Esta historia participa en el reto Tropos, tropos everywhere del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Tropo: Hanahaki
Astromelia
"No puedo concretar la hora, ni el sitio, ni la mirada,
ni las palabras que pusieron los cimientos de mi amor.
Hace bastante tiempo.
Estaba ya medio enamorado de ti antes de saber que te quería
- Mr. Darcy"
Orgullo y Prejucio - Jane Austen
Lunática Lovegood, así le decían todos porque era rara, excéntrica, siempre estaba en la luna —haciéndole honor a su nombre— e inventando fantasías incomprensibles para todos. Era más fácil burlarse de ella y excluirla. Al cabo que no parecía afectarle mucho. Su sonrisa soñadora a medio formar, los ojos que parecían mirar una dimensión distinta y su voz dulce, pese a todo lo que ocurría a su alrededor, eran prueba de ello.
Lo malo de dejarte llevar por los prejuicios o por lo que dicen los demás, te cierras a la oportunidad de conocer realmente a la persona y dejas que otros construyan una imagen de esa persona que no siempre es real. Por suerte para Ginny las circunstancias la obligaron a cambiar su concepto respecto a Luna.
Pareciese como si el destino se hubiera empecinado en hacer que pasaran tiempo juntas ese año. En el Ejército de Dumbledore, y luego en algunas clases en las que acabó haciendo equipo con ella para algunos trabajos pues nadie más quería trabajar con Lunática Lovegood. Y entonces empezó a conocer a la verdadera Luna, no a la que las historias y rumores de los otros Ravenclaw le habían presentado. Parecía despistada, pero en realidad era muy observadora e inteligente. Siempre sabía cuando Ginny se sentía mal y tenía las palabras adecuadas para hacerla sentir mejor. Hablaba con mucha emoción y una pasión que pocas veces se veía respecto a sus teorías locas y a las de su padre. Era divertida sin intentarlo.
Más pronto de lo que se hubiera esperado cualquiera, se volvieron amigas. Ginny buscaba pasar el tiempo con Luna porque estar con ella era estar en calma, no tener miedo de ser ella misma, de decir lo que sea sin sentirse juzgada, o de simplemente poder callar y escuchar a la otra chica. Era perderse en la curvatura de sus labios que parecía esconder el secreto del universo y encontrar refugio en sus ojos azules llenos de curiosidad e ilusión.
Un día se dio cuenta que se estaba enamorando de su amiga, y la invadió un desasosiego angustiante. No sabía cómo detenerse, cómo regresar a unos meses antes cuando apenas la estaba conociendo y descubriendo, antes de que invadiera su mente y su corazón. Tenía miedo de que eso arruinara todo, pero también se había vuelto adicta a sentir su corazón desbocarse cuando estaba con ella.
Ese sentimiento fue expandiéndose en su pecho, cortándole la respiración, asfixiándola hasta volverse casi insoportable y doloroso. Trató de distraerse saliendo con otras personas, no pensar en su ahora mejor amiga de esa manera. Pero en lugar de eso sólo sentía la opresión en su pecho más intensa cuando la veía, cuando pensaba en ella, cuando soñaba con sus ojos azules y voz suave, con sus manos delgadas y delicadas.
Estaba en el entrenamiento de quidditch cuando sucedió por primera vez. La vio en las gradas, dibujando o escribiendo algo en su cuaderno, aparentemente sin prestar atención pero Ginny sabía que había ido a verla a ella volar, pues se lo había dicho un día antes. De pronto sintió que su pecho se expandía en un intento por meter aire a sus pulmones, sin éxito. Empezó a toser, sintiendo la presión a la que ya se había empezado a acostumbrar, y sintió algo en su garganta. En ese momento escuchó el grito de Angelina y sintió el golpe en su costado de una bludger a la que, si hubiera estado prestando atención, podría haber evadido fácilmente. Entre la sorpresa del impacto y la tos perdió el equilibrio y cayó. Por suerte estaba cerca del piso y el golpe no fue tan fuerte. Se encogió en si misma aún tosiendo, sintiendo que algo arañaba su garganta. Se metió los dedos y sintió algo, que jaló.
Sus compañeros de equipo corrieron a asistirla. Apretó en su puño lo que había sacado de su garganta, asustada de ver qué era. Por fin podía respirar, pero sentía una sensación como de aleteo en la garganta cada que inhalaba.
—Estoy bien —dijo jadeando a los demás al tiempo que se incorporaba.
—Ve con Pomfrey ahora mismo —le ordenó Angelina—, que revise que no estés lastimada. No podemos perder otro jugador más.
Asintió, levantándose por completo y sacudiéndose la tierra con la mano que no apretaba sosteniendo lo que había salido.
—Sí, capitana.
Se agachó a recoger su escoba y caminó a la salida. No le dolía nada, sólo un poco el pecho cada que entraba o sacaba aire, pues sentía ese revoloteo interno. Luna la alcanzó cuando salió de la cancha, con cara de preocupación.
—¡Ginny! ¿Estás bien?
—Sí, me distraje un poco, pero no me hizo daño la bludger.
—Estabas tosiendo, ¿fueron los torposoplos? Tenías muchos alrededor tuyo.
Ginny sonrió enternecida.
—Quizás lo fueron, pero más bien creo que me tragué un bichito por accidente —mintió—, voy con Pomfrey, ¿me acompañas?
—Síp.
La sonrisa de Luna le cortó la respiración, literalmente, tuvo que girarse y no mirarla para inhalar hondo, sintiendo nuevamente el revoloteo en su interior.
Pomfrey le revisó el brazo donde se le había impactado la bludger y le aseguró que estaba bien, después de soltar una perorata contra el quidditch y sus mil accidentes. Ginny pensó que debía preguntarle sobre lo que tenía en la mano, que aún no miraba, sobre sus problemas para respirar y el dolor en el pecho intermitente, pero le daba miedo lo que fuera a resultar. ¿Y si le prohibía jugar quidditch?
No fue sino hasta que estuvo en su cuarto a solas que se atrevió a abrir la mano para ver qué había salido de ella. Cubierto con algunas costras de sangre seca había un pétalo amarillo. Apretó de nuevo la mano, cerró los ojos y respiró profundo.
«¿Qué demonios?»
Encontró a Neville saliendo del Invernadero número dos. Suponía que estaría ahí porque había estado ayudando a Sprout a trasplantar las mimbulus mimbletonia.
—¿Tienes unos minutos? Necesito tu ayuda para algo.
Neville asintió y terminó de cerrar con llave el Invernadero.
—¿Qué ocurre?
—Em… ¿sabes si hay algún hechizo o maldición que haga que tosas flores?
Neville hizo una mueca y entornó los ojos.
—No precisamente, pero sé de algo similar. ¿Por qué preguntas?
Ginny extendió la mano y le mostró el pétalo sangriento.
—Esto salió de mi garganta. Y creo que hay más dentro de mí.
—Oh Ginny… —Neville se mordió el labio y frunció el ceño preocupado.
—¿Es muy malo? ¿Se puede quitar?
—No es que sea malo per se, pero puede serlo. Y sí, se puede quitar, pero…
—¿Pero qué? —preguntó Ginny impaciente.
Neville suspiró, abrió la puerta del invernadero y le indicó a Ginny que entraran. Le jaló un banquito y puso uno para él. Ya que estuvieron sentados empezó a explicar.
—Lo que tú tienes se llama hanahaki.
—¿Hanahaki? Suena extraño.
—Es japonés —aclaró Neville—, pues ahí se presentó el primer caso. Es muy raro que ocurra… ¿es por Luna?
—¿Qué cosa es por Luna? Nev, te quiero, pero de verdad me estoy desesperando mucho y estoy a nada de sacudirte, ¿puedes explicarme de una vez qué es eso de hanahaki?
—Ah, sí, perdón. Verás, el hanahaki es conocida como la enfermedad del amor no correspondido. Es una respuesta inusual del contacto de la magia entre la persona que lo sufre y la persona de la que está enamorada, si el amor no es correspondido tu cuerpo lo reconoce y empiezan a crecer flores en tus pulmones.
—¡Pero eso es horrible!
Ginny sentía que se le cerraba la garganta, pero no por las flores, sino por las ganas de llorar. Ya había asumido que Luna no le correspondería, pero tener la confirmación de ello era muy doloroso.
Miró a su alrededor, y pensó en la ironía de que sus pulmones seguramente lucían como el invernadero, repletos de hojas y flores. Así de intenso era su amor por Luna, pero también así de intenso era el rechazo.
—Sí es horrible. —Estiró el brazo para tomarla de la mano en un gesto cariñoso—. Lamento mucho que te esté pasando a ti.
Ginny tragó saliva y parpadeó rápido para bloquear las lágrimas.
—¿Cómo se quita?
—Hay dos formas, ninguna es agradable. —Ginny asintió instándolo a continuar—. La primera, la más sencilla es confesar tus sentimientos, puede ser que eso haga que la magia se balanceé. La otra es una poción bastante complicada de elaborar, pero no creo que quieras hacerlo.
—¿Por qué no?
—Desvanece las flores, pero también tus sentimientos hacia la otra persona por completo, y a veces, si no se realiza bien, puede incluso borrar todos tus recuerdos respecto a ella.
—¿Y si no hago ninguna de las dos?
—Morirás asfixiada por las flores.
—Y ahora, practiquen en parejas —dijo Harry una vez terminada la explicación.
Ginny vio a Luna acercarse a ella. Cuando Luna caminaba era como si de deslizara o flotara, su cabello agitándose detrás de ella con cada paso. Sintió que se le cerraba la garganta, y rápidamente se puso a un lado de Neville, que le lanzó una mirada de entendimiento y negó, apenas perceptiblemente, con la cabeza. Ginny hundió su cabeza en el brazo de su amigo y se puso la mano para bloquear la tos.
—Lo siento, Luna —dijo Neville—. Le pedí a Ginny si podía trabajar conmigo hoy.
—Oh. No hay problema, Neville. Ginny, ¿estás bien?
Aún tosiendo asintió con la cabeza, finalmente pudo calmarse un poco y alzar la cabeza, sin mirar a Luna, y contestar.
—Se me fue chueca la saliva —mintió—, estoy bien. Gracias.
—Ya se fue —le susurró Neville después de unos segundos. Ginny respiró, sintiendo el revoloteo de los pétalos en su pecho.
—Gracias, Nev, te debo una.
—Tienes que decirle, Gin. Deberías haber visto la cara de Luna, creo que se sintió un poco herida.
Ginny lanzó una mirada hacia donde Luna ya estaba en duelo con Seamus, sintiendo la pesadez de la culpa en su estómago.
—Aún tengo tiempo.
Abrió la mano para ver lo que había tosido, pues se sentía mucho más abundante que otras veces. En su mano ya no sólo había pétalos, sino una flor completa.
—Pues a mi me parece que no mucho —dijo Neville con preocupación.
Le dolía la cabeza, el cuerpo y la garganta. Sus ojeras se habían convertido en algo permanente y hasta hablar le causaba malestar. Ya no era sólo Neville el que le lanzaba miradas de preocupación. Angelina la había amenazado con suspenderla si no se cuidaba más.
En sólo dos semanas su cuerpo se había ido consumiendo mientras que en su interior florecía un jardín alimentado por el amor que sentía por su amiga.
Tenía que tomar una decisión pronto y ninguna de sus opciones le gustaba. Pero entre perderla o perder todo lo que sentía por ella, prefería la primera, aunque doliera. Tendría que decirle. Ese sería, seguramente, el final de su amistad.
¿Para qué confirmar algo que la magia ya sabía? Luna no la correspondía.
Se escabulló en la biblioteca justo después del cierre. Sabía que se metería en problemas, pero no quería que nadie la viera haciendo lo que iba a hacer. Buscó entre los libros que le había comentado Neville y finalmente encontró el que buscaba.
En él explicaba todo lo que su amigo ya le había contado respecto a la enfermedad, también venían las instrucciones de la poción para deshacerla y sus consecuencias.
«Las flores se desvanecerán en dos o tres días después de beberlo, al igual que todos los recuerdos compartidos con la persona que ama. Sin embargo, no es una solución permanente, pues si vuelve a enamorarse, hay posibilidad de que el hanahaki pueda presentarse de nuevo».
—Tendré que alejarme de ella por completo —susurró con tristeza.
—¿Alejarte de quién?
Ginny se sobresaltó y cerró de golpe el libro. Volteó hacia la voz y vio a Luna. El efecto fue inmediato, sintió cómo subía la flor por su garganta ahogándola. Trató de tragar saliva para impedir que le viniera el acceso de tos. Se levantó y empezó su huida, pero Luna bloqueaba la entrada y cuando pasó a su lado la detuvo del brazo.
No lo soportó más y con una convulsión empezó a toser dolorosamente. Las flores desbordándose en cascada fuera de sus labios y cayendo al suelo.
—Ginny, ¿qué te pasa? —exclamó y la rodeó con sus brazos, dándole palmaditas en la espalda en un intento desesperado de ayudarla.
Las lágrimas empezaron a caer de sus ojos a trompicones, al igual que las flores, que salían y salían sin darle oportunidad de respirar. Ginny se estaba ahogando y antes de perder el conocimiento lo último que vio fue a Luna sujetándola y gritándole algo.
Despertó en la enfermería. La luz de la luna se colaba por la ventana así que supo que no había pasado mucho. Intentó incorporarse, pero el esfuerzo fue demasiado para sus pulmones y le vino un acceso de tos, escupiendo una flor.
Luna, que había estado sentada a su lado todo ese rato, se puso de pie rápidamente y la ayudó a recostarse de nuevo. Le acercó un vaso de agua que Ginny bebió con esfuerzo, pero agradeciendo la sensación en su garganta.
—Vaya susto que me diste —dijo Luna.
—¿Tú… me… trajiste? —dijo Ginny con dificultad.
—Sí. Ginny, ¿por qué no me habías dicho que estabas enferma?
—¿Madame… Pomfrey? —Ginny ignoró la pregunta.
—Está en el despacho de Snape, fue a pedirle ayuda para preparar una poción, en caso de que la quieras. ¿A qué se refiere?
Ginny cerró los ojos y los volvió a abrir con lentitud.
—Ayúdame… a incorporarme —pidió.
Luna se apresuró a hacerlo, con cuidado, pero el contacto hizo que Ginny se estremeciera y le sobrevino nuevamente la tos y con ella más flores.
—Ginny, ¿qué tienes? Me has estado evitando, y entiendo si ya no quieres ser mi amiga, pero estás enferma y sólo quiero ayudarte. —Se le rompió la voz—. Por favor, déjame ayudarte.
—Estoy… enamorada… de ti.
Cerró los ojos con fuerzas para no ver la cara de desagrado de Luna al escuchar eso. De pronto sintió la presión en sus labios de algo cálido y suave. Abrió los ojos en sorpresa y vio a Luna separarse de ella.
—¿Eso fue… un beso?
Luna asintió, completamente sonrojada. Ginny empezó a llorar y reírse. Descubrió que ya no le costaba respirar.
—El hanahaki es tan poco usual que mucha gente no sabe lo más importante—explicó Pomfrey a ambas—. Responde al amor no correspondido, pero no necesariamente, también puede surgir cuando la persona que lo sufre cree que lo será. Como en tu caso.
Luna le dio un apretón en la mano que sostenía entre la suya, Ginny sonrió aliviada. Al final, las cosas habían salido bien.
Notas:
- ¡No puedo creer que me tocara uno de mis tropos favoritos! De verdad que me hizo muy feliz porque adoro el concepto del hanahaki.
- Aunque hice mis pequeños ajustes y modificaciones a la leyenda del hanahaki, como lo de que es por la magia y que se cura con una poción (es una operación, normalmente, la que se requiere). Lo de que puede ser porque se piense que no es correspondido, es de otros autores a los que les he leído este tropo.
- El título lo escogí por varias razones, pero el motivo principal es por una leyenda sobre esta flor sobre un jóven enamorado que enferma sin saber que es correspondido. Aunque no es una historia sobre hanahaki, tiene que ver con flores, con el origen de la astromelia. Es una historia muy triste, con un final que no es feliz como el de este fic. Si tienen curiosidad se llama la leyenda de Quintral y Amancay.
- Espero les haya gustado, apreciaré sus comentarios.
Bye~
