AVENTURAS EN TOKIO

X.

El laboratorio de la universidad tenía TANTAS cosas que al principio no sabía ni para dónde mirar, había aparatos y equipos que al fin podía ver en vivo y no por medio de artículos de revistas e internet. No podía usar libremente el laboratorio, no aun, de momento le quedaba apegarse a las lecciones del día, tendrían que pasar un par de años aun para que llegara a los cursos donde podría hacer estudios y proyectos independientes, ya fuera en equipo o en solitario. Cualquier modalidad le venía bien a Honoka, sabía trabajar en equipo, sus compañeras de club podían corroborarlo.

Laboratorio era la última clase del día, iría a la biblioteca un rato para sacar unos libros que necesitaba y luego de ello podía volver a casa. Estaba particularmente contenta, desde temprano le llegaron felicitaciones de cumpleaños por medio de mensajes e incluso sus padres le marcaron temprano, solo querían confirmar que se verían el fin de semana. Sus padres estaban ansiosos, entusiasmados, lo podía notar de inmediato. Ella también tenía muchas ganas de verlos pronto. De Nagisa de momento recibió un apretado abrazo, felicitaciones y la promesa de darle su regalo cuando estuvieran en el karaoke. Le contó a sus padres los planes y estos solo le desearon que la pasara bien.

Ya se verían el fin de semana para otra fiesta. Debía admitir que le gustaban mucho los pasteles que Hikari y Akane le hacían cada año desde que estaba en tercero de secundaria. No podía dejar pasar ese año sin comerlo, de hecho sus padres elegían comer ahí con ella desde entonces, luego de su paseo familiar. También quería ir al karaoke, hacía tiempo que no iban a uno, la última vez fue a mediados de tercero de preparatoria con Kubota y Takashimizu, Yuriko también fue. Y todas cantaron tan mal como les fue posible, siempre sonreía cuando recordaba esa vez. Nunca había ido a un karaoke con Fujimura ahora que hacía memoria.

Revisó la hora en Mipple y compartió una sonrisa con su compañera. Desde que podían tomar forma de móvil le gustaba mucho el detalle de que Mipple apareciera en la pantalla haciendo todas sus actividades, desde comer hasta dormir, parecía un fondo de pantalla. Incluso al usar las aplicaciones de asistencia no aparecía una burbuja como antes, todo se veía en la pantalla. ─Ya solo te faltan los libros-mipo, ¿podemos llevar otro de historias?

─Mi límite es tres libros y necesito dos para mis deberes, así que sí, podemos llevar uno de historias ─respondió a su compañera camino a la biblioteca. Y hablarle al teléfono era lo de menos, todos ahí mandaban mensajes de voz, era más práctico y menos peligroso que escribir mientras se andaba. Nadie le prestaba atención por hablar por teléfono. Fue a la biblioteca y salió de ahí en menos de diez minutos, debía volver a casa pronto, hacer sus deberes y estar libre para salir al karaoke con Nagisa y los chicos. Pensaba en todo eso y en qué más debía hacer antes su fiesta, que no percató al principio que alguien le estaba llamando, no hasta que Mipple le avisó en baja voz─. ¿Uh? ─quien se acercó fue un chico de su clase, lo conocía de vista y rápidamente hizo memoria para recordar su apellido. Honoka podría no juntarse demasiado con sus compañeros de clase, pero sí había hablado con casi todos hasta el momento, ese chico incluido─. Yoshida, buenas tardes ─saludó con la educación de costumbre.

─Yukishiro, hola, ah ─el alto muchacho se llevó una mano a la nuca─... ¿Podemos hablar un poco?

Honoka revisó de nuevo la hora, luego asintió al chico. ─Debo volver pronto a casa, pero sí, te escucho si es algo urgente.

─No lo es, creo, bueno ─todos en el grupo coincidían que ella era del tipo reservado. Era amable pero seria, sonreía pero sin ser demasiado familiar con nadie. Parte de su encanto sin duda─... Solo quería saber si te gustaría salir conmigo, me llamaste mucho la atención desde que entramos aquí y... Bueno, me gustaría conocerte un poco más. Me... Creo que me gustas.

Mipple estaba familiarizada con esa escena de alguna manera, Honoka recibía confesiones y cartas constantemente, le sucedió durante todo su paso durante la preparatoria, sabía que en secundaria también y ahora se repetía la historia en la universidad. Y Mipple ya conocía la respuesta.

─Yoshida ─miró al chico una vez más y se inclinó con levedad, ni siquiera lo pensó. Aunque la respuesta era automática no estaba interesada en tener una relación de esa naturaleza, así era ella─. Agradezco tus palabras pero me temo que no puedo aceptar tu propuesta ─volvió a incorporarse y vio el gesto sonrojado y algo decepcionado de su compañero, pero hasta el momento había tenido suerte en que nadie reaccionara de mala manera ante sus rechazos como solía escuchar a veces─. Lo siento.

─No tienes nada de qué disculparte, Yukishiro ─el muchacho se tomó unos segundos para componerse y recuperar el piso─. Gracias por escucharme... Um ─miró a la chica una vez más, fue un rechazo directo, ni siquiera una oportunidad de al menos conocerse más, ella no estaba interesada en tener nada demasiado personal con nadie, eso daba a entender con esa respuesta y ese modo. Pero los demás en el grupo más de una vez la veían sonreír con dulzura y genuina alegría cuando veía los mensajes en su teléfono, cuando murmuraba entre labios un "espero que te guste" del que nadie conocía el contexto. Además nunca se quedaba de más en el campus ni con nadie más, eso quería decir que─... ¿Ya tienes alguien a quien quieres, Yukishiro? ─solo por saber, no estaba de más.

─¿Eh? ─la pregunta le tomó por sorpresa, tan de sorpresa que asintió en automático con un suave movimiento de cabeza sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, en su mente solo se formó la imagen de una persona: Nagisa. Tardó tres segundos en reaccionar y ponerse graciosamente nerviosa, más por lo que pensó que por lo que respondió─. Digo, no... Ah ─sintió las mejillas rojas y eso hizo reír al muchacho─. Lo siento, me tomaste fuera de lugar con esa pregunta ─fue lo único que atinó a decir para recuperarse de su propio ridículo.

─Ya te dije que no tienes nada de qué disculparte ─repitió su compañero, calmó sus risas y suspiró─. Me alegra escuchar que tienes a alguien, espero que él sepa pronto lo que sientes, no te rindas, Yukishiro ─era obvio que ella no se había confesado aun, podía adivinarlo. Y no era alguien de la escuela, posiblemente alguien de su anterior escuela, quizá alguien de la zona por donde vivía. El grupo sabía poco y nada de Yukishiro, así que era difícil teorizar algo más─. Mejor que me vaya, nos vemos en clase.

─Hasta mañana, Yoshida, cuídate ─respondió Honoka con una dulce sonrisa, algo nerviosa aun. Se despidieron con un gesto y ella dio media vuelta para seguir su camino a la salida del campus. No notó que su compañero regresó a la escuela y tampoco vería como un par de amigos lo recibían y lo animaban luego del rechazo. No pudo notar nada de eso porque no tenía idea de porqué se había sonrojado, ni siquiera porqué lo primero que le llegó a la cabeza fue el rostro sonriente de Nagisa─... Él ─murmuró y rió un poco para sí misma.

─Tú ya quieres a alguien-mipo ─comentó la princesa tratando de darle un empuje más a su compañera. Sus chicas en serio necesitaban ayuda.

─Claro que quiero a alguien, quiero a mucha gente. Solo no estoy interesada en tener citas en éste momento ─podía ser tan lista y a la vez tan torpe que nadie se creería semejante combinación, ni ella misma lo percataba en ese momento. Notó un gracioso gesto de desespero en Mipple─. ¿Te sientes bien?

Mipple quería decirle tantas cosas a Honoka, pero solo negó con la cabeza. ─Me siento bien-mipo. Anda, volvamos a casa, tenemos que hacer muchas cosas antes de ir a tu fiesta-mipo ─y ese tema fue suficiente para que Honoka rápidamente volviera su atención al resto de sus planes para la tarde. La pequeña princesa, sin embargo, confiaba en que la confesión de ese chico y lo demás que se dijeron ayudara a que Honoka despertara un poco más. Estaba tan acostumbrada a tener a Nagisa a su lado que no percataba lo que ya tenía despierto en su corazón. Le era natural el estar juntas, en ese momento Honoka era como un pez que disfrutaba nadar pero no se daba cuenta que estaba en el agua. Solo así se lo podía explicar.

Con suerte, mucha suerte, esas palabras pondrían a trabajar la brillante mente de Honoka.

Y algo así sucedía justamente.

Honoka se colocó los audífonos y Mipple fue la que eligió la música, y la muy pilla puso música suave y romántica a propósito, le dio por excusa que con esas canciones pensaba en Mepple. Honoka aceptó las canciones, no tenían un ritmo tan frenético y eso le permitiría leer sin que la música le estorbara. Se quedó de pie en la esquina que acostumbraba en el vagón mientras leía el libro que Mipple le pidió. La misma Mipple estaba colocada en el bolsillo frontal de la blusa de Honoka y por medio de la cámara podía ver el libro. No podía leer la mente, pero para la princesa era obvio que Honoka estaba pensativa, lo sabía porque estaba tardando en cambiar las páginas del libro.

La científica pensaba en el chico, en lo que le dijo. Por supuesto no pensaba en su propuesta de salir, si no en lo otro que le preguntó, si ya tenía a alguien que quería. Honoka quería a sus padres, a su abuela y a su perro. Quería muchísimo a Hikari, tenía respeto y cariño por Akane, cariño puro por Hikaru y mucho afecto por las compañeras que conoció en secundaria y preparatoria. Quería mucho a Fujimura que era su hermano mayor, y a Kimata, que era como su otro hermano también.

¿Y Nagisa?

La respuesta ni siquiera la pensaba, surgía en automático.

Nagisa era alguien tan importante que no podía imaginarse un mañana sin ella, así de simple. Claro que la quería, pero no entendía muy bien porqué su rostro fue en lo primero que pensó cuando Yoshida le preguntó por una persona querida. Sintió las mejillas arder de nuevo. Quizá estaba pensando demasiado las cosas, además era muy normal sentir algo más fuerte por alguien con quien había compartido tanto. Y por compartir se refería a ser compañeras de batallas contra la oscuridad eterna y con el peligro de morir en el camino y todo su mundo con ellas. Cosas así sin duda podían unir mucho a dos personas.

Nagisa era tantas cosas para ella que no podía listarlas todas aunque quisiera. Le podía confiar su vida ciegamente, si tomaba su mano sentía que podía hacer cualquier cosa, verla sonreír le daba la seguridad de que siempre tendrían un buen día por delante. Vivir juntas era lo mejor que podía haber pedido en ese nuevo paso de su vida. Nagisa era su todo.

Sí, la quería. Tenía mucho cariño por ella. Y eso era normal, considerando todo por lo que habían pasado hasta ese momento, ¿verdad? Con esos pensamientos en su cabeza quedó en paz consigo misma y pudo seguir leyendo con la velocidad de costumbre. Sin ningún incidente en el tren, bajó en la estación que le tocaba y siguió su camino a casa ya sin leer, ahí no era buena idea caminar y leer a la vez, eso lo podía hacer solo en la escuela donde no había autos.

Las calles cada vez se le hacían más familiares, saludaba a los vecinos de manera breve pero amable, y cada metro que avanzaba aceleraba un poco más su velocidad sin percatarse de ello. Solo quería llegar a casa. Una corazonada le decía que Nagisa ya estaba en casa, no podía explicarlo, pero seguramente la unión energética de ambas por tanto tiempo les dio alguna especie de lazo. De todos modos no estaba de más corroborar. ─¿Puedes sentir a Mepple en casa? ─preguntó a su compañera.

─Sí, ya deben estar en casa-mipo ─respondió Mipple y su voz sonó en los audífonos. Quitó la música, ya estaban por llegar de todos modos─. Puedo sentir a mi Mepple-mipo ─calló un momento─. ¿Le contarás a Nagisa que ese chico te pidió salir-mipo?

─¿Uh? Sí, se lo contaré, no es como si tuviera que esconderle esto ─respondió Honoka con una risa pequeña, discreta. Nagisa había estado presente más de una vez cuando se le confesaron en preparatoria. Y también estuvo con ella cuando descubrían las cartas de admiradores en su locker para los zapatos. Nagisa había sido testigo de todas esas ocasiones y no había razón para ocultarle nada. Su respuesta hizo sonreír a la pequeña princesa.

El par llegó a casa y, justo como Honoka lo percibió y como Mipple lo indicó, Nagisa y Mepple ya estaban en casa. Nagisa terminaba de preparar una comida sencilla de arroz, acompañamiento de verdura al vapor y pescado. Algo ligero porque comerían bastante en la cena y lo mejor era ir con espacio en el estómago. Honoka sonrió en automático al verla.

─Ya estamos en casa ─dijo al mismo tiempo que Mipple. Ésta saltó de su ropa y tomó su forma para ir a abrazar a su novio. Mientras ella se quitó el calzado para entrar propiamente a la casa.

─¡Bienvenidas! ─fue la respuesta al unísono del otro par, Mepple se lanzó a los brazos de Mipple para dar vueltas y y apretujarse el uno contra el otro. Nagisa dejó los utensilios de cocina un momento y sin poder contenerse, fue con Honoka y le tomó la mano para animarla a entrar más pronto a la casa─. Ven, ya vamos a comer, sabes que la comida sabe mejor caliente, a menos que sea sushi ─rió, Honoka también.

─Deja me lavo primero, Nagisa ─dijo Honoka aun entre risas. Estrechó cariñosamente su mano antes de soltarla─. Ahora tendrás que lavarte las manos tú también, te toqué y acabo de salir del tren.

─Lo haré, lo haré lo prometo, pero hagamos que valga la pena ─y tomó su otra mano, le sonrió mientras estrechaba sus manos entre sí y las balanceaba un poco. Estaba emocionada y particularmente contenta─. Será genial, la vamos a pasar muy bien en el karaoke, senpai dijo que ya todo estaba listo.

─Muero de ganas por ver todo lo que prepararon ─la científica no soltaba a Nagisa, juega sus manos con las de ella y el contacto era tan agradable. Pero tuvieron que soltarse porque ya estaba el otro pescado─. Me voy a lavar.

─No tardes ─estrechó un poco más su mano y le dio un pequeño tope en la frente con su propia frente. Un suave contacto solamente antes de soltarla e ir a terminar lo que le tocaba.

Honoka pasó primero al sanitario y luego se lavó bien cara y manos. Estaba sonriente, estaba demasiado feliz y esos gestos y cariños de Nagisa solo le remarcaban lo mucho que la quería.

Sí, el par aun estaba perdido, pero al menos ya había algunos engranes girando en sus pechos.