AVENTURAS EN TOKIO

XXXVIII.

La joven pareja aprovechó esos días libres con sus familias para salir con éstas y también con sus amistades. Fueron al parque de diversiones tanto por su cuenta como con Hikari. Y ahora sí los chicos tuvieron más estómago para soportar todo el furioso recorrido de la montaña rusa. Era un alivio ir al parque y no toparse con un enemigo que les arruinara el paseo. Honoka siguió con su proyecto de ciencias e hizo algunos pequeños desastres en su casa, mismos que sus padres celebraban cuando el daño era mayor, quería decir que el proyecto iba por buen camino. Nagisa fue a algunos partidos de su hermano a apoyarlo tan ruidosamente como le era posible.

La estaban pasando tan bien que los días se les fueron como agua y ya tenían el fin de semana cerca. Era hora de volver a casa y ésta vez llevarían a Hikari consigo. Tenían planeado un gran tour para su rubia amiga.

Nagisa y Honoka paseaban un rato en la orilla del río junto con Chuutaro y sus compañeros mágicos, esperarían a que Hikari terminara su turno como ella explícitamente lo pidió y luego saldrían camino a Tokio. Ya estaba listo su equipaje y pensaban ir todo el camino en tren, Hikari quería experimentarlo y las mayores no eran nadie para negarle cualquier gusto a Hikari, a ella nunca le negarían nada, pasó de ser su protegida a su amiga, y de su amiga a una hermana pequeña a la cuál ver crecer y disfrutar de esa merecida vida. Saldrían a las seis de la tarde y pensaban llegar a Tokio a más tardar a las diez de la noche. Compartirían el futón y le dejarían sentir en viva piel las calurosas noches de Tokio y los apretones asfixiantes del tren.

─Amo a Shiho y a Rina pero también quiero patearlas ─dijo Nagisa con mal gesto mientras le lanzaba la pelota a Chuutaro y éste iba por ella a toda velocidad. Nagisa en especial podía tirar más lejos que Honoka─. Pensaban lo mismo que todos los demás, ni nos dejaron terminar de hablar.

─Bueno, hemos convivido con ellas todos estos años, es normal que se dieran cuenta y creo que fue muy dulce de su parte nunca mencionar nada porque creían que tratábamos de guardarlo en secreto ─rió Honoka, estaba sentada en el césped viendo cómo su mascota disfrutaba del juego. Lamentaba no poder tener una mascota en casa, un perro sería bueno, pero no quería tener a ninguna mascota en un espacio tan reducido, eso sería cruel.

─Bueno, creo que ya cubrimos a todos los que nos faltaban, ¿verdad? ─pensó un poco─. No tenemos manera de contactar a Yuka Odajima, se fue a una universidad privada, eso nos contó.

─No pudimos intercambiar teléfonos con ella, pero ─la científica pensó un poco─... Quizá nos la topemos en alguna oportunidad. ¿Recuerdas que asistió a la última final donde estuviste como capitana en tercer grado?

─Lo recuerdo bien, lástima que no pudo quedarse a la celebración luego del partido. Pero tienes razón, siempre nos encuentra de alguna manera ─y lo dijo así porque ya no estaba tan distraída como antes. Así como supo que su sentimiento por Fujimura se había aplacado y que en realidad solo necesitaba ser sincera consigo misma, de la misma manera fue consiente de que su superior la buscaba específicamente ella. No a Honoka o las dos juntas, si no a ella en especial y ya se deba una idea del porqué─. ¿Qué crees que opine cuando sepa que tú y yo salimos? ─preguntó aquello que no pudo guardar en sus pensamientos.

Honoka era mucho más perceptiva, eso era obvio, y ella desde el principio se dio una idea de lo que pasaba por la cabeza de su superior, pero tampoco dijo nada porque no quiso tropezar con la misma piedra una vez más. En su afán de ayudar llegaba a ser muy entrometida y muy impositiva, y lo hacía sin que nadie se lo pidiera y claro que nadie daría la bienvenida a esa actitud de buenas a primeras. Lo aprendió con Nagisa más de una vez, lo aprendió con Kiriya, lo aprendió desde niña y esa fue la razón por la que terminó relativamente aislada de todos los demás.

Por el gesto que tenía Nagisa, sabía que ella estaba consiente de todo ese asunto, pero si ella no tomaba el tema, Honoka tampoco lo haría. ─Es posible que se sorprenda ─quizá no de muy buena manera─, después de todo, no es como si coincidiéramos mucho con ella. Ni siquiera yo pude verla tanto a pesar de que repitió su registro en el Club de Ciencias.

─La Madonna de Verone sin duda es alguien única, ¿verdad? Nadie ha tomado su lugar según nos contó Hikari ─lanzó la pelota al agua y el perro pudo retozar en el río antes de recuperar el juguete.

─Aun me apena que nos sigan mencionando como "las Estrellas de Verone" ─comentó Honoka con una sonrisa pequeña─. Nunca supe que nos decían así hasta que las amigas de Hikari lo mencionaron.

─Tu propio apodo te sorprende aun, señorita "Reina del Conocimiento" ─dijo Nagisa entre risas pequeñas y sin dejar de jugar con el perro. Y al ver a Chuutaro, cómo corría y cómo ladraba alegremente, una idea llegó a su cabeza. Un pensamiento inesperado, un deseo. Era muy pronto aun, pero─... Oye, Honoka... Cuando podamos tener un sitio más grande... Tengamos un perro. Sé lo mucho que te gustan.

En tan inocente propuesta había algo mucho más grande, algo que hizo sonrojar a Honoka. La científica solo asintió─. Sí, me... Me gustaría vivir en un sitio más grande cuando podamos ─con sus propios recursos, desde luego─... Y tener una mascota. Chuutaro es de mi abuela. Me gustaría mucho tener un perro ─y por esa misma razón solía contenerse un poco de acariciar mascotas ajenas en su camino, no quería llenarse demasiado la cabeza con algo que no podría cumplir adecuadamente.

Nagisa quedó ruborizada otro rato antes de ir a sentarse junto a Honoka y dejar que Chuutaro corriera a capricho. Mepple y Mipple despertaron de una breve siesta en ese momento y tomaron su forma normal para poder montar en el lomo del perro y jugar con él en el río. El can nunca se alejaba demasiado, y de ser el caso, era capaz de volver a casa por sí mismo.

El par se tomó la mano.

─Les dije a mis padres que aun no podía imaginar un futuro tan lejano, pero sí quería tenerte a mi lado cada día ─dijo Nagisa mientras sentía que las orejas se le quemaban por el sonrojo─. No sé qué nos espera, Honoka.

─Yo tampoco, Nagisa, pero tengo el mismo deseo que tú. Si tengo que ver los días siguientes que nos esperan, los meses y hasta años... La única imagen que tengo clara es a ti ─confesó Honoka mientras se recargaba en el hombro de Nagisa. Ruborizada también─. No sabemos qué nos espera, pero... Si vamos de la mano, podremos con lo que sea, ¿verdad?

─Sí, eso siempre nos funciona ─la deportista soltó una risa pequeña en afán de calmar sus nervios, pero estos se vieron totalmente apaciguados cuando Honoka le giró el rostro con gentileza para besarla. No había nadie alrededor en ese momento, solo sus amigos y el can. Sintió el profundo y breve beso de Honoka y sonrió cuando se le separó─. Gracias.

─Por nada... Yo también lo necesitaba.

El rato de juegos terminó, Honoka volvió con Chuutaro y Mipple a su casa y Nagisa con Mepple a la propia, tenían que recoger su equipaje y pasar por Hikari, ya casi era hora de terminar su turno. Su mochila de equipaje quedó alistada desde la mañana y la tenía en el local de takoyaki. Akane le dio suficiente dinero para poder gastar en lo que quisiera ese fin de semana, sabía lo caro que podía ser todo en la capital.

Las tres dieron su última despedida del día en el Tako Café y el par de universitarias prometió cuidar bien de Hikari durante el viaje. Prometieron llevarla hasta la estación de Wakabadai el domingo por la tarde en el tren que arribaba a las cinco. Y aunque Hikari ya no era una niña y era mucho más responsable que una chica de su edad, Akane la seguía cuidando mucho, pensaba ir por ella a la estación de trenes. No quería que las chicas viajaran demasiado pero agradecía el gesto.

Akane no tenía qué saber que las tres se teleportarían usando el poder de Porun y la pareja solo daría un solo viaje en el tren bala. Hikari quería experimentar el viaje de ida y disfrutar todo el tiempo posible con ellas durante su visita a Tokio. Sí, durante su tercer año de secundaria también pudo viajar a Kyoto como sus amigas, pero era la segunda vez que visitaba el sitio y ella terminó siendo la guía de su pequeño grupo, incluso las llevó a pasear en tranvía como aquella vez que Honoka sugirió el viaje y todas se pusieron contentas por la experiencia.

─Cuídate mucho, Hikari, nos vemos el domingo en la tarde ─se despidió Akane─. Y ustedes dos, cuiden de mi niña ─les advirtió a las universitarias con tono rudo. Era muy protectora con "sus primos". A veces parecían más como sus hijos.

─Llegará entera a casa, tienes nuestra palabra ─dijo Honoka con suave gesto.

─Y se divertirá mucho, la llevaré a visitar mi escuela. Podrá saludar a Shougo y a Kimata ─dijo Nagisa con una gran sonrisa─. La cuidaremos bien.

─Akane, hermano, nos vemos el domingo.

Las tres se despidieron y fueron directo a la estación de trenes. Por la hora no había tanta gente, pero le prometieron que apenas bajaran del tren bala y tomaran las rutas en Tokio, sabría lo que era verdadera emoción. Y tal como se lo prometieron, así fue. El viaje en tren bala fue largo pero cómodo, mientras que Nagisa tomó una siesta en el regazo de Honoka, Hikari la pasó pegada a la ventana todo el camino junto con sus acompañantes mágicos. Honoka servía de guía de turistas y le contaba por cuáles distritos estaban pasando.

La delgada rubia disfrutó de primera mano lo que era ser una sardina en una lata. Justamente les tocó un par de estaciones donde todos los pasajeros tuvieron que ser empujados por personal de la estación. Y aunque Hikari solo había visto eso en televisión y escuchado, experimentarlo no era lo mismo. Le resultó divertido y no sintió nervios en lo absoluto, sus amigas la cuidaron en todo el camino y estaba entre los cuerpos de ambas recibiendo esos apretones que no le dejaban respirar en ocasiones, podía sentir cómo sus mochilas se apretaban en sus piernas y pese a eso nadie se quejaba. Le resultó muy divertido.

─Nuestro piso está a unas calles de la estación donde vamos a bajar ─explicó Honoka a su rubia amiga─. Solo son unos minutos caminando.

─Con razón elegiste esa ubicación, Honoka. Me dijeron que sus escuelas están cerca de la estación, ¿verdad? ─el par asintió─. Pero aun recuerdo lo mucho que tus padres se quejaron con Akane sobre "la caja de zapatos" que elegiste por piso.

─Es una adorable caja de zapatos ─dijo Nagisa con una risa pequeña, caminaban a los lados de Hikari y saludaban a la gente conocida en su camino─. Pero cuando lo veas, seguro que sabrás porqué se quejaron tanto. A nosotras nos gusta, no tenemos mucho, pero lo que hay es más que suficiente.

─Dormiremos juntas, pero tenemos un ventilador y podemos dejar la ventana abierta para no morir de calor ésta noche ─comentó Honoka con una amplia sonrisa─. Te acaloraste mucho en el tren.

─Ahora mismo siento mucho calor, estoy sudando, ¿ustedes ya se acostumbraron? ─preguntó Hikari mientras se ventilaba un poco a sí misma con la orilla de su blusa.

─En realidad vestimos muy ligeras en casa, espero que no te sea incómodo ─la científica sabía que ambas solían andar en casa solo en ropa interior y una camiseta, era todo, pero no era cómo si Hikari no supiera eso. Han tenido más de una pijamada y no había nada qué ocultar. Habían compartido la hora de baño con Hikari también en el enorme baño de la casa Yukishiro y eso les daba confianza de alguna manera.

─Espero no ser yo quien las ponga incómodas, es su espacio y seguro que se dan besos y ─la rubia no pudo seguir, Nagisa la abrazó por los hombros.

─Hey, no digas cosas así, eres nuestra amiga y compañera y nos sentimos cómodas contigo ─para el asunto de los besos, claro, le tenían respeto suficiente para contener los deseos más íntimos, pero ya estaban aprendiendo a contenerse mejor y solo serían unas noches. Querían disfrutar la compañía de Hikari.

─Nos daremos besos, tenlo por seguro ─Honoka pensaba lo mismo que Nagisa, con besos estaban bien─. Tu presencia siempre nos ha sido cómoda, Hikari ─se recargó brevemente en ella. A comparación de sus padres, Honoka solo era física con Nagisa, ocasionalmente con Hikari y solo cuando la situación así lo decidía.

─Gracias, amigas ─una feliz colegiala siguió caminando con sus amigas y pronto las tres terminaron de la mano, ella en medio.

─Mira, es ahí ─señaló Nagisa con la mirada, tenía la otra mano ocupada sujetando su mochila de viaje. Le mostró el edificio que claramente era estrecho pero tenía una muy buena fachada, pintura en buenas condiciones y todas sus luces funcionales que automáticamente se encendían a esa hora.

─Acabamos de pasar el supermercado, más abajo está la lavandería, y cuando tenemos oportunidad, vamos a los baños que están más abajo ─explicó Honoka y luego miró a Nagisa─. No sería mala idea ir las tres a los baños para ducharnos juntas. Nosotras apenas cabemos ahí ─y de manera bastante apretada, cabría agregar.

─Me encanta esa idea, ¿qué dices, Hikari? ─Nagisa miró ahora a la rubia entre ambas.

─No tengo problema con compartir el baño donde ustedes digan ─no sería la primera y tampoco la última vez que se ducharían juntas, eso era seguro─. Aunque los chicos no podrían salir de ir a los baños públicos ─y Porun y Lulun amaban (tratar de) lavar su espalda.

─Vamos a casa primero a descansar un poco y luego decidimos, lo que sí tenemos qué hacer es tomar una ducha antes de dormir, créeme, las noches han sido muy calurosas últimamente y nos advirtieron que lo serían más durante las siguientes semanas ─dijo Honoka y ésta vez las tres tomaron el ascensor.

Hikari estaba emocionada. Bajaron en el último piso, de ahí al pasillo y luego al apartamento al fondo. Vio la bicicleta de Nagisa contra el muro. Con un vistazo al exterior ya se estaba dando una idea del espacio que había en el interior. Notó las ventanas al frente. En cuanto entraron y Nagisa encendió las luces, puso un gesto de asombro. No dijo nada por unos segundos.

─Es pequeño a comparación de casa, ¿verdad? ─comentó Nagisa con una sonrisa apenada.

─Incluso el cuarto de Hikari ─que es pequeño─, se siente más amplio a comparación de nuestro piso. No me sorprende que mis padres aun se quejen de ─pero no pudo finalizar su frase, tanto Nagisa como ella pudieron ver la amplia sonrisa de Hikari.

─¡Es hermoso! ─exclamó la rubia con encanto. Se quitó el calzado y se permitió la confianza de entrar a ver un poco─. Ese futón se ve cómodo, y veo que tienen estufa. La nevera es linda, aprovecharon el espacio de los muros ─y mientras decía, veía todo─. Oh, ese es el videojuego, tus padres nos preguntaron a mi hermano y a mi qué consola les podría gustar y les ayudamos a elegir, a cambio nos compraron un juego ─contó y luego señaló el baño─. ¿Puedo?

─Adelante ─dijo Nagisa con una sonrisa aliviada, contenta.

Y mientras las mayores desempacaban su equipaje, Hikari se asomó al pequeño baño─. Huele a lavanda, como ustedes... ¡Ah! Una lavadora de balde ─exclamó con emoción. Y por lo que notó en el aparato, rápidamente se dio la idea de lo sucedido─. ¿La hiciste tú, Honoka?

─Solo la rearmé y la reparé, me dejaron quedarme con ella, estaba en la chatarra que tiene la universidad almacenada ─explicó la científica igual de contenta que Nagisa.

─Me gusta mucho su casa ─finalizó Hikari con la sonrisa más grande que pudo hacer─. Puedo sentir el calor ─y su energía y amor, era capaz de percibirlo en cada rincón de esa casa, pero no pudo decirlo porque había cosas a las que no podía ponerle palabras, solo las sentía. Culpa de su naturaleza tan peculiar, eso era seguro.

Nagisa y Honoka sonrieron con visible alegría. Por un momento les preocupó que Hikari se sintiera incómoda, pero no fue el caso. Y en clara señal de felicidad, se miraron y se dieron un dulce y breve beso. Hikari las vio. Y sonrió.