoka. Sí pudieron marcar al pervertido como criminal, fue lo bueno del asunto, y era una suerte que Honoka aun no estuviera en registro oficial en la universidad o eso habría quedado en su historial. Desde entonces procuraba ser más... Menos violenta─. Quiero que sepa que ésta vez no hubo sangre ─rió quedito y se preparó para transbordar el siguiente tren.

Ya quería llegar a casa, los pleitos siempre le provocaban hambre, comería lo que fuera que hubiera cocinado Nagisa sin importar si sabía bien o no.