AVENTURAS EN TOKIO

VIII.

Lo único que Nagisa vio fue cómo era Honoka quien ahora barría con ella en Mario Kart. Por supuesto, Honoka pagó su parte de la apuesta e hizo chocolate casero en forma de bolitas para que su compañera las tuviera que comer una por una y no terminar con ellas tan pronto... Funcionó, en parte, pero a Nagisa le gustaron y con eso le bastaba. Ahora era Honoka quien salía victoriosa en el nuevo juego y no faltaban las provocaciones mutuas y las amenazas. La científica aun no sabía qué pedirle a su compañera, pero como signo de su gran madurez y actitud deportiva, usaron una pizarra para anotar victorias, derrotas y pagos cumplidos. El premio de la apuesta sería el mismo a partir de ese momento: la perdedora haría una cosa que le pidiera la ganadora. Había algunas condiciones en el pago: no debía de tratarse de algo costoso, además, si la perdedora se sentía incómoda con la petición recibida, entonces debía ser cambiada por la ganadora. Ambas estuvieron de acuerdo con las condiciones.

Ya sin cajas apiladas en la esquina el par podía decir que oficialmente habían terminado su mudanza, enviaron fotos y un par de vídeos a sus padres con la vista de su pequeño pero acogedor piso, Hikari recibió fotos también y no tardaron en recibir una videollamada de su parte, su joven amiga estaba contenta y muy orgullosa de ellas. Porun y Lulun también saludaron y quedaron en verse durante las vacaciones. Los pequeños tuvieron que guardarse cuando fue el turno de Akane y Hikaru en la videollamada y estuvieron alrededor de media hora platicando con ellos.

Y tal como planearon, Honoka comenzó con una rutina de trote hasta el parque, hacer un poco de ejercicio ahí y regresar a casa trotando de ser posible, si no, a pie estaría bien para comenzar. Para sorpresa de Honoka, no estaba tan perdida en su condición física. Pudo trotar en la ida y la mitad del regreso dentro del tiempo calculado por Nagisa. Quedó tan cansada que no tuvo ganas de jugar ese día, y tampoco el par de tardes siguientes. No estaba tan cargada de tarea como para saltarse la hora de ejercicio, además, la actividad física le estaba ayudando a despejarse y a estudiar mucho mejor, como cuando paseaba a su perro.

Nagisa aprovechaba cuando Honoka salía para jugar un rato, seguía apestando para el juego de carreras así que se tomaba un rato para practicar, pero no perdía la oportunidad de patear traseros de extraños por internet en el juego que mejor se le daba. Había una pequeña pila de juegos que aun no tenían oportunidad de jugar, pero si de algo podían disfrutar en ese momento era de tiempo, sí, tiempo. Tenían tiempo para jugar, para estudiar, para hacer ejercicio y pasarla bien. Tenían su propio tiempo y llevaban esos tres años disfrutándolos, y tenían aun más por delante.

Era jueves por la tarde y Honoka regresó a casa alrededor de las seis con treinta de la tarde. Había salido diario desde el lunes pero seguía ligeramente por encima de los veinte minutos por tramo, le hacía falta un poco más de trabajo pero Honoka Yukishiro no era de las que se rendían. Llevaba puesto uno de los uniformes de ejercicio de Nagisa, ella misma no tenía demasiada ropa deportiva y eran casi la misma talla a pesar de que Nagisa le superara por medio palmo de estatura. Usaba una sudadera negra y unos pantalones cortos del mismo color que estaban apenas por debajo de la rodilla, perfectos para no acalorarse demasiado.

─Bienvenida ─saludó Nagisa con una sonrisa sin apartar su mirada del televisor, estaba a cuarenta segundos de terminar el match y le estaba dando una paliza a "RedFoXxX1542" con su confiable Pikachu─. Sigues dentro del tiempo, seguro que en un par de semanas comenzarás a aumentar tu ritmo de trote.

─Espero que sí, por cierto, traje el ramen instantáneo que querías para cenar. Traje para las dos ─le mostró la bolsa. Se quitó los tenis y sintió alivio gracias al cambio de temperatura en sus pies. No se quitó la sudadera, Nagisa le había dicho que siempre debía esperar un rato a enfriarse antes de quitarse la ropa, pero sí usó su toalla de mano para secarse la cara y el cuello del sudor. Bebió un poco de agua y fue a sentarse a su lado contra el muro para ver cómo jugaba. Puso un gracioso gesto de desagrado─. Otra vez ese Pikachu, y siempre le pones esa gorra.

─Se ve muy lindo con esa gorra ─dijo Nagisa entre risas. La pelea terminó con su victoria y de momento se retiró del juego─. Estaba pensando en conseguirle una a Mepple, quizá así se vea más lindo ─su compañero tomaba una siesta junto a Mipple a un lado de la pila de juegos, así que no le podía contestar a eso.

─Si Mipple da su aprobación, seguro que Mepple aceptaría usar una ─agregó con una sonrisa.

─¿Ya tienes algo para pedirme o quieres que compitamos de nuevo? ─preguntó Nagisa, y pronto recordó lo otro que había notado─. Tenemos algunos juegos sin tocar, ¿los probamos?

─Tienes razón, mis padres mandaron muchos ─fue ella la que se acercó a revisar los demás juegos y vio uno que le hizo sonreír, se lo mostró a Nagisa─. ¿Qué tal éste?

─¿De zombies? Esos juegos no se me dan bien ─siempre le sacaban más de un susto─. Si lo juegas tú, yo te veo.

─De acuerdo, luego puedes elegir tú uno, el que quieras ─la científica cambió el juego y al ver a Nagisa ahí, contra el muro, sonrió─. Creo que ya sé qué pedirte de pago.

─Que no sea jugar, fuera de eso, lo que sea ─dijo Nagisa con una sonrisa nerviosa, pero lo que sintió fue que Honoka se sentaba frente a ella, entre sus piernas, y se recargaba en su cuerpo. Tenía el control en sus manos─. Oh, ya veo, me quieres de sofá ─rió con marcada diversión─. ¿Acaso comienzan a darte miedo los juegos de terror?

─No, pero lo otro sí, no estaría mal tener algo cómodo contra mi espalda, no tenemos sillas y el muro no se siente tan bien como tú ─y lo decía porque siempre amanecía sintiendo el pecho de Nagisa en su espalda. Sonrió al sentir que Nagisa la abrazaba por la cintura y se acomodaba bien con ella, incluso recargó su mentón en su hombro─. Creo que no hay ninguna negativa a mi petición.

─No, ninguna ─la deportista estaba contenta, podía sentir el cuerpo de Honoka de la misma cómoda manera en la que dormían y amanecían. Su temperatura estaba ligeramente alta debido al ejercicio. Aunque había sudado no olía mal, se sentía su aroma a lavanda en combinación con su sudor y el aroma no era para nada incómodo. Y vaya que ella sabía de malos aromas, estaba rodeada de atletas toda la mañana y hasta la tarde. Respiró hondo, el aroma hizo que incluso se mareara un poco. No notó que se perdió en su compañera si no hasta que la música tensa del menú de inicio la hizo respingar, y estrechar un poco más el cuerpo de Honoka.

─Nagisa, aun no comienzo ─dijo con una risa─. Deja apago la luz, así es como se debe jugar un juego de terror ─pero fue Nagisa quien se ofreció a apagar la luz y regresó a la misma posición casi de inmediato. Sentir sus brazos de nuevo la hizo sonreír─. Gracias.

Honoka presionó el botón de inicio y la historia de introducción comenzó. Ambas estaban atentas, además, esos juegos en especial tenían acertijos y rompecabezas que eran del completo gusto de Honoka. Su puntería al apuntar era buena y en cada escena que salía un zombie de sorpresa, o si alguna parte era particularmente tensa, Nagisa se apretaba más al cuerpo de Honoka, tragaba saliva pero no sabía si por el susto, la tensión o ese aroma que la estaba volviendo loca.

Llevaban alrededor de media hora de juego y Honoka encontró el cuarto para salvar la partida, puso pausa un momento. ─Ya me enfrié, comienzo a sentir algo de calor por la ropa.

─Era lo que estaba por decirte, ya puedes quitarte el uniforme, no te hará daño ─tuvo que soltarla pero fue ella misma quien le quitó la sudadera, debajo usaba una playera deportiva para dama, pero esa no había necesidad de quitarla. Mientras ella dejaba la sudadera a un lado, Honoka solo se movió lo suficiente para retirarse los pantalones y las calcetas... Y de nuevo pudo ver esas piernas, casi se atraganta con su propia saliva. A pesar de que la había visto en menos ropa e incluso desnuda, por alguna razón era cada vez más difícil verla así, admirarla.

Honoka se sintió más fresca luego de quitarse todo eso. Debajo de la blusa usaba un bra normal, no era demasiado fanática de los bra deportivos como Nagisa, a su compañera le gustaban más y claro que le servían más. En automático volvió a la posición en la que estaba y sintió su cara arder cuando Nagisa le rodeó de inmediato la cintura, aunque quizá con demasiada prisa porque una de las manos levantó su blusa un poco y logró colarse hasta su estómago. No dijo nada a ello, no tenía porqué decir nada cuando no le molestaba en lo absoluto sentirla así. Quitó la pausa y siguió jugando.

Las dos estaban rojas y no lo sabían, no se podían ver pero sí sentir, y vaya que se sentían. Nagisa no se atrevía a mover más sus manos, estaba bastante contenta con solo sentirla así. Por su lado, Honoka se dejó envolver por la situación, sentir su mano no era nuevo, a veces sus dedos le rozaban el estómago cuando estaban acostadas, pero no pasaba nada, ¿verdad? Estaban abrazadas, estaban cómodas y todo estaba bien.

Todo estaba bien.

Conforme Honoka avanzaba en el juego platicaba con Nagisa de lo que sucedía, Nagisa ponía atención al asunto de los puzzles y le ayudaba a recordar la ruta de regreso a donde estaba algún componente del acertijo en turno. La deportista seguía respingando de susto cada tanto, Honoka estaba divertida y concentrada, la estaba pasando bastante bien en esa posición y se le notaba, incluso se recargó cariñosamente en Nagisa cada que salía de alguna escena tensa y seguía una cinemática con la escena a continuación.

Mepple y Mipple despertaron ya cerca de las ocho, era hora de cenar, después de todo y su reloj biológico trabajaba bastante bien; y verlas abrazadas como si nada en esa posición... Mepple tenía ganas de patear algo, a alguien, a Nagisa de ser posible. Mipple calmaba las ansias de su novio. Sus chicas eran un poco más lentas de lo esperado.

─Oh, hola, ¿durmieron bien? ─preguntó Honoka mientras los veía acercarse.

─Ya casi es hora de cenar, debemos cenar-mepo ─dijo Mepple mientras trepaba por el cuerpo de ambas hasta posarse en la cabeza de Nagisa.

─Hoy todos cenaremos ramen instantáneo-mipo, me gusta cenar eso también-mipo ─la princesa, por su lado, se acomodó en el regazo de Honoka. Se dedicó a ver lo que ella jugaba, Mepple también─. ¡Ah, un monstruo-mipo!

─¡Waaah! ¡Salió de la ventana-mepo! ¡No dejes que se acerque-mepo! ─gritó con gracioso horror el héroe mientras se aferraba al cabello de Nagisa, no la jalaba fuerte pero sí se notaba asustado.

─Oh, por favor, solo es un juego de... ¡Un monstruo! ─la deportista escondió su rostro en el cabello de Honoka mientras uno de los subjefes hacía un inesperado acto de aparición.

─Tranquilos, lo tengo ─Honoka incluso se mordió un poco la lengua mientras hacía un rápido cambio de arma y atacaba al monstruo mientras se movía por el área. Pronto comprendió que debía disparar en uno de los costados del enemigo para ir debilitándolo. Luego de una lucha de casi diez minutos donde, además debía evitar que el subjefe le lanzara muebles y le golpeara con armas largas, finalmente pudo derribarlo. La cinemática mostró al monstruo caer de espaldas, luego el piso se rompió y el monstruo cayó por el agujero, lo que le dio la oportunidad de ir a una nueva zona de salvado─. ¡Lo hice! ─y todos gritaron de alegría, Mipple se le abrazó del pecho, Mepple de un brazo y Nagisa comenzó a agitarla en señal de su exceso de emoción.

─¡Eres genial, Honoka! ─la deportista incluso restregó su mejilla con la de ella hasta que sintió que su excedente de energía se apaciguaba─. Creo que ya podemos cenar y luego ducharnos. ¿Podemos ver cómo juegas otro rato?

─Por supuesto. Aunque aun no hago menos tiempo trotando, no me siento tan cansada como ayer. Sigamos jugando esto un rato, es divertido ─se soltó de ella para encender la luz. La posición había sido muy cómoda, no le dolía dejarla porque volvería a ese sitio cuando retomaran el juego.

─¡Hecho! Anden todos, vamos a cenar, y necesitamos una ducha, no me he bañado tampoco.

Decidieron ducharse primero los cuatro juntos, a Honoka siempre le era divertido que Mipple tratara de lavarle la espalda usando sus diminutos brazos, Mepple flotaba en una bandeja de agua, con agua caliente dentro, mientras se relajaba en la tina junto a Nagisa. Cenaron su ramen deseado, limpiaron todo y tendieron el futón para al menos estar sentadas en algo más suave.

Para las nueve con treinta tenían las luces apagadas y el juego de terror continuó, volvieron a la misma posición que antes, solo que ahora Mipple estaba en el hombro libre de Honoka, así le era más fácil esconderse en una escena de miedo.

Éstas vez las dos manos de Nagisa estaban bajo la blusa de Honoka y contra su estómago.

Ninguna dijo nada al respecto.