AVENTURAS EN TOKIO
XVII.
Ninguna de las dos estaba completamente segura de lo que había pasado en la noche, las sensaciones eran más claras ahora, se querían, querían estar juntas en un plano completamente romántico. Sí, eso fue obvio anoche antes de dormir. No estaban muy seguras de qué fue lo que se dijeron pero de alguna manera dieron a saber lo mucho que se querían, ¿verdad? Sí, todo estaba bien, era lo que seguía lo que las tenía un poco nerviosas, de buena manera.
Lograron tocarse a sí mismas pero al parecer tocar a su compañera era algo más allá de lo que podían hacer. Tan solo esa mañana despertaron abrazadas, completamente pegadas y no se dijeron nada por cinco minutos continuos. Pero no era un silencio incómodo, era una posición muy relajante de hecho. Si en ese momento no se estaban diciendo nada era porque no lo necesitaban. Suspiraron al mismo tiempo y eso de nuevo las hizo reír.
─Buenos días, Nagisa.
─Buenos días, Honoka.
Se estrecharon con algo más de cariño antes de comenzar a moverse para deshacer la posición, se resistían a hacerlo pero finalmente cedieron. Honoka estiró sus brazos todo lo que pudo mientras Nagisa se ponía en pie y hacía estiramiento también. Honoka no tardó en levantarse también para abrir la cortina de la ventana que tenían justo encima. Estaba un poco nublado pero la luminosidad era suficiente para iluminar la habitación, el aire se sentía y olía húmedo. Era muy posible que lloviera.
─Comienzo a hacer el desayuno ─dijo Honoka luego de un largo bostezo, miró un poco la ventana para que entrara un poco de aire fresco y dio media vuelta para ir hacia la estufa. Notó el cabello alborotado de Nagisa y rió un poco─. No sería mala idea que te cortaras un poco las puntas, hay que emparejarlo ─dijo mientras peinaba el cabello de Nagisa con sus dedos.
─Bueno, no todos podemos tener un cabello de comercial como el tuyo, Honoka ─se acercó lo suficiente para pasar sus dedos por el largo cabello de su compañera. Sonrió al tenerla tan cerca suyo y sin resistirse besó los labios de Honoka de suave y breve manera... Y al darse cuenta de lo que hizo, se sonrojó mucho, Honoka también, ésta solo quedó recargada en el hombro de Nagisa mientras sentía la cara arder y el corazón acelerado. La deportista miró hacia el techo pero sin alejar su mano del cabello de Honoka─. Dime algo para no sentirme tan tonta...
─Eres una estratega nata que se adapta a cualquier situación ─respondió Honoka con toda la propiedad posible, no se le despegaba a Nagisa porque aun no se recuperaba─. Tienes el don de mejorar el ánimo de tu equipo y aprovechar las cualidades de cada compañera. Todo eso lo vi en casa y sé que lo veré acá en tu primer partido como jugadora regular.
─Gracias ─no esperaba que le dijera tanto, pero siempre le ponía feliz que Honoka reconociera todos sus buenos puntos. Ella siempre lo ha hecho. Suspiró hondo─. ¿Te sientes tonta también o todo bien?
─Todo bien, puedo con esto, pero si necesito halagos para recuperar el piso, te aviso ─finalmente rió, se sonrieron mutuamente y Honoka ahora sí pudo moverse. Primero fue al baño y unos minutos después salió para comenzar con el desayuno─. ¿Té o café? ─preguntó mientras se colocaba el delantal que Hikari le regaló.
─Té, por favor ─respondió Nagisa mientras, más calmada, levantaba y acomodaba el futón en su sitio─. He notado que el café le hace algunas cosas a mi estómago. Y no es justo, a ti no te hace daño, te ves genial tomando café mientras lees, y encima con los lentes puestos.
─Le tomé gusto al café desde preparatoria, mis superiores lo bebían mucho ─y mientras decía eso, encendió una pequeña cafetera que fue parte de los regalos que les dieron para su apartamento. Comenzó a hacer huevos fritos para ambas, pan con mermelada también, algo de ensalada no estaría mal y una ración de arroz. Sí, eso bastaría para el desayuno─. Al rato tenemos que comprar la despensa de la semana, solo nos quedan ingredientes para los almuerzos ─comentó luego de dar un vistazo a la nevera y a la alacena. Debían comprar lo básico, que era huevos, leche, azúcar, aceite, más arroz y varias cosas más.
─¿Vamos de compras por la tarde? Podemos hacer la lista juntas ─y pagar todo por mitades como han estado haciendo hasta el momento─. Además tengo dinero que me dio papá, quiero surtir mi despensa de dulces ─dijo con una risa que hizo reír a su compañera también. Y por dulces se refería a sus papas fritas, chocolates, caramelos y galletas de arroz. Aprendió a no comerse todo en una sentada gracias a la limitada cantidad de dinero que tenía, ahora sí saboreaba sus bocadillos en lugar de engullirlos cual ganso.
─De acuerdo, vayamos juntas, y puedes elegir lo que te gustaría que hiciera de comer y cenar y lo compramos de una vez ─era su turno para cocinar después de todo.
─¡De acuerdo! ─respondió Nagisa con entusiasmo y pasó al sanitario.
Era curioso cómo luego de esos besos y todo lo que (no) se dijeron el ambiente se sentía más familiar aun. No veían la mañana más brillante ni todo color de rosa ni nada así, pero sí más cómoda, más permisiva, más... Más completa. Ya no tenían que esconder sus deseos ni palabras, si querían darse un beso se lo podían dar si era lo que querían, independientemente de que el sonrojo las matara luego de eso. Sentían que podían decirse y hacer lo que quisieran, sin reservas. Era un escalón más arriba en su relación y estaban muy cómodas con ello.
Nagisa salió más fresca del baño y preparó la mesa, prendió también el televisor para dejar el canal de noticias, a esa hora necesitaban saber del tránsito y el clima. Necesitaban saber si iba a llover o si solo estaría nublado. A Nagisa no le gustaba salir en bicicleta cuando llovía, era peligroso y además acababa empapada hasta los huesos porque lo autos le salpicaban el agua de las charcas.
Precisamente estaba la sección del clima y los presentadores dijeron lo que Honoka sospechaba y Nagisa temía: iba a llover.
─No puedo creerlo, tendré que ir en tren hoy ─dijo Nagisa con un suspiro─. Pero lo prefiero, no quiero llegar empapada hasta los huesos como la última vez.
─Durante la lluvia es más peligroso conducir, no me gustaría que te pasara nada, Nagisa ─comentó Honoka con visible preocupación.
─Le patee la cara a la oscuridad, sería vergonzoso que un accidente de calle me mandara al hospital ─dijo en son de broma, pero el gesto de preocupación de Honoka era sincero, lo notó y sin contenerse la abrazó por la espalda, recargó su mentón en el hombro de su compañera. No le estorbaba para cocinar─. Me cuidaré, lo prometo ─dijo con voz seria.
─Y Nagisa Misumi es una persona de palabra ─completó Honoka con una recuperada sonrisa, tener a Nagisa en esa posición era lindo de muchas maneras. Sintió sus mejillas arder pero no estaba nerviosa. Los nervios llegaban con los besos, y que los dioses las cuiden cuando buscasen más intimidad, pero abrazos no eran motivo de sobresalto. De hecho se acomodó bien con ella─. Podemos ir juntas en el tren ─Nagisa bajaría tres estaciones antes para ir a su colegio, el Tecnológico estaba un poco más retirado.
─De acuerdo, suena divertido, y aprovecharé para vigilarte, no quiero que le arranques los brazos a alguien ahora que estás en edad legal de hacerlo ─agregó Nagisa con una risa divertida.
─¡Nagisa, no digas eso! ─se quejó la científica con gracioso enojo, pero solo logró que su compañera comenzara a hacerle cosquillas en los costados. Comenzó a reír, no era tan sensible a las cosquillas pero sí trató de quitársela de encima.
─Señorita Yukishiro, ¿ya te he dicho que eres una chica un poco violenta? ─por la posición tenía la ventaja, y no estaba en peligro, Honoka ya había terminado con los huevos y estaba por servir las raciones de arroz, nada podría quemarla. Entre el jugueteo, sus manos buscaron el estómago de Honoka, pero el delantal le estorbaba. Sin pensarlo realmente, sus manos se colaron por debajo del delantal... Y de su blusa─...
Lo que hizo no fue hacerle cosquillas, fue una caricia que le dejó sentir el suave estómago de Honoka. Se sintió arder mientras se quedaba de piedra. Honoka estaba igual, su risa se apagó en automático cuando una caricia en lugar de cosquillas fue lo que la atacó, hasta contuvo la respiración mientras toda ella se volvía un tomate maduro. ─Tus... Tus manos son muy... Muy suaves ─fue lo único que pudo decir, pero estaba tiesa aun y más caliente del rostro cada vez.
─Tu... Tu estómago también lo es ─tragó saliva, se escuchaba tan nerviosa como su compañera─. ¿Quieres que quite mis manos? ─lo último que quería era que su compañera estuviera incómoda. Ya antes la había tocado así, pero no era lo mismo, ya no. Antes lo hacía entre abrazos sin que ninguna dijera nada porque no sabían bien lo que sentían, no estaban conscientes de sus sentimientos. Ahora que habían aclarado todo, esas caricias se sentían distintas, más fuertes, más agradables. Tragó saliva, sin contenerse y mientras esperaba la respuesta de Honoka, acarició un poco más su estómago. Si Honoka le pedía que quitara sus manos, lo haría, ¿y si no? Bueno, ya vería qué hacer.
─No ─las caricias la hicieron suspirar─. Siempre me gustó sentir tus manos en mi cintura, no... No es incómodo, solo... Se... Se siente más que antes. Solo... Solo hazlo lento, ¿sí?
─De acuerdo.
Nagisa dejó quietas sus manos mientras Honoka acomodaba los tazones con arroz y lo demás en otros platos. En momentos donde su compañera tenía sus manos desocupadas era cuando se animaba a acariciar un poco más. Estuvo así hasta que era obvio que debía soltarla, debían desayunar ya si quieran salir a tiempo. Entre ambas acomodaron los platos y se sentaron, ahora para variar, una al lado de la otra. Normalmente lo hacían frente a frente.
Honoka se recargó en el brazo de Nagisa mientras comía, escuchaban las noticias y se contentaban con lo que hacían en esos momentos.
─No vayas a olvidar tu paraguas, Nagisa.
─Tengo el mío en la mochila con mi equipo, tú no olvides el tuyo ─se pegó a ella, juguetona, se notaba contenta─. Seguramente la pasaremos en el gimnasio si llueve para la tarde como dicen en las noticias. Quizá llegue un poco tarde en lo que me enfrío del ejercicio que nos pongan.
─Te espero para las compras... Y no, no comeremos ramen, ya comimos suficiente ésta semana ─no eran sus favorito cuando venían en vaso pero no lo negaba si era recién hecho─. Si vamos a comer ramen, mejor que sea en el puesto donde siempre, yo invito, mi padre también me dio dinero para lo que necesitara, me lo puso en la mano cuando ya salía de casa, no pude negarme porque me cerró la puerta en la cara ─y al contar eso último se echó a reír porque Nagisa hizo lo mismo.
─¡Ja, ja, ja! Tu padre es todo un caso, siempre se sale con la suya ─dijo entre risas─. De acuerdo, comamos ramen afuera, y luego vamos por las compras, ¿hecho?
─Hecho. Y creo que hoy no salgo a hacer ejercicio, ¿me pones unos aquí?
─¡Por supuesto! Algunas abdominales te vendrían bien, tu estómago es muy suave ─dijo, picando el estómago de su compañera─. Mira, eres como un lindo malvavisco.
─¡Nagisa!
Entre jugueteos, toqueteos y más, Mepple y Mipple despertaron. Notaron lo cerca que estaban las chicas, ese brillo en sus ojos y de alguna manera sabían lo que había detrás de esas miradas y esas sonrisas. Fueron a la mesa con ellas.
─¡Buenos días! ─saludó la pequeña pareja al mismo tiempo─. ¡Queremos desayunar también-mepo!
─Queremos desayunar lo mismo que ustedes-mipo ─saltaron a las manos de sus compañeras en su forma de móvil. Ese día comerían lo de Ompu.
─De acuerdo, de acuerdo... Vaya que son ruidosos por la mañana ─dijo Nagisa entre graciosas quejas mientras activaba al cocinero, Honoka hizo lo mismo y dejaron los teléfonos juntos. Y se veía al pequeño par junto comer lo que su cocinero personal acababa de servirles.
─Se ven muy contentas-mipo ─comentó casualmente la princesa.
─Lo estamos, Mipple ─dijo Honoka con un pequeño sonrojo y una sonrisa suave. Se recargó en Nagisa buscando sus siguientes palabras, pero su compañera las dijo primero.
─Porque ya estamos juntas ─aclaró Nagisa con orgullo y propiedad.
─¿Juntas, en serio-mepo? ─preguntó el héroe con incredulidad, solo para ponerlas a prueba.
─¡Lo estamos! ─recalcó Nagisa con gracioso enojo─. ¡Y se los voy a demostrar! ─miró a su compañera─. ¡Honoka!
─¿Nagisa? ─Honoka le miró por igual, aunque confundida.
─¡Va-vamos a besarnos! ─esa fue casi una orden, y se le hubiera tomado en serio de no ser por ese repentino gesto nervioso y esas mejillas en un ardiente y brillante rojo.
─¿Eh? ─la científica se sonrojó por igual, pero asintió con una firmeza que no se podía creer por culpa de lo nerviosa estaba─. ¡De acuerdo!
─¡Aquí vamos!
Ambas apretaron los ojos conforme sus rostros se acercaban. Las puntas de sus narices fueron las primeras en tocarse, así que ladearon un poco sus rostros para poder enfilarse bien y... A milímetros de concretar el acto se quedaron tiesas, temblorosas como gelatinas y rojas hasta las orejas.
─¿Esperamos tanto para esto-mepo? ─se quejó el héroe─. ¡Ya dense el beso, así! ─y el varonil héroe elegido le dio un lindo beso a su novia y ésta le correspondió.
─No es tan difícil-mipo ─dijo la princesa con un lindo sonrojo de alegría.
─Mipple, no me ayudas ─murmuró Honoka, sin moverse de su sitio y mucho menos abrir los ojos.
─Eres una inútil, Nagisa ─suspiró Mepple y negó con la cabeza, siguió desayunando como si nada. Nagisa fue la primera que pudo moverse pero solo para pelear con su compañero.
─¡Déjame en paz! Solo... Solo ─casi le salía humo de la cabeza, la pobre estaba por colapsar, pero... Sintió un fugaz beso en su mejilla. Ruborizada, miró a Honoka, que de inmediato volvió su atención a su desayuno. Se tocó la mejilla, aun roja─. Ah...
─S-se nos hará tarde, Nagisa, aun debemos preparar los almuerzos ─dijo Honoka como pudo.
─D-de acuerdo ─rió con un gesto de contento, Honoka tenía un gesto similar al de ella.
Sin más incidentes, pudieron salir de casa a tiempo.
