Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


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"Emmett me llamo al día siguiente de limpiar a Alice de nuestras vidas. Su historia dejo a todo el pueblo sorprendido. ¿Cómo podía ser que en medio de un pequeño pueblo de Washington una chica se encargara de vender drogas?¿Y Embarazada?

Se volvió un escándalo, en un tema tabú y Alice Brandon se convirtió en historia.

Su familia la repudio por poner en riesgo su vida y la de su bebé. Un bebe que no tuvo posibilidades.

Emmett me contó toda la historia. La sangre, las drogas, la imagen del cadáver de una mujer embarazada muerta. Mi hermano me lloriqueo sobre su triste y preocupante vida por lo menos dos horas. Padres divorciadas, una infancia llena de violencia —no es la única— y eso finalizando con su consumo de drogas, hasta que conoció al chico perfecto.

Mi chico perfecto.

Maldita niña estúpida.

Después de dos horas de escuchar su irritante voz, mi paciencia se acabó y lo tuve que callar. Aun si eso implicaba prometerle que me cuidaría y volvería pronto a Forks.

Como si quisiera ver su patética cara.

Al día siguiente deje mi vida como Jessica Dwyer atrás y volví a casa. Ese mismo día recupere mi cabellera chocolate y mis amados converse. Aunque lucia diferente, la huella de Jessica se podía notar. Mi cuerpo es diferente ahora, con las largas horas de entrenamiento y los constantes y estúpidos tratamientos faciales que me tenía que hacer como cualquier chica normal, lucia bastante alejada de la Bella Swan que viste aquella noche en el supermercado.

La llamada de Emmett hizo mella en mí. Necesitaba mantener las apariencias un poco, por lo menos hasta que el tema de tu chiquilla fuera enterrado. Tuve que dejar mis planes dos semanas.

No me importo mucho esperar un poco, ya no teníamos ningún obstáculo.

No obstante…

No te descuide ni un segundo. Me encargue de observarte.

Observarte de verdad.

Hábitos, rutinas. Tu insana costumbre de visitar la tumba de Alice y tu bebé cada mañana, tu desayuno tardío en la cafetería destartalada de la señora Cope, las largas horas de trabajo intermitente, la amarillees de tus dedos por fumar, algo que tendríamos que arreglar. El olor solo me recordaba a mi padre.

Y su respiración jadeante en mi mejilla.

Te observe ir y venir. Deje que vivieras tu dolor.

Hasta que bingo… dejaste el cigarrillo y me diste la oportunidad para acercarme a ti. Probablemente al fin habías comenzado a usar el cerebro. Un medico no daba muy buena imagen si fumaba. Y aquí vamos. Mi oportunidad.

Comenzaste a correr en Foks Park.

Nuestro siguiente encuentro estaba a la vuelta de la esquina. Salías a correr todas las mañanas ahí, agitadamente y rápidamente. Casi como si intentaras correr lejos de algo o alguien.

Me tomó una semana más tomar la condición física necesaria para hacer la hora y media que tú corrías. Me concentre en hacerme habitual, casi una figura indispensable dentro de tu rutina, segura de que en algún momento me verías.

Un vistazo, alguien habitual. Una chica a la que observarías y seguirías adelante, pero me mirarías de nuevo y yo ya estaría por tu mente. Un minuto, un segundo. Las mejores cosas se hacen poco a poco. Eso me has enseñado tú.

Seguirte el paso después de esa fue fácil.

No puedo negar que estaba ansiosa por como saldría todo. Yo sería tu nuevo motivo para salir adelante. Mi plan era claro y conciso. Tocar tu vena solidaria.

Yo sabía muy bien cómo llegar a ese tipo de personas.

Fue un lunes diez de febrero cuando me atrevía a correr lo suficiente cerca de ti. Casi un mes esperando y lo hice. Corrí, tome agua, tome los descansos suficientes y justo cuando se iba a acabar el tiempo, lo hice.

Tropecé frente a ti. Yo… lo hice.

Mi rodilla izquierda impacto contra el asfalto —realmente dolió— puse mi mano para evitar el siguiente impacto cuando me sentí seguir cayendo, eso hasta que me tomaste en tus brazos. De pronto todo tu tacto quemante y punzante estaba sobre mí. Y supe que esta vez no fallaría.

Lo siguiente que escuche fue tu voz.

'¿Estas bien?'

Una simple pregunta y yo ya tenía ganas de besarte, pero yo tenía que guardar las paraciencias, ¿no?

Mi asentimiento y un poco de lágrimas lograron que me trataras con la delicadeza que requiere cualquier dama en apuros. Me sorprendió que recordarás mi rostro y aun que pensé que de pronto había sido descubierta; tu gesto avergonzado al preguntarme si nos cocinamos y mi muy actuada confusión fueron suficientes para despertar el interés en ti.

¿Por qué decidí hacer como si no te recordara? Las chicas fáciles eran una mala experiencia para ti. Yo tenía que ser diferente. Fue obvio que el cabello al hombro, los reflejos rubios y mi nueva condición física fue de ayuda para disuadir cualquier duda en ti.

No me gustó mucho lo que vi, Edward.

Note tu rostro cansado y la tristeza dibujada en él. Tu cara demacrada y la palidez de tu rostro. Estabas destrozado..

Observe tus ojos y supe del vacío en tu corazón. Se me rompió un poco el alma. Pero yo sería tu refugio seguro y te curaría de las heridas. Tal como tú lo habías hecho conmigo.

Me encargue de lucir lo suficientemente tímida para despertar aún más tu interés. No pude evitar encogerme cuándo trataste de revisar mi herida, solo pensar en ti tocándome era alucinante. También funciono. Solo era un raspón sin importancia y yo estaba acostumbrada a las heridas sangrantes. Tanto internas como externas.

Me puse de pie e intercambiamos unas palabras. La leve sonrisa que me diste al despedirnos me dio aliento. Iba en buen camino.

Los encuentros siguieron sucediendo casi como una costumbre, no volví a correr sola.

Y así casi un año después. Eres testarudo y resistente. Me has tomado como una amiga y confidente.

Me cuentas de Alice, de tus padres y como piensas que la muerte te persigue. Sé del temor en tus ojos cuando me miras. Sé que te gusto, pero nos temes. Me temes. O temes por mí. A veces solo siento que no puedo más, pero también sé que necesitas tiempo.

Tiempo. Y soy bastante paciente y receptiva.

Puedo ver como las cosas avanzaban:

Pequeñas charlas, un café, noche de películas, favores personales, ir a reglar tus plantas durante tu congreso en diciembre, las clases de cocina que te doy, los leves toques que sueles dar en mis mejillas o mano, la primera vez que me llamaste llorando en la noche, las cenas en el porche de tu casa, tus suaves sonrisas.

Puedo ver la luz regresando poco a poco. Incluso en mi cuando me miro en el espejo. Entonces solo vuelvo a pensar en el tiempo.

El tiempo es completamente nuestro. La vida nos sonríe.

B"

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¿Qué tal? Vamos por el capítulo 6 y ya solo faltan 4. Gracias a quien me ha mandado mensajitos y sus review, siempre las leo. Síganlo haciendo. Recuerden que #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam.