AVENTURAS EN TOKIO
XLIII.
Era cerca de la medianoche. Nagisa y Honoka estaban despiertas, Hikari dormía en el futón y los chicos encima de ella en sus formas normales. La joven pareja estaba sentada contra la pared. Mejor dicho, era Nagisa la que estaba contra el muro con Honoka sentada entre sus piernas y con la espalda contra su pecho. La deportista tenía a la científica sujeta por la cintura, ésta última acariciaba apenas con las yemas de sus dedos los brazos de Nagisa. Una posición cómoda y habitual. Cálida.
─¿No se puso muy triste, verdad? ─preguntó Nagisa en voz baja al oído de Honoka. Su plática era muy íntima, no querían despertar a Hikari.
─No sabría decirte eso con exactitud. La noté sobresaltada y sorprendida cuando le di la noticia, pero si sintió otra cosa, supo guardarlo bien ─respondió Honoka sin dejar de acariciar los cálidos brazos de su compañera─. Camino aquí platicamos de otras cosas, me dijo que va a una universidad privada para mujeres, unos familiares se encargan de ella y es interna en su universidad. Vive aquí mismo en Tokio, pero no sale demasiado de su zona por los estrictos horarios de los dormitorio, por eso no pudimos toparla antes.
─Comprendo... Sería genial poder visitarla alguna vez, siempre he querido saber cómo son esas escuelas de gente rica ─rió Nagisa, apretó un poco más a Honoka contra su cuerpo. Estaba contenta de saber que contaban con la aprobación de Yuka Odajima. Que su senpai estuviera enamorada de ella era un asunto muy distinto, pero fuera de ello, que no le causaran desagrado a superior era el punto importante─. ¿Te preguntó algo más sobre nosotras dos?
─Sí ─dijo la científica en un súbito tono de voz más serio. Nagisa incluso se pegó un poco más a ella, sintió y escuchó cuando ella tragó saliva─... Me preguntó que cómo era posible que viviéramos en un sitio tan pequeño, que parecía una cáscara de nuez ─y dicho eso se soltó a reír de solo recordar el tono de voz y el gesto horrorizado de Yuka Odajima. Se tuvo que tapar la boca para no despertar a Hikari.
Nagisa también se echó a reír y tuvo que cubrirse como pudo contra la cabeza y el cabello de Honoka. Era una suerte que su rubia amiga fuera de sueño pesado, no se movía de su sitio y no es como si el par fuera demasiado silencioso.
─¿Cáscara de nuez? Esa es nueva, pero suena aun más pequeño que "caja de zapatos" ─comentó la deportista entre risas pequeñas─. Pero senpai es una chica rica, seguro que su armario es del tamaño de nuestro apartamento.
─Su dormitorio en la universidad es más grande que esto, eso sí me lo dijo. Y no entró, solo me dejó en la puerta.
─Creo que es más fácil que acepten que salimos siendo dos chicas, a que les guste nuestro apartamento.
Rieron una vez más mientras trataban de callarse, era divertido. Que Honoka tuviera ese accidente de laboratorio permitió que Yuka Odajima pudiera encontrarla. Gracias a eso, pensó Nagisa, su senpai quedaría libre para amar a alguien que de verdad sintiera y correspondiera su mismo cariño. Era lo mejor, lo último que quería era hacer llorar a alguien a quien quería y admiraba tanto.
Nagisa cerró un ojo al sentir un beso en el mentón. Sonrió. ─Hay que dormir, tienes que ir temprano a tu entrenamiento.
─De acuerdo, a dormir ─y solo se tumbó de costado con todo y su compañera─. Dormiremos así.
─¿Así? ─Honoka rió un poco─. De acuerdo, ¿puedo voltear? Quiero abrazarte bien ─y se giró en cuanto Nagisa aflojó el abrazo. Rodeó la cintura ajena con sus brazos y pegó su rostro al pecho de Nagisa. Sonrió de manera amplia, feliz─. En cuanto llegues iremos al planetario, y de ahí a pasear como quedamos.
─Hecho. Ahora trata de dormir de nuevo, ¿de acuerdo? Cuenta ovejas o algo así ─propuso con un bostezo.
─Puedo contar los números primos ─rió al escuchar un gruñido de Nagisa─. Buenas noches, Nagisa ─se estiró solo lo suficiente para besar su mejilla, su novia besó su frente y volvieron a la misma posición. Suspiró hondo en señal de comodidad.
─Buenas noches, Honoka.
Nagisa durmió primero, a Honoka le tomó un rato más por culpa de la siesta vespertina, pero eventualmente durmió ayudada del calor y la comodidad de su pareja.
Al día siguiente Nagisa fue temprano a su práctica. Hikari se quedó con Honoka y siempre era divertido para la joven rubia estar con ellas, ya fuera juntas o por separado. Entre las dos limpiaron el pequeño apartamento, lavaron la ropa y se ducharon desde temprano. Y para aprovechar el tiempo mientras Nagisa llegaba a casa, Honoka llevó a Hikari a conocer el parque a donde iban a hacer sus ejercicios. No debían olvidar pasar a una cabina a tomarse fotos con Hikari. La mayor sabía que encontrarían muchas de esas cabinas en el distrito comercial, no necesariamente debía ser en la que ellas usaron.
─Es un sitio muy lindo ─comentó Hikari con encanto. El parque era más pequeño en comparación al de su hogar, pero tenía un gran ambiente. Los pequeños junto con Mipple se divertían en los juegos infantiles, el tobogán en especial los tenía bastante ocupados─. Elegiste un buen sitio, Honoka.
─Exploré la zona por internet primero. La renta sigue siendo alta, pero es más económica a comparación de los edificios vecinos ─enseguida rió para sí misma─. Mis padres aun no lo superan.
─Y no lo harán ─rió la rubia─. ¿Se mudarán a un sitio más grande? ─preguntó con genuina curiosidad.
─Ah ─la científica enrojeció de golpe, haciendo reír un poco a Hikari─. Es... Es el plan, apenas lo platicamos. Necesitamos más ingresos y para eso Nagisa necesita patrocinadores. Planteamos la idea de mudarnos juntas a un sitio más amplio, pero es algo a futuro... Por ahora, justo en estos momentos, estamos muy felices en nuestra caja de zapatos ─rió y Hikari rió junto con ella─. Y antes de que lo menciones, mis padres seguramente querrán comprarme un sitio si se me ocurre mencionarles que buscaremos un lugar más grande. No le vayas a contar de esto a nadie en casa.
─No se lo diré a nadie, menos a Akane, a veces a ella se le suelta un poco la lengua sin querer ─dijo Hikari con tono solemne─. Yo creo que es grandioso que quieran lograr las cosas por sus propios medios, Honoka. Realmente las admiro mucho.
─Somos mayores, debemos ser un gran ejemplo a seguir para ti ─enseguida puso una mala cara─... Solo ignora algunos comportamientos míos, como eso de pelear con gente en el tren o destruir propiedad escolar o...
─¿Ponerte ebria son darte cuenta?
─Sobretodo esa ─murmuró y luego soltó un suspiro─. Y lo hice sin tener la edad legal para hacerlo.
Hikari se soltó a reír, a carcajearse sin poder controlarse. Honoka era demasiado graciosa cuando trataba de no serlo. El saber que su compuesta y calmada amiga podía ser así de desastrosa siempre resultaba revelador... Y divertido. Cuando la mayor se tapó la cara por la vergüenza la vio tan linda que solo pudo seguir riendo. Pudo parar de reír minutos después, un dolor abdominal por culpa de la risa la obligó a hacerlo.
─¿Vamos de compras cuando Mipple y los chicos terminen de jugar? Estaremos de paseo hasta la noche, pero te aseguro que Nagisa llegará con hambre cuando regresemos a casa más tarde ─su joven amiga asintió─. Ésta vez quiero cocinar algo. Nagisa está aprovechando que estás aquí para comprar la comida ya hecha.
─Lo sé, ella misma me lo dijo ─comentó y ésta vez Honoka rió un poco─. Quiere que compremos pollo frito cuando vayamos al distrito comercial.
─Bueno... Nos podemos dar ese gusto, hemos estado con el dinero justo y aprovechamos lo que nuestros padres nos dan cuando vamos de visita ─en su propio caso se lo daban casi por la fuerza o a escondidas, sus padres siempre se salían con la suya. Nagisa aceptaba el dinero de buena gana, era menos orgullosa al respecto.
La plática siguió un rato más. Hikari le contó a Honoka que pudo saludar a Fujimura y a Kimata el día anterior. Honoka le contó a Hikari más detalles sobre el tecnológico y también de sus salidas ordenadas por la escuela pero que disfrutaba de sincera manera. Dejaron el parque y fueron por las compras como tenían planeado.
La visita al planetario dejó a Hikari boquiabierta. Nunca había pisado un sitio así y por alguna razón nunca se había dado la oportunidad de visitar el que estaba en su propio distrito, el estar en uno tan grande fue muy emocionante. Mientras Honoka hacía lo que le tocaba hacer por sus deberes escolares, se dio el tiempo de guiar a sus acompañantes por las exposiciones hasta que llegó el momento de entrar a la sala de proyección.
Fue un paseo meramente académico y muy calmado pero Hikari salió muy contenta del sitio. Ahora sí podía levantar la mano cuando el profesor en turno mencionaba sobre visitas al planetario. Nagisa también se entretuvo bastante, le gustaban mucho las estrellas, después de todo una de ellas que resultó ser Mepple le ayudó a terminar al lado de la chica que amaba en ese momento. Pasaron muchas cosas entre la noche de las estrellas fugaces y ese día que estaban viviendo. Demasiadas cosas como para enumerarlas todas en un solo pensamiento, pero cada una de ellas, las buenas y las malas, las llevaron por ese camino. Nagisa no podía imaginarse en un escenario distinto ni mejor al que estaba viviendo justo ahora.
Honoka había pensado lo mismo que su compañera más de una vez. No podía pedir un futuro mejor en esos momentos. En una pequeña oportunidad mientras Hikari veía la tienda de recuerdos, el par se miró entre sí y compartieron una callada sonrisa y un apretón de manos.
Para las cuatro de la tarde las chicas ya se encontraban en el movido barrio de Shinjuku. Hikari estaba asombrada por la ridícula cantidad de anuncios y colores que estaban literalmente en todos lados. Para Nagisa y Honoka la vista no era nueva pero seguían sorprendiéndose. Ya podían moverse por el barrio sin gesto perdido pero aun no conocían todos los rincones del animado sitio, para ello necesitarían varias incursiones y esa era apenas la segunda visita. Se quedarían ahí hasta el anochecer, así que Hikari tendría la oportunidad de ver todas las luces y cómo todo parecía cobrar mucho más vida cuando el sol se metía.
Se tomaron las fotos que querían en una cabina, las fotos impresas tenían un encanto que las fotos digitales no podían emular.
Al llegar, Nagisa solo tuvo tiempo de ducharse, cambiarse la ropa y comer un par de manzanas. Estaba hambrienta y su segunda parada luego de las fotos fue directo al KFC. Pidieron una orden grande de pollo con todos sus complementos, Hikari y Honoka sabían que Nagisa fácilmente iba a vaciar la mitad de la cubeta. Comieron sin prisa, al menos las primeras dos, Nagisa comía como si esa fuera la última comida de su vida. Estaba delicioso, eso debían admitirlo.
Luego de llenarse los estómagos pudieron seguir su paseo. Vieron aparadores, pasaron a las tiendas a ver aunque no compraran nada, se llenaban tanto la vista con todo lo que tenían alrededor que era normal sentirse sobrepasadas. Los edificios ahí eran altísimos, mucho más que en casa y Hikari más de una vez sufrió vértigo por el solo hecho de mirar hacia arriba. No la culpaban, ellas mismas pasaron por lo mismo la primera vez. También se dieron la oportunidad de comprarle a Hikari los dulces más populares de la zona y, a su vez, Hikari compró esos mismos dulces para su familia.
Luego fueron al mirador del edificio más alto de la zona y la más joven del trío quedó encantada con la vista. ─¡Es muy hermoso!
─Decidimos traerte temprano, más tarde hay más gente, pero más tarde puedes ver el mar de luces y colores que se hacen en las calles ─dijo Nagisa con una sonrisa─. Si no te molestan las multitudes, podemos volver a subir cuando se meta el sol, ¿qué dices?
─Sí, quiero subir, tomaré fotos con mi teléfono para mostrarle a Akane y a Hikaru ─respondió la chica de inmediato, estaba demasiado emocionada en ese momento, muy contenta y las mayores lo notaron.
─¿Y ustedes qué opinan de la vista? ─preguntó Honoka a los pequeños que se asomaban desde el bolso de Hikari.
─Es muy bonito-popo. La gente se ve como hormigas muy pequeñas-popo ─respondió Porun con emoción, Lulun repitió sus mismas palabras con aun más emoción.
─Ahora te llevaremos al templo local. Los chicos nos dijeron que el festival anual es fantástico ─comentó Nagisa─. Vamos ─tomó uno de los brazos de Hikari, Honoka atacó por el otro lado y las tres salieron del rascacielos.
Siguieron paseando hasta entrada la tarde. Conforme la luz del sol se desvanecía, las luces del barrio comenzaban a cobrar vida propia. La gente que andaba por las calles se multiplicaba minuto a minuto y a Hikari le faltaban ojos para admirar cómo se iluminaba y se llenaba de ruido y movimiento todo a su alrededor. La pareja estaba contenta de ver a Hikari tan feliz en ese momento, incluso chocaron sus palmas en señal de victoria. La salida estaba siendo un éxito.
Hicieron una pequeña pausa durante el paseo, Nagisa necesitaba pasar a un sanitario, Honoka y Hikari esperaban por ella frente al aparador de una tienda. La científica le compró una bebida de máquina expendedora a su amiga, Hikari quería probar una soda de sabor raro de las que tanto había leído. Y mientras Hikari hacía caras graciosas en cada sorbo, Honoka notó que estaban justo frente a una joyería.
Las joyas siempre le parecieron lindas, era normal, sus padres normalmente comerciaban con ellas, aun lo hacían pero ahora desde casa o bien sin salir de la ciudad.
De pronto su atención se fijó en los anillos. Anillos de compromiso.
Su imaginación se puso a trabajar y por alguna razón se vio a sí misma dándole un anillo de compromiso a Nagisa. La sola idea hizo que casi se atragantara con su propia saliva, sintió que la cara le ardía y tuvo que sacudir la cabeza para controlar sus propios nervios. ─Es muy pronto ─murmuró para sí misma, trató de refrescarse la cara ventilándose con el cuello de su blusa.
─Yo creo que esos son dos en blanco y negro son muy lindos, ¿quieres uno para Nagisa? ─preguntó Hikari, que mágicamente estaba al lado de Honoka viendo los anillos.
─Yo... Ah... Sí, me gustaría uno, pero es muy pronto todavía.
─Nunca es pronto para planear cosas que realmente queremos ─respondió con una sonrisa que hizo sonreír a su amiga también─. Para lograr algo primero debe tomar forma aquí dentro ─señaló su propio corazón─. ¿Verdad?
─Totalmente cierto ─dijo la científica con un gesto recuperado─. ¿Qué tal estuvo tu bebida?
─Sabía horrible, ¡me encantó! Quiero llevar más latas a casa para compartir con Hikaru, también le va a gustar ─respondió entre risas. En ese momento Nagisa volvió con ellas y pudieron seguir con su paseo.
