AVENTURAS EN TOKIO
XV.
Hikari llevaba diez minutos riendo sin poder controlarse, Nagisa le contó lo ebria que se puso Honoka en su fiesta en el karaoke y cómo fue que amaneció al día siguiente. La científica estaba ruborizada pero no podía decir nada para defenderse. ¡Cuando escuchó que los chicos pidieron un cóctel nunca pensó que tendría alcohol! Se sirvió, el alcohol casi no se sentía y siguió bebiendo hasta que no supo más de sí. Notó también, pero no dijo nada, que Nagisa no mencionó en ningún momento lo cariñosa que estuvo con ella en ese rato y en el taxi.
─Aun... Aun no puedo imaginarlo, ja, ja, ja ─Hikari ya estaba algo más calmada pero se sujetaba el estómago y se secaba las lágrimas de la risa─. Debió ser muy divertido.
─Al día siguiente parecías un zombie, ¿verdad, Honoka? ─preguntó Nagisa entre risas también.
─Me sentía como uno ─respondió Honoka con un suspiro, de solo acordarse sentía que la jaqueca le regresaba─. Me dolía la cabeza, tenía náuseas, la boca me sabía a carbón y mi cuerpo parecía estar hecho de concreto, el sonido del despertador me estaba taladrando los oídos ─suspiró─. Nagisa me dio ramen para el desayuno y lo comí todo, y eso que no me gusta mucho ─se llevó una mano a la frente─. Todos en la clase me preguntaron si me sentía bien porque estaba muy pálida... Un profesor casi llama a la enfermera de la sección ─y eso provocó carcajadas en sus amigas, sonrió y rió un poco también.
Ellas no eran las únicas que platicaban y reían, sus pequeños amigos jugaban al escondite entre los árboles. Increíblemente, Porun era menos llorón que antes y era quien aleccionaba a Lulun cuando estaba a punto de llorar por perder. Tener lejos a sus mayores lo convirtió en el mayor, debía comportarse como tal. Aun tenía cierto modo malcriado, pero no eran como antes. Nagisa y Honoka lo notaron y felicitaron a Porun por ello.
─Por cierto, es genial ver el Tako Café lleno de gente ─comentó Nagisa, cambiando el tema─. Los nuevos trabajadores son de preparatoria, ¿verdad? Se ven jóvenes.
─Akane tiene planeado contratar estudiantes para medios turnos los fines de semana, entre semana tiene a los dos que conocieron, yo ayudo cuando termino mis tareas y Hikaru últimamente se ha encargado de hacer entregas a domicilio ─explicó Hikari con una sonrisa. Luego miró a todos lados como fijándose que nadie más le escuchara, se acercó más a sus amigas para contarles lo siguiente en baja voz─. Akane ha estado saliendo a citas con el señor Nakao...
─¡¿Eh?! ─fue la exclamación del par de universitarias─. Bueno, ya nos dábamos una idea de que a Akane le agrada, pero no recuerdo que saliera con él antes ─comentó Nagisa. A su memoria solo llegaban las visitas casuales del oficinista, pero no recuerda que hicieran más que conversar sobre cómo le iba a cada uno en sus respectivos trabajos.
─Y desde hace bastante que le dejó de insistir en regresar a la compañía, ¿verdad? ─preguntó Honoka y Hikari asintió─. ¿Cómo pasó eso?
─Lo vi el día de la inauguración, felicitó a Akane y nos felicitó a nosotros por apoyarla todo éste tiempo. Luego estuvimos muy ocupados atendiendo a los clientes, pero él seguía ahí e incluso nos ayudó a lavar los platos. Se quedó aun después de que cerramos. Y esa noche Akane nos dijo que saldría, pero no nos dijo más ─contaba aun en baja voz, pero se notaba muy contenta por todo eso─. Hikaru y yo seguíamos despiertos, estábamos jugando videojuegos y escuchamos cuando llegó. Apagamos todo rápido porque Akane no nos deja jugar tan tarde y no queríamos que nos regañara, nos asomamos un poco y estaba él, la fue a dejar a casa y... Y ─se puso toda roja─. ¡Le dio un beso! ─se tapó la cara de pena, pero no por pena de ver algo tan atrevido como un beso, más bien por invadir la privacidad de su cuidadora.
Nagisa y Honoka estaban sin habla, no era complicado imaginarse todo a como Hikari se los contaba, sonaba muy emocionante y sentían contento de que Akane cumpliera sus metas y se fijara otras en un ámbito más personal.
─¿Y han estado saliendo desde entonces? ─preguntó Honoka, estaba tan interesada en el asunto como Nagisa.
─Una o dos veces por semana, nunca regresa tan tarde y siempre se ve contenta cuando vuelve ─desde entonces ya no se asomaban a espiarla, pero era imposible no notar su buen humor todo el día siguiente.
─Eso es genial, me alegro mucho por ella ─dijo Nagisa con un gesto sonriente. Que a todos les estuviera yendo bien en casa era muy tranquilizador y motivador. Cosas así le llenaban de ánimos para esforzarse más y más.
─¿Ustedes dos ya comenzaron a recibir cartas en sus universidades? ─preguntó Hikari con una sonrisa. Sabía muy bien lo populares que podían ser ambas. Conoció su fama juntas, pero Shiho y Rina y sus propias amigas de grado le contaron que antes de que el par se volviera unido, recibían cartas de admiración. Y que se le confesaban a Honoka al menos una vez al mes. Ahora que estaban en distintas escuelas, quería saber si esa situación volvía a ser la de costumbre, solo estaba curiosa.
Y más curiosa se puso aun al verlas sonrojarse.
─Ah, bueno, a Honoka recién se le declararon ésta semana que pasó, ¿verdad? ─comentó Nagisa luego de aclarar su garganta. Se sonrojó de solo recordar lo que hizo antes de dormir... ¡Había fantaseado con su amiga y se tocó pensando en ella! A plena luz de día eso sonaba a locura.
─Sí, un compañero de mi grupo, pero lo rechacé ─respondió Honoka. Su pensamiento era el mismo que el de Nagisa y no supo en qué momento de la noche creyó sensata la idea de confesar a Nagisa lo que hizo, ¡no debía decirle eso! Se aclaró la garganta por igual. Le sonrió a su rubia amiga─. Nagisa ha encontrado un par de cartas en la mochila de su equipo.
─Sí, han sido cartas anónimas de admiración... Y para variar una de esas cartas era de un chico ─rió, eso ya era un cambio a tomar en cuenta. La forma de escritura y lenguaje de la carta delató que fue un hombre quien la escribió─. Decidí no responderlas, no quiero dar falsas esperanzas a nadie y tampoco rechazarlos como si nada como lo hace la señorita Yukishiro con sus pretendientes ─recibió un gracioso gesto de enfado de parte de Honoka y rió un poco más.
─Bueno, teniéndose la una a la otra es normal que no acepten ninguna confesión ─comentó Hikari casualmente, ella había sido testigo por igual de las veces que se le declararon a cada una de sus amigas, y en toda ocasión todo fue un rechazo directo.
Silencio. Ninguna de ellas dos respondió nada y las miró. Sus amigas estaban rojas.
─Hikari, no digas esas cosas ─murmuró Honoka como pudo, de nuevo recordó lo de anoche y nada de eso era correcto, mucho menos si su más joven amiga decía eso con tanta soltura.
─¿Uh? ─confundida, Hikari inclinó su cabeza ligeramente a un lado.
─Su-supongo que el que siempre andemos juntas y que ahora vivamos juntas puede dar a entender cosas... Digo... Bueno ─miró a Honoka con una risa nerviosa─. Sabes que te quiero, ¿verdad?
─Sí ─respondió Honoka con un gesto algo más calmado─. Y yo también te quiero, supongo que es un poco confuso todo esto.
Pero a ojos de Hikari nada de eso era confuso, era obvio que se querían demasiado, que sus corazones estaban llenos la una de la otra. Se había conectado con ellas tanto en espíritu como en energía en más de una ocasión, sabía perfectamente bien que los "te quiero" que le decían a ella no eran los mismos "te quiero" que se estaban diciendo en ese momento. Pero no supo qué más decir, le faltaba más experiencia de vida para poder poner en palabras los sentimientos que era capaz de percibir. Sí, su poder seguía muy despierto, el de ellas también, seguían enlazadas y podía sentir casi como propios esos latidos y esa cálida energía que sus amigas emanaban tan solo por estar juntas.
Akane tenía un aura similar al de sus amigas en esos momentos, le preguntaría después, quizá era por culpa de su misma inexperiencia de vida que estaba viendo mal; pero no, estaba segura de que no.
Antes de que alguna pudiera decir algo más, sonó una joven voz masculina a lo lejos, se trataba de un chico pelinegro en bicicleta que gritó el nombre de Hikari para saludarla. Hikari respondió el saludo con un movimiento de brazo, pero fue todo. El muchacho claramente tenía prisa... Y ver eso puso excesivamente protectoras a las universitarias.
─Hikari, ¿quién es ese chico? ─preguntó Nagisa de repente, hasta se puso de pie con el ceño fruncido y abrazó a su rubia amiga.
─¿Uh? ─la rubia pareció más confusa aun─. Es mi amigo, lo conocen, es Daiki...
─¿En qué momento creció tanto? ─se preguntó Honoka a sí misma. Claro que recordaban al chico, pero al verlo en la bicicleta incluso a distancia era fácil adivinar lo alto que era. Desde que entraron a preparatoria y con el asunto de sus exámenes de ingreso no pasaban tanto tiempo en el Tako Café como antes, salían con Hikari pero ésta ya estaba haciendo su propio tiempo para sí misma con sus propias amistades─. ¿Sales con él?
─Pues va por takoyaki un par de veces por semana desde que inauguramos, le queda más cerca de casa, eso dijo. Platicamos pero es todo. Va en otra preparatoria, así que no lo veo mucho ─explicó como si nada.
Hikari seguía creciendo, era difícil de creer que ya estaba en segundo de preparatoria y antes de que se dieran cuenta, iría a la universidad así como ellas. Nagisa y Honoka se miraron entre sí y sonrieron. La deportista soltó un suspiro y apretujó juguetonamente a Hikari contra su cuerpo, estaba usando algo de fuerza, incluso la cargó.
─Cualquier consejo que te dé Akane, síguelo, ¿de acuerdo? ─dijo Nagisa con una sonrisa amplia. Así como ellas estaban cayendo en cuenta de lo grande que estaba Hikari, seguramente Akane también y ya había hecho lo suyo como cuidadora de Hikari.
─Y si alguna vez te sientes confusa por algo, puedes llamarnos ─agregó Honoka con una suave sonrisa.
Hikari asintió, su gesto se veía contento. Tenerlas ahí era maravilloso. Y sí, tenía una confusión en ese momento, pero no era respecto a Daiki si no a ellas dos, y sus amigas parecían no estar en condiciones de responder debidamente. Eso tenía que consultarlo con Akane, pero después. ─Prometo llamarlas si lo necesito, gracias.
Ya en paz con ese tema, siguieron platicando de muchas otras cosas más, jugaron con sus amigos como quedaron, pero el juego del shiritori siempre terminaba siendo un desastre cuando jugaban todos juntos, no había tantas palabras con "po" ni con "ru" y los chicos siempre terminaban diciendo alguna palabra con "n", pero ese no era el punto. Siempre se divertían todos juntos.
Ya de regreso a dejar a Hikari al Tako Café, la rubia les contó que tenía pensado desde ya asistir a una universidad especializada en negocios empresariales, la misma a la que Akane asistió. Quería seguir el mismo camino que Akane y, ¡quién sabe! Quizá algún día tener una nueva sucursal o hasta cadena de locales de takoyaki. Eso sonaba maravilloso a oídos de las chicas. Que todos vivieran sus vidas libremente fue una de las principales razones por las que pelearon con tanto brío contra el Rey Oscuro.
Ver que todos seguían viviendo era recompensa más que suficiente a todos sus esfuerzos.
Se despidieron de Hikari y quedaron en seguir en contacto por medio de mensajes. En verdad querían invitarla a su apartamento a pasar al menos un fin de semana en la siempre despierta ciudad de Tokio. Se despidieron igualmente de Akane y Hikaru y Akane les dio takoyaki y unas especialidades más para que pudieran comerlo en el camino de regreso a casa, iban a estar un poco fríos para entonces pero era mejor que nada, ¿verdad?. Y por casa se refería a la caja de zapatos de la que tanto se quejaban los Yukishiro.
El par caminó de regreso con sus familias, Nagisa le dio la bolsa con takiyaki a Honoka. ─Si me lo llevo yo, me lo comeré, sé que está a salvo contigo.
─Es bueno que te conozcas-mepo ─dijo el héroe con tono provocador, pero solo logró que Nagisa lo agitara un poco─. ¡Mis piezas son delicadas-mepo! ¡Eres una bruta!
─¡Mentira, sabes que te dejo en suelo porque te caías seguido desde que tomaste ésta forma! ─le peleó Nagisa, y pese a tantas caídas entre sueños, Mepple nunca había sufrido daño alguno.
─Calma los dos, yo creo que son igual de resistentes. Porque al menos tú, Nagisa, amanecías a medio cuarto cuando recién nos mudamos ─mencionó Honoka y con eso logró calmar al par─. Te rodabas mucho.
─Ahora que duermen abrazadas Nagisa ya no corre peligro-mipo ─comentó casualmente la princesa, su novio le mandó un gesto de felicitación que ella correspondió con una sonrisa. Las palabras funcionaron, el par se sonrojó.
Nagisa y Honoka fueron atacadas de nuevo por el recuerdo de lo que hicieron la noche anterior, también por los pensamientos que tenían la una por la otra desde hace días. Y lo que dijo Hikari no les ayudó mucho. Eran un par en confusión en esos momentos, pero como pudieron se calmaron. De momento querían ir con sus familias un rato más antes de volver a casa. Y ya en casa se podrían pensar mejor las cosas, no estaban seguras cómo, pero algo tendrían qué hacer de ahora en adelante.
─Ah... ¿Nos vemos al rato aquí mismo? ─preguntó Nagisa, ya estaban por llegar a donde siempre separaban caminos.
─De acuerdo. Tenemos que llegar a tiempo para tomar el tren de las seis ─algo más compuesta, le sonrió a su compañera─. Despídeme de tu familia, por favor.
─Lo mismo digo.
Compartieron una sonrisa, se tomaron las manos unos segundos y luego dividieron su camino. Era increíble cómo un simple toque de sus manos ponía todo en su lugar. La ansiedad que tenían se fue. Era imposible no sentir que podían lograr cualquier cosa con solo tomarse las manos.
Su regreso a Tokio fue más calmado.
