A Hermione se le antojó interminable el tiempo que tardó el volver a abrirse la puerta de la celda. Se puso en pie de un salto, sí se trataba de Malfoy se tiraría sobre él con los puños en alto como una salvaje. Se preparó para atacar, pero en su lugar apareció Zabini.
-Privatio Sesuum.-murmuró el mortífago apuntándola con la varita.
El hechizo privó a Hermione de todos sus sentidos. No podía ver, no podía oír, no podía hablar y no podía comunicarse de ninguna manera. Se asustó muchísimo cuando notó como tiraban de ella casi obligándola a arrastrar los pies. Quería gritar pero no podía, tenía los ojos abiertos pero no veía. No conocía ese hechizo, ni tan siquiera sabía si se trataba de un maleficio. Y definitivamente, no le gustaba sentirse atrapada dentro de su propio cuerpo.
Zabini debió perder la paciencia en algún momento, porque comenzó a tirar de ella con violencia, haciendo que Hermione diera traspiés a cada paso. El mortífago le dio un fuerte empujón en la espalda, que provocó que Hermione volara hacia delante y cayera sobre sus rodillas. No le había dado tiempo a poner las manos para parar el impacto, y el golpe sobre sus huesos fue tan brutal que quiso gritar de dolor, las rodillas le ardían. Descubrió en ese momento que el hechizo la privada de los sentidos pero no del dolor.
Se sorprendió cuando sus sentidos le fueron devueltos. Se limpió las lágrimas de los ojos con la manga del jersey. Había sido de las peores experiencias de su vida. Apoyó las manos en el suelo y respiró con fuerza, al levantar la mirada no le sorprendió ver que se encontraba en otra celda, mayor que la suya y mejor iluminada. Escaneó la estancia en busca de peligro y vio que había un pequeño bulto moviéndose en la esquina opuesta a donde ella se encontraba. Hermione se puso de pie y se acercó hasta allí con cautela, lo que quiera que fuera esa cosa, parecía estar sufriendo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca pudo divisar que se trataba de un animal de pelaje cobrizo, justo cuando este emitió un suave maullido, a la chica se le cayó el alma a los pies.
-¡Crookshanks!-chilló Hermione corriendo en su dirección.
Se arrodilló al lado de su querida mascota, estiró la mano para tocarla y cuando la punta de sus dedos estaba a punto de rozar al gato, éste se desvaneció. Hermione parpadeó un par de veces extrañada. ¿Se lo había imaginado? No le dio tiempo a suspirar aliviada cuando escuchó un quejido a sus espaldas. Se apoyó sobre las rodillas y giró sobre sí misma. En la esquina contraria de la estancia, había un bulto visiblemente más grande que el anterior. Hermione se levantó con cautela y se aproximó al cuerpo. El cadáver que se encontraba a sus pies no era otro que el de Edwina, la elfa de Malfoy. Hermione se llevó una mano a la boca para no gritar y sintió unas terribles ganas de vomitar. Se agachó al lado de ella y cuando fue a cerrarle los ojos, el cuerpo desapareció.
Hermione se puso de pie comprendiendo que se trataba de otro tipo de tortura. Enseñarle seres sufriendo, agonizando, o muertos, seres que además ella conocía, seguramente con el objetivo de debilitarla. Pero no señor, no iban a torturarla de esa manera. No iba a permitirlo, no cuándo sabía que en realidad estaba sola en esa estancia y que seguramente detrás de esas paredes, Malfoy junto con su panda de matones se divertían a su costa, sin perder detalle de todas y cada una de sus reacciones.
Se percató de que había un nuevo cuerpo retorciéndose, esta vez más grande que el anterior. De hecho, el bulto parecía humano. Hermione decidió no acercarse, sabía que lo más sensato en ese momento era ignorar a la criatura. Lo consiguió durante los primeros segundos, y hubiera finalizado su tarea con éxito si no se hubiera puesto a gritar con una voz que ella conocía muy bien, la de su mejor amiga, Ginny Weasley. Se tapó los oídos hablando consigo misma, como si fuera una demente: no está aquí Hermione, no está aquí de verdad, se repetía una y otra vez. Y así, fue viendo morir a todos sus seres queridos: sus padres, Luna, Neville, Molly, Arthur, McGonagall... Todos ellos gritaban su nombre y pedían auxilio. Cuando el grito que retumbó en las paredes de la habitación fue el de Ron, no pudo aguantarlo más. Se levantó y cruzó la habitación a toda velocidad, de repente todo aquello parecía muy real.
-¡Ron!-gritó mientras corría en su dirección. Llegó a su lado de un salto y vio cómo del cuerpo su amigo emanaba sangre de todos lados, mientras se retorcía de dolor a sus pies.
-¡Ron!-exclamó la chica cayendo de rodillas a su lado, derrotada.
En ese preciso instante, olvidó las diferencias entre real e irreal y comenzó a chillar desolada. Podría ver morir a cualquiera, mentalizándose de que era mentira pero, ver sufrir a Ron era superior a sus fuerzas. Quería a Ron con toda su alma. Harry era su amigo, pero Ron era su otra mitad, y para ella verlo sufrir, aun recordándole una voz en lo más profundo de su mente que no era real, estaba siendo superior a sus fuerzas. Sin entender muy bien que hacía trató de zarandear el cuerpo de su novio, pero nada de lo que intentó tuvo resultado. Después de un par de minutos escuchando los gritos de Ron, sin poder hacer nada por evitarlos, se sentó a su lado, se tapó los oídos con fuerza y escondió la cabeza entre las rodillas rezando para que desapareciera pronto.
Horas después, Draco se la encontró en la misma posición y completamente inmóvil. A su lado, yacía el cuerpo de Weasley retorciéndose sin parar.
-¡Riddikulus!-dijo Malfoy apuntando al boggart con su varita. El cuerpo inerte de la comadreja se transformó completamente, dejando paso a un Weasley vestido de payaso. En otro momento Draco hubiera encontrado la situación divertida, pero por razones que aún escapaban a su control en ese momento, no lo hizo. Se agachó cerca de Hermione, hincando una rodilla en el suelo.
-Granger.-llamó él, al ver que la chica no se movía.
Hermione continuó con la cabeza escondida entre las rodillas y las palmas de las manos contra sus orejas.
-¡Granger!-repitió más alto que antes.
La chica continuaba inmóvil, tan quieta que parecía que le hubieran lanzado un petrificus totalus.
Draco le agarró la muñeca derecha por encima de la tela del jersey. Ante el contacto, la chica despegó la cabeza de sus rodillas. Su rostro estaba plagado de lágrimas, tenía la mirada vacía y una expresión de sufrimiento profundo. Le miró como si no viera nada, como si delante de ella no estuviera Draco Malfoy, como si lo único que vieran sus ojos fuera la habitación vacía. Draco se sintió violento, no estaba acostumbrado a no saber que decir, como tampoco estaba acostumbrado a no sentirse bien cuando alguien lloraba, y más si ese alguien era un enemigo de la infancia.
-Granger, sólo era un boggart.- se vio en la necesidad de expresar esas palabras en alto. Draco no sabía muy bien porque lo hizo, pero por alguna extraña razón necesitaba que la chica reaccionara.
-Lo sé.-asintió Hermione.-Pero eso no hace que sea menos doloroso.
En ese momento Hermione se soltó de su agarre de un manotazo. Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y se apoyó en la pared, buscando un apoyo para levantarse.
-¿Puedo irme ya?-preguntó con voz temblorosa.
Draco se puso de pie sin responder y se dirigió a la salida. Una vez llegó a la puerta, se paró en seco y la miro.
-Vamos Granger, no tengo todo el día.-respondió volviendo a su tono habitual.
La chica se concentró en poner un pie delante del otro, todavía le temblaba todo el cuerpo, y tenía la sensación de que no sería capaz de llegar a su cuarto sin caerse, debido a sus piernas de gelatina. Cuando atravesó la puerta trastabilló por culpa del escalón que tenía delante, y se hubiera caído al suelo si la mano de Malfoy no la hubiera sujetado con fuerza por debajo del codo. En cuanto se estabilizó, la soltó como si el contacto con su piel fuera fuego maldito que le carcomía la piel. Se quedó detrás de ella a una distancia prudencial, mientras ambos ponían rumbo a la celda de Hermione, en total y absoluto silencio.
Hermione tenía claro que esa noche la cara ensangrentada de Ron sería la protagonista de todas sus pesadillas.
Ya en su habitación, Draco no pudo evitar que sus pensamientos volarán hacia Granger. Había observado todo el proceso de tortura desde el otro lado del cristal. Lo que al principio había sido divertido, dejó de serlo en el momento en el que la chica se puso a llorar como una desquiciada tapándose las orejas y apretando los ojos con fuerza. Algo dentro de Draco le hizo sentir incómodo mientras presenciaba la escena.
A su lado, Zabini no paraba de desternillarse, lo que se suponía que debía de hacer el también. La idea de torturar a Granger con un boggart había sido de hecho, suya. Se le había ocurrido esa misma mañana, al caer en la cuenta que el mayor miedo de Granger, aparte de no ser la primera en todo, era el sufrimiento de sus seres queridos. Lo había podido observar con su propia elfa. Granger era así, se desvivía por los demás. La eterna luchadora sin causa.
Sin duda, observar desde el otro lado de la pared había sido interesante, para el bando mortífago al menos, uno a uno, habían ido muriendo delante de sus ojos todos sus seres queridos. Información valiosa, que podrían usar en su contra. Aunque a Draco se le habían quitado las ganas de molestarla al ver que Granger no había podido soportar el dolor al ver el cuerpo inerte del maldito Weasley. No entendía que podía ver una chica como ella en un tío tan simple como Weasley. Granger sería una impura, pero no podía negar que era inteligente. ¿Estarían ella y Weasley…? Draco agitó con violencia la cabeza al darse cuenta del rumbo que estaban tomando sus pensamientos. Eso a él, le daba igual. A él solo le importaba el mismo. Eso llevaba años siendo así y así continuaría siendo. Lo que sí sería bastante desagradable sería ver a un montón de críos pelirrojos e impuros correteando por el mundo con aire de superioridad. Eso sí sería un crimen para la humanidad.
Rebuscó en su cajón y cogió la snitch que guardaba de su último partido en Hogwarts. Se sentó en la cama y jugó con ella. La dejaba volar libre y la atrapaba antes de que se fuera demasiado lejos. Era un hábito que había adquirido hace tiempo, y que usaba para distraerse. Cerró los ojos e imaginó cómo sería sentirse de nuevo sobre la escoba.
No pasó mucho tiempo antes de que la puerta de su habitación chirriara al abrirse, sacándole de sus pensamientos. Despegó los párpados para ver que la persona que cerraba la puerta, quedándose dentro, era Pansy. Sin decir nada, la chica se puso delante de él y se desató la túnica, la prenda cayó al suelo inmediatamente, descubriendo que no llevaba nada debajo. Draco soltó la snitch y apoyó las manos sobre las caderas de Pansy. La atrajo hacia él y decidió que un poco de diversión no le vendría mal. Sacó la varita del bolsillo para sellar mágicamente la puerta y antes de que pudiera dejarla en su mesita de noche, su compañera ya le besaba con pasión.
Hola, ¿qué os ha parecido el capítulo? Muchas gracias a las dos personitas que me habéis dejado un review, me ha hecho muyyyy feliz. Os contesto por aquí, porque creo que sino la única manera es a través de mensaje privado.
Espero que os haya gustado el capítulo :D ¡Feliz fin de semana!
