Lo siento, lo siento, lo sientoooooooooo~ Exámenes y cientos de folios de apuntes me han tenido alejada de mis queridos relatos AoKaga, pero aquí estoy con este capítulo listo para subir antes de que acabe el año :D Y tengo que avisar de que seguramente el siguiente sea con el que termine la historia (a menos que me quede tremendamente largo, porque sé cómo acabará, pero no sé cómo lo escribiré xD)

Aviso como siempre, al ser de España hay muchas expresiones y verbos que digo diferentes… intento hacerlo neutro, pero cualquier cosa que no entendáis, podéis preguntarme. Se me había olvidado añadir una cosilla. Soy consciente de que en español delante de la –p– siempre va la –m–, pero decidí dejar en "senpai" con –n– que es como se escribe en japonés, ya que la única letra consonante que existe en romaji suelta es la –n– :P No me juzguéis, me encanta dejar algunas cosas en su idioma ;)

Se agradecen críticas, consejos, avisos… lo que sea, ya sabéis que todo me encanta y me hace ilusión. Y os dejo de dar más la murga para que leáis :P

Aviso: Pensamientos en cursiva y diálogo entre comillas.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.

.


.

La fiesta fue mejor de lo que había cabido esperar. Todos se animaron bastante a pesar de llegar empapados al karaoke donde continuaron la celebración.

Kise acabó bastante amoratado por culpa de las patadas que se llevó por parte de su senpai cuando se ligó a la recepcionista para que les diera acceso a la carta de bebidas alcohólicas, pero al final lograron que les sirvieran a cambio de un par de firmas, fotos y su número de teléfono.

"Pero senpai, ¡he conseguido bebidas!," gemía el rubio mientras reculaba con las manos en alto en la sala que les habían asignado.

"¡Y eso qué! Vergüenza debería darte, Kise." Kasamatsu estaba un poco sonrojado por el alcohol, y ya no era capaz ni de explicar de forma coherente qué era exactamente lo que le molestaba de su kouhai. Tras darse cuenta él mismo de ese pequeño inconveniente, decidió rectificar, "Ah, como sea, ¡no vuelvas a hacerlo!" concluyó malhumorado.

Kagami tenía que reconocer que al final se lo estaba pasando bien, dejando de lado que intentaba por todos los medios alejarse de cierto moreno, la noche estaba siendo muy divertida. Sabía que debía pensar. Pensar en demasiadas cosas que en ese momento amenazaban con colapsar su cabeza, pero también sabía que hacerlo en ese momento no era buena idea, de modo que intentaba simplemente aparcarlo para más tarde… Al fin y al cabo, ¿quién no intenta retrasar todo lo posible el pensar en algo que no le va a hacer ningún bien? Sin embargo, para poder obviar esos pensamientos cada vez más nítidos, tenía que concentrarse, entre otras cosas en evitar al causante de la mayoría de sus problemas: Aomine Daiki.

Pero a pesar de sus esfuerzos, por alguna razón su vena competitiva le impedía negarse a participar en todos los retos estúpidos que hubo esa noche, en los cuales el peliazul también estuvo inmiscuido: ver quién podía hacer más puntos de una canción con un tono agudo; comprobar quién podía meterse cinco galletas en la boca y pronunciar 'tres tristes tigres comían trigo en un trigal'; hacer una competición de piedra, papel y tijera para que el perdedor se tomara una cucharada de wasabi; ver quién podía desabrochar el sujetador de Momoi con una mano cuando ésta estaba despistada… y cualquier estupidez más que se les ocurriera a Kise y Takao, por supuesto, por idea de éstos, el que perdiera debía realizar una pequeña prueba. En definitiva: la noche marchaba bien. Hasta los chistes de Izuki estaban siendo decentes.

"¡Shin-chan! ¡Has sonreído, lo he visto! Vamos, admítelo," gritaba el diez de Shūtoku con un pie en la mesa y un dedo acusador apuntando a cierto peliverde, "Admite que te ha hecho gracia que Kagami se atragantara con las galletas."

"No he hecho tal cosa, Takao. Era un desenlace obvio teniendo en cuenta la cantidad que se ha metido en la boca," contestó impasible.

"Pero se ha hinchado como una ardilla, todos lo hemos visto y, ¡también te has reído!" Takao miró implorante al resto de borrachos que había a su alrededor, porque a esas alturas el único que se salvaba era Kuroko, el cual no había bebido casi nada, "Ne~, chicos, ¿a que se ha reído?"

"Vamos, Midorima, deja de fingir. Sabes que el ojo de alcohol de Takao es cien por ciento fiable," dijo Izuki tranquilamente. El silencio que se hizo a continuación se cortó rápidamente con el estruendo de las risas generalizadas.

"¡Cállate Izuki!" resonó la voz de Hyūga, más por costumbre que porque ese chiste no le hubiera hecho gracia, ya que tampoco podía dejar de reír, "Nunca pensé que me reiría con uno de tus chistes. De verdad que el alcohol hace milagros."

En medio de tanta carcajada, Kagami se encontró a sí mismo mirando de reojo a Aomine, Vaya, así que hasta él puede reír, dijo para sí, antes de obligarse a olvidar ese pensamiento y buscar su vaso de nuevo. Esa noche estaba bebiendo demasiado por culpa de los malditos recuerdos de cierto encuentro en el baño, se podría decir que estaba comprobando de primera mano lo verídico de la frase 'beber para olvidar'.

La noche avanzó rápida y los jóvenes decidieron ir a terminarla a una discoteca de la zona, el único que se rehusó fue Kuroko, que se marchó para coger el último tren a casa. El resto esperarían al primero ya que era la primera vez que se lo pasaban tan bien todos juntos de fiesta.

"¿Estás seguro, Kuroko?," preguntó un ebrio Kagami antes de que su sombra se marchara en dirección a la estación.

"Sí, Kagami-kun, la verdad es que estoy bastante cansado. Pasadlo bien," Kuroko echó una mirada por encima del hombro de Kagami para ver cómo el moreno les miraba, fingiendo estar muy atento a algo que le decía Satsuki, "Y cuida de Aomine-kun, no sabe controlarse mucho cuando bebe," añadió.

"¡¿Hahh!? ¿Por qué tengo que ser la niñera de ese idiota?," rugió, cabreado por el hecho de que le asociaran con el peliazul, fuera para lo que fuese.

"Oh, por nada en especial, sólo creí que ya se llevaban bien," atajó Kuroko, evitando la mirada de su luz. "Bueno, hasta mañana, Kagami-kun," y dicho eso se alejó con paso firme mientras sus amigos avanzaban hacia la discoteca a la que no tardaron mucho en llegar.

.

El local era enorme, tres pisos de diferentes ambientes donde poder escoger la música que más te gustaba y –para deleite de Aomine–, muchas universitarias y chicas de preparatoria con grandes pechos en minifalda.

"Ohhhh, ¡bien hecho, Kise!," aclamó eufórico al entrar por la puerta. El rubio sonrió agradecido por el cumplido.

"¿Veis? Es bueno tener contactos en todas partes," respondió, altanero. Agarró la mano de Kasamatsu y se internó entre la multitud al grito de, "Chicos, no os separéis, vamos a la segunda planta, es la mejor." Kasamatsu se sorprendió por el agarre, pero antes de poder gritar y levantar el pie del suelo, ya estaba siendo arrastrado.

Kagami se quedó atrás mirando embobado a todas partes. Nunca había estado en una discoteca tan grande; de hecho, sólo había ido a una en una ocasión. Desde que conoció a Tatsuya su vida se había centrado en el baloncesto y en ir aprobando el curso a duras penas. En realidad, le hubiera gustado que su hermano estuviera allí con él, pero no había acudido nadie de Yõsen.

"Eh, Bakagami." Una irritante y conocida voz le sacó de su ensimismamiento, "Vamos a perderlos si te quedas ahí como un pasmarote, ¿en qué estás pensando?"

"Tatsuya debería haber venido…," murmuró más para sí mismo que otra cosa. Aomine pretendía que fuera una pregunta retórica, pero la ebriedad de Kagami le hizo contestar con sinceridad. Lo siguiente que notó el pelirrojo fue cómo una firme y cálida mano agarraba la suya y ponía rumbo a la marabunta de gente que se agolpaba en el interior de la discoteca. El alcohol le estaba empezando a pasar factura y sólo podía dejarse llevar por esa mano mientras el sonido de unos grandes altavoces retumbaba en sus oídos. Mover un milímetro la cabeza equivalía a dar un giro de ciento ochenta grados a la infinidad de luces de colores que se abrían paso en su camino. El estómago empezaba a darle vueltas y el calor de su cuerpo se comenzaba a acumular en sus mejillas.

"Tsk." Pudo oír como el moreno se quejaba a su lado, "¿Dónde se han metido?"

Kagami no podía ayudarlo, ni siquiera sabía exactamente en qué punto de la discoteca se encontraban desde que habían entrado, pero podía notar la tensión en la mano de Aomine, y le incomodaba verlo tan molesto. Odiaba sentirse impotente, así que sin pensar, hizo un poco de fuerza en el agarre y cuando notó –más bien supuso– que el moreno le estaba mirando, sonrió y dijo, "Sigamos buscando un poco, ¿vale?" No pudo ver la expresión en el rostro del peliazul, pero sí que le oyó balbucear algo. El moreno se giró de golpe y comenzó a subir unas escaleras arrastrando a Kagami consigo con mucha menos delicadeza que antes. Kagami sintió ese último viaje muy extraño, era como ser tirado por alguien que quería alejarse de ti, pero que por alguna razón no podía soltarte. Pronto, pudo notar cómo el agarre perdía fuerza cuando oyó una voz chillona.

"¡Aominecchi, Kagamicchi! ¡Ya pensábamos que os habíais perdido! Senpai estaba a punto de mandarme a buscaros de una patada," añadió, haciendo un mohín hacia su capitán, mientras éste entornaba los ojos. "Ahora que estamos todos, ¡vamos a divertirnos!"

"Dame alcohol, Kise, lo voy a necesitar." Esas fueron las últimas palabras que el cerebro de Kagami pudo procesar con algo de coherencia.

Los siguientes recuerdos del pelirrojo fueron bastante difusos. Muchos chupitos. Vasos de cubata. Música que no había escuchado en su vida pero que le hacía moverse eufórico. Un ebrio Kasamatsu gritando a Kise por todo el local. El retumbar de la música y los colores de las luces. Juraría que hubo un momento en el que vio a Midorima extrañamente cerca de Takao. Ni rastro de Aomine. Eso era bueno. Su menté se volvió negra y se dejó llevar.

.


.

Aomine despertó cuando una insistente vibración se oyó en algún lugar de la mesilla. Decidió obviarla y volver al calor de sus sábanas, pero unos minutos después volvió a sonar.

"Tsk, maldito cacharro," gruñó casi sin voz. Levantó la mano sin despegar la cabeza de la almohada y tanteó a golpes hasta que dio con el móvil. Pulsó una tecla y la luz le cegó por unos instantes, haciendo que desviara la pantalla hacia otro lado a modo de defensa personal, "Estas malditas mierdas…," murmuró medio dormido. Como ya estaba acostumbrado a no atinar el desbloqueo por las mañanas, mantuvo pulsada la tecla de encendido hasta que el móvil se apagó del todo, "Ahh…," suspiró, antes de recostarse de nuevo. Su cama estaba realmente caliente esa mañana.

Segundos después, su mente despertó por un momento, ¿Cómo llegué a casa?, fue su primera pregunta interna. Hizo un esfuerzo para recordar qué hizo la pasada noche. Cuando las imágenes se sucedieron en su mente, abrió un poco los ojos e hizo un ligero esfuerzo para intentar recordar algo. La cabeza le dolía horrores, seguramente se había vuelto a pasar con los chupitos, y eso que sabía la resaca que daban. No tenía ni idea de qué había pasado la noche anterior, pero tampoco lo iba a recordar en ese estado, de modo que decidió seguir durmiendo la mona hasta que no le doliera nada. Giró la cabeza y pudo ver cómo su brazo le pasaba por encima a cierto pelirrojo que dormía a pierna suelta. Parece que acabé bien la noche, un atisbo de sonrisa cruzó sus labios, sustituido casi al instante por una expresión de horror. Oh, mierda, ¿cómo cojones…?. No sabía cómo había llegado a esa situación, aunque no es como si lo incomodara, al contrario, le parecía bastante favorable. Si algo sabía hacer bien, era dejar de lado las minucias y aprovechar las situaciones que se le presentaban, y ese pelirrojo se le estaba presentando demasiado tentador, ya pensaría después en los hechos que le habían llevado a eso. Volvió a acomodarse en la cama apretando más el agarre de su tigre. Ya podía oler el ramen que hacia su madre los sábados. Tenía algo de hambre, ya que estuvieron toda la noche por ahí de fiesta y no–

"¡¿Mi madre!?," gritó, incorporándose de golpe en la cama.

Miró alrededor; sí, era su habitación.

Miró hacia la puerta; sí, se oía a su madre hacer la comida.

Miró a su izquierda; sí, Kagami estaba durmiendo a su lado. En calzoncillos. En su cama. Con él.

"¿Qué cojones? ¡Kagami!," susurró en alto mientras zarandeaba al pelirrojo, "Kagami, ¡despierta maldita sea!" El pelirrojo balbuceó algo ininteligible antes de girar y acomodarse más contra la cama, "¡Ka-ga-mi!," repitió el peliazul en su oído, mientras le daba golpes en la cabeza.

"Ahhhh, ¡qué pesado eres! ¿Qué pasa? ¿Qué hora es?" murmuró, aún aturdido por el recién despertar y el dolor de cabeza que arrastraba. Abrió los ojos como platos al ver la cara de Aomine tan cerca de la suya, "¿Q-Qué haces en mi casa?," preguntó, irritado. El peliazul suspiró entornando los ojos.

"¡Idiota! Fíjate bien antes de hablar," respondió. Miró al ala-pívot de Seirin de nuevo, poniendo una cara más seria para añadir, "Mira, mi madre está en casa, se supone que no llegaría hasta el lunes, así que o se nos ocurre una buena excusa para que estés aquí, o estoy jodido." La perplejidad de Kagami en ese momento no se podría describir con palabras.

"¿Una buena exc–…? Mierda, Aomine, ni siquiera sé por qué estoy aquí para empezar, ¿eh? Dime, ¿qué diantres hago en tu casa?"

"¿Y me lo preguntas a mi, Bakagami? Se supone que tú eres el que no bebe y es responsable y yo el borracho del que nadie se fía, ¿no? ¡Cumple con tu parte, maldita sea!"

"¡¿Hah?! ¡Eso ni siquiera tiene sentido, idiota!"

Ambos se miraron furiosos, sabían que discutir en ese momento no les salvaría. Tras unos segundos manteniéndose la mirada, cada uno absorto en su propio mundo, la cara de Kagami tornó casi del color de su pelo, cosa que Aomine no pasó por alto. Pudo ver cómo sus ojos bajaban por el bien formado abdomen del as de Tõõ antes de llegar a las sábanas que cubrían el resto. Fue entonces cuando el moreno se percató de lo que suponía que estuvieran juntos en la cama, Joder, en serio, ¿cómo puedo no recordar nada? Un murmullo le sacó de sus pensamientos.

"Anoche… tú y… tú y yo… esto… hicimos, eh, ¿algo?," murmuró el as de Seirin, balbuceando más por el shock que por la vergüenza, con la cara totalmente desprovista de emoción alguna. Aomine no era de los que se avergonzaba o se preocupaban por lo que habían hecho la noche anterior, pero por alguna razón que escapaba a su conocimiento, esa pregunta le hizo sonrojarse un poco.

"Tch, ¿cómo quieres que lo sepa? Ahora mismo tengo otros problemas." Aunque dijo eso, su cabeza no dejaba de dar vueltas una y otra vez a la noche anterior, buscando en su dañada memoria el momento en el que se fue con Kagami, ¿Por qué cojones se me ocurrió traerlo?, se castigó mentalmente, ¡Él vive sólo, maldita sea! Decidió dejar eso para más tarde y pensar en qué le diría a su madre, Si al menos supiera cómo llegamos aquí…, Entonces se le ocurrió algo.

"Bakagami, llama a Tetsu, él sabrá cuándo nos fuimos."

"Tu estupidez no conoce límites, ¿verdad?" Le miró entrecerrando ligeramente los ojos y aclaró, "Kuroko se fue antes de ir a la discoteca."

"Entonces prueba con Kise, ese maldito seguro que se acuerda de todo."

"Vale," accedió. Bajó la mano al lugar donde debería estar el bolsillo de su pantalón, pero sólo encontró la tela de sus calzoncillos. Volvió a sonrojarse y buscó con la mirada el resto de su ropa. Tras localizar sus pantalones en el suelo cerca del final de la cama, quitó la sábana, se incorporó velozmente y los recogió. Buscó por todas partes, pero no logró encontrar nada, "Aomine…"

"¿Qué pasa ahora?"

"Creo que perdí mi móvil y las llaves de mi apartamento," dijo casi en un susurro, mientras le miraba con cara de circunstancia, "Este es el puto peor día de mi vida."

Una sonrisa se formó en el rostro de Aomine, "Ahhhh, así que es eso."

"¿De qué hablas? ¿Acaso te estás riendo de mi, pedazo de inútil?" Kagami le miró entre cabreado y desafiante, como indicando que si se le ocurría decir alguna estupidez lo mandaría a volar por la ventana de una hostia.

"Perdiste el móvil y las llaves, y como soy tan buena persona no pude dejarte durmiendo en la calle, así que te traje a casa. Sabiendo la pereza que me da preparar futones, decidimos dormir los dos aquí. Misterio resuelto," finalizó, orgulloso de sus propias deducciones. Kagami se quedó en silencio, la verdad es que tenía sentido, excepto por el hecho de que él hubiera accedido a eso, pero teniendo en cuenta el porcentaje de recuerdos de la noche anterior que tenía en su mente, cualquier cosa era posible. Además, esa era la primera vez que oía a Aomine hilvanar más de dos frases seguidas, ¿acaso era vago hasta para hablar?

Aomine se dio la vuelta y encendió el móvil de nuevo, marcó el PIN y empezaron a llegar todas las llamadas y mensajes acumulados. Casi todas eran de otros días, sólo había dos mensajes de Kise. Uno a una hora tan temprana que Aomine no creía ni conocer, y el otro a las dos de la tarde. El peliazul leyó:

– Aominecchiii~ ya se que no me vas a responder, sólo quiero saber si tú y Kagamicchi llegasteis bien a casa. No se os veía muy 'serenos', pero como estabais tan felices… . ¡Menos mal que Kagamicchi vive sólo ¿eh?! ¡Qué suerte! Pasad buena noche, uy, buena mañanaaaa~ :P :P :P–

No sabía qué era exactamente, pero había algo que le daba muy mala espina en ese mensaje, ¿Por qué cojones tiene que escribir tanto emoticono de mierda? Lo borró y pasó al siguiente:

– Neee~ Aominecchi, Kurokocchi me ha llamado diciendo que ha ido a casa de Kagamicchi y que no estabais, ¿dónde habéis dormido? ¿Está todo bien? Contesta cuando puedas, estamos preocupados -_- ¡No seas vago y responde! ;) –

El peliazul suspiró, cerró el móvil de un golpe y lo dejó en la mesilla. Se levantó y se dirigió al armario para coger la primera ropa de deporte que pilló y lanzársela a la cabeza al pelirrojo.

"¿Qué haces, idiota?" bufó éste, que seguía perdido en sus pensamientos.

"Vete a la ducha y ponte eso. Voy a explicarle a mi madre por qué estás aquí," señaló la puerta que estaba en frente de Kagami, "Ese es el baño," miró una vez más al tigre semidesnudo sentado en su cama y continuó hablando, "Da gracias porque no eres una mujer, Bakagami, o esto sería mucho más difícil." Los ojos del pelirrojo se entrecerraron con odio, "Aunque eso no quiere decir que no quiera follarte igual," añadió, haciendo aparecer de nuevo esa pícara sonrisa que tanto le caracterizaba.

"Vete a la mierda," contestó Kagami, entre cabreado y avergonzado. Se levantó y se metió en el baño. El peliazul amplió su sonrisa y salió a enfrentarse con su progenitora. Bajó las escaleras y se asomó al salón, pero justo cuando abrió la boca para llamar a su madre, fue interrumpido por el sonido de la puerta principal. Se dirigió a la cocina, a sabiendas de que su madre siempre le dejaba las notas ahí, y tal como esperaba había un papel que decía:

.

"Daiki, me he pasado a por unas cosas que necesitaba, pero estabas completamente dormido cuando llegué. Me alegro de que el cumpleaños de Kise-kun fuera bien. Recuerda que llego el lunes, así que no te alimentes de comida rápida, por favor.

Te dejo ramen preparado, sé que te encanta comer en cuanto te levantas. Compártelo con tu amigo, me lo tienes que presentar cuando regrese. ¡No seas un mal anfitrión y cuida esos modales! ;)

Te quiere, tu madre."

.

Aomine leyó la nota dos veces, ¿su madre le había visto durmiendo semidesnudo y abrazado a otro hombre también semidesnudo y todo lo que decía era 'me lo tienes que presentar'? Vale, algo le olía realmente mal en todo esto. Pero bueno, no hay mal que por bien no venga, y ahora estaba a solas con Kagami y podrían hablar sobre cómo cojones habían llegado a esto. Decidió darse una ducha antes de comer, le sentaría bien para aliviar los dolores post-alcohol que le estaba brindando su queridísimo sistema inmunológico. Subió de nuevo a su cuarto, donde aún se oía correr el agua de la ducha donde estaba el diez de Seirin. Por un instante estuvo tentando de asaltarlo ahí dentro y no darle tiempo ni a quejarse, pero rápidamente descartó esa idea, ya que en este momento algo le decía que tenía que manejar la situación con un poco de delicadeza.

Se puso a recoger las prendas del día anterior para dejarlas con la ropa sucia, sólo para evitar tumbarse en la cama y quedarse frito de nuevo. Miró los bolsillos por costumbre, siempre que los miraba en estas situaciones solía haber algún número de teléfono con un nombre de mujer, pero esta vez encontró unas llaves.

"¿Por qué tengo yo las llaves de ese idiota?," murmuró pensativo, "Tsk, tengo que recordar qué cojones pasó anoche, pero ya." Lanzó el pantalón a su esquina de 'cosas para lavar' junto al resto de prendas y dejó las llaves al lado de su móvil. Al menos Kagami no había perdido todo. En ese momento salió el pelirrojo del baño, con la ropa de Aomine y una toalla al cuello para evitar mojar la camiseta con la humedad del pelo.

"¿Ya has hablado con tu madre?"

"No ha sido necesario, se marchó antes de que bajara y no volverá hasta el lunes." La voz de Aomine era impasible, cosa que puso en alerta a Kagami ya que lo normal era escucharlo amenazante, aburrido, o narcisista, pero nunca tan absorto como ahora.

"Ah, genial," el rostro de Kagami se iluminó. Por fin algo le salía bien ese día, "Voy a llamar a Tatsuya. Él tiene una copia de las llaves de mi casa, así que sólo tengo que–"

"No hará falta," atajó el moreno con un tono un poco apresurado y agresivo.

"¿Eh? ¿Y cómo quieres que–"

"He encontrado tus llaves. Estaban en el bolsillo de mi pantalón."

"¿AH? ¿Y por qué demonios estab–"

"No tengo ni idea."

"¡Maldita sea Ahomine, ¿quieres dejar de interrumpir–"

"No," Aomine torció la boca formando esa sonrisa que tanto sabía que crispaba al pelirrojo, no había nada que le resultase más placentero que cabrearlo. Bueno, nada fuera del ámbito sexual, por supuesto. Entonces puso de nuevo su cara de aburrimiento y añadió, "Voy a ducharme, la comida está preparada en la cocina, vete empezando si quieres." Y desapareció tras la puerta del baño.

El cinco de Tõõ se quitó la poca ropa que llevaba y se metió bajo el agua. Que él recordara nunca, jamás, había tenido problemas para decidir nada en su mundo sentimental, entonces, ¿qué cojones le estaba pasando? Ya admitió tras el campamento que Kagami le atraía, lo cual no había sido precisamente fácil, y supuso –en un alarde de conocimiento de la mente humana– que en cuanto consiguiera desfogarse con él, la cosa se acabaría ya que era una mera atracción 'física'. Y eso fue lo que consiguió en el cumpleaños de Kise, no de la forma que más le gustaría, admitámoslo, pero al fin y al cabo lo hizo: se corrió con Kagami. Y sin embargo, ahí estaba, recordando fragmentos de la noche que no hacían sino confundirlo aún más.

"Tatsuya debería haber venido…"

En cuanto el nombre de su querido 'hermano` había surgido esa mañana, Aomine había recordado cómo una ola de ira lo invadió la noche anterior cuando Kagami le dijo esas palabras.

¿Tatsuya? ¿Qué cojones hace pensando en ese emo ahora? Eh, ¡soy yo a quien tienes delante! ¡Soy yo con el que hace un momento intentabas evitar sin éxito que tus gemidos se oyeran!

Ni él mismo conocía esa faceta celosa suya, porque estaba claro que lo que había sentido en ese momento no podía ser otra cosa que celos. "Ahhhhh, maldita sea," suspiró Aomine ante el torbellino de pensamientos que tenía en la cabeza. ¿Por qué tenía que ser todo tan complicado cuando se trataba de Kagami? No es como si estuviera enamorado de él; desde luego que eso estaba descartado, por eso no entendía qué le hacía volverse tan posesivo con él.

Cerró los ojos y volvió a intentar recordar lo que pasó la noche anterior, flashes sin ningún sentido eran lo único que le venía a la cabeza, junto con algunos fragmentos de conversaciones.

"¿Qué tiene de malo?"

"¡Nada! Supongo… supongo que nada, pero–"

"Entonces ya está, deja de negarlo"

Abrió los ojos de nuevo, aún intentando entender lo que acababa de rememorar. Joder, lo que recuerdo no tiene ningún sentido,dejó escapar un suspiro y se quedó parado sin pensar en nada por lo que a él le parecieron minutos, Ahh, una vez más. Volvió a poner en orden sus pensamientos y cerrando los ojos de nuevo metió la cabeza bajo el chorro de agua, dejando que el calor del líquido subiera su temperatura corporal, destemplada por la noche de fiesta. Los recuerdos empezaron a volver: arrastraba a Kagami hacia el segundo piso en busca de los demás, con unas ganas tremendas de partirle la cara por haber mentado a su 'hermano', pero a la vez manteniendo una lucha interna para no ceder a sus impulsos y besarle ahí mismo, en medio de esa multitud de desconocidos, música y focos de colores. Y recordaba su sonrisa mientras le decía algo tranquilo, joder, esa sonrisa fue lo que hizo que quisiera hacerlo suyo en medio de la pista.

Flash. Estaba en la barra, tomando chupitos como si no hubiera mañana y observando cómo el pelirrojo hablaba con Satsuki mientras bebían y reían. Algo dentro de él le decía que lo mejor que podía hacer era irse a casa, pero en vez de eso pidió otro chupito, ignorando a todas las féminas que le miraban indiscretas.

Flash. Parecían altas horas de la madrugada, Aomine sólo identificaba ciertos borrones entre el caos de parejas y gente bailando, era una suerte tener amigos tan peculiares a los que reconocer fácilmente, sin embargo, muchos habían desaparecido. Enfocó su mirada intentando encontrar el borrón rojo que buscaba. Cuando lo percibió, justo antes de que desapareciera por una puerta que daba a una terraza habilitada para fumadores, enarcó una ceja y se bajó del taburete. En cuanto tocó el suelo con los pies, todo su mundo se volvió oblicuo, sí, esa era la mejor forma de describirlo.

Flash. Estaba gritando agitadamente a un borrón rojo que deducía que era Kagami, los recuerdos de esa conversación no llegaban por mucho que lo intentaba, así que no se forzó.

Flash. Ambos, empapados, salían corriendo de la estación de tren. Aomine se recordaba diciendo algo estúpido, pero no sabía qué. Podía sentir el golpeteo de la lluvia contra todo su cuerpo, fría, en contraste con la que le caía ahora. Sentía la ropa pegada a su piel, evitando que se moviera con facilidad. Corrían hasta un parque donde paraban. Kagami, a su lado, se sujetaba con las manos en las rodillas para recuperar el aliento, y le miraba sonriente, Aomine recordaba devolverle la sonrisa y ambos empezaron a reír descontroladamente.

Flash. Entraban en su casa con dificultades para descalzarse antes de subir al tatami, dejando todo el suelo mojado a su paso e importándoles poco el ruido que pudieran hacer. Recuerda cómo Kagami hace una broma estúpida sobre algo que ve y cómo él le da un golpe en el hombro mandándolo al diablo.

Y después… la maldita alarma del móvil. Eso era todo, no era capaz de unir los fragmentos de todo lo que había pasado, aunque tampoco le importaba. Sólo quería recordar dos cosas importantes: la conversación que les llevó de estar discutiendo a decidir irse juntos; y si había pasado 'algo' entre ellos. Aunque Aomine estaba bastante seguro de que esto último no había ocurrido porque… bueno, jamás lo admitiría fuera de su subconsciente, pero él sabía que nunca olvidaría un beso de ese idiota, por corto que fuera o muy ebrios que estuvieran. Decidió que ya había alargado por demás la ducha y se lavó el pelo rápido antes de salir. Mientras se vestía, rumiaba mentalmente cómo sacar el tema para que el pelirrojo le contara lo que recordaba, aunque parecía tan perdido o más que él. Suspiró por tercera vez consecutiva ese día y bajó la escaleras.

"Eh, Bakaga–," se interrumpió al darse cuenta de que el pelirrojo no estaba por ahí y se imaginó dónde estaría. Dio una vuelta rápida a la casa, sin éxito, Maldito cobarde.

.


.

Kagami nunca se había considerado alguien que dejase de lado sus problemas, o que necesitara alejarse de ellos. Siempre había dado la cara y –ya fuera tarde o temprano– se había enfrentado a ellos, pero esta vez no era como las anteriores, esta vez estaba demasiado perdido como para afrontar algo que ni siquiera entendía. De modo que ahí estaba, sintiéndose como un prófugo y huyendo, como si le debiera algo a ese narcisista de Aomine sólo porque se había largado de su casa sin avisar en cuanto tuvo ocasión. Joder, él no actuaba así.

Recorrió la calle en la que se encontraba en busca de alguna estación donde pudiera ubicarse, ¿cómo su vida se había distorsionado tanto en tan poco tiempo? Nadie le había preparado para lo que fuera que le estaba pasando. Aceleró el paso y preguntó a una amable anciana que pasaba por el lugar, la cual le respondió una ristra de indicaciones que Kagami memorizó con todas sus fuerzas.

Tras veinte minutos caminando se dio cuenta de que su capacidad de procesamiento de información no debía estar al cien por ciento, porque estaba completamente perdido, Creo que necesito comer algo, me muero de hambre, pensó parando en medio de la nada para calmarse. Estaba en un cruce donde no había ni un alma y ya casi eran las cinco de la tarde. En la acera de enfrente había un pequeño establecimiento de ramen y sake anunciado de forma bastante austera. Decidió entrar a zamparse un buen plato de comida.

En el momento en el que abrió la puerta lamentó haberlo hecho. Una voz demasiado conocida retumbaba en el casi vacío local.

"Shin-chan, si sigues así de seco la cita será muy aburrida." Takao apuntaba con los palillos al peliverde mientras éste bebía de un cuenco de ramen.

"No me apuntes con eso," murmuró al terminar de tragar. Entonces enfocó la vista en el fondo del local, detrás de Takao, y su cara cambió a una más agria. "Lo que me faltaba," siseó para sí mismo.

"¿Qué pasa?" Takao se giró hacia la puerta y sonrió, "¡Kagami! ¿Qué haces aquí? Ven, toma algo con nosotros, a Shin-chan seguro que le hace ilusión."

"Muchísima," respondió irónico. Kagami se acercó hasta donde estaban, sentándose entre ambos en la mesa redonda en la que se encontraban. Cogió la carta con el menú en silencio y empezó a leer. Tanto Midorima como Takao le miraron atónitos. Si ya era raro verle en un barrio tan lejano de su casa, sin lugar a dudas debía tratarse de un milagro el hecho de que aceptase sin más el sentarse a compartir la cena con ellos. Ambos recordaban a la perfección la 'jugarreta' que les hicieron él y Aomine en la fiesta del rubio. El diez de Shūtoku miró a su pareja peliverde y sonrió ligeramente.

"Neee, Kagami, ¿qué haces por este barrio?" Sus ojos adquirieron un brillo bastante peligroso que el pelirrojo pasó por alto. "¿Acaso estabas visitando a Aomine?" añadió. El menú cayó sobre la mesa mientras Kagami tragaba y su rostro se desfiguraba adquiriendo una expresión de terror.

"No, ¿por qué tendría que visitar a ese malnacido?"

"Nahhh, por nada," canturreó Takao, "Ya que estamos los tres aquí, tomemos algo. El camarero es amigo mío." Antes de que ninguno de sus acompañantes pudiera decir nada, ya se había levantado a pedir un par de botellas de sake.

Kagami estaba en otro mundo, ni siquiera era capaz de centrarse en odiar a Midorima. Hasta le parecía buena idea tomar sake y olvidar todo lo que había pasado las últimas semanas. Se levantó y se acercó a la zona de la barra donde se encontraba el base.

"Quiero un plato familiar con doble de huevo," le indicó al camarero. "Y, Takao, pide otra de ésas," añadió señalando la botella recién abierta. El moreno se sorprendió, pero rápidamente sonrió con entusiasmo. En ese momento, Midorima aprovechó para buscar en el bolsillo de su suéter y sacar un pequeño móvil rojo que se metió al pantalón.

"¡Eso está hecho! Kagami, eres más divertido de lo que creía."

.

El reloj del pequeño local marcaba las nueve de la noche cuando unos ebrios jugadores de baloncesto salían al frío nocturno. Midorima susurraba algo a una tortuga de plástico que llevaba en la mano izquierda mientras Takao y Kagami hablaban animadamente.

"Pues sí, siempre le tengo que proponer yo las citas a Shin-chan, ¿qué se podría esperar de tsuderima?

"Jajajajaja, aún no me puedo creer que seáis pareja."

"No te creas que fue fácil, le costó mucho aceptar que me quiere." Ante esas palabras Kagami dio un respingo, y en el estado de ebriedad en el que se encontraba, decidió que Takao podría ser un buen amigo al que pedir consejo. Se giró para ver un par de metros por detrás de ellos al peliverde entretenido con su tortuga. El pelirrojo arrugó el ceño preguntándose qué carajo haría Midorima, y continuó con la charla.

"¿Cómo… cómo supiste que te gustaba?" Takao dejó de reír y le miró seriamente.

"¿Gustarme? No lo sé… simplemente me di cuenta de que cuando estaba con él, no me preocupaba el tiempo que pasara, y cuando no estaba con él, pensaba en cuándo volvería a verle. Me hacía reír, me ponía nervioso cuando quedábamos…," Kagami le miró escéptico y el base le fulminó con la mirada, "Sí, no te sorprendas tanto, yo me puedo poner nervioso también." Miró al firmamento, a esas horas ya lleno de estrellas. "No me di cuenta de que lo amaba hasta que me besó," añadió sonriendo ante el recuerdo en su mente. El ala-pívot de Seirin le miró sorprendido.

"¿É-é-él te besó?," dijo atónito. "No me jodas, quién lo diría."

"Sí… al principio no sabía qué estaba pasando, todo mi cuerpo se quedó rígido intentando salir del shock. Cuando se separó sólo me dijo que me quería y me dejó ahí tirado en el solitario gimnasio. Después no tuve que pensar mucho, cuando pasaron cinco días ya había asumido lo que sentía, al fin y al cabo, el cuerpo no miente y a mí se me dispara el corazón cuando estoy con él."

Si horas antes Kagami hubiera sabido que acabaría la noche hablando de estas cosas con Takao, se hubiera reído a carcajadas. El pelinegro miró a Midorima y le hizo una seña con la mano para que se acercara antes de continuar hablando.

"Dime, Kagami, ¿cómo lo harías tú?"

"¿Eh? ¿Hacer qué?"

"Declararte." El pelirrojo le miró cauteloso.

"No lo sé…"

"Vamos, prueba, sólo imagínate que soy la persona que te gusta." Takao se sentó en uno de los columpios del parque al que habían llegado y sonrió mientras se balanceaba ligeramente. El pelirrojo se sentó al lado, estático, y empezó a darle vueltas mentalmente. El alcohol le hacía volverse más extrovertido, y no le parecía mala idea hacer un amago de declaración, pero… ¿quién era la persona que le gustaba? Una imagen de Aomine sonriéndole en un parque apareció en su mente. Sus ojos se abrieron y su corazón empezó a latir con más fuerza, No, no puede ser, absolutamente no. No podía aceptar que la persona que le gustaba, la persona de la que se había enamorado por primera vez, fuera Aomine Daiki.

"…al fin y al cabo, el cuerpo no miente y a mí se me dispara el corazón cuando estoy con él."

Las palabras de Takao resonaron en su mente. Él no estaba enamorado de ese energúmeno egoísta. Vale, igual se sentía atraído por él físicamente; quizás se emocionaba cuando quedaban para jugar sus partidos privados; puede que su corazón latiera más rápido cuando le veía en la lejanía antes de entrar en la cancha; y todas las veces que se habían besado se sentía en el paraíso. Pero eso no era que estuviera enamorado de… Mierda. Cerró los ojos e inspiró profundamente.

"Venga va, probaré, pero si te ríes hago que te comas ese columpio," le dijo a Takao.

"¡Jajajaja, está bien, está bien!" El diez se giró para mirarlo a los ojos y se puso serio justo después de guiñarle un ojo a Midorima, que se encontraba apoyado contra el palo de madera que formaba parte de la estructura del columpio. El pelirrojo comenzó:

"Ahmmm. Bueno, yo…," Kagami suspiró de nuevo, "Yo… ¡Takao, esto es una puta gilipollez!"

"Nooo~, vamos, ibas bien," le animó, "No lo pienses, sólo hazlo."

"Ahhh, joder." Cerró los ojos de nuevo, esta vez un poco más sereno. "No te soporto," comenzó. Takao abrió la boca, dispuesto a reclamar algo, pero no le dio tiempo antes de que continuara, "Eres idiota, un vago rematado, te pasas el día quejándote por todo y refunfuñando, no sabes tener educación, ni agradecer por lo que te dan, usas cada oportunidad que hay para meterte con la gente, me pones histérico, no sabes hacer casi nada bien, eres perezoso, borde, creído, vanidoso, nada empático y me cabrean más del noventa por ciento de las putas cosas que salen por tu boca," respiró hondo, "pero no puedo evitar sentir cómo me vibra el pecho cada vez que te veo, disfrutar cada segundo que estoy contigo y anhelar no separarme de ti. Sé que eres un imbécil, pero con todo, quiero estar contigo." Terminó y abrió los ojos, encontrándose a Takao con la boca abierta.

"Guau," dijo, "¿A qué clase de persona amas tú?," añadió con una sonrisa en la cara, "Será una relación muy intensa, por lo que veo."

"Cállate, no he pensado en nadie en especial."

"Mientes fatal, Kagami~," canturreó mientras se levantaba del columpio, "Vamos, ya es tarde y es mejor que no pierdas el último tren… A menos que tengas a alguien que te invite a dormir por este barrio."

"No, no, nada de eso. Vamos a la estación," respondió nervioso el pelirrojo. Los tres comenzaron a andar hacia su destino. Kagami se encontraba absorto en las palabras que acababa de decir, mientras Takao tiraba de la mano de su novio y le susurraba:

"Shin-chan, creo que es mejor que no hagamos lo que teníamos pensado… igual tienen algo serio."

"Demasiado tarde, Takao. Hice la grabación de audio instantánea y no pude evitar enviarla." El ojo de halcón se puso serio de golpe, parando en medio del parque.

"¿En serio? Mmm… pues espero que no se lo tome mal."

"Se trata de Aomine, todo se lo toma mal," Midorima cerró los ojos pensativo, "Ya está hecho, Takao, no se puede luchar contra el destino."

"Ya, ya…," el diez de Shūtoku puso los ojos en blanco al escuchar las últimas palabras del peliverde, "En fin, estaré atento a ver qué pasa."

Cuando llegaron a la estación, eran casi las diez de la noche. Todos estaban cansados ya que no habían parado desde el viernes.

"Kagami, te dejaste esto en el karaoke," dijo Midorima entregándole el móvil a su dueño, "Deberías tener más cuidado con tus cosas."

"¡Ah! ¡Mi móvil! Ya lo creía perdido. Esto… gracias, supongo," añadió mirando al peliverde avergonzado, "Bueno, yo me voy que necesito descansar. Ya nos veremos," dijo mientras se subía al tren y se cerraba la puerta del vagón. La pareja se quedó mirando el tren, sabiendo de antemano lo complicado que sería descansar para Kagami esa noche.

En otro lugar de ese mismo barrio, Aomine recibía un mensaje al móvil. Cuando lo leyó no supo qué le había cabreado más: si el hecho de que lo había despertado, que fuera de Kagami, o el archivo que contenía.

.


.

N/A – Ya sabéis que no suelo dejar notas finales… pero esta vez quería aclarar algo después de que lo leyerais para no hacer spoiler: En la, ejem, "confesión" de Kagami, he puesto todo en masculino, pero en Japón no tienen género, es decir, nunca se sabe si se habla de una chica o de un chico, de modo que Takao y Midorima podrían pensar perfectamente que se trata de una chica (un poco ruda, ¿no? Jajajaja, matadme xD). Aunque ellos ya sepan de quién está hablando, claro :P

En fin, el caso es que quería que tuvieseis eso en cuenta, para que no os preguntéis por qué no se escandalizan al estar hablando Kagami de un hombre xD. Gracias por leerme hasta aquí, sois un amor ;)