AVENTURAS EN TOKIO
XVIII.
Aun no era mediodía y ya toda la ciudad estaba bajo un denso y frío manto de lluvia. Y ni siquiera la lluvia detenía la vida de la ciudad, un río de paraguas de colores pasaban por las aceras, entre las calles y edificios, por los puentes y caminos donde las personas hacían lo que les tocaba hacer.
En la universidad deportiva seguían las clases con normalidad, al menos las teóricas. Nagisa solía inspirarse mucho en ellas porque más de una vez, cuando explicaban sobre el cuerpo, los músculos y articulaciones, recordaba cuando peleaba como Cure Black. Se daba cuenta de todo el poder que le fue conferido, tan solo resistir golpes que doblaban metal y rompían concreto era una hazaña en sí misma. Los saltos, los golpes, los veloces reflejos y contra ataques eran dignos de un superhéroe. No solía sentirse como uno durante las batallas, salvo un par de ocasiones pero nada más.
Su piel aún se erizaba cuando recordaba su mejor ataque, toda esa energía que la recorría de pies a cabeza cuando tomaba la mano de White. Una energía tal que su sola potencia las empujaba a ellas mismas cuando soltaban el ataque. Y pensar en eso, en todo lo que su cuerpo había pasado en ese par de años durante las batallas, era digno de admirarse. Se merecía una palmada en la espalda por resistir tanto. Se la dio a sí misma.
Para el entrenamiento de la tarde seguía lloviendo y los campos de entrenamiento estaban prácticamente vacíos, salvo uno que otro solitario que salía a correr con su impermeable puesto. Nagisa era particularmente débil ante los cambios bruscos de temperatura, su historial médico así lo indicaba. No pensaba resfriarse en esos momentos, así que optó, como las demás en su equipo, en usar los espacios internos para ejercitarse. A algunas las mandaron a usar los aparatos de gimnasia para mejorar la fuerza de sus brazos, a otras les tocaba trabajar las piernas y los que estaban en el selecto grupo de estar bien en ambas secciones, debían hacer ejercicios para mejorar su estamina. Ya que ese día no pudo sacar su bicicleta, Nagisa pidió permiso para usar las bicicletas estacionarias.
La entrenadora del equipo supervisaba individualmente a las chicas y Nagisa siempre causaba buenas sorpresas por todo lo que podía soportar. Su resistencia era envidiable. Puso la bicicleta en un nivel medio y le indicó pedalear diez kilómetros, luego debía subir un nivel y hacer solo seis. Solo eso, nada más. Si la dejaba, Nagisa era capaz de estar en esa bicicleta por una hora o más.
Nagisa acomodó a Mepple en el soporte para móviles que tenían las bicicletas y se colocó los audífonos. Mepple estaba despierto y listo para animar a Nagisa como mejor sabía hacerlo.
─¿Lista-mepo? ─sonó la voz de Mepple por los audífonos, Nagisa asintió, no se sentía del todo cómoda hablándole al teléfono en medio de todos los demás; el pequeño héroe le puso música con un ritmo fuerte, algo de rock extranjero era buena idea y eso motivó a Nagisa para comenzar su ejercicio. Primero lento en lo que calentaba las piernas y luego pudo hacerlo rápido, más rápido a como podía permitírselo en la calle─. ¡Buen trabajo-mepo! Imagina que Honoka te espera en la meta para darte un beso-mepo...
La sola imagen mental puso roja a Nagisa. ─¡Cierra el pico o voy a darte una...! ─tuvo que callarse al ver que los compañeros a sus lados le miraban con rareza─. Lo siento, lo siento ─rió torpemente y siguió con su ejercicio. Podía escuchar las risas de Mepple, y éstas no tardaron mucho en silenciarse. Tragó saliva, sería lindo recibir un premio así luego de cruzar la meta...
Mientras, en el tecnológico, era Honoka la que no tenía problema con el día lluvioso. Le gustaban los días de lluvia porque eran lo que refrescaba la ciudad, limpiaba el ambiente y regaba todos los parques y plantas de la ciudad. Sí, el agua era muy, muy importante. Además le daba al ambiente un algo muy romántico a su parecer, y en su lista de gustos estaba muy en alto leer mientras llovía afuera, con una taza de té o de café, últimamente café. Le tomó algo de tiempo reconciliarse con los días lluviosos, sobretodo luego de lo sucedido con Kiriya. Una vez Mipple le preguntó si le gustaba Kiriya de la misma manera en que a Nagisa le gustaba Fujimura, la respuesta fue no. Siempre tuvo cariño por él, pero no "ese" tipo de cariño. Fue alguien a quien sinceramente quiso ayudar porque el chico era como un libro en blanco, alguien a quien podía mostrarle las maravillas de ese mundo por primera vez y hacerle saber todo lo que la humanidad podía lograr unida.
Eso ya no pudo concretarlo y a Honoka nunca le ha gustado dejar las cosas a medias. No obstante, se sentía contenta de que el chico regresara a ese mundo como alguien nuevo, con gente que le iba a mostrar lo que ella ya no pudo. Algo que guardaba en secreto para sí misma, y así seguiría pues ni Mipple lo sabía, fue algo ocurrido durante su primer año de preparatoria. Honoka salía sola de la escuela esa vez porque Nagisa tenía club y ella no, justo comenzó a llover, fuerte como aquella vez donde Kiriya le confesó ser seguidor del Dark King.
Al pasar por la zona comercial camino a la estación de tren vio a Kiriya (aunque dudaba que ese fuera su nombre actual) bajo la fachada de una tienda. El chico miraba constantemente a todos lados, se le notaba atribulado, solo y el primer impulso de Honoka fue ir a auxiliarlo, prestarle al menos su paraguas o lo que fuera, pero no pudo dar más de dos pasos. Vio que una mujer mayor, su madre, se reunió con él casi corriendo y con un paraguas amplio color rojo en mano. Éste sonrió ni bien la vio, se sujetó de su mano y ambos se fueron, protegidos por el paraguas.
Y en ese momento Honoka lo comprendió. Hizo lo que pudo, lo que le tocaba y lo que las circunstancias y él mismo le permitieron hacer. Ya podía dejar que Kiriya viviera como los demás, como deseó hacerlo, como lo tuvo prohibido cuando era parte de las fuerzas oscuras. Lo comprendió y al fin quedó en paz consigo misma. La espina al fin había salido de su pecho. Desde entonces volvió a amar los días lluviosos, días como ese justamente.
Era la última clase del día, su curso de química computacional en uno de los salones de cómputo de la escuela. Ya eran minutos los que faltaban para que terminara la clase y Honoka se apresuró a finalizar los ejercicios de práctica. Y terminó a tiempo para que el profesor la revisara, todo estaba bien. La clase había sido fascinante y pensaba hacer ejercicios por su cuenta en su propia laptop, solo tendría que arreglárselas para conseguir un programa de simulación como el que tenían las computadoras de la escuela. Ya vería cómo lograrlo.
Todos comenzaron a guardar sus cosas y a despedirse, otros a hacer sus planes para pasarla bien sin que la lluvia fuera un factor negativo. Honoka se despidía de varios compañeros que pasaron a su lado camino a la salida cuando escuchó la alarma de mensaje de Mipple. Su compañera normalmente estaba en "silencio" y tenía permiso de Honoka de leer los mensajes y decidir cuáles eran prioritarios y cuáles no. Si le mandaba la alarma entonces era prioritario, lo revisó.
─"Nagisa no tiene paraguas-mepo" ─leyó en la pantalla y casi suelta una risa. ¿No se supone que Nagisa llevaba su paraguas?─. Mipple, pregúntale a Mepple si está bien que llame ahora, por favor ─le pidió Honoka a su compañera en baja voz. Salió de su salón de clases y en el camino recibieron la respuesta afirmativa de Mepple. Honoka se quedó cerca de un pasillo para tener relativa privacidad y Mipple marcó a Mepple─. ¿Nagisa?
─Honoka, mi paraguas ─se escuchó el gracioso lloriqueo de Nagisa.
─¿Lo olvidaste?
─No, está roto. Cuando lo abrí, la parte de arriba salió volando ─contó Nagisa, seguía en uno de los pasillos del campus mientras terminaba de enfriarse del ejercicio.
─De acuerdo, pasaré por ti, ¿sí? Ya voy de salida, debería estar contigo en unos veinte o treinta minutos, ¿de acuerdo?
─Gracias, Honoka, eres mi salvadora ─agradeció Nagisa con un gesto de alivio─. Te espero aquí.
─No tienes nada qué agradecer, voy para allá ─y colgaron. Honoka se apresuró a salir, en el caminó sacó su propio paraguas, el que le regaló el hermano de Nagisa y recordó que era para que ambas se cubrieran. Rió dulcemente─. Es un gran regalo, gracias, Ryouta ─murmuró para sí misma.
A Honoka le tomó poco más de veinte minutos llegar a la escuela de Nagisa. Ya había estado un par de veces ahí, la primera cuando fue lo del examen de admisión, esperó a Nagisa a que saliera del suyo, y la segunda vez fue cuando terminaron su registro escolar. Las fechas de ambas coincidieron, pero a Honoka le tocó más temprano que a Nagisa.
Eso sí, era la primera vez que Honoka veía tantos jerseys deportivos juntos, de distintos colores pero con el mismo escudo de la escuela, cada uno con el distintivo de su equipo y su apellido en la espalda. Al entrar se ganó la mirada de varios que iban de salida. Llevaba los audífonos puestos así que no pudo escuchar lo que comentaban algunos al verla pasar, claramente no era de la escuela. Quienes la vieron coincidían en que se trataba de una linda chica y más de una persona supuso que quizá podría ser novia de alguien de ahí. Tenían razón en eso último, pero no necesitaban saberlo.
Honoka siguió las indicaciones de Mipple para saber dónde estaba Nagisa. La misma Honoka se concentraba en la presencia de su compañera y supo que estaba muy cerca de donde Mipple le indicó el camino. Sus sentidos se estaban afilando, eso le agradó. Y aun en esa marea de sudaderas deportivas, Honoka pudo distinguir a Nagisa protegida en la entrada de uno de los edificios. Era la zona de gimnasios según vio en algunos letreros.
─¡Nagisa...!
─¡Ah, Honoka! ─una emocionada Nagisa la recibió y de inmediato le dio un abrazo, su compañera solo tuvo tiempo de hacer el paraguas a un lado─. ¿Quieres algo de beber? ─de su mochila sacó una botella de las bebidas deportivas que les daban.
─Sí, gracias ─la científica solo dio un par de tragos a la botella antes de devolverla a Nagisa─. ¿Nos vamos?
─¡Vamos! ─Nagisa fue quien tomó el paraguas, al ser un poco mas alta lo conveniente es que ella lo llevara─. ¿Es el que mi hermano te regaló?
─Sí, justamente me lo regaló para protegerme de la lluvia contigo, eso decía la tarjeta ─comentó Honoka con una pequeña risa─. Oye, ¿no se moja tu mochila? ─notó que la mochila con el equipo de Nagisa estaba por fuera de la protección.
─Es impermeable, no le pasará nada ─y estaba por pedirle a Mepple que confirmara sus palabras, pero con más gente a su alrededor lo mejor era ser más discretos─. ¿Tú no te mojas? ─fue el turno de Nagisa para fijarse bien en su compañera─... ─tomó aire y le ofreció su brazo─. Acércate más, no quiero que te empapes.
─Ah... De acuerdo ─se sujetó del brazo de su compañera y caminaron tan juntas que solo era una parte de la mochila la que se empapaba─. Tampoco quiero que te mojes, es un momento muy inconveniente para un resfrío, ¿verdad?
─Muy pronto serán las pruebas para el equipo de reserva de lacrosse, tengo que estar ahí como titular ─dijo Nagisa con mucha seguridad.
─Quiero verte en el primer partido de la temporada, Nagisa, sin importar qué, estaré ahí, ya lo sabes.
─Gracias, Honoka.
La joven pareja abandonó el sitio junto con otro puñado más de alumnos. Entre la multitud era más fácil pasar desapercibidas, así que el estar brazo a brazo no era algo que llamase demasiado la atención. Tenían que ir a la estación de trenes a unas pocas calles de distancia, no tenían que tomar un autobús como debía hacerlo Honoka, la distancia del Tecnológico a la estación de tren era un poco larga que esa. En el camino iban en silencio, y éste nunca era molesto, al menos no entre ellas. Hacían esporádicos comentarios pero era todo.
En algún momento la lluvia fue tan intensa que tuvieron que protegerse en la fachada de un local cerrado, al menos en lo que la lluvia amainaba un poco y dejara de mojarles los pies. Estaban tan cerca de la estación que podían verla desde donde estaban, pero la lluvia se intensificó mucho. Había un asiento justo donde se encontraban, era un local de comida rápida que abría en horario de tarde-noche, el letrero así lo indicaba. Ambas tomaron asiento mientras miraban la lluvia con las manos tomadas.
─Lo mejor sería pasar por las compras de una vez y ya no salir de casa, llegando deberíamos tomar una ducha para que no nos resfriemos ─propuso Honoka, y antes de que Nagisa siquiera formulara la pregunta, Honoka se le adelantó con una sonrisa─. Prepararé ramen casero con verduras, o lo que quieras, ¿qué dices?
─¡Genial! Entonces ya no salgamos de casa, pasemos por las compras. Iremos algo cargadas, pero... Sí, me gusta el plan.
─De acuerdo, eso haremos, solo esperemos un poco más, ya estamos cerca de la estación ─su compañera asintió con un monosílabo. Guardaron silencio de nuevo, un cómodo silencio. Se recargó en el hombro de Nagisa mientras miraba la lluvia, era hipnotizante, le era increíble, maravilloso lo que la naturaleza lograba en ese mundo con algo tan relativamente simple como el agua y la temperatura. Suspiró de comodidad. Sintió la cabeza de Nagisa recargarse en la suya, su mano enredar sus dedos con los de ella. Lo permitió, le gustaba ese contacto.
─Oye, Honoka...
─Dime.
La científica solo sintió una mano en su mejilla y cómo la hacían girar gentilmente. Vio de frente el rostro sonrojado de Nagisa, el ceño graciosamente fruncido y ese gesto que trataba de ser seguro. No pudo decir nada a eso, Nagisa simplemente la besó.
Nagisa estaba temblando de nuevo durante el beso, pero quiso hacerlo, era como si la lluvia le dijera que lo hiciera, como si la mismísima ciudad la animara a hacerlo... Y lo hizo con confianza porque no había nadie más alrededor en ese momento, justo en ese preciso y breve instante. Su Honoka tenía razón, era del tipo que siempre encontraba las mejores oportunidades para moverse, y esa oportunidad fue única. Sintió más calor pero no era su rostro, era el de Honoka que estaba ardiendo también, esa reacción le gustó, que correspondiera su beso le encantó.
Se quedaron labio a labio unos segundos más y aprovecharon cada uno de ellos antes de seguir su camino a casa y el plan para el resto de su día.
