AVENTURAS EN TOKIO

V.

Su despertador, un lindo despertador del Battle Ranger rojo que Ryouta les había dado como regalo de despedida, comenzó a sonar con la voz del personaje dando ánimos a los niños y niñas para comenzar ese día con mucha energía. Faltaban quince minutos para las siete. El despertador estaba contra el muro cerca de sus cabezas, y mientras no lo apagaran la animosa voz seguiría sonando. Ambas se movieron un poco, buscaron estirarse y hasta ese momento percataron la posición en la que se encontraban.

Nagisa tenía a Honoka contra su cuerpo, completamente pegada y sin saber en qué momento echó su pierna encima de las de ella. Honoka tenía bien sujeta la mano de Nagisa por debajo de su pecho, sí, era ella quien la sujetaba. Se quedaron quietas unos segundos, ni la voz del despertador las animaba a moverse un centímetro de esa posición.

─Lo siento, ¿no te estoy apretando? ─preguntó la deportista sin mover un solo músculo de su cuerpo.

─No, para nada. La verdad dormí bien ─respondió Honoka con un sonrojo que no pudo controlar. Quizá no ayudaba el hecho de que no soltara la mano ajena─. ¿No te hice pasar mucho calor?

─No, también dormí bien ─fue su turno de responder. Si ambas estaban bien entonces todo estaba bien, ¿verdad? No había de qué apenarse─. Mucho mejor que despertarte con un manotazo, me alegra nunca haberlo hecho ─finalmente rió─. Buenos días, Honoka.

─Buenos días, Nagisa ─sonrió la futura científica. Estrechó dulcemente la mano de su compañera antes de soltarla. Las dos deshicieron la cómoda posición y fue Nagisa la que apagó el despertador.

Se dieron unos minutos más para desperezarse y levantarse del futón. Tomaron sus turnos para ocupar el baño y, como a Honoka le tocaba cocinar ese día, se acercó a la estufa para preparar el desayuno de ambas. Sus compañeros mágicos seguían sin despertar, ellos siempre se levantaban cerca de las ocho de la mañana, casi cuando las chicas debían salir a clases. Alimentarlos no era problema, no cuando las cartas de asistentes se habían convertido en aplicaciones dentro de sus formas de móvil.

Mientras Honoka preparaba el desayuno, Nagisa sacudió y dobló el futón para colocar la mesa plegable un poco más contra el muro. Lo suyo era más rápido de hacer, así que alistó lo demás que debían preparar cada mañana: sus almuerzos. Honoka era quien preparaba casi todo para sus obento, pero Nagisa ayudaba en buena medida facilitando, acomodando y acercando todo. Aun no se tenía mucha confianza para preparar los de ambas sin echarlos a perder. La caja de almuerzo de Nagisa era doble, la de Honoka era sencilla. La de Nagisa era de color negro con un pequeño Mepple pintado a Mano, la de Honoka era blanca con una Mipple al centro. Y tenían sus nombres grabados en la parte posterior, por si llegaban a olvidarlos en sus horas de escuela. Eso facilitaba que se los pudieran devolver sin tantos problemas.

Aun en pijamas desayunaron, tenían el televisor prendido en el canal de noticias, nunca estaba de más saber del clima y del tránsito, éste último dato le era útil a Nagisa por si debía evadir alguna calle particularmente congestionada. La deportista contaba con varias rutas dependiendo del humor de los automovilistas. El clima era importante también, sobretodo por alguna lluvia ocasional.

─Espero que pronto llegue el mueble nuevo, ya se me está acabando la ropa limpia ─comentó Honoka, usaría la misma falda del día anterior, solo se cambiaría la blusa─. Tenemos cosas por acomodar de las cajas.

─Si comenzamos a sacar todo se hará un desastre, de verdad quiero sacar las películas para verlas, pero olvidé marcar las cajas ─se quejó Nagisa con un suspiro─. Lo tuyo es más fácil, solo es ropa y libros, y sé que esa caja es de artículos personales, tu padres sí etiquetaron todo.

─Solo espero que no pusieran cosas extras, ya los conoces ─rió. Y quejarse de que amueblaran el apartamento por adelantado estaba fuera de lugar. Ya no podía reclamar, sus padres se habían salido con la suya tanto como les fue posible.

─Nos espera mucho trabajo cuando acomodemos lo que falte, pero me emociona desempacar todo eso, ¿sabes? Contigo aquí y muchas de mis cosas... Se siente cada vez más cómo en casa, me gusta ─comentó Nagisa con una sonrisa─. No cabe una cama y tampoco una lavadora, la estufa no es ni la mitad del tamaño de la de nuestras casa, no tenemos horno y la nevera nos llega a la cintura si la dejamos en el suelo, pero... Me gusta, en verdad me gusta.

Honoka sonreía cada vez más conforme Nagisa hablaba, estaba completamente de acuerdo con todo lo que ella decía. Tenía razón, todo eso podía parecer tan poco pero a la vez llenaba tanto que se sentía como en casa. ─Cuando les enseñé a mis padres éste sitio dijeron que era del tamaño de una caja de zapatos ─rió de solo acordarse, ellos querían algo más grande, ella quería algo más práctico. Ambas partes lograron salirse con la suya a su modo.

─¿Una caja de zapatos? ─se echó a reír, terminó su desayuno por igual y lavó los platos junto con Honoka. Todo lo del desayuno y hasta salir de casa lo hacían juntas─. Me gusta cómo suena, nuestra caja de zapatos... Y hablando de zapatos, necesitamos comprar al menos un par de pantuflas para las visitas. Aun no invitamos a los chicos.

─Fujimura dice que no es adecuado que ellos se metan a nuestro cuarto ─comentó con marcada diversión─. Creo que más bien no quiere ponernos incómodas porque sabe que nuestro espacio es demasiado pequeño ─enseguida pensó un poco más─. Pero sí deberíamos conseguir al menos un par como dices, mis padres o los tuyos podrían venir de visita, y quedamos en traer a Hikari durante las vacaciones.

─¿Ves? Necesitamos al menos un par de pantuflas. Nosotras no usamos, andamos descalzas, pero no me sentiría cómoda haciendo que nuestros padres estén igual que nosotras ─cocinar junto con ella, preparar los almuerzos y platicar de cualquier cosa se sentía tan hogareño.

─Yo recibo primero el pago mensual de mi beca, puedo comprar un par, y tú compras el otro cuando recibas lo tuyo, ¿trato?

─¡Trato!

Siguieron platicando de eso y de algunos otros temas más. Ese día era miércoles, tenían ir a la lavandería el viernes. Pensaban dedicar el sábado a terminar de ordenar todo de una buena vez, para entonces ya deberían tener su nuevo mueble y dejar el sitio más cómodo tanto en espacio como en apariencia. Ninguna de las dos era desordenada. También quedaron en conseguir algunas plantas para su ventana y conseguir algo lindo para que Mepple y Mipple pudieran dormir y no solo quedaran botados junto al televisor. Tenían tantos pendientes aun que querían hacer todo de una vez, pero iban con calma, tenían que calmarse un poco. Juntas podrían hacerlo.

Mepple y Mipple despertaron a la hora de costumbre, Honoka justo terminaba de peinarse y Nagisa revisaba una vez más no olvidar lo que necesitaba para las clases de ese día. Le dieron su desayuno a sus compañeros por medio de la aplicación de Ompu y ya con todo cubierto podían irse, nuevamente revisaron no olvidar nada y salieron juntas del edificio. Aunque el complejo tenía un elevador, ambas preferían usar las escaleras, Nagisa llevaba la bicicleta sujeta del cuadro pero procurando que no se le pegara a la ropa. En su camino saludaron a los que iban también de salida pero con más prisa. Ya conocían a las personas que vivían y tenían negocios a lo largo del par de calles que las llevaban a la calle principal, saludaron a todos en su camino y justo en el semáforo era donde separaban caminos.

Nagisa seguía el río vehicular en bicicleta, Honoka cruzaba la calle para llegar a la estación de tren. El gesto de despedida que habían adoptado desde mediados de preparatoria fue un choque de costado de sus puños, y justo así se despidieron, con ese suave y muy personal contacto antes de ir a donde les correspondía.

El día pasó con la normalidad que a ambas les gustaba.

Honoka procuró pasar rápido a pedir un libro en la biblioteca con su recién adquirida credencial, ésta vez era un libro de historia. Sí, Honoka podía leer prácticamente de cualquier tema, todos le eran interesantes. La universidad donde estaba ofrecía especialidades sobretodo científicas, pero no por ello su biblioteca tenía solo libros acordes al tema, estaba bastante completa y tomó el primer libro que le llamó la atención. Comenzó a leerlo en su camino de regreso, ésta vez no hubo pervertido de tren... Para suerte de éste. Tenía que pasar al supermercado por los ingredientes del estofado de carne, podía preparar para muchos y para dos, así que no tenía problema con preparar la comida de ese día.

Llegando a casa solo se refrescó un poco y se puso de inmediato a cocinar en compañía de Mipple. La pequeña princesa le pasaba los ingredientes con mucho cuidado, Honoka procuraba que ella no se acercara demasiado al fuego. Mientras cocinaba volvió a repasar el cómo amanecieron juntas, bastante pegadas, de hecho. Nagisa se movía en sueños pero no era brusca, más de una vez le había amanecido encima cuando llegaban a quedarse juntas en la casa de alguna, pero nunca un contacto tan... Personal. Y personalmente no le molestaba la idea de volver a dormir así, de hecho había descansado demasiado bien y no sintió pesado que ella la sujetara así y que incluso le echara una pierna encima.

Le comentaría eso a la mínima oportunidad. La ventaja del estofado que estaba haciendo es que podía dejarlo preparado y volverlo a calentar cuando Nagisa llegara. Pero no fue Nagisa quien llegó primero, si no el servicio de paquetería con el mueble que habían ordenado por internet. ¡Al fin lo tenían! Ya podían acomodar todo lo que aun tenían en su pequeña pila de cajas. Iba a ser tan divertido armarlo. Aunque... Quizá sería mejor esperar al fin de semana para hacer todo de una vez, pero eso también lo platicaría con Nagisa cuando llegara. Lo importante era tener todo listo.

Y hablando de Nagisa, ésta iba de regreso a casa un poco más tarde de la hora usual, tampoco TAN tarde, justo a tiempo para la comida. Unas compañeras de clase la invitaron a tomar un café y Nagisa no era de las que negaban una salida a comer, mucho menos si había postre en la ecuación y si se lo invitaban.

─¿Segura que no quieres quedarte un rato más? De aquí iremos de compras a la plaza comercial que está cerca, hay tiendas con cosas muy lindas ─insistió una de sus compañeras. A todas les agradaba Nagisa, pero no era complicado notar que ella siempre tenía prisa por volver a casa si no tenía razón importante para quedarse más tiempo en la escuela o algún entrenamiento adicional.

─Me gustaría, pero me espera estofado de carne en casa ─informó Nagisa con una risa. El mesero del sitio le dio su orden para llevar, dos rebanadas de pastel, una de fresa y la otra de chocolate. La de chocolate por supuesto que era suya─. Ella me va a regañar por siempre mencionarla después de la comida, pero, sí, tengo mucho que hacer en casa y no puedo dejarle todo el trabajo a Honoka.

─¿Es tu compañera de piso de la que nos contaste, verdad? ¿La chica que asiste al Tecnológico? ─preguntó otra de las chicas─. Que es tu compañera de escuela desde secundaria, ¿cierto?

─¡Ella misma! ─respondió Nagisa con una sonrisa, sacó a Mepple-móvil de su bolsillo y les mostró una foto de Honoka, las tres chicas que la acompañaban soltaron un largo sonido de asombro, una de ellas incluso le quitó el teléfono de la mano para ver más de cerca junto con el otro par. Sonrió con orgullo al escuchar sus impresiones, desde lo linda que era, hasta lo lista que debía ser para entrar en la universidad tecnológica─. Aun tenemos mucho que arreglar en el piso, y además cocina genial, no puedo dejarle todo el trabajo.

─Cuando la mencionas así, es como si fuera tu esposa esperándote en casa con la comida hecha ─dijo la tercera de ellas en un tono de broma, las tres se soltaron a reír ante la idea. Nagisa se sonrojó por culpa de esas palabras y ese gesto solo las hizo reír más fuerte.

─¡No digan esas cosas! ─roja aun recuperó a Mepple, y estaba completamente segura de que ese tonto usaría eso en su contra durante todo el camino a casa. Estaba por agregar algo más para defenderse, pero entre más pensaba en ello, menos convincente sonaba todo en su cabeza. Suspiró con cansancio, si decía mucho quizá todo se volvería en su contra, más en ese súbito estado nervioso─. Me voy a casa, quiero comer y ser todo lo independiente que puedo ser, a comparación de ustedes, que están bajo el cómodo techo de los dormitorios de la universidad ─su provocación logró su cometido. Se habían contado lo suficiente para saber que ellas vivían en las cercanías y aun así estaban en calidad de internas gracias a lo que sus padres pagaban.

Las tres intentaron discutirle un poco pero Nagisa logró escapar. Acomodó con cuidado la caja con los pasteles en la canastilla del manubrio. Apenas estuvo todo asegurado, se alistó para volver a casa. Mepple tomó su forma normal vistiendo el mismo equipo de seguridad que ella.

─¿Con que esposa-mepo? ─preguntó el héroe de manera provocativa.

─Cierra el pico, tonto, somos compañeras. Compañeras ─remarcó esa palabra de nuevo. Eran amigas, las mejores amigas, colegas, compañeras en armas, pareja de combate y un amplio etcétera, pero meter un título matrimonial ahí era un poco...

─Los esposos son compañeros también-mepo ─dijo Mepple con un tono más calmo─. Mipple es mi novia pero también es mi compañera-mepo.

─Eso... Eso tiene sentido, supongo, pero entre ustedes hay amor, ¿o no?

─Y entre ustedes también-mepo.

Nagisa se sonrojó más al escuchar eso, ¿pero cómo responder sin parecer una tonta? No estaba segura. Es decir, quería mucho a Honoka, a ella podía confiarle su vida sin siquiera pensarlo, a ella podría seguirla con los ojos cerrados y saber que a donde fuera con ella estaría bien. Estaba ahí porque Honoka estaba a su lado. Por cuenta propia se las podría haber arreglado de alguna manera, lo sabía, pero cuando pensaba en más escenarios, ninguno podía superar el que vivía en ese momento.

─Supongo que... Sí, pero no es lo mismo que con ustedes dos, hay muchos tipos de amor, ¿sabes? El que nosotras tenemos es uno, el de ustedes es otro, pero eso no nos hace esposas ─eso sonaba lógico en su cabeza, sí.

─Tú serías una pésima esposa, Nagisa ─la verdad es que pensaba todo lo contrario, pero el punto era hacerla rabiar para que pudiera relajarse. Esa tonta no tenía idea de lo que sentía, pero él, que estaba sinceramente enamorado de su compañera, conocía las miradas de amor, sabía que pese a algunas peleas y desacuerdos, al momento de la verdad uno prefería estar junto al ser que lo era todo en el corazón.

─¡Oye, yo puedo ser una buena esposa! ¡Y Honoka no se ha quejado de nada de mi! ─con toda propiedad podía enumerar todas las cosas que hacía bien en casa, incluso estaba cocinando mejor y era más hacendosa que nunca.

─Podemos preguntarle cuando lleguemos a casa-mepo.

─¡Y verás que tengo razón, tonto! ─y esa fue la pausa de su discusión, además debía poner atención al camino y Mepple era muy respetuoso en esos lapsos del camino. Llegó a casa con prisa y con graciosa furia entró a la casa, incluso le sacó un susto a Honoka. Se quedó detenida en la entrada, estaba algo sudada por el viaje de regreso y por subir corriendo las escaleras con todo y bicicleta, seguía con el casco y el visor protector─. ¡Honoka! ¿Verdad que puedo ser una buena esposa?

─¿Eh? ─la pregunta tomó un poco fuera de lugar a Honoka, pero no tenía problemas en responder─. Ah, bueno, si hablamos de una "esposa" como una compañera más que en el sentido doméstico de la palabra... Bueno, eres buena en ambos modos. Al menos conmigo eres una gran compañera, y en cuestiones de la casa no me haces sentir ni dejas que yo haga todo. Si hablo por mi, yo creo que justo ahora eres una buena esposa ─concluyó con una sonrisa.

─¿Ves? ─Nagisa encaró con marcado orgullo a su compañero... Y ahora sí se quitó el calzado y lo demás para poder entrar propiamente, Mepple se adelantó con Mipple─. Ya estoy en casa, Honoka.

─Bienvenida, Nagisa.

─Traje el postre, el tuyo es de fresa ─le mostró la caja con los pasteles y fue a sentarse a su lado. Descansaría y se refrescaría un poco antes de comer.

Por su lado, Mepple y Mipple solo negaron con la cabeza. A veces no sabían si sus chicas eran muy listas o muy tontas para darse cuenta de las cosas... Pero ya llegaría su momento, mientras, las apoyarían como siempre.