Hermione llevaba un rato despierta cuando fueron a buscarla esa mañana. Le sorprendió que Edwina, la elfa doméstica de Malfoy no hubiera aparecido como de costumbre para llevarle el desayuno. En su lugar Zabini y Nott entraron en su celda y la arrastraron por los pasillos sin ningún tipo de miramiento.

A diferencia del otro día, en vez de subir, bajaron las escaleras. Atravesaron el enorme hall de la mansión, que estaba repleto de armaduras, y bajaron un piso más. Cruzaron un pasillo oscuro e inhóspito que parecía llevar a las mazmorras, y un profundo y desagradable olor a podrido se coló por sus fosas nasales. La piel se le puso de gallina al darse cuenta de que probablemente ese olor provenía de un cadáver.

Entraron en un enorme salón, a la izquierda había una chimenea, a la derecha una enorme mesa en la que había por los menos 12 mortífagos desprovistos de máscaras, y en el centro un trono hecho de calaveras. Volvió su vista a los mortífagos, con la esperanza de reconocer alguna cara, pero la mayoría eran rostros jóvenes para ella.

-Ocupa tu sitio, Nott.-escuchó como decía Blaise a su derecha.- Quiero ser yo quien entregue a la sangre sucia .

Sintió alivio en el momento que la mano de Nott dejó de apretar su antebrazo con fuerza. Observó cómo éste, tomaba asiento al principio de la mesa, en completo silencio.

-Hoy, querida sangre sucia , nos vamos a divertir mucho.-susurró Blaise contra su oído.

No le dio tiempo a replicar, porque todos los presentes se pusieron de pie. Lo sintió antes de verlo, una sensación desagradable se instaló en su nuca y se extendió por todo su cuerpo. Se quedó rígida como un palo, y no se atrevió a mirar por encima de su hombro.

-Mi Lord .—escuchó las voces de los mortífagos.

Hermione cerró los ojos al escuchar los pasos aproximarse a ella, y cuando volvió a abrirlos se encontró con la más horripilante de las caras. Era la primera vez que le veía en persona, pero le reconoció enseguida. Desprovisto de pelo, con los ojos rojos y dos rendijas por nariz, delante de ella se alzaba el mismísimo Voldemort. A su derecha, se encontraba Malfoy hijo y a su izquierda, Snape. Hermione comprendió que la posición de esos dos morrtífagos debía ser favorecida respecto del resto. Aunque esa información de poco iba a servirle. Trató de permanecer impasible mientras los ojos feroces de Voldemort la observaban con una repugnancia desgarradora.

-Así que,-dijo dando un paso en su dirección-¿tú eres la sangre sucia amiga de Potter?

Hermione decidió no contestar.

-¿Es muda?-preguntó Voldemort dirigiéndose a Blaise.

-No señor.-el interpelado apretó su agarre entorno a su brazo con tanta rudeza que un quejido se escapó de la boca de la chica.

La sonrisa de Voldemort se ensanchó, haciendo que su rostro fuera más terrorífico todavía. Más rápido de lo que ella había imaginado, sus rodillas se doblegaron y un chillido se escapó de lo más profundo de su garganta. El dolor que sentía por todo el cuerpo era tal que deseó desmayarse, podía sentir cómo la piel del pecho le quemaba hasta los huesos de la caja torácica. Los crucios que le habían lanzado días atrás no eran nada comparados con éste. Había leído en los libros que si eras lo suficientemente poderoso podrías focalizar las imperdonables, así podrías alargar la tortura de tu adversario.

Cuando Voldemort le puso fin al Crucio , Hermione se abrazó a sí misma, tratando de ver si su cuerpo seguía intacto, ya que juraría que había sentido como se desmembraban todos y cada uno de los huesos de su cuerpo. Blaise la levantó con rudeza sin darle tiempo a reponerse.

-Veo entonces, qué no eres muda.-fue lo único que dijo Voldemort.

La sala estalló en carcajadas.

-Te ofrezco un dulce trato amiga de Harry Potter. Me cuentas todo lo que sabes y acabo rápido con tu vida o,-acarició su varita de una manera que hizo a Hermione estremecer-si te niegas a colaborar, todos y cada uno de los presentes nos divertiremos contigo y después le mandaremos tu cabeza al Profeta, para que todo el país se haga eco de tu muerte.

-Prefiero que me arranques la cabeza antes que contarte nada.-respondió ella con voz temblorosa.

-Disfruta de tu decisión entonces.-Voldemort se dio la vuelta y se dirigió a pasos seguros hacia el trono de calaveras, tomó asiento y dejó la mano izquierda colgando fuera, chascó los dedos y un segundo después una serpiente enorme se sitúo bajo su mano.

-Dentro de un par de días Nagini, esa sangre sucia será tu cena.-comentó Voldemort acariciando la cabeza del animal.

Hermione trató de buscar una salida, pero no tenía escapatoria. Lo sabía desde el principio, desde el momento en que fue capturada. Su mirada se topó con la de Malfoy, y recordó la advertencia que el chico le había dado días atrás. "Tienes la palabra Avada escrita en la frente." Hermione le miró suplicante, ya le había ayudado una vez, ¿la ayudaría de nuevo? No, probablemente no. No había ni rastro del chico asustadizo que no les había delatado tantos años atrás, en la mansión Malfoy. El hilo de sus pensamientos se cortó cuando se escuchó un chasquido y aparecieron varios elfos domésticos que llenaron las mesas de comida y bebida. Atónita, Hermione observó cómo los mortífagos parecía que se preparaban para celebrar un ritual.

-Enhorabuena sangre sucia , todo esto es en tu honor. No todos los días se atrapa a la amiga de Potter.-se jactó Blaise antes de lanzarle su primer Crucio . Después de recibir la tercera imperdonable, Hermione perdió la cuenta, y en algún momento, se desmayó.