Wenas wenass, les prometí que volvería y aquí estoy.
Bueno la verdad parecía un capítulo fácil pero realmente me costó. Hace años que no escribía en tercera persona y me costó pero creo que es cuestión de que me aclimate un poco. Aún así me gustaría ir variando y de vez en cuando meter algo en primera persona pero bueno.
¡Gracias a todos por el apoyo!
Y por supuesto dedicarle este capítulo a Salma que ella me presionó a volver así que gracias Amix.
No tengo nada más que decir, es un capítulo medianamente corto pero creo que es mejor ir de a poco, que las cosas fluyan y no vaya rápido. Si recuerdan los capítulos viejos pues las cosas han cambiado un poco pero la esencia sigue.
Sin más que decir nos leemos más abajo.
Capítulo 1: Escape.
El día empezaba, otro maldito día en esta maldita rutina.
Se podría decir que Jill odiaba los lunes, era un día donde uno debía volver a sus obligaciones a duras penas sabiendo que tienes cuatro largos días por delante.
Peor aún, saber que la alarma no ha sonado ¿Qué hora eran? Prácticamente podía vislumbrar la luz del sol saliendo en una línea desde la cortina verde de su habitación.
Giró a su izquierda, Garret ya no estaba a su lado pero ahora más despierta en este mundo podía oír el chapoteo de la ducha y un silbido alegre.
La pobre chica algo irritada salió de su cama, estiró sus brazos y tomó su celular de la mesa de noche, apagado.
No lo entendía, tenía batería no podía apagarse solo menos sabiendo que necesitan de la alarma para despertar e ir a trabajar.
Tras prenderlo verificó, son las 7:05, tiene cincuenta y cinco minutos para estar en la oficina de Chris.
No pudo evitar lanzar un insulto por lo bajo, sabiendo que era algo poco probable que se haya apagado solo cuando tiene un noventa y cinco porciento de batería.
Sabía qué pasó, pero enojarse no tenía sentido, debería prepararse y salir ya de la casa.
Así que con cierta resignación y sabiendo que su jefe estaría en su nuca todo el día se puso de pie, buscó ropa y la arrojó sin cuidado sobre la cama. El estómago le ruge como si éste quisiera salir a través de la piel de su abdomen. Tal vez su novio ha dejado que el desayuno se prepare. Nada.
No hay tiempo de desayuno pensó ella…
Volvió a la habitación, guardando el celular en su bolso, el dinero por si necesitaba un taxi porque Jill ya empezaba a sentir la adrenalina de saber que usar el transporte público en poco tiempo sería un suicidio y todo por aquel maldito celular que se había apago misteriosamente.
No podía irse así a trabajar. Debía darse una ducha. Esperó sentada en la cama, mirando sus pies descalzos en contacto con el piso de madera, bostezando y con su cabello enmarañado quitándose una lagaña de su ojo.
Respiró profundo para no discutir, ya estaba harta de ello. Buscó la paz interna cuando el ruido de la ducha finalizó, intentó mantener una postura serena cuando lo vio salir del baño con un pantalón negro en sus caderas, descalzo y de torso descubierto. Su cabello castaño estaba algo ondulado debido al agua que caía a sus hombros.
Jill entonces sintió que debía gritarle, arrojarle lo primero que encontrara a su alcance pero sabía que era una pérdida total de tiempo, no por ella, sino que no llegaría al trabajo.
—Buenos días bebé —le saludó con una sonrisa— ¿Hace mucho que estabas esperando?
—Diez minutos, diez malditos minutos. —Se levantó consternada.
Su humor prácticamente fue en picada.
El chico pareció confuso, tras eso volvió a sonreír complacido bajo la cara no muy amistosa de su novia.
Ella simplemente tomó su ropa y entró al baño, cerró la puerta estruendosamente y abrió la ducha.
Ah, bien tal vez en cinco minutos está fuera, pensó mientras abría la ducha soltando un suspiro cansino.
—¡Jill!
Aquel grito hizo que diera un salto, un gran escalofrío recorrió su espalda para llevarla a un estado de alerta de un segundo a otro. Su enojo se esfumó para darle lugar al temor.
Relajó sus hombros y cerró de la llave, asumiendo lo que se vendría.
Volteó, la puerta sigue cerrada.
Lo estaba…
Allí estaba Garret, sin camisa y despeinado con sus verdes ojos desbordantes de ira que no comprendió la aterrada chica. Simplemente se siente una pequeña hormiga debajo de un gran zapato a punto de aplastarla para adherirla al suelo de por vida.
—Que… ¿Qué pasa?
—¿No hiciste el desayuno?
Creo que la quijada de Jill estaba en el suelo, no entendía cómo podía venir un reproche de su parte cuando sabía que llegaba tarde por su culpa.
—Pues no, estoy llegando tarde. —Contestó cauta.
-¿Y yo?
—Garret, no tengo ganas de discutir mi celular estaba apagado no escuché la alarma.
—No quiero excusas.
—No estoy dando excusas —intentó mantener la distancia—, por favor déjame bañar estoy llegando tarde al trabajo.
—¿Y si llegas tarde qué? Ofrecer con aire petulante— ¿Cuál es tu apuro por ver a tu jefe?
—Garret por favor no empieces.
—¿Por qué tienes que ir? Puedes quedarte aquí —sonó frustrado— puedes tener lo que quieres y sin embargo te vas y…
—Porque quiero hacerlo —completó seriamente—, déjame en paz necesito llegar.
—No —se cruzó de brazos— no vas a ir más a trabajar.
—¿Qué te pasa? arrugó su nariz disgustada— Tú no vas a prohibirme nada. Ni apagando mi celular vas poder evitarlo.
—Tú no me conoces a Jill… no me provocas.
Sabía, sabía que debía irse de inmediato de aquel lugar pero él obstruía la puerta, la tensión podía sentirse en el aire. No sabía qué era realmente capaz.
Jill ha mantenido dos años de relación con aquel hombre que se robó su corazón en ese bar. Garret destacaba para ella por su sentido del humor, su habilidad de saber de diferentes temas al punto donde cualquier conversación jamás sería aburrida y gris. Sabía consentirla como la vez que fue a buscarla al trabajo en un día de lluvia con un paraguas sabiendo que ella iba a mojar sus nuevos zapatos que tanto le costado para ahorrar.
En ese entonces aquellos detalles fueron buenos y sutiles, luego eran una carga. Al principio Garret mostró su buen humor y sobreprotección con como el típico acto gentil y amoroso.
"No vayas a la tienda" le dijo un día, siempre iba él. Eso le pareció raro hasta que descubrió un día que Jill en un acto de emergencia corrió a comprar tampones y él entró en cólera porque según él "Aprovechaste para escaparte e ir a ver y coquetear con el de la tienda".
De mas está aclarar que era un señor muy mayor…
O la vez que se enojó cuando salió por unas copas con su hermana.
Aquellos períodos donde Garret perdía la razón en gritos e insultos eran más que recurrentes pero nunca había sido más que eso.
Jill entendía que tal vez era el estrés del trabajo, ella también a veces venía cansada después de ir y venir entre pasillos de oficina pero aquello no era una amenaza, era un aviso de la catástrofe.
Simplemente su instinto de supervivencia latente le decía "Sal de ahí".
—Bien, lamento que estés enojado pero ahora yo tengo que irme…
—No vas a ir a ninguna parte. —Sentenció.
—Tengo obligaciones no puedo desaparecer cuando vuelva hablaremos y…
—No vas a ir.
Avanzó sobre ella al punto que tuvo que retroceder hasta chocar contra el vidrio de la ducha, la joven aterrada sólo miró al suelo incapaz de decir algo. El chico simplemente tomó con fuerza su muñeca cuando ella intentó quitarlo de encima.
—¡Ya, me estas lastimando!
—¡No te vas a ir!
Jill no supo cómo pero logró soltarse para correr fuera del baño para empujarlo. Llegó a cerrar la puerta y entonces quedó en la habitación. Podía escuchar su respiración poco acertada y fuerte. ¿Qué iba hacer? Su mente pareció colapsar.
Para su mala suerte Garret ya estaba allí, con ella con una mirada para nada amistosa, dispuesto a todo.
Debía irse ahora, ella lo sabía muy bien pero el miedo le hace perder la poca cordura que sólo la obliga a retroceder mostrando las palmas de sus manos.
—¡Basta! —Atinó a decir aterrada.
—¿Quién eres tú para empujarme? —Avanzó a ella con sus puños cerrados.
—¡Aléjate ahora!
Aquella mujer a pesar del pánico que dominaba su cuerpo fue capaz de intentar defender. El lema repitiéndose en su cabeza una y otra vez "De aquí me iré viva o muerta, pero me iré".
Encontró a su lado sobre su tocador un perfume que arrojó sin éxito al fervientemente hombre que lejos de ahuyentarlo hizo todo lo contrario.
Y simplemente no pudo hacer más nada, aquel golpe en parte de su pómulo la obligó a caer.
La última imagen que Jill Valentine tuvo fue el piso de madera cubierto de perfume y cristales del mismo y luego… simplemente oscuridad.
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Caos. Esa era la palabra justa para el día de hoy.
Chris estaba más que estresado desde que llegó, por supuesto le echó la culpa a la jaqueca que lo ataca desde ayer llamada Claire Redfield.
Como de un juguete de mala calidad se tratase su hermana repetía una y otra vez ¿Quién es el nuevo? Cómo si sus pilas fallaran y lo dijese cada segundo para acabar con su paciencia.
Lo cierto es que el imponente hombre y hermano mayor temía de su hermanita menor. El Chris de doce años que dejó a su hermana dentro de un contenedor para olvidarla por horas le daría vergüenza.
Qué pena que su madre descubrió tal atrocidad, el mundo hubiera estado en paz sin Claire Redfield.
Pero, tarde o temprano debería enfrentar la verdad. El problema es que es tarde y debería saber que los gritos en aquella sala de juegos juntas eran inevitables.
Tal vez Jill pueda poner freno a la situación. El problema es que Jill no llega.
¿Dónde está Jill?
Son las 8:10 nunca llega tarde.
Verificó su celular, no hay ningún mensaje de ella. Incluso miró su última conexión y fue ayer alrededor de las 10 pm.
Chris entonces parece inquietarse, algo oprime su pecho y entonces intenta consolarse con que tal vez no tiene conexión y el tráfico la atrasó. No olvidemos que Nueva York es el infierno mismo y más en horario pico.
—¡Christopher Redfield! —Entró gritando a todo pulmón su hermana.
La cabeza de Chris parece estallar ante el chirriante sonido.
—¿Puedes tocar la puerta al menos? —Fregó su frente con la palma de su mano.
-¿What? —Se sentó sobre el escritorio— ¿Acaso tienes una chica escondida?
Soltó una carcajada, Chris la miró con recelo y marcó para llamar a Jill.
—Ay qué cara ¿Qué pasa?
—¿Sabes algo de Jill?
—Bueno, la semana pasada me enteré que se compró un equipo y el novio…
—No te estoy preguntando el chisme —le interrumpió irritado al no obtener respuesta—, todavía no llegó.
—Tal vez se atrasó es normal.
—Ella nunca se atrasa. En el año y medio que está aquí jamás sucedió.
—Siempre hay una primera vez para todo hermanito. Estas muy tenso.
—Algo está muy mal.
—¿Tu instinto pelirrojo te dice algo?
—¡No soy pelirrojo!
—Pero tienes el gen en tu interior — afirmó— como yo. Mi instinto pelirrojo dice que todo está bien. Relájate y dime ¿Quién es el nuevo?
—Claire, ayúdame a contactar a Jill por favor no tengo tiempo tengo que recibir a…
Ella alzó una ceja esperando que su hermano al fin hablara.
-Por favor. —Resopló.
—Yo puedo ocupar el lugar de Jill hasta que aparece y recibo al nuevo y tú la buscas.
—¡Has lo que te digo! - gritó iracundo— Te quedas aquí y no te mueves. Llámala no sé pregúntale a los demás
—Ay qué carácter —hizo una mueca de disgusto—. Preguntemos a Carlos él es un enfermo de ella.
—Claire, se buena por favor y quédate aquí yo me encargo de recibir al nuevo.
—Un momento ¿Por qué recibo tus órdenes? Este lugar también me pertenece, papá nos dejó a cargo.
—Claire no me quites la paciencia. —Beso su frente y salió de la oficina.
Salió de aquella oficina pasando por el pasillo. Divisó al grupo de "Los tres mosqueteros". Rebecca, Carlos y Piers han armado su grupito del cual a veces dejaban de lado a Chris. Aquel lazo que mantenían no era simplemente una relación de trabajo, realmente eran amigos. Rebecca se apoyaba en aquel par de hombres cuando sus citas no iban bien, de la misma forma que sucedía con Carlos que a veces en un pedido de desesperación le pedía consejos sobre cómo cortarjar a una mujer correctamente. Se podría decir entonces quién mantenía una estabilidad amorosa era Piers, en pareja hace un año con Abigail Hudson, mejor amiga de Claire.
—Ey, ¿Saben algo de Jill? —Preguntó Chris.
—No, creí que estaba contigo —se cruzó fe brazos—. Oye tu hermana está rara a ver si le das un poco de líquido para frenos a ver si se calma.
—Sí —asintió Chris—, nos preguntó por si sabíamos del nuevo pero no tenemos idea…
—Lo oculté por el bien de todos —alzo su mirada al fondo—. Si saben algo de ella avíseme, es raro que no haya venido y la necesito para recibir al nuevo
—Tranquilo, podemos ayudarte. - añadió Carlos.
—Sigan haciendo su trabajo, yo esperaré no se preocupen. Los veo en veinte minutos en la sala de juntas. Dejó encerrada a Clara en mi oficina.
—¿Por qué tanto misterio? —Sonó irritada Rebecca.
—¿Prefieren el misterio o Claire en cólera?
—Misterio hasta el fin de mis días. —Llevó la mano a su pecho Carlos.
-Amén. —Siguió Piers.
El grupo se dispersó, cada uno yendo a su correspondiente oficina para dejar a un Chris desolado en aquel frío y gris pasillo.
No tuvo otra que ir hacia el vacío Hall, allí estaba en escritorio deshabitado de Jill Valentine.
Todo se ve tan triste sin aquella mujer hermosa.
Se paseó por su escritorio, prestó atención la foto en aquel portarretrato de ella junto a sus padres y su hermana, de hecho nunca había prestado con atención esa imagen. Realmente ella se veía radiante entre los brazos de su progenitor.
Abrió el primer cajón, algunos clips, lápices y envolturas de chocolates con almendras dominaban aquella gaveta. Nada fuera de lo normal.
Algo no estaba bien, él lo sabía.
Volvió a mirar su celular, no había ningún tipo de novedad.
—Chris.
Alzó mirada, allí estaba el nuevo pirata del barco listo para cualquier tipo de problema. Leon Kennedy esbozó una sonrisa al ver a su colega husmeando un escritorio que no era suyo, Chris se mostró incómodo y salió rápidamente de allí para estrechar su mano.
—Así que también eres secretario
—Lo siento, es que mi secretaria desapareció.
—Todavía es temprano. —Le sonrió el rubio con optimismo.
—¿Tú cómo estás? ¿Qué tal el viaje?
—Bien, no puedo quejarme. Espero quedarme aquí por un buen tiempo.
—Supe lo de tu divorcio.
—Ah, créeme que estoy mejor que nunca y necesita alejarme —palmeó su hombro. —¿Tu hermanita?
—Encerrada en mi oficina, déjala ahí. Venga, te llevo a tu oficina. Debería llevarte a Jill pero… ya sabes.
Ambos caminaron con cierta petulancia y seguridad hacia la oficina. Chris parece relajarse cuando entra a su antigua oficina junto a su compañero, pensando que tal vez sí exageraba un poco. Después de todo son casi las ocho y media. De seguro habrá una buena razón para el retraso de esa bella mujer.
—Este era mi hermoso cuchitril. —Anunció el castaño.
—Uh, si estas paredes hablaran…
—Ah, ojalá. Mi padre estaba todo el tiempo aquí —cruzó sus brazos— ahora con su retiro tomé su oficina, fue difícil porque Claire también la quería pero le gané.
—A Claire le queda muy bien el papel de perdedora. —Asintió el rubio.
—No seas cruel, que no sabe que vienes aquí. Hará escándalo.
—Tu hermana es el escándalo mismo, no te preocupes —le guiñó el ojo—. Créeme que he tratado con mujeres peores.
—Te dejaré acomodarte. En cinco minutos te espero en la sala de juntas para anunciarte. Veré si aparece Jill por algún lado
Leon asintió, a simple vista se le ve de buen humor que llegó a envidiarle.
Volvió al hall, nada. Ni siquiera podía escuchar el típico sonido de sus zapatos de tacones chocar el piso. Podía oírla a kilómetros. Ni siquiera el perfume floral que dejaba su estela por los pasillos en donde a Chris le gustaba frecuentar para sentirla.
Pues bien, debía seguir el día sin Jill hasta que apareciera por esa puerta.
Volvió a su oficina para encontrar a Claire echada en su asiento con sus pies sobre el escritorio.
—Baja tus patas de ahí —le dijo— ¿Alguna novedad?
—No —se incorporó—, no me contesta tal vez se quedó dormida. Tuvo una noche alocada y…
—Esperemos que este dormida. —Bufó cansado.
—Cálmate —se acercó para tomar sus hombros—, no puedes depender de ella y volverte loco así.
—Para eso le pago.
—Bueno ... solo por hoy no depende de ella. —Le sonrió.
—Vamos a la sala de juntas.— rodeó con su brazo a su hermana y besó su mejilla.
—Ay, qué cariñoso estás conmigo —le sonrió— ya tienes la oficina de papá asegurada ¿Qué quieres?
—Nada —caminó junto con ella por el pasillo, sin soltarla—, quiero abrazar a mi hermana que siempre está para ayudarme y apoyarme.
—Ay — se escondió en su pecho con ternura— no te creo una sola palabra hermanito.
Le soltó repentinamente, con una mirada inquisitiva.
Claire sabía que algo se llevaba entre manos, sobre todo porque ella no tenía derecho a saber quién se incorporaba. Se sintió incómoda bajo la sombra de su hermano mayor. Se quejó reiteradas veces con su padre que ambos debían tomar decisiones importantes pero era en vano.
Y ahora Chris actuaba como si nada pasara, la última semana la consentía de manera excesiva.
Toda la semana comiendo sus platos favoritos que él mismo cocinó, tres bolsos nuevos de Chanel que recibieron, la nevera de pronto se llenó de helado de chocolate.
Pero si pensaba que eso la compraría pues estaba equivocado. Le faltó la figura de colección de Freddie Mercury que vio en Amazon. Ahí sí, pues que el mismo Lucifer tomara el mando del estudio que su padre creó años atrás con tanto sacrificio.
Ya era tarde para discutir con su hermano así que simplemente entró fantaseando con aqurl regalo que le faltó para comprar su silencio.
Allí estaba el inseparable grupo de Piers, Rebecca y Carlos.
Piers servía el café como de un mozo se tratase, Rebecca con un largo bostezo revisaba su celular y Carlos jugaba con sus dedos sobre la mesa color caoba. Todo parecía normal o al menos eso pensó la pelirroja.
—¡Hola a todo el mundo! —Anunció Claire en tono irónico— Los extrañé en estos minutos sin verlos.
—Nosotros también. - Piers le sirvió.
—Gracias —le sonrió aceptando su taza— ¿Y el nuevo integrante? ¿Está debajo de la mesa?
—Qué intriga. —Comentó desinteresadamente Rebecca sin quitar la vista de su celular.
—¿Cómo me ves como tu secretaria eh? —Bromeó Piers entregándole una taza a Chris que tomó asiento como su hermana.
—Nada mal, pero Jill tiene su estilo.
—Imposible igualar tanta belleza y perfección. Oferta risueño Carlos.
—¿Qué es eso que sale de tu boca? —Frunció el ceño Claire prestando atención a las facciones de Carlos— Ah, es baba.
Rebecca soltó una risa, acompañada por la de sus compañeros y entonces hubo un marcado silencio cuando la puerta sonó.
Chris rápidamente se levantó, Piers corrió a su lugar para sentarse al lado de Claire.
La puerta se abrió, aquel hombre de cabello rubio y ojos azules entró a la habitación para robarse la atención de cada uno. En especial de Claire que tomó un gesto desencajado al que Chris prestó extrema atención preparándose para lo peor.
—Señoras y señores, me complace anunciar que Leon Scott Kennedy se une a nuestro equipo tan importante.
Y Claire entonces simplemente no pudo soportarlo. La palma de su mano golpeó con violencia la mesa obligándola a levantarse, podía notarse como su piel tomaba la misma tonalidad que sus cabellos. Tomó una gran bocanada de aire que resonó en toda la habitación.
Piers la miró con pena.
—¿Esto es un chiste verdad? —Apuntó a su hermano— Aquí hay cámaras ocultas ahora entrará mi madre con un enorme pastel y ustedes me tirarán confeti y…
—Claire, qué gusto volver a vernos. —Le dijo con simpatía Leon.
—¡Esto es una pesadilla! —Llevó las manos a su cabeza y volteó a Piers— ¡Pellizcame!
-¿What?
—¡Hazlo!
El chico encogió sus hombros, algo feliz por al menos desquitarse con Claire que sin dudar pellizcó hasta que la chica lanzó un alarido que incomodó a todo el mundo que se quejó.
—¡¿Pero qué haces?! - le golpeó escandalosamente con pequeños golpes que hicieron reír al hombre.
Y entonces de nuevo el silencio, con un Leon conteniendo la risa y un Christian para nada contento por el comportamiento de su hermana.
—¿Terminaste? - alzó una ceja Chris.
—¿Pero qué hace él aquí? Tu debías haberme consultado ¡Ni siquiera papá debe saberlo!
—Tengo el aval de papá.
—Entonces lo llamaré.
—Hazlo, apagó su celular porque sabía que ibas a llamarlo para tu show.
No puedo creer lo rata que eres para hacerme esto —caminó rápidamente hacia la puerta y volteó hacia Leon— y de ti no me olvido, esto es guerra.
—Lo sé querida, nadie olvida este hermoso rostro.
—¡Ah! —Volvió a gritar y salió de la sala tras cerrar la puerta estruendosamente.
Chris lanzó una risa nerviosa. Rebecca fue la primera levantarse para estrechar su mano con su nuevo compañero.
—Rebecca Chambers, Un gusto Leon y por supuesto lamentamos el show de Claire pero últimamente es común.
—Ah, agradece que hoy no está menstruando. Yo soy Carlos Oliveira.
—Un gusto a ambos. —Les saludó con educación.
—Y yo Piers Nivans, hoy secretario de Chris —le saludó— ¿Por qué ese odio repentino de Claire a ti?
—No lo sé —respondió con inocencia el rubio—. Tal vez porque le gané el juicio más importante de su carrera, ya sabes. Lo normal.
—Vale, en otra ocasión le podría pedir que Claire te ayude con la oficina pero creo que eso sería un escándalo. Jill debería llegar pero…
—Descuida, yo me encargo de Claire hablaré con ella.
Carlos lanzó una risa.
—Pobre, cree que puede hacerla entrar en razón.
—Suerte con eso. —Le miró con pena Rebecca y luego salió.
—Cuídate. —Le siguió Piers saliendo tras de Carlos.
Ambos quedaron en aquella sala con su mejor cara de póker. Leon parece optimista ante el nuevo recibimiento. Debía admitir que aquel lugar le daba una energía extraña pero divertida. De todas formas cualquier lugar era mejor que quedarse en Seattle donde su vida estaba más que destruida.
Tal vez Claire era ese toque de adrenalina y humor que le faltaba.
—Hablaré con Claire. —Insistió Leon
—Dale un momento hasta que se calme.
—Podré. —Palmeó su hombro.
—Ni bien apareció Jill te la envío, cualquier cosa me avisas.
Chris salió convencido de aquella sala para encontrarse a una Jill despeinada y agitada después de correr quién sabe de dónde. La realidad es que todo seguía tan vacío como su pecho. ¿Dónde está esta mujer?
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Poco a poco los ojos de Jill se abrieron con la esperanza que todo fue una tonta pesadilla o al menos eso pensó en los primeros segundos al recuperar el conocimiento al reconocer su habitación, el techo que podía ver cuando su mirada se acostumbró a la luz solar. Sin embargo el olor a perfume entrando a sus fosas nasales me recordó la triste realidad, sólo que estaba en la cama.
Los esfuerzos por levantarse fueron en vano hasta que no fue el verdadero problema. Sus muñecas, juntas amarradas con una corbata contra la barra de la cama. Jill entendió el por qué de su posición algo incómoda, la desesperación tomó su cuerpo cuando intentó con sus fuerzas salir. Era imposible.
Más difícil fue saber que mientras más tiraba peor era el dolor y quemazón que sintió sobre su piel.
—¡Mi vida, ha despertado!
La respiración de Jill cambió a una acelerada y con pavor volvió a luchar contra aquel nudo sobre ella vano.
—¡¿Perdiste la cabeza !? —Gritó desesperada.
—Tú la perdiste —caminó con lentitud a ella para sentarse de cuclillas a su lado—. Bebé, lo siento, fui un bruto.
—Suéltame, por favor.
—¿Para qué? ¿A dónde quieres ir? —Acarició su mejilla— Tenemos que hablar.
—Suéltame —repitió—, no podemos hablar así.
—No estas amordazada. —Se burló.
La angustia que sintió aquella mujer con temor de lo peor era mayúsculo. Claro está que si mostraba sus emociones aquello que sería peor. Sabía que discutir con él en esta era riesgoso. Estaba claro que Jill debía sobrevivir como sea y si seguía sus emociones tal vez el resultado no sería nada bueno. Simplemente debía mantener la calma y mostrarse tranquila.
En lo único que pensó en ese momento fue en sus padres, solamente quería abrazarlos y decirles lo mucho que los amaba, que su vida no valía nada si ellos no estaban. Pensó en su hermana Emily, su amiga de toda la vida con la que había cometido las mayores travesuras. Le partía el corazón pensar que su familia podría lamentarla.
También pasó en su mejor amiga Molly, su confidente y compañera de cada idea loca que pasaba en su cabeza, tantos llantos de ambas, tanto apoyo, abrazos y charlas por la media noche, tantas idas al cine, tantos kilos de helado ingeridos antes noches de desvelo y melancolía.
La vida pasó ante sus ojos, en sus ojos brotaron lágrimas que ella intentó que no caigan pero fue imposible, aún así mantuvo su quijada tensa y una respiración fuerte para mostrar seguridad a pesar del calambre y adormecimiento de sus manos y próximamente sus brazos
—¿De qué quieres hablar? —La voz de la muchacha podía notarse a simple vista quebrada, abatida.
—Bebé, no entiendo por qué tenemos que llegar a esto. Yo te doy todo y sin embargo tú… tú te vas.
—Tengo que trabajar con cuidado—, las cosas no se pagan solas.
—Yo puedo darte todo lo que tú quieres —le miró con pena—. Pero lo complicas todo ¿Qué tan importante es tu jefe para ti?
—Garret, apenas estamos pagando la renta ¿Y quieres que abandone? Esto no pasa por mi jefe.
—¡Me estás mintiendo! —Vociferó.
Y el pánico volvió, solamente cerró sus ojos esperando lo peor, nada sucedió. Los abrió pensando que tal vez de nuevo seria golpeada pero allí estaba aquel hombre suavizando su rostro con cierto arrepentimiento para besar su mejilla.
Jill sabía que debía cambiar de estrategia urgente.
—Lo siento, es que yo ... yo quiero trabajar para darte lo mejor a ti también ...
—Amor mío —mordió su labio inferior— tú eres lo más hermoso que pasó en mi vida. No necesito que hagas nada, sólo quédate conmigo a mi lado y te prometo que todo estará bien. Lamento tanto lo que pasó pero debería detenerte.
—¿Crees que es malo que trabaje?
—No te das cuenta? Siempre vas bien vestida y es un peligro. Tú eres tan hermosa que podrías provocar algo terrible. Qué decir del imbécil de su jefe, debe mirarte y lo único que quiere de ti es usarte. Yo tengo que cuidarte de esa gente.
Ah, en ese momento quiso que realmente la ahorcara con tal de terminar la conversación más vomitiva que había tenido en su vida. Su papel se desplomó cuando no pudo evitar hacer una mueca de disgusto ante las palabras de su novio, aquel hombre del que ella estaba enamorada y desconocía.
Simplemente no entendía cómo nunca se había percatado de tener a una persona de este calibre.
Sus pensamientos fueron a Chris Redfield, aquel hombre que la había contratado. Realmente ellos tenían una excelente relación laboral. A Jill a veces le resultaba difícil tratarlo como jefe, en realidad ella era quién le daba las órdenes de él. Le parecía divertida la situación donde ella manejaba literalmente su vida.
Sabía a la perfección la vida de ida y vuelta de aquel hombre, a lo largo del año y medio que trabajó allí conoció varias de sus citas que llamaban. Nunca olvidaría la vez que una chica le dijo todo lo que le haría por llamada y nunca había reconocido la voz de su secretaria primero. Peor aún cuando ella en chiste entró a carcajada limpia a pasarle el recado de todo lo que le haría aquella mujer bajo la roja cara de su jefe.
Pero más allá de todo lo mencionado Chris ha sido excelente con ella, eran amigos y ella le tenía un gran aprecio. No recuerda que haya tenido algún momento en dónde se le haya insinuado o algo por el estilo. Simplemente eso.
Jamás pensaría a su jefe de otra manera y dudaba que él hiciera lo mismo pero en la cabeza de novio cualquiera quería ligar con ella. Por supuesto que no era bueno replicarlo y llevarle la contra en el estado de desventaja que se puede.
—No lo sé, tal vez tengas razón y yo no me doy cuenta. Tú sólo quieres protegerme.
-¿Ama? —Besó sus labios— No es tan difícil de entender.
—¿Puedes soltarme entonces? Me duele.
—No hagas nada tonto. —Le apuntó.
—Quiero abrazarte.
Sonrió, esperanzado con la idea de haber cambiado de idea a su chica. La desató, Jill sintió la adrenalina en su cuerpo y sin embargo no pudo moverse cuando la abrazó.
Y ahora el siguiente paso ¿Qué hacer?
Por un momento pensó en empujarlo y correr pero sería en vano, si quería huir de allí debía calcularlo todo. Así que juntando el coraje relajó su cuerpo y lo abrazó con el nudo en su garganta de odio.
La pesadilla no termina…
Esto recién empieza.
Nota autora: Y este es el primer capítulo… raro lo sé peero se vienen muchísimas cosas. Cleon hasta que vomiten, personajes nuevos, drama y sobre todo chisme del bueno. Ah obvio que el Valenfield habrá por supuesto.
Los que me siguieron de antes saben que soy muy obsesiva con jugar con las personalidades de los personajes. Así que quiero salir de la zona de confort. Sobre todo con Claire que es mi favorita ya que como verán es una bomba.
Gracias por llegar hasta aquí querido lector, por supuesto se aceptan críticas, dudas, insultos, etc. (¿)
La próxima actualización será alrededor de fines de noviembre así que ni olviden poner en favoritos esta historia que está muy fuera de lo normal.
Los quiere: Natt .
