AVENTURAS EN TOKIO

XXXIII.

Honoka sonreía de genuina alegría al ver los mensajes que mandaba Mepple, esa última foto de Nagisa corriendo con la pelota en su red estaba muy bien enfocada. Se tomó la libertad de guardarla en sus imágenes favoritas. Su protector y fondo de pantalla era una imagen animada de Mipple para la primera, y una estática para la segunda. Guardó a Mipple en el bolsillo frontal de su jersey para que pudiera ver todo desde la cámara. El sitio era inmenso, ¡era enorme y había tanto por ver! Es más, tenía en exhibición una réplica exacta del Apolo 11 y de las cabinas en la Tierra desde donde se monitoreaba todo el alunizaje, había trajes espaciales reales tanto antiguos como nuevos. Era un evento familiar, así que no faltaban los talleres para niños, tenían un observatorio virtual un piso más arriba y había muestras de meteoritos y tierra y rocas de la mismísima Luna.

No estaba ahí solo por el placer de aprender y conocer, tenía que reportarse con su profesor, todos los alumnos tenían que estar para la conferencia de las tres de la tarde que darían astronautas de la Agencia Espacial Nipona. Y todos debían vestir sus jerseys de verano del Tecnológico para identificarse mejor. Le gustaba ese jersey, era de tela delgada y respirable y evitaría que se quemara los brazos con el sol cuando saliera de ahí. Tenía tres horas para explorar todo lo que pudiera y luego ir a la conferencia. Y terminando ésta también se daría unas vueltas más donde le faltara visitar. Sería muy, muy emocionante. Y aunque se topó con compañeros de su curso en el camino, solo dio veloces saludos antes de ir al stand en turno. Estaba fascinada leyendo y tomando nota, sacando fotos con ayuda de Mipple y preguntando si le quedaban dudas. A su compañera mágica siempre le causaba gracia lo poco social que era Honoka en realidad, pero nadie le decía nada, Honoka se dio a conocer desde el principio y causaba desde admiración hasta envidias. Y éstas últimas serían algo realmente malo si a Honoka le importase lo que opinaran desconocidos de ella; ni siquiera estaba al tanto de las envidias.

Había libros a la venta, libros que moría por comprar, sabía el espacio que tenía en su lado del mueble para los libros, podía comprar cinco, solo cinco... A menos que fijara unas bases nuevas en uno de los muros libres... Sí, podía hacer eso y... Aprovechar espacio y poner más cosas de ambas, más libros. La sola idea la emocionó, llevaría más libros, tenía dinero, acababa de arreglar el aire acondicionado de varios vecinos, bendito calor de verano.

En el camino tomaba folletos, se acercaba a escuchar lo que explicaban y, a diferencia de muchos que grababan con sus móviles, ella ponía atención en su totalidad. Además había folletos con toda la información resumida y sitios de internet que podían consultar aquellos que buscaran más información.

La cápsula del Apollo 11 era la atracción más popular junto con los equipos espaciales y la réplica de la cabina de control. Decidió probar suerte y formarse, estaba al final de la fila en ese momento. No tenía problema por esperar, la paciencia era una de sus virtudes y aprovecharía para leer los folletos que recolectó a su paso. Luego de eso quería ver la exposición de tierra y rocas lunares. Tenía un buen plan a seguir para antes de la conferencia de la tarde. Algunos fotos más que tomó Mepple de Nagisa amenizaron su espera en la fila. Dejaban pasar grupos de siete personas para que todos pudieran escuchar las pláticas, la espera era de máximo diez minutos por grupo. Podía con eso.

Más personas se formaron detrás suyo y en situaciones normales no lo habría percatado, pero algo en ella pareció activarse al escuchar unas voces femeninas. Eran y no eran familiares, eran y no eran conocidas. No podía explicarse esa sensación. Mipple lo supo de inmediato, ya había sentido esas luces desde antes, pero al igual que Mepple, debía dejar que fuese la voluntad de la Luz y el mismo destino quienes permitieran o no los encuentros. No iba a decirle a Honoka que las tres chicas a espaldas suyas eran tres guerreras legendarias como ella. La científica giró discretamente el rostro, solo para verles apenas por encima de su hombro. Eran tres, una alta con un cabello castaño que apenas si le rozaba los hombros, una menuda chica de cabello azulado a media espalda, y la tercera que parecía encabezar al trío era una delgada joven de rosado cabello peinado en dos coletas bajas, usaba gafas y era la que llevaba más folletos.

¡Cierto, sus gafas! Siempre las olvidaba. Mientras se las colocaba, pudo escuchar lo que ellas platicaban.

─Será muy emocionante ver la cabina desde dentro, he esperado semanas por ésta exhibición ─comentó la chica de cabello rosa con una emoción que hizo reír a sus compañeras─. Gracias por venir conmigo, no me sentía muy segura de venir a Tokio por mi cuenta.

─Hey, no tienes nada qué agradecer, Tsubomi ─respondió la animada chica de cabello azul, incluso se colgó de ella para darle un apretado abrazo─. Nunca te dejaríamos sola en una gran ciudad como ésta, ¿qué tal si te roban? ─rió y miró su otra amiga─. ¿Verdad, Itsuki?

─Erika tiene razón, no podíamos dejarte por tu cuenta aquí, es algo importante para ti, así que es importante para nosotras también ─respondió Itsuki con una linda sonrisa que compartió con Erika─. Y nos hemos divertido mucho hasta ahora. Algún día te vas a subir a una de esas cápsulas espaciales, ¿verdad?

─Bueno, una más moderna, pero sí, es mi intención estar en el espacio algún día ─como aquella vez que pudieron ver su planeta desde el exterior en su última batalla contra Dune, cuando su propio poder llenó de flores el espacio por un instante y en ese momento su futuro tomó forma─. El primer lugar que quiero llenar de flores es La luna ─dijo con un tono emocionado que hizo a sus acompañantes sonreír más.

Y esas palabras llegaron en limpio a los oídos de Honoka. No pudo callar, simplemente no pudo, se giró hacia el trío y se dejó llevar. ─El regolito lunar y las condiciones generales del satélite lo hacen un sitio especialmente árido ─dijo con una sonrisa─. Llenar la luna de flores es un gran reto en las condiciones actuales, pero si me permites una opinión, creo que el primer paso sería comenzar con algo más sencillo como el musgo.

─¡Era justo lo que pensaba! ─respondió Tsubomi con genuina alegría, su mirada brilló tras sus gafas. Por alguna razón, aquellas palabras fueron totalmente bienvenidas. Ante personas nuevas seguía siendo tímida, pero esa chica en especial tenía una presencia cómoda y familiar. Y ya que la atacaron justo donde más lo sentía, se giró por completo hacia ella─. Dejando de lado un poco el asunto de la atmósfera y la gravedad, el suelo lunar carece de nutrientes por estar en un ambiente totalmente distinto a éste.

─Así es, solo son trozos de meteoritos y rocas espaciales, no tienen componentes orgánicos como el propio suelo de nuestro planeta ─continuó Honoka.

─He estado pensando en ello y consideré el musgo, pero el musgo requiere una humedad en el aire constante y la Luna no la tiene, así que es mejor trabajar el regolito lunar como si fuera la superficie de un desierto ─apuntó Tsubomi levantando su pulgar con mucha propiedad─. Y en ese caso, las primeras plantas que podría haber en un suelo árido como ese, serían las cactáceas.

─Entonces, las primeras plantas y flores que podría ver la Luna serían las flores de un cactus si las condiciones son las adecuadas ─agregó la científica con una sonrisa y visible entusiasmo.

─¡Oh, no! ¡Alguien que habla el idioma de Tsubomi! ¡Ya la perdimos! ─exclamó Erika y luego se abrazó dramáticamente a Itsuki. Ésta solo rió un poco. Lo que ninguna de ellas podía negar era la sensación de familiaridad que les daba esa chica─. Oh, soy Kurumi Erika, por cierto. Y solo dime Erika.

─Mi nombres es Hanasaki Tsubomi, mucho gusto ─se presentó la joven con una educada inclinación.

─Myoudouin Itsuki, un gusto conocerte ─fue el turno de Itsuki. Y aunque ella misma era un poco más alta que la chica de cabello oscuro que tenían enfrente, ésta parecía ser algo más madura, se le notaba de inmediato.

─Yukishiro Honoka, también es un gusto para mi conocerlas ─respondió la universitaria─. ¿Vienen desde lejos? Escuché sin querer su conversación.

─Desde el distrito de Kibougahana ─fue la respuesta de Erika─. Tsubomi quería venir a la exhibición espacial y ver los trajes de los astronautas y todo esto. Es bastante genial si me lo preguntas, y nuestra chica quiere ir a llenar de flores allá arriba ─en parte la modista sintió más agrado por la chica de cabello oscuro porque no se burló ni se rió del sueño de Tsubomi. Les ha tocado que algunas personas creen eso como algo demasiado grande, por suerte su Tsubomi tenía más confianza y solo escuchaba a la gente que valía la pena. Miró bien a la chica de arriba a abajo, poco discreta como solía ser─. Por cierto, ese jersey te queda genial, te combina bien con lo que llevas puesto ─opinó libremente, pero al mirar bien el jersey notó los escudos que tenía bordados.

─Lo bueno del jersey del Tecnológico es que viene en varios colores, personalmente prefiero el blanco ─explicó Honoka con una sonrisa. A Nagisa también le gustaba y le pedía usarlo cuando iba a apoyarla a los partidos.

─¿Tecnológico? ─Tsubomi puso un gesto de sorpresa, y luego de mucho asombro─. ¿Eres estudiante de la Universidad Tecnológica de Tokio?

─Sí, recién ingresé, soy novata ─respondió Honoka con su tono suave de costumbre, y pronto notó que las tres se inclinaban de graciosa manera, rió. Más cuando Tsubomi recuperó el habla.

─¡Senpai! ─incluso tomó sus manos con emoción, se sentía en mucha confianza con Honoka por alguna razón que no terminaba de entender pero que tampoco cuestionaba mucho─. Estoy preparando mi examen de ingreso para la misma universidad de horticultura a la que asistió mi abuela, es en mi distrito. Y luego quiero aplicar para una especialidad en química aquí mismo, en Tokio.

A Itsuki y a Erika les constaba que Tsubomi estaba estudiando mucho incluso desde el año pasado para prepararse para ese exámen. Estaban seguras que lo pasaría, así era ella. Por otro lado, ahora comprendían porqué esa chica Honoka tenía esa presencia más madura, era una universitaria completa. Compartieron una sonrisa. Itsuki tenía por plan abrir una nuevo dojo para expandir el estilo Myoudouin. Su hermano se encargaría del principal, ella de la nueva escuela y tenía pensado estudiar Administración en una universidad local para llevar bien el control completo de su nuevo dojo. Erika, por su lado, seguiría en el camino del diseño, pensaba ser una modista en serio. No había universidades especializadas en ello, no aun, pero su padre le sugirió estudiar Fotografía como primer carrera de referencia y tomar cursos de Diseño de Moda y Alta Costura. La chica lo vio como una buena opción, estudiaría en la misma universidad que Itsuki, ahí tenían Fotografía y Periodismo. Era Tsubomi la que iría a una universidad distinta pero relativamente cerca, así que no era como si fueran a dejar de verse.

─Necesitas muchas especialidades si quieres ir al espacio, con el plan que tienes como inicio vas por muy buen camino ─comentó Honoka con una sonrisa. Notó que podían avanzar en la fila y lo hicieron─. Y también tendrás qué mejorar tu condición física.

─De eso me encargo yo ─dijo Itsuki con una sonrisa─. Mi familia tiene un dojo y ellas dos ahora son mis alumnas ─abrazó a cada una por los hombros─. Yo me encargare de poner a Tsubomi muy fuerte para que pueda ir al espacio sin que nada la detenga.

─Ugh, Itsuki, eres un monstruo, aun me duele el cuerpo del entrenamiento de ayer. Mi hermana me tuvo que sacar arrastrando de la cama para llegar a tiempo con ustedes ─se quejó Erika. Y le constaba que Tsubomi estaba adolorida también porque fue ella quien a su vez sacó a Tsubomi de su cama. Al notar que hicieron reír a la universitaria, también se echó a reír. Tenía una risa muy linda.

Honoka estaba muy divertida. Era natural hablar con ellas, no comprendía porqué pero se lo contaría a Nagisa. Ni siquiera con sus compañeros de clase tenía semejante soltura. Es más, algunos de ellos la vieron mientras estaban en sus propios paseos y les causó rareza verla tan amistosa. Y por como le hablaban las otras chicas, rápidamente supusieron que eran conocidas de Yukishiro.

La científica estaba segura de que a Nagisa le caerían muy bien si se las presentara. Además se notaban muy unidas. Sonrió. ─¿Qué más tienen planeado ver el día de hoy?

─Veremos los trajes espaciales. Y según el folleto habrá una conferencia de astronautas ─al decir eso, Tsubomi puso un gesto de desilusión─. Pero escuché que había que reservar primero para los sitios preferentes y un turno para una pregunta, cuando fuimos a pedir información, ya no había boletos disponibles.

─No contábamos con que muchos vendrían a ver a los astronautas, no nos preparamos ─dijo Itsuki con el mismo tono desilusionado─. De haber sabido... Bueno...

─Tendremos otra oportunidad, ya verás ─Erika trataba de animar el ambiente, pero no era como si pudieran hacer algo al respecto.

Honoka les miró un momento, frunció el ceño y tomó a Mipple de su bolsillo. Todo su grupo estaba en una sola red de contactos, también tenía registrado correos de los profesores y tenía precisamente al profesor que los había mandado ahí. Él mismo debía estar ahí rondando y viendo la exposición. Miró a las tres chicas─. Debo ocuparme de algo, ¿podrían guardar mi lugar? No creo tardar demasiado, pero si es el caso y les toca turno, no se preocupen ─salió de la fila─. Ahora regreso ─y se fue casi corriendo, iba con prisa. Mandó mensaje a su profesor y éste le respondió de inmediato. Antes del evento el profesor les dijo que podían pedir boletos extras para la conferencia de astronautas, ventajas de venir directo del Tecnológico. Ella no pidió ninguno extra, Nagisa tenía entrenamiento ese día, los chicos también. Por supuesto, esas entradas extras no tenían turno para pregunta, solo su propia entrada. Ya sabía que hacer.

Regresó con las chicas casi diez minutos después, estaban a un turno de entrar a la cápsula espacial.

─Justo a tiempo, ya casi entramos ─avisó Tsubomi con alivio. Detrás de ellas tres había muchas más personas.

─No tardé mucho, por suerte ─dijo Honoka con una sonrisa, regresó a su sitio y sacó cuatro boletos, entre estos estaba el propio. Los repartió con ellas─. ¿Vamos juntas a la conferencia? Tengo que estar ahí de todos modos, todo mi grupo debe asistir.

─Ah... Ah... ¿En serio? ─la florista miró su boleto, notó que era distinto al de los demás─. Ah, pero, pero...

─Tenía derecho a pedir boletos extras para acompañantes. Vine sola, así que lo mejor es aprovechar las entradas ─dijo con una sonrisa, señaló el boleto de Tsubomi─. Si quieres hacer una pregunta, úsalo. Creo que tu pregunta será mucho mejor que la mía.

─¡Muchas gracias, eres genial! ─exclamó Erika, su Tsubomi estaba tan contenta que no podía ni hablar.

─Muchas gracias por esto, significa mucho para Tsubomi ─la artista marcial estaba emocionada también─. Tsubomi, tú querías preguntarle algo a los astronautas, ahora podrás hacerlo.

─Muchas gracias, senpai, gracias ─la florista se inclinó toda, pero sintió cuando la universitaria la hizo levantarse─. Ah...

─Iremos juntas, será divertido ─sonrió, ya casi era su turno para entrar.