Draco descansaba tranquilamente en lo alto de la cornisa de la torre de astronomía de Hogwarts cuando un reflejo plateado sobre el lago llamó su atención. Parecía que el brillo provenía de una criatura. Esa luz lo atraía tanto que sentía como una fuerza poderosa tiraba de él en aquella dirección. Sin pensarlo, se lanzó desde lo alto de la torre y planeó hacia allí. El viento frío de la noche le golpeaba la piel, mientras sentía el característico júbilo que le proporcionaba volar. Aterrizó con un enorme estruendo y se maldijo a sí mismo por si había espantando al animal con el ruido.

Al acercarse se dio cuenta de que era imposible ser sigiloso al caminar. Miró hacia el suelo y descubrió que no andaba sobre sus pies, sino que en su lugar tenía unas enormes patas que acaban en unas garras afiladas. También que se dio cuenta de que su piel despedía un brillo plateado similar al de un Patronus, pero era imposible, él nunca había sido capaz de formular uno. A sus veintisiete años de vida, era uno de los hechizos que todavía se le resistía. En el momento que traspasó la barrera de los árboles fue capaz de divisar con atención que lo que desprendía el reflejo plateado no era otra cosa que una nutria divirtiéndose. Al observar su reflejo en el agua del lago no se vio a sí mismo sino a un dragón.

Lo que más le sorprendió es que el pequeño animal no se asustó de su presencia. Era demasiado inocente para sentir miedo de un dragón. La miró un rato, mientras saltaba y chapoteaba, parecía libre y feliz. La nutria hacía florituras en el aire antes de sumergirse en las profundas aguas negras y oscuras del lago de Hogwarts. En un momento dado, se acercó al extremo de la orilla donde estaba Draco y se quedó contemplándole fijamente. Algo en los ojos marrones chocolate del frágil animalillo le resultó familiar. En ese preciso instante un instinto protector resurgió de lo más profundo de su ser y supo que tenía que velar por la seguridad de esa pobre nutria. Se acercó a la orilla, a la vez que el animal nadaba en su dirección.

Estaba tan hipnotizado por el brillo y la delicadeza de la nutria que no lo vio venir. Cuando estuvo a escasos centímetros de distancia de ella, una enorme serpiente emergió del agua y clavó sus colmillos en el cuello del pobre animal. El grito de la nutria se coló dentro de la piel de Draco y le arañó el corazón. Rugió con fuerza y soltó una llamarada de fuego plateado, pero era demasiado tarde. La serpiente estaba ahogando a la nutria ante los atónitos ojos de Draco. La arrastró fuera del lago y desapareció en cuanto el cuerpo inerte de la nutria tocó la arena.

Draco corrió en su dirección y se agachó al llegar a su altura. Cuando estuvo de rodillas y acercó su garra al cuerpo del animal, se dio cuenta de que ya no era un dragón. Ahora veía sus propias manos, que ya no resplandecían. Demasiado confundido como para pensar con claridad, se levantó de un salto y se asomó al agua del lago. Allí vio su reflejo. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Él. Draco Malfoy, que jamás lloraba porque era de débiles. Observó sus ropas extrañado, la túnica de mortífago a la que estaba acostumbrado había sido reemplazada por una camisa blanca con algunos botones rotos, y unos pantalones negros.

Asustado se dio la vuelta y miró hacia dónde estaba el cuerpo de la nutria, y se sorprendió enormemente al ver que se había transformado en una muchacha. Algo en su interior hizo que Draco corriera hacia ella como si su propia vida dependiera de ello, y de un salto aterrizó de rodillas a su lado. Pegó su cabeza a pecho de la chica y se horrorizó al no escuchar el latido de su corazón. Algo dentro de su propio torso martilleaba con fuerza. Tenía que salvar a esa chica, costase lo que costase. Zarandeó su cuerpo inerte sin éxito. Con suavidad le apartó la maraña de pelo de la cara, y perplejo observó que la persona que yacía delante de él, no era otra que Hermione Granger. Sin entender muy bien porqué sus manos iban por libre, le acarició primero la frente y descendió por su rostro. Le quitó el cabello del cuello y horrorizado vio las marcas de estrangulamiento y los dos puntos rojos que sangraban, allí donde la serpiente había mordido la carne.

Draco incorporó el cuerpo de Hermione y la abrazó. Era la primera vez que abrazaba a una persona. Se preguntó por un instante cómo habría sido abrazarla mientras estaba viva. Y entonces gritó. Gritó con rabia, descargando todo el fuego que le corroía las venas dolorosamente. Guiado por su instinto, cogió en brazos el cuerpo de la chica y caminó con ella hasta la orilla. Entró en el agua a pasos lentos, sin poder dejar de mirar su rostro sin vida. Parpadeó un par de veces con fuerza, para despejar las lágrimas de sus ojos y poder verla mejor. Cuando el agua le llegó a la altura de la cadera, soltó el cuerpo de la chica y se hundió con ella hasta el fondo. Sintió algo tirar de su brazo hacia la superficie. Trato de zafarse. Él no quería subir. Él quería hundirse en las oscuras aguas con ella, pero tiraron de su brazo con tanta fuerza que se vio forzado a abrir los ojos.

En ese preciso instante se despertó. La mano que tiraba de su brazo no era otra que la de la propia Pansy.

-¡Despierta ya!-apremió la morena mordiendo el lóbulo de su oreja.

Draco enfocó la vista justo para ver a Pansy subirse en su regazo. Estaba demasiado confuso aún. No fue capaz de moverse mientras la morena le besaba el torso desnudo, y reaccionó justo antes de que la bruja llegara al borde del elástico de su pantalón.

Se la quitó de encima de un empujón, mientras los últimos retazos del sueño se repetían en su mente. Se sentía raro y desconcertado, y lo último que le apetecía en ese momento, era un polvo mañanero con Pansy.

-¡Lárgate!-dijo con un graznido.

La morena se puso de pie y se abrochó la bata ofendida.

-Olvidaba lo agradable que puedes llegar a ser cuando te despiertas.-expresó Pansy ofendida, antes de salir y cerrar la puerta con un sonoro portazo.

Draco se sintió ligeramente mareado, como si tuviera resaca. El sueño había sido demasiado vívido. Se levantó y se encaminó a pasos lentos hacia el mueble de madera que tenía en el extremo opuesto de su habitación. Tropezó con sus propios pies y tuvo que aferrarse al mueble con ambas manos para evitar caerse. Se quedó unos segundos en la misma posición, estabilizándose. Cogió un vaso del mueble y lo llenó de whisky de fuego. Le dio un enorme trago a su bebida y se dejó caer al suelo, arrastrando la espalda por la pared, hasta quedar sentado en la dura piedra. Dio otro sorbo a su bebida y apoyó la cabeza contra la pared en un gesto derrotado. Deseó que el líquido que bajaba quemando su esófago, borrara de su cabeza la sensación de malestar que había sentido tan real al ver el cuerpo inerte de Granger. Cerró los ojos con fuerza y sin querer volvió a repetir la escena en su mente. El rostro pálido y sin vida de Hermione parecía grabado a fuego en su cerebro.

Enfadado consigo mismo, estiró el brazo y agarró la botella de whisky del mueble. Dejó el vaso en el suelo y bebió a morro directamente. No entendía porque notaba esa sensación de malestar e incomodidad por todo el cuerpo. Como si a él la sangre sucia le importara lo más mínimo. A él no le importaba nadie, a él le daban todos igual.

Eres un Malfoy. ¡Joder! se recordó a sí mismo. Un sangre limpia. Un ser superior. La muerte de una impura no debe importarte.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando tocaron a su puerta y Blaise entró en sus aposentos, sin esperar a ser recibido.

-¿Una noche dura?-preguntó el mortífago desde la entrada.

-¿Qué quieres, Zabini?-escupió Draco con rabia. Últimamente no soportaba mucho a Blaise.

-El Lord nos espera.

Asintió con la cabeza. En el momento en que Blaise cerró la puerta, se incorporó sin pensar muy bien en lo qué hacía. Se duchó mecánicamente, sin conseguir sacar de su cabeza las imágenes que se habían colado en su cabeza mientras dormía.

Cuando salió de la ducha se miró en el espejo y se convenció a sí mismo de que un sueño no tenía importancia. No era algo a lo que había que darle vueltas. Un sueño, no era más que eso, un sueño. No era real. Y aunque lo fuera, a él le daba igual. Sin duda su mente le había jugado una mala pasada, posiblemente al ver cómo la chica había sido torturada y amenaza por Voldemort el día anterior. Se enfundó los pantalones negros y la túnica, sin molestarse en ponerse una camisa debajo. Se secó el pelo con un movimiento de varita, y con el segundo giro de muñeca éste quedó recogido en una coleta baja.

Fue el último en llegar al comedor de la mansión. Movió la cabeza en un gesto de disculpa y se sentó en la única silla libre que quedaba, en el extremo opuesto a Voldemort.

-Un honor que hayas decidido unirte hoy, Draco.-siseó el Lord tenebroso.

-Lo siento. No volverá a pasar.-no supo bien porqué, pero mientras se justificaba no había dejado de acariciar la varita por debajo de la mesa.

-¿Algún progreso con la sangre sucia?-preguntó Lord Voldemort.

Draco negó con la cabeza.

-Se niega a hablar. Nada de lo que recuerda nos es de utilidad ahora mismo. Sé que Potter y ella estaban cerca de encontrar algo, que presumo sería el horrocrux del castillo, pero no hay confirmación.

-Te he encomendado esta tarea porque insististe en ser tú quien la doblegase, pero si para ti una sangre sucia es demasiado fuerte, siempre podemos mandar a otro.-siseó Voldemort.

Las carcajadas del resto de integrantes de la mesa no se hicieron esperar. Y no había nada que le jodiera más que los golpes en su orgullo. Eso lo sabía cualquiera que le conociera mínimamente. Abrió la boca para contestar pero Snape fue más rápido.

-Si disculpa mi osadía Lord, creo que el chico es perfectamente capaz de manejar la situación. No por algo es uno de los mejores en nuestras filas.

-Te doy un par de días más Draco. Si fallas, los dos-dijo señalando primero a Draco y luego a Snape-responderéis ante mí.

Los interpelados asintieron sin responder.

-Además, si pasado este tiempo no conseguís nada de utilidad, la dejaremos para que todos jueguen con ella. Estoy seguro de que los aquí presentes quieren llevarse un pedazo de diversión. No todos los días se puede torturar a una sangre sucia amiga de Potter, ¿verdad?-se carcajeó.

Mientras todos los presentes le vitoreaban, Draco supo que si Granger caía en las manos de ese grupo de animales violentos, desearía estar muerta. Él había podido ver de primera mano, lo que esos salvajes le hacían a las chicas de los pueblos muggles. Primero las usaban para satisfacer sus más oscuros deseos, y después las torturaban hasta la muerte.

El resto de la reunión fue sobre la estrategia de combate que seguirían. Esa misma tarde, un grupo grande partiría a inspeccionar los bosques de Escocia en busca de Potter y la comadreja Weasley. En cuanto Draco supo que él no formaría parte de la expedición, no pudo evitar desconectar y que su mente viajara al sueño que había tenido y a Granger. Sabía que ella y sus amigos habían sido capaces de ejecutar Patronus en el colegio, pero no sabía cuál era la forma que tomaba el de Granger. Era imposible que fuera una nutria, ¿verdad?

Hermione estaba contando mentalmente hasta cien, por enésima vez, para no aburrirse. Estaba concentrada en su tarea cuando la puerta de la mazmorra se abrió de un golpe. Draco entró como un vendaval, sus ojos parecían dos rendijas de fuego. No había duda de que estaba rabioso.

-Tu Patronus.-gritó apuntándola con el dedo.

Hermione se limitó a respirar hondo, cualquiera que fuera la mierda que tenía Malfoy en mente, no le interesaba.

-¿Qué forma tiene?-volvió a preguntar con cólera en la voz.

-¿Para qué quieres saberlo?-contestó Hermione entrecerrando los ojos. No entendía qué oscuro propósito se escondía detrás de ello.

-Limítate a responder, Granger.

Después de caer en la cuenta que ese trozo de información no era para nada relevante, decidió responder a Malfoy. Si así conseguiría que se fuera y la dejara tranquila, merecía la pena.

-Es una nutria.-respondió ella.

-¿Una nutria?-preguntó con voz mortificada mientras se dejaba caer sobre el sillón agotado.

La chica asintió con la cabeza ligeramente, y le miró interesada. Draco podía notar las miles de preguntas que se formaban bajo el brillo de sus ojos marrones. Maldita sabelotodo, la curiosidad era siempre superior a ella. Era increíble, una temeraria de remate que sería capaz de meterse dentro de la boca de un dragón solo para verle la garganta por dentro.

-¿Por qué una nutria, Granger?

-Las nutrias son admiradas por su inteligencia.

-Por supuesto.-fue lo único que pudo responder Draco. Era algo tan obvio, que no sabía cómo lo había pasado por alto. Sin decir nada más se levantó y se marchó, dejando a la chica más confusa de lo que estaba antes de recibir su visita.


Espero que os gusten estos dos últimos capítulos. La parte del romance entre ellos, y me refiero a los sentimientos va a tardar todavía un par de capítulos más en llegar, pero no estamos lejos :) Como veis Draco ya empieza a sentirse "extraño". Me encantaría saber vuestra opinión.

Gracias y buen día :D