Draco salió de la celda de Granger dando un sonoro portazo. Lo que le faltaba, haber soñado con su puto Patronus. Subió las escaleras que le llevaban al primer piso a toda velocidad, necesitaba alejarse de esa celda todo lo que le fuera posible. Estaba claro que no pensaba con claridad. No sabía a dónde dirigirse, ya que no quería levantar sospechas con su conducta errática y su estado de completa alteración. Entró en su habitación como un animal rabioso, dando otro portazo. Una vez dentro, caminó de un lado a otro con rabia, al andar, le dio un puntapié sin querer al vaso que había dejado ahí tirado por la mañana. Se agachó para recogerlo y lo estrelló contra la pared en un ataque de furia. Recogió la botella de whisky y le dio un largo trago. Quizás si bebía lo suficiente lograría borrar las escenas del sueño de su mente. Estaba claro que esa pesadilla se debía al hecho de que no había disfrutado para nada del Crucio que le había lanzado Lord Voldemort a la chica delante de sus ojos. En realidad, no estaba del todo tranquilo desde la tortura del boggart, algo había cambiado después de ver a la desesperada Granger quedarse bloqueada por la posible muerte del asqueroso Weasel.
Draco negó con la cabeza y bebió a morro de la botella hasta vaciarla. Era cuanto menos delirante que le importase lo más mínimo una impura. La imagen de la espalda desnuda de la chica que había visto dentro de su recuerdo con Weasley se coló en su mente. Se le escapó una carcajada amarga y estalló la botella contra la puerta. ¿Qué cojones estaba pasando? A él le importaba una mierda que la impura se follase al muerto de hambre. Porque le importaba una puta mierda, ¿verdad? Además, seguro que los dos eran demasiado recatados como saber lo que era un buen polvo, no como él que se follaba a Pansy siempre que quería, si ella venía siempre buscando más, por algo sería, ¿no?
Salió de su cuarto como un vendaval y al llegar a la puerta de Pansy la abrió de par en par sin llamar. En ese momento la bruja salía del cuarto de baño con una toalla enrollada en el cuerpo. La chica se quedó parada mirándole con una sonrisa de superioridad.
-Ya sabía que vendrías sin ser llamado, Draco.-fue todo lo que le dijo antes de dedicarle una sonrisa petulante.
Sin mediar palabra Draco se acercó a ella, la agarró de los hombros y estampó sus labios contra los suyos. Pansy emitió un quejido molesto por la rudeza del chico, pero no se apartó. En su lugar, empujó a Draco contra el sofá y se sentó encima de él.
Hermione caminaba en su celda de un lado a otro. No es que la estancia fuera muy grande pero necesitaba mover las piernas entumecidas de vez en cuando. Había perdido la cuenta de cuántos días llevaba encerrada, pero siempre que su cuerpo se lo permitía trataba de moverse un poco. A fin de cuentas, era lo único que podía hacer. Por suerte para ella, Malfoy había tenido la decencia de dejar la antorcha encendida al marcharse hecho una fiera. No pudo evitar volver a preguntarse porqué el rubio había estado tan interesado en saber la forma de su Patronus, pero seguía sin verle sentido a que podía sacar provecho él con eso.
Fijó la vista en el sillón de la esquina que Malfoy había ocupado en un par de ocasiones, parecía muy antiguo y muy caro. Se acercó para observar con curiosidad, los reposabrazos parecían de caoba. Apretó el asiento con el dedo índice y se dio cuenta de que este se hundía con facilidad, parecía mullido. Sin querer se imaginó lo bonito y agradable que sería acurrucarse en esa silla y descansar, pero enseguida se recordó a sí misma que prefería mil veces el duro suelo a la humillación de que Malfoy o alguno de sus secuaces la pillara allí sentada.
La puerta de su celda se abrió y Hermione tensó de anticipación. Se relajó en cuanto vio que solo se trataba de Edwina que entró cargando una bandeja.
-Buenas tardes, señorita Granger.-comentó la elfita.
-Buenas tardes, Edwina.-respondió Hermione con cautela. Se había dado cuenta de que si se limitaba a contestar a sus preguntas, la elfita no se hería a sí misma.
-Siéntese, por favor.
Hermione obedeció y se sentó en la esquina de la celda. Edwina dejó la bandeja delante de ella en el suelo. Las tripas de la chica rugieron al ver que hoy las insípidas gachas habían sido sustituidas por una sopa de pollo. La chica cogió la cuchara y removió el contenido del bol.
-Gracias.-dijo con una sonrisa de agradecimiento.
-Si respeta las normas, hoy me puedo quedar con usted mientras come.
Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas, mientras asentía, por el amable ofrecimiento de Edwina. Se llevó una cucharada a la boca y saboreó la comida. Cuando terminó, la elfa se puso de pie y cuando fue a recoger la bandeja, depositó un trozo de chocolate en la mano de Hermione. La chica abrió la boca para darle las gracias, pero la Edwina negó rápidamente con la cabeza para que no le hablara.
-Espero que sea de su agrado.-hizo una reverencia y se desapareció.
Hermione abrió la palma de la mano y observó la gran onza de chocolate, era la primera vez desde que había llegado a ese lugar que alguien era amable con ella. Su pecho se hinchó de júbilo y se dio cuenta de lo simple que podía ser la vida, y a lo que se reducían las cosas en las malas circunstancias. Un día normal, en Hogsmeade, una onza de chocolate o una bolsa de chucherías de Zonko no habrían sido más que eso, un día normal, pero en ese momento con todas las posibilidades en su contra, atrapada en bando enemigo y sin poder escapar, esa onza de chocolate se sentía incluso casi mejor que la libertad. Hermione comprendió entonces que en los tiempos oscuros, pequeños gestos como ese marcaban la diferencia. Esos gestos eran luz en mitad de la oscuridad. Por primera vez desde que había llegado a ese lugar Hermione sintió algo de esperanza.
Se comió el chocolate dándole varios mordiscos y dejando que se deshiciera en su boca. No pudo evitar pensar en Ron, que solía salir con los bolsillos llenos de chucherías de Zonko. Apoyó la espalda contra la parte baja del sillón, no se sentaría encima ni por todo los galeones del mundo, pero apoyar la espalda y seguir sentada en el suelo era otra cosa. Cerró los ojos y trató de concentrarse en recuerdos bonitos con Ron. Le echaba de menos, y también a Harry, pero por su propio bienestar mental quiso suponer que sus amigos estaban siendo cautos. De todos modos se imaginó que si los hubieran capturado Malfoy ya habría ido a darle las buenas noticias y restregarselo por la cara. Y pensar que años atrás, en su casa había tenido esperanza por el alma del rubio. No podía olvidar como él tuvo que apartar la mirada cuando su tía Bellatrix le había grabado esas palabras en el brazo. Se remangó la manga del jersey, que estaba dado de sí por los tirones de los mortífagos, y observó las finas líneas blancas de su piel en las que todavía podía leerse sangre-sucia. Echó la cabeza atrás y la apoyó en el asiento, trató de evocar recuerdos felices en su mente y escapar por un rato de aquella horrible celda. Se imaginó en el bosque de Dean con sus amigos, alrededor de una hoguera comentando cuáles serían sus siguientes movimientos.
Draco salió de la habitación de Pansy, más relajado de lo que había entrado. La morena le había pedido que se quedase a dormir, pero él como siempre había rechazado su oferta. Prefería la soledad de su habitación ahora que su mente había dejado de ser un enjambre de pensamientos entremezclados. Acostarse con Pansy no solo había hecho que se sintiera menos frustrado que antes, sino que había conseguido que se olvidase de sus problemas por un rato. Cuando entró en su habitación fue directamente a darse una ducha, no le gustaba el olor de Pansy en su piel. La morena usaba un perfume muy fuerte que Draco detestaba completamente. Cuando salió de la ducha se recostó directamente en la cama, por encima de las sábanas. Abrió el cajón de la mesita de noche y volvió a sacar la snitch, la soltaba y la atrapaba con facilidad, cuando la cogió por segunda vez alguien llamó a su puerta.
-Parkinson, ¡lárgate! Ya te he dicho que no te voy a follar más esta noche.
No se escuchó nada al otro lado de la puerta, así que Draco volvió a soltar la snitch y cuando estuvo a punto de atraparla de nuevo, la madera crujió indicando que alguien estaba entrando en su habitación.
-¿Estás sorda?-preguntó Draco fastidiado. Se incorporó hasta quedar sentado y cuando clavó la vista en la puerta no se encontró con Pansy, sino con Granger que le miraba fijamente. -¿Qué cojones haces aquí?-Draco se puso de pie de un salto.-¿Estás loca?
La chica continuó observándole impasible, sin decir nada. Draco llegó a su altura y se paró delante de ella.
-Granger, te lo voy a preguntar por última vez, ¿qué haces aquí?, ¿cómo coño te has escapado?
Hermione se remangó la manga del jersey hasta dejar la cicatriz visible y en lugar de contestarle, le mostró el brazo. Draco recordó el instante en que su tía había grabado la palabra en el brazo de la muchacha, y los gritos que ella había dado, y como años atrás tuvo que apartar la mirada.
-Me ayudaste una vez.-dijo ella.
-¿Qué dices? -Draco entrecerró los ojos.
-Nos ayudaste a escapar. No nos delataste delante de los mortífagos en tu casa.
-Mira Granger, no tengo tiempo para tus estupideces a las tantas de la madrugada, así que voy a llevarte de vuelta a tu puta celda porque como alguien te encuentre aquí vas a acabar muerta.
-¿Y?, ese es mi destino de todos modos, ¿no?
Draco la agarró por los hombros sin miramientos y entonces algo cambió. Parpadeó un par de veces y se dio cuenta de que la piel de la chica emitía un ligero brillo.
-Ayúdame.-pidió ella.
-No puedo.
-Ayúdame, Draco.-la chica agarró la mano de él y él sintió algo removerse en su interior cuando ella le llamó por su nombre de pila.-¡Draco!-le dio un suave empujón en el hombro.-¡Draco!-le zarandeó.-¡Draco, despierta!
Abrió los ojos y se encontró con el rostro preocupado de Pansy.
-Estabas teniendo una pesadilla.-explicó la morena.
-¿Qué?-inquirió él tratando de enfocar la mirada. Sintió la mano de Pansy apretando su hombro con suavidad y entonces la realidad cayó sobre él como un jarro de agua helada. La mano que había zarandeado su hombro era la de Pansy, no la de Granger.
-He dicho que estabas teniendo una pesadilla. Otra vez. Te estabas revolviendo inquieto y me has despertado. Estabas hablando en sueños, Draco. No parabas de repetir: no puedo.
El chico se sentó de golpe en la cama.
-¿Qué dices?-se incorporó y recogió su ropa del suelo.
-¿A dónde vas?-preguntó la chica acercándose al borde de la cama.
-A dormir en mi puta habitación.-contestó mientras se ponía los pantalones a toda velocidad.
-¿Por qué?
-Porque me da la puta gana.-respondió mientras caminaba hacia la puerta.-Como le cuentes esto a alguien, te mato.-amenazó antes de salir de su cuarto.
Draco se encaminó a su cuarto a toda prisa. Era el segundo sueño consecutivo que tenía con Granger. Y muy vívido. Tan vivido que cuando entró en su habitación se dio cuenta de que estaba tan jodidamente nervioso que le temblaban las manos. Lanzó la ropa sobre la cama, y se dio cuenta de que en la mesita de noche había una bandeja con su cena, que seguramente Edwina habría dejado ahí horas atrás. Al igual que había hecho en su sueño, se metió en la bañera y se dio una ducha caliente, se frotó la piel con tanta fuerza que se la dejó roja. ¿Qué cojones le estaba pasando?, ¿por qué estaba teniendo sueños que parecían reales? Era un puto peligro. ¿Cómo hubiera reaccionado Pansy si Draco hubiera murmurado el apellido de Granger en sueños? Era una puta sentencia de muerte. Su mente volaba a tal velocidad que ni sabía lo que hacía. Salió de la ducha y se secó rápidamente, ni siquiera se molestó en secarse el pelo con magia, se lo dejó mojado. Salió del cuarto de baño y se puso los pantalones negros de nuevo. La chica debía haberle hechizado de alguna manera, o debía haber encontrado alguna brecha por la que colarse en su mente. Quizás la había subestimado y sabía tanto de magia oscura como él, que era buenísimo en oclumancia, tanto que podía meterse en la mente de otra persona sin la necesidad de realizar el hechizo, tanto que podía visualizar lo que ocurría a su alrededor con los ojos cerrados, y tanto que podía provocar visiones en los demás. Quizás ella podía hacer lo mismo. Se echó encima una camisa negra limpia y salió de su cuarto abrochándose los botones.
Bajó los escalones de dos en dos, descubriría lo que tramaba Granger por las buenas o por las malas. Redujo el paso cuando estaba llegando a su celda, y como la otra noche, murmuró un potente hechizo silenciador. Abrió la puerta y se coló dentro con el sigilo de un felino.
Cerró la puerta y cuando se giró se encontró con la chica dormida en el suelo contra la silla. Sin saber muy bien porqué, se sentó enfrente de ella en la pared opuesta y la observó. La chica parecía más vulnerable que nunca, con las piernas estiradas, los brazos extendidos a ambos lados de su cuerpo y la cabeza apoyada en la silla. Sin duda, demasiado orgullosa como para sentarse en una silla que antes había sido ocupada por un mortífago. Tenía demasiados prejuicios. Al fijarse en sus brazos vio la cicatriz que la chica le había mostrado en sueños, tenía esa manga del jersey remangada hasta el antebrazo y la otra no. Draco cerró los ojos y decidió echar un vistazo a sus sueños, no haría daño a nadie, ¿no?. Tenía que ser rápido si no quería que Granger le detectara y le pillara in fraganti de nuevo. En cuanto Draco puso un pie en el sueño de la muchacha se dio cuenta de que se encontraba en el salón de la mansión Malfoy. Extrañado barrió la estancia con la mirada en busca de Granger. La encontró agazapada en una esquina, como notando su presencia la chica levantó la cabeza, pero Draco se escondió con rapidez detrás de una columna para que ella no le descubriera. La observó desde ahí. Tenía los ojos llenos de lágrimas y agarraba con fuerza la mano de lo que parecía el cadáver de alguien. ¿Quién podría morir qué alterarse tanto a la chica?, ¿el santísimo Potter, ¿quizás?
Se acercó más para descubrir quién era el cuerpo y entonces ella gritó expulsandolo de su mente. Draco abrió los ojos justo para ver a Granger luchando por despertarse. Cuando por fin abrió los ojos, parpadeó un par de veces antes de centrar sus pupilas marrones en él. La chica se masajeó las sienes con cuidado y cerró los párpados otra vez. Al volver a abrirlos, por desgracia, el rubio seguía ahí. Él se quedó mirándola sin decir nada y ella tampoco abrió la boca, estaba demasiado dormida aún para ser totalmente dueña de sus acciones y de su cuerpo. Se fijó que el chico tenía el pelo mojado y la camisa abierta a la altura del torso. Apartó la mirada rápidamente y se bajó la manga del jersey para cubrir su brazo.
Draco sintió una punzada en la boca del estómago cuando ella giró la cabeza contrariada. Era la primera vez que una mujer miraba hacia otro lado al ver su torso desnudo.
-¿Sorprendida, Granger?
La chica giró el rostro con cuidado y le miró directamente a los ojos grises.
-¿Por qué de todo?, ¿por que te hayas colado otra vez en mi celda?, ¿o por qué tienes fijación por verme dormir? Pues sí, es bastante repugnante y sorprendente. Es curioso lo mucho que interesa saber lo que sueña o piensa una sangre-sucia.
-A mi tus sueños no me importan, pero sigo pensando que puede ser útil colarme en tu mente cuando estás dormida. Quién sabe donde puedo encontrar una pista del paradero de tus dos amiguitos del alma.
-Me das pena, Malfoy.
-¿Pena?-Draco se rió amargamente. -¿Tu te has visto?
-Me pregunto cuál es la fijación que tienes conmigo para haber venido a hacerme una segunda visita de madrugada y a toda prisa.
-¿A toda prisa?, ¿eso crees?, ¿qué he venido a verte corriendo?
-Bueno, tienes el pelo empapado y la camisa a medio abrochar. Has tenido que salir muy apresurado de tu habitación, tu nunca llevas un pelo fuera de la coleta, Malfoy.
-Vengo de follarme a Pansy, no me ha dado tiempo a nada más.-informó él con petulancia.-¿Quién se ha muerto en tu sueño?-añadió al cabo de unos segundos.
La chica no contestó.
-Habla.-ordenó él.
-¡Lárgate!
-Dímelo, y me voy.
-No tengo nada que decirte. ¡Lárgate y déjame tranquila!
El chico se puso de pie y se acercó a ella. Se paró a una distancia prudencial y la miró desde arriba. Ella se sintió en posición de inferioridad por lo que se levantó también, al hacerlo se apoyó en la silla y la mano se le resbaló. Se habría caído al suelo, pero Malfoy la había sujetado, como días atrás, por el brazo antes de que eso sucediera.
En el instante que Draco apoyó la mano en el brazo de la chica, tuvo una visión que duró un segundo, pero que le mostró que el cadáver del sueño de Hermione era él mismo. Demasiado confundido como para procesar el hecho de que la Granger del sueño estaba llorando su muerte, se apartó de ella asqueado y salió del cuarto de la chica sin decir nada más.
Hasta aquí el capítulo de hoy. Ya es más que evidente que algo está pasando entre Draco y Hermione, queda muy poco para que él termine de darse cuenta ^^
Espero que os guste.
Gracias por tu review UnaQueLee :)
