¡Primero quiero pedir perdón por mi tardanza! Muchas cosas y muchos líos, pero bueno, no tengo excusa. Espero poder actualizar pronto. Además a esta historia creo que sólo le quedan un par de capítulos teniendo en cuenta que este último tiene 8.100 palabras (18 hojas de Word a letra 12). Ya dije que no tengo mesura, xD
Sólo dos aclaraciones del capítulo: La primera es que al ser de España hay muchas expresiones y verbos que digo diferentes… intento hacerlo neutro, pero cualquier cosa que no entendáis, podéis preguntarme. Y lo segundo es que cuando lleguéis a la parte del móvil, decidí escribir abreviado y sin tildes porque en esa situación creo que dos jóvenes japoneses –y más esos dos– pasarían bastante de la ortografía en ese momento xD
Y dicho eso, ahí os dejo con mis locuras. Se agradecen críticas, consejos avisos… lo que sea, es mi primer fic y me cuesta bastante 'guiarlo' correctamente. ¡A leer! :D
Aviso: Pensamientos en cursiva y diálogo entre comillas.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
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Kuroko solía ser una persona completamente inexpresiva y, en consecuencia, la gente tendía a pensar que pasaba de todo y que no se enteraba de muchas cosas cuando la realidad era completamente diferente. Al haber estado tantos años 'a la sombra' había adquirido cierta habilidad para percibir las emociones de los demás. Con sólo una mirada podía adivinar el estado de ánimo de una persona y con intercambiar unas pocas palabras podía saber si dicha persona tenía alguna preocupación. En momentos como el de ahora, Kuroko se alegraba de haber desarrollado una habilidad paralela a la ya conocida de 'jugador fantasma'.
Estaban en medio del primer entrenamiento de Seirin tras las vacaciones y Riko se estaba quedando a gusto con la dificultad, prácticamente había triplicado los ejercicios. Kuroko suspiró, se había dado cuenta de que algo no andaba bien con su luz. No es que estuviera jugando mal… no podía explicarlo pero sentía que algo le preocupaba, de modo que se acercó al pelirrojo en un abrir y cerrar de ojos.
"Kagami-kun," llamó desde abajo en un susurro, "¿podemos hablar un momento?"
"Ah, Kuroko…," respondió un poco alterado Kagami, "Claro, ¿qué ocurre?"
"Nada, sólo me preguntaba si estaba todo bien."
"¿A qué te refieres?," las cejas del pelirrojo subieron en un gesto de confusión, aún así, parecía un poco nervioso.
"Mmm… quiero decir, ¿ha pasado algo en el campamento? Tú no sueles entrenar tan descentrado como lo estás haciendo hoy, Kagami-kun." El ala-pívot puso una expresión de sorpresa, ¿cómo ese pequeño chico peliceleste podía leerlo tan fácilmente? Antes de que pudiera responder, el más bajo continuó hablando, "Vayamos después del entrenamiento al MagiBurguer, así podremos hablar con calma." Y dicho esto, dejó a un pasmado pelirrojo mirando cómo se alejaba.
El entrenamiento terminó una hora más tarde. Todos estaban cansadísimos pero muy motivados por poder volver a jugar con sus compañeros de equipo. Pronto se enfrentarían de nuevo a rivales difíciles.
Cuando Kagami salió del polideportivo, el jugador fantasma ya le estaba esperando en la entrada, "Vamos, pronto anochecerá," dijo pausadamente mirando al cielo y comenzando a caminar.
"Eh… sí."
Como de costumbre, Kagami había pedido una cantidad excesiva de hamburguesas mientras que Kuroko, por el contrario, sólo se pidió un batido de vainilla. El pelirrojo miraba al exterior intentando no pensar en nada, pero la mirada inquisitiva del peliceleste no le dejaba comer tranquilo.
"Maldita sea, Kuroko, ¿puedes dejar de analizarme con la mirada?"
"Cuando me expliques qué es lo que ocurre, Kagami-kun." Ambos se miraron unos segundos, Kagami parecía no estar seguro de si abrir la boca o seguir embobado, pero al final acabó cediendo.
"Ahhh, está bien," suspiró, "Digamos que… a ver cómo lo explico…," Kuroko se dio cuenta de que su amigo estaba haciendo un esfuerzo real por intentar explicarse correctamente, así que le dio un poco de tiempo –aunque no lo pareciera, era una persona bastante impaciente– y continuó bebiendo de su batido hasta que Kagami decidió continuar, "Hipotéticamente hablando, digamos que alguien por el cual no tenías ningún aprecio va y te acaba cayendo bien de la noche a la mañana"
"¿De la noche a la mañana?," miró Kuroko expectante pero con sus ojos impasibles, "¿No será en diez días, por casualidad?," el pelirrojo tragó de golpe, intentando evitar el rubor que amenazaba con poblar sus mejillas al sentirse tan fácilmente descubierto.
"Si, bueno, eh, en unos días."
"¿Y qué hay de malo en que alguien que te caía mal, ahora te caiga bien?," el jugador fantasma ya había atado cabos e intuía de quién podían estar hablando, "A mí me parece algo muy bueno, Kagami-kun."
"Ya… Bueno, ¿y si –siempre hablando hipotéticamente, claro– acabas llevando ese aprecio hacia algo un poco más… eh, grande?"
"Algo más… ¿grande?," Kuroko estaba empezando a no entender nada, Maldita sea, podrías explicarte sin rodeos, pensó para sí, "No entiendo, Kagami-kun. Podrías explicarte mejor, ¿por favor?"
Kagami miró a Kuroko, después bajo la vista a la hamburguesa que tenía en la mano y volvió a mirar a Kuroko.
"Da igual, tampoco es como si no pudiera dormir por eso," y dicho eso dio el tema por zanjado volviendo a atacar su tercera hamburguesa. El más bajo le continuó mirando, no estando satisfecho con esa explicación, si es que a eso se le podía llamar así, pero tendría que dejarlo para otro momento en el que su luz estuviera un poco más… receptiva.
"Al menos cuéntame cómo te fue en el campamento," exigió con intención de recabar más información.
"Ah, pues bien. Los chicos aprendían rápido y tenían mucha pasión por el baloncesto, los compañeros eran muy agradables y trabajadores, y convivir con…," hizo una pequeña pausa para poner cara de circunstancia, "…Aomine, fue mejor de lo que esperaba, sorprendentemente."
"Oh, eso es bueno, ¿os lleváis mejor?"
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Kuroko llegó a casa bastante cansado. Después de merendar con Kagami, se había topado por casualidad con su antigua luz cerca de una cancha de baloncesto y había tenido lo que podría denominarse un déjà vu. Le preguntó por su convivencia con el pelirrojo y una vez acabó la conversación, podía afirmar categóricamente que sus dos luces eran a la vez muy diferentes, pero similares:
"¿Cómo nos vamos a llevar mejor? ¡Si sólo piensa en él mismo! La habitación siempre estaba sucia, con todo por el suelo: su ropa sus revistas, incluso comida, ¡un auténtico desastre! Vamos, que es un maldito–
+ acaparador. Como te digo, ese Bakagami siempre quería tener más espacio que yo. No dejaba de quejarse porque dejaba mis cosas por ahí y porque no ordenaba, ¿y si no me da la gana? Yo voy a mi bola, y ese–
idiota siempre quería llevar razón… Además, no dejaba de molestarme: que si dame un poco de tu comida, que si vamos a hacer esto de esta manera... quería controlarlo todo, ¡es un–
+ pesado!. ¿Es que no puede dejar que cada uno haga las cosas a su manera? Siempre planeando todo con antelación… como si fuera mi madre, por no hablar de lo mucho que–
pasaba de todo… Es que no le importaba lo más mínimo bostezar a cualquier hora, mandar al carajo a los niños o incluso desaparecer en alguna actividad, ¡y para más inri el muy idiota va y se pone a–
+ ligar! El muy desgraciado… comiendo delante de los pobres, porque la chica no es que estuviera como una tabla de planchar, precisamente... Y un día hasta le cacé mirando–
– fatal a un pobre chaval, ¡parecía que se lo iba a comer con la mirada! ¿Es que no sabe tratar bien a nadie ese maldito Ahomine? ¡Ahhh, cómo me–
+ desespera! No sé cómo podéis soportarlo en Seirin. Y encima, a ver quién le sopla al niño, porque para colmo de los colmos, es un jodido–
– cabezota. 'El gran Aomine no cede ante nada ni nadie'; será egocéntrico. En resumen, que no puede haber una persona en el mundo con la que–
+ soporte menos estar, será imbécil el tío.
Y más o menos esa era la conversación que había tenido con sus luces… demasiado parecida, ¿no?, "Ah, ¿qué voy a hacer con ellos?", suspiró mientras se recostaba en la cama, Lo que está claro –aunque no lo quieran admitir– es que algo han mejorado, pensó Kuroko, ya tramando un plan mental para solucionar su deferencia y antipatía mutua, Sólo tengo que hacer que se toleren un poco más, Y con eso en mente, se acostó esa noche el pequeño peliceleste.
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Kagami estaba mosqueado. Acababan de tener una doble sesión de entrenamiento y aún así aún le quedaban fuerzas para seguir jugando, echaba de menos esas tardes de uno contra uno en el parque con el moreno, Tsch, creo que me quedaré a hacer unos tiros. La finalidad de seguir jugando no era otra que intentar evadir cualquier pensamiento que tuviera que ver con cierto jugador. Sobretodo cualquier pensamiento extremadamente sexual.
"Entrenadora," llamó, poniendo su mejor sonrisa.
"¿Qué pasa, Kagami?"
"¿Puedo quedarme a hacer unos tiros? Cerraré el gimnasio en cuanto termine, lo prometo… por favor."
"Mmm… está bien," respondió Riko dudosa. Kagami solía ser muy despistado para ciertas cosas, y más estos días atrás, desde que volvió del campamento. Quizás le venía bien pasar algo de tiempo solo, "Pero no te sobre-esfuerces con los saltos y comprueba que has cerrado bien al marcharte, no quiero ninguna queja de la dirección."
"Claro," contestó sonriente. Y dicho esto, comenzó a ensayar sus siempre penosos tiros de tres, frunciendo el entrecejo cada vez que el balón tocaba el hierro pero no atravesaba la red, Maldita sea… ¿en qué fallo?
"¡Nosotros nos vamos Kagami-kun! ¡No te olvides que las luces se apagan a las siete!," gritó la entrenadora desde la puerta.
"¡Sí, claro, a las siete ya habré terminado! Hasta luego."
Estuvo lanzando a canasta alrededor de media hora para después entrenar algunos botes y realizar unas cuantas jugadas usando la simulación mental con Aomine para motivarse. Siempre y cuando tuviera al moreno en un contexto deportivo, su mente no se dedicaba a divagar. Cuando consideró que ya estaba lo suficientemente cansado como para dormir bien, se dirigió a las duchas, se desembarazó de su indumentaria deportiva y encendió el agua. El polideportivo estaba en silencio y con una luz tenue. Ya eran las seis y media pasadas, pronto apagarían la luz general, de modo que debía ser rápido.
Se quitó los bóxers, los lanzó con el resto de la ropa sucia y entró bajo el agua caliente. Sus músculos se empezaron a relajar y cerró los ojos, apoyando una mano contra la pared para que el peso de su cuerpo no reposara por completo sobre sus piernas que empezaban a quejarse del exceso de saltos. Desde hacía un par de días –o más bien desde que se despidió de Aomine– se había estado atormentando, ¿por qué demonios acabó el campamento de esa manera? ¿Cómo diantres fue capaz de ponerse encima de Aomine y hacer lo que hizo? ¿Por qué no podía dejar de recordar 'esas cosas' por las noches? Y lo que más le atormentaba… ¿por qué su cuerpo y mente parecían disfrutar con eso? Maldita sea.
"Ahhhhh, joder, ¡qué coño está pasando conmigo!" El grito resonó en la vacía estancia. Abrió de nuevo los ojos y buscó el champú, "Bueno, me da exactamente igual, ¡NO ME IMPORTA NADA! No pienso preocuparme por eso… es más, no creo que vuelva a ver al estúpido de Aomine en mucho tiempo."
"¿A quién estás llamando estúpido, imbécil?"
"¿A quién va a se– … ¿AOMINE?," el pelirrojo abrió los ojos para ver por un segundo la borrosa figura del moreno de pie en medio del vestuario, "¡Ah! Joder, se me ha metido jabón en los ojos por tu culpa!"
"No es lo único que se te va a meter por mi culpa como no salgas rápido de ahí y te tapes un poco," la sonrisa de Aomine pudo oírse mientras pronunciaba esas palabras.
"¡Deja de decir estupideces!" Kagami se frotó imperiosamente el pelo para eliminar todo el jabón y agarró la toalla en cuanto salió, "¿Qué cojones haces TÚ aquí?," dijo entre sorprendido, indignado y avergonzado.
"Tetsu se olvidó algo y me pidió que me pasara a buscarlo, tenía que ir a casa y no le daba tiempo a volver… pero eso da igual, ¿qué cojones haces insultando a la gente cuando no está presente?"
"Eso no es de tu incumbencia. Sólo estaba pensando en voz alta."
"Se convierte en algo de mi incumbencia cuando lo que sale de tu boca es mi nombre," la comisura de sus labios se amplió, formando su tan recurrente sonrisa ladeada, "¿Acaso estabas pensando en lo que hicimos?"
"Para nada." Su sonrojo era palpable mientras el peliazul le miraba con incredulidad y esa maldita sonrisa crecía en sus labios, "Bueno, me estaba planteando el estado de mi salud mental, nada que te importe."
"¿Hah? A mi no me parece que te pase nada… quiero decir, cualquiera estaría loco por besarme, ¿no? ¡GAH!," Aomine le miró fatal cuando Kagami le lanzó la toalla a la cara y se dispuso a ponerse los bóxers limpios y buscar el pantalón. El peliazul se sentó enfrente y se quedó mirando cómo se vestía el ala-pívot de Seirin sin decir nada. Podía oír cómo éste murmuraba algo sobre 'Ahomine', 'narcisista ególatra', 'malnacido' y algunos otros improperios dignos de su persona. Sonrió.
Kagami terminó de recoger todas sus cosas, se puso la mochila al hombro y se dirigió a la salida, "Vamos, tengo que cerrar ya." Aomine lo siguió en silencio mientras cerraba la puerta de los vestuarios y dejaba esa llave en un armario cercano habilitado para eso, después tendría que dejar la llave de la puerta principal en la secretaría del centro. Cuando llegaron más o menos a media cancha, las luces se apagaron de golpe, dejando a ambos jugadores rodeados por una completa oscuridad.
"Tsk, joder. Al final se me ha hecho tarde." Notó cómo el peliazul chocaba ligeramente contra su espalda, debido a su repentino frenazo.
"¿Hah?¿Qué cojones ha pasado?"
"Nada… a las siete apagan las luces generales por si ha quedado algo encendido, eso es todo," siguió adelante con mucho cuidado ya que se orientaba muy mal en la oscuridad, "Sígueme, no me gustaría que te pasara algo y me culparan a mí."
"Eso es fácil de decir… ¿dónde mierdas estás ya?"
"Ahhh, joder," Kagami retrocedió los dos pasos que ya había dado y agarró la manga del moreno mientras tiraba en dirección a la salida, "Por aquí."
Anduvieron unos cuantos metros más muy despacio hasta que Kagami pudo palpar las gradas delante de él, situándose muy cerca de la entrada, "¡Ah! Ya casi estamos." Cinco pasos después, cuando ya se podía vislumbrar una tenue luz atravesando la parte inferior de la puerta, Aomine giró la muñeca quitando el agarre de su guía y apretando su mano en su lugar.
"¿Eh? ¿Qué hac–?," antes de que pudiera terminar la pregunta, Aomine había pegado un buen tirón para atraerle hacia sí y plantarle un impaciente y demandante beso. El pelirrojo se sonrojó hasta las orejas, daba gracias a Dios porque las luces estuvieran apagadas y no se pudiera notar e intentó zafarse; había decidido evitar esa clase de situaciones. El moreno, en cambio, tenía otros planes. Empujó con ese ferviente beso a su víctima contra las gradas, haciendo que éste cayera de culo contra el primer escalón de subida. Mientras su lengua atacaba sin ninguna vergüenza la boca contraria, que aún permanecía sólo un poco entreabierta por la sorpresa, logró alcanzar su otra muñeca para poder inmovilizarlo por completo.
"¿Qué pasa, Kagami? Pensaba que te gustaba."
"¡Deja de hacer eso! Y de decir esas tonterías," soltó de sopetón intentando recuperar la respiración, volver a la calma y, lo más importante, lograr soltarse del fuerte agarre que ya le hacía daño, "No te confundas. Lo que pasó fue… un error, y no va a volver a pasar."
"¿Hah? ¡Pero si fuiste tú quién empezó! Además, no me parece que de verdad pienses así… estoy seguro de que estás todo rojo," rió suavemente ante el suspiro del contrario, que confirmaba sus sospechas. Todo quedó en silencio, y el peliazul decidió hacer un segundo intento, levantando una rodilla la puso en el escalón al lado de la cadera de Kagami. Dio un lengüetazo alrededor de la oreja del pelirrojo, comprobando cómo éste tensaba los músculos de sus brazos e intentaba ahogar un ligero gemido que salió de su boca. Aomine sonrió.
Bajó dando pequeñas mordidas desde la oreja a través de toda la mandíbula y subió por la barbilla cada vez más lento, llegando de nuevo a su objetivo principal: esos labios que adivinaba completamente húmedos y rojos. Volvió a besarle, esta vez un poco más despacio ya que el pelirrojo no parecía poner mucho de su parte, aún.
Pudo notar la vacilación en los labios de Kagami. No los separaba, pero se tensaban como queriendo hacerlo. Seguramente estaría librando algún tipo de batalla interna, alguna idiotez típica de él como… 'No… ¡dije que no iba a hacer esto!', el peliazul retuvo la risa ante sus propios pensamientos y mordió el labio inferior para después pasar su lengua lentamente por encima, internándola en el pequeño hueco que Kagami le estaba dejando para maniobrar, y pasándola por la dentadura contraria de forma sensual. Se separó ligeramente, sus labios se rozaban cuando pronunciaba cualquier palabra, "¿Aún no te rindes, Kagami?" El moreno bajó las muñecas del más bajo contra el escalón y acomodó su otra pierna, quedando completamente a horcajadas sobre el pelirrojo. Desde esa posición realizó un movimiento de sus caderas, que impactaron por completo sobre las de Kagami, haciendo que éste soltara un gemido al notar esa presión en su entrepierna. Aomine no dudó ni un segundo y haciendo alarde de sus reflejos y velocidad de infarto, atacó de nuevo su boca, esta vez abierta por completo.
Kagami notó esa lengua que tantas cosas le provocaba inspeccionando libremente toda su cavidad, y su mente empezó a nublarse cuando notó que las caderas de Aomine se comenzaban a mover acompasadamente sobre las suyas, ¿qué cojones estaba pasando de nuevo? Su tensión se desvaneció y aflojó los puños, respondiendo al beso por primera vez. Su lengua comenzó a evitar que la contraria hiciera y deshiciera a su gusto, interrumpiendo el paso, subiendo y bajando, enroscándose e internándose ella misma en territorio enemigo para hacer sus propias pesquisas. El peliazul notó el cambio y decidió arriesgarse a soltar sus muñecas, al fin y al cabo, tenía mejores planes para sus manos.
Un minuto después Aomine tiraba del pelo del pelirrojo hacia atrás, dando mucha más profundidad al beso y uniendo más –si era posible– sus caderas, notando ya cómo sus erecciones rozaban entre sí. Eso le estaba volviendo loco. El eco en el gimnasio y la absoluta oscuridad proporcionaban un incentivo extra al peliazul, le daba morbo saber que estaba haciendo suyo al tigre en su propio polideportivo. Ese simple pensamiento junto con el mordisco que acababa de recibir en el labio hizo que un pico de placer llegara hasta su erección. A este paso se correría mucho más rápido de lo esperado. Deslizó una mano por debajo de la camiseta contraria, pequeñas gotas de sudor bajaban ya por su espalda, a pesar de que se acababa de duchar. La temperatura de su piel estaba por las nubes, no podía creer cómo se calentaba ese tipo. Soltó el pelo de Kagami para tirar de ambos lados de la camiseta y arrancársela al pelirrojo. Al quitarla, sus miradas se encontraron, ambos jadeaban debido a la intensidad del beso, Kagami tenía una luz de lujuria encendida en sus pupilas y por la cara de sorpresa que puso automáticamente después, él debía tener una parecida.
El pelirrojo colocó las manos en los hombros de Aomine justo en el momento en el que éste iba a reanudar su trabajo, respiraba entrecortadamente, y su cara parecía la de alguien que acababa de cometer el peor delito del mundo. Esto le pilló tan desprevenido al moreno que cuando se quiso dar cuenta, estaba de nuevo siendo arrastrado de la manga de la chaqueta del descolocado uniforme. Al llegar a la puerta del gimnasio, Kagami lo empujó fuera, se colocó de nuevo la camiseta bajo la atenta miraba azulada, cerró con llave y se dirigió a la secretaría para después largarse a casa sin mediar más palabra con su compañero.
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"Tsk, este maldito Bakagami…" Aomine se había quedado solo y con las ganas en la puerta del polideportivo, no quería presionar de más al pelirrojo, así que decidió irse a su casa y lidiar con su 'problema' él mismo.
Después de la última noche en el campamento las cosas en su cabeza habían sido una locura. Aunque ahora parecía muy calmado y decidido, había tenido que aceptar en poco tiempo que Kagami le atraía de una forma 'sexual', y eso no era tan fácil como parecía… no podías cambiar tu sexualidad de la noche a la mañana y aceptarlo sin más. Había estado con muchas chicas, y le seguían atrayendo, pero por algún motivo que escapaba a su conocimiento, ahora no había nadie sobre la tierra que le atrajese más que ese maldito pelirrojo. Y por las reacciones de Kagami, la atracción era mutua. Pero no lo iba admitir de forma tan fácil como él lo había hecho. La prueba de que era así se hallaba palpitante bajo sus pantalones, "Tsk."
Decidió quedar esa noche con una de las chicas que tenía en la agenda para ese tipo de situaciones, al fin y al cabo él se distraía un rato y ellas podrían ir por ahí diciendo que se habían acostado con Aomine Daiki. Todos ganaban.
Se duchó en casa, cenó una de esas comidas prefabricadas del combini y se dirigió al apartamento de la chica en cuestión. El peliazul nunca había llevado a nadie a su casa ya que no quería que nadie entrara en 'su territorio'. Tampoco se había sentido lo suficientemente a gusto con ninguna chica como para llevarla allí, y eso le había proporcionado alguna que otra bronca de chicas inmaduras y pesadas a las que había abandonado enseguida. La única excepción a la regla era Satsuki, pero ella era su amiga de la infancia y lo sabía todo de él, así que no había problema, Bueno, ahora mismo ya no lo sabe todo de mi…, pensó Aomine evocando la noche que durmió en la tienda con Kagami, y lo que había sucedido esa misma tarde. Pudo ver sus mejillas ligeramente rojas –a pesar de su piel morena– en el espejo del ascensor del edificio al que acababa de llegar.
En su mente apareció la imagen del momento más caliente del campamento: cuando instigó al pelirrojo diciéndole al oído si 'eso era todo' y éste respondió colocándose encima y comiéndole el cuello, la boca, la curva de la mandíbula… Joder, esa había sido la primera vez en su vida que no había llevado la voz cantante en la cama y, en cierto modo, le había sorprendido y excitado saber que había alguien que podía doblegarlo, lo cuál no significaba que fuera a permitírselo si alguna vez se daba el caso.
Aomine sonrió al bajar del ascensor mientras le daba vueltas a lo que le haría a Kagami como venganza si éste se lo permitía. Llamó al timbre prácticamente por acto reflejo y una bella chica de grandes pechos se asomó sonriente. En el fondo podía verse una cena seguramente costosa con velas, Genial, tendré que aguantar la cena romántica si quiero sexo. Menos mal que he cenado poco, se dijo mentalmente.
"¡Yo, Kyoko! ¿Qué tal estás?," la verdad era que el peliazul sabía cuándo tenía que ser amable.
"¡Bien! Estaba esperando con ganas. Pensé que nunca me llamarías ya que estabas tan ocupado con el baloncesto y eso…," sonrió la chica, comiéndose al moreno de pies a cabeza. Llegados a un punto, sus ojos se abrieron y sus mejillas se sonrojaron, "V-vaya, parece que venías pensando en mi, ¿eh?," dijo con voz cantarina mientras cerraba la puerta al paso de Aomine.
"¿Eh?," en ese momento se dio cuenta de la tensión de sus pantalones, y del culpable real de esa erección, "Ah, sí… bueno, tenía ganas de verte," dijo sin más mientras se sentaba dispuesto a comer.
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Aomine salió como una exhalación del edificio de Kyoko. Nunca, JAMÁS, le había pasado eso… ¿cómo cojones no había logrado que funcionara? ¿Acaso su cuerpo estaba conspirando para joderle la vida? Vamos, esto no puede ser, esto no me puede estar pasando a mí…, murmuraba mentalmente una y otra vez. La vergüenza que había pasado no se comparaba a nada que le hubiera pasado nunca, y para colmo la chica le había dicho que era normal y que seguramente sería por los nervios…
"¿Nervioso yo? ¿Aomine Daiki nervioso por follarse a una chica? Jajajaja, volarán los cerdos antes de que eso ocurra," dijo en voz alta al entrar en su casa y lanzar su cazadora sobre el sofá con muy mala leche, "Toda la culpa es de ese maldito Bakagami que va por ahí besando a la gente sin tener en cuenta sus preferencias sexuales y sin compensar las cosas que su estupidez provoca." Realmente estaba de muy mal humor, "Pienso llamarlo y decirle cuatro cosas a ese maldito descarado que luego actúa como virgen, ¡ja!"
Cogió el móvil y marcó 'Bakagami' tan rápido como le permitieron sus dedos. Una adormilada voz sonó al quinto intento.
"¿Qué pasa Ahomine? ¿Qué horas son estas de llamar? ¡Son las dos de la mañana!"
"¡Me da igual la hora que sea! Todo esto es tu maldita culpa, deberías tener cuidado con lo que haces y dejar de ser tan jodidamente estúpido y desconsiderado con…"
"¡EH! ¿Qué coño te pasa? Llamando a estas horas para insultar a la gente, ¿acaso te has vuelto loco? Y aquí el único idiota que hay eres tú, ¡imbécil!"
"¿HAAAH? ¡Encima tienes el descaro de insultarme tú a mi! ¡Tú! Espero que todo te vaya mal, joder, no pienso volver a ver tu estúpida cara ¡Todo es tu puta culpa!"
Aomine colgó el teléfono y lo lanzó contra el sofá, junto a la cazadora y las llaves; las cosas que lanzaba con furia se estaban acumulando, tenía que calmarse o todo se saldría de manos. Decidió darse un baño para relajarse a pesar de la hora, quizás no había sido buena idea llamar a Kagami en ese estado, pero tampoco podía dejar de lado toda su vida sexual por un polvo con ese chico. Porque eso era lo único que quería de él, ¿no?
Esa noche tuvo un sueño extraño en el que estaba solo en un parque y una voz le insultaba, pero al final una llama roja le decía que se diera prisa o sería tarde y con eso se despertó. Por algún motivo ese sueño le parecía familiar… Cogió el teléfono y miró la hora, "Genial, ya llego tarde a clase."
Las semanas pasaron sin que apenas se diera cuenta, infinitas veces había pensado en escribir al pelirrojo pidiendo perdón por haberle insultado de ese modo, pero su orgullo siempre se lo impedía. Él nunca había pedido perdón y no iba a ser al idiota de Kagami a quien se lo pidiera. Se tiró en el sofá en cuanto entró por la puerta, "Ahhh, por fin viernes, maldigo al que inventó la educación."
Se estaba quedando dormido cuando la melodía de su móvil sonó bien alta, Ah, se me ha olvidado quitar el sonido. La verdad es que Aomine Daiki hacía las cosas al revés del mundo: en clase dejaba el sonido a tope por si algún día ocurría el milagro y le echaban de clase porque alguien le había llamado y había sonado su móvil; y en cuanto salía de clase le quitaba el sonido para que nadie lo molestara, más específicamente Satsuki que, mira por dónde, era el nombre que aparecía en la pantalla en ese momento.
"Ahhh, ¿qué quieres ahora Satsuki? Es viernes por la tarde, déjame dormir en paz al menos hoy."
"¡Dai-chan! No has olvidado lo de mañana, ¿no?"
"¿El qué de mañana? No me digas que hay que mandar otro de esos horribles correos-trampa de matrices imposibles," replicó Aomine con voz temerosa, "Recuerdo que la última vez también era viernes, y encima acababa de discutir con Bak–," se calló de golpe, llevaban ya casi veinte días sin verse ni hablarse, ni siquiera por correo. El peliazul se recompuso, "Bueno, ¿qué quieres?"
"Eh…," Momoi estaba un poco descolocada con los cambios de humor de su amigo. Si bien es cierto que siempre había tenido una personalidad muy voluble –ya que tan pronto te ignoraba como te gritaba–, últimamente se le veía algo… ¿deprimido?, "¡No es ninguna tarea, bobo! Mañana celebra Ki-chan su cumpleaños y tenemos que ir. Como supuse que ni me escuchaste ni te acordaste, ya compré algo de parte de ambos, te iré a buscar mañana a las ocho ya que nos invita a cenar en un sitio que conoce."
"Yo paso, Satsuki."
"¡Cómo no vengas me encargaré personalmente de decirle a tus padres la clase de vida que llevas!," y dicho esto, colgó el teléfono. Ahhh, otro problema más, joder.
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La fiesta estaba siendo más divertida de lo que cabría esperar, había sido buena idea haberse visto obligado a ir por Kuroko.
"Eh, Kagami, es de mala educación llenarse los carrillos de comida."
Bueno, es divertida si logras evitar las miradas de muerte que te manda Midorima cada treinta segundos, pensó Kagami mientras tragaba para pedir disculpas a regañadientes. Kise había recibido varios regalos y todos se lo estaban pasando en grande, a pesar de que ni Akashi, ni Murasakibara, ni Momoi-san ni Ahomine habían logrado acudir, Ahhh, menudo alivio que ese idiota no venga. Kagami seguía mosqueado con él por aquella extraña llamada que sólo había servido para dejar más clara su decisión de alejarse de él.
"Ehhh, Kagamiiii~, ven a probar este sake, ¡es de lo mejor!," gritó Takao mientras se lo llevaba del brazo.
"Ah… yo… no suelo beber, así que…"
"¡Vamos! No seas nenaza, ¡sólo un trago! Pensaba que eras más hombre que Shin-chan…"
"¡Takao! ¿Qué has querido decir exactamente con eso?"
"¡Nada, nada! Sólo le daba un motivo a Kagami para beber"
"Tsk, está bien, dame esa botella," el ala-pívot de Seirin agarró la botella y volvió al rincón donde sólo él seguía comiendo con ahínco, mientras Takao esbozaba una amplia sonrisa de victoria ya que él y Midorima eran los únicos que no estaban probando el sake, y con esa tontería había logrado que los dos agarraran una botella entera para cada uno.
"Ohhh, Takaocchi, eres el demonio en las sombras," susurró Kise en su oído.
"¡Lo sé!," respondió orgulloso, y se dispuso a buscar a su próxima víctima.
Kise había decidido celebrar su cumpleaños en un Ryokan especializado en ramen. Les habían cedido todo un comedor para ellos, con varias mesas de madera a lo largo del perímetro y tres de ellas separadas por bombines verde oscuro con motivos de bambú que daban privacidad y un toque ostentoso al lugar. Las luces eran típicos faroles japoneses y había una pequeña barra donde un amable cocinero les servía todo lo que quisieran –sake incluido–. La botella de Kagami ya iba por la mitad cuando la puerta se abrió y entraron Momoi y Aomine empapados.
"¡Aominecchi, Momoicchi, habéis venido!," gritó el rubio abrazando a Momoi y sonriendo de oreja a oreja mientras ella le daba una enorme caja con un lazo rosa, "¿Eh? ¿Acaso está lloviendo? ¿en junio?"
"Si… bueno, será una de esas lluvias de verano, para cuando salgamos habrá terminado," lo animó Momoi, "Perdona por tardar, pero este haragán no salía del sofá y he tenido que recurrir a métodos oscuros," una sonrisa cruel se dibujó en sus labios.
"¡Ahhh! Momoicchi, no sabía que podías dar tanto miedo… a veces me compadezco de Aominecchi," miró de reojo a Aomine, con la pena tintando sus dorados ojos, "Deberías hablar más con Takaocchi, creo que os llevaréis bien," sonrió de nuevo a la pelirrosa y se dio la vuelta para que todos pudieran ver cómo abría su nuevo regalo.
"Maravilloso, absolutamente genial," murmuró Kagami para sí al ver al moreno entrar por la puerta. Éste le miró y el pelirrojo retiró la vista concentrándose en la botella. Aomine se dirigió a la barra a pedir algo de comer y al rato apareció en su mesa con otra botella y dos platos de ramen calientes. Se sentó enfrente del pelirrojo, poniendo uno de los platos para cada uno.
"Yo ya he comido, no debías haberte molestado," espetó el pelirrojo, dando a entender las pocas ganas que tenía de compartir mesa con él.
"Ja, he visto cómo comes. Cualquier cosa que te hayan pedido, habrá sido poco para ti," dijo sonriendo con petulancia. El ala-pívot debía admitir que el moreno tenía razón… así que dejó de lado su orgullo y separó los nuevos palillos, dispuesto a comer un poco más mientras se acababa esa dichosa botella que ya le estaba haciendo ser más amable de lo que debía.
"Vaya, Bakagami, no sabía que bebieras así," dijo quitándose la empapada sudadera y abriendo su botella. El pelirrojo no contestó, seguía cabreado con él por aquella maldita llamada, bueno, y también por aquella estúpida y loca situación en el gimnasio, eso tampoco lo había olvidado aún, ¿cómo cojones podría hacerlo? Había tenido que 'aliviarse' al llegar a casa y –una vez más– esas malditas imágenes lo acosaban a diario. Tenía que ignorarlo todo lo que pudiera, era obvio que no se iba a disculpar, así que no tenía por qué hacerle caso, "Eh, ¿qué tal un brindis? Dicen que da mala suerte si no brindas bebiendo con alguien."
"Oh, genial, ahora pareces Midorima," contestó Kagami, indiferente, mientras comía del tazón y bebía tenazmente de vez en cuando.
"Tsk, como quieras."
Ambos se quedaron ahí, bebiendo y comiendo hasta que la cocina cerró y ya sólo servían sake y bebidas un poco más fuertes. Takao se encargó de llevar dos botellas más a la mesa de los ases al notar que habían acabado casi al mismo tiempo las que tenían.
"¡Tomad chicos!," les miró sonriente. Ambos se ignoraban y bebían sin más, "Vaya, veo que os seguís llevando igual de bien que siempre… da gusto con gente tan animada."
"Gracias por la botella," dijo Kagami mientras Aomine la levantaba en 'señal' de gratitud. El pelirrojo la abrió y dio un buen trago que lo empezó a marear. La iluminación de los faroles había disminuido hasta convertirse en luces tenues, teniendo en cuenta la hora que era ya… ¿qué hora sería? Mientras divagaba y sus ojos se envolvían de esa tenue luz, vio de reojo cómo el peliazul movía los labios y decidió concentrarse de nuevo, debía empezar a beber más despacio o acabaría mal.
"¿Decías algo, Ahomine? No te estaba escuchado…," la cara de Aomine tornó en una de ira, lo miró con odio y giró la cabeza mirando a Kise y a los demás. Kagami empezaba a estar mareado de verdad, en la estancia sólo se podía respirar alcohol y, teniendo en cuenta que había ya bastante en su sangre, no era buena idea permanecer mucho ahí en ese estado, "Voy al baño un momento, discúlpame," y dicho esto se alejó hacia los lavabos.
Se lavó la cara con vehemencia y buscó una toalla, que no había. Entró a la primera cabina para coger algo de papel y secarse cuando el golpe de la puerta del baño cerró la de su cabina por completo –la primera se abría hacia fuera y la segunda hacia dentro–. Iba a gritar que tuvieran más cuidado cuando al entreabrir la puerta pudo ver dos figuras comiéndose literalmente la boca. Bueno, más bien una estaba encima de la otra… Joder, ¿cómo iba a salir de ahí sin que le vieran? ¿Los conocía? Hizo otro amago de entreabrir la puerta y tanto su boca como sus ojos quedaron completamente abiertos, ¿acaso estaba tan borracho que había empezado a tener alucinaciones?
En ese momento la puerta volvió a abrirse, lo cual hizo que las dos figuras se internaran de sopetón en la tercera cabina y reinara el silencio.
"Eh, te estás tardando mucho…," la voz de Aomine irrumpió en el baño, "Tsk, ese idiota, dónde se ha metido." Giró para largarse, pero justo en ese momento algo le agarró hacia la primera cabina y le tapó la boca. Justo cuando iba a insultar a diestro y siniestro se fijó en quién le estaba sujetando. Kagami le miraba serio, con una mano tapando su boca y la otra con un dedo en sus labios indicando silencio. Entonces se oyó en un susurro, "¿Ya se ha ido, Shin-chan?"
"No preguntes obviedades, Takao."
"¡Vale! Entonceeees~"
Los sonidos de besuqueos y succiones volvieron a oírse, y Aomine abrió los ojos tanto como Kagami lo había hecho antes. Bajó la mano que le tapaba la boca y señaló en la pared hacia el lado contrario, describiendo con sus labios las palabras '¿Midorima y Takao?' Kagami asintió en silencio, se quedó pensativo un momento y sacó el móvil, tecleando rápidamente.
–Tnemos q salir de aki, no debimos haber visto nada, en 1er lugar– Le pasó el móvil a Aomine, que lo fulminó con la mirada y siguió escribiendo.
+Acaso eres imbecil? Yo ya m staba yendo cuando m atrajiste aki ¬.¬* ¡IDIOTA!+
–Kmo sea, di algo y larguemons– Los sonidos habían pasado a ser gemidos y la situación empezaba a ser muy incómoda.
+Dilo tú, todo sto s culpa tuya d nuevo, aho+ Aomine se quedó mirando el móvil. Eso no los iba a llevar a ninguna parte, así que decidió cambiar la estrategia +Xro bueno, tngo 1 idea+ Le pasó el móvil sonriendo con suficiencia. Al pelirrojo se le iluminó la cara cuando lo leyó.
–¿Cual?–
Aomine recibió el móvil, aumentó la sonrisa en la comisura de sus labios, escribió un pequeño texto y se lo devolvió, contemplando el terror en los ojos de Kagami que al momento de leerlo ya estaba alejándose contra la pared y poniendo las palmas en alto como diciendo 'no, por favor' mientras delineaba un claro 'NI SE TE OCURRA' con sus labios. El moreno iba a disfrutar aquello, oh, sí, claro que lo iba a hacer. Sonrió más lascivamente, evaluando a Kagami con la mirada de arriba abajo para acabar de nuevo en sus ojos y con un giro de cabeza que pretendía definir su 'inocencia' puso uno de sus dedos en sus labios como le había hecho anteriormente Kagami para pedir silencio.
El peliazul chocó sus labios con los del ala-pívot de Seirin antes de que pudiera decir nada y lo estampó contra uno de los lados del baño con algo de sutileza para no hacer ruido, aún no quería que los notaran. Kagami pudo notar una sonrisa en su propia boca justo antes de que unas expertas manos comenzaran a desabrochar sus pantalones, los cuales cayeron contra el suelo lentamente gracias al movimiento de uno de los pies de Aomine que usó de amortiguador. El beso se tornó mucho más abrasivo, el pelirrojo ya estaba empezando a tener la mente en blanco y eso le convenía en ese momento. Una de las manos de Aomine rondaba la cabeza de Kagami mientras la otra rozaba por fuera del bóxer todo el miembro del pelirrojo como hizo en el campamento, a sabiendas de lo que eso produciría aumentó el ritmo de su lengua contra la contraria, que ya parecía desesperada porque eso continuara.
El peliazul volvió a sonreír cuando quitó la camiseta de Kagami con soltura, manteniendo la boca cerca de la suya para que esta vez no usara ese movimiento para escapar. En cuanto la camiseta hubo desaparecido de sus labios continuó besándolo sin demora, haciendo que el pelirrojo tuviera que encargarse de terminar de quitársela con dificultades por la falta de respiración, el exceso de bombeo de sangre en su cuerpo –más bien en una parte específica de él–, la niebla que amenazaba con mermar –aún más– su sentido común y los latidos de su corazón a lo que parecían mil por hora… ¿en serio nadie estaba oyendo nada de eso? No pudo pensar en nada más cuando tuvo que ahogar un gemido de su baja garganta porque Aomine empezó a perfilar con su mano izquierda su erección, mientras que con la otra le agarraba el rostro de forma lateral, manteniendo ese beso que no podía ser más ardiente.
El moreno abrió los ojos con sorpresa cuando notó cómo unas manos desataban las cuerdas del pantalón de verano que llevaba y lo dejaban caer al suelo, al ser de tela no hicieron ruido, aunque eso ahora era lo que menos le importaba ya que parecía que Kagami por fin había decidido hacer las cosas bien. Su libido aumentó de golpe al sentir al pelirrojo tocándole con tantas ganas y en un acto un poco más desesperado que sopesado chocó su erección –que ya estaba casi en su punto álgido– contra la de su compañero, haciendo que un gemido por parte de ambos saliera de sus gargantas. Ambos cesaron el movimiento un segundo, para notar cómo dos cabinas más atrás alguien seguía gimiendo sin estupor. Unos ojos azules se permitieron bajar la mirada a sus entrepiernas para cerciorarse de que, efectivamente, le gustaba lo que veía ahí, Genial, soy bisexual, fue el pensamiento que voló veloz por su mente justo antes de retomar el beso con lo que ahora parecía un tigre sediento de deseo.
Los gemidos en la otra cabina empezaron a aumentar de registro, así que supuso que debía agilizar el tema o cuando esos dos terminaran, Kagami no tendría excusa y se largaría. El pelirrojo sintió cómo de repente la boca a la que besaba desaparecía y frunció el entrecejo en respuesta. Abrió los ojos cuando notó la mano de Aomine cubriéndola de nuevo mientras pudo ver cómo éste se agachaba ligeramente para morder uno de sus ya excitados pezones mientras perfilaba en círculos el otro, "Mphhh," fue lo único que pudo salir de su boca teniendo ahí la mano de Aomine, que hizo más presión al notar que aún se le oía un poco. Bajó entonces con la mano libre el bóxer de Kagami, dejándolo completamente desnudo y a su merced, Dios, es una vista espléndida desde este ángulo. Tras trabajar expertamente en ambas protuberancias, y tener acceso libre a la erección de Kagami, volvió a subir besando y mordiendo todo lo que pudo a su paso para volver a sustituir a su mano derecha con la boca, mientras la izquierda comenzaba un vaivén descarado en la entrepierna de Kagami.
El pelirrojo imitó al moreno, bajando el bóxer y masturbándolo con ambas manos ya que era obvio que a él le quedaba más para llegar al orgasmo ya que no le había tocado nada. Aomine tuvo que apretar más los ojos y centrarse en seguir besando al más bajo para no emitir ningún sonido pero, joder, no se esperaba una masturbación a dos manos.
Poco después pudo notar cómo se oía lo que seguramente sería un orgasmo retenido unas cabinas más allá. Tenía que acabar ya con Kagami o todo se iría al carajo. Cambió la mano izquierda por la derecha y pudo ver la tensión en el pelirrojo, al cual le temblaban las piernas al sentir la nueva fuerza ya que Aomine le había estado trabajando adrede con la izquierda para luego poder darle ese empujón con la diestra. Kagami chocó la cabeza contra la pared al sentir cómo el orgasmo le recorría toda la espalda para llegar a su miembro y soltar todo en la mano de Aomine, el cual se corrió poco después al sentir el apretón de las manos de Kagami en su polla debido al orgasmo. Ambos se quedaron en silencio, jadeando y con la respiración muy entrecortada debido a que tenían que evitar hacer ruido.
"¿Has oído algo, Takao?"
"¿Ehhh~? No Shin-chan, deja de imaginarte cosas y vámonos ya, nos estarán buscando."
"Lávate bien antes de salir."
"Claro, Shin-chan, pareces mi madre."
Aomine miró al suelo y arrastró la camiseta de Kagami hacia dentro del cubículo justo cuando la otra puerta se abrió. Tanto el peliazul como el pelirrojo posicionaron sus manos en la boca contraria. El moreno sonreía gracioso mientras Taiga sufría en silencio por no ser descubierto. Minutos más tarde las puertas se oyeron y el silencio reinó de nuevo.
Kagami suspiró, se subió bóxers y pantalones a la par que Aomine y miró su camiseta ahora mojada por culpa del pisotón del peliazul. Le fulminó con la mirada y abrió la puerta de la cabina.
"Sujeta la puerta mientras me lavo y luego cambiamos," dijo casi en un susurro, "No sería divertido que nos encontraran limpiando… eh, esto."
"Está bien, date prisa."
Se limpiaron y se lavaron la cara, aunque ambos estaban todavía ligeramente ruborizados. Era obvio para Aomine que Kagami estaba totalmente impactado con lo que acababan de hacer, pero para él… bueno había sido uno de los mejores orgasmos que había tenido en tiempo. Sentir de cerca el peligro de ser descubiertos, tener que evitar tus propios gemidos y los contrarios, ver esos ojos rojos normalmente llenos de desafío, llenos de deseo y lujuria… todo había sido genial, sin embargo, había algo que le reconcomía la cabeza: no había sido suficiente. Quería sentir más de ese pelirrojo.
Se acercó mirando el reflejo de Kagami en el espejo y unió sus cejas, extrañado, para después sonreír de medio lado con su característica cara de suficiencia.
"¿Qué es tan gracioso?," preguntó el pelirrojo un tanto irritado ante esa atenta mirada.
"Nada, sólo admiraba las marcas que te he dejado."
"¿Qué?," Kagami giró el cuello enseguida dispuesto a observar el desastre que habría dejado ese idiota en su clavícula y cuello, cosa que Aomine aprovechó para atrapar sus labios de nuevo. En serio, si existiera un máster en 'robos de besos' tendría matrícula de honor en el nivel avanzado por culpa de ese pelirrojo.
Para sorpresa del peliazul, Kagami no se zafó y respondió al beso sin ofrecer resistencia, atrapando su lengua y succionando seguidamente para evitar que Aomine se moviese a placer, Este cabronazo aprende rápido, pensó con una sonrisa. El pelirrojo tomó el control en ese despiste de Aomine, pasando su brazo por el cuello contrario y arrimándose en busca de más contacto, joder, se sentía tan bien, iban a acabar demasiado cachondos otra vez si seguían así. Ambos parecían haber olvidado dónde se encontraban realmente hasta que unas voces se oyeron desde el pasillo.
"¿Qué? ¿Kagami y Aomine juntos? ¿En serio? Vaya, no tenía ni idea," decía Kasamatsu a su interlocutor con una voz bastante rasgada por el alcohol.
"Ya ves, nadie se esperaba que las cosas hubieran acabado así, senpai~," respondía Kise cantarinamente.
Aomine decidió atajar el asunto ahí, si los habían descubierto, al menos que tuvieran la decencia de criticarlos cara a cara, Si es que tienen cojones. Se separó de Kagami, que también hizo lo propio y salieron fuera del baño.
"¿Qué pasa?"
"¡Hola Aominecchi! Ya tardabas," dijo mirando felizmente al peliazulado, y viendo cómo salía Kagami también, añadió, "Oh, veo que os seguís llevando bien. ¡Ahora hasta vas con Kagamicchi al baño!," era obvio que era el alcohol el que hablaba por él, pero aún así recibió una no tan certera patada de Kasamatsu en su espalda.
"¡No digas estupideces, Kise!"
"¡Auchhh, mooo~, pero si justo andábamos hablando de eso!" Ante la fría mirada de Aomine, añadió, "Le estaba contando a senpai que coincidisteis en un campamento de niños y no hubo ningún muerto."
Si nadie hubiera ido borracho en ese momento se podría haber observado cómo los hombros tanto de Kagami como de Aomine se relajaban al oír esas palabras.
"Ahhh, Kise, deja de decir tonterías," dijo el peliazul bostezando y, entrando de nuevo al bar se giró para añadir, "Eh, Bakagami, seguro que no me aguantas ni dos tragos."
"¿Hah? Ya verás cómo eres tú el que acaba en el suelo, Ahomine," y dicho esto ambos volvieron para pedir otro par de botellas a un muy animado Takao, aunque ambos se quedaron mirándolo un rato antes de atreverse a hablar con él, ahora lo veían con otros ojos. Mientras tanto, Midorima volvía al baño porque había olvidado su objeto de la suerte en alguna parte… ese maldito de Takao se lo pagaría más tarde, de nuevo. Al salir pisó algo rojo, y pudo ver el móvil de Kagami en el suelo, lo recogió divagando sobre lo estúpidas que eran algunas personas con sus pertenencias, hasta que recordó por qué estaba ahí en primer lugar. Decidió devolvérselo enseguida hasta que vio el mensaje de texto:
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–Tnemos q salir de aki, no debimos haber visto nada, en 1er lugar–
+Acaso eres imbecil? Yo ya m staba yendo cuando m atrajiste aki ¬.¬* ¡IDIOTA!+
–Kmo sea, di algo y larguemons–
+Dilo tú, todo sto es culpa tuya d nuevo, aho. Xro bueno, tngo 1 idea+
–¿Cual?–
+Sólo tnemos k hacer + ruido k ellos :P +
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A pesar de su estado de embriaguez, no hizo falta mucho en la mente de Midorima para imaginarse quienes y de dónde tenían que huir ese par de idiotas, por no hablar del sentido de esa última frase. El peliverde cerró el móvil con quizás demasiada fuerza y sonrió de lado, dando incluso más miedo que Aomine Daiki.
