AVENTURAS EN TOKIO
XX.
El beso llevaba varios minutos, de nuevo los sonidos acuosos, los suaves gemidos que mayormente Nagisa no lograba contener y el canto de la lluvia que estaba por terminar. Honoka aun no soltaba las manos de su compañera, ponía presión apenas, Nagisa no hacía ni el intento por moverse y bien sabía que ella podría cambiar la posición en el momento que quisiera. No le molestaría si se diera el caso, por mientras marcaba el ritmo y la profundidad del beso con sus labios, su lengua, con esas breves pausas que apenas si eran suficientes para recuperar el aliento.
Sus cuerpos estaban subiendo su temperatura por culpa de la creciente excitación, por esa suave pasión que de a poco despertaban. Constantes temblores las obligaban a apretar las manos de su compañera unos instantes para tratar de no perderse en todo lo que sus cuerpos experimentaban.
Era tan nuevo y tan emocionante. Aunque ya habían tenido el atrevimiento de explorarse a sí mismas y de imaginar a su compañera besándoles en sitios cada vez más comprometidos, las fantasías quedaban demasiado atrás, no había ni un solo punto de comparación. Solo eran besos y ya se sentían vibrar desde las entrañas, de la cabeza a los pies.
Nagisa se despegó de Honoka solo lo suficiente para tomar aire. Sentía sus propios labios húmedos. ─Se... Se supone que... Que sé respirar bien ─y esos besos le estaban quitando el aliento con mucho más facilidad que un intenso partido o pesado entrenamiento. Suspiró al sentir besos en su mentón, en su mejilla, sus dedos enredarse con los de Honoka en apretado gesto... Sus pechos tan juntos, ¡diablos!
─También... También me falta el aliento ─dijo Honoka entre susurros que intentaban ser calmados, lo lograba a muy duras penas pero no por ello dejaba de depositar besos en su rostro... Y entonces vio su cuello─. Nagisa... ¿Puedo?
─¿Uh?
─Esto ─y enseguida depositó un suave beso en su cuello, solo uno y de inmediato se separó para verla a los ojos. La sintió apretar sus manos una vez más mientras soltaba un suspiro─. ¿Puedo...?
─Solo... Solo si me... Dejas hacerlo luego...
─Trato ─ésta vez necesitaba sus manos, soltó las de Nagisa para poder sujetarla por una mejilla y su hombro. La movió lo suficiente para tener espacio. Besó desde la base de su oreja y la sintió respingar. Con curiosidad, depositó más besos en su oreja, incluso mordió un poco su lóbulo.
─¡Ah! ─se sentía más que aquella vez que le besó el cuello estando ebria. Se aferró a la espalda de Honoka y como pudo se la echó por completo encima. No pesaba casi nada, o al menos esa sensación le daba. Sintió que las piernas de su compañera se colocaban a los costados de las propias. Los labios de Honoka volvieron a la base de su oreja y de ahí en bajada hacia su hombro. Podía sentir los besos, pequeñas mordidas y una que otra tímida lamida que la hacía jalar la blusa de Honoka. Por suerte se puso una holgada, pero por un momento temió que se la pudiera romper su seguía así─. Honoka... Ah...
La científica pasó su lengua por el cuello de Nagisa para poder atender el otro lado. Besó su hombro, dejó que su aliento rozara la piel de la deportista y disfrutaba de sobremanera la forma en la que su piel se erizaba. Sentía su propio calor subir, suspiró hondo para no perderse demasiado en lo que estaba haciendo, quería estar atenta y atender a todas las reacciones de Nagisa, a todas y cada una de ellas─... ¿Sigo?
Nagisa solo tenía una respuesta a eso. ─Sí...
Ambas suspiraron a la vez. Honoka siguió entreteniéndose en el cuello de su compañera, llegaba hasta donde la camisa ponía el límite y de ahí no pasaba, pero sí podía volver al norte y besar su rostro, sus mejillas, su nariz, sus labios una vez más. La atrapó en otro beso húmedo que las hizo jadear a la vez, como si sus labios estuvieran más sensibles luego de todos los cariños, y lo estaban. Honoka se aferró con fuerza a los hombros de Nagisa, se perdió en el beso por largos segundos, mismos en los que se encargó de invadir todo lo posible con su lengua, quería quedarse con ese sabor y su cálida saliva. Solo la falta de aire la hizo despegarse de nuevo.
Nagisa no estaba mejor que Honoka, al contrario. Tenerla así, con sus pechos aplastados el uno contra el otro, con sus bocas pegadas y sus respiraciones agitadas la estaban haciendo perder la razón. Sintió que jalaba más la blusa de Honoka. No quería lastimarla y tampoco romper su ropa, así que sus manos se colaron bajo la blusa de Honoka, la sintió respingar un momento pero no detener lo que hacía. Ya ahí podía acariciar su espalda, su suave piel de terso tacto. Ya podía tocarla un poco más en respuesta a todo lo que le hacía sentir.
La temperatura subía, increíblemente ahora el ambiente olía a lavanda. No se habían despegado en lo absoluto pasado un rato.
La científica sintió el momento donde los dedos de Nagisa dudaron al llegar al broche de su sostén. Solo hizo una pausa pequeña para poder hablar, y tomar algo de aire. ─¿Te estorba?
─Un poco... ¿Puedo? Solo desabrocharlo.
Honoka asintió con un gesto antes de seguir. Sintió de inmediato cuando ella abrió el broche, hubo menos presión en su espalda, su pecho estaba aplastado sobre el de Nagisa, así que ahí no hubo mayores cambios. Ahora sí podía sentir las amplias caricias de Nagisa que iban desde la cintura y hasta los hombros. Su piel se erizó al instante, las manos de Nagisa eran fuertes, le constaba, pero en ese momento eran tan gentiles que nadie se lo creería.
Para los demás, Nagisa era una chica ruda, fuerte e increíblemente genial. Y lo era, eso no lo ponía en duda, pero Honoka conocía el otro lado de Nagisa. Su lado más femenino, suave y gentil. Ese lado que amaba la ropa coqueta, que gustaba de recibir flores, regalos, peluches, cumplidos y básicamente todo lo que significara ser tratada como una dulce doncella. Honoka amaba conocer los dos lados de Nagisa, todos los lados de Nagisa. Se sentía muy afortunada.
Le gustaba la idea de tratarla como ella siempre ha querido, así que sus labios fueron más gentiles aun, la pasión era la misma, de hecho crecía, pero la trataba como si Nagisa fuera delicada como el cristal. Sintió otro temblor de cuerpo completo en Nagisa. Funcionó.
La deportista estaba encantada, hechizada por los dulces pero ardientes tratos de Honoka. Su piel se erizaba más y más entre esos besos en el cuello que luego volvían a su boca. Le costaba dejarla ir, sentía los labios ardientes, húmedos e hinchados por culpa de todos esos besos. Estaba en éxtasis total.
Siguieron por un rato más hasta que en serio necesitaban respirar, el último beso de Honoka no podía terminar porque Honoka no quería separarse y Nagisa no quería dejarla ir. Tomaron aire de golpe, fuerte y de forma agitada. Honoka se quedó recargada en el hombro de Nagisa. Nagisa alejó los brazos de la espalda de Honoka para extenderlos a ambos lados. Le había levantado la blusa y le dejó la espalda ligeramente roja por culpa de las caricias que se apretaban por culpa de la intensidad de los besos.
─Creo... Creo que... Podemos... Podemos dejar esto aquí ─dijo Nagisa entre jadeos, las manos las sentía calientes también.
─D-de acuerdo... Ahora sí me mareé ─la científica estuvo de acuerdo. Se les pasó las manos con los besos, pero se sintió muy bien. Los labios le temblaban aun y tenía la boca húmeda, se la secó con el dorso de su mano derecha─. Pensé en hacer un poco más si me lo... Si me lo permitías, pero me bloqueé por completo.
─Te lo hubiera permitido, créeme, pero no íbamos a sobrevivir ─la deportista se echó a reír de solo pensar en ello. Y reír mientras aun estaba agitada no fue buena idea, tuvo que calmarse sola─. Respira por la nariz, Honoka ─la tomó por el la nuca con la mano que recuperó primero el control y la acercó a su rostro. Pegó sus labios a los de ella pero solo eso, quería animarla a imitar su ritmo de respiración.
─Gracias.
Les tomó unos minutos recuperar suficiente oxígeno en el cuerpo, ya podían moverse mejor. Sin quitársele de encima a Nagisa, Honoka se sentó y de inmediato sintió que sus pechos cedían a su propio peso; claro, su bra quedó desabrochado. Su blusa estaba echa un desastre, incluso por frente tenía el estómago descubierto. Por suerte no se despeinó porque se ató el cabello en una cola baja.
Al ver cómo estaba Honoka, Nagisa se sonrojó mucho y detuvo sus manos antes de que ella hiciera nada. ─Oye, Honoka...
─¿Qué pasa, Nagisa? ─se quedó quieta en el momento en que la deportista se sentó también, la vio sonrojarse más y tragar saliva─. Puedes decirme lo que quieras, anda.
─¿Puedo quitarte esto? ─jaló un poco su blusa indicándole que era esa prenda a la que se refería─. Y ésta otra ─agregó casi mordiéndose los labios de la pena─. Solo quiero verte y sentirte mientras te abrazo, es todo.
Esa petición hecha con ese gesto fue demasiado lindo a ojos de Honoka. Asintió y luego besó la frente de Nagisa. ─Adelante ─y levantó los brazos para que su compañera pudiera quitarle la blusa primero.
Una entusiasmada pero sonrojada Nagisa quitó la blusa primero y la dejó a un lado. El bra solo estaba sujeto por los hombros, así que ese lo pudo retirar por el frente en cuanto ella bajó los brazos. Y la vista de los pechos de Honoka no era nueva, por todos los dioses que no, pero era más preciosa aun. Suspiró hondo.
─¿Puedo hacer lo mismo? ─preguntó Honoka, tener su pecho al aire en ese ambiente y en esa posición hizo que sus pezones se pusieran duros, y los breves roces contra Nagisa la hacían apretar los ojos. Vio a Nagisa sonrojarse pero levantar los brazos de inmediato, eso la hizo reír con dulzura. Quitó su camisa y miró con diversión el bra deportivo de Nagisa─. Me gustaría verte con un diseño más... Lindo. Esto te queda bien, pero me encantaría verte con algo de encajes o diseños más bonitos.
─A mi también, pero... No sé si se me vean tan bien como a ti ─toda la ropa interior de Honoka era elegante y hermosa, con unos diseños femeninos fantásticos. Ella misma usaba la ropa interior deportiva por costumbre y comodidad más que nada, pero...
─¿Bromeas? Te verías hermosa con otros modelos de ropa. El rosa siempre te ha quedado muy bien ─Honoka tuvo que esforzarse un poco más, el bra deportivo era ajustado y debía quitarlo con un poco más de fuerza. Y lo logró y miró con encanto el pecho de Nagisa. Compartía la misma opinión que su compañera. Podría no ser la primera vez que se veían desnudas, pero ahora se sentía más personal, era más emocionante, más significativo de alguna manera. Suspiró─. ¿Te gustaría que fuéramos por uno o dos conjuntos de lencería para ti? En serio me gustaría verte con algo así, sé que te verás hermosa.
─¡Honoka, no digas esas cosas! ─estaba apenada por todos esos cumplidos, incluso se cubrió el rostro por culpa de la pena. No eran como los otros cumplidos a los que estaba acostumbrada. Le decían que era una persona genial y podía aceptarlo gustosa, que le dijeran talentosa, veloz, grandiosa, increíble o cualquier cosa que se refiriera a su fuerza y habilidades era algo a lo que estaba acostumbrada. Incluso que hablaran de lo amistosa y entregada que podía ser era algo que agradecía le reconocieran. Es decir, todo lo hacía porque así le nacía hacerlo, pero escucharlo de boca de otra persona se sentía bien.
Pero que hablaran de que ella era linda, hermosa o adjetivos similares era algo a lo que no estaba ni un poco acostumbrada. Y la única persona hasta ese momento, además de su madre, que le había dicho lo linda que era en más de una ocasión, era Honoka. Solo Honoka.
No pudo seguir ahogándose en su vergüenza, sintió que Honoka le quitaba las manos del rostro y la sujetaba por los hombros. Y lo siguiente que supo era que estaba de espaldas en la cama con Honoka encima. No pudo reaccionar los primeros segundos, mucho menos luego de sentir sus pechos pegados, aplastados en una sensación más completa que hace rato. Podía sentir sus piernas enredadas. Tragó saliva.
─Eres hermosa, Nagisa, siempre lo he pensado ─dijo Honoka muy cerca del oído de Nagisa. Ella misma estaba embargada por la sensación de estar así de juntas en esas condiciones. Suspiró─. Y siempre lo has sido─. ¿Quieres que vayamos de compras luego? Cuando te sientas cómoda para hacerlo.
─D-de acuerdo, iremos... Cuando esté lista, ¿sí?
─Cuando tú quieras. ¿No peso?
─Para nada ─como pudo, alcanzó la manta con una mano y cubrió a ambas. Ya cubiertas, se contentó con rodear la cintura de Honoka a dos brazos. Se movió solo lo suficiente para quedar de costado con ella─. Pero ésta posición será más cómoda para ti, créeme ─y rió entre un sonrojo mientras Honoka la abrazaba por el cuello─. Mi cuerpo no es tan amplio, así que no podrías estar muy cómoda luego de un rato.
─Si lo dices tú, te creo. Y creo que ésta posición me gusta también ─le dio un lindo beso en los labios a la deportista─. ¿A dormir?
─A dormir.
─Cambiamos la alarma del despertador, ¿verdad?
─Sí.
─Bien ─le sonrió, se sonrieron─. Buenas noches, Nagisa.
─Buenas noches, Honoka ─suspiró y pegó su frente a la de ella─. Te amo.
─Yo también.
Y con esas palabras, se enredaron como pudieron en su cerrado abrazo y encontraron la comodidad esperada en su compañera. De nuevo suspiraron al mismo tiempo. Les tomó minutos conciliar el sueño y no se movieron de esa posición en toda la noche. La madrugada pasó relativamente silenciosa, con algún ocasional ladrido de perros en la lejanía, o algunos motores de autos que eran más ruidosos de lo normal. Ya el cielo estaba despejado de las nubes de lluvia y, aun con la contaminación lumínica de una ciudad como Tokio, mostraba un hermoso manto de estrellas. No había luna, así que éstas podían presumir aun más.
La joven pareja se dio el gusto de dormir de corrido hasta que la alarma del Battle Ranger rojo sonó, se dieron un beso de buenos días, uno dulce y breve.
