AVENTURAS EN TOKIO

XXXI.

Antes de percatarlo ya estaban cerca de su segunda ronda de exámenes, y un par de semanas luego de eso tendrían sus vacaciones de verano, pero como estudiantes universitarias sus vacaciones no serían precisamente para descansar. Nagisa recibió el calendario de entrenamientos del equipo, Honoka tenía que asistir a talleres, cursos y convenciones tecnológicas que estaban programadas en pleno verano. Nagisa tendría unos partidos también y Honoka tenía como tarea de verano presentar un proyecto ya fuese en equipo o de manera individual. Fue por su cuenta ésta vez. En sus años anteriores había tenido muchísima ayuda de sus compañeras del club de ciencias, de no ser por ellas no lo habría logrado; quería hacer honor a todas mostrando lo que había aprendido a su lado.

Ambas lograrían sus propósitos, era su objetivo.

Compararon sus calendarios y había exactamente una semana en la que ambas coincidían en días libres por seis días corridos, de domingo a viernes justo en medio de las vacaciones, momento perfecto para ir a visitar su ciudad natal y terminar ese otro pendiente que aun les quedaba como pareja: contarle sobre su relación a sus familias. El paso de los días y el ver el fruto de sus esfuerzos les estaba dando más y más confianza cada vez. Se sentían seguras incluso ante la remota posibilidad de que fueran rechazadas. Si estaban juntas todo estaría bien, mientras pudieran tomar la mano de su compañera todo estaría bien.

Y con esos pensamientos fijos en sus cabezas, la joven pareja siguió con sus vidas.

Nagisa llevaba ya un par de semanas compartiendo los ejercicios vespertinos con Honoka, tenía que mejorar su resistencia. Cada vez se sentía más calor y solo mejorando su condición física podría sopesarlo y resistir el pesado entrenamiento de verano. Aunque Junio aun tenía algunos días nublados y lluviosos, el calor iba en aumento y se dejaba sentir todos los días independientemente de si llovía o no. Esa combinación las obligó a dormir casi destapadas y con la ventana abierta para dejar entrar algo de la brisa fresca de la noche. Ayudaba y no porque ya habían sido víctimas de los mosquitos y una de esas noches el par tuvo una furiosa batalla con un mosquito que se había colado en su apartamento, uno particularmente ruidoso y que encima les interrumpió su sueño en mitad de la madrugada. Necesitaban un ventilador, Honoka se dio a la tarea de hacer uno en esos días, todos los estudiantes del Tecnológico tenían mucha chatarra a su disposición e iba a aprovechar toda la que pudiera.

Justo el par hacía ejercicios en el parque, era miércoles y su trote de ida les ayudó a calentar para el ejercicio que hacían en ese momento en una zona de tierra y césped. Honoka soltó un firme grito de combate y con una llave mandó de espaldas al suelo a su compañera. Sabían hacer esos ejercicios sin lastimarse, en preparatoria eran compañeras de entrenamiento. Nagisa se puso de inmediato en pie, tomó posición de combate y atacó a Honoka, ésta bloqueó el golpe con un movimiento de brazo instintivo. De momento era la científica la que defendía, Nagisa trataba de atraparla, de golpear, incluso jalarla tratando de emular una pelea normal en circunstancias mundanas. La deportista intentó alcanzar a Honoka por la ropa, pero de nuevo Honoka pudo evadir. Sonrió cuando su novia usó su propia fuerza para mandarla al suelo otra vez.

Nagisa soltó una risa, la caída fue perfecta y más suave que estar en el piso del dojo. ─Ese estuvo genial, Honoka, ¡me toca, anda, atácame! ─la deportista se puso de pie y tomó posición de defensa. Ésta vez era su turno de ser la víctima. El estilo que aprendieron era defensivo casi en su mayor parte, y luego concentrar todo en un ataque único que debía servir para neutralizar al atacante sin dañarlo y sin darle oportunidad de levantarse de nuevo.

─Siempre es doloroso golpearte, Nagisa ─comentó Honoka con una sonrisa─. Me toca, no te contengas ─ahora tenía en manos una rama que encontró y a la que haría pasar por una peligrosa navaja. Las armas blancas eran más comunes en los casos de asalto callejero. Tomó una posición simple como atacante e intentó amagar a Nagisa con su "navaja", pero no pudo, Nagisa fue más rápida y la desarmó de un movimiento. Lo siguiente que sintió fue que Nagisa le jalaba del brazo.

─¡Te tengo! ─y como Honoka pidió, le demostró todo su amor con un derribe perfecto, en un parpadeo dejó a Honoka en el suelo, también de espaldas. Con su mano libre lanzó un puñetazo a la cara de su compañera, pero se detuvo antes del impacto, así era el ejercicio. Rió cuando ella se echó a reír─. Ese fue un buen golpe ¿verdad?

─La primera vez que me mandaste al suelo te tuve que pedir unos minutos para recuperarme, se me salió todo el aire del cuerpo ─rió, eso fue en el dojo cuando recién entraron.

─Me disculparía, pero luego fuiste tú la que me dejó en el suelo ─comentó Nagisa mientras le ayudaba a ponerse de pie. Se habían quitado el calzado y estar en el césped descalzas no era incómodo. Hizo que Honoka se colocara a su lado para practicar juntas los movimientos básicos, debían practicarlos hasta que dejaran de pensar en ellos según les indicó el Maestro─. Siempre has tenido buena postura, Honoka, es difícil sacarte de balance.

─Y tú siempre has tenido mucha resistencia, Nagisa, siempre te levantas ─rió. Ambas soltaban buenos golpes, su maestro solía poner más presión en ellas dos al reconocer que ambas chicas tenían buenos instintos de combate. Qué iba a saber el hombre que ellas eran guerreras de cien batallas, pero el estar conscientes que incluso en forma civil podían ser fuertes era algo que debían aprovechar. Estaban en un mundo difícil, se estaban adentrando al mundo de los adultos. Fortaleza física y mental eran dos armas muy importantes.

Mientras el par hacía sus ejercicios de combate e intercambiaban ataques a turnos, Mepple y Mipple jugaban en uno de los toboganes cercanos. Por la hora ya no había niños, todos debían estar en casa temprano. Y como esa parte en especial solo tenía los juegos para niños, solían estar en relativa privacidad ahí. Estuvieron veinte minutos más antes de finalizar. Los mosquitos ya estaban en movimiento en esa zona gracias al césped y las plantas cercanas. Se colocaron el calzado y cuidaron de no olvidar nada, Mepple y Mipple volvieron con ellas a su forma de móvil y comenzaron el trote de regreso.

En su camino a la salida del parque el par notó algo algo que les hizo sonreír. Aquellos chicos de preparatoria que esa vez intentaron intimidar a dos estudiantes de secundaria, estaban precisamente con ese par de secundaria mientras comían helado y platicaban. Nagisa y Honoka compartieron una sonrisa de visible contento. De hecho el pequeño grupo les notó y les saludaron, las universitarias correspondieron el gesto sin detenerse.

Era increíble como gestos pequeños solían encender al menos una luz. La deportista miró a su compañera con una risa apenas contenida. ─Y tú querías el Plan C.

─De acuerdo, lo acepto, de ahora en adelante procuraré el plan pacífico ─dijo Honoka con una sonrisa─. Siempre tienes esa facilidad de calmar los ánimos cuando están muy encendidos, Nagisa. Recuerdo bien cómo tranquilizabas a tu equipo cuando te volviste capitana en preparatoria.

─Ni que lo digas, como ya usábamos equipo completo había más posibilidades de golpes ─dio un pequeño suspiro y sonrió. Nunca peleó directamente con nadie, siempre ha sido una persona de paz, pero en una cancha lo más normal es que los ánimos se enciendan y en su caso ha tenido que ayudar a detener más de una pelea─. Recuerdo en la semifinal donde una de las rivales me cometió falta, querían pelear y casi provocan a las chicas...

─Lo recuerdo, Hikari y yo estábamos en primera fila, pudiste detener la pelea, ni siquiera hubo necesidad de que el árbitro interviniera ─recordó Honoka con una sonrisa─. Y luego de eso anotaste un punto a su favor. Les diste una gran lección a todos, Nagisa ─siempre ha sentido orgullo de Nagisa y esa ocasión en especial estaba bien grabada en su cabeza.

Salieron propiamente del parque hacia las calles, por el frente de la escuela primaria y sobre la acerca. Ir trotando era más seguro, así no chocarían con nadie y podrían detenerse a tiempo en caso de requerirlo. Honoka aun tenía algunos problemas para platicar y trotar a la vez y fueron en silencio por un tramo más hasta topar con un semáforo que las hizo detenerse. Aprovecharon para tomar un respiro y un trago del agua embotellada que llevaba Nagisa, solo suficiente para mojar sus gargantas.

Nagisa notó que estaban frente a un pequeño local de recreativas, justo había una cabina de fotos y eso le dio una gran idea. ─Hey, Honoka, mira ─señaló la cabina, luego se buscó en los bolsillos, siempre llevaban algo de dinero para cualquier eventualidad, algo que su padre le aconsejó, siempre guardar al menos para algo que alcanzara para comer y beber de una máquina expendedora─. ¿Qué dices? ¿Nos sacamos unas fotos aquí? No tenemos fotos impresas, solo en los teléfonos.

La científica sonrió y asintió de inmediato. Ambas, en sus habitaciones en su ciudad natal, tenían fotos impresas pegadas en pequeñas pizarras. Tenerlas en sus teléfonos no era mala idea, pero había un algo especial en levantar la mirada y ver aquellas fotos con sus familias y amistades. ─Cuando Hikari esté de visita hay que sacarnos unas aquí ─propuso Honoka con genuina emoción. Se arreglaron un poco aprovechando el espejo que estaba colocado afuera de la cabina. Honoka llevaba el cabello amarrado en una cola alta, solo bastó con asegurarla bien. Nagisa se pasó los dedos por el cabello para aplacarlo. Se secaron bien el sudor con unas toallas de mano que llevaban y quedaron listas.

Ya dentro de la cabina, Mepple y Mipple salieron también y comenzaron a tomarse fotos, pensaban usar todos los filtros que pudieran. Sacarían dos juegos de fotos. Una foto eran ellas dos juntas y abrazadas, luego Mepple y Mipple solos, la siguiente fue los cuatro juntos en una pose más propia, después haciendo el tonto. Meppe le dio un beso en la mejilla a Mipple en la siguiente foto y Nagisa, al ver eso, buscó hacer lo mismo con Honoka, pero ésta al momento giró su rostro hacia Nagisa y el beso le tocó en los labios. Justo así salieron en la foto. Luego de eso aplicaron los filtros y esperaron fuera de la cabina para recogerlas.

─Ésta me gustó ─dijo Nagisa con una amplia sonrisa, ahora solo caminaban camino a casa, veían sus fotos con algo de discreción. La foto del beso tenía el filtro de un corazón, sonrió más─. Me gustaría llevar ésta en la cartera, pero ─sería mala idea que alguien que no fuera de confianza la viera.

─Lo comprendo, también me gustaría llevarla conmigo a todos lados ─respondió Honoka con un gesto suave y un tono dulce de voz. Esa foto en especial era linda─. Pondré una pizarra en el muro para que peguemos las fotos. No solemos recibir a nadie en casa, así que nadie más las verá si no queremos. Además, podemos pedirle a Mepple y a Mipple que guarden éstas fotos ellos también, así las tendremos a la mano para verlas si lo necesitamos ─tomó su mano de breve manera, parecía más un gesto juguetón que algo más, nada que pareciera demasiado íntimo a ojos ajenos. Solo un par de amigas paseando, sí, solo eso─. Suelo pedirle a Mipple que me muestre las fotos que te he tomado para inspirarme ─y soltó una linda risa.

─En especial esa donde estás dormida en esa posición graciosa-mipo ─avisó la princesa en baja voz. Nagisa se puso roja de solo recordarlo.

─Oye, te dije que esa foto era muy vergonzosa ─se quejó la deportista, en esa foto en especial Honoka se había levantado primero, fue en sus primeros días en el piso nuevo, y aprovechando el espacio su cuerpo pareció desperdigarse a capricho sobre la cama; quedó en una posición que parecía imposible... ¿Y qué hizo su confiable compañera? ¡Le tomó una foto como era de esperarse! Pero dos podían jugar el mismo juego─. ¿Ah, sí? Pues yo también suelo ver tus fotos cuando necesito inspiración, sobretodo esa donde despertaste con resaca al día siguiente de tu cumpleaños.

─¡Oh, la foto donde parece zombie-mepo! ─y tanto el héroe como la deportista comenzaron a reír, Mipple se les unió también y ahora Honoka era la ruborizada.

─¡No es gracioso, me sentía como uno, me dolía todo! ─se quejó la científica. Y la verdad fue su culpa por no cuidar lo que estuvo bebiendo, pero ese no era el punto.

Entre risas y algo más de plática, el par llegó a casa y echó su ropa a lavar, tomaron una ducha también y el asunto de las fotos seguía en su cabeza. Honoka se colocaba el tratamiento en su cabello para combatir los efectos de la humedad de las lluvias, Nagisa reposaba en la tina, Mepple y Mipple estaban con Nagisa en la tina salpicándose un poco. La deportista miró a su compañera un poco y se sonrojó por la súbita idea que le llegó a la cabeza. ─Oigan, Mepple, Mipple, necesito pedirles un favor ─y aunque Honoka sí escuchó eso, lo siguiente ya no porque Nagisa habló a las orejas de los pequeños.

Honoka les miró con curiosidad. ─¿Nagisa? ─y luego fue confusión cuando los vio tomar sus formas de móvil en manos de Nagisa. Con el tiempo y por la naturaleza tan distinta de sus compañeros mágicos, estos no se espantaban de ciertas cosas que hacían las chicas, sobretodo las íntimas.

─Gracias, se las debo... Ah ─miró a su pareja─. Oye, Honoka... Hablando de fotos ─se puso más roja─... ¿Me dejarías tomarte una así como estás? Bueno, luego de que enjuagues tu cabello, digo, yo ─enrojeció tanto que se sintió mareada por el calor del agua─... Me puedes tomar una también... Yo... De verdad quiero una foto tuya para... Para inspirarme.

La científica estaba toda roja también, pero asintió sin pensarlo. La idea le pareció linda, romántica, bastante sexy si debía ser sincera consigo misma. ─La idea me gusta, de... De acuerdo, puedes tomarla. Y luego te tomo una a ti ─y bien sabía de la ventaja que sus compañeros mágicos tenían, incluso si alguien tomaba sus móviles, ellos podrían bloquear esas fotos y el acceso al teléfono en general. Tragó saliva y se enjuagó el cabello─. Listo, ah... ¿Qué quieres que haga?

Nagisa salió del agua con Mepple en mano, Mipple mientras se quedó en la orilla de la tina. Incluso si se mojaban no les pasaría nada. Sin decir más, besó a Honoka y sacó una selfie, pero no por ello terminó el beso tan pronto, fue breve pero completo. Luego le tomó solo un par de fotos a Honoka, una sentada en el banquillo y la otra de pie dentro de la tina, ambas en poses que le parecieron condenadamente sensuales. Y con eso estaba contenta, se le notaba por la sonrisa.

─Tu turno ─dijo Nagisa y le dio a Mipple─. Ya te mandé la foto del beso.

─Gracias ─respondió Honoka con una sonrisa y ese lindo rubor. Le pidió casi las mismas poses a Nagisa. Y por todos los dioses, en serio que era imposible no apreciar su atlético cuerpo ajeno siempre que tenía oportunidad. Nagisa se veía más preciosa cada vez y era incapaz de describirlo, sus fuertes brazos y piernas, su abdomen totalmente plano que parecía estar hecho de acero, no tenía la musculatura marcada pero sin duda era fuerte. Tragó saliva cuando terminó de tomar las fotos. Tomó ambos teléfonos y los dejó a salvo en el lavamanos. Miró a Nagisa ya sin poder contenerse─. Te... Te deseo ahora mismo, Nagisa...

─Yo también... Solo... Solo un poco antes de volver a estudiar, ¿sí? Solo un poco ─se dejó envolver en los brazos de Honoka, sintió que besaba su cuello─... Y ya que estamos aquí... Podemos... Podemos mojarnos de nuevo para... Para asearnos... Ah... Honoka ─y se dejó besar por ella.

Sin duda esas serían unas buenas fotos para inspirarse cuando lo necesitaran. Se tomaron su rato en el baño para saciar ese deseo que a veces era imposible ignorar, para poder sentir a su compañera de cien batallas y darse todo ese amor que se tenían desde hace tanto.