AVENTURAS EN TOKIO

XXXIII. Anexo 2

"¿Qué es lo primero que llevarían de la Tierra a la Luna para que la Luna se sienta más como en casa?"

Esa fue la pregunta de Tsubomi para los astronautas, había cuatro, tres hombres y una mujer, todos con muchos años de experiencia, cientos de horas de estudios, de maestrías en diversas especialidades y todos con un punto fuerte que los hacía esenciales en cualquier misión. Seguir también una especialidad en química sería de mucha ayuda, luego de escuchar la conferencia tenía mucho más claras las ideas. Sí, sería una astronauta, alguien que llevaría flores al espacio. La respuesta de los astronautas fue variada según cada caso, pero la respuesta de uno de ellos, un hombre grande entrado casi en sus cincuenta años, dijo que lo primero que llevaría a la luna serían las plantas. Flores y árboles, musgo, pasto, todo lo verde que pudieran.

Tsubomi quedó totalmente feliz luego de la conferencia y también el resto de la exposición. Compartieron su paseo con Honoka. Se cayeron muy bien entre sí, lo suficiente como para intercambiar contactos y tomarse una foto juntas. Ya pasadas las seis de la tarde las tres visitantes se despidieron de la universitaria, debían volver a casa, estaban a más de tres horas de distancia y no tenían en planes llegar cerca de la medianoche.

─Fue un gran día, ¿verdad? ─comentó Erika ya en el tren bala, estaba sentada con tanta soltura como el asiento se lo permitió. Era un sitio cómodo, le quedaba amplio por culpa de su menudo físico─. Y miren, llevamos todos estos regalos, Futaba va adorar esto ─levantó una de sus bolsas, llevaba un lindo peluche de astronauta, la más pequeña de los Hanasaki estaba cerca de los cuatro años y sentía mucha curiosidad por los juguetes brillantes, lo mejor era llevarle algo suave y ese peluche estaba hecho para infantes. Era perfecto. Para su hermana llevaba una agenda con diseños de planetas y estrellas, muy elegante, y para sus padres llevaba llaveros con forma de estrellas.

─Consientes demasiado a Futaba, no sé cómo pero la llenas de mucha energía y luego no quiere dormir su siesta ─se quejó Tsubomi, ella llevaba una pequeña camisa para su hermana menor, a sus padres les compró pañuelos y ella misma llevaba una camisa conmemorativa del evento, pero esa se la regaló Honoka─. Dile algo, Itsuki.

─Sabes que los regaños no funcionan con ella, Tsubomi, lo que debes hacer es amenazarla y cumplir la amenaza ─asintió la artista marcial. Estaba sentada en el asiento de frente, así que se inclinó un poco hacia el par y éstas por mera inercia se acercaron también─. Puedes no darle besos por unos días, y puedo no darle besos por esos mismos días ─y dicho eso, depositó un dulce beso en los labios de Erika.

─¡Oye, eso es cruel! ─se quejó la modista de inmediato.

─¿Ves? Debes ser firme, consientes mucho a Erika, Tsubomi ─dijo con una risa pequeña y volvió a su sitio, ellas también.

─Entonces no alborotes tanto a Futaba, Erika, pórtate bien y tendrás lo que quieras ─asintió la florista. Le era complicado no mimar a Erika en especial, era demandante y antes de darse cuenta ya la tenía en brazos haciendo de las suyas.

─De acuerdo, de acuerdo, me portaré bien, ustedes dos son malas ─hizo un gracioso berrinche que nadie se creía a esas alturas─. Peor cuando se juntan en contra mía.

─Te amamos, Erika, pero a veces no sabemos de dónde sacas tanta energía ─dijo Itsuki con una sonrisa, procuró decirlo en baja voz, por cierto. Que fueran chicas era una cosa, pero que las tres tuvieran algo más íntimo y romántico completamente consensuado era un escalón más arriba─. Y aprovechas que Yuri ya no nos vigila tan seguido, ni ella ni tu hermana están para controlarte ─el par estudiaba en una universidad local, la misma a la que Erika y ella asistirían. Yuri recibió la invitación formal de parte de Momoka para ser su representante y Yuri aceptó. Pasaban todo el tiempo juntas porque además eran compañeras de cuarto, estudiaban periodismo.

─No, pero basta que me acusen con ellas cuando van a casa ─se quejó la modista.

─Y lo tienes bien merecido, lo sabes ─rió la florista y tomó la mano de Erika, la estrechó con cariño haciéndola sonreír. Se fijó que nadie les viera y aprovechó para besar la mejilla de Erika─. Te amamos como eres, pero no por ello te vamos a dejar volar la casa un día de estos con toda la energía que tienes.

─De acuerdo, de acuerdo, me calmaré ─sonrió─. Por cierto, lástima que Coffret y los demás no pudieron venir, les habría gustado.

─Decidieron pasar el día en vigilia con Coupe, quieren ser tan fuertes como él y por alguna razón pensaron que quedándose quietos como él podrían avanzar más ─dijo Itsuki con una risa, dudaba mucho que Potpurri durara más de diez minutos sin mover un solo músculo─. Hey... ¿También sintieron como si conocieran a Honoka desde antes? ─preguntó Itsuki cambiando un poco el tema.

─Sí, lo sentí también, como si fuéramos amigas desde antes ─respondió primero Tsubomi─. Me agradó mucho, es muy lista y muy guapa, ¿verdad? ─agregó con visible emoción.

─Oh, mira, a la señorita de las flores no le basta con nosotras dos, también quiere a la estudiante del tecnológico ─dijo Erika con gracioso y malvado tono, hizo sonrojar a Tsubomi y reír a Itsuki─. Eres insaciable, señorita Hanasaki.

─¡Erika, no digas eso! ─comenzó a sacudirla por el cuello de la ropa, y luego le habló en voz baja─. Y no puedes reclamar eso cuando tú no paraste de decirle a la cara lo guapa que es.

─Porque lo es ─y jaló las mejillas de Tsubomi para pelear un poco.

Itsuki las conocía y ni siquiera hizo el intento por separarlas. ─Cuando nos enseñó la foto de su compañera de piso también se me hizo algo familiar ─dijo enseguida─. Y antes de que lo supongan siquiera, sí, Honoka me pareció guapa, y su compañera de piso también y eso que solo la vimos en foto... Y no, no quiero a nadie más que ustedes dos, así que no tienen nada qué reprocharme ─ya se estaba adelantando a sus reclamos fingidos y vio sus gestos de graciosa indignación.

─No eres divertida ─se quejó Erika─. Pero sí, también sentí como si la conociera.

─Es algo misterioso pero emocionante, ¿verdad? ─comentó Tsubomi con emoción, al fin soltó a Erika para sobar sus propias mejillas, Erika no la lastimaba pero siempre se dejaba sentir. Sintió que su compañera le quitaba la mano y besaba su mejilla enrojecida, sonrió y Erika correspondió la sonrisa con una igual─. Gracias.

─Puedo escuchar el carrito de bocadillos desde aquí, yo invito, ¿quieren algo? ─preguntó la artista marcial. Ella aun tenía dinero, solo compró tazas de té conmemorativas del evento. Y ninguna de sus acompañantes negó la invitación.

El resto de su viaje de regreso a casa fue tranquilo. Arribaron a la estación de su distrito pasadas las nueve de la noche, pero lo bueno de vivir en un sitio como ese era que se trataba de una ciudad muy tranquila. Podían andar perfectamente bien en medio de la noche y a lo más que deberían temerle era a perder alguna de sus bolsas en el viaje... Y era todo. Tokio era una locura a comparación de Kibougahana. Pocas personas andaban por las calles a esa hora. Tenían ya un plan para esa noche. Iban directo a la casa de Itsuki a una de sus tantas pijamadas.

─Pasemos por más dulces antes de que lleguemos a mi casa, necesitamos bocadillos de medianoche ─dijo la artista marcial con una sonrisa. En la alacena de su casa no solía haber muchas cosas dulces, la comida que acostumbraban era demasiado sana. No que se quejara pero le gustaba consentirse un poco con todas las golosinas que se negó a sí misma por tanto tiempo.

─De acuerdo, vamos, compremos patatas también y unas galletas. Quizá encontremos pasteles ─tan solo pensar en ellos hizo que Erika sintiera antojo, revisó la hora en su teléfono─. O quizá no, ya es tarde.

─Fuimos muy lejos, es normal ─comentó Tsubomi con una sonrisa. Justo caminaban por un sendero bordeado solo de flores y faros, en ese momento sintió su corazón latir un poco más fuerte. Y con todo y su rostro ruborizado, tomó por la mejilla a Erika para besarla, lo hizo suave y breve, solo un instante antes de hacer lo mismo con Itsuki, aunque con ésta última debía alzarse en la punta de sus pies y hacer que su compañera se agachara un poco─. Gracias por acompañarme hoy, en serio... Yo... La pasé muy bien ─sintió que Itsuki la abrazaba por los hombros y que Erika se colgaba de su brazo por su costado libre. Sonrió.

─Y la pijamada será aun mejor, ya verás ─dijo Erika con una sonrisa enorme.

─Hay que apurarnos o no alcanzaremos abierta la tienda ─la artista marcial fue quien las animó a apresurar el paso.

Era una hermosa noche de verano, perfecta para una piyamada.