AVENTURAS EN TOKIO

XXI.

Nagisa no sabía con exactitud cómo quitarse de encima a sus entrometidas amigas. Las cosas se habían vuelto un desastre en menos de cinco minutos, y cuatro horas después seguía sufriendo las consecuencias. Honoka se reiría mucho cuando se lo contara llegando a casa...

Mayo tenía lluvias ocasionales y varias de éstas eran eléctricas, los días soleados los aprovechaba para salir en su bicicleta y ese fue uno de esos días. El entrenamiento matutino constaba de un par de vueltas por todo el campus y no eran las únicas que comenzaban con un entrenamiento así, muchos equipos hacían lo mismo, incluido el equipo masculino de lacrosse. Normalmente corrían juntos y ambos equipos aprovechaban para socializar un poco. Nagisa andaba mejor con el trío de chicas de las que rápidamente se hizo amigas: portera, defensa y pases; Chika, Fumiko y Kaede respectivamente, todas internas en el instituto. Se estaba acomodando muy bien con ellas para jugar y qué mejor que entrenar juntas, ¿verdad?

Era el plan, pero ese día las tres no estaban en el ejercicio matutino, al parecer hicieron algunos desperfectos en sus dormitorios de los que prefirió NO averiguar, estaban asistiendo a clases complementarias sobre buena conducta muy temprano, así que ese día ni el siguiente las vería en el entrenamiento de la mañana pero sí en las lecciones normales. Sabía que aunque no preguntara ellas le dirían todo, eran un poco escandalosas... Muy escandalosas.

El punto es que corría por su cuenta y ésta vez sin los audífonos, eso solo los permitían hasta la tarde. Nadie le había avisado a Nagisa que estaba en la mira de uno de los novatos de lacrosse. Al verla sola, el chico aprovechó para acercarse. Le pidió salir con él, conocerse más y le confesó que le gustaba desde que la vio.

Todo aquello que soñó en secundaria ya se estaba volviendo realidad, el serle atractiva a los chicos y recibir confesiones y cartas, pero todo llegó bastante tarde, ya estaba con su persona amada y ahora se sentía realmente mal de tener que rechazar a alguien de esa manera. Hasta el momento solo eran cartas, pero era su primer declaración en persona desde que estaba ahí. Y todos los que estaban corriendo cerca, escucharon y fueron testigos de cómo Nagisa rechazaba al chico. La deportista sabía en qué posición estaba por el simple hecho de aceptar y corresponder el amor de Honoka, una chica al igual que ella, pero tampoco usaría una excusa tonta como que prefería concentrarse en sus estudios y el equipo. Esa parte era cierta, y lo otro cierto era que no pensaba ocultar ante nadie que su corazón ya estaba ocupado.

Así se lo hizo saber al chico y a toda la gente a su alrededor de paso, que ya estaba ocupada con alguien más y no podía corresponder su confesión. El chico comprendió, y eso lo agradeció mucho Nagisa, pero ahora había encendido la curiosidad de más de una persona. La voz se corrió rápidamente hasta sus amigas y llevaban interrogándola desde que terminaron su entrenamiento y clases de la tarde, todo el camino a la cafetería y en la cafetería a donde quedaron en ir a pasar el rato.

─¿Porqué no nos dijiste que tenías novio? ─preguntó Fumiko mientras daba sorbos a su frappe de fresa, la castaña sonaba emocionada por todo ese asunto del novio de Nagisa─. Habríamos espantado a todos los admiradores desde antes y rechazado las cartas que metíamos en tu mochila.

─¿Entonces fueron ustedes? ─preguntó Nagisa con sorpresa. Ahora entendía porqué nunca podía ver quiénes le mandaban las cartas, ¡ellas eran las mensajeras! Tomó un hondo respiro─. Bueno, no es que eso me molestara, pero solo necesitan saber que ya estoy con alguien.

─No es alguien de la escuela, ¿verdad? ─fue el turno de Chika de preguntar ─. Nunca te hemos visto salir con alguien que... ¡Ah! ¿No es ese chico lindo castaño del equipo de fútbol? ─supuso rápidamente la pelinegra, era el chico con el que más veían platicar a Nagisa.

─¿Fujimura? No, no es él ─y antes de que alguna lo pensara siquiera, agregó─. Tampoco su amigo Kimata. Ambos son mis amigos, los conozco desde secundaria ─aclaró y dio otra probada a su parfait de chocolate tamaño jumbo.

─De acuerdo, no es alguien de la escuela y sabemos que tienes compañera de piso, no compañero, ¿entonces es alguien que vive cerca de ti? ─Kaede se recargó en Nagisa buscando aflojar un poco más la boca de su compañera─. ¿Algún novio que tengas por internet? Anda, dinos.

Nagisa soltó un hondo suspiro. Le tenía aprecio a las chicas, eran buenas personas y seguramente entenderían si les dijera que salía con una chica, con la compañera de piso que acababan de mencionar. No quería mentir pero tampoco quería decir todo. Y negar a Honoka era algo que nunca haría, pero no quería arriesgarse a que se corriera la voz y ambas terminaran marcadas, señaladas y alejadas de los caminos por los que tanto habían trabajado. Si para evitarle problemas a futuro a Honoka debía callar, lo haría...

¡Pero no podía callar con esas tres insistiendo así!

Su enfado subía segundo a segundo, su sonrojo también y en señal de frustración se alborotó el cabello.

─Escuchen... No quiero decirlo, ¿de acuerdo? No porque no confíe en ustedes, es solo que... Bueno ─era complicado decirles que no quería quedar a merced de una sociedad a la que aun le faltaba mucho para aceptar a los que no se apegaban a lo "normal", sobretodo en los ámbitos profesionales. Suspiró de nuevo. Notó que las chicas se miraban entre sí y se acercaron más a ella para mantener su conversación más privada─. ¿Qué pasa?

─La persona que es tu pareja... ¿Es una chica? ─preguntó Kaede en muy, muy baja voz. Y al ver que todos los colores se le subían a la cabeza a Nagisa, de inmediato supieron que era un sí─. Si es eso, prometemos no volver a preguntar mucho. Y tampoco diremos nada.

Nagisa sintió que el alma le volvía al cuerpo. Rió con alivio mientras se llevaba las manos a la cara. Se sentía bien que ellas fueran comprensivas, les sonrió apenas pudo recuperarse.

─Lo es, es la chica más bonita que podrían conocer ─respondió Nagisa con el mismo volumen de voz─. Y duele no poder decirlo a todo mundo, pero así debe de ser ─al menos por el momento, quizá en unos años, o quizá ya no les tocaría a ellas. Ahora que las cosas estaban más claras, era de esperarse que las tres se pusieran de curiosas una vez más con preguntas mucho más concretas. Ya se lo esperaba.

─Ya sabemos que no es alguien de la escuela, entonces... ¿Es tu compañera de piso? ─supuso Chika con una sonrisa enorme y el sonrojo de Nagisa volvió a delatarla. Rió procurando no ser ruidosa─. ¿Cómo es ella? Anda, cuéntanos, sería lindo conocerla y no solo en foto. Podemos salir todas juntas.

Nagisa sonrió y se rindió a las chicas, sacó a Mepple de su chaqueta y buscó una foto de Honoka, una linda. Recién se habían tomado una selfie en el parque donde iban a pasear los fines de semana. Les dejó ver la foto y las tres soltaron un sonido de asombro. ─Ya les había platicado de ella, Yukishiro Honoka, estudia en el Tecnológico.

─Wow, se ve más bonita aquí ─comentó Fumiko, hizo zoom a la foto para ver mejor las facciones.

─¿En el Tecnológico? Nagisa, ahí solo van los ratones de biblioteca... Y no lo digo por ofender ─dijo Chika entre risas.

─Créeme, ella no se ofendería para nada, además los ratones le parecen lindos ─dijo Nagisa con una risa pequeña─. Cuando tenga oportunidad podemos salir, lo platicaré con ella.

─Ahora soy yo la que no quiere ofender, Nagisa ─dijo Kaede con sospechoso tono─. Pero es demasiado bonita para ti ─y lo dijo claramente con la intensión de enfadar a Nagisa, y lo logró. Entre risas, las tres se encargaron de relajar a Nagisa respecto a ese tema. Y cumplirían su palabra, no le dirían nada a nadie, ese asunto de los escándalos y más si Nagisa iba a ser una atleta profesional, era algo complicado de tratar.

Nagisa sentía alivio de poder platicar eso con alguien... Y ahora que hacía memoria, se lo debían contar a Fujimura y a Kimata. Ellos en especial serían tanto o más comprensivos que sus amigas. Sí, debían contárselo a los chicos también. Nagisa se permitió pasar un rato más con sus amistades y darles a saber lo mucho que significaba que pudiera confiarles algo como eso.

Por su parte, Honoka recién llegaba a casa, llevaba las compras para la comida del día, le tocaba a ella cocinar, comerían yakitori y llevaba otro guiso que una vecina del segundo piso le había regalado en pago por ayudarle a reparar su plancha. Últimamente se estaba haciendo de buena fama entre los vecinos por sus habilidades en la electrónica y la reparación de electrodomésticos. El caso que la dio a conocer fue cuando la primer tormenta eléctrica del mes estropeó una sección de la instalación eléctrica del edificio y dejó a todos sin energía. Por la hora, casi el anochecer, tendrían que esperar al día siguiente para llamar al servicio. Varios estaban preocupados porque necesitaban la energía para terminar sus actividades, ya fuera tareas, lavar, incluso uno estaba muy preocupado porque sus peces se quedarían sin oxígeno pronto.

Honoka puso manos a la obra. Usó piezas que comenzó a traer de la universidad para sus propios proyectos caseros y en menos de media hora ya había energía eléctrica en el edificio. Fue solo una solución temporal y de todos modos tendrían que pedir la asistencia de los profesionales, pero esa ocasión Honoka fue la heroína de la noche. Nagisa solo le ayudó pasándole las herramientas y sosteniendo las sillas donde su loca novia se subió para alcanzar las cajas de la instalación eléctrica.

Desde entonces había reparado ya una plancha, una computadora y un horno de microondas. La plancha fue la más reciente y le pagaron en especie, pero por los otros dos trabajos le dieron dinero y ya se estaba haciendo de una muy buena idea para conseguir dinero adicional. Estaba en planes conseguir un empleo de medio tiempo, pero el trabajo le llegó solo y Honoka no pensaba perder esa oportunidad.

Además, imposible no agradecer la comida extra que les pudieran regalar, Nagisa siempre se ponía contenta cuando había algo que los vecinos les habían mandado. Honoka debía esperar un poco más, al menos en lo que Nagisa venía de regreso para poder tener la comida caliente justo cuando llegara. Tener a Mipple y a Mepple con ellas era muy ventajoso.

─Mepple dice que Nagisa sigue en el café con sus amigas ─y se guardó la información de que Nagisa le estaba contando a esas amigas que salía con Honoka. Esas eran cosas que Nagisa debía contarle a su pareja.

─Entonces pondré mi ropa a lavar ─dijo Honoka con una sonrisa. Últimamente se duchaba junto con Nagisa por las noches antes de dormir, era más cómodo y podían permitirse algo más de intimidad cuando lo desearan, aunque solo fueran besos. Le gustaban los besos. Aun no iban más allá y no porque no quisieran, si no que quedaban tan sobrepasadas solo con los besos que ellas solas se inhabilitaban para dar un paso más. Había veces que solo se daban unos pocos besos y luego a dormir, sobretodo por tareas que terminaban hasta tarde.

Eso sí, ya se daban el lujo de dormir solo en ropa interior.

La científica echó a lavar la ropa que llevaba puesta, se había llenado de hollín y otras suciedades propias de una pequeña explosión... Sí, explosión. En su defensa, no fue culpa de ella ésta vez, su compañero al lado puso mal unas piezas y su experimento comenzó a sacar humo, el humo le dio a ella y alcanzó a ponerse a salvo antes de que el aparato quedara esparcido tres metros a la redonda. No hubo heridos pero ella y los alumnos alrededor quedaron llenos de hollín y algo de aceite.

Se puso unos shorts de Nagisa y una blusa cómoda, tenía una falda a la mano por si debía atender la puerta. Con ese asunto de las reparaciones, últimamente les habían ido a tocar y debían estar al menos presentables. Colocó la mesa y aprovechó el rato en hacer una parte de su tarea, al menos en lo que Nagisa y Mepple se ponían en camino. Mipple se acomodó a su lado mientras la miraba estudiar y leía a ratos uno de los libros que Honoka traía consigo, pero la pequeña princesa tuvo que retomar su forma de móvil al sentir la señal de un mensaje.

─Es de Fujipi-mipo ─avisó la pequeña cuando su compañera la tomó en su mano.

─"Si no están ocupadas vamos al parque de diversiones el domingo, tenemos entradas" ─leyó Honoka y enseguida sonrió─. ¿Podrías decirle que le comento a Nagisa cuando llegue y le mando mensaje al rato?

─Sí-mipo ─respondió la pequeña princesa con una sonrisa y mandó el mensaje─. Aun no salimos a conocer el resto de la ciudad-mipo.

─No nos hemos dado tiempo, siempre terminamos entretenidas en otras cosas ─comentó Honoka con un gesto apenado. Trabajaba en su laptop, podía conversar perfectamente bien sin distraerse de sus deberes. Notó cuando Mipple optó por volver a su forma de móvil para descansar un poco y recuperar energías. Y ya que tenía la laptop a la mano... Sus dedos jugaron un poco sobre el teclado. Abrió una ventana nueva en el navegador y se puso a buscar algo que le estaba despertando mucha, mucha curiosidad últimamente.

Tomó aire de manera discreta y se puso a investigar cómo era que dos chicas tenían sexo. Optó por evadir todas las páginas de contenido adulto e ir directo a las meramente educativas y de orientación. Otra razón por la que no seguían luego de los besos era que estaban un poco perdidas en ese tema. Honoka nunca tuvo la curiosidad ni el morbo de buscar sobre esos temas, y ni qué decir de Nagisa, nunca había tenido interés en esos temas. Por supuesto, sabía cómo era todo el tema entre hombres y mujeres, tuvieron clases de biología y educación sexual, pero siendo su país tan conservador como era, esas clases de educación sexual dejaban mucho qué desear. También se habían tocado a sí mismas, pero era normal pensar que quizá eso no sería suficiente como para estar con alguien más.

El conocimiento siempre ha estado ahí, solo hay que buscarlo. Eso era algo que había escuchado más de una vez y ahora lo aplicaba más que nunca.

Tragó saliva, había muchas cosas MUY interesantes. Ya se estaba dando una idea de qué hacer después y los cuidados que debían tener como pareja. Justo en su cabeza comenzaban a formarse imágenes mentales de Nagisa y ella haciendo algunas de esas actividades cuando Mipple dio el sonido de mensaje. Honoka respingó y rápidamente cerró lo que tenía abierto. Estaba roja.

─Nagisa y Mepple vienen en camino-mipo ─avisó una feliz princesa.

─G-gracias, Mipple, me pondré a hacer la comida ─respondió una ruborizada Honoka. Luego se daría tiempo de investigar un poco más, de momento tenía cosas por hacer.