¡Buenas! Disculpad el retraso, es que he estado de exámenes y mudanza y ha sido todo una locura… además este capítulo ha sido mejorado tres veces con ayuda de mi BetaReader xD Nos reíamos muchísimo pensando las cosas y dando vueltas a posibles situaciones. Sé que habrá cosas por las que querréis matarme, pero bueno, en el capítulo 4 finiquitaré el campamento. También decir que no hay un OC ya que sólo aparece en este capítulo y un poco del siguiente, pero podéis odiarla, yo lo hago, Jajaja.
Dicho esto… ¡espero que os guste! :)
Aviso: Pensamientos en cursiva y diálogo entre comillas.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
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Ahí estaba Kagami, sin dormir y con unas ojeras del quince en un campamento para niños, Joder, ni que fuera un partido contra Tõõ, pensó el pelirrojo al verse en el mismo estado que cada vez que tenía un encuentro, Al final he acabado aquí, ni siquiera pude sobornar a Hyūga con una figurita del general Masamune de principios de la era Edo. La cara del pelirrojo se asemejaba a la de un Bulldog: labios resecos, ojeras marcadas, ligeramente despeinado y con un aura de cabreo latente, Ya podía salir premiado en los sorteos de comida del supermercado y no en estas cosas.
Habían pasado tres semanas desde que discutiera con Aomine y le llegara aquella carta que le hizo cambiar sus planes de vacaciones. No había vuelto a saber nada del peliazul desde aquella tarde, a pesar de que había seguido acudiendo a la cancha para entrenar. Tenía que admitir que él tampoco le había enviado ningún mensaje pero, ¿qué cojones?, fue Aomine el que se comportó como un auténtico idiota. Los días pasaron y Kagami se fue acostumbrando a entrenar en solitario, pero no dejaba de pensar si debía disculparse por algo, al fin y al cabo, sabía que era muy lento para darse cuenta de ese tipo de cosas.
"¡Buenos días! Tú debes ser Aomine-kun. Soy Shura Haruhi, la coordinadora de este campamento. Un placer."
"Ahh… no, debe ser un error, soy Kagami, Kagami Taiga", contestó un poco confundido el pelirrojo.
"Oh, perdona," la chica apuntó algo en una hoja y le miró, alegre, "Sí, Kagami Taiga, aquí estás." Era joven, tenía un brillante pelo rubio recogido en dos coletas en la parte alta de la cabeza y una sonrisa muy amplia que dejaba a la vista una perfecta dentadura. De alguna forma le recordaba a Alex, "Es que me describieron a los dos chicos de prácticas como 'fornidos, alrededor de un metro noventa de altura y de muy buen ver', y al verte dije el primer nombre que recordé," se excusó, manteniendo aquella sonrisa perfecta y enfatizando las últimas palabras mientras echaba un vistazo de arriba abajo al pelirrojo.
"Ah, no pasa nada," contestó el jugador de Seirin con la mano en la nuca y una amable sonrisa, "Entonces… ¿el otro chico del sorteo se llama Aomine?," preguntó un poco nervioso. Una alarma en su interior se había activado, haciendo que su cuerpo se estremeciera, No puede ser… ¿verdad? No, es imposible. Sería demasiada coincidencia... Kagami se rió internamente imaginando lo absurdo de que algo así pudiera ocurrir.
"Si, se llama Aomine. Espera, voy a buscar el nombre."
"¡Yo!," …Jajaja, hasta me parece oír su voz. Un chico moreno apareció entre las mesas de madera, con las manos en los bolsillos y la mayor cara de aburrimiento que te puedas imaginar.
"¡Oh! Entonces tú debes ser Aomine Dai–
"¡¿Qué haces TÚ aquí?!," gritó el pelirrojo, interrumpiendo a la joven.
"¿Kagami? ¿Es que ahora te dedicas a perseguirme?," contestó Aomine con un tono de burla.
"Oh, ¿ya os conocíais?." La situación tornó de lo más extraña: Aomine dirigía una sonrisa sarcástica a un pelirrojo que le miraba fatal, mientras la pobre chica intentaba descifrar lo que pasaba entre ambos, "Bueno, ya que os conocéis, van a ser diez días muy interesantes," añadió, intentando salir de apuro. Los chicos dejaron de matarse con la mirada al escuchar a la chica.
"Ah, como sea, ¿dónde está mi habitación?," dijo Aomine poniendo de nuevo su máscara de aburrimiento.
"¡Si, perdonad! Vuestra habitación es la última del pasillo a la izquierda, la número sesenta y nueve, aquí tenéis la llave," la chica tendió una pequeña llave entre los tres. De nuevo otra situación extraña: Kagami miraba la llave, aún procesando lo que esa información significaba, mientras el moreno empezaba a divagar sobre la copa del sujetador de la chica y, una vez más, la pobre intentaba entender algo, "Bueno, tengo que hacer algunas cosas. Si necesitáis lo que sea, me avisáis. ¡Nos vemos!"
"Eh, pero, ¿cómo que 'vuestra' habitación?," Kagami se había quedado paralizado, ¿Voy a tener que convivir con Aomine durante diez días? No puede ser, voy a morir reteniendo mi ira para no matar a alguien.
"¿Vas a quedarte ahí o qué? Siempre tan lento, Bakagami." El moreno ya estaba con la maleta en la entrada del albergue.
Kagami se quedó un momento parado en el patio, sin saber muy bien cómo reaccionar. Todo había sido muy rápido, y ahora iba a convivir diez días con el insoportable ala-pívot de Tõõ, Maldita sea, no sé muy bien cómo ha podido acabar así la cosa, pero siempre que Aomine está implicado mi vida es un completo desastre… En fin, ya no hay nada que pueda sorprenderme. Al menos podremos volver a jugar algún partido y recuperar los entrenamientos perdidos. El pelirrojo sonrió y se adentró en el albergue, directo a la que sería su nueva habitación.
Era una estancia pequeña y de forma rectangular. Tenía a la derecha un armario y una litera, y al otro lado una puerta que daba a un pequeño baño individual. La pared restante estaba ocupada por una cómoda y un ventanal. No habían pasado ni dos minutos y el peliazul ya se había adueñado de gran parte de la misma.
"Eh, Ahomine, ¿por qué te has apropiado de la cama de arriba?," inquirió Kagami en un tono tranquilo. No es que le importara mucho, pero si no le ponía a raya desde el principio, iban a ser diez días muy difíciles.
"Porque soy superior a ti, así que debo estar por encima. Es lógico, ¿no?," Aomine sonrió una vez más y se tiró en su cama mientras el pelirrojo se resignaba en la parte de abajo, pensando en la cantidad de hostias que se iba a dar contra esos hierros, "Tsk, estas camas son muy pequeñas," refunfuñó el moreno desde arriba. Kagami levantó la vista y vio cómo los pies del peliazul sobresalían por el fondo de la cama prácticamente desde los tobillos. Realmente iban a ser diez días muy difíciles.
Después de pasar un rato discutiendo a gritos sobre quién era superior a quién, Shura les llamó para ir a comer y allí les explicó el funcionamiento de todo: Los niños llegarían al día siguiente por la mañana, harían una presentación y les ayudarían a acomodarse en las habitaciones. Los demás días tendrían clases teóricas por la mañana (fundamentos del baloncesto, historia, reglamento…) y prácticas con ejercicios por la tarde. Por las noches después de acostarlos tendrían el rato libre.
"Y bueno, creo que eso es todo, espero que lo paséis bien," finalizó Shura mirándolos sonriente.
"Ah… gracias, haremos nuestro mejor esfuerzo," contestó Kagami, un poco cortado por la amabilidad de la chica. Ésta le miró y puso su mejor sonrisa,
"No te preocupes Kagami-kun… estoy segura de que se te va a dar muy bien," Shura ladeó la cabeza, enseñando su mejor perfil, "Por cierto, ¿te molesta si te llamo Taiga-kun?," añadió sonrojándose un poco y bajando la vista a sus manos. Esto pilló un poco por sorpresa a Kagami ya que no le llamaban por su nombre de pila desde que volvió de América.
"Eh, si, claro, no me molesta," dijo finalmente, con una sonrisa en su cara. El pelirrojo se percató de que Aomine miraba a Shura con cara de malas pulgas, muy probablemente pensando en el asco que daban ambos actuando tan íntimos y ñoños, pero no le importaba lo más mínimo lo que el peliazul pensara en ese momento. Ahora mismo Kagami sólo podía pensar en una cosa: jugar un uno contra uno contra su compañero de habitación.
"Eh, Bakagami, ¿qué tal si jugamos un rato? Hasta mañana no llegan los críos," dijo Aomine, cortando cualquier posible conversación entre Shura y el pelirrojo.
"Je, estaba esperando a que lo dijeras," contestó Kagami, con una voz grave llena de emoción. Una sonrisa ladeada muy característica se formó en el rostro del peliazul, y Kagami sabía exactamente lo que significaba ya que la había visto muchas veces: esa noche no iba a tener fuerzas para nada.
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Los días pasaban más amenos de lo que ambos chicos creían. Aomine se lo estaba pasando especialmente bien si lo comparaba con sus rutinarios días, aunque no habían podido enfrentarse en un uno contra uno desde el primer día en el que pudieron jugar ya que estaban solos, Ahh, esta tarde toca jugar con los chavales, a ver si puedo molestar un rato al idiota de Kagami, el pobre se está esforzando por no gritarles mucho, jajajaja. El peliazul estaba saliendo de la ducha con sólo una toalla atada a su cintura e inmerso en sus pensamientos cuando oyó voces en el pasillo, "¿Qué pasa?," murmuró mientras se asomaba al pasillo desde su habitación.
Kagami estaba en cuclillas, intentando calmar a un chico que no dejaba de llorar. Al parecer, quería volver a su casa porque no le gustaba el campamento y el pelirrojo no sabía qué hacer para tranquilizarlo.
"Va, tranquilo, el baloncesto es lo mejor, ya lo verás. Además la sensación cuando ganas es mejor aún, seguro que en cuanto te pongas a jugar te encanta. Y no te preocupes que verás a tus padres muy pronto, ¿sí?," le decía con un tono de voz tan suave que hizo que Aomine se sorprendiera, ¿puede poner esa voz?, pensó, curioso.
"¡NOOOOOO! Yo quiero irme… irme a mi casa con mi mamááááááá, buahhhh," el chico continuó gimiendo y llorando durante lo que a Aomine le pareció una eternidad, así que decidió salir al pasillo para mandarlo al carajo, pero justo al asomarse por la puerta su mirada se cruzó con la del chaval mientras Kagami lo seguía calmando. El peliazul lo fulminó con la mirada y le indicó con un dedo que se callara. Puede que el chico fuera pequeño y no entendiera una amenaza gestual o una mirada de odio, pero con sólo fijar sus ojos en ese enorme chico moreno que tan mal le miraba, sintió tal pánico que dejó de llorar.
"Muy bien, muy bien. Venga, vete a duchar y luego te invito a ese refresco prometido," continuaba el pelirrojo, ajeno al cruce de miradas que se había dado, e ignorando la presencia del jugador de Tõõ. El chaval asintió, sonrió al jugador de Seirin y se marchó corriendo. Kagami se levantó, suspiró mientras se pasaba una mano por la cabeza y posaba la otra en su cadera, y se giró rumbo a su habitación. Entonces vislumbró a Aomine en el umbral de la puerta y sonrió con suficiencia, "¿Ves? Así es como hay que tratar a los niños."
"Jajaja, sí, sí… eres todo un experto, Kagami," contestó el peliazul, no pudiendo evitar sonreír para sí mismo pensando en la ignorancia de su compañero de habitación, "Ya que se te da tan bien, podrías encargarte tú solo del partido de esta tarde."
"¿Qué dices? No puedo controlar a todos yo solo, tienes que venir."
"Tsk, voy a vestirme," contestó el moreno volviendo al interior de la habitación.
"Ah, por cierto. Hoy es la noche especial. Esa en la que tenemos que hacer una ruta del terror o… algo así," añadió Kagami un poco aturdido, ni siquiera él sabía de qué iba exactamente o qué tendrían que hacer, "Shura vendrá a vernos entrenar a los niños luego, y nos explicará todo"
"¿La chica esa? Te llevas muy bien con ella, ¿no?," inquirió el peliazul con un tono más serio y despectivo, aún dando la espalda a su compañero.
"¿Eh? Sí, bueno, no es como si la conociera mucho, pero siempre me está ayudando."
"Ya…," murmuró el moreno, dejando caer la toalla y dejando todo su cuerpo desnudo a la vista mientras buscaba unos calzoncillos en la marabunta de ropa, maletas, revistas, comida y demás cosas que había por la habitación, Como si no se notara lo mucho que te 'ayuda', pensó para sí mismo, sorprendiéndose de estar molesto, Bah, lo que pasa es que me jode que ese bellezón lo prefiera a él que a mí.
"Podrías avisar si te vas a desnudar delante de la gente," dijo Kagami un tanto avergonzado, dándose la vuelta. Ese gesto sorprendió a Aomine, que se giró con esa sonrisa ladeada tan característica.
"¿Eh? No me digas que te da vergüenza, Bakagami, ¿qué eres? ¿una nena?," rió el peliazul, pensando en lo fácil que era hacer que el ala-pívot de Seirin se incomodara o se avergonzara por algo.
"Tché, ¡cállate Ahomine! Es simple educación, pero todos sabemos que tú careces de ella," se defendió el pelirrojo, subiendo el tono de voz. "Voy a ducharme y nos vamos a la cancha, no queda nada para la hora de la práctica," añadió Kagami, cambiando de tema. Se quitó la camiseta y los shorts, se descalzó y cogiendo una toalla se metió al baño ante la atenta mirada del moreno.
Aomine ya se había vestido, así que decidió tirarse un rato en la cama, a esperar al pelirrojo. Aún le duraba la sonrisa en la cara por haberlo podido avergonzar, Maldita sea, es tan fácil de leer ese idiota, pensó para sí, ojalá esta tarde nos sobren diez minutos o algo de tiempo para poder hacer unos tiros.
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Habían explicado las bandejas, los tiros libres y los triples y todos estaban muy motivados, de modo que decidieron empezar un poco antes con el partido entre ellos. Kagami y Aomine harían de árbitros y entrenadores a la vez. Los dos equipos estaban bastante igualados y tanto el peliazul como el pelirrojo tenían cada vez más ganas de jugar.
"¡Eh! ¿Por qué no jugáis con nosotros? Uno con cada equipo, así podemos ver cómo lo hacéis vosotros," dijo repentinamente uno de los niños. Kagami y él se miraron, no pudiendo evitar ver esa característica chispa de emoción en los ojos del contrario.
"Esta vez no pienso perder," dijo el pelirrojo sosteniendo la mirada de Aomine, ambos con la sonrisa en la cara y ese brillo en las pupilas.
Shura llegó poco después y se encontró una escena adorable: ambos estaban jugando como si lo dieran todo con los niños, gritando órdenes, pasando el balón a los pequeños y felicitándolos por los tiros. No intentaban encestar mucho y sólo hacían que los equipos tuvieran mayor movilidad… cómo decirlo, era como si ambos jugaran en la posición de base en sus respectivos equipos. Verlos en la cancha era algo fantástico, jugar al baloncesto realmente los transformaba. Sonreían de forma natural, se tomaban cada punto tan en serio como si de una final se tratase, e incitaban a los chicos a que dieran lo mejor de sí, "Así que así lucen los que aman el baloncesto, ¿eh?," dijo Shura al ver la escena.
Justo en ese preciso momento alguien dio un golpe al balón y salió disparado al otro lado de la cancha donde en ese momento no había nadie. En menos de dos segundos tanto Aomine como Kagami se encontraban ahí, el primero con el balón en la mano, dispuesto a encestar; el segundo, defendiendo el aro. El moreno levantó la vista y comenzó a botar lentamente mientras el pelirrojo cogía aire y se concentraba en su rival. Aomine aumentó su sonrisa, No tiene aperturas, "Buena defensa, Kagami, pero no lo suficiente," dijo mientras daba un paso a la derecha, donde ya estaba el jugador de Seirin en un suspiro. En ese momento el peliazul giró todo el cuerpo y avanzó por la izquierda, con la mirada fija en la canasta, mas eso no era suficiente para pasar a Kagami, el cual reaccionó al instante retrocediendo en diagonal hasta él y cubriéndolo de nuevo, Oe, oe, ¿qué tan rápido eres ahora?, pensó el peliazul. Una vez más su sonrisa aumentó, hizo un cambio de ritmo y la verdadera pelea comenzó.
Una vez más ocurrió: ese espectáculo que dejaba sin palabras a quien lo viera, indiferentemente de la edad que tuviera. De nuevo ambos jóvenes dieron todo de sí en esa jugada. Aomine con una demostración de basket libre que nadie podía igualar, y Kagami manteniendo el ritmo con sus instintos adquiridos del baloncesto callejero. Los niños se habían acercado para verlo mejor ya que seguían 'jugando', aunque nadie quería estorbar ese ataque, incluso Shura estaba con la boca abierta. Pero todo lo bueno llega a su fin, y ese punto no iba a ser menos: con un último bote rápido a ras de suelo, Aomine logró despistar por una décima de segundo al pelirrojo, lo cual le dio la suficiente ventaja como para acercarse al aro y saltar a matar. Kagami lo imitó inmediatamente después.
En ese momento Aomine lo vio. Uno de los niños se había situado debajo de canasta para ver mejor el combate entre ambos chicos. Si seguía esa trayectoria iba a llevárselo por delante, pero como ya había saltado, no podía hacer mucho por evitarlo. Entonces lanzó el balón hacia arriba, giró en el aire y agarró de la camiseta a un sorprendido Kagami que también estaba volando ya que saltó para bloquearlo. Gracias a los supersaltos del pelirrojo, Aomine utilizó la inercia del agarrón para salir disparados hacia un lado de la canasta. Ambos se dieron una buena hostia, pero si alguien salió perdiendo fue Kagami, que con el giro quedó completamente debajo del jugador de Tõõ.
Justo antes de chocar contra el suelo, el pelirrojo pudo ver cómo el balón pasaba a través de la red, lo cual le cabreó. Aomine notó el golpe de Kagami justo antes que el suyo propio, Eso debe haber dolido, pensó un poco preocupado. Entonces su cuerpo golpeó el del pelirrojo, creando un contacto total entre ellos. Al menos logró poner sus codos a los lados de la cabeza de Kagami, evitando así que sus cabezas chocaran. Aomine cerró los ojos debido al impacto, y entonces fue cuando todo su cuerpo se estremeció.
Notaba el calor que desprendía el cuerpo del pelirrojo por todas partes, el sudor de ambos se entremezcló, la respiración del jugador de Seirin hacía subir y bajar el pecho del peliazul haciendo que algo en su parte baja se estremeciera, Eh…, Aomine no podía pensar, su mundo se paralizó.
En ese momento Kagami abrió los ojos, Parece que le ha dolido bastante. El ala-pívot de Seirin estaba intentando enfocar la luz, y la situación. Se había llevado un golpe cojonudo y todo le daba vueltas, pero en unos segundos logró comprender lo que había pasado, ¿Y ahora está sorprendido? Como si no estuviera acostumbrado a mis tiros, era obvio que esa canasta iba a entrar, ¿acaso me está subestimando? ¿de qué se sorprende?, la cara del pelirrojo en ese momento reflejaba una absoluta incertidumbre y sorpresa. ¿¡Hah!? ¿Está avergonzado? ¡Si ahora no he dicho nada para avergonzarle!, Kagami había desviado la mirada y sus mejillas se habían ruborizado levemente. Aomine continuó mirándole sin más, esperando ver alguna otra reacción.
"Eh, Ahomine, ¿cuándo piensas quitarte de encima? No es que seas precisamente ligero."
"¿Quitarme?," el moreno levantó la vista, dándose cuenta por fin de la postura tan comprometida que tenían y cómo todos los miraban un tanto extrañados. Entonces se incorporó y le tendió una mano a su compañero en el suelo, "Perdona, no quería lastimar al pequeño y no me quedo otra que–"
"Ya lo sé, idiota, no pasa nada."
Un silencio de unos segundos se instauró en una cancha llena de gente. Kagami miraba al infinito con la cabeza ladeada y Aomine al balón en el suelo cuando un montón de gritos comenzaron a su alrededor.
"Increíble."
"¡Ha sido genial! ¿Cuándo podré hacer eso?"
"Buahhh, no había visto nada parecido. ¿Siempre estáis tan compenetrados?"
Los chicos del campamento les miraban ilusionados, seguramente ninguno de ellos dejará el baloncesto después de verlos jugar. Los dos idiotas del basket estaban un poco perdidos, pero el peliazul recuperó rápido la compostura.
"Jajaja, por eso os digo que nadie puede ganarme, ni siquiera este tipo de aquí," les dijo con su aire de superioridad, señalando con el pulgar por encima de su hombro a Kagami. En ese momento Shura salió de su ensoñación y se acercó a los jugadores.
"¡Taiga!, ¿estás bien? Vamos a ponerte hielo en la cabeza, ese ha sido un gran golpe. ¡Niños! Todos a las duchas, después de cenar hay noche especial, ¡vamos! Aomine-kun, por favor, encárgate de ellos mientras lo acompaño a la enfermería."
Todos los chavales se dirigieron a las duchas, seguidos por un peliazul un poco mosqueado, ¿Y ahora lo llama sólo por su nombre de pila?, Tsk. El pelirrojo siguió a Shura hasta la enfermería y se sentó en una silla mientras ésta sacaba una bolsa de hielo medicinal y se inclinaba para colocarla en la nuca de Kagami.
"Ah, ah, duele," murmuró, un tanto dolorido con el contacto.
"No seas quejica, podría haber sido peor si Aomine-kun no hubiera logrado pararse contra el suelo."
"Es verdad… Y, oye, ¿no se habrá hecho daño en los codos?"
"Ah, puede ser. Luego iré a echarle un vistazo."
Ambos quedaron en silencio unos minutos. Shura seguía apretando algunas zonas de la nuca del pelirrojo mientras éste se mordía el labio inferior, aguantando el dolor que le provocaba.
"No sabía que fuerais tan buenos en baloncesto, ¿jugáis en el mismo equipo?"
"No, él es mi mayor contrincante. Logramos ganarlo a duras penas en el último partido, pero está por encima de mi en muchos sentidos… He jugado contra él miles de tardes desde entonces, y no he logrado ganarlo ni una sola vez," Kagami sonrió desafiante a la pared de enfrente, recordando las tardes que jugaba con el peliazul, "Es realmente impresionante,"
"¿Por las tardes? ¿No tienes una novia o… algo así?," aventuró Shura un poco nerviosa.
"¿Hah? No, claro que no," respondió un tanto divertido. Entonces se dio cuenta de que nada le dolía, Shura había dejado de apretar el hielo contra su cabeza, "¿Está todo bie–," los labios de la chica se posaron sin previo aviso sobre los suyos, pudo sentir el calor que desprendían y un leve sabor a limón. Kagami estaba tan sorprendido que no movió ni un músculo, pero al final logró deslizarse ligeramente hacia atrás, mirando a la chica a los ojos a una corta distancia. Estaba totalmente sonrojada y tenía un brillo extraño en ellos. Justo cuando el pelirrojo abrió la boca para hablar, la puerta se abrió.
"¡Yo! Los chavales ya están en las duchas," Aomine entró en la enfermería justo cuando Shura se alejaba del chico. Levantó una ceja, ¿ha sido mi imaginación o…? Nah, imposible, "¿Qué tal está tu cabeza hueca?"
"Yo tengo que ir a preparar unas cosas, durante la cena os explico todo," Shura salió casi corriendo de la habitación, haciendo que Aomine se tuviera que girar un poco.
"¿Y a esa qué le pasa?"
"Ah… nada," Kagami esquivó el tema totalmente, aún un poco en shock por lo que acababa de ocurrir, "¿Cómo están tus codos?"
"¿Mis codos?," el peliazul dobló los brazos y se miró, "Oh, están sangrando", dijo impasible, Ni me había dado cuenta…
"Es normal, has parado una caída con ellos. En fin, siéntate, no es que me haga gracia, pero alguien tiene que curarte eso."
"¿Ah? ¿Y yo no tengo la opción de la enfermera sexy?"
"Oh, vaya, no recordaba lo imbécil que eras, hazlo tú mismo entonces, yo ya me voy," dijo el pelirrojo mientras se levantaba dispuesto a salir por la puerta.
"Eh, Kagami," lo llamó Aomine. El jugador de Seirin se giró, miró al moreno y suspiró profundamente. El peliazul había adoptado una mirada un poco sumisa, como pidiendo disculpas y su atención, no podía dejarlo ahí sin más.
"Ahhh, está bien," se resignó buscando algodón y agua oxigenada, "Pero aplícate el cuento la próxima vez."
"¿Hah?," Aomine le miraba con incertidumbre, ¿qué me aplique el cuento?, entonces vio una sonrisa de suficiencia en la boca de Kagami.
"Me refiero a algo como… 'el único que puede curarme, soy yo mismo'," añadió mientras se reía a carcajadas mirándolo divertido. Aomine frunció el ceño, molesto.
"Vale, vale, supongo que me lo merez– ¡AH!," Kagami había apretado el algodón impregnado sin ningún miramiento, "¡Pero qué bestia eres!"
"Deja de quejarte, Aomine," dijo el pelirrojo con una sonrisa graciosa. Aomine cambió su rostro a uno más suave y le observó mientras hacía su labor.
"Estás disfrutando, ¿no?"
"¿Tanto se nota?," Aomine sonrió de nuevo, Este tipo…, pensó. Realmente se divertía con el pelirrojo, ya no sólo en la cancha, sino también fuera de ella. Podría decirse que podía ser él mismo cuando estaba con él, ¿En qué coño estoy pensando ahora? No es que nos llevemos bien, sólo lo tolero porque lo respeto como jugador. El peliazul se perdió una vez más en sus pensamientos, recordando la expresión en las caras de Kagami y Shura cuando entró a la enfermería, ¡Ah! ¿Acaso estarían esos dos cuando he entrado…?
"¿Y bien?," inquirió de repente Aomine.
"Y bien, ¿qué?," respondió Kagami volviendo a su tono normal.
"¿Te gusta la chica?"
"¿Qué chica?," Kagami terminó de curar los codos del peliazul, y dejó las cosas en su sitio mientras éste se levantaba.
"¿Quién va a ser, idiota? Shura."
"Eh, ¿¡HAH!? ¿De qué estás hablando? ¿Por qué iba a gustarme?," Kagami le miró entre avergonzado y furioso, pensando si habría visto algo y subiendo su tono de voz bastante.
"Ohh, esa reacción dice mucho," dijo el peliazul con tono inquisitivo mientras le pasaba el recién curado brazo por el hombro a un azorado Kagami.
"Claro que no me gusta, ya te lo he dicho," gritó el pelirrojo quitando el abrazo de Aomine y abriendo la puerta para largarse. Pero entonces el peliazul pegó la palma contra ésta, cerrándola de nuevo y acorralándolo contra ella. Kagami se giró para enfrentarlo, quedando encarados.
"Si no te gusta una chica como esa… ¿qué te gusta?"
"¿Y a ti qué te importa?"
"¿A mi? ¡Nada! Sólo me preguntaba… ¿No será que te va otra cosa?," susurró acercando su rostro al de Kagami.
"¿Eh? Jaja, ¿no será que eso es lo que te gustaría?," contraatacó el pelirrojo mirándolo ahora con una sonrisa de sorna. Aomine alejó su cara de nuevo y lo miró totalmente sorprendido.
"¿Hah? ¡Ni de coña!"
"Oh, si al final no voy a ser yo la nenaza… ¿ya estás huyendo?," Kagami estaba logrando cabrear al peliazul, y eso es algo que no ocurría muy a menudo.
"¿Qué dices? Yo nunca huyo de nada," contestó Aomine. Relajó sus facciones y volvió a acercar su rostro al de Kagami, esta vez estaban a unos cinco centímetros de distancia. Entonces añadió en un susurro, "Aquí el único que no tiene huevos, eres tú," y tras decir esas palabras, vio el brillo en los ojos de Kagami. El brillo que aparece siempre que encuentra un contrincante fuerte. El brillo que tiene cada vez que juegan un uno contra uno. El brillo que indica que ha aceptado un desafío que piensa ganar.
Los ojos de Aomine se abrieron de par en par, no podía creer lo que estaba ocurriendo, Oe, oe… ¿esto es en serio?. Kagami había avanzado esos cinco centímetros que los separaban hacía unos instantes, posando sus labios sobre los del moreno, que aún mantenía el brazo al lado de su cabeza. No hubo mayor contacto, pero de nuevo sintió ese calor recorrerle el cuerpo. Los labios de Kagami sabían a sal, nada raro teniendo en cuenta que ambos acababan de estar jugando bajo el sol, y tenían un ligero toque a, ¿limón?, pensó el peliazul por un momento. Aomine no se separó, no pudo hacerlo ya que por un brevísimo instante –aunque él nunca lo admitiría– su cuerpo había estado tentado de llevar ese beso a algo más profundo. Menos mal que estaba lo suficientemente lúcido como para no cometer esa soberbia locura.
El pelirrojo se separó de nuevo, quedando contra la puerta. Ambos se miraron unos segundos: Aomine, tan sorprendido que estaba sin habla, mirando a Kagami, y éste, asustado de lo que él mismo acababa de hacer. No sabían salir de esa situación. El moreno retiró el brazo lentamente y dio dos pasos atrás, aún en shock.
"Eso para que vuelvas a decir idioteces," dijo Kagami, arrastrando de nuevo sus palabras con sorna, "Y quita esa cara de gilipollas, tenemos que preparar el juego de esta noche," añadió mientras se giraba y salía de la enfermería.
Aomine seguía totalmente paralizado, Qué… ¿Qué…? ¿Qué coño acaba de pasar?, gritó internamente, intentando dar una explicación a los hechos. No pensé que realmente fuera a hacerlo, sólo lo estaba vacilando, pero, espera Daiki, ese no es el problema, ¿acaso me ha gustado? Imposible…, los pensamientos agolpaban su cabeza, pero sabía que no era bueno pensando en ese tipo de cosas, Nah, habrá sido la adrenalina del momento, seguramente lo olvidaremos en un par de días. Y como se lo cuente a alguien juro que lo mato con mis propias manos.
Al otro lado de la puerta, Kagami tenía una mano en la boca y todo el cuerpo tenso y estremecido, sus piernas temblaban ligeramente y se había ruborizado. Aunque había logrado escapar de la situación como un 'fucker', sabía que lo que había hecho trascendería, Aomine no era de los que dejaban ese tipo de cosas así, seguramente se vengaría de él. Pero en ese momento eso no era lo más importante. Lo más importante era interpretar sus propios sentimientos, ¿cómo era posible que el beso de Shura no le hubiera afectado lo más mínimo, –al igual que otros tantos besos que Alex le había dado– mientras que un solo pico a Aomine le había trastocado de esa manera?
Kagami apretó los ojos con fuerza, relajó los brazos y se fue directo a dar una ducha rápida de agua fría para calmar los instintos que empezaban a despertar en su cuerpo.
