AVENTURAS EN TOKIO

III.

Nagisa se sentía bastante satisfecha consigo misma, incluso Mepple la felicitó. Gracias a la conexión energética que compartía con su princesa podía saber cuando ellas estaban por llegar. Honoka y Mipple no deberían tardar más que un par de minutos en llegar a casa y eso le dio tiempo a Nagisa de terminar la comida. La sopa de miso le quedó con buen sabor a opinión de Mepple, el arroz estaba listo y los pescados terminaban de cocinarse. Ganas no le faltaban de robar un bocado o dos, pero resistió. Tenía también la ración de sus pequeños amigos. Con el tiempo ya eran capaces de comer comida humana, pero solo un par de veces por semana, no demasiada o le haría daño a sus cuerpos. Lo aprendieron de mala manera, por suerte no pasó a más.

─Esto le va a encantar a Honoka ─dijo Nagisa con alegría─. Luego le pediré a mamá su receta del curry, quiero prepararlo para ella cuando sea mi turno.

─Si se te olvida yo puedo guardarla-mepo ─una de las ventajas de su nueva forma. Se sentía mucho más útil así─. Yo pongo la mesa-mepo ─saltó del hombro de Nagisa y con mucho cuidado desdobló y acomodó la mesa plegable y los platos encima de ella, solo tenían un juego de vajillas para cuatro, ellos dos usaban los platos más pequeños para sus raciones. El asunto no era si podían comprar otro juego o no, se trataba del espacio. Por suerte no recibían visitas, aun.

─Gracias ─sonrió la castaña y finalmente estuvo listo el pescado. Se apresuró a servir los platos y estaba en ello cuando se abrió la puerta. Su sonrisa fue automática al escuchar los suaves pasos de Honoka detenerse para quitarse el calzado y poder pasar.

─Ya estamos en casa ─anunció Honoka junto con Mipple. Ésta última volvió a su forma normal y saltó a los brazos de su novio.

─Bienvenidas ─fue la respuesta al unísono Mepple y ella. La deportista sonreía con mucho entusiasmo─. Ya está lista la comida, espero que tengas hambre, porque ahora sí me quedó bien ─anunció con orgullo, se le notaba.

─Olía bien desde el pasillo ─respondió Honoka con una sonrisa, fue al baño a refrescarse y usar el lavamanos─. Y sí tengo hambre, bastante ─agregó en voz alta desde el baño y ya le contaría porqué─. ¿Quieres que cocine algo en especial para mañana?

─Me gustaría el estofado de carne, ese te sale increíble, sí, quiero eso para mañana ─dijo Nagisa con alegría, se lavó las manos también y en cuestión de minutos ya los cuatro estaban alrededor de la mesa, uno en cada lado, con sus platos servidos, humeantes y listos. Todos dieron gracias por la comida al mismo tiempo. Sonrió con más alegría al ver los gestos de Honoka y Mipple─. ¿Qué tal?

─Nagisa, te quedó delicioso, el miso tiene bien sabor ─dijo Honoka entre bocados, sonriente. Probó el pescado también─. Y a éste le pusiste las especias correctas, buen trabajo, Nagisa, está delicioso ─repitió y siguió comiendo con visible apetito. Mipple apoyó la moción y comía lo suyo en pequeños bocados.

─En serio tienes hambre ─la deportista conocía el apetito de su amiga y algo tenía en ese momento, estaba más hambrienta de lo normal─. ¿Los pusieron a correr o qué? Ahora sí comes con prisa ─incluso más prisa que ella misma, y eso era mucho decir... Y frunció el ceño al ver que Honoka evadía su mirada. Conocía ese gesto─. ¿Y ahora qué pasó? ¿Qué hiciste?

─Nada... Nada escandaloso ─respondió Honoka con los palillos aun en la boca, evitaba en todo momento su mirada y ya se imaginaba el gesto de enojo de su compañera─. No es mi culpa, ese tipo estaba manoseando a una pobre chica. Pero no lo lastimé ─o al menos estaba segura de eso─. Fue en el tren, nadie se dio cuenta de lo que hice, ni siquiera el pervertido...

Nagisa soltó un suspiro antes de sonreír, Honoka tenía las orejas rojas. La conocía bien, sabía que Honoka detestaba esos actos y ella misma aplaudía la justicia de mano propia e intervenía si tenía oportunidad, pero su amiga se encontraba varios escalones más arriba. Estaba apenada, lo sabía, pero si no pasó a más entonces no había nada qué reñirle. ─Me alegra que estuvieras ahí para ella, hay sujetos que son un desperdicio de espacio, te comprendo ─siguió comiendo─. Bueno, pronto serás mayor de edad, así que ya no tendremos que ir a recogerte a la estación de policía la siguiente ─dijo con una risa que hizo reír a Honoka también.

─Honoka estuvo genial-mipo ─contó Mipple con emoción─. Le hizo una llave y no lo dejó voltear y luego lo sacó con fuerza en la siguiente estación. Honoka es genial-mipo.

─Lo sé ─dijo Nagisa entre risas, luego miró a su compañera con una sonrisa y le dio un cariño en la cabeza de manera juguetona. De hecho la estaba despeinando─. Buen trabajo.

─Nagisa, no hagas eso ─se quejó y como pudo la detuvo. Al fin pudo verla a la cara y compartieron una sonrisa.

─¡Salud por otro trasero pateado! ─levantó su vaso entre risas y las dos brindaron por ello─. Cuando seas mayor de edad ya nadie te dirá nada y serás tú quien le grite lo que quiera a los guardias ─ya se la podía imaginar, su compañera era todo un caso.

─Estaba pensando en ello, mi cumpleaños cae entre semana, hablé con mis padres e iré a verlos pero hasta el fin de semana, ¿me acompañas o te quedas aquí? ─le preguntó, ya comía con más calma y estaba a punto de terminar su plato. Cuando una cocinaba, la otra lavaba los platos.

─Vamos juntas, pero dejaré que disfrutes la visita con tus padres, yo iré a visitar a mi familia y podemos aprovechar para ver a Hikari y a ese par de bolas de pelo de Porun y Lulun, ¿qué dices? ─terminó su propia comida. Ella en especial se servía raciones más grandes, su apetito superaba en una relación d el apetito de Honoka─. Podemos regresar para el domingo en la noche.

─Es un buen plan, entonces le confirmaré a mis madres.

─Solo no olvides que el día de tu cumpleaños iremos a celebrarlo al karaoke donde trabaja Fujimura, él mismo propuso la idea. No te puedes negar, ya hasta reservó un cuarto ─Fujimura y Kimata celebrarían con ellas, sería un cumpleaños importante para Honoka, el primero donde el mismo día no la pasaría con sus padres y no querían que se sintiera sola por ello, para eso estaban los amigos.

─Créeme, es imposible que lo olvide ─rió Honoka, asintió a Mipple y ésta volvió momentáneamente a su forma de móvil. Le dejó ver a Nagisa las conversaciones que tenía con Fujimura por el Line. No se hablaban mucho, solo saludos y ánimos y comentarios al azar. El chico era más insistente en el asunto del cumpleaños de su amiga casi hermana. Nagisa soltó una risa y luego de eso, Mipple regresó al lado de Mepple─. Gracias por la comida, Nagisa, estuvo deliciosa. Ahora limpiaré todo esto, tenemos que hacer la tarea.

─Mientras limpias me daré una ducha, no lo hice en el gimnasio, de verdad espero no apestar ─y enseguida miró a su compañero amarillo─. Y tú no opines nada el respecto, bobo.

─¡No he dicho nada-mepo! ─peleó Mepple, le riñó un poco y no tardó en regresar con Mipple. Les gustaba sentarse en la orilla de la ventana donde tenía una base para macetas. No tenían macetas aún, así que el par lo usaba para admirar el paisaje, platicar, hacerse arrumacos y aprovechar que nadie les veía a esa hora.

─No apestas, Nagisa, ya te lo dije, te hice el desodorante en base al HP de tu piel, así que solo si no te duchas por varios días comenzarías a oler mal ─y para confirmarlo, se acercó a ella para olfatear un poco. Le había puesto un aroma ligero a lavanda y justo a eso olía, a fresca lavanda─. También necesito una ducha, te alcanzo acabando de limpiar.

Nagisa asintió y fue al mueble donde tenía su ropa y solo sacó ropa interior limpia y una blusa de tirantes. Ya en casa podían vestir tan cómodas como quisieran. De hecho, ya a mediados de su vida como estudiantes de preparatoria era normal que se viesen en ropa interior, eran dos chicas, no había nada de qué apenarse. Primero se lavó bien el cuerpo y el cabello mientras el agua de la tina se calentaba, se sentía bien la ducha y más de una vez sacó un suspiro en señal de relajación. Honoka rápidamente limpió la mesa y la dejó justo donde estaba, esa mesa era su escritorio también, no tenían espacio para nada más en el apartamento. Lavó los platos tan rápido como pudo y, una vez todo en orden, fue por ropa limpia también.

Tomando el ejemplo de comodidad de Nagisa, sacó una camisa larga de manga corta que le llegaba a los muslos, también ropa interior limpia. Dejó su falda y blusa colgadas en un gancho para vestirse rápido en caso de que necesitara salir de casa por alguna razón. Ese día no sería el caso, cenarían lo mismo que comieron y no irían a la lavandería si no hasta el viernes. No tenían visitas, los chicos siempre les mandaban mensaje en caso de que fueran a salir a algún lado. No negaba en lo absoluto que era muy tranquilizador tener a Fujimura y a Kimata cerca.

Para cuando entró al cuarto de baño, Nagisa terminaba de lavarse el cuerpo. Sonrió.

─¿Te ayudo con la espalda? ─propuso Honoka mientras se colocaba detrás de Nagisa.

─Tú lavas mi espalda, yo lavo la tuya ─respondió Nagisa con una sonrisa y se dejó hacer. Soltó otro suspiro cuando sintió la presión en su espalda.

─¿Por aquí? ─presionó la esponja en la parte baja de su espalda, su compañera asintió con la cabeza y con un pequeño ruido de comodidad─. Espera un poco, deja te lavo primero, no te muevas ─pasó la esponja enjabonada por toda su espalda, por la nuca y los hombros. Luego tomó la regadera de mano para enjuagar y finalmente pudo darle un masaje en la espalda. Sonrió y casi rió al escuchar los graciosos ruidos que salían de la boca de Nagisa─. ¿No te aprieto muy fuerte?

─No, tienes un tacto suave, Honoka ─la deportista lo estaba disfrutando, se le notaba─. Los ejercicios son más duros, hoy trabajé brazo en el gimnasio, mira ─y la muy presumida flexionó su brazo derecho para mostrar sus músculos. Rió al escuchar a Honoka reír y le dio el gusto de dejar tocar su bicep.

─Wow, en serio te estás poniendo más fuerte ─su gesto de asombro era sincero, tocó un poco su más su brazo antes de seguir el masaje en la espalda de su compañera─. Ni siquiera me di cuenta de en qué momento me sobrepasaste en estatura. De repente me pasabas por un palmo ─agregó con una sonrisa. Clavó sus pulgares en la zona más tensa de su espalda baja e hizo un movimiento circular. Escuchó que Nagisa soltaba un suspiro de puro alivio.

─Mi padre es alto, en algún momento debía alcanzar más altura ─explicó Nagisa con los ojos cerrados. Pasó un poco más de tiempo antes de que pudiera sentir su espalda como nueva. Se estiró y asintió a su compañera para que se detuviera─. Con esto está bien, gracias, Honoka. Deja lavo tu espalda antes de entrar a la bañera. Ponte en frente, anda. Y gracias en serio, me siento mucho mejor.

─No tienes nada qué agradecer ─respondió Honoka con dulce gesto, en señal de contento se recargó en su espalda, la tomó por los hombros y recargó su mentón en uno de los hombros de Nagisa para poder verle la cara al menos por el espejo. Le regaló una sonrisa más amplia─. Para eso somos compañeras, ¿o no?

Nagisa tardó un poco en responder. Sintió un roce en su espalda que la hizo respingar un poco. Eso en su espalda, todo el pecho de Honoka era suave, se sentía cálido y eso otro que sentía, lo otro... Diablos, esos eran sus pezones. Aclaró su garganta y soltó una risa para calmarse a sí misma. Era obvio que estuvieran desnudas en el baño, no era la primera primera vez que se duchaban juntas, no era la primera vez que estaban desnudas una frente a la otra. ─Lo somos, las mejores. Ahora ponte aquí, anda, primero lavaré tu espalda, luego puedes seguir ─cambió de sitio con ella y le fue más fácil ver solo su espalda. Con algo más de calma comenzó a lavarla mientras Honoka se hacía cargo de su abundante cabellera─. ¿Lo dejarás crecer más?

─Estoy tentada a hacerlo, pero quiero tenerlo a a media espalda de nuevo, es más rápido peinarlo ─desde hace un tiempo se peinaba en una cola de caballo cuando el día estaba particularmente caliente. Le gustaba tenerlo suelto, pero el ambiente le secaba muy rápido las puntas. Podía sentir las fuertes manos de Nagisa lavar su espalda con la esponja usando una gentileza y cuidado que ya conocía. No le molestaba compartir los productos de aseo con ella. Suspiró también cuando ella presionó en su espalda─... Tengo una buena posición sentada, te lo aseguro.

─Lo sé, pero te conozco y sé que solo estás de pie y caminando cuando cambias de salón de clases, eso será malo para tu espalda a futuro ─dijo con mucha propiedad, todo eso lo estaba aprendiendo en la escuela─. Es mi turno ─terminó de lavar su espalda y ahora fue ella quien le dio un masaje de espalda completa, sabía dónde presionar, ese asunto de los músculos era interesante y sabía bien cuáles estaba presionando y para qué serían. Se le notaba bastante concentrada─. Te moverás hasta que yo diga.

─De acuerdo ─respondió Honoka, de momento se quedó quieta, ni siquiera lavaba su cabello porque eso quería decir moverse demasiado y le estorbaría a Nagisa en lo que hacía. Cerró los ojos. Podía sentir cada uno de sus dedos, la presión en los músculos y en las zonas tensas de su espalda. Se quejó un poco pero eso no detuvo a Nagisa, ambas sabían lo que hacía. Suspiró hondo cuando el primer nudo desapareció─. Gracias, no sabía que me dolía ahí hasta que presionaste.

─Deja que haga mi trabajo ─dijo Nagisa con una sonrisa, estaba bastante entretenida y concentrada.

─De acuerdo, soy toda tuya ─un suspiro más abandonó su cuerpo. Tardó exactamente ocho segundos en percatarse de sus propias palabras. Miró por el espejo pero no podía ver la cara de Nagisa. Lo que sí podía era sentirla, sus firmes y gentiles manos presionando sus músculos, paseando por su piel mojada. Se sonrojó sin querer. Tan solo un poco antes cuando se recargó en su espalda sintió un escalofrío, y ahora que las manos de Nagisa estaban en su espalda, el escalofrío era más notorio. Tuvo que sacudir esos pensamientos de su cabeza, no eran apropiados. No supo bien de dónde salió todo eso, pero le echó la culpa a la emoción de estar en Tokio con su compañera, mejor amiga, confidente y todo título que se le ocurriera. Debía ser eso. No tardó en relajarse.

Nagisa terminó con su espalda y luego pudo entrar a la tina a relajarse en el agua caliente mientras Honoka terminaba de lavarse. Aquella era la rutina que comenzaban a adoptar. No siempre se duchaban juntas, pero cuando lo hacían, se notaban cómodas la una con la otra. Un rato después, Nagisa salió primero y le dejó la tina a Honoka.

No pasó demasiado antes de que ambas estuvieran en la mesa con sus respectivos libros y haciendo sus deberes. Tenían el televisor encendido pero en bajo volumen solo para tener algo de sonido de fondo, era un canal de vídeos musicales. Nagisa a momentos se estiraba antes de seguir, Honoka a momentos se asomaba a los libros de Nagisa y más de una vez se quedó entretenida leyendo las lecturas ajenas a las propias. Era una escena que comenzaba a hacerse costumbre.

Así eran sus tardes desde que llegaron así.