AVENTURAS EN TOKIO
XXIX.
Los cálculos estuvieron acertados, la ropa que usó Honoka llamaba apenas la atención, eran solo una pareja más en las calles de la ciudad. Iban de la mano y tanto Nagisa como Honoka sonreían. Ese día andarían a pie, Honoka no se sentía con la confianza de llevar a Nagisa en la bicicleta a pesar de saber andar en bicicleta. La deportista estaba muy contenta, tan contenta que más de una vez se pegó al brazo de Honoka de amorosa manera, como la haría una novia con su novio en cualquier lado. Debía decir que sentía mucho agradecimiento hacia Honoka por hacer eso por ella, y vaya que sabía lo femenina que era su compañera. Quedaron en repetirlo a futuro, mientras disfrutarían de esa primera cita y...
Tal vez, algún día, ya no tendrían que disfrazarse.
─Mira, es ahí donde comeremos, Shougo me recomendó el sitio ─y no estaba de más decir que acababa de recibir un pago por haber arreglado la computadora de uno de los vecinos cruzando la calle. Con lo que le dieron le alcanzaría para pagar toda esa salida. Pronto notó algo y se echó a reír─. La ropa no me sirve con ésta voz, ¿verdad?
─Tu voz siempre ha sido muy suave y dulce, Honoka ─dijo Nagisa con una sonrisa, aun recordaba esa obra de teatro donde encarnó a un rudo guerrero y aunque su actuación siempre fue buena, la voz y la apariencia dulce no le ayudaban. Se sujetó de ella bien, debía admitir que el brazo de Honoka era muy cómodo─. Quizá deba ser yo quien pida la comida, por si acaso.
─Esa... Es una buena idea ─la científica rió un poco más, pero su gesto se volvió carcajada cuando escuchó que el estómago de Nagisa rugía pidiendo comida─. Debes tener hambre, vamos.
─Las chicas del equipo principal son unas brutas ─comentó Nagisa con un suspiro cansado, pero no tardó en sonreír─, pero deberías ver su cara cuando me vuelvo a levantar.
─Es porque no saben que se meten con la poderosa Cure Black ─respondió Honoka con visible orgullo. Siempre se ha sentido orgullosa de Nagisa. Llegaron al restaurante y ocuparon una de las mesas al fondo, cerca de la cocina y que justo acababa de desocuparse. Nagisa tenía razón, lo mejor era que no hablara mucho─. Ahora me volveré tu callado y frío novio, ¿está bien? ─caballerosamente, acomodó la silla para que Nagisa tomara asiento.
─Adelante ─contestó Nagisa con un gesto divertido, estaba sonrojada además, ¿cómo no estarlo? Todo eso era muy divertido y excitante─. Me encanta tu nombre pero no es neutro, así que... Me quedo con tu apellido.
─Adelante ─rió un poco y tuvo que callarse cuando llegaron a tomarles la orden. Ya por anticipado le había dicho a Nagisa que podía elegir todo lo que quisiera, y su compañera le tomó la palabra. Sonrió al ver que pedía prácticamente todo lo que pudo, bebidas que no tuviera alcohol y que no fuera demasiado costoso, pero sí fueron al menos seis platillos distintos ademas unas sodas.
─¿Está bien lo que pedí, o quieres algo más? ─le acercó el menú a "su novio" y casi ríe al ver que Honoka solo negó con desinterés y respondía con un monosílabo en el tono más grave que pudo. Era graciosa a su modo─. De acuerdo, entonces solo esto ─miró a la mesera─. Sería todo, gracias ─la mesera se fue y no pudo resistirse a besar la mejilla de Honoka─. Gracias.
─No tienes nada qué agradecer ─respondió tan cerca de ella como pudo, cerca de su oreja prácticamente. Pudo sentir con claridad cuando Nagisa se sonrojó, pudo sentir sin problema el calor en sus mejillas─. Al menos no a mi, pero sí a Shougo cuando lo veas, él me ayudó con el plan y la ropa ─continuó en baja voz.
─Le haré saber toda mi alegría en cuanto lo vea ─dijo con una sonrisa y volvió a acomodarse en su sitio. Miró un poco alrededor. Había clientela pero nadie les miraba. Casi todos ahí eran trabajadores, los de oficina se delataban de inmediato por sus trajes y bolsos, los demás eran de trabajos más físicos. Casi todos adultos. Ya estaba en un mundo de adultos y pronto sería mayor de edad como Honoka. Aun no tendrían la edad para beber, pero sí le emocionaba la idea de ser adulta─. En serio muero de hambre, me gasta mucha energía entrenar con las profesionales.
─¿Cuándo es tu siguiente partido? ─preguntó Honoka en voz baja. Sin pena y sin prisa, su mano buscó la de Nagisa sobre la mesa, enredó sus dedos con los ajenos y se sintió también sonrojar. Sonrió con calma al saber que nadie les miraba, nadie les ponía atención.
─Ah ─normalmente no podían hacer eso en público, y poder hacerlo al fin era lindo, hasta el corazón se le aceleró a la jugadora─. El domingo, la entrenadora ya nos dijo. Jugaremos contra el equipo local de un distrito comercial, es un equipo mixto, así que será divertido. ¿Irás a verme jugar? ─y sonrió más cuando su desinteresado y frío "novio" asintió y pronunció un monosílabo afirmativo. No soltó la mano de Honoka si no hasta que llegó la comida─. ¡Buen provecho! ─y comenzó a comer con marcado apetito. Había pedido bastante carne, pero también tenía arroz y un buen plato de fideos.
Honoka comía con más lentitud, ella era de menos apetito y más modales, pero siempre le ha causado cierta ternura ver a Nagisa comer así luego de un gran esfuerzo. Se sonrojó y tomó un trozo de yakitori con sus palillos, pero no lo comió, se lo ofreció a Nagisa en silencio. Sonrió suavemente al verla sonrojarse y de todos modos comerlo. Debía guardarse sus comentarios en ese momento, un grupo de estudiantes se sentó a un lado de ellas. Por el uniforme y la edad aparente, el grupo era de preparatoria.
La pareja siguió comiendo y las calladas atenciones del "novio" hacia su sonriente y linda novia fue del gusto y envidia del grupo a su lado. Nagisa agradecía, en serio agradecía a todos los dioses que nadie se les acercara a molestarlos, sobretodo los ebrios ruidosos en la otra esquina o Honoka iba a patearles el trasero. Y se vería genial haciendo eso, pero no era el punto.
Su comida pasó con normalidad entre pláticas y risas y la discreta admiración de los clientes de las mesas a su alrededor. Luego de comer hasta que Nagisa quedó satisfecha, fueron al cine que estaba a diez minutos a pie de distancia. Ambas estaban emocionadas, era una versión mejorada del primer filme de "Awatenbu Shogun!", versión que saldría en formato físico en unos meses y que el par pensaba adquirir desde la preventa. Honoka aun agradecía a Nagisa por haberle presentado esa serie de películas. Ambas eran fanáticas y lo demostraron al ser las primeras en la sala de cine. Y aun no comenzaban propiamente los adelantos de las futuras películas, la enorme pantalla estaba en blanco en ese momento.
Levantaron el reposa-brazos que dividía sus asientos y Nagisa pudo recargarse en Honoka, en su pecho mejor dicho. Que acabaran de comer no era pretexto para que Nagisa no comprara algunas golosinas en la dulcería del cine, Honoka se conformó con una soda solo para refrescarse la garganta. Estaban cómodas así.
─Mepple, Mipple, recuerden silenciar todos los mensajes a menos que sea algo urgente ─les pidió Honoka en baja voz y los pequeños asintieron─. ¿Está bien así, Nagisa? ─preguntó la científica─. En momentos como éste me gustaría ser más alta que tú como antes.
─Así estás perfecta, puedo escuchar bien tu corazón. Tus latidos son muy lindos, calman mucho y me ayudan a dormir ─y para demostrarlo, pegó bien su oreja al pecho de Honoka. Sonrió─. A veces siento que nuestros corazones laten al mismo tiempo ─y la reacción ajena ante esas palabras hizo que el corazón de su compañera se acelerara. Miró un poco hacia arriba y vio el sonrojado gesto de su compañera... Y eso hizo que su propio corazón latiera más rápido también─. Diablos, Honoka, no te sonrojes así, haces que me sonroje también ─pegó su cara a la camisa de su compañera.
─Es tu culpa por decir cosas tan lindas ─respondió mientras buscaba taparse la cara con el sombrero, pero su propio peinado se lo impidió y tuvo que lidiar con su sonrojo─. Oh ─notó que entraba más gente, pero para nadie era raro que una pareja de novios estuvieran así en el cine. Tomó aire y rodeó los hombros de Nagisa para tenerla pegada a su pecho...
Al menos hasta que la película empezó, porque la acción desbordante del guerrero protagonista hizo que de un momento a otro ambas quedaran al borde del asiento y se emocionaran como niños en una película de los battle rangers. Ya se sabían la película de memoria, pero eso no evitaba que esperaran cada escena con emoción, ambas podían notar lo bien que restauraron toda la película, ¡parecía recién filmada! Y en un momento casi soltaron un grito de emoción al ver escenas que NO conocían, ¡eran escenas cortadas de la primera versión! Lo que veían era la versión extendida y estaban tan contentas que los que estaban atrás y delante de ellas pudieron notarlo.
Mepple y Mipple aprovecharon que los asientos a la derecha de las chicas estaban vacíos, y se acomodaron en una sola silla. Disfrutaron la película por igual
La película duró casi dos horas y ésta vez Honoka no pudo callar a la salida de la sala del cine. Ya era de noche para ese momento, alrededor de las siete con treinta. El cielo ya estaba oscuro y solo las iluminadas calles le seguían dando vida y movimiento a ese barrio de la capital. La cantidad de gente a su alrededor de nuevo ayudaba a que pasaran más desapercibidas, perfecto para el animado par.
─No sé porqué quitaron esa escena de la cabaña, estuvo increíble ─comentó Nagisa con una emoción inmensa. Iba de la mano con Honoka.
─O la escena en el jardín de la casa del magistrado malvado ─continuó Honoka─. La batalla con los soldados fue muy intensa y emotiva.
─En cuanto salga en preventa hay que comprarla ─su compañera asintió y ella también y se colgó de su brazo. Sus propios brazos eran fuertes, lo sabía, pero siempre le sorprendía todo lo que Honoka podía resistir. Sonrió─. ¿No peso?
─No, para nada, pesamos casi lo mismo, tú pesas un par de kilos más por tu estatura y tu musculatura, pero no me pesas, te lo garantizo ─besó su mejilla y luego se sonrojó al verla sonrojarse. Y que nadie les prestara atención era de agradecer─. Me... Me gusta saber que... Puedes encontrar soporte conmigo.
─Siempre, somos compañeras, no lo olvides ─se pegó más a su brazo. Soltó un suspiro y estaba por decir algo, pero solo sintió cuando Honoka la tomó dulcemente por el mentón y la besó, ahí, justo en medio de la calle. Sintió las piernas débiles de repente, tuvo que sujetarse de sus hombros para no caer cual muñeca de trapo justo donde estaba.
Honoka sintió el deseo de besarla, solo eso y nada más. Tenía ese deseo constantemente cuando salían, en cada momento a su lado, pero en la calle debía contenerse, mientras esperaban por su ropa grande en la lavandería debía contenerse, mientras compartían su breve camino antes de ir a la escuela debía contenerse. Y en esos momentos donde sus ojos se topaban con los de Nagisa, donde podía ver su propio reflejo en la mirada ajena, ahí también debía contenerse. Pero esa noche no, en ese momento no, si tenía una ventaja como lo era la ropa de varón, por muy tonto que pareciera, iba a aprovecharlo. Así era ella.
Nagisa sintió cuando la boca de Honoka pidió más, lo permitió y pudo sentir el sabor de su saliva y la suavidad de su lengua contra la propia. El beso fue breve, no lo quería separar pero tuvo que acceder. Vio a Honoka a los ojos y sonrió. ─Se sintió bien.
─Bastante bien ─respondió mientras se aclaraba la garganta─. ¿Quieres ir a ver aparadores? Tenemos un rato antes de volver a casa... O si prefieres regresar, lo haremos.
─Caminemos un poco más, no siempre podemos disfrutar de la ciudad de noche ─dijo Nagisa mientras tomaba una gran bocanada de aire. Le sonrió─. Solo caminemos, quizá encontremos algo de comida callejera que llame mi nariz. Ya casi es hora de cenar.
─Aun me sorprende todo lo que puedes comer ─comentó Honoka con una risa pequeña.
Entre risas y más pláticas, la joven pareja siguió su paseo. Había muchas tiendas abiertas todavía, llenas de gente, de vida, de mucha actividad. Pasaron a las recreativas que aun estaban abiertas y ambas consiguieron pequeños muñecos de peluche para adornar en la casa. No podían llevar nada demasiado grande, tampoco muchas cosas, pero esos lindos peluches se verían bien en el librero. Nagisa estaba contenta, Honoka también y no se negaron ningún beso por muy pequeño que fuera, y siendo de noche solo los más jóvenes estaban ahí y no vieron nada raro en una pareja que se mostrara cariño, al menos no ahí, no esa noche, no en ese lugar.
Para las once de la noche ya estaban en casa, pero volvieron con los ánimos bastante calientes porque entraron al edificio entre besos, entre abrazos que comenzaron en la escalera mientras Honoka se quitaba el sombrero y se soltaba el cabello; mientras Nagisa le desataba la corbata y buscaba colar su mano bajo la varonil camisa. Tenían los deseos desatados y no había razón alguna para detener sus manos, lo que sus cuerpos pedían con tanta urgencia era sentirse entre sí.
Entraron torpemente por la puerta de su apartamento, la cerraron como mejor pudieron y se quitaron la ropa en el camino. Habían dejado el futón tendido a sabiendas que llegarían tarde. Mepple y Mipple se quedaron dormidos durante el viaje de regreso y a ellos sí tuvieron la gentileza de dejarlos en su sitio de costumbre. Cayeron en el futón con la ropa desarreglada.
─Vamos a sudar mucho, ¿verdad? ─preguntó Nagisa entre besos agitados.
─Hay que levantarnos temprano para una ducha ─respondió Honoka mientras se deshacía de la ropa de Nagisa poniendo un poco más de fuerza para manipular su cuerpo. Tenía la corbata floja, la camisa abierta y Nagisa de alguna manera se las arregló para liberar su pecho. Esto último le dio mucho alivio, andar apretada toda la tarde fue cansado─. Yo programo el reloj ─volvió a sus besos que viajaban por el cuerpo de Nagisa─. Me gustó salir así.
─A mi también ─dijo la deportista con un jadeo, los besos en sus pechos y que Honoka atendiera sus pezones con más cuidado no era de ayuda. Tomó mucho aire─... ¿Quieres que... La siguiente sea yo quien se vista de chico?
─Solo si tú te sientes cómoda, Nagisa ─volvió a sus labios para besarla una vez más, lo seguiría haciendo, pero ese beso en especial fue más dulce─. A mi no me incomodó, pero era complicado no hablar mucho, mi voz me delata.
─Yo creo que tu pose silenciosa y fría fue bastante genial, juraría que más de una chica te echó los ojos encima ─rió, claro que notó eso.
─Y yo puedo enumerar en éste momento cuántas personas te vieron en el camino y me miraron con envidia ─dijo Honoka con una risa divertida, siguió besándola─. Puedo seguir usando ésta ropa, me gusta cuando te vistes como más te gusta. Pero si quieres intentarlo tú la siguiente vez, no seré yo quien te detenga de experimentarlo por ti misma.
─De acuerdo, cuando quiera hacerlo, te diré... Por ahora ─la sujetó por las mejillas─... Solo... Solo ─se sonrojó mucho. Todo su gesto dijo el resto.
─Lo que tú quieras, Nagisa, todo lo que tú quieras ─la científica tomó aire y siguió con su deber de esa noche: amar a Nagisa y dejarse amar por ella.
Fue una buena cita.
