Pues ya estoy de vuelta… Esta vez he tardado un milenio en continuar, pero es que mi vida es muy caótica y nunca sé dónde estaré ni si tendré tiempo… por eso no me impuse un día de actualización. Ahora trabajo de lunes a domingo sin días libres hasta el 30 de agosto, así que escribiré lo que pueda por las noches -_-' Sorry.

Mi Beta no ha podido hacerle un último repaso, pero yo lo subo ya, que lleva escrito desde el jueves ;) Espero que os guste porque ya sabéis que es mi primer fic y puede que sea todo un poco raro.

Y encima me he dado cuenta de que cada uno de mis capítulos es más largo que el anterior… El próximo intentaré hacerlo algo más escueto o acabaré por escribir un libro xD

Aviso: Pensamientos en cursiva y diálogo entre comillas.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.

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El agua caía sobre Kagami, el cual se encontraba en la ducha intentando relajarse y no pensar en todo lo que había pasado esa tarde: primero le había besado Shura, a la cual tenía aprecio pero nada más, ni siquiera se iban a ver cuando el campamento acabara, o eso tenía en mente. Y después, él mismo había besado a Aomine. Sí, a Aomine Daiki, Joder… ¿qué cojones se me pasó por la cabeza para cometer semejante estupidez?, pensaba mientras se echaba el champú por la cabeza, con mucho cuidado de no hacerse más daño en la zona dolorida, ¿Cómo le voy a mirar ahora a la cara? Ahhhh, Kagami estaba totalmente confundido, y para colmo hoy era la noche especial.

Un ruido le indicó que alguien había entrado en la habitación e imaginando quién sería su cuerpo se tensó al momento.

"Eh, Kagami, no te tardes mucho que yo también me tengo que duchar." La voz de Aomine resonó por debajo de la puerta, "¿O acaso estás empalmado pensando en mi?". Se notaba la sonrisa de Aomine en el tono de voz que usó.

"¡Como si eso fuera posible!," bramó Kagami con las mejillas ligeramente sonrojadas bajo el agua, "Ya termino, espera cinco minutos, pesado." El pelirrojo puso el agua un poco más fría y se aclaró, al salir cogió la toalla y se la puso a la cintura antes de salir a la habitación. Allí vio al peliazul tirado en la cama ojeando una revista, a la cual dejó de prestar atención para mirar de reojo a Kagami. "Ya puedes pasar. No sé a qué venía tanta prisa si aún queda media hora para ir a la noche esa," le indicó el jugador de Seirin, intentando que la conversación fuera como siempre.

Aomine no respondió, se limitó a cerrar la revista, bajar de la litera, coger otra toalla y meterse en el baño. Esta vez no se desnudó fuera como siempre hacía, cosa que no le pasó desapercibida a su compañero. El sonido del agua cayendo volvió a oírse y Kagami se resignó a vestirse y esperar, Como me imaginaba, las cosas no van a ser exactamente como antes, pensaba para sí mientras se ponía una camiseta sin mangas negra y unos pantalones piratas marrones.

El peliazul tardó un poco más de lo normal en ducharse y Kagami aprovechó para tirarse en la cama, aún pensando en ese maldito beso y en por qué había hecho eso, pero como siempre, acabó maldiciéndose a sí mismo por actuar antes de pensar.

Aomine salió de la ducha, se vistió, y sin mediar palabra ambos fueron donde habían quedado con Shura, Joder, Shura, ya me había olvidado de eso… ¿cómo se supone que debo actuar ahora con ella? La verdad es que estaba siendo un día complicado para el pelirrojo.

Cuando llegaron al patio del albergue, donde siempre hacían las reuniones con los niños, ya estaban Shura y el resto de monitores listos para hacer la actividad, los cuales se marcharon a sus respectivas posiciones.

"¡Hola chicos! ¿Estáis listos?," preguntó la chica animada.

"Qué remedio nos queda… ¿a qué idiotez tenemos que dedicarnos esta noche?," respondió Aomine, tan borde como de costumbre.

"Jaja, se te ve con energía, Aomine-kun," le replicó sonriente. Entonces puso una expresión más avergonzada y bajó el tono cuando añadió, "Por cierto, Taiga-kun, ¿cómo va tu cabeza? ¿Todo bien?"

"Ah… sí, sí. Ya apenas lo noto… Por cierto, gracias por curarme y eso," contestó el pelirrojo un tanto azorado pasándose la mano por el cabello.

"No ha sido nada, hombre, ya sabes que estoy para lo que necesites," respondió Shura bajando la vista y con los colores ya claramente marcados en las mejillas.

"Bueno, ya está bien, ¿no? Parecéis una pareja de enamorados," resopló el peliazul, empezando a cabrearse un poco con la situación, "En este ambiente yo no puedo trabajar bien."

"Aomine, no creo que precisamente a ti te importe mucho no poder trabajar," le contestó Kagami, poniéndose un poco rojo por culpa del comentario.

"Bueno chicos, voy a explicaros la actividad, que se nos hace tarde," atajó Shura para evitar más momentos incómodos, "Ahora les explicaremos la dinámica a los niños, pero básicamente deben ponerse en grupos e ir por el campo en busca de los monitores, o sea, nosotros. Una vez que nos encuentren deberán pasar una prueba para poder seguir adelante. Simple, ¿no?"

"Está bien, ¿dónde debemos colocarnos cada uno de nosotros?," preguntó Aomine.

"A vosotros os hemos colocado en el final, de modo que estaréis juntos en la colina del bosque. Allí hay un camino entre los árboles, que da a una explanada final. Os colocaréis en ese camino, esperando a que suban los chicos, les haréis la última prueba y cuando la superen deberán esperar en la pradera donde hemos instalado tiendas de campaña para que duerman. Esa es la sorpresa que les espera: pasar la noche al aire libre bajo las estrellas." Shura finalizó radiante de emoción mientras miraba al jugador de Seirin con el rabillo del ojo.

"¿Qué? ¿Tenemos que esperar juntos?," Kagami no tenía ninguna gana de pasar la noche en un silencio incómodo, "¿No podemos estar cada uno por nuestra cuenta?," miró a Shura con ojos suplicantes.

"Ya se ha decidido, lo siento, Taiga-kun…," su mirada denotaba que si lo hubiera sabido antes no los hubiera colocado juntos, pero ya era demasiado tarde.

Kagami miró al peliazul, el cual le estaba devolviendo la mirada con una cara bastante difícil de leer, ¿Qué coño se le estará pasando ahora a este por la cabeza? No es que le preocupara cómo se sentía Aomine, pero no estaba acostumbrado a ver su cara sin el ceño fruncido y el aura de mala hostia. El pelirrojo cerró los ojos y suspiró.

"Está bien. Vamos, Aomine." Kagami se dio la vuelta y puso rumbo al camino que subía a la zona que se les había asignado. El moreno le siguió sin rechistar, lo cual no era para nada común.

Cuando subían la cuesta de la colina, el pelirrojo se dio cuenta de que el sol se estaba poniendo del todo, Ya casi es de noche… más o menos en media hora comenzarán la actividad. Sólo se oían algunos pájaros, el sonido de las hojas mecidas por el viento y las pisadas de los jóvenes. Kagami empezaba a encontrarse incómodo con el silencio por parte del peliazul, pero no se le ocurría ningún tema de conversación apropiado para esa situación, Quizás debería decirle que haga como que aquello nunca ocurrió…, en ese momento la imagen del rostro de Aomine a cinco centímetros del suyo y el tacto de sus labios al hacer contacto con los suyos le vino a la mente, haciendo que se sonrojara y bajara la cabeza para evitar que su compañero lo viera de esa guisa, Maldita sea… ¿por qué tengo que ponerme así al recordar eso?

Mientras Kagami divagaba sobre sus cosas, Aomine le seguía a cierta distancia, mirando en todo momento su espalda con esa expresión tan poco… 'Aominesca' y en un completo silencio. Tras lo que al jugador de Seirin le pareció una eternidad, llegaron al punto acordado.

"Bueno, es aquí," sentenció Kagami con un deje de alivio por poder hablar de algo, "¿Qué te parece si nos sentamos contra esos árboles a esperar la hora? Y deberíamos pensar qué les vamos a mandar, Shura me dio algunas ideas el otro día."

"Como veas," respondió Aomine mientras buscaba un árbol digno de su descanso. El pelirrojo le lanzó una mirada de odio por tan escueta respuesta, Eh, estoy haciendo todo lo posible aquí, ¿qué tal un poco de colaboración?, pensó mientras se sentaba a los pies de un árbol de tronco ancho. El peliazul se acercó y se sentó al lado, aún sin mediar palabra.

Los minutos pasaron y ambos estaban sumidos en sus pensamientos, no se dijeron nada, no se movieron nada. La noche cayó rápidamente y el frío empezó a hacerse un hueco en el ambiente, Lo que me faltaba, que justo esta noche haga un frío de cojones. Y para colmo Aomine sigue sin decir nada con esa cara de 'paso de todo'. El pelirrojo empezaba a impacientarse, cosa que el moreno no pasó desapercibida. En ese momento oyeron unas pisadas y ambos se levantaron para ver si era el primer grupo de niños a los que debían hacer la prueba, pero no fue a unos asustados niños lo que vieron, sino a Shura.

"Tsk, sólo es Shura, estará haciendo ronda. Al fin y al cabo es la coordinadora de todos, ¿no?," musitó el peliazul con desgana.

"Sí… eso parece."

"Vamos a ver qué quiere." El moreno comenzó a andar hacia la chica, pero Kagami no tenía muchas ganas de hablarla ya que aún recordaba lo que pasó en la enfermería y no le apetecía estar con ella en ese momento. Agarró la muñeca de Aomine mientras éste giraba para encaminarse hacia la chica y le miró muy serio.

"Déjalo, no creo que necesite nada."

"¿Hah? Pero si ha subido será por algo."

"Sólo estará dando una vuelta para ver si está todo correcto, no te preocupes," replicó haciendo un poco de fuerza para echar al peliazul hacia atrás.

"¿Qué mosca te ha picado, Kagami? Antes tan amiguitos y ahora no quieres ni hablar con ella… Pues yo sí que quiero, fíjate por dónde." Aomine se estaba empezando a cabrear, a él nadie le decía lo que debía o no hacer y mucho menos le agarraban para impedirle algo, "¡Eh! Shu–," intentó gritar, pero el pelirrojo tuvo suficientes reflejos para taparle la boca con la mano y tirar de él hacia el árbol en el que hace un momento habían estado sentados.

"Aomine, por favor, ¡cállate!," le susurró con vehemencia al moreno, pero si algo tenía claro sobre ese peliazul, era que no se dejaba doblegar lo más mínimo por nadie.

Ambos comenzaron a forcejear, Kagami intentando no hacer ruido mientras sujetaba a su compañero y Aomine intentando zafarse de él para llamar la atención de Shura. En ese momento, el jugador de Seirin vio de reojo cómo la chica se percataba del ruido e intentaba forzar la vista hacia la oscuridad del bosque. Eso le puso más nervioso ya que si les encontraba en ese momento seguramente Aomine se vengaría de él diciéndola que no quería verla, y eso sólo podría complicar las cosas.

En la fogosidad del forcejeo sólo se le ocurrió una manera de callar a ese maldito y molesto moreno, Joder, no me queda de otra, pensó decidido. Le agarró por ambas muñecas a la velocidad de la luz, lo empujó contra el árbol y lo besó bajo las frondosas ramas en la oscuridad del bosque. Los ojos de Aomine se abrieron de par en par mientras que los de Kagami se cerraban con fuerza, Joder, joder, otra vez no. El cuerpo del pelirrojo se calentó de golpe a pesar del frío de la noche. De nuevo sólo podía oírse el sonido de los árboles y los animales nocturnos.

Cuando Kagami consideró que Shura ya se habría marchado, se separó del peliazul y abrió los ojos. Aomine los tenía cerrados, pero al notar la ausencia de los labios contrarios los abrió y ambos se miraron directamente. El tiempo se congeló. Kagami notaba sus mejillas arder, aunque no tanto como la primera vez que se habían besado, ya que esta vez estaba más pendiente de Shura que de otra cosa, Ahh, ha vuelto a pasar, nos hemos 'besado' otra vez. Joder, debo estar loco. Aomine lo seguía mirando fijamente, con esa expresión mezcla de sorpresa, curiosidad y… ¿lujuria?, No, eso es imposible. Entonces el moreno bajó la vista, y Kagami la siguió con su mirada: sus manos todavía estaban sujetando las muñecas de Aomine, aunque el agarre había perdido la fuerza inicial, pues el cometido principal de lo que Kagami acababa de hacer no era otro sino acallar al moreno.

Rápidamente y con las mejillas sonrojadas, el pelirrojo soltó las muñecas del jugador de Tõõ y miró a un lado, buscando a Shura.

"Ah, ya se ha ido," dijo fingiendo tranquilidad e indiferencia por lo que acababa de pasar, "Aomine, yo… Bueno, es que no se me ocurrió otra forma de que te callaras y…," las palabras se atropellaban en su boca y Aomine lo seguía mirando tal cual, no se había movido ni un centímetro desde que el otro lo soltara, Joder, ha sido demasiado para él, quizás no vuelva a dirigirme la palabra, y no lo juzgo por ello. Kagami estaba asustado. Asustado porque quizás hubiera perdido un amigo. ¿Amigo? No, ellos nunca habían sido tal cosa, más bien había perdido un rival; el mejor que tenía. "Bueno, voy al camino a esperar al primer grupo," dijo buscando una excusa para alejarse de esa mirada profunda e incomprensible para él.

Justo cuando giró y suspiró aliviado por poder dejar de mirar esos azulados ojos penetrantes, notó cómo algo lo sujetaba por la muñeca, haciéndole volver a encarar al peliazul.

"Kagami…," musitó Aomine, con una voz ronca pero suave. El pelirrojo nunca le había oído poner ese tono, pero sabía que seguramente le diría que no se volviera a acercar a él.

Antes de que pudiera seguir hablando, se oyeron unos gritos en la ladera y Kagami aprovechó para zanjar la conversación por el momento.

"Son los chavales. Vamos, Aomine," dijo con voz alegre.

"Joder," fue toda la respuesta.

En unos minutos ya estaban riendo con los niños ya que la prueba que tenían que hacer era muy divertida. Kagami evitaba todo lo posible al peliazul, y éste lo notaba pero no hacía nada por evitarlo. En el último grupo que llegó, uno de los chicos no se encontraba muy bien y Aomine se ofreció a llevarle antes de tiempo a la zona donde dormirían.

"Vamos, lento, sube a mi espalda," dijo mientras se ponía de cuclillas para que el chico pudiera agarrarse a su cuello, "Kagami, me lo llevo allí. Te esperamos cuando acabes con este grupo," dijo, y se alejó diciéndole al niño algo sobre que no se preocupara por los lobos, que les daría una paliza si se acercaban a él, Así que también puede ser dulce, ¿eh?, pensó Kagami al escuchar ese comentario, mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios.

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Mientras Aomine cargaba al chico hacia la explanada, rememoró el día tan caótico que había tenido, se estaba volviendo loco, Joder, se me ha ido la cabeza.

Cuando Kagami había salido de la ducha esa tarde y lo miró semidesnudo, su cuerpo entero reaccionó. Notó una punzada en la parte baja de su cuerpo y decidió meterse cuanto antes en el baño, no era plan que su compañero lo viera con una erección en ciernes.

Ya en la ducha se había metido con agua templada para intentar calmarse, pero por algún motivo su cabeza no dejaba de recordar las expresión de Kagami después de besarse, y eso no hacía sino aumentar el calor de su cuerpo y, por lo tanto, su erección. Al final no le quedó otra que comenzar a masturbarse. Comenzó pensando en las fotos de su querida Mai-chan, pero su cabeza seguía emperrada en recordar otra expresión. Cuánto más insistía él en recordar los pechos que tanto le gustaban, más difícil se le hacía correrse, así que viendo que tardaba demasiado y que el pelirrojo acabaría por molestarse, se dejó llevar y recomenzó de forma suave el vaivén con su mano mientras rememoraba lo que había ocurrido hacía un rato en la enfermería. El agua le caía templada, su cuerpo ardía, y el recuerdo aún estaba vívido, de modo que cinco minutos le bastaron para terminar. Puso el agua fría, se terminó de duchar y se puso a pensar en que algo no estaba bien con él.

"Si, definitivamente, algo no está bien conmigo," suspiró mientras caminaba.

"¿Qué has dicho?," preguntó el chaval a su espalda, Ah, lo había olvidado.

"Nada, nada, estaba hablando solo," contestó con una ligera sonrisa que tranquilizó al chico, que se la devolvió contento.

Aomine continuó divagando, Y ahora esto. Cuando ya estaba yo lo suficientemente confundido, va ese idiota y me vuelve a besar, y encima para pasar de la tipa esa. El peliazul comenzó a cabrearse. Sabía que todo había sido un cúmulo de sucesos extraños, Igual ese Bakagami se está enamorando de mí, pensó divertido, Si yo fuera él, también me enamoraría de mí… . Los labios de Aomine se curvaron conformando una sonrisa pícara.

Cuando llegó a la explanada, ya estaban preparando la cena y los chicos gritaban emocionados por poder dormir en la calle. Se habían colocado tiendas y sacos dentro para todos.

"Ah, hola Aomine, ¿qué pasa?," le preguntó Shura de repente, pillándolo desprevenido.

"Nada, este mocoso se encontraba un poco mal y me lo he traído antes"

"Ya veo… lo llevaré con Takeuchi, tiene el título de enfermero," y dicho esto cogió al niño y se lo llevó en brazos con otro de los monitores. Al poco rato volvió para hablar con el peliazul, "Las tiendas están distribuidas como las habitaciones, puedes ir yendo a la tuya, hemos llevado las mochilas que dejasteis preparadas para pasar la noche." El moreno cambió por un momento su cara de aburrimiento por una de sorpresa.

"¿Tengo que dormir en una de esas tiendecitas con el idiota de Kagami?," preguntó un tanto cabreado.

"Sí, Taiga-kun y tú estáis en la misma habitación, así que os toca la misma tienda… No hemos querido mezclarnos," justo cuando Aomine se disponía a reclamar, llegó el último grupo junto con el pelirrojo.

"¡Ya estamos aquí!," animó Kagami, "Id al centro donde están todos en la fogata, que pronto vamos a cenar," añadió mientras todos salían pitando con sus compañeros.

La noche pasó tranquila, ni Aomine ni Kagami se dirigieron la palabra y todos cenaron, cantaron y jugaron a juegos alrededor de la lumbre. Más tarde se tiraron en la hierba a ver las estrellas mientras uno de los monitores les explicaba las constelaciones. Ese fue un momento de respiro para ambos ya que, al fin y al cabo, había sido un día muy intenso para ellos.

Aomine suspiró y se relajó, nunca se había fijado en la cantidad de estrellas que se podían ver en el cielo, Satsuki tiene razón, soy un idiota para algunas cosas, sonrió mientras se reía mentalmente. Giró la cabeza para ver a Kagami unos metros más a su izquierda, estaba tumbado y completamente relajado, con un brillo en los ojos mientras observaba el firmamento. En ese momento el pelirrojo giró la cabeza y sus ojos se volvieron a encontrar. Se mantuvieron la mirada durante el resto de la explicación, hasta que Shura dijo que era hora de que todos se acostaran y tuvieron que levantarse para indicar a los chicos dónde dormir.

Cuando todos estuvieron acostados, los monitores se reunieron en el fuego para hablar un rato y vigilar que nadie saliera a la calle. Pasadas un par de horas se fueron marchando a sus tiendas, y Kagami hizo lo propio.

"Bueno, yo me voy a retirar," dijo el pelirrojo, "Buenas noches." Se alejó hacia su tienda y se metió dentro.

Aomine había dejado de escuchar las conversaciones desde que el pelirrojo se había ido. Por alguna extraña razón tenía muchas ganas de ir a la tienda, pero sabía que con la confusión que tenía encima, podía liarla haciendo algo que no debía hacer, Tampoco puedo quedarme a dormir en la puta calle.

"Ya es hora de que me pire también," dijo a modo de despido al resto de los monitores.

"Buenas noches, Aomine-kun," contestaron los demás.

Según se acercaba a la tienda se iba poniendo más nervioso, y eso significaba que se estaba cabreando ya que esa era su forma de ser: cuando algo le afectaba por motivos desconocidos la tomaba con todo el mundo y se cabreaba interiormente consigo mismo. Abrió la cremallera y entró dentro.

"Kagami, ¿estás dormido?," susurró. No obtuvo respuesta alguna, así que supuso que sí lo estaba, Menos mal, así no habrá problemas. Al momento de que ese pensamiento le cruzara por la mente, Aomine se dio cuenta de que era la primera vez que no sentía que controlara la situación, cosa que no ocurría desde que Seirin le ganó.

Desde que su personalidad cambió drásticamente en sus últimos años en Teiko, siempre había llevado las riendas de todo. Sabía lo que quería y cuándo lo quería, y nunca le afectaba lo que los demás hicieran o pensaran; pero en ese momento, se sentía ligeramente perdido, y no le gustaba nada. Decidió pensar en ello más adelante.

Se quitó la camiseta y los pantalones, quedándose en bóxers, y se acercó a lo que parecía una cama, "¿Eh? ¿No teníamos sacos?," dijo en un tono un poco más alto. Kagami se revolvió y se incorporó.

"Ah, Aomine. Ya has venido," murmuró medio dormido frotándose el ojo derecho con la mano. Enfocó al moreno y al ver la cara con la que miraba la cama improvisada añadió, "Es que los sacos que nos han dejado son demasiado pequeños… si no entro yo, mejor no hablemos de ti. Así que he pensado que lo mejor era abrir los dos y usar uno de colchón y otro de manta," explicó Kagami, "Si no te gusta puedes dormir en la calle. No pienso moverme con lo que me ha costado montar esto," añadió poniéndose a la defensiva ante el silencio del peliazul.

"Ahhh…," murmuró de mala leche Aomine, ¿Ya qué más da?, "Está bien," cedió de mala gana.

"Vale."

"Vale."

Ambos se miraron unos segundos.

"Entonces, hasta mañana, Aomine," dijo el pelirrojo antes de volver a tumbarse y acomodarse dando la espalda al moreno.

"Sí…"

El peliazul levantó la 'manta' para acostarse, y se dio cuenta de que para su desgracia Kagami también dormía en bóxers, Tsk, ya podría usar pijama, gruñó para sí. Se metió a su lado e intentó taparse, pero el saco era demasiado estrecho, de modo que se acercó al pelirrojo todo lo posible pero sin llegar a tocarle, y aún así no se podía cubrir del todo.

"Tsk," tiró un poco para taparse, haciendo que Kagami se destapara, "Mucho mejor."

"Eh, no te lleves todo el saco." Su compañero tiró de nuevo, y el moreno volvió a quedarse a la intemperie.

"Bakagami, no me llega esa mierda si te la quedas toda para ti."

"¿Toda para mi? ¡Si estoy al límite!"

"Joder, ya nos podrían haber dado uno un poco más ancho."

"Apáñate como puedas."

"¿¡Hah?! Lo dice el que está todo tapadito. Déjame a mi la manta y apáñate tú," increpó Aomine.

"Yo he llegado antes."

"Como si naciste aquí, no tiene nada que ver."

Ambos comenzaron a tirar del saco hasta que finalmente cedió el pelirrojo.

"Está bien, tápate tú y yo me apaño. Joder."

"Así me gusta: servicial." El peliazul se volvió a acomodar, pero no tenía sueño, la discusión le había despertado del todo. Cerró los ojos y se perdió en sus pensamientos.

Poco después notó una piel cálida contra su espalda. Kagami y él estaban con las espaldas totalmente unidas, Joder, qué caliente está este tío siempre. Su cuerpo comenzó a aumentar la temperatura y sus instintos le instaban a darse la vuelta y atacarlo con todo lo que tenía, pero sabía que eso era una locura.

Aomine era un chico de impulsos, pero en ese momento su razón todavía superaba a sus instintos, de forma que volvió a cerrar los ojos y con dificultad al cabo de un rato se durmió.

Unas horas más tarde se despertó, asfixiado de calor. No se veía mucho, pero la luz de la luna se filtraba por la tienda. Notó un brazo por encima de su pecho, y miró hacia la izquierda. Kagami yacía a su lado, mientras dormía le había tirado todo el saco encima y para colmo lo había abrazado, "Tsk, ¿para eso hemos peleado por el puto saco?," murmuró Aomine para sí. Estaba pasando mucho calor, pero le gustaba la sensación de estar tan cerca de esa estufa viviente llamada Kagami, así que se quitó el saco de encima, dejándolo en los pies con alguna esquina entre sus piernas.

El simple calor corporal que desprendía el ala-pívot de Seirin servía para calentarles a ambos. Aomine se durmió enseguida.

Cuando la luz empezó a entrar en la tienda, fue Kagami el que se despertó. Al abrir los ojos se encontró con el rostro del moreno, pero no el que tiene siempre, sino uno relajado, sereno, como si no hubiera roto un plato en su vida.

Nunca lo había visto así. Entonces notó cómo el brazo del jugador de Tõõ se perdía debajo de la almohada, bajo su nuca; y cómo el otro reposaba sobre su abdomen ya que el peliazul estaba de lado, y encima ambos estaban en bóxers. Kagami se notó calentar, su respiración se volvió tan forzada que pensaba que lo despertaría, de modo que intentó largarse de ahí lo antes posible.

Comenzó a apartar el brazo que le rodeaba, pero no sabía cómo hacerlo sin despertarlo.

"Mmmmhhh," murmuró Aomine, dormido, "No te muevas."

Kagami supuso que seguiría soñando. Al final logró desembarazarse del brazo e incorporarse, pero ese movimiento acabó por despertarlo.

"Ahhh, ¿por qué tanto ruido?," Aomine abrió los ojos, desorientado, "¿Kagami?"

"Ey, Aomine," respondió sereno, "Anda, levanta y vamos a desayunar, dentro de poco habrá que despertar a la chiquillería," le dijo Kagami suavemente.

"Tsk, qué pereza, duérmete."

"Bueno, en realidad no sé qué hora es… Shura dijo que nos avisaría a las ocho para despertar a los niños a las nueve." Antes de que acabara la frase Aomine ya estaba con el móvil en la mano.

"Joder. Maldito Bakagami."

"¿Y ahora eso a qué viene?"

"Son las seis y media de la mañana," refunfuñó indignado, "¿Acaso nunca te han enseñado que el sol sale muy temprano?"

"¿Sólo son las seis y media?," dijo impresionado.

"Eres un desastre." Aomine le miró un momento, tenía el cuerpo muy trabajado y ligeramente sudado por el calor que hacía en la tienda, "Anda, vuelve a tumbarte, te estoy usando de estufa."

"¿¡EH?!," Kagami le miró un poco asustado.

"Tranquilo, no te voy a morder ni nada parecido… Eso te lo dejo a ti."

La cara de Kagami tornó roja. Aún no había amanecido aunque ya hubiera luz, y no era plan de salir a esas horas por ahí, no le quedaba otra que quedarse a escuchar cómo Aomine le metía indirectas sobre lo que había hecho.

"Joder…" murmuró mientras se tumbaba de nuevo, esta vez un poco alejado del moreno.

Aomine lo miró curioso, Jajaja, ¿ahora le entra la vergüenza? Pues se va a enterar, "¿No te acabo de decir que te estoy usando de estufa? Acércate más, capullo."

"¿Y por qué no coges el saco?," contestó Kagami con las mejillas rojas.

"Porque esa cosa me da demasiado calor."

"Pues te jodes," respondió tajante el pelirrojo. Aomine puso su típica sonrisa ladeada y contestó,

"Yo creo que me lo debes, ¿no? Bueno, después de lo de anoche, ya sabes, lo del be–"

"¡ESTÁ BIEN! ¡Está bien!" La sonrisa de Aomine aumentó mientras Kagami se acercaba a él, quedando como antes: el pelirrojo hacia arriba con el brazo derecho contra el moreno, y éste de lado.

El más alto al sentirlo tan cerca tenía cada vez más ganas de lanzarse contra él, y aunque sabía que eso era una locura y que seguramente sólo le traería problemas y quizás una buena hostia, decidió arriesgarse porque siempre se dejaba guiar por sus instintos y no le había ido tan mal. Sonrió, decidido, Y ahora, a matar. Se incorporó sobre el codo izquierdo para acercar su rostro al de Kagami, que ya había cerrado los ojos en un intento de relajación interna que no había logrado hasta el momento. Entonces lo besó, despacio, suavemente, tanto que el pelirrojo no se percató de lo que ocurría en un principio hasta que abrió los ojos. Ambos sentían los labios contrarios tibios y húmedos.

En ese momento Kagami reaccionó e intentó zafarse del moreno. Se retorció, intento escapar, pero al estar debajo del peliazul estaba completamente doblegado, a su merced. Visto que no tenía escapatoria pensó 'de perdidos, al río' y se dejó hacer. El ala-pívot de Seirin separó los labios voluntariamente y presionó más su cuerpo contra el peliazul, que se sorprendió bastante de la nueva reacción del pelirrojo. Ambos profundizaron el beso. No era agresivo, simplemente se tentaban con la lengua, intentando saber qué buscaba el contrario. El pelirrojo alzó su mano hasta pasarla por los sorpresivamente suaves cabellos azules, haciendo que éste perdiera un poco más la compostura y le besara con más pasión. Sus lenguas comenzaron a danzar, por arriba, por abajo, inspeccionando cada recoveco como si quisieran memorizar cada sensación nueva que experimentaban. Aguantaron así todo lo que pudieron, ninguno quería retroceder, pero la falta de aire les hizo separarse.

Aomine miró desde arriba al pelirrojo. Ambos tenían la respiración agitada, el corazón del Kagami latía a mil por hora y los ojos de Aomine lucían con un brillo de lo más lujurioso. Entonces el más bajo retiró lentamente la mano del pelo de su compañero, estando aún bastante anonadado de sus propios actos y haciendo que el moreno volviera a su posición inicial, intentando relajarse.

El peliazul cerró los ojos, colocó la palma de su mano izquierda bajo su cabeza, tras la almohada y el brazo derecho agarrando al pelirrojo, tal y como se habían despertado, Joder, he tenido que alejarme para que no notara que me he empalmado, pensó, alterado, Pero… Joder, eso estaba yendo muy bien, ¿no? Se quedó pensativo por un momento, viendo el perfil del pecho del pelirrojo subir y bajar con la poca luz que entraba, ¡A la mierda! Ese fue el último pensamiento que tuvo antes de comenzar a mover ligeramente sus dedos sobre el abdomen de Kagami, primero de forma casi imperceptible, después un poco más notoriamente.

Poco a poco comenzó a acariciar los costados del pelirrojo, subiendo y bajando a forma de caricias; subiendo hasta sus pectorales y repasando deliberadamente el contorno de los pezones con el dedo. La respiración del jugador de Seirin comenzó a volverse más irregular y Aomine lo notó, Parece que esto va bien… Además, si no quisiera que siguiera ya me habría llevado un buen puñetazo en la cara, ¿no?, pensó para sí mismo mientras notaba su erección volver a la vida, Joder, ¿sólo con esto? ¿qué me pasa?. Volvió a centrarse en bajar la mano hasta la goma de los bóxers del pelirrojo, enterrando tres dedos por debajo, tentando a la libido de su compañero. Justo antes de volver a subir la mano para acariciar su tripa, notó como algo hacía tensión en los bajos de Kagami y una sonrisa se dibujó en su rostro.

Decidió entonces aventurarse a mirarlo a la cara y se encontró con que yacía con los ojos cerrados, disfrutando las sensaciones que Aomine le estaba brindando. El moreno enarcó una ceja. No es que le molestara, pero él no era de los que trabajaban gratis, así que bajó la mano una vez más, rozando por fuera todo lo largo del miembro de Kagami ya casi erecto, cosa que hizo que el jugador de Seirin apretara la mandíbula para no alterar más su respiración, Si quieres más, ven a por mí, pensó divertido Aomine mientras se separaba un poco del pelirrojo y se tumbaba de nuevo de forma normal a su lado.

Abrió un de sus azulados ojos para ver la expresión de Kagami y con dificultad logró aguantarse la risa. El pobre chico no podría estar más tenso: con los brazos estirados, la cabeza mirando al techo con las mejillas completamente rojas, la respiración agitada y los labios apretados, Ahhh, esto de molestarlo mola demasiado, pensó el peliazul.

Se hizo un silencio que se podría cortar con un cuchillo. La tensión sexual no resuelta era demasiado grande para que ninguno pudiera aguantarla, la pregunta era: ¿cuál de los dos dejaría primero de lado su orgullo para poder saciarla? Exacto, igual que en baloncesto realizaban enfrentamientos mentales con miles de posibles variaciones de sus jugadas, lo que ahí ocurría ahora mismo era una lucha por ver quién dominaba la situación.

"Joder," murmuró al final Kagami, que se giró hacia Aomine y se le quedó mirando. El peliazul notó el movimiento y abrió los ojos. Se miraron.

Unos ojos azules tan profundos como el océano. Te podías perder en ellos.

Unos ojos carmesí tan intensos como el fuego. Te podían hipnotizar.

Enfado. Una pregunta silenciosa. Más enfado. Resignación. Aceptación. Una sonrisa ladeada. Tensión. Lujuria y… un solo movimiento idéntico al unísono.

Aomine aún sonreía cuando ambos se lanzaron para comerse la boca. Esta vez sí hubo agresividad debida al exceso de pasión. Aomine lo besó con todo lo que tenía, mordiendo ligeramente el labio inferior para después atacarlo en cuanto el pelirrojo intentaba llevar la iniciativa. No es que fuera precisamente un amateur en eso de besar bien, y lo sabía. Kagami por su parte intentaba seguirle el ritmo, sin mucho éxito; notar las manos del moreno recorriéndole todo el cuerpo no le dejaba pensar con claridad.

Una de las manos del peliazul paró en la cadera de Kagami, mientras la otra se adhería a su nuca para atraerlo más hacia sí. Lentamente bajó un poco el bóxer del más bajo mientras le mordía el labio para a continuación bajar a su cuello y comenzar a morderlo y besarlo, recorriendo todo hasta el lóbulo de la oreja, donde mordió ligeramente más fuerte robando un suspiro mezcla de queja y placer por parte del tigre.

"¿Eso es todo lo que sabes hacer?," susurró Aomine de forma ronca y pausada en su oído, cosa que quedó más sensual de lo que cabría imaginar.

Esa simple frase bastó para encender a Kagami, que le empujó para dejarlo por completo bajo su cuerpo. Sin darle tiempo a reaccionar lo comenzó a besar de nuevo mientras movía sus caderas para que sus erecciones rozaran entre ellas. Ambos estaban más cachondos de lo que querían aceptar. La mano del moreno bajó por toda la espalda del tigre hasta llegar a sus nalgas, las cuales rodeó para acariciar su miembro al ritmo del movimiento de caderas del pelirrojo. Comenzó a retirar el bóxer liberando la erección mientras Kagami le besaba el cuello apasionadamente, perdiendo ya toda vergüenza debido al nuevo contacto.

Aomine cerró los ojos un momento y disfrutó de la sensación. No sabía lo que sentía, ni lo que quería, ni por qué le pasaba lo que le pasaba o por qué hacía lo que estaba haciendo; pero sí sabía que con ese pelirrojo escandaloso se sentía a gusto, y no iba a desperdiciar ese momento. Después del campamento seguramente volverían a no verse apenas.

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Kagami no estaba en sus cabales, ¿cómo cojones había podido acabar así? La primera vez que Aomine le había besado él sólo había podido pensar en cómo evitar la erección que amenazaba con despertar, Cosas feas, cosas feas, perros, muchos perros, una jauría de perros… Y funcionó en cierta manera cuando el peliazul se volvió a recostar. Lo siguiente que recuerda es estar besándose apasionadamente, y acabar en la situación en la que estaban en ese momento: el moreno masturbándolo lentamente mientras él prácticamente le comía el cuello y la boca. Ya había perdido la cordura con Aomine, y ahora necesitaba más contacto, más pasión, sentir más cerca al peliazul.

Kagami levantó la cabeza y lo miró. Tenía los ojos como si fuera a comérselo en ese mismo instante. Entonces se inclinó para volver a posicionarse a su lado y antes de que le diera tiempo a pensar volvió a besar a Aomine mientras éste reanudaba el movimiento. El pelirrojo le imitó, bajando el bóxer negro del peliazul y acariciando poco a poco su excitado miembro.

"…a-kun."

"…iga-kun!"

"¡TAIGA-KUN!"

El grito de Shura devolvió a ambos al mundo real. Abrieron los ojos y en el tiempo que Kagami se subía el bóxer y se tumbaba boca arriba, Aomine ya les estaba tapando con el saco, pero se había hecho un revoltijo y no lograba estirarlo,

"Joder, esta mierda de saco es una puta trampa mortal, debimos haberlo mandado al carajo," murmuró mientras con gran velocidad lo ponía sobre ellos, pero sólo logró cubrir sus cinturas para evitar que nadie viera lo que ahí había estado pasando. En ese momento entró la rubia a la tienda, mirándoles ensimismada. Kagami se dio cuenta del panorama: dos tíos en calzoncillos y muy juntos en una tienda en la que ahora mismo podría haber treinta grados fácilmente, Oh, mierda, fue lo único que atinó a pensar.

"Ah, nos hemos dormido… ¡Aomine!," gritó en la cara del peliazul, "Tenemos que levantarnos."

"Ahhh, no quiero, me has tenido despierto a las seis y media de la mañana," refunfuñó el moreno intentando disimular. Esas palabras hicieron que el pelirrojo se pusiera aún más nervioso.

"Eso es porque me ha despertado el amanecer," se excusó ante Shura, "No vaya a ser que pienses cosas raras…," añadió, pero la chica parecía estar concentrada en memorizar cada parte del cuerpo de Kagami.

"Ah… S-sí, bueno, os espero fuera," tartamudeó, dándose la vuelta y saliendo.

"Joder, Ahomine, ahora pensará lo que no es."

"¿Y qué es lo que no es?"

"¿¡Hah?!"

"Nada, realmente eres Bakagami," dijo entre risas, "Mejor no le cuentes que me has besado."

"¡Aomine!"

"Varias veces."

"¡Cierra el pico!"

"Y me has tocado."

"¿Quieres dejarlo ya o te tengo que dar una hostia?," gritó cabreado mientras Aomine sólo se reía, Esto es una jodida locura. ¿Qué coño estaba haciendo? Y encima casi nos caza Shura. ¡Estamos en un maldito campamento infantil! ¡Joder Taiga, en qué estás pensando! El pelirrojo se desembarazó del saco al que ahora tanto odiaba y se levantó dispuesto a salir a la calle para ver si el aire fresco le hacía volver a ser una persona normal.

"Eh, Kagami," dijo Aomine tras él con un tono más serio.

"¿Qué pasa ahora?"

"¿Piensas salir así a la calle?"

"¿Así cómo?" El moreno bajó la mirada a su entrepierna con cara de circunstancia, y el pelirrojo se dio cuenta de que seguía empalmado, "¡Joder!"

Kagami se vistió dentro de la tienda totalmente avergonzado, se relajó un poco e ignorando a su compañero salió a desayunar con el resto de monitores. Cinco minutos después Aomine lo siguió.

Horas más tarde ya estaban todos de vuelta en el campamento. Ese era el último día, y se notaba en los ánimos que todos estaban un poco tristes. El día lo pasaron ayudando a todos a hacer las maletas, despedirse, darse direcciones y demás cosas típicas de esos momentos.

Cuando el autobús con los niños partió, Aomine y Kagami se despidieron desde la acera, volvieron al albergue e hicieron lo propio con sus maletas. Al acabar se despidieron de los monitores y se marcharon a coger el autobús al pueblo. Antes de irse, el peliazul pudo ver cómo Shura le daba una hoja al pelirrojo y cómo ésta no le quitaba ojo de encima hasta que se perdieron de vista.

"¿Una carta de amor?," preguntó el peliazul.

"Su número de teléfono, idiota."

"Ya veo."

Esa fue toda la conversación hasta que llegaron de nuevo a Tokio y se bajaron en la estación. Cada uno debía coger un tren diferente.

"Bueno, yo voy por allí," dijo Kagami.

"Vale."

"Vale."

El pelirrojo giró rumbo a su andén, pero antes de bajar las escaleras que daban acceso, miró sobre su hombro para ver justo cómo Aomine en ese momento estiraba el brazo dándole la espalda a modo de despedida. Kagami sonrió y bajó.

Esa noche ambos chicos se acostaron rememorando el campamento, aunque no precisamente los juegos o el baloncesto.