AVENTURAS EN TOKIO

VII.

Luego de discutir debidamente el asunto de sus ejercicios, Honoka hizo caso de la experta del tema y siguió el plan de Nagisa. El domingo se dedicaron a explorar los alrededores en la bicicleta de Nagisa, no solo era más práctico, sino que recorrerían más rápido los alrededores. Hasta el momento no se habían alejado mucho de los caminos usuales, le preguntaron a uno de los vecinos sobre un parque cercano y aparentemente había uno en dirección oeste, cerca de una escuela primaria que era donde los niños solían reunirse para jugar. Según palabras del vecino, no era excesivamente grande, pero sí le era agradable a los pequeños porque tenía juegos y todo ese asunto.

El sitio era perfecto para ellas, Mepple y Mipple podían divertirse en los juegos del parque mientras ellas hacían ejercicio.

Se alistaron para ir por el camino indicado, ambas con todo el equipo de seguridad, sus amigos también. Mepple y Mipple iban en la canastilla del frente simulando ser peluches. Lo dicho, chicas en bicicleta acompañadas de sus peluches no era lo más raro de todo lo raro que podía verse en esa gran ciudad. Honoka se acomodó de costado en la base trasera de la bicicleta y por instinto se sujetó de la cintura de Nagisa con firmeza, incluso se recargó en su espalda. No se sentía cómoda yendo de pie sobre los soportes de la rueda trasera, ese día se le ocurrió usar una falda y no necesitaba que el viento hiciera de las suyas en el camino.

Apenas todo estuvo listo, Nagisa comenzó a pedalear. Se le veía bastante contenta por tener a Honoka sujeta a su espalda. ─¿Ésta velocidad está bien, Honoka? ─preguntó Nagisa mientras revisaba el velocímetro y se acoplaba a la velocidad adecuada de la zona. Lo último que necesitaba era lastimarse o lastimar a alguien más, o peor aun, que alguno de sus acompañantes se lesionara. Así era Nagisa Misumi, protectora con las personas que más amaba.

─Voy bien, gracias, Nagisa ─respondió Honoka con tono calmo, por la posición no podía ver al frente pero sí disfrutar el paisaje que iban dejando atrás. Quería aprender lo que había en las calles, como tiendas, postes, buzones de correo y demás señas particulares de la zona─. ¿No te aprieto demasiado? ─esperaba que no, porque sería un poco triste despegarse de su espalda. Iba bastante cómoda ahí, pero la siguiente no era mala idea vestir algo más adecuado para poder ir de pie y ver al frente sujeta de los hombros de Nagisa.

─No, para nada, tampoco me estorbas para moverme, así que llegaremos de una pieza ─dijo Nagisa entre risas. Tener a Honoka en esa posición la ponía particularmente contenta. Al parecer, tenerla cerca siempre era motivo para sonreír. Volvieron a amanecer pegadas, con sus manos unidas y, como toque extra que casi la hace reír, Honoka sostenía un libro con su mano libre. Le gustaba que Honoka se sintiera cómoda con ella, tan cómoda como para hacer lo que solía hacer sin que su presencia le estorbara. Sí, esa era la palabra. Ninguna se estorbaba a la otra, hacían lo que les gustaba, hacían lo que querían sin contener nada y se acoplaban la una a la otra al grado de sentirse parte de dicha actividad.

Cada día le gustaba más despertar en esa caja de zapatos que tenían por apartamento.

Avanzaron algunos minutos solamente, no tardaron en ver las copas de los árboles al final de la amplia calle. La zona escolar comenzaba ahí y tuvo que bajar más la velocidad de su pedaleo. Había bastante gente caminando por las aceras, y por lo que ambas pudieron notar, muchos niños aprovechaban para ir al parque desde temprano. Faltaban minutos para las once de la mañana, el día estaba fresco, propio de inicios de primavera. Fujimura y Kimata les advirtieron que se iban a derretir en verano y morían por experimentar el calor de Tokio.

Un par de calles después ya estaba cerrada la circulación a los autos, ambas bajaron de la bicicleta y se quitaron por mientras los cascos y el visor, éste último en el caso de Nagisa. Mepple y Mipple seguían en la canasta. El par caminó a cada lado de la bicicleta mientras observaban los alrededores. De alguna manera les recordaba el parque donde pasaban tiempo en Wakabadai, los juegos eran casi los mismos, varias decenas de bancos estaban distribuidos bajo la sombra de los árboles y lograron ver una fuente de piso que seguramente era para que todos pudieran mojarse durante los más calurosos días del año. Había gente, bastante, pero solo estaban en misión de reconocimiento.

─¿Cuánta distancia? ─preguntó Honoka y Nagisa revisó el velocímetro, que además tenía un contador de kilómetros.

─Dos kilómetros y medio desde casa ─informó Nagisa─. Es una distancia bastante decente para correr y venir a hacer ejercicio aquí ─mientras caminaban notaron que el parque no era muy ancho, pero sí más largo, entre más se adentraban podían ver algunos espacios donde seguramente la gente hacía ejercicios grupales, había una cancha de basketball que en ese momento era usado por varios chicos. Por la edad que aparentaban parecían ser de preparatoria. Pasando la cancha solo seguía un sendero entre árboles antes de dar a una calle principal. No estaba nada mal a su parecer, y por el gesto de Honoka sabía que pensaba lo mismo─. Han pasado semanas desde que no corres tanto, ¿aguantarás bien un trote de ida y de regreso?

─Nada pierdo con intentar ─respondió Honoka con una sonrisa─. No estoy tan fuera de forma, o eso quiero creer, me tengo confianza ─agregó con una pequeña risa que hizo reír a Nagisa─. Si no es el caso, no tengo problema en volver a aprender los ejercicios de respiración.

─Yo correré contigo de todos modos, iremos al paso que puedas ─dijo Nagisa mientras daban media vuelta y regresaban por el mismo camino─. ¿Les gusta, amigos? ─preguntó al par en la canastilla.

─Me gusta-mipo, se parece al de casa ─respondió la princesa con alegre tono.

─Los juegos también me gustan, qué bueno que está cerca de casa-mepo ─fue el turno de Mepple de responder, también se le notaba emocionado por el sitio.

─¿Y cuál será el plan, Nagisa? ─preguntó Honoka enseguida. Los pequeños tuvieron que dejar de hablar cuando regresaron al camino donde había más personas─. El parque está bastante concurrido a luz de día.

─Quedamos en hacer ejercicio al menos media hora al día. Así que trotaremos desde la casa y hasta aquí, eso debería tomarnos unos veinte minutos más o menos yendo a tu paso ─se rascó la cabeza mientras recordaba lo explicado en sus clases─. Si llegando hacemos unos veinte minutos de ejercicio y regresamos un poco más lento, entonces estaremos haciendo como una hora de ejercicio diario.

─¿Eso no es demasiado para tu cuerpo? Tú ya corres y entrenas suficiente en la escuela, además te mueves en bicicleta, no me gustaría que te desgastaras mucho, Nagisa ─dijo Honoka con preocupación. No le gustaba sentir que le estaba dando más trabajo a Nagisa del que ya tenía.

─Dos kilómetros no es nada, en preparatoria la capitana nos hacía correr más que eso solo para calentar ─explicó de manera divertida─. Además solo es trote y sabes que tengo mucha resistencia ─agregó con bastante seguridad en sí misma, pero a sabiendas que Honoka realmente se preocupaba por ella, detuvo su paso y su compañera le imitó. Llevaba la bicicleta por los manubrios, solo liberó una mano para buscar la de Honoka y poder tomarla. Y no solo tomarla, si no enredar sus dedos con los de ella. Sonrió y logró que su amiga sonriera también─. En serio, no es nada que no pueda hacerme daño, pero ─recalcó bien esa palabra─... Si comienzo a sentirme demasiado desgastada, te avisaré y podemos ajustar la rutina. ¿Trato?

─Trato ─respondió Honoka con una sonrisa y estrechó su mano un poco más antes de soltarse. Tenían que seguir avanzando, y eso hicieron─. Entonces vendremos por la tarde, ¿verdad?

─Lo más conveniente sería venir pasada el atardecer, antes de la hora de la cena estaría mejor, así nos ducharemos y cenaremos y sería lo último del día ─propuso con una sonrisa─. Así no tendremos escolares cerca y Mepple y Mipple podrán jugar mientras nosotras hacemos ejercicio. Tampoco tenemos que hacerlo diario, a menos que tú quieras hacerlo por tu cuenta a veces. O podemos limitarnos a los fines de semana.

Honoka analizó el plan de Nagisa. Realmente sabía de lo que hablaba, no tardó en llegar a una conclusión. ─Deja que yo trote primero para saber qué tal está mi condición física. Me gusta lo de hacerlo los fines de semana juntas, así no te sobreforzarás. Cuando yo pueda hacer menos de ese tiempo que dices, podemos trotar juntas más veces por semana, ¿qué dices?

─De acuerdo ─sonrió Nagisa─. Si tu velocidad de trote es la que creo, deberías llegar aquí desde casa en poco más de veinte minutos. Cuando comiences a hacer menos de ese tiempo entonces podemos comenzar a ejercitarnos juntas entre semana. Recuerda, es velocidad de trote, no correr tal cual ─aclaró─, no quiero que seas tú quien se lastime solo por seguirme el paso.

─Jamás te preocuparía de esa manera, Nagisa ─dijo la científica con dulzura y puso su mano sobre la de Nagisa, no le estorbaba que su compañera sujetara el manubrio. Comenzaba a tomar cierto gusto por sentir sus nudillos. Rió─. Tu mano está caliente.

─Ah ─las mejillas de la deportista se tornaron un poco calientes por igual─. Es por sujetar la bicicleta ─rió con torpeza. Honoka no soltó su mano, no tenía problema con eso─. Entonces... ¿Comienzas mañana?

─Sí, saldré por la tarde luego de terminar la tarea, solo trote, lo prometo.

─¡Genial! Y mientras sales, yo puedo jugar un rato para practicar y volver a barrer el suelo contigo ─dijo con un tono provocador que efectivamente provocó un gracioso enojo en Honoka.

─No barriste el suelo conmigo ─se defendió como pudo, pero no podía alegar más cuando solo ganó la primera batalla y Nagisa le ganó las siguientes tres veces al hilo. Se sonrojó de solo recordarlo e hizo un gracioso puchero, incluso giró el rostro─. N-no me acomodé con el personaje, era... Era un poco lento para mi estilo ─cambió de personaje en cada oportunidad y no pudo contra Nagisa, quien se quedó con el mismo Pikachu en todos los encuentros. Refunfuñó de graciosa manera.

La sonrisa de Nagisa se hizo más amplia. ─Y aun no te digo qué quiero que hagas, pero ya sé qué pedirte. Llegando a casa me encantaría que...

Pero no pudo terminar, escucharon algo de escándalo más al frente que incluso obligó a Honoka a soltar a Nagisa. Notaron que había un grupo de cuatro, dos chicos y dos chicas mayores molestando a un par de chicas, los mayores, presumiblemente de preparatoria, trataban de correr de ese espacio a las menores que parecían cursar secundaria apenas, lucían tan jóvenes como su Hikari cuando la conocieron. Los mayores amenazaban con convertir sus palabras en acciones y el otro par se notaba asustado. Eso de inmediato disparó recuerdos en ambas y pusieron mala cara. A Honoka no le gustaban los abusos de ningún tipo, y Nagisa no tenía problema en ignorar a quienes la molestaran, pero era muy distinto si veía que molestaban a personas que no podían defenderse. Era hora de trabajar.

─¿Plan A o Plan B? ─preguntó Nagisa con una sonrisa amplia, casi malvada.

─¿Porqué nunca propones el Plan C? ─ésta vez preguntó Honoka mientras relajaba el entrecejo, soltó una risa pequeña y con unos movimientos aflojó brazos y hombros.

─El Plan C es solo para casos especiales ─subió a su bicicleta e indicó a Mepple y a Mipple sujetarse bien de la canastilla─. Eres una chica bastante agresiva, señorita Yukishiro ─agregó con una pequeña carcajada─. Plan B. Al ataque.

─A la orden.

El cuarteto comenzó a acercarse más al par con la clara intensión de subir un nivel o dos su agresión, pero Nagisa pedaleó rápido y se atravesó entre ambos grupos, más hacia el cuarteto que hacia el par. Los hizo retroceder de un salto, su cara de susto fue inolvidable. ─¡Oye, idiota, fíjate por dónde vas! ─gritó uno de los chicos, el más alto.

─Oh, lo siento, no me fijé ─Nagisa regresó con lento pedaleo y comenzó a rodear al cuarteto. Solo se trataba de un montón de abusones que eran más ladridos que mordidas, eran fáciles de identificar─. Solo veníamos a pasar el tiempo con las chicas, ¡gracias por hacerles compañía hasta entonces! Me alegra que los mayores cuiden mucho de los más jóvenes ─decía con tono provocador y a momentos daba la impresión de querer lanzarles la bicicleta encima.

─Lamentamos la demora, nos detuvimos un poco en el camino ─fue el turno de Honoka de intervenir, se acercó al par de escolares y abrazó a cada una por los hombros. Se sentó con ellas en el sitio de donde los mayores querían correrlas. Miró a los cuatro con una dulzura excesiva que tenía toda la intención de ponerlos incómodos─. ¿Porqué no se sientan con nosotras? Parecen buenos chicos, seguro que podemos ser buenos amigos, ¿verdad, Nagisa?

─¡Por supuesto, Honoka! ¡Nada mejor que hacer nuevos amigos! ─con todo y bicicleta, Nagisa se atravesó entre ambos bandos de nuevo, miró al cuarteto de abusones con su mejor mirada amistosa─. Anden, vengan, podemos platicar un rato, ir por helado, también podemos conseguir una pelota y jugar un rato ─y tanto ella como Honoka les regalaron una sonrisa más amable a esos cuatro, que para esas alturas estaban confundidos e incómodos.

─¡Cht! Salgamos de aquí ─masculló el otro chico y el cuarteto salió de ahí sin saber exactamente qué pensar.

En todo ese rato las chicas sintieron una especie de calma al sentir los brazos de esa chica que olía a lavanda y que además era bastante guapa, y la otra chica que venía con ella también era atractiva. Dejaron de sentir miedo en ese momento. ─Ah, muchas gracias ─dijo una de las adolescentes luego de suspirar de alivio.

Honoka las soltó y se puso de pie para colocarse al lado de Nagisa. Ambas les sonrieron a las menores. ─No tienen nada qué agradecer ─dijo la científica con una sonrisa amable y genuinamente dulce que provocó un gesto de encanto en el par.

─Seguro que debieron tener miedo, tener miedo está bien, pero no dejen que se les note, aunque sientan que las piernas les tiemblan no dejen que chicos así crean que pueden hacer lo que quieran ─aconsejó Nagisa con una sonrisa enorme─. Si sienten que es sensato defenderse, háganlo, si no, correr es válido.

─No dejen que personas así les amarguen su paseo, ¿de acuerdo? ─agregó Honoka y acomodó un poco los cuellos de las prendas de las menores.

─Sí, gracias por todo ─ambas chicas se inclinaron en agradecimiento.

Nagisa y Honoka asintieron y se retiraron del lugar. Escucharon al otro par murmurar algunas cosas pero ya no pudieron escucharlas. Se sonrieron entre sí mientras buscaban su propio sitio para tomar un rato la sombra. ─Oh, cierto, me ibas a decir lo que querías pedirme, por lo de la apuesta.

─¡Cierto! Seré amable contigo ésta vez, apenas estamos comenzando ─rió cuando el ceño ajeno volvió a fruncirse─. Quiero un postre de chocolate, el que quieras y puedas preparar con lo que tenemos, si no se puede, con que me compres uno está bien. Tampoco tiene que ser caro, solo que sea de chocolate.

─De acuerdo, puedo con ello. Pero hoy me toca elegir el juego que jugaremos. Y seré yo quien te gane ─fue el firme reto de Honoka.

─Eso quiero verlo ─rió Nagisa y Honoka pronto rió con ella.