¡Hello! Han pasado años, pero aquí sigo escribiendo de vez en cuando... Y como por fin mi trabajo me lo permite, he retomado los fics pendientes, por si aún hubiera alguien que los lea . Conste en acta que este capítulo en concreto lleva escrito 4 años, y no recuerdo por qué no lo subí. Le he echado un ojo y mejorado algunas cosas, pero no quiero tocar lo que hice en su momento, así que así se queda.
Aviso: Pensamientos en cursiva y diálogo entre comillas.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
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Aomine abrió los ojos como platos al escuchar el audio que acababa de recibir. Volvió a mirar el remitente de nuevo, no podía creer que se tratara del pelirrojo, pero así era. Se sentó de nuevo sobre la cama y volvió a dar al play mientras se tiraba hacia atrás, dejando caer todo su cuerpo sobre el colchón.
El ruido de fondo de un columpio se oyó antes de que la gruesa voz de Kagami resonara por encima del resto de sonidos:
"No te soporto. Eres idiota, un vago rematado, te pasas el día quejándote por todo y refunfuñando, no sabes tener educación, ni agradecer por lo que te dan, usas cada oportunidad que hay para meterte con la gente, me pones histérico, no sabes hacer casi nada bien, eres perezoso, borde, creído, vanidoso, nada empático y me cabrean más del noventa por ciento de las putas cosas que salen por tu boca… pero no puedo evitar sentir cómo me vibra el pecho cada vez que te veo, disfrutar cada segundo que estoy contigo y anhelar no separarme de ti. Sé que eres un imbécil, pero con todo, quiero estar contigo."
"¿Acaso es una broma?," murmuró Aomine deslizando la vista por el blanco techo de su habitación, como si esa pintura que ya parecía más un tono marfil escondiera las respuestas a sus dudas. La voz de Kagami en el audio se notaba titubeante, ebria, como si siguiera borracho después de todo el día… se incorporó cuando cayó en la cuenta de que el pelirrojo había perdido el móvil, así que eso sólo podía ser una mala broma… Y en el caso de que no lo fuera… ¿cómo ese maldito Bakagami se atrevía a decirle esas cosas? Como si a él le fuera a gustar que le dijeran lo egoísta y borde que era… pero la voz seguía siendo la de Kagami.
"Tsk," chascó Aomine, se incorporó de nuevo, se vistió, y salió de su casa a toda prisa. Cuando llegó a la estación, el último tres con destino al barrio de Kagami había salido, pero había uno que salía en ese momento a un barrio cercano, de modo que sin pensárselo, saltó la valla que indicaba que ya no se admitían más pasajeros y corrió para pasar justo entre las puertas a segundos de que se cerraran. Eso le valió la mirada de desaprobación de una pareja de señoras sentadas en el vagón.
"Joder… son las once de la noche". En ese momento se dio cuenta de la hora que era: casi la media noche de un domingo, y estaba en un tren camino a casa de Kagami. Realmente no se había dado cuenta hasta que había llegado a la estación, pero no entendía cómo había podido llegar a semejante situación. Últimamente los acontecimientos le daba la impresión de que iban a cámara rápida.
"Realmente soy un idiota". ¿Cómo podía haber salido de casa tan rápido sin pensar en al menos qué iba a hacer? Después de lo que pasó en el cumpleaños de Kise, se había quedado con ganas de más, pero eso era normal, una tensión sexual semi-resuelta, no significaba nada más que eso…
Las palabras del audio resonaron en su mente una vez más, notando cómo sus mejillas aumentaban su temperatura un poco, "Maldita sea…", la cosa se iba a poner complicada, quería estar con el pelirrojo lo suficiente como para saciarse y poder olvidarse de él, pero Kagami le había mandado un maldito audio de una quasi declaración y tenía que decirle que no era correspondido… no del todo… "¿No del todo?," gritó Aomine alborotándose el pelo, "¿Cómo que no del todo?." Las señoras que le habían mirado mal al entrar, se levantaron para cambiar de vagón con la consecuente mirada fulminante de Aomine.
¿Acaso él sentía algo más por Kagami que no fuera enfado y puede que incluso pena por ganarle siempre al basket? Sonrió para sí, si fuera buena persona zanjaría las cosas con Kagami dejándolo en paz… pero era demasiado egoísta y quería dejar resuelta su atracción sexual de una vez por todas, para así poder estar como siempre, sin ataduras, sin pensamientos innecesarios, sin ese calor en sus mejillas que tan nervioso le ponía, y sin tener que acabar en un puto tren nocturno en dirección a su puta casa.
El altavoz del metro anunció la llegada al destino del moreno, que suspiró antes de bajarse del tren soltando un sonoro chasquido de cabreo. Aún tenía media hora a pie, llegaría a media noche más o menos. Aún con todo 'resuelto' para él, aún le quedaba pensar lo que diría a Kagami. En eso mismo iba pensando cuando un trueno le hizo levantar la vista. Ligeras gotas de agua comenzaron a rodar por su fina piel cuando el recuerdo de la noche anterior le llegó a la mente sin previo aviso.
Es como cuando vas a decirle algo a alguien, lo acabas de pensar y, aún así, se te olvida, y tienes que ir asociando tu torrente de pensamientos hasta que vuelves a acordarte de lo que ibas a decir en primer lugar… así se sentía recuperar los recuerdos de una noche de borrachera.
"¿Crees que esto está bien?", preguntaba Kagami empapado de pies a cabeza después de llevar un rato andando bajo la lluvia al salir de la estación.
"Ya te lo he dicho en la discoteca, deja de pensarlo. Quieres hacerlo. Quiero hacerlo. Hagámoslo de una maldita vez y así podremos volver a estar como siempre", replicó Aomine con un tono monocorde y la mirada seria.
Recordó cómo Kagami empezó a reírse descontroladamente mientras pasaban por el parque cercano a su casa, y tenía que agacharse ligeramente para recuperar el aliento.
"Creo que jamás había oído salir algo tan franco de tus labios, se nota que se trata de sexo." Aomine lo fulminó con la mirada y continuó andado, "Vamos, Bakagami, a este paso se nos hará de día sin resolverlo."
Aomine abrió más los ojos. Así que, de hecho, sí habían acordado acostarse para terminar de una vez con todo esto… ¿y por qué sentía que no había llegado a ocurrir? Se paró en seco y volvió a cerrar los ojos levantando la cabeza para notar la lluvia sobre su rostro. Intentó recordar la parte en la que llegaban a su casa.
"Aomine… ¿ese de ahí eres tú?" preguntó señalando una imagen de Aomine agarrando un pez en unas vacaciones que pasó de pesca con su padre. "¡Pareces adorable! ¿Qué te pasó para acabar así?" La sonrisa del rostro de Kagami mientras le insultaba tan sutilmente hizo que el peliazul golpeara a su compañero en el hombro con fuerza. "Sube Kagami, o te prometo que te dejo con las ganas."
Subieron la escalera en silencio, Kagami había pasado de estar relajado a estar más tenso que la goma de sus bóxers la noche en la tienda de campaña. Aomine lo notó y por alguna extraña razón empezó a ponerse nervioso también.
"Tsk…," murmuró Aomine ante sus recuerdos. Él nunca se había puesto nervioso en ese ámbito de su vida. Estaba totalmente contento con su desempeño en la cama. Volvió a concentrarse, sentía que ya le quedaba poco.
"Kagami, quítate la ropa mojada, voy a darme una ducha rápida y vuelvo." Kagami le miró de forma extraña, pero asintió y comenzó a quitarse el jersey. Aomine se metió en la ducha sólo para regular su temperatura y salió a su habitación de nuevo. Kagami se había quedado dormido en calzoncillos sobre la cama.
"Tsk." Se disponía a despertarlo para poder follárselo sin mesura cuando se concentró en su expresión… se quedó mirándolo lo que le parecieron segundos, sus abdominales formados tras horas de entrenamiento, el color de su piel sobre las blancas sábanas, esa melena roja de la que caían ligeras gotas que empapaban la almohada… y no pudo hacerlo. Le secó ligeramente el pelo con una toalla, apagó la luz, se metió a su lado y pasó la sábana por encima de ambos. No tardó nada en quedarse dormido con la respiración del pelirrojo a su lado.
Aomine volvió a abrir los ojos y puso de nuevo sus pies en marcha… ya no quedaba nada hasta la casa de Kagami, "Joder… ahora sí que no sé qué cojones le voy a decir."
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Kagami se encontraba en su sofá, todavía con la ropa que Aomine le había dejado y perdido entre sus pensamientos y sus recuerdos. No entendía cómo no sólo aceptaba el deseo sexual que sentía por el moreno, sino que para colmo, había llegado a aceptar interiormente que le gustaba pasar tiempo con él…
El sonido del reloj dando las doce de la noche le sacó de su ensimismamiento. Estaba tan desconcertado, que había asumido que al día siguiente no iría a la escuela, se pondría el despertador para mandar un mensaje a Kuroko diciendo que no se encontraba bien y que lo excusara.
Se levantó y se encaminó a la cocina, no tenía sueño ya que se había pasado toda la resaca en la cama de Aomine, pero necesitaba despejar su mente para poder poner sus pensamientos en orden lo antes posible. Cogió una taza con un gato dibujado en ella y se preparó un té rojo, le serviría para despertarse.
"Quizás no debería haberme ido de casa de Aomine… tendría que haberle enfrentado con lo que fuera que había ocurrido, ahora pensará que soy un cobarde," murmuró mientras sorbía ligeramente el líquido debido a su excesiva temperatura. Puede que para Aomine, del cual se sabía de buena tinta que ligaba un montón, todo esto fuera normal, enrollarse en los aseos de los bares, besar a hombres… pero para él no era "normal".
El timbre sonó y se quemó la lengua del susto, "Maldita sea, ¿quién mierdas llama a estas horas?" replicó.
Se acercó a la puerta y al abrirla sus ojos se abrieron en consecuencia, ante la visión de un empapado Aomine con cara de malas pulgas.
"¿Q-Qué haces aquí a estas horas, Ahomine?," acertó a preguntar ensimismado. Se quedaron en la puerta, sin saber muy bien cómo reaccionar, manteniéndose una mirada incrédula.
"¿Tú qué crees?," replicó bufando mientras entraba en el salón si pedir permiso, "¿Qué creías que iba a pasar si me enviabas ese audio?"
La cara del pelirrojo denotaba total desconocimiento, "¿Qué audio?." Aomine le miró enarcando una ceja mientras se quitaba la chaqueta y la dejaba en una silla para que se secara. "¿Estás de broma?." El tono del peliazul empezaba a sonar irascible mientras sacaba el móvil de su bolsillo y buscaba. Dio al play y la voz de Kagami empezó a resonar por su salón:
"No te soporto. Eres idiota, un vago rematado, te pasas el día quejándote por todo y refunfuñando, no sabes tener educación, ni agrad–".
Una taza rompiéndose contra el suelo hizo que Aomine pausara la grabación, la cara de Kagami era un poema, estaba más asustado que un cervatillo delante de los focos de un camión.
"Y-yo no… Aomine, yo no he enviado eso."
"¿Ah? ¿Y me quieres decir quién más tiene tu móvil y tu voz?"
"Mi móvil…." Entonces las piezas encajaron en la mente de Kagami, que pasó del miedo a la ira. "Me engañaron para que dijera esas cosas y te lo enviaron a ti, yo recuperé el teléfono después de eso," zanjó a toda prisa yendo a la cocina a por la escoba para arreglar el desaguisado de la taza.
"¿Entonces no has tenido nada que ver?" replicó Aomine todavía dudoso. Si eso era así, había estado totalmente equivocado… El contraste del calor de la casa del pelirrojo con la humedad de su cuerpo hizo que le entrara un estremecimiento.
"No…," replicó, mientras los ojos de un gato en el suelo le culpaban de mentir ligeramente.
Aomine se sentó en el sofá, observando meticulosamente todo el proceso de limpieza que el pelirrojo estaba llevando a cabo. Regresó de la cocina al poco rato con dos copas de vino, acercándole una al moreno, que elevó una ceja.
"¿Y esto?", comentó. Él creía que lo que Kagami le llevaría en esa situación sería un té o algo parecido.
Kagami sólo encogió los hombros, evitando por completo la mirada incrédula del peliazul.
La habitación se encontraba solamente iluminada por la tenue luz de una lamparita de mesilla que encendía el pelirrojo para relajarse por las noches. Ninguno de los dos habló en un rato, incluyendo el primer viaje de Kagami para rellenar las copas.
Kagami le daba vueltas a cómo empezar una conversación. Aomine pensaba en lo malo que estaba ese vino… Se podría pensar que era un tirado y que no sabía de esas cosas, pero podría sorprender si le preguntaban sobre bebidas. Elevó la mirada, frunciendo el entrecejo con la cara ausente de su compañero. Probablemente estaba pensando alguna estupidez sobre ellos. Era tan fácil de leer… Volvió a centrarse en el líquido de su vaso, sopesando cosas sin sentido.
Kagami entonces elevó la vista, pensando por qué habría venido el as de Tõõ a su casa a esas horas de la noche, y abrió la boca para hablar, pero el peliazul se le adelantó.
"Kagami…," comenzó, "He conseguido recordar lo que pasó el sábado, y…," se rascó despacio la nuca, intentando encontrar las palabras adecuadas, pero Kagami le interrumpió de nuevo.
"¿Vas a ir a la academia mañana?," preguntó sin previo aviso. Aomine le miró confundido.
"Sí… obviamente no a todas las clases, pero sí tenía intención de ir, ¿por qué lo preguntas, Bakagami?"
Kagami también había estado forzando su memoria, y también había logrado recordar lo que pasó el sábado, quizás no todo, pero lo importante, sí. Recordó cómo habían aceptado acostarse para terminar con esa maldita atracción de una vez, y cómo él se había quedado dormido debido al cansancio y al alcohol. Y ahora estaba dispuesto a terminar lo que había comenzado, pero no era tan fácil sin estar al menos un poco ebrio para llevarlo más fácilmente. ¿Qué iba a decir? Oye, Aomine, ¿follamos y acabamos con esto? Claro que no, por eso había optado por empezar a beber vino a la espera de reunir el coraje para que el moreno entendiera sus pretensiones.
Se aclaró la garganta tras dar otro trago y continuó con la conversación, "Yo no voy a ir," replicó mirando a Aomine a los ojos por encima del vidrio de la copa. La sonrisa que tan nervioso le ponía apareció de nuevo.
"Vaya, vaya. Así que tú también has recordado, ¿eh? Eso lo hace todo muchísimo más fácil." Aomine dejó la copa y se quedó mirando al pelirrojo. Su idea inicial había sido atacar ahí mismo pero tenía un pensamiento de fondo que no se lo permitía. ¿Por qué mierda no se había sentido aliviado al saber que el audio del Whatsapp no lo había mandado Kagami? Se levantó y se encaminó al baño bajo la atenta mirada de su acompañante.
En cuanto entró se lavó la cara con agua fría elevando su flequillo con ella hasta quedar despejado. ¿Qué mierdas le estaba pasando? Vamos, él no era así, él no dudaba. ¿Acaso no quería terminar con esto aquí y ahora? ¿Acaso toda esa tensión no resuelta ahora le preocupaba? Se palmeó las mejillas y suspiró antes de salir de nuevo.
El pelirrojo seguía en el sofá, bebiendo de su copa. Lo rodeó sin demora y posó sus manos a ambos lados del chico que tantos problemas le daba y se acercó peligrosamente. Kagami ya estaba nervioso de nuevo, toda su resolución se había evaporado en cuanto el moreno había cogido las riendas de la situación, ¿Por qué cojones me pongo así? ¿Acaso no es lo que estaba esperando?, se recriminó mentalmente, cerrando los ojos ante el inminente ataque de Aomine. Cerró los ojos ante la impotencia de no saber qué era lo que quería realmente, inquieto. Pero el beso que esperaba nunca llegó.
Abrió los ojos de nuevo, para ver al peliazul sentado de nuevo en su sitio, bebiendo de su copa y encendiendo la tele.
"¿A-Aomine?," el tono de pregunta salió sin querer de los labios de Kagami, que miraba atónito cómo el peliazul había encontrado una película de su gusto.
"Bakagami," explicó, "No voy a ser yo el que te obligue a nada, cuando quieras que acabemos con esto, me lo dices." Le sonrió altanero, "Ya sé que eres un cobarde, pero tenemos toda la noche."
Los ojos de Kagami se entrecerraron, "¿Cobarde yo? ¡Si fui el primero que te besó!"
"¡Porque yo te amenacé!"
"¡También fui el segundo que te besó!"
"¡Porque necesitabas que me callara para que tu amiguita no nos viera!" La sangre de Kagami empezaba a hervir, el peliazul le sacaba de sus casillas. Se habían vuelto a acercar para gritarse más de cerca.
"¡Porque eres insoportable, no haces caso a nada!"
"¡Lo dice el imbécil que estuvo todo el campamento intentando ligar con ella!" La cara de Kagami reflejó incredulidad, pero Aomine ya había perdido los nervios.
"Que yo… ¿qué? ¿De qué mierdas hablas, Ahomine?" El pelirrojo se sonrió, "¿No estarás celoso acaso de que ella me prestara más atención a mí que a ti?
"¡Claro que no! ¡Ni en tus mejores sueños!"
"¿Entonces no te molesta si te digo que nos besamos?"
"Que si me molesta que… ¿os besasteis?" La cara de Aomine cambió por completo.
"Sí, y lo hemos vuelto a hacer, por si te interesa"
"¿Habéis quedado después del campamento?" La pregunta de Aomine llegó mucho más calmada de lo esperado.
"Claro que sí, tampoco soy el idiota que crees." Kagami ya no sabía lo que estaba diciendo. Claro que no la había vuelto a ver, no sabía ni dónde había dejado su número de teléfono, pero no perdería esa discusión con Aomine.
"Entonces creo que soy el único aquí que tiene algo que resolver," dijo tajante el moreno antes de levantarse, coger su chaqueta y salir por la puerta despidiéndose con un "Que te vaya bien, Kagami".
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Se sentía como un idiota. Había ido hasta la casa del pelirrojo en medio de la noche para solucionar lo que les estaba pasando, mientras él se había dedicado a utilizarle como entretenimiento complementario a su relación con la estúpida rubia del campamento.
Paró en el portal, dándose cuenta de que lo que estaba sintiendo en ese momento era lo mismo que en el campamento: celos. Miró al cielo preguntándose qué cojones le pasaba. La única manera de sentir celos era que Kagami le importara, al menos un poco, de lo contrario habría hecho lo que hace con todas las chicas con las que está: acostarse con ellas sin importarle un mínimo sus relaciones, y largarse por la mañana.
"Tsk," dio media vuelta y subió de nuevo las escaleras, si no sentía nada por ese pelirrojo, no le costaría mucho acostarse con él, solucionar la tensión y largarse… lo único difícil sería recuperar su amistad, o enemistad, o lo que quiera que tuvieran, porque no quería perder los partidos con el pelirrojo, eso sí que le importaba.
Alzó la mano para llamar de nuevo a la puerta cuando se abrió ante sus narices. Kagami estaba ahí de pie, con la sudadera puesta y las llaves en la mano. Su cara denotaba perplejidad al encontrarse allí con el moreno. De nuevo esa situación… ¿Acaso eran idiotas? Un tic apareció en la ceja del peliazul.
"Aomine, yo…," comenzó, "Iba a buscarte." La ceja del moreno cambió a un gesto interrogante y el pelirrojo empezó a titubear. "N-No podía dejar así las cosas, yo no…" El peliazul ya no le escuchaba, forzó su entrada en la casa, cerrando la puerta a su paso de un portazo y, agarrando del brazo a Kagami, lo besó con toda la furia que tenía dentro.
Las llaves cayeron contra la tarima, y la sudadera y la chaqueta pronto estuvieron en el suelo. Aomine presionó más hasta que, poco a poco, logró llevar a Kagami al sofá, donde lo lanzó antes de quitarse la camiseta con ímpetu, desabrochándose después las zapatillas para poder quitarse los pantalones también, ante la atenta y atónita mirada del pelirrojo.
"Escucha, Aomine…," intentó que el peliazul le diera un respiro para explicar que él no tenía nada que ver con Shura, pero éste no le escuchaba.
"Cállate, Kagami, ya hemos hablado demasiado. Solucionemos esta mierda de una puta vez." Le miró con furia. "¿Piensas quitarte la ropa o voy a tener que hacerlo todo yo?" Estaba demasiado cabreado, y lo sabía, esperaba no llegar al punto en que el pelirrojo le mandara a la mierda, pero por algún extraño motivo, algo en su interior le dolía.
Kagami comenzó a desatarse las deportivas que se había puesto para salir a buscar al moreno, deslizando los calcetines tras ellas y levantando la camiseta para dejar a la vista su bien formado cuerpo, pero paró ahí.
"Aomine, antes…." Pero una vez más, el peliazul no quería escucharlo. La sala tenía muy poca iluminación, pero las persianas estaban abiertas y entraba toda la luz de la luna y de las farolas exteriores en la habitación, suficiente para tener una visión clara de todo.
Los ojos de Aomine ardían, de furia, de lujuria, y de algo más que no conocía. Se posicionó sobre Kagami, que aún estaba titubeando para intentar decir algo, pero se encorvó y lo besó de nuevo, con la misma furia que al principio. Notaba cómo el pelirrojo no podía seguirle el ritmo, cómo no se compenetraban como tantas otras veces que se habían besado antes, era como cuando le destrozó en el primer partido contra Seirin, y no le agradaba, pero le bastaba.
Se retiró momentáneamente para deslizar sus manos hasta el pantalón del pelirrojo, el cual desató y comenzó a quitar, Kagami elevó ligeramente las piernas para ayudar mientras recuperaba el aliento; y cuando Aomine volvió a besar sus labios, el pelirrojo no pudo evitarlo a pesar de sus intentos por frenar el ritmo.
Por alguna razón, no estaba siendo en absoluto tan agradable como las últimas veces, pero necesitaba terminar con eso y largarse. Dejó de besar a Kagami, con las pocas ganas que le estaba poniendo el pelirrojo, no le resultaba nada placentero, así que se dedicó a mordisquear el cuello y la mandíbula ajena.
Kagami logró ponerle las palmas en el pecho, alejándolo ligeramente. "¡Aomine! ¡Para un momento!"
"¿Ahora qué te pasa, Bakagami?" resopló con enfado, mirando con los ojos en llamas al pelirrojo bajo él.
"¡No sé qué cojones te pasa, pero para!" Aomine le fulminó con la mirada, se mantuvo un rato mirando las pupilas contrarias antes de retirarse a un lado del pelirrojo, poniendo su antebrazo sobre los ojos e intentando relajarse. Ni siquiera he logrado empalmarme, pensó para sí, angustiado, ¿qué diablos me está pasando?.
Ambos recuperaron la respiración en silencio, hasta que Kagami lo rompió. "Aomine… intentaba explicarme pero no me has dejado, pedazo de inútil." Esperaba que el insulto provocara alguna reacción en el moreno, pero no fue así, de modo que continuó. "Antes te he mentido," su voz sonaba dolida. "Shura sí que me besó en el campamento, pero no la he vuelto a ver, ni siquiera me interesa."
El brazo de Aomine se deslizó hacia arriba, dejando de nuevo sus ojos a la vista del pelirrojo. Le miró extrañado.
"¿Entonces por qué cojones…?"
"No lo sé, supongo que no quería perder contra ti." La cara de Aomine cambió de nuevo, relajándose y bajando su brazo al costado. Algo en su pecho había dejado de presionar… ¿Qué mierda le estaba pasando? No se atrevía ni a pensarlo. Resopló y se levantó del sofá. "¿Dónde…?" comenzó Kagami, pero para cuando quiso formular la pregunta, el peliazul ya se había metido en el baño de nuevo.
El moreno se lavó la cara por segunda vez y se miró en el espejo. Estaba cabreado, muy cabreado. Había estado a punto de cometer un gran error con Kagami, y lo peor es que se había dado cuenta cuando éste le había confesado su mentira. ¿Por qué se sentía liberado ahora? Se sonrió en el reflejo. Ese pelirrojo le causaba sensaciones que no había tenido nunca y se alegraba de no haber follado con él lleno de furia y resentimiento. No sabía dónde llevaría todo aquello, pero le debía una disculpa.
Salió del baño y observó a Kagami incorporado en el sofá, en bóxers, mirando al peliazul como si haberle contado la verdad no fuera suficiente. Abrió la boca, pero la volvió a cerrar desviando la mirada al punto más alejado del peliazul.
Aomine sonrió de forma ladeada, acercándose y sentándose a su lado. Le giró la cara con la mano y le besó de nuevo, con el mismo ímpetu que antes, pero con mucha más pasión que las anteriores. Separó sus rostros y desvió la mirada cabreado.
"Kagami…," la cara de Aomine era un poema. Se notaba que quería decir algo que le costaba mucho… algo como pedir disculpas. La boca del pelirrojo se abrió despacio, se cerró y después se echó a reír sin miramientos ante la perpleja mirada de Aomine, que le fulminaba sin entender a qué venía ese cachondeo. "¡Encima que intento…." Pero el pelirrojo le interrumpió.
"Creo que jamás te había visto tan serio, lo siento, ¡no he podido aguantar la risa! Jajaja." Aomine se crispó, incorporándose para largarse, pero Kagami le agarró la muñeca antes de que pudiera escapar. "Lo siento, pero no tengo intención de que te vayas de nuevo."
Las palabras quedaron en el aire, y dando vueltas en la cabeza de Aomine, antes de que el pelirrojo lo besara de nuevo, colocándose despacio sobre él aprovechando el momento de incertidumbre del moreno.
El beso comenzó lento, pero pronto la pasión dio lugar a un nexo mucho más profundo y lascivo. Las caderas de Kagami comenzaron a moverse sobre las contrarias, y Aomine notó cómo esta vez su erección sí aumentaba ante el toque del pelirrojo. Sonrió y le agarró la nuca para acentuar más el roce de sus lenguas.
Cuando ya no aguantaba la presión en su entrepierna, apartó a Kagami hacia un lado y comenzó a quitarle los bóxers con la mano que tenía libre, deslizándolos por sus rodillas para que él terminara de quitárselos con los pies. El pelirrojo sonrió en el beso antes de hacer lo mismo con la ropa interior del moreno, desprendiéndose de ella enseguida. A esas alturas ambos jadeaban ya. Se separaron un instante para mirarse a los ojos: las pupilas de Aomine brillaban de lujuria, mirando a Kagami como si no hubiera nada más importante en ese momento, mientras que los rojos iris brillaban de deseo y placer.
Se besaron de nuevo, mientras el pelirrojo agarraba el miembro de Aomine y empezaba el vaivén poco a poco, lo cual hizo que la ronca respiración del moreno aumentara. Ladeó su sonrisa y comenzó el mismo movimiento en el erecto miembro de Kagami, a sabiendas de que él era mucho más sensible. Los ligeros jadeos no tardaron en oírse en la habitación para gusto de Aomine.
Si seguían a ese ritmo, tardarían poco en terminar, y el peliazul lo sabía. Él quería llegar al siguiente nivel con Kagami, pero no sabía ni cómo hacerlo, ni si el pelirrojo estaría de acuerdo, de modo que afirmó más su mano y elevó el ritmo para llevarlo al extremo. Ya pensaría en eso en otro momento.
"AAomine… n-no aguanto m-más…" Los jadeos y gemidos de Kagami resonaban en el salón, haciendo que el moreno se excitara todavía más. Ya lo sabía, él también estaba a punto de terminar. Se acercó más al pelirrojo.
"Córrete para m-mí, Kagami…," susurró en su oído, haciendo que gimiera. Su cuerpo se estremeció apretando más el miembro del peliazul, que notó un cálido líquido caer por su mano, la cuál separó un poco, rozando la parte más sensible de Kagami poco a poco hasta terminar agarrando su cintura. Notó cómo el pelirrojo aumentaba el bombeo en su miembro, y clavo más las uñas en la cintura del pelirrojo, llegando al clímax poco después con un ronco gemido.
Los jadeos de ambos tardaron en desaparecer. Se quedaron tumbados, uno sobre el otro, sin otro sonido que sus entrecortadas respiraciones alrededor.
Aomine tenía una sonrisa en su rostro. Giró la cabeza y miró la hora en su móvil: eran las dos y media de la madrugada, aumentó la sonrisa en la comisura de sus labios a sabiendas de que el pelirrojo estaba dispuesto a no ir a la escuela al día siguiente.
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El despertador sonó a las seis y media de la mañana, como todos los días. Kagami se incorporó en la cama, intentando recordar por qué estaba tan cansado, cuando oyó un gruñido a su espalda. Se giró para ver cómo el moreno se tapaba un poco más con las sábanas y sonrió para sí. Nunca se había sentido así… estaba… feliz, de que Aomine estuviera a su lado al amanecer.
Decidió no pensar más en ello. Cogió el móvil y mandó un mensaje de texto a Kuroko diciendo que se encontraba indispuesto y que no iría a la escuela. El peliceleste contestó al instante que le excusaría y que se recuperara pronto. Zarandeó a Aomine para que se despertara.
"Aomine, oe, Aoooooomineeeee." El peliazul gruñó antes de darle un manotazo para evitar que le retirara la manta. ¿Y si no se acordaba de que estaba con él? Kagami tragó saliva antes de volver a zarandearle.
"¿Qué quieres Bakagami? Es muy pronto…." El pelirrojo sonrió.
"Si no vas a ir a clase tendrás que avisar a Momoi-san, al menos."
"No pasa nada, yo nunca aviso de que no voy, y no voy muy a menudo… si avisara se olería algo." Aomine se incorporó en la cama y miró al pelirrojo con media sonrisa adormilada. "No pensarás levantarte ya, ¿no?" inquirió viendo lo despierto que estaba su compañero, el cual respingó ante la pregunta.
"S-Sí… no suelo dormir mucho," replicó.
"Entonces repitamos para que me entre hambre, o no me comeré todo el desayuno." Kagami lo miró ruborizado y dispuesto a replicar, pero el peliazul ya estaba prácticamente encima de él. De nuevo, no llegaron a hacer nada más allá de masturbarse el uno al otro.
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Había preparado tortitas, zumo de naranja, bacon y café con leche… no sabía qué le gustaba desayunar a Aomine, así que hizo un poco de todo.
"Tsk, creo que me he pasado de comida," murmuró mientras terminaba de poner la mesa. Ya se había duchado y estaba esperando a que Aomine terminara para desayunar con él. Empezaba a ser una situación bastante incómoda… iban a hacer algo típico de una pareja, y eso le estaba poniendo nervioso.
¿Cómo se definirían ahora? ¿Qué eran? Al fin y al cabo… a su forma de ver, ya habían "liberado" esa tensión sexual sin estar como una cuba, se suponía que ahora no sentirían curiosidad y no se atraerían más el uno por el otro… pero esa mañana habían vuelto a hacerlo y su libido no había disminuido lo más mínimo. ¿Y si ahora que lo habían hecho, Aomine ya no quería volver a saber nada de ese tema con él?
Kagami agitó la cabeza y se sirvió el café, el peliazul estaba tardando bastante. Decidió acercarse al baño y llamar a la puerta. "Aomine, ya está el desayuno, no tardes o se enfriará y te patearé por ello." Oyó cómo apagaban la ducha en el interior.
"Ya voy, Bakagami," fue la respuesta que obtuvo. Enarcó una ceja y se dirigió de nuevo al salón. Cuando el peliazul salió, su cara volvía a estar con esa expresión de malas pulgas que tenía cuando empezó a quedar con el pelirrojo, lo cual no le gustó nada.
Pasaron el desayuno en silencio viendo en la televisión el resumen deportivo, Aomine estaba absorto en sus pensamientos, y Kagami no se atrevía a expresar en voz alta sus dudas, así que ninguno habló hasta que el moreno rompió el silencio sobre las nueve y media de la mañana.
"Oe, Kagami. ¿Vamos a echar un partido?" Es cierto, habían pasado muchas cosas entre ellos, jugar a baloncesto juntos les iría bien. La cara del pelirrojo se iluminó y asintió mientras se levantaba para ir a buscar ropa de deporte para ambos. A su regreso, se sintió algo incómodo al darle al peliazul su propia ropa... esa con la que él había huido literalmente de su casa el domingo por la mañana.
"Toma, como esta ya es tuya…" Aomine la cogió y a Kagami le pareció por un momento que sus mejillas se sonrojaban, pero pronto lo descartó.
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El partido duró más que los que solían jugar antes. Ambos habían pasado todo el fin de semana sin tocar el balón y tenían muchas ganas de darlo todo en la cancha, aunque a Kagami le extrañaba no tener agujetas en la muñeca… Se tropezó en medio del partido ante la imagen de él masturbando el moreno en su cama.
"¿En qué estás pensando Bakagami? Te saco 20 puntos, estás bastante desconcentrado." El pelirrojo chasqueó la lengua a sabiendas de que su compañero tenía razón, pero no puedo evitar soltar una carcajada cuando éste lanzó el balón tan mal que dio por debajo del aro y le rebotó en la cabeza.
"¿Quién decías que estaba desconcentrado?" Aomine le devolvió la misma mirada de 'muérete' que le solía dedicar el pelirrojo y ambos comenzaron el partido de verdad.
Dos horas después volvían al piso de Kagami mientras recuperaban la respiración y pensaban en las brechas de la defensa contraria.
"Tienes que hacer mejor las fintas, es obvio cuándo vas a amagar si te lo piensas tanto," le increpó el moreno. Kagami se sorprendió, nunca antes le había dado consejos para mejorar.
"Y tú tienes que aprender a saltar más, no hay manera de que pares mis mates con ese salto," replicó el pelirrojo, lo cual le costó un golpe por parte del moreno.
"¡Eso no se aprende, simplemente mi cuerpo no puede realizar esos saltos, es física, Bakagami, es como si te pido que iguales mi velocidad!"
"¡Ya la igualo!"
"¿¡AH!? Jajajaja, no te lo crees ni tú, ¿por eso pierdes siempre? ¿Porque igualas mi velocidad? No me hagas reír…" La vena de la frente de Kagami se hinchó ante ese comentario, y acabaron discutiendo hasta que entraron por la puerta de su casa, momento que Aomine aprovechó para atrapar las quejas del pelirrojo entre sus labios.
"¿Qué decías, Kagami?" Ese beso repentino lo había dejado descolocado.
"¡Ahomine! ¡No puedes besarme para ganar las discusiones, eso es–." Y ahí estaba de nuevo, el moreno zanjando la conversación mediante un largo beso. Esta vez dejó caer el balón al suelo y empujó al pelirrojo hasta la pared, el cual enrosco sus piernas alrededor de Aomine para que sus miembros chocaran, causando que el peliazul retirara su cabeza para soltar un gruñido.
"¿Qué has dicho, Aomine? No te he oído bien entre tanto gemido," la sonrisa que tenía Kagami en sus labios lanzó una punzada de placer a la entrepierna del moreno, que puso su sonrisa más lasciva y lo giró en volandas para lanzarse contra el sofá, donde ambos se desnudaron violentamente entre besos, mordiscos y jadeos.
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En fin... el siguiente capítulo en principio iba a ser el último (y está escrito), pero lo acabo de leer y no me convence cómo lo resolví, así que me pongo a reescribirlo de nuevo :) Espero poder actualizar pronto. Gracias a l s que aún estéis por aquí por leer!
Ja-nee~
