AVENTURAS EN TOKIO

XXIV.

Honoka quedó a cargo desde ese momento. La pasó todas esas tardes en privado, y lejos de los puros ojos de Mipple, investigando sobre sexo seguro entre chicas y sexualidad en general. Tuvo mejor suerte en su búsqueda en páginas en inglés y ya se hacía una muy buena idea de cómo poner todo lo aprendido en práctica. Le sonrió a Nagisa con mucha dulzura mientras se besaban, abría la boca para invadir la de Nagisa y sus manos comenzaron a acariciar de los hombros hacia abajo. Hasta el momento solo se habían permitido tocar hasta el cuello. Más abajo era territorio nuevo por explorar.

Tomó aire.

Sus besos comenzaron el descenso primero por el cuello, luego por los hombros. Sus manos ya estaban más adelantadas y acariciaban el torso de Nagisa. Honoka estaba fascinada. Su piel se sentía tan suave al tacto, tan cálida, y con una poca de presión bastaba para saber lo fuerte que eran los músculos debajo de la piel. Sus manos se animaron a acariciar los pechos de Nagisa, lo hacía con firmeza pero con suavidad, sin que le temblase el pulso. Estaba más emocionada que nerviosa en ese momento. Su piel tenía ese aroma fresco, esa suavidad que no sabía que una piel podía tener. Sus besos se pasearon entre los pechos de Nagisa antes de escalar lento solo con su lengua. Sonrió al escucharla jadear en el momento en que su lengua acarició primero su pezón derecho, incluso la sintió respingar.

─¿Sigo? ─preguntó sin dejar de lamer su pezón, pero lo hacía lento, como esperando ya fuera el "sí" para atacar más fuerte, o el "no" para explorar en otro lado. Para alegría suya, escuchó que Nagisa alcanzaba a decir un sí entre jadeos. Su boca completa atrapó el pezón de Nagisa mientras los dedos de su mano izquierda acariciaban el pezón libre de su compañera. Y mientras estaba en ello, su cuerpo comenzó a frotarse suave contra el de Nagisa. Ella misma era incapaz de contener un gemido suave entre labios. Levantó el rostro para poder ver la cara de Nagisa, sus dos manos de momento hacía el trabajo. Y el gesto que ella tenía hizo que casi se le detuviera el corazón de emoción y una sincera alegría. Tragó saliva incluso. Se veía hermosa con ese gesto totalmente rojo, perdido en lo que le hacía sentir, con la boca entreabierta y sus labios brillantes mientras jadeada. Gemía suave y notaba cuando trataba de contener su voz─. Déjame escucharte ─le pidió con dulce, baja y ronca voz.

Nagisa estaba perdida, totalmente perdida. La petición de Honoka mientras volvía a usar su boca era imposible de negar. Dejó que esos gemidos suaves, esos breves alaridos de placer y sus jadeos salieran. Eran sonidos pequeños, agudos e increíblemente femeninos. Sus manos hasta ese momento habían estado aferradas al futón, pero no pasó demasiado antes de que sujetara el cabello de Honoka a manos llenas, despeinando de paso a la vez que la pegaba más a su pecho. Y no ayudaba mucho el que ella se le frotara de esa manera. Podía sentir sus duros pezones contra su abdomen, sus piernas enredadas y todo ese calor que la fricción entre ambas provocaban.

─¡Aaah! ─la pegó más a su pecho, tuvo que respirar por la nariz─... Más...

─Lo que tú digas... Todo lo que tú quieras ─respondió Honoka más con pasión que con dulzura, tenerla así la estaba sacando de su calma habitual. Segundos fueron los que pasaron ante de que su boca diera la sensación de estar devorando los pechos de Nagisa. Primero uno, luego el otro, sus manos estaban ocupadas en todo momento y fue la diestra la que siguió las caricias por el firme abdomen, por su suave vientre hasta topar con su ropa interior. Sonrió y se acomodó de tal manera que su boca seguía su trabajo mientras sus manos, ambas, se encargaban de quitar la prenda─. ¿Uh? ─estaba húmeda, justo como había sucedido cuando ella misma se masturbó, según lo aprendido, esa la humedad era una secreción natural cuya función era lubricar y permitir el mejor acceso del miembro masculino.

Bueno, ninguna de las dos era del sexo masculino, pero según había leído, podía usar perfectamente bien sus dedos para tal menester. Y sus dedos fueron los que comenzaron una suave caricia por encima solamente, la humedad en Nagisa permitía que sus dedos se movieran por todo el contorno de su entrepierna. Ahí sí se estaba moviendo lento, suave mientras dejaba que las reacciones de Nagisa le enseñaran dónde y cómo tocarla.

─¡Ah! ¡Honoka! ─la deportista la abrazó más fuerte. Los dedos de Honoka no se sentían cómo los propios. Quería sentirla más y para dárselo a saber levantaba más la pelvis. Siguió jadeando mientras los dedos se Honoka se hundían entre sus labios mayores y exploraban más. Justo el pulgar de su compañera tocó una parte que sí la hizo respingar y gritar más fuerte. Incluso la abrazó de golpe contra su pecho─. Ahí... Ahí se... Se sintió mucho... ¡Ngh!

─Justo aquí, ya veo, iré despacio ahí ─respondió Honoka con dulzura y volvió a lo que hacía su boca en los pezones de su compañera. Sabía exactamente dónde estaba su pulgar, así que se concentró en ese dulce punto de Nagisa. Era su clítoris. Y aprovechando la posición de su propia mano y toda la humedad, su dedo medio se introdujo dentro de Nagisa. Su pulgar no dejaba de hacer su trabajo.

─¡Aaah! ¡Honoka...! ¡M-me gusta! ─jalaba a momentos el cabello de Honoka, no se daba cuenta de ello, pero tampoco lo hacía tan fuerte como para molestarla. Sintió ese gentil pulgar acariciar justo donde prometió, y se sentía tanto que solo podía retorcerse, tensarse y temblar al ritmo que Honoka le marcaba. Se sentía tan caliente que podría jurar que estaba sufriendo una fiebre severa, pero no era fiebre, era la pasión, el placer, el deseo, la lujuria pura que se sentía aun más por culpa del amor que se tenían la una por la otra. A momentos solo podía jadear, su respiración estaba torpe, agitada y todo ese placer que no se comparaba al que se dio a sí misma seguía creciendo. Crecía y crecía más, Honoka no se detenía y Nagisa no tenía la voluntad de pedirle una pausa para tomar aire, no podía, quería sentir todo eso hasta el final.

Durante ese rato, que ellas no sabían si fue mucho o poco tiempo, Nagisa sintió que ya estaba a punto de llegar al clímax, lo sabía, pero éste clímax sería cientos de veces mejor que el que experimentó por cuenta propia. Todo con Honoka se sentía mejor, mucho mejor.

Era la científica la que debía controlarse mejor, su propia pasión le pedía que lo hiciera más fuerte, más rápido y a momentos lo hacía, pero podía notar cuando era demasiado para Nagisa. Había leído largo y tendido sobre el clítoris y sabía que un mal movimiento podría ser doloroso, debía controlarse, y lo estaba logrando a pesar de que todas las reacciones de Nagisa eran deliciosas a sus ojos y oídos. Ella misma se sentía bastante mojada ya, pero podía resistir un poco más.

Sintió que dentro de Nagisa había una zona que la hacía respingar más, una parte que incluso hacía que sus paredes vaginales se apretaran alrededor de su dedo. Sonrió y decidió atender ambas zonas para hacerla llegar al dulce clímax. Y lo estaba logrando. Abandonó su pecho para poder besarla, ahora sí podía mover su mano un poco mas rápido mientras Nagisa gritaba contra su boca.

─¡Honoka, ya no...! ¡Ya no aguanto! ¡Aah! ─apretó los ojos y se aferró con fuerza a ella mientras prácticamente le gritaba al oído por culpa del orgasmo. Un lindo y femenino grito cargado de placer, todo mientras levantaba la pelvis y su cuerpo se tensaba, temblaba y ardía. Su propio interior palpitaba y estaba segura de que Honoka podría sentirlo. Se quedó en esa posición por unos segundos hasta que sus brazos al fin perdieron fuerza y la soltaron. No percató cuando Honoka se sentó a su lado sino hasta abrir los ojos, y cuando lo hizo solo pudo sonrojarse mucho... La manera en la que Honoka le miraba... Con dulzura, con deseo, con ese amor que por tanto tiempo se han tenido─. Honoka...

─Aun no acabo ─sonrió de dulce y cruel manera, provocadora. Le dejó ver cómo lamía sus propios dedos... Y el sabor de Nagisa la hizo abrir más los ojos. Se sentía increíblemente poderosa en ese momento, el haber hecho sentir bien a Nagisa la llenó de un deseo que no podía contener, no del todo. De nuevo se sentía mareada, ebria y el sabor de Nagisa fue la gota que derramó el vaso─... Aun no acabo ─y sin esperar más, sus labios bajaron entre hambrientos besos, lamidas y mordidas hasta poder posicionarse entre las piernas de Nagisa.

─Ah, Honoka, eso... ¡Ah!

La deportista no pudo decir más. Solo soltó largo alarido de placer, ¡seguía sensible, demonios! Y que Honoka usara su lengua a todo lo largo de su intimidad solo volvió a encender la llama. La sujetó del cabello pero no para alejarla, si no para pegarla más a su centro. No quería que se detuviera, se sentía tan bien. Respingó con un agudo gemido al sentir de nuevo los dedos de Honoka dentro suyo, ésta vez dos y no fue molesto, podía sentir cómo exploraban dentro suyo y tocaban algo que no sabía qué era pero que se sentía tan bien.

Honoka estaba embriagada del sabor de Nagisa, de sus gemidos, de su calor, de su sudor incluso, porque pudo saborearlo conforme besaba su cuerpo camino a su entrepierna. A esas alturas estaba segura de que no la lastimaba ni la tenía incómoda, todo en Nagisa se lo decía. Su lengua era frenética pero no presionaba tanto el clítoris de su compañera, sus dedos querían más, pero tampoco los movía tan bruscamente, en todo momento acariciaba sus paredes vaginales usando solo las yemas de sus dedos. Pudo sentir cómo Nagisa se movía, pero no la movió a ella, solo se incorporó lo suficiente.

Nagisa podía ver a Honoka aferrada a su cuerpo con una mano, la otra entre sus piernas y su rostro entre éstas. Su brazo izquierdo le ayudaba de soporte, su mano derecha acariciaba la cabeza de Honoka y la animaba a hacerlo más rápido con el simple movimiento de pegarla más a su centro. Ambas habían aprendido a comunicarse tan bien que Honoka respondía a sus movimientos. Y si no se hablaban mucho en ese momento era que Nagisa solo podía gemir y Honoka tenía la boca ocupada.

Y de nuevo esa sensación creciente, Honoka le iba a provocar otro orgasmo y para dárselo a saber la tomó por el cabello sin jalar ni lastimarla, pero sí con firmeza para pegarla más a sí misma. ─Te... Te amo...

Y esas palabras resonaron en la cabeza de Honoka. Apretó los ojos y simplemente se dejó llevar por su boca y sus manos hasta escuchar que Nagisa volvía a ceder al placer. Sintió claramente cuando Nagisa se tumbó en el futón mientras respiraba fuerte, hondo y su cuerpo aun palpitaba y se tensaba por el placer. Se sentó de nuevo y se quedó quieta contemplando a Nagisa. Tragó saliva... Verla roja, sudada y con ese gesto hizo que el corazón se le acelerara más. Suspiró hondo y se cubrió un poco la boca. También se sentía roja y caliente y no solo porque los muslos de Nagisa estuvieron contra sus mejillas todo ese rato. Verla así la ruborizaba de pura emoción. ─Eres tan hermosa...

Nagisa se ruborizó también, cuando los cumplidos se los hacía Honoka, cuando Honoka le hacía especialmente esos cumplidos la hacía sentirse más tímida de lo que normalmente podía ser. Suspiró. ─Solo... ¡Solo bésame, diablos! ─y abrió los brazos y Honoka de inmediato se le echó encima. Sus bocas se encontraron y le sorprendió sentir su propio sabor junto con la saliva de Honoka. Y el beso era profundo, apasionado y tan dulce que no sabía cómo podía existir esa combinación.

El mismo beso las ayudó a controlar su respiración y a bajar un poco la temperatura, el menos de sus rostros.

─Me... Me gustó ─dijo Nagisa entre besos─. No... No hubo nada que me disgustara.

─Me alegra saber eso ─respondió Honoka con dulce tono. Era imposible cansarse de esos labios.

─Creo que ─usando su propia recuperada fuerza y un ágil movimiento, fue ella la que dejó a Honoka contra el futón, le sonrió de manera fiera y su gesto se amplió al verla sonrojarse más─... Ahora me toca.

─¡Nagisa! ─Honoka intentó protestar por haberla tomado por sorpresa, pero estando sonrojada y nerviosa por estar ahora abajo, solo lograba verse más linda a ojos de su compañera. Sintió y permitió que Nagisa le quitara la última prenda que le quedaba en el cuerpo─... D-de acuerdo, es... Es tu turno después de todo.

─Aprovechaste el tuyo, me toca a mi ─se acomodó completamente encima de ella─. Si algo no te gusta, o lo hago demasiado fuerte, dime, ¿sí? ─la deportista conocía su propia fuerza. Honoka era de manos delicadas, le constaba porque la ha visto trabajar y todo lo que se rompía era por un mal funcionamiento, no porque rompiera las piezas mientras armaba sus aparatos. La deportista no solo se sabía fuerte si no torpe en ocasiones y solo los dioses sabían porqué no se había lastimado de gravedad hasta el momento. Suspiró y por un momento se sintió preocupada, pero las manos de Honoka en sus mejillas la hicieron regresar a la realidad. Y su realidad fue un profundo beso mientras sentía caricias en su espalda y hasta su trasero, le dio risa cuando sintió el apretón en su glúteo derecho─. Pervertida.

─Siempre he pensado que tienes un lindo trasero ─confesó Honoka con una risa pequeña─... Oye... ¿Te muestro algo?

─¿Uh? De acuerdo ─notó cuando Honoka movió un poco las piernas y la sujetó a ella por la cadera. Se acomodó a como su compañera se lo iba indicando y de pronto lo sintió. Respingó un poco. Sus centros estaban unidos, sus piernas enredadas y eso la hizo gemir suave y apretar los ojos. Fue un lindo gemido de Honoka el que la hizo abrir sus ojos de nuevo. Y el gesto que ella tenía era precioso, sonrió mucho─. Sí... Sí que eres una señorita estudiosa ─comentó con una risa pequeña, buscó sus labios en otro beso mientras movía su pelvis y era ella la que llevaba el control del movimiento. Ahora quería que Honoka se sintiera bien y se las arregló para que solo fuera su muslo el que rozara el centro de Honoka. Estaba muy húmeda, eso era buena señal, ¿verdad? Sonrió más y comenzó a moverse primero lento, aprendiendo a controlar la presión mientras escuchaba los dulces gemidos de Honoka─. ¿Más? ─y al verla asentir solo sonrió y la abrazó por completo. Buscó los labios de su compañera para besarla con todo ese amor que seguía creciendo sin control.

Honoka se aferró a la espalda de Nagisa mientras gemía contra su boca. No era ni un poco parecido a cuando ella misma se tocó. Se sentía aun más y podía sentir la humedad de Nagisa combinarse con la suya. Lanzó un lindo grito cuando Nagisa abandonó su boca y besó su cuello con la clara intensión de dejarle una marca, podía sentir la intensidad de su boca pero no la detuvo, de hecho la sujetó por la nuca para apretarla más contra su cuello. ─¡Aaah! Nagisa... Nagisa...

Y al escuchar cómo gritaba su nombre, la aludida buscó los labios de Honoka para darle otro beso, uno profundo, intenso, húmedo mientras su mano se hacía espacio para buscar el centro de Honoka. La científica estaba por experimentar en su propia piel toda la pasión de la poderosa Cure Black.