AVENTURAS EN TOKIO

XXXVI.

Nagisa ya estaba enfrente del complejo de apartamentos, por la hora su padre seguramente aun no llegaba a casa, faltaban un par de horas para ello. Debía esperarlo, mientras seguiría una plática normal con su madre y descansaría otro rato si tenía oportunidad. En cuanto llegara su padre hablaría con todos. Tomó aire y fue directo a casa. Las amplias escaleras del complejo le hicieron sonreír. En su propio apartamento tenía que sujetar bien su bicicleta para no chocar con los muros de la estrecha escalera.

─Todo saldrá bien-mepo ─dijo Mepple desde el bolsillo de Nagisa─. Los demás te lo dijeron, tu familia lo entenderá-mepo ─tomó su forma física normal y se acomodó en el hombro de Nagisa─. Yo estaré contigo-mepo.

─Gracias, Mepple ─respondió Nagisa con una sonrisa y le dio un brusco cariño en la cabeza que el héroe se dejó hacer. Soltó un largo suspiro para reunir valor, para reunir seguridad. Juntó sus manos entre sí y sintió la pulsera tejida que Honoka le hizo. La miró, sonrió al ver el símbolo de "Victoria". Sí, Victoria. Tendría que luchar para salir victoriosa de todo eso. El mejor resultado era que su familia la aceptara, y lo peor que podría pasar era que la rechazaran. El último caso sería bastante triste, pero estaba dispuesta a afrontar lo que fuera por poder permanecer al lado de Honoka. No podía imaginarse un futuro sin ella a su lado, así de simple.

Llegó a casa. Tragó saliva y tomó mucho aire mientras tocaba y abría la puerta a la vez, aun tenía la llave de su casa. Su hermano fue el primero en recibirle, estaba en la sala de estar viendo la televisión. ─¡Hermana, bienvenida! ─el chico intentó hacerle una llave de cobra sorpresa, pero no pudo, Nagisa se la devolvió─. Me rindo, ¡me rindo!

─Te faltan cien años para derrotarme, enano ─rió Nagisa, lo soltó y le dio unos cariños en la cabeza hasta despeinarlo. Se quitó el calzado─. ¡Mamá, estoy en casa!

─Nagisa, bienvenida. Ya casi está la comida, ve a lavarte las manos ─indicó su madre, solo se asomó lo suficiente para verla antes de volver a la estufa. Bien sabía que Nagisa siempre comería lo que le ofreciera aunque hubiera comido unos minutos antes, el estómago de su hija era un pozo sin fondo prácticamente legendario entre todos sus conocidos.

─¡De acuerdo...!

La deportista fue directo a su habitación para dejar su mochila. Apostaba que Honoka ya estaba en su casa también, con la diferencia de que seguramente sus padres sí estaban presentes, ellos trabajaban desde casa ayudados por sus teléfonos y las computadoras, lo sabía por todo lo que platicaron durante el cumpleaños de Honoka. Lo que sí sentía mucho mejor en su ciudad natal era que se hacía menos calor a comparación de Tokio. Se lavó cara y manos y fue a la cocina con su madre.

Estar con su familia la ponía muy feliz, así que la deportista se dejó llevar por el ambiente familiar que tanto amaba y comenzó a platicar con su hermano y su madre. Ryouta le contó que ahora estaba en el club de tenis de la escuela, decidió irse a lo más grande y ahora estaba entrenando duro para mejorar su técnica. Nagisa les contó del campamento de entrenamiento y de los partidos que ha tenido, incluso les mostró las grabaciones de algunos partidos que Honoka le había pasado al teléfono. Y mientras la plática y la comida pasaban, Nagisa no dejaba de revisar la hora a cada rato, su padre ya no debería tardar en llegar, es más, su madre adivinó por mero instinto la hora en que su marido llegaría y comenzó con la cena con ayuda de Nagisa.

Y como nada se le escapaba a la matriarca de los Misumi, notó a Nagisa más hacendosa de lo normal. Normalmente estaría en su cuarto descansando luego de todo ese ejercicio que le contó que hizo. Sabía que estaba ansiosa por algo, podía leer bien a su hija. ─¿Y qué es lo que pasa contigo, eh? ¿Tienes algún problema? Normalmente me ayudas de más cuando estás metida en un lío, como cuando me traías tus notas de secundaria ─dijo con una risa. Sabía que no era por las calificaciones, desde la visita pasada sabía que tenía muy buenas notas y se las felicitó en su momento.

─Ah... Yo ─la deportista suspiró hondo y miró a su madre─. Prefiero que llegue papá primero para contarles a todos, ¿está bien, mamá?

─De acuerdo, si lo prefieres así, esperemos por tu padre ─le dio un cariño en la cabeza─. ¿No es algo grave, verdad?

─No, nada de eso. Es más, lo otro que puedo contarte es que pronto seré candidata a la beca completa si mantengo mis notas altas ─y a eso, recibió una gran sonrisa de su madre. Sonrió también al ver esa sonrisa.

─Nagisa, eso es maravilloso, me alegro mucho por ti ─le dio un cariño en la espalda incluso. Rie estaba realmente feliz por su hija─. Me preocupaba mucho que estuvieras solo con media beca, incluso tu padre estaba pensando en mandarte mesada como antes.

─No, mamá, no es necesario. La entrenadora dice que ya hay algunos patrocinadores que me tienen en la mira, así que no tendré mucho problema de dinero ─explicó─. Y sabes que comparto los gastos con Honoka por la mitad ─y no era necesario decir que faltaban muchos meses aun para tener que pagar la renta gracias a los padres de Honoka─. Puedo estar bien por mi cuenta, así que no se tienen qué preocupar por mi ─señaló con clara malicia a su hermano─. Mejor cuiden bien de ese mocoso, aun le falta mucho por crecer ─rió y su hermano le peleó un poco.

Entre risas, algunas peleas y algo más de plática, Takeshi Misumi llegó a casa luego de un largo día en la oficina. Y llegó a buena hora, a veces trabajaba tiempo extra, pero cuando se daba el caso avisaba por mensaje a su esposa para que no le esperaran a cenar. El jefe de la familia también recibió a su hija con marcado y brusco cariño y fue a darse una ducha mientras la cena estaba lista. Cenarían juntos de todos modos.

─Y me dijo que estaba demasiado obsesionado con la hora de comer, y entonces le dije: no sé a qué te refieres croquetamente, ¡ja! ─Takeshi atacó con su mejor chiste del día a su familia. Sus hijos pusieron mala cara, solo su esposa rió.

─¡Cariño, eres muy gracioso! ¡Ja, ja, ja!

─Aun no entiendo esas bromas, hermana, tienes suerte de ya no escucharlas a diario ─murmuró Ryouta con una sonrisa nerviosa.

─Una de las ventajas de ser independiente, supongo ─respondió Nagisa con el mismo gesto que su hermano. Y ya con todos en la mesa, encontró la oportunidad perfecta. Se acabó el agua de su vaso de un trago, se sintió con la garganta seca de repente. Aclaró su garganta para llamar la atención de todos─. Mamá, te dije que debía hablar con ustedes y lo haré... Hay algo importante que debo decirles ─tomó aire de nuevo, de pronto se sintió nerviosa.

Y el cambio de humor, sus nervios y el que incluso perdiera un poco de color de su tostado rostro puso seria a su familia. ─¿Es algo malo, hija? ─preguntó Rie mientras se llevaba una mano a la boca.

─N-no es malo, creo... Digo... Yo ─sintió que los ojos le ardían, y no se veía a sí misma pero estos se habían enrojecido por culpa de unas repentinas ganas de llorar─... Solo no quiero que piensen que soy... Que soy rara o algo así...

─Dinos qué pasa, hija, estaremos para ti si es algo grave, anda, dinos ─dijo Takeshi e incluso se estiró lo suficiente para tomar una de las manos de su hija, la tenía justo al frente─. Habla, Nagisa, te escuchamos ─y estrechó más su mano.

─Yo... Yo ─apretó la mano de su padre y sentir que su hermano tocaba su brazo en señal de apoyo fue suficiente para soltar su lengua─... Yo estoy saliendo con Honoka... Románticamente. La amo, es mi novia y... Y yo quería que ustedes lo ─notó que sus padres y hermano suspiraban de alivio e incluso la soltaron─... Lo supieran... ¡Hey! ¿Qué pasa con ustedes?

─Pensamos que era algo muy malo ─dijo la mujer mientras se daba un poco de aire con ambas manos─. Como que estabas en líos o que tenías problemas con alguien en la escuela.

─Yo pensé que te estaban chantajeando yakuzas o algo así, dicen que en Tokio hay muchos ─mencionó Takeshi con recuperada calma y siguió cenando.

─Hermana, no nos asustes así, casi haces que me dé un dolor de estómago por el susto ─reprochó Ryouta y regresó tranquilamente a su cena.

─¡Acabo de decirles que salgo con mi mejor amiga y reaccionan así! ¡Argh, no puedo creerlo! ─reclamó Nagisa y se sentó de golpe mientras comía con gracioso enfado─. ¡Estoy saliendo con una chica!

─Lo dices como si fuera algo malo, cariño ─dijo Rie entre bocados─. Además siempre hemos sabido lo que sientes por Honoka, ¿crees que puedes ocultarle algo así a tu madre?

─Intercambias chocolates con ella en San Valentín desde hace cuatro años, Nagisa, ni siquiera a nosotros nos das de los chocolates que haces a mano, nos tocan los comprados ─se quejó Takeshi─. También salen el Día Blanco, y no tengo qué mencionar las navidades, el festival del Templo de Wakabadai y...

─¡Ya entendí, ya entendí! ¡Aaah, ustedes son imposibles! Estaba muriendo de nervios por decirles y arruinan todo con esa reacción, ¡casi se me sale el corazón cuando les dije eso! ─se quejó y luego fue a servirse una ración más. Se sonrojó un poco─. Pensé que... Que creerían que esto no es normal...

─Si tú eres feliz, entonces nosotros estaremos felices por ti, Nagisa ─dijo Takeshi con una amplia sonrisa, miró a su esposa e hijo─, ¿verdad? ─y ambos asintieron.

─Nagisa ─la madre de familia dio un sorbo a su vaso, miró a su hija con suave gesto─. Sabes en lo que te estás metiendo, ¿verdad, hija?

─Sí ─solo se le escapó una lágrima que pudo secar antes de volver a la mesa, estaba más compuesta en ese momento, más aliviada─. Somos discretas, solo unas pocas personas allá lo saben y teníamos que decirles a ustedes también. Honoka se lo debe estar diciendo a su familia justo ahora.

─Siempre te apoyaremos, Nagisa, eso nunca lo olvides. Además estás con alguien a quien quieres ─ésta vez el gesto de Takeshi sí se puso un poco serio─. No te miento, la tendrán muy complicada si más gente las descubre.

─Eso lo sabemos, papá, quedamos en ser discretas con esto. Y no es difícil ─explicó la deportista, no tenía que agregar que estaba acostumbrada a guardar secretos con Honoka─. Nos las hemos arreglado bien hasta ahora y ─pero no pudo seguir, su hermano la interrumpió.

─Estoy feliz por ti, hermana, pero preocupada por Honoka ─dijo el chico entre bocados, claro que hizo enfadar a Nagisa por anticipado─. Lidiar contigo todo el día la va a volver loca, je, je, je...

─¡Enano pedazo de...! ¡Ahora verás!

Y la plática perdió toda la seriedad desde ese momento gracias a la pelea de los hermanos, sus padres les riñeron, el par se calmó y luego la cena siguió con normalidad. De todos modos, Takeshi y Rie quedaron en hablar con Nagisa luego de la cena. Sabían que Nagisa hablaba muy en serio con respecto a esa relación, solo querían indagar un poco más en los planes que tenía con Honoka. No sería una plática tensa, eso era seguro. La deportista estaba demasiado feliz, tenía a la mejor familia que alguien podría pedir.

Mientras, en casa de los Yukishiro, Honoka no tuvo "mejor suerte" que Nagisa.

También esperó a la hora de la cena para poder hablar con sus padres, no quiso interrumpirlos antes porque estaban en una reunión por webcam con un socio, así que la pasó platicando con su abuela mientras bebían té y disfrutaban de la fresca brisa del jardín. Chuutaro estaba pegado a los pies de Honoka y ésta aprovechó para tomarse unas fotos con su perro.

Algo que seguía siendo un misterio para Honoka, era el hecho de que su abuela siempre parecía saber mucho más de lo que aparentaba. No iba a mentir, se sentía nerviosa desde que llegó a casa.

─Todo estará bien, Honoka, ya verás ─dijo la sabia mujer mientras miraba el cielo claro y brillante. Dio un sorbo a su té sin mirar a su nieta.

─Ah, abuela ─la chica no sabía exactamente qué responder a eso, pero las palabras ajenas la calmaron lo suficiente para poder seguir con su tarde hasta que llegara la hora de la cena.

Honoka siempre anheló esas comidas familiares, con sus padres ahí junto a su abuela, los cuatro juntos. Llegaron para cuando ella tenía que estar lejos de casa, pero no se quejaba mucho por ello, así se dieron las cosas y Honoka Yukishiro nunca se quejaba, siempre trabajaba con lo que le daban. La hora de la cena llegó y Sanae contaba sobre los paseos y pláticas que tenía con la pareja, sus padres le contaban lo bien que iban los negocios en esa nueva modalidad, Honoka platicó sobre lo mucho que se divertía en la escuela y viviendo con Nagisa y...

─Abuela... Papá... Mamá... Tengo algo qué decirles ─la universitaria tomó aire, trataba de mostrarse segura, pero sus manos temblaban justo por debajo de la mesa, se sujetó su falda con fuerza y apretó los ojos─. Es algo importante ─al abrir los ojos de nuevo, notó la seriedad en el rostro de sus padres, su abuela estaba calmada.

─Sabes que puedes confiarnos lo que quieras, Honoka ─dijo Aya y la sujetó por un hombro. Se le notaba preocupada, cuando a su pequeña le preocupaba algo era porque se trataba de un asunto que le pesaba en el corazón.

─Habla, hija, te ayudaremos en lo que sea que necesites ─agregó Taro, tomando el otro hombro de su hija. Por un momento su mente se fue muy lejos, esperaba que no tuviera problemas en la escuela, o con profesores o quizá alguien que la molestara o...

─Yo... Estoy saliendo con Nagisa. Tenemos una relación romántica justo ahora y ─apretó un poco más sus manos. Aunque su primer impulso fue bajar el rostro, ver la pulsera que Nagisa había armado para ella la hizo sonreír. Pudo ver ese kanji no del todo bien trazado pero lleno de buenos deseos, ese "Éxito" que más de una vez le ha cargado de energías durante su día a día. Sonrió y miró a su familia con seguridad─... Amo a Nagisa, sé que no es lo normal, pero no puedo evitar sentir esto en mi corazón y...

Y tampoco pudo decir más, sintió ese asfixiante abrazo lleno de amor de sus padres. Siempre le sacaban el aire y fue su abuela la que evitó que mataran de amor a la más joven de los Yukishiro.

─Mi pequeña Honoka, nos asustaste por un segundo, pensamos que sería algo grave ─dijo el negociante con dramático gesto, al menos aflojó el abrazo─. Además ya sabíamos lo que sientes por ella.

─¿Eh? ─eso sí la hizo sonrojarse. De Hikari y los demás era natural que se dieran ideas porque se veían a diario pero... ¿Sus padres? ¡Solo la visitaban una vez al año!─. Pero... ¿Cómo?

─Lo notamos año con año, Honoka ─explicó Aya, besó su frente. El viajar tanto y conocer a todo tipo de gente los había vuelto muy físicos, contrario a como solía ser el ciudadano japonés promedio─. Lo notamos en tus cartas, en tus llamadas, en tus ojos cuando llegaban tus cumpleaños y en todos estaba Nagisa a tu lado. Lo sabemos desde entonces.

─Ah... Entonces ─se recargó en el pecho de su madre. Pasó lo mismo que con los demás, ¿acaso era tan obvio? No podían haber sido tan distraídas esos tres años, ¿verdad?─... ¿No creen que sea algo... Algo raro?

─No, mi pequeña, no lo es. Al menos no para nosotros y menos si eres feliz así ─dijo Taro, logró que todos regresaran a su sitio en la mesa─. Hablaremos bien de esto cuando acabemos de cenar, ¿de acuerdo?

─De acuerdo.

Quizá las chicas esperaban demasiado escándalo por anticipado, y en parte así fue, pero no como lo imaginaban. Era gracioso que todos percataran sus sentimientos mucho antes que ellas mismas, que eran las enamoradas.