AVENTURAS EN TOKIO

XLIV.

Tal como estaba planeado, usaron el nuevo poder de teleportación de Porun para dejar a Hikari cerca de la estación de trenes donde Akane pasaría a recogerla. Eran cerca de las diez de la noche cuando las universitarias se despidieron de Akane, Hikari y Hikaru y ya estaban en camino a Tokio en el tren bala. La visita de Hikari fue todo un éxito y el par estaba satisfecho. Gracias a la hora pudieron estar al fondo del vagón que abordaron y dejar a sus amigos mágicos afuera un rato, pero Mepple y Mipple no resistieron mucho rato despiertos, a medio camino se encontraban profundamente dormidos en sus formas de móvil dentro de los bolsillos de sus respectivas compañeras.

Honoka, que estaba del lado de la ventana, leía uno de los libros de bolsillo que nunca debían faltar en cada salida. Era una pequeña compilación de poemas latinoamericanos traducidos al japonés, justo a un lado de su versión original. Mientras investigaba más de los girasoles quedó debidamente informada que los girasoles eran una flor originaria del continente americano, flor domesticada por las culturas precolombinas y que representaba al dios sol para más de una de esas antiguas civilizaciones. Y entre lectura, consulta y avances provocados por su propia hambre de conocimiento, terminó con ese libro de poemas. Porque así era Honoka, una romántica en su corazón.

Nagisa estaba a su lado recargada en su hombro, tenía música puesta en Mepple y compartía los audífonos con Honoka. Procuraba música calmada para no molestarla en su lectura. Ella misma necesitaba relajarse también y se mandaba mensajes de texto con sus amigas de la universidad avisando que la chica que les presentó ya estaba de vuelta en casa luego de esos días de visita. Reía a momentos por culpa de los mensajes de las chicas y cambiaba constantemente de canción, a veces dejaba que Honoka eligiera.

Estar así aunque no se dijeran nada era algo ya normal para ellas. Cómodo de muchas maneras.

En algún momento intercambiaron miradas y, aprovechando que no estaban a la vista del resto de los pasajeros más al frente, Nagisa depositó un beso en la mejilla de Honoka. Honoka sonrió, Nagisa también y volvieron a lo suyo. Sus mejores y más plenos momentos eran esos, donde hacían lo que les gustaba sin estorbarse la una a la otra, donde estaban tan cómodas con su compañera que no necesitaban hablar siquiera. Ambas suspiraron a la vez, sonrieron aunque no se vieran las caras entre sí.

Conforme pasaba el rato y se detenían en las estaciones marcadas, el vagón se fue llenando hasta quedar solo unos pocos asientos vacíos. A Nagisa eventualmente la venció el sueño y, como era su buena costumbre, se quedó dormida en el regazo de Honoka. Ésta siguió leyendo, estaba bastante entretenida con su lectura, la música que Nagisa dejó puesta era cómoda. Por culpa de toda esa comodidad y que en verdad parecía estar en su propia burbuja con Nagisa, no percibió a los muchachos ruidosos en los asientos a su lado. Ni Nagisa ni ella les habían puesto atención cuando subieron pero los chicos estaban con los ánimos bastante elevados, no eran tan escandalosos pero en todo ese rato las estuvieron observando y llevaban alrededor de cinco minutos haciendo señales y ruidos tratando de llamar la atención de Honoka.

Era la que estaba despierta después de todo.

La científica finalmente los notó, abrió más los ojos y se puso alerta cuando sintió una sombra amplia encima de ellas. Miró de inmediato a un costado y era el más alto de los muchachos quien finalmente se levantó para abordarlas. Honoka era capaz de platicar con desconocidos si las condiciones eran las adecuadas, Nagisa era muy amigable si la otra persona era amigable también, pero ese muchacho y sus amigos le recordaban claramente a esos tipos que las molestaron en el parque intentando forzarlas a salir con ellos, cuando Nagisa y ella recién se estaban conociendo.

─Buenas noches, ¿necesitan algo? ─preguntó Honoka con voz tensa pero amable mientras se quitaba el audífono, quizá solo exageraba y solo eran muchachos ruidosos, pero el gesto burlón del chico terminó por encender su mecha. Solo Nagisa sabía que la mecha de Honoka era bastante corta, esos pobres tontos no.

─¿Qué te parece si mis amigos y yo les hacemos compañía? ─preguntó el muchacho entre risas, sus compañeros también reían─. Parecen bastante solas, ¿qué dices, linda?

La mecha iba a la mitad, aun podía salvar la situación si se aferraba al plan no violento como Nagisa siempre sugería. ─No, gracias. Ahora, si nos disculpan, mi acompañante duerme luego de un largo día y es bastante grosero que despierten a alguien en éstas condiciones ─no podía contener su volumen de voz, éste fue subiendo hasta que los demás pasajeros comenzaron a girar sus cabezas en la dirección del pequeño escándalo. Se animaba a sí misma a seguir calmada, pero la gente irrespetuosa siempre le tocaba los nervios.

Y ese tipo no solo le tocó los nervios si no el hombro a la estudiante del tecnológico, pero el pobre diablo no tuvo oportunidad de hacer más. Una mano lo sujetó por la muñeca con mucha fuerza y lo alejó del hombro de Honoka. Se trataba de Nagisa. Ésta se sentó mientras hacía más fuerza en la presión de su mano, el chico estaba más adolorido que sorprendido a ese punto. Nagisa se puso en pie sin soltarlo y a ella no le dio miedo alzar la voz.

─¡En serio hay personas irrespetuosas! ─exclamó mientras claramente fulminaba con sus ojos a ese sujeto. Por alguna razón se sentía más fuerte que de costumbre. Miró a Honoka de reojo y asintió─. Plan C.

Honoka sonrió en complicidad y miró con genuina furia a los acompañantes del atrevido que la tocó. ─¿Y ustedes solo están de adorno? Si son sus amigos de verdad, si en serio son amigos entonces no deberían dejar que uno de ustedes haga cosas inapropiadas como éstas... ¡Y tú! ─miró al chico que Nagisa sujetaba─. Me vuelves a tocar y ella te romperá en pedazos, y luego seré yo quien termine con lo que quede de ti. Y después seguiremos con ustedes ─su gesto enojado, enfadado, siempre tenía un poder notorio. Nadie en su sano juicio haría enojar a Honoka Yukishiro, no si la conocía. El chico y sus amigos eran el blanco de todas las miradas en el vagón, el chico abrió la boca para decir algo, pero no pudo.

─Si de tu boca no va a salir una disculpa por tocarla sin su permiso, entonces me encargaré que no puedas abrirla por mucho tiempo, amigo ─fue la clara amenaza de Nagisa. Si ponía un poco más de fuerza sabía que iba a lastimarlo. Se contuvo mas no lo soltó─. Pero si vas a hacerlo, adelante.

─¡De acuerdo, lo siento! ¡Suéltame! ─intentó soltarse pero era como estar encadenado a un muro por una cadena gruesa, esa chica tenía una fuerza ridícula─. ¡Las dejaremos en paz!

─Bien, ahora regresa a tu asiento y sé un buen chico ─dijo Honoka con un gesto más calmo y de todos modos les mandó una mirada fulminante, Nagisa hizo lo mismo─. Si nos vuelven a molestar, terminaré lo que ella comenzó, tienen mi palabra.

Luego de eso hubo un silencio tenso, y la tensión se fue como un suspiro cuando el par de chicas volvieron a sus asientos a seguir justo donde se quedaron: Nagisa recostada en el regazo de Honoka y Honoka leyendo mientras ambas escuchaban la música por los audífonos compartidos. Los muchachos estuvieron quietos el resto del camino a Tokio.

El par tampoco dijo demasiado al respecto cuando arribaron a la última estación y salieron de ahí para cambiar la ruta e ir finalmente a casa, ya pasaban de las once de la noche. No tenían que despertar tan temprano de todos modos, podían descansar tanto como quisieran. Gracias a la hora podían ir de la mano, nadie les ponía atención. Era curioso cómo en las ciudades grandes, entre tanta gente, las personas estaban tan metidas en sus propios asuntos que hacía falta hacer mucho ruido para sacarles de su burbuja individual.

Nagisa soltó un suspiro, ya estaban a un par de calles de su edificio. ─Gracias por no matarlos antes, Honoka. Alcancé a escuchar todo pero cuando abrí los ojos vi su mano en tu hombro y... Bueno ─recuperó la sonrisa al sentir que Honoka le daba un beso en la mejilla sin avisar, sin pena. Y no había nadie en esa calle y a esa hora, solo ellas dos─. Estuvimos geniales, ¿verdad?

─Si me preguntas, tú lo estuviste más ─respondió Honoka con una sonrisa alegre─. Cuando tomaste su muñeca y lo sometiste sus amigos se pusieron pálidos, me hubiera reído de no ser porque estaba enojada en ese momento ─pegó su hombro al de su novia─. La próxima déjame el plan C a mi, soy mayor de edad.

Nagisa soltó una risa bastante divertida. ─¿Y dejar que les rompieras la nariz? Claro que no, no puedo dejar que tu reputación de arruine. Además quería lucirme ante ti, ¿lo logré? ─la primera respuesta fue un profundo beso que la hizo suspirar y luego sonreír como tonta.

─Sí, estuviste bastante genial, lo admito, sentí que se me calentaba el corazón de solo verte, por eso tuve que mirar a esos tipos, casi haces que me sonroje ─confesó Honoka y la animó a llegar a la entrada del edificio y tomar, ésta vez, el ascensor.

─Yo sí me sentí sonrojar cuando te escuché decir todo eso, sabía que tratabas de controlarte, lo hiciste genial, Honoka ─y una feliz Nagisa buscó un beso más aprovechando la breve privacidad que les daba ese viejo elevador. Rió entre labios al escuchar el crujir de los engranajes─... Espero que ésta cosa no se caiga.

─Luego hablaremos con el dueño del edificio ─murmuró Honoka entre labios y se separó de ella cuando las puertas se abrieron en el último piso─. Lleguemos a casa, anda ─estrechó la mano de su novia y le regaló una sonrisa bastante... Especial─. Quiero besarte todo lo que pueda antes de dormir. Solo besos, me siento un poco cansada para hacer algo más, ¿está bien?

Eso sí hizo arder a Nagisa y no resistió a besarla mientras andaban torpemente por el pasillo hasta su apartamento. Con la misma torpeza buscaron sus llaves, una de ellas las tiró por culpa de la prisa que tenían por entrar y Honoka logró recuperar las llaves y abrir la puerta. A sabiendas que iban a llegar cerca de la medianoche a casa habían dejado el futón tendido, solo tuvieron tiempo de dejar caer sus zapatos y bolsos y llegar entre besos al futón.

─Solo besos ─dijo Nagisa entre labios, estaba cansada también pero nunca se iba a negar a los besos de Honoka─. Me encanta la idea ─entre caricias se deshicieron de su ropa y quedaron solamente en ropa interior. Quedaron de costado y una frente a la otra, abrazadas, pegadas, con sus piernas enredadas y sus brazos aferrados a la cintura ajena. Solo besos. Ese día llevaron a Hikari a Akihabara y estuvieron ahí todo el día, la tarde y entrada la noche.

Ésta vez el calor que provocaba el contacto de sus cuerpos sirvió para relajarlas y hacerlas dormir prácticamente labio con labio. Así durmieron y justo así iban a amanecer.

Sus vacaciones de verano siguieron su camino, los días pasaban y ellas seguían con sus actividades. Nagisa tuvo un par de partidos en esos días y Honoka estaba en primera fila apoyándola junto con los chicos mientras hondeaba la bandera que había hecho para ese menester. Al pisar la cancha, Nagisa entraba totalmente en modo de combate, no miraba a su alrededores pero sí a la cancha, a sus compañeras, a las otras jugadoras... Pero la voz de Honoka, esa siempre la escuchaba, y al verla de reojo animándola a grandes voces sentía un aumento de energía casi mágico. Sus más cercanas amigas del equipo sabían porqué Nagisa sacaba fuerzas de flaqueza y corría directo a la portería ajena. Todos sus tiros eran goles seguros.

Luego del término sus vacaciones de verano y el inicio de un nuevo bloque de materias, Nagisa metió su solicitud de beca completa. Si en los siguientes exámenes mantenía sus notas altas aceptarían su solicitud, así que tendría la oportunidad, si quería, de quedarse en los dormitorios. Nagisa no quería vivir lejos de Honoka, eso era obvio, pero sí disfrutaría del resto de las instalaciones. Tendría comida gratis en la cafetería y le darían todas esas bebidas deportivas gratis que les mandaban los patrocinadores. Y el dinero, el dinero era importante también.

Honoka, por su lado, había conseguido hacer su vehículo de aceite de girasol con un 20% más de eficacia y un 40% menos contaminante, todo acompañado de un detallado informe de trabajo y procesos incluidos. El motor, además, permitía acceso a un contenedor para que se guardaran los residuos del aceite y estos pudieran ser usados como fertilizante. No tuvo suficiente tiempo para hacer los estudios más a profundidad como quería, pero todos encontraron bastante adorable su vehículo del tamaño de un juguete y con un estilo steampunk muy marcado. Honoka le daba el crédito a Nagisa por el diseño, ella le dio la idea de hacerlo con ese estilo y le recomendó los mejores colores. Todo el adorno fue al final, y le gustó mucho el resultado. El proyecto se llamaba "Yin 02" en referencia al Yin Yang, donde el Yin era el negro y ese negro representaba a Cure Black y nadie más que Nagisa tenía que saber todos los detalles detrás del nombre.

El "Yin 01" había explotado en la primera prueba, por cierto... Eso tampoco lo tenía que saber nadie más que Nagisa.

La vida aun era amable con la joven pareja, trabajando juntas y teniéndose la una a la otra estaban bastante bien. Incluso en sus ocasionales discusiones estaban bien, siempre se las arreglaban.

Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y antes de darse cuenta ya tenían que vestir más abrigadas y dormir con las mantas gruesas, estaban a muy pocos meses de terminar el año, pronto sería el cumpleaños de Nagisa, apenas estaban empezando octubre y ninguna de las dos podía creer que hubiera pasado tanto tiempo tan pronto. Entre esos meses celebraron el cumpleaños de Kimata, ésta vez sin incidentes de ebrios. Se divirtieron mucho recordándole a Honoka lo sucedido durante su cumpleaños. Luego de Nagisa seguía el cumpleaños de Fujimura en diciembre, cerca de Navidad.

De momento tenían que reservar una sala en el karaoke para el cumpleaños de Nagisa, comprarían el pastel donde siempre y la pasarían igual que las veces anteriores, cantando, porque también tocó entre semana. Y el fin de semana Nagisa planeaba volver a casa con Honoka a visitar a su familia, sus padres insistieron y le adelantaron que tendría una fiesta sorpresa y que debía sorprenderse mucho. Nagisa prometió sorprenderse todo lo que le fuera posible. A Honoka siempre le causaba gracia escuchar eso cuando Nagisa se lo contaba.

─Oye, Honoka ─ambas estaban en el parque contemplando a sus amigos jugar en los juegos infantiles. No había nadie, era tarde ya y solo alumbraban las farolas.

─Dime ─Honoka bebía una de las bebidas deportivas que Nagisa le ofreció, justo terminaban su sesión de defensa personal, descansaban en una banca.

─Estaba pensando... Ya tengo más dinero gracias a mi beca completa y a unos apoyos extras que tengo y... Crees que... ¿Crees que sea pronto para mudarnos? Digo, buscar un sitio al menos hasta que se cumpla el año de renta que pagaron sus padres. También seré mayor de edad y... Podemos, bueno ─se puso muy roja de repente─. Por todos los dioses, aun me sonrojo, parezco una niña.

─No tienes nada de qué apenarte, Nagisa, yo también lo estoy ─la cara le ardía─. Seguimos muy enamoradas así que... Que es normal y... Mudarnos... Mudarnos a un sitio un poco más amplio suena bien. Pagaremos nuestra propia renta y... ¿Luego buscamos en los clasificados por un sitio nuevo?

─Hecho ─tomó la mano de su compañera y la estrechó con cariño─. Honoka ─sonrió mucho, miró al cielo rojizo─, a finales de curso haré las pruebas para el equipo principal, la entrenadora Matsudaira ya dio su aprobación. Estaré en el equipo principal el año que viene si paso las pruebas.

Y por respuesta, Honoka se echó encima de Nagisa entre besos al rostro y un apretado y torpe abrazo cargado de alegría. ─¡Me alegro mucho por ti, Nagisa! ¿Puedo ir a verte a la prueba?

─Pensaba pedírtelo, quiero que me veas, Honoka.

─Ahí estaré.

Compartieron una sonrisa, otro beso y pasó un rato más antes de volver a casa.