¡Buenas! Aquí dejo el capítulo 2… me quedé un poco atascada y de repente anoche lo acabé del tirón. He intentado hacerlo un poco más ameno :) Espero que os guste.
Aviso: Pensamientos en cursiva y diálogo entre comillas.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
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Tres meses habían pasado desde que empezó a entrenar con Aomine y lo más cerca que había estado de ganarle fue un día en el que la brecha quedó en doce puntos. Bueno, 'entrenar' no era la palabra adecuada, más bien se dedicaban a gastar toda su energía jugando intensamente en un uno contra uno. Poco a poco, Kagami había ido observando rasgos del peliazul que no destacan mucho si no te fijas, o más bien, que no puedes apreciar si no te has pasado horas y horas jugando contra él como el pelirrojo había hecho. Por ejemplo, antes de tirar a canasta siempre ensancha su sonrisa de forma casi imperceptible; si va a hacer una finta te mira directamente a los ojos un par de segundos más que de costumbre, o si su brazo se tensa sin previo aviso, es porque le va a imprimir al balón un cambio de ritmo. Aomine Daiki, realmente eres un monstruo del baloncesto.
Kagami caminaba hacia la pista de su barrio como ya acostumbraba a hacer a diario. Era su momento favorito del día. No es que le agradara Aomine, ni siquiera se llevaban bien, pero últimamente parecía que la distancia entre ambos se había estrechado un poco. Al menos ahora podemos mantener una conversación civilizada, pensaba el pelirrojo entrando a la cancha.
"¡Eh, idiota!." Bueno, casi civilizada. Aomine ya había llegado, se encontraba de pie en medio de la cancha, pero vestía el uniforme de su instituto. Era la primera vez que Kagami lo veía con esa ropa.
"¿Qué maneras son esas de dirigirte a alguien? Y, ¿piensas jugar así vestido?," inquirió levantando una ceja. La verdad es que no le haría ninguna gracia perder contra el moreno calzando zapatos.
"Mañana tenemos partido y Satsuki me ha prohibido jugar," contestó monótonamente, no parecía importarle lo más mínimo. ¿Entonces qué mierdas haces aquí?, pensó Kagami empezando a cabrearse un poco, aunque no sabía muy bien cuál era el motivo de su cabreo ya que a él le parecía perfectamente lógico no excederse el día antes de un partido. "Como me aburría, me he acercado a avisarte," continuó el peliazul.
"¿Así que si no te 'hubieras aburrido' me habrías dejado aquí tirado?." Aomine sonrió en la lejanía. Sí, por alguna extraña razón, siempre mantenían las distancias fuera de la pista. Algo bastante estúpido para Kagami, pero aún así no se acercó más. "Bueno, no se te ocurra perder mañana. Seré yo el próximo que te gane."
"Je, puedes intentarlo…" El silencio se hizo entre ambos. El pelirrojo no sabía exactamente por qué no se retiraba a su casa si no iban a jugar, pero se sentía cómodo ahí, de pie, observando a un Aomine perdido en sus pensamientos. "Eh, Kagami, ¿tu casa está cerca?"
La pregunta le pilló por sorpresa, ¿Mi casa? ¿para qué querrá saber dónde está mi ca–, "Si… a unas dos calles de aquí." ¡Mierda! ¿Por qué he contestado tan rápido? Maldita sea… siempre igual.
¿Habéis experimentado alguna vez ese momento en el que tu cerebro no ha terminado de asimilar la situación, y aún te hallas sopesando los pros y los contras de algo cuando tu cuerpo ya ha hecho lo que le ha dado la gana antes de que tú se lo ordenaras? Pues Kagami Taiga era un experto en esas situaciones, siempre actuaba antes de pensar.
"Vamos," dijo el peliazul con gesto firme mientras se acercaba, dispuesto a seguirlo.
"Claro que no pienso llevarte a mi casa," respondió Kagami, mirando al moreno con la mejor expresión de 'ni de coña' que era capaz de poner. Aomine paró a un palmo de distancia, le miró a los ojos fijamente, sus labios formaron esa sonrisa suya de suficiencia y añadió:
"¿Y qué piensas hacer? ¿Quedarte ahí parado hasta que anochezca?." Maldita sea, el imbécil de Aomine siempre le sacaba de sus casillas, pero tenía razón, no le quedaba otra que aceptar. El pelirrojo cerró los ojos y suspiró profundamente antes de dar media vuelta y poner rumbo a su apartamento.
Jamás se le habían hecho tan largas esas dos calles que separaban su casa de lo que ya parecía ser su segundo hogar. Caminaba velozmente, pero los pasos de Aomine a su espalda por alguna razón lo mantenían alerta, inquieto y… ¿nervioso? Ninguna palabra salió de ninguno de los dos jóvenes en lo que duró el trayecto. El pelirrojo se maldijo interiormente unas cuantas veces antes de empezar a maldecir a su compañero. Mientras tanto, el jugador de Tõõ caminaba con las manos en los bolsillos mirando indiferente al frente, a la espalda de Kagami, para ser más concretos.
"Es aquí." Kagami subió las escaleras que llevaban a su apartamento. Al llegar a la puerta, en vez de abrirla se giró para enfrentar a la que parecía ser su nueva lapa, "¿Qué es lo que quieres exactamente?," le miró, inquieto.
"Zapatillas."
"¡¿EHH!?." Gritó Kagami. No entendía nada.
"No puedo jugar con los zapatos del instituto, y Satsuki me quitó mis deportivas 'por precaución'," Aomine entornó los ojos con las últimas palabras y le miró. El pelirrojo parecía estar trabajando realmente duro para entender la situación. "Supuse que tú tendrías más de un par de zapatillas de basket, y parece que calzamos más o menos el mismo número," añadió, como si tratara con un niño.
"¿Vamos a jugar? ¿Pero no tienes partido mañana? Además, Momoi, eh, Momoi-san, te lo ha prohibido"
"¿Alguna vez me has visto hacer caso a Satsuki?." Vale, ahí le había dado.
No es sólo que Aomine no necesitara descansar antes de un partido, es que podría jugar tres partidos seguidos y seguir con energía, es más, si alguien le prohibía algo, las probabilidades de que Aomine lo llevara a cabo aumentaban un 200%. Kagami suspiró una vez más, se giró y abrió la puerta.
"Voy a por las zapatillas, quédate aquí y no toques nada." Dejó al peliazul en la entrada, al cual no le faltó tiempo para descalzarse y entrar hasta la cocina, mirando todo lo que pudiera interesarle. "¿Te dejo algo de ropa de deporte, ya que estamos?," gritó el jugador de Seirin desde su habitación, mientras rebuscaba en un cajón.
"No estaría mal," susurró el peliazul a su espalda. Escuchar a Aomine detrás de él lo sobresaltó demasiado y dio un respingo golpeándose contra el armario.
"¡Ahh! Joder… ¡Aomine! ¿¡No te he dicho que te quedaras en la entrada?!
"¿Por qué te pasas el día gritando?"
"¿Por qué entras en la casa de la gente sin permiso e ignoras todo lo que te dicen?" El cabreo de Kagami era palpable e iba en aumento, aunque eso era algo bastante normal teniendo en cuenta que trataba con Aomine. "Ponte esto, voy a mirar si me he hecho algo en la cabeza," añadió mientras le lanzaba una camiseta de deporte y unos shorts a la cara y le hacía entrega de su peor mirada de 'muérete'.
El moreno a su vez respondió con su cara de malas pulgas 'made in Aomine', pero obedeció. Kagami se miró la cabeza en el baño, no parecía haberse hecho nada, así que se lavó la cara y se miró en el espejo. Estaba ligeramente sonrojado. Abrió más los ojos, sorprendido de verse así, ¿Qué cojones…? Ese maldito de Aomine me cabrea tanto que hasta me sube la temperatura. Joder. Volvió a lavarse la cara con agua fría y salió. Aomine estaba tirado en el sofá con la ropa de deporte ya puesta, cotilleando algunas de sus cosas.
"¿Contento? Vamos, esta tarde me has cabreado tanto que definitivamente te voy a ganar," dijo el pelirrojo. Se atisbaba una sonrisa de impaciencia en su rostro. Ya empezaba a estar de mejor humor. Por alguna razón, jugar con Aomine le agradaba mucho, demasiado para su gusto… "¡Y deja de tocar cosas que no te pertenecen!"
El camino de vuelta se hizo más ameno, el jugador de Seirin ya había llenado su cabeza de baloncesto, y no le importaba ir acompañado de su mayor rival, no le importaba sonreír por la calle con cara de estúpido y ni siquiera recordaba haberse sonrojado por culpa del peliazul. Todo quedaba en segundo plano cuando de baloncesto se trataba.
Ese día, también perdió.
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Estaba siendo la peor semana desde hacía meses. Estaban en plenos exámenes finales del semestre y no había tiempo para nada, Excusas, siempre hay tiempo para un uno contra uno. El idiota de Bakagami se había negado a enfrentarlo hasta que acabara sus finales, y eso le estaba volviendo loco. No iba a admitir que últimamente le estaba gustando enfrentarse al pelirrojo, eso jamás, pero sí que admitiría que no podía pasar ni un solo día más sin jugar a basket.
"¡Dai-chan!," lo llamó una voz aguda de chica, "¿Qué estás haciendo? Aún queda la clase de matemáticas," añadió enfadada al ver que su interlocutor se marchaba de la clase antes de tiempo.
"Hoy me voy antes, Satsuki." La verdad es que si ya se saltaba de normal alguna que otra clase, esas semanas había faltado demasiado. Estaba totalmente inapetente, no hacía nada aparte de sus funciones vitales y contar las horas que quedaban para volver a enfrentarse al ala-pívot de Seirin. Tsk, maldita sea… ¿cuándo va a terminar ese idiota sus exámenes?. Al principio no le había afectado tanto el 'síndrome de abstinencia' ya que también había tenido su propia batalla con los finales, pero en Tõõ habían acabado unos días antes y ya no tenía nada que hacer, por lo que su cuerpo le pedía desfogarse llegando a ese límite físico que sólo alcanzaba con Kagami.
"¡Ah, mooo~!," la pelirrosa hizo un mohín de enfado. Nunca había conseguido controlar a su amigo de la infancia, "Como quieras, pero recuerda que esta semana envían los resultados del sorteo, tienes que estar atento."
"Sí, sí, ya lo sé," respondió Aomine, perezoso. Ni puta idea de lo que me hablas… ¿sorteo? ¿qué sorteo?. Ahh, creo que en el número de este mes sorteaban una foto firmada de Mai-chan, me pasaré a comprar la revista. El peliazul abandonó el instituto algo más feliz con ese nuevo pensamiento en mente.
Aomine podía parecer normal a simple vista, pero tornaba realmente estúpido con un álbum de su querida Mai-chan entre las manos. Iba por la calle con la mirada embobada en las páginas y una sonrisa ladeada en la cara, pareciendo totalmente el idiota que era. Iba tan ensimismado en sus 'dos amigas' que se dio cuenta de milagro de que había llegado a su apartamento.
Al entrar, revisó el buzón como de costumbre. Casi nunca había nada que no fuera publicidad, pero como se alimentaba de pizzas y comida a domicilio muchos días, siempre la recogía. Esta vez había algo más entre las fotos de pizzas y ramen, ¿Una carta?, giró el sobre, intrigado, ¿De la Federación de Baloncesto que organiza la Inter-High? ¿Qué mierda es esto? El joven moreno subió a su apartamento, tiró la mochila y la chaqueta por el suelo de camino al sofá y se lanzó en plancha sobre éste antes de abrir el sobre.
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"Estimado Aomine Daiki,
nos complace informarle de que ha sido uno de los seleccionados para el programa "Basket for Children" que se llevará a cabo durante las semanas de vacaciones que transcurren tras en primer semestre.
Su nombre salió seleccionado por sorteo delante del jurado mentado en el Anexo 2 de este documento, junto con otros datos de interés. En breve, el comité organizador se pondrá en contacto con usted para explicarle el procedimiento a llevar a cabo.
Asimismo, le recordamos que no puede abstenerse a su realización a menos que motivos mayores se lo impidan, ya que todos los participantes de la Inter-High acceden a dicho sorteo con su consiguiente responsabilidad.
Esperamos disfrute la experien-"
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"¿AHHHH? ¿¡PERO QUÉ COJONES ES ESTO?!," bramó Aomine, incapaz de entender qué era ese sobre que llevaba su nombre diciendo no sé qué de responsabilidades, procedimientos y demás términos complicados. ¿Cuándo he accedido yo a este 'basket for chil-loquesea'? Es más, ¿qué mierda es eso? El peliazul cogió el móvil y marcó un número a la velocidad de la luz.
"Lo sentimos, el móvil al que llama está apagado o fuera de cobert–," Joder, seguirá en el instituto. Dejó el teléfono, se sentó en el sofá y re-leyó la carta con más calma, quedando casi más confundido que la primera vez, ¡Ahhh…! No se puede hacer nada, no entiendo de qué va esto. Lo mejor es pasar del tema y esperar a que Satsuki termine las clases. En ese momento, una melodía lo sacó de sus pensamientos. Aomine miró el móvil que reposaba sobre la mesa y sonrió, Kagami. Rápidamente se estiró para leer el mensaje del pelirrojo.
"Eh, Ahomine, he acabado hoy el último. ¿Puedes jugar a las seis? Tengo que hacer algunas cosas antes."
"Ok," fue toda la respuesta. Ah, qué bien, al menos voy a poder liberar toda esta tensión. Aomine sonrió por segunda vez en muy poco tiempo y se levantó para preparar algo de comer. No podía jugar en ayunas.
Joder, qué hambre tengo de repente. Y qué ganas de jugar con él… no, de jugar a secas, quiero decir sólo de jugar. ¿Qué coño me pasa hoy en la cabeza?, el peliazul abrió la nevera, miró con parsimonia las escasas cosas que había dentro y optó por coger la leche, La verdad es que estos días he estado más cabreado que de costumbre, ¿será porque no he podido jugar? Aunque, joder, debo estar realmente loco por el basket para que me afecte a ese nivel, no sé qué me pasa. ¿Tendrá que ver con jugar con él? Un espasmo le recorrió la columna de arriba a abajo, Joder, no, qué gilipolleces estoy pensado. ¿Qué mierda le pasa a este jodido brick de leche? Hacía rato que estaba intentado abrir el susodicho, sin mucho éxito, Nah, lo que pasa es que es un buen jugador, pero no deja de ser un maldito imbécil. Además, no deja de chillar. "Mfhaldita sheaf ¡¿quéfh coñof?!" Segundo asalto. Había pasado a intentar abrir la leche con los dientes, ¿dónde están las tijeras en esta jodida casa? Supongo que hoy también le ganaré… aunque cada vez me tengo que esforzar más, es increíble los saltos que pega ese idiota, "¡JODER!" Aomine abrió la nevera, lanzando dentro la leche con muy mala hostia, Vaya puto día llevo, y estas jodidas mierdas de 'abre fácil' defectuosas no ayudan nada. Pero bueno, creo que ese brick tiene más mala leche que Kagami, el peliazul sonrió por tercera vez en menos de una hora, riendo internamente de su propio chiste.
Aomine 0 – Brick de leche 1. No se puede ganar todo en la vida.
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Kagami estaba lanzando unos tiros libres cuando el moreno llegó a la cancha, "Eh, Bakagami, ¿ya has suspendido tus exámenes?," gritó al entrar, con su sonrisa de suficiencia.
"No voy a suspenderlos, idiota… O eso espero, Riko me mataría si eso ocurre." Una sombra de terror le cruzó la cara unos segundos, ¿Qué les hará esa entrenadora? Si no parece gran cosa. Aomine sonrió de nuevo, quería empezar a jugar ya.
"Ya… bueno, ¿listo para perder otra vez?"
"No voy a perder," contestó Kagami tajantemente y con su seguridad habitual.
"Dímelo en media hora." Y con esas palabras, comenzaron el partido. Parece que el moreno no era el único que había esperado ese encuentro con ansias, el pelirrojo estaba más centrado que nunca, sus reflejos afilados y su velocidad al máximo. Eso es Kagami, juega lo mejor que puedas, la felicidad interna de Aomine era tal, que su cara podría ser la de un psicópata. Su sonrisa ladeada, sus ojos tan ardientes que quemaban y su mirada tan profunda e intensa que podrías perderte en ella fácilmente; la locura de la absoluta felicidad, o la felicidad de no saberse loco. Es raro cuantas veces estos dos conceptos pueden diferir tan poco.
El partido terminó de forma bastante precipitada. Ambos jóvenes habían jugado a merced de su instinto y sus impulsos, no habían escatimado en nada. Aomine se tiró en el suelo, intentando regular su respiración, con una mano en el abdomen y el brazo opuesto completamente estirado. Cerró los ojos, disfrutando de la sensación de agotamiento. Entonces oyó algo a su lado y los abrió. Kagami se había tumbado de forma opuesta a su lado, con su cabeza casi rozando la suya, ¿Qué cojones? ¡Como si no hubiera pista suficiente! Sus pensamientos cesaron por completo en el momento en el que la respiración del pelirrojo se coló en sus oídos, alcanzando a la suya propia, que no cedía.
Ambos se quedaron tumbados en silencio. Un silencio que sólo era perturbado por sus acompasados y estridentes latidos. Parecía que luchaban por ver quién se calmaba primero, porque ambos estaban desbocados. Aomine giró la cabeza, contemplando por primera vez al ala-pívot de Seirin a esa distancia, ¿Siempre ha sido así? Se pone muy rojo..., el peliazul cambió totalmente de expresión al sorprenderse a sí mismo pensando ese tipo de cosas justo cuando Kagami giró también la cabeza dispuesto a romper el silencio ahora que podía respirar con más normalidad. En ese momento se dio cuenta de cuán cerca estaban sus rostros, ambos perlados por el sudor y con las mejillas sonrosadas por el esfuerzo. La boca de Kagami, la cual había quedado entreabierta para decir algo que ya no recordaba, no se movió. Aomine se perdió en esa mirada efímera e infinita. Se miraron unos segundos que parecieron horas, inmersos en los ojos de su rival, sin mediar palabra alguna.
"Grrrrrrrr~." Aomine rompió el contacto visual, un poco avergonzado y cabreado por no haber podido abrir ese maldito brick de leche y haber ido a jugar con el estómago vacío.
"Yo también tengo hambre," dijo Kagami sin mirarle, incorporándose en la pista con las mejillas aún rojas, aunque ya no estaba seguro de que el partido tuviera algo que ver, "¿Vamos a un burguer que hay aquí cerca? Siempre me paso después de jugar," añadió agarrándose la nuca con la mano. Sus palabras sonaban un poco más apabulladas que de costumbre.
"Está bien, pero pagas tú," contestó Aomine bastante molesto. Joder, vaya día… ¿qué coño pasa con esta atmósfera? ¿Por qué parece que este imbécil está nervioso? ¿Y por qué me estoy poniendo nervioso por ello? ¿Y qué coño ha sido esa mirada de hace un momento?, las preguntas le comenzaban a atorar la mente, Ahhh, si no tuviera tanta hambre me piraría a casa echando hostias. Joder, odio no saber qué está pasando. El grito de Kagami no ayudó a relajar el incipiente dolor de cabeza que amenazaba con asentarse en su confundida mente.
"¿Eh? ¿Y eso por qué? Si quieres comer, págate tu parte, no soy la niñera de nadie."
"Es tu maldita culpa por avisar con tan poco tiempo."
"¡Pues no haber venido!" El pelirrojo también comenzaba a cabrearse con la actitud de su rival, aumentando proporcionalmente el volumen de sus respuestas.
"¡La próxima vez no lo haré! Como si fuera divertido ver tu estúpida cara."
"Ah, haz lo que te de la gana. Me voy." Kagami buscó el balón, recogió sus cosas y se marchó hacia su apartamento.
"Tsk, maldito Bakagami," musitó Aomine de fondo. No entendía nada, nada. No entendía cómo podía haber acabado así la situación, y tampoco sabía si había sido culpa suya, Ahhh, realmente deberían darle el premio al idiota del año. Sin previo aviso, la imagen de unos profundos ojos rojos inundó su mente unos segundos, haciendo que sus entrañas se estremecieran, Joder, ¿qué…? Ahhh, me voy a casa, paso de pensar en nada. ¡Voy a dormir hasta que me de la puta gana! Aomine cogió sus pertenencias y se fue hacia la estación.
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Cuando abrió la puerta de su apartamento dispuesto a irse a la cama, su cabreo aumentó considerablemente al ver la carta que ya había olvidado encima de la mesa del salón, Tsk, será mejor que llame a Satsuki para aclarar eso. Buscó el móvil, el cual tenía algunos mensajes que no leería y algunas llamadas que no devolvería, y marcó el número de su amiga.
"Dai-channnnn, ¿qué se te ofrece?." Nunca creí que oír ese tono me iba a molestar tanto alguna vez, pensó el peliazul.
"¡Yo!, Satsuki. Me ha llegado una carta que dice no sé qué de un sorteo de la Inter-High y un programa de baloncesto… ¿tú sabes algo?"
"¿Quéééé? ¡Aomine! Nunca me haces caso, ¡si esta mañana te lo recordé y me dijiste que ya sabías!"
En estos casos, Aomine utilizaba el silencio a su favor. Obviamente el no iba a disculparse, nunca lo hacía, de modo que no decir nada era la forma perfecta de evitar respuestas a preguntas no formuladas, o de hacer que su interlocutor cambiara de tema. Si no daba resultado, simplemente contestaría alguna grosería. Así era como funcionaba con la gente.
"En fin," se resignó su amiga, "A ver, como todo el mundo sabe menos tú, que eres un cabeza hueca, la Inter-High fomenta el baloncesto a todos los niveles. De forma que uno de los requisitos para participar en ella –y que todos los institutos han firmado– es que los jugadores participan en un sorteo para ser monitor de un campamento de baloncesto infantil durante diez días. Y te ha tocado, así de sencillo," la pelirrosa suspiró al terminar, sabiendo la que se le venía encima.
"¿AHHHHH? Yo no pienso dar clases a críos, no me apunté a la Inter-High para limpiar mocos. Diré que no puedo y que se lo endosen a otro," contestó un precipitado y alterado Aomine.
"No puedes hacer eso, ¿qué piensas alegar?", a ver qué idioteces dice éste ahora, pensó para sí misma.
"Viaje familiar."
"No es cuela como 'motivo mayor', te dirán que lo aplaces."
"Exámenes."
"Ya han pasado."
"Enfermedad."
"Necesitarías un parte médico."
"Mis propias prácticas de basket."
"Nunca vienes, y además esos días no hay."
"Tengo cosas que hacer…," sus excusas empezaban a flojear y su voz ya había perdido la poca convicción con la que había empezado.
"¿Qué tipo de cosas?," la pelirrosa hablaba seriamente, no había nada ni nadie en el mundo que creyera esas palabras, Quizás si se alinearan los planetas..., pensó, divertida.
"Cosas de chicos, no lo entenderías."
"Ajá, ya veo. Así que quieres negarte porque tienes que hacer 'cosas de chicos', muy lógico todo, Aomine," la chica estaba llegando a su límite, así que decidió cortar el asunto por lo sano, "A ver, ya sabíamos que esto podía pasar algún día, de modo que el entrenador me dijo que te comunicara, y cito textualmente, que 'no tendrás permitido jugar ningún partido importante a menos que aceptes'. Tú decides." Momoi dio el ultimátum sin piedad. No era mala persona, pero pocas veces tenía la oportunidad de obligar a algo a ese desagradecido y malhablado que tenía por amigo, y no iba a desaprovechar ese momento.
"¿Qué? Vamos, no puede hacer eso."
"Sí que puede, y te lo tienes bien merecido."
"Joder, está bien, iré a esa puta mierda, pero nadie puede obligarme a ser amable con esos chavales. Van a sudar sangre con mi entrenamiento, y me mandarán a casa el primer día."
Una suave y dulce risa se oyó desde el otro lado de la línea, "Vamos, Dai-chan, tanto tú como yo sabemos que no harás eso. No eres capaz de poner en riesgo el amor de unos chavales por el baloncesto, que será lo único que tú realmente amas."
Aquellas palabras se le quedaron grabadas en la cabeza durante mucho tiempo. Una vez más: silencio.
"Bueno, te dejo que tengo que acabar el trabajo de matemáticas de mañana." Venga ya, está de coña, no puedo tener tan mala suerte.
"¿Trabajo de matemáticas? ¿Qué trabajo de matemáticas?"
"¿Eh? Te he enviado un mensaje al móvil explicándote lo que han mandado para mañana."
"Pero si mañana no hay clase."
"Ya, pero lo quiere antes de las doce en su correo de Internet, yo lo mandaré esta noche si lo acabo."
"Esto no me puede estar pasando a mi… Oe, Satsuki… ¿tú podrías–"
"¡Hasta mañana! ¡Suerte! – Piiiii, piiiii, piiiii"
"Maldita cría… Tener amigos para esto." Aomine quería gritar y golpear algo, pero ya no le quedaban fuerzas, esa tarde realmente lo había dado todo con Kagami. "Está bien," se mentalizó, "Ceno algo, hago ese maldito trabajo, me ducho y a dormir hasta las tantas." El plan parecía fácil, pero llevarlo a cabo fue más tedioso de lo que esperaba. Cenó un paquete de yakisoba casi caducado que encontró en un cajón, leyó el mensaje de Satsuki para ver de qué iba el trabajo y se tiró casi dos horas para resolver un problema de matrices. Al final decidió enviarlo sin hacer la corrección, He resuelto esta maldita mierda de ocho formas diferentes y no me da nada normal, así que mando esto y que le den, envió el archivo y se dirigió al baño.
El agua caliente relajó sus tensos músculos y disminuyó su dolor de cabeza, el cual había aumentado considerablemente con las matrices. Casi se queda dormido en el agua, así que salió, se puso el pijama y se metió en la cama. El sueño le llegó casi al momento, estaba exhausto, pero lo último que se le pasó por la mente –y lo último que le desconcertó ese día– fue la imagen de unos profundos ojos rojos y su propio pensamiento cuando éstos se encontraron con los suyos: 'Ah, cómo lo he echado de menos', aunque el recuerdo de ese pensamiento resonó ya en su subconsciente.
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Kagami se largó de la pista sin mirar atrás. ¿Qué coño le pasaba a Aomine? Culpando a todo el mundo de sus problemas, a pesar de que se había preocupado por él y le había dicho donde podían ir a cenar, incluso había estado dispuesto a acompañarle y comer juntos. No iba a preocuparse por ese maldito prepotente, nunca más.
Apretó el balón con fuerza, y arrugó en entrecejo, "Ahhhhh, qué idiota," gritó en medio de la calle, haciendo que una pareja se alejara un poco más de su trayectoria. Al fin y al cabo, el pelirrojo tenía la imponencia de un tigre cuando se cabreaba. Maldito Aomine, siempre tan… Aomine. Usar su nombre como insulto era ya de por sí un insulto, así que Kagami lo veía como un doble insulto que le venía que ni pintado, Ojalá mueras de hambre de camino a tu casa, maldecía interiormente el pelirrojo.
En realidad el jugador de Seirin estaba más cabreado consigo mismo que con Aomine. No entendía lo que había pasado al acabar el partido. Él se había tumbado a recuperar el aliento y de un momento a otro, se había dado cuenta de lo cerca que estaba del peliazul. Entonces su cuerpo se paralizó, su respiración no se calmaba y su temperatura aumentó en vez de empezar a sentir el frío de la brisa que corría. Tras unos instantes de meditación interna, logró acumular la fuerza necesaria para obligar a su cuerpo a reaccionar y se relajó lo suficiente como para poder romper ese silencio sin parecer idiota.
Cuando giró la cabeza para dirigirse a su compañero, su corazón se saltó un latido al encontrarse con unos penetrantes ojos azul marino intenso, mirándole con una expresión que nunca creyó posible en las facciones de Aomine. Le miraba con una cara curiosa, sorprendida y relajada. Sus miradas se encontraron, intensas ambas, imperantes ambas, escrutando ambas a su opuesta. No sabe cuánto tiempo estuvieron así, sólo sabe que se sentía relajado y en paz mirando esos ojos que parecían no tener fin, preguntándose qué se le estaría pasando por la cabeza al moreno, hasta que el hambre se hizo presente, rompiendo el momento. ¿Rompiendo qué? ¿Qué coño hago pensando como una colegiala?
Kagami llegó a su apartamento más confuso que cabreado, cogió la única carta que había en su buzón y subió al apartamento. Por primera vez en días dejó todo tirado por ahí, se fue directo a la ducha y de ahí, a la cama.
Esa noche durmió del tirón como hacía meses que no conseguía. Jugar con el ala-pívot de Tõõ era realmente agotador, Aomine Daiki, realmente eres un monstruo del baloncesto.
