Hermione estaba tan cansada que, cuando Edwina se apareció para llevarle el desayuno, ni siquiera fue capaz de despegar los labios para darle los buenos días a la elfa.

Mientras desayunaba en silencio no pudo evitar pensar en la incursión del rubio en su celda la pasada noche. ¿Hasta qué punto Malfoy decía la verdad? Supuso que el chico había salido hecho una fiera de allí por el simple y mero hecho de haber tocado a una sangre sucia y que probablemente al llegar a sus aposentos se habría dado una larga ducha en su bañera de oro con desinfectante. Era la segunda vez que evitaba que ella se cayera al suelo y eso era lo que Hermione no lograba sacarse de la cabeza. Con lo fácil que habría sido para Malfoy dejarla caer y reírse de ella, ¿verdad?

Después de su visita le había costado conciliar el sueño, y cuando por fin lo había conseguido había vuelto a tener una pesadilla, donde no solo parecía que toleraba a Malfoy, sino que estaba llorando su pérdida como si se tratase de la de Ron o Harry. Ella nunca le había dado importancia a los sueños, pero estos últimos los había sentido tan reales que incluso la asustaban. No dejaba de preguntarse si Malfoy había colocado ese sueño en su mente con el propósito de confundirla, era la única explicación que se le antojaba mínimamente aceptable. Era lo único que podía explicar porqué sentía un nudo en el pecho desde que se había despertado.

Draco se despertó de un humor de perros. Tenía la sensación de haber dormido cinco minutos. Hacía mucho tiempo que no permanecía horas despierto en la cama, pero después de haberse visto muerto en la pesadilla de Granger su cerebro se encontraba más despierto que nunca. El hecho de que ella estuviera teniendo sueños parecidos a los suyos no le ayudaba para nada. De hecho, empeoraba bastante su complicada situación. Maldita fuera ella y maldito fuera él por no comprender qué cojones estaba ocurriendo. Por si fuera poco, cuando había conseguido dormirse había vuelto a soñar con la chica, y la había vuelto a ver morir a manos de una serpiente. Estaba bien jodido. Si alguien descubría los sueños que estaba teniendo, le matarían con un Avada antes de que le diera tiempo a abrir la boca para explicarse. Para colmo, le quedaban poco más de 24 horas para conseguir sonsacarle algo de provecho a la muchacha antes de que Voldemort se encargará de ella cómo bien había prometido.

La quemazón en su antebrazo izquierdo le llamó la atención, observó la marca tenebrosa mientras se oscurecía hasta ser completamente negra, señal que indicaba que Voldemort los estaba convocando. Maldijo mientras se levantaba porque lo último que necesitaba ahora era otra reunión de mortífagos, no se consideraba un cobarde pero le incomodaba que alguien pudiera descubrir su secreto. Se puso la túnica y se recogió el pelo en una coleta baja a golpe de varita. Salió de sus aposentos a toda prisa, lo último que quería era volver a llegar tarde y llamar la atención de Voldemort como el día anterior. Cuanto más desapercibido pasara delante del resto, mejor.

Se encontró al resto de mortífagos reunidos en el gran salón y por suerte, fue uno de los primeros en llegar. Tomó asiento y esperó con los ojos fijos en el trono que solía ocupar el Lord.

–Buenos días, Malfoy.–saludó Blaise, sentándose a su lado izquierdo.

Draco respondió con un bufido.

–¿Algún progreso con nuestra querida impura?

Draco se giró hacia Blaise y le miró furibundo.

–Si quieres puedo ayudarte.–Se ofreció el mortifago con una sonrisa.

–No necesito tu ayuda, Zabini. Te aseguro que puedo apañármelas solo.

–¿Estás seguro? Llevas días tratando de obtener información.–Blaise hizo una pausa y una sonrisa macabra apareció en su rostro. –¿Sabes? Conozco un método infalible para que las mujeres hablen y estoy deseando probarlo con la sangre sucia.

Inconscientemente Draco apretó los puños por debajo de la mesa. Estaba completamente seguro de por dónde iba la insinuación de Zabini y le ponía de mal humor.

–La verdad es que no entiendo porqué no te gusta doblegar a las mujeres Malfoy, deberías probarlo. Estoy dispuesto a compartir a la sangre sucia contigo. Aunque me agrada verla sufrir a base de imperdonables, no es igual de placentero que atarla y arrancarle la ropa.

La furia que sentía Draco bullir por sus venas era incontrolable, agradeció enormemente que Lord Voldemort hubiera aparecido en el momento justo en que estaba pensado romperle los dientes a Zabini de un puñetazo. Se pusieron de pie, y cuando Voldemort se sentó, todos le imitaron.

–Severus, ponnos al día de la redada.–Exigió Voldemort con impaciencia.

–Anoche cubrimos todos los pueblos de las afueras de Edimburgo.–informó su antiguo profesor de pociones. –Ni rastro de Potter. Hemos dejado un grupo patrullando la zona del castillo por si a ese desgraciado se le ocurre aparecer por allí, pero tengo que decirle mi Lord que en ninguno de esos pueblos notamos presencia mágica.

–Debo asumir pues que no hay ninguna baja, ¿verdad?–se interesó Voldermort.

–Eso es, señor.

–Ninguna baja entre nuestras filas.–interrumpió Blaise divertido. –Yo disfruté forzando a una par de chicas muggles antes de matarlas.

Draco apretó los puños con tanta fuerza que se clavó las uñas en las palmas.

–Draco.–le llamó el Lord. –¿Algún avance con la sangre sucia?

–No, mi señor.–repuso el rubio fijando sus ojos en Voldemort. Cerró su mente todo lo que pudo y trató de mantenerse calmado.

–Si mañana al amanecer sigues sin tener ningún progreso, seré yo mismo quién la mate. Y después, Severus y tú probaréis cómo de letales pueden llegar a ser mis imperdonables.–amenazó sin piedad el señor oscuro.

Draco asintió y se mantuvo impasible, mirando a Voldemort. Cuando éste fijó sus ojos en él, parecían dos rendijas de fuego.

–Disculpe la osadía mi Lord–comenzó Blaise poniéndose de pie. –Antes de que matéis a la impura, me gustaría enseñarle lo que es un hombre de verdad.

Voldemort se rió y automáticamente el resto de asistentes se puso a jalear y reírse. Draco intentó imitar a sus compañeros para no levantar sospechas, pero no pudo y su sonrisa se quedó congelada en forma de mueca extraña.

–Por supuesto, antes de matarla la torturaremos aquí mismo y todo aquel que quiera usar su cuerpo, podrá hacerlo.–sin añadir nada más, Voldemort se puso de pie y abandonó la sala.

–Te desearía buena suerte, Malfoy–comentó Blaise mientras le daba una palmadita en el hombro.–pero la verdad es que espero que fracases estrepitosamente.

Draco no contestó. No se sentía capaz de abrir la boca sin insultarle y ponerse en evidencia delante de todos. Rogó mentalmente porque Zabini se callara de una puta vez y dejara de tentar a la suerte.

–Aunque ahora que lo pienso yo voy a follarme a la sangre sucia de todos modos, tanto si le sacas la información como si no.–informó Blaise con gesto pensativo. –No te preocupes que lo haré por los dos, la primera vez por mí y la segunda por tí. Sinceramente Malfoy, no entiendo como no te dejas llevar por tu hombría.

–Yo es que no tengo la necesidad de violar a alguien para poder follar, Zabini.–escupió Draco con rabia sin poder contenerse. –De hecho, encuentro bastante asqueroso y patético que encuentres placer en forzar a una persona contra su voluntad.

–¿Violar? Yo no las violo Draco.–Blaise le miró incrédulo. –Me ofende que pienses así de mi cuando lo único que hago es hacerles un favor y poner un poco de sentido a su existencia antes de que mueran.

Sin darse cuenta, Draco se metió la mano en el bolsillo de la túnica donde guardaba la varita, la apretó con fuerza entre los dedos y respiró hondo. Llevaba tiempo con ganas de darle una lección a Zabini pero tuvo que recordarse que no era ni el momento ni el lugar. Siempre había encontrado repugnante que su compañero violara a las chicas pero es que la sola idea de imaginar las manazas de Blaise en el cuerpo de Granger hacían que sintiera ganas de vomitar y aplastar cabezas.

Draco salió del Gran Salón dejando a Blaise con la palabra en la boca. Lo mejor para todos era que se fuera antes de que terminara haciendo algo de lo que luego se arrepentiría.

Se dirigió directamente a la celda de Hermione dando grandes zancadas que hacían resonar sus pasos en los corredores de la mansión. Tenía que sonsacarle la información a la chica costase lo que costase. Su vida dependía de ello. En Hogwarts tenía la fama de persona inteligente, quizás si le contaba lo que le sucedería al día siguiente si no colaboraba, la haría cambiar de parecer. Draco sabía de antemano que eso no funcionaría porque uno de los rasgos característicos de la chica era el de ser bastante cabezona, y además, ya había manifestado su deseo: prefería morir antes que contarle cualquier cosa que pudiera poner en peligro a sus amados Potter y Weasley. Se paró en seco antes de abrir la puerta, cuadró los hombros, puso el hechizo silenciador y entró.

Se encontró a Hermione sentada en el suelo terminando de desayunar, a su lado estaba Edwina. En cuanto la chica apartó la mirada de la elfa y se percató de su presencia la sonrisa se le congeló en el rostro. Sin decir nada, Edwina se levantó.

–Después volveré a por la bandeja, señorita.–hizo una reverencia a Malfoy y se desapareció.

Hermione apartó la bandeja molesta y se puso de pie. Draco observó cómo la chica apretaba los puños a ambos lados de su cuerpo. ¿Qué pensaba hacer?, ¿pegarle un puñetazo como en tercero? Ridículo.

–¿Qué quieres ahora, Malfoy?–preguntó ella sin poder contener la amargura en la voz.

–Buenos días, Granger. Veo que te has levantado de buen humor. –Draco entrecerró los ojos. Después se dirigió al sofá que solía ocupar y tomó asiento.

–¿Por qué te empeñas en dormir en el suelo teniendo el sofá?

–Creo que sabes perfectamente que prefiero morir antes que sentarme en una silla en la que te has sentado tú. Además, posiblemente esté hechizada y en cuanto me siente me atará de pies y manos.

–Sabía que eras una cabezona de remate, en el colegio no había más que ver tu ánimo incansable con el tema de los elfos domésticos, pero no pensaba que fueras una estúpida. No me entra en la cabeza que prefieras dormir sobre la dura piedra antes que descansar en esta reliquia de sofá que, por cierto, valdrá más que la casa entera de los Weasley.

Hermione apretó los párpados y se mordió la lengua. No merece la pena, no merece la pena No paraba de repetirse las palabras como un mantra, tratando de convencerse de ello.

–Vaya Granger, ¿vas a dejar que me meta con tu novio sin defenderle?, ¿por fin te has dado cuenta del poco sentido que tiene salir con un perdedor como Weasley?–se burló el rubio.

–De lo que me he dado cuenta es de que no merece la pena malgastar la saliva con una serpiente como tú.–respondió la chica alzando el rostro.

–Espero que reconsideres lo que acabas de decir, ya que si no empiezas a mover la lengua para contarme lo que sepas o recuerdes del paradero de Potter y Weasley vas a estar en serios problemas.

–Como si dormir en un nido de serpientes no fuera ya suficiente problema.–comentó ella con sorna.

–A eso precisamente me refiero, Granger. Si no colaboras, Voldemort mañana te va a torturar delante de todo el mundo y después,–Draco hizo una pausa y cogió aire –te matará.

La chica asintió, asimilando la información que acababa de recibir. Un día. Tan solo tenía que aguantar un día más y después todo acabaría. Tragó saliva tratando de contener el nudo que comenzaba a formarse en su garganta. No quería darle el gusto a Malfoy de llorar delante de él pero había sido un duro golpe ser consciente de que todo llegaba a su fin y de que, como había sospechado desde el primer día, no volvería a ver a Harry y a Ron. Esa parte se le hacía insoportable.

–¿No piensas decir nada?

-¿Qué quieres que diga?–Hermione se encogió de hombros.

–No sé, cualquier persona cuerda suplicaría por su vida o trataría de llegar a un acuerdo.–repuso el chico como si fuera una obviedad.

–Entiendo que estés acostumbrado a eso, Malfoy, pero yo no voy a suplicarte por nada. Lo tengo aceptado desde el momento en el que me capturaste y no voy a luchar contra ello.

–¿Dónde ha quedado el orgullo y valor Gryffindor entonces?–comentó Draco poniéndose de pie y elevando la voz.

–Para mí esos valores residen en que prefiero morir antes que contarte cualquier cosa que pueda desvelar el paradero de las personas que quiero.–Hermione se sintió amenazada y también alzó la voz. –¡No creo que alguien como tú pueda entender eso!

–Si te refieres a que no puedo entender cómo alguien puede ser tan imbécil como para preferir morir por otro, tienes razón, no lo entiendo. De todos modos, creía que valorabas algo más tu integridad física.–acusó señalándola con el dedo.

Hermione le miró sin comprender.

Granger–Draco dio un paso en su dirección.–Si no colaboras, vas a sufrir la peor de las torturas. Creo que tu cerebro sería incapaz de imaginarse lo que vas a vivir a manos de Voldemort. Dudo mucho que en tu delicada vida entre algodones de Gryffindor hayas visto algo parecido.

–Como si fuera a perdonarme la vida por eso... –La chica habló más para sí misma que para Malfoy.

–No, pero a lo mejor si puedes sufrir una muerte rápida e indolora.

–Mira Malfoy, realmente no entiendo qué mosca te ha picado pero deberías hacernos un favor a ambos y marcharte. No voy a darte el gusto de contarte nada, así que puedes irte por donde has venido. Y te olvidas de lo más fundamental, no lo recuerdo. Así que aunque quisiera, nunca podría contarte nada.

Draco dio otro paso hacía ella y Hermione, esta vez percatándose de su cercanía, retrocedió hasta que su espalda se chocó contra la pared.

–Me niego a creer que no haya manera mágica posible de hacerte recordar.–Draco negó con la cabeza. –Tiene que haber algún hechizo o alguna poción. No te has hecho un olvido total, te has hecho un olvido selectivo, seguro que en algún resquicio de tu mente que tu ni siquiera conoces pudo encontrar algo de lo que tirar.

–¿Por qué te importa tanto? Deberías estar muy contento, en menos de 24 horas habrá una sangre sucia menos en el mundo.

–En mi vida he conocido a nadie con tan poco sentido de la auto preservación con tú.-respondió el incapaz de entenderla.

–¿De verdad no tienes nada mejor que hacer? Pansy va a empezar a ponerse celosa.

–¿Qué coño dices?

–¡Qué pasas más tiempo en esta celda que con ella!–exclamó Hermione.–¡Y estoy cansada de que vengas por aquí!

–Me importa un bledo–siseó él entre dientes. –Vendré cuando me dé la gana, y no creo que mi presencia te moleste tanto si luego lloras mi muerte en tus sueños.

–¿Qué?–la chica le miró atónita. ¿Cómo podía saber eso?

–Ayer, cuando te toqué, lo vi. –explicó Malfoy con una sonrisa petulante.

–No sé de qué estás hablando.–aseguró ella rápidamente.

–¿Alguna vez te han dicho que mientes de pena?–Draco preguntó acercándose a ella.

–¿Alguna vez te han dicho que eres despreciable?–contestó ella.

–Si.–asintió. –Tú. Un millón de veces.

–Al parecer no son suficientes para que me dejes en paz. –Hermione se escabulló por su derecha. La cercanía con el mortifago la ponía nerviosa.

–¿Por qué tendría que dejarte en paz?–Draco giró sobre sus talones. –Eres mi prisionera.

Hermione no contestó.

–En tu sueño. ¿Qué pasó antes?,¿por qué estaba muerto?–Draco la miró expectante.

–¿Por qué te importa tanto? Es solo un sueño.

–Curiosidad, Granger. Me parece muy peculiar que me desprecies en voz alta y luego llores mi muerte.

–Claramente estar encerrada me está afectando mentalmente.–se excusó ella con rapidez. –No te lo creas tanto.

–¿Creérmelo?–A Draco se le escapó una carcajada. –Puedo tener a la mujer que quiera. No me lo tengo creído, es una realidad.

–¿Si? Pues no sé que haces perdiendo el tiempo con la única que te desprecia.

–Si me despreciaras tanto como dices, no soñarías conmigo.

A Hermione se le heló la sangre y se quedó paralizada unos instantes. No tenía fuerzas ni ganas de responderle. Tenía la sensación de estar atrapada con el rubio en una espiral infinita.

–Piensa lo que quieras, Malfoy. Me da exactamente igual, pero por favor vete ya.–pidió Hermione sin ganas. –No creo que esta discusión nos lleve a ninguna parte, por lo que agradecería que te marcharas y me dejaras disfrutar de mi último día en soledad.

Las tripas de Draco se retorcieron ante sus palabras y, por primera vez en mucho tiempo, se sintió incómodo. Había estado tan enfrascado en la discusión que, por un segundo, se le había olvidado que tenía menos de un día para hacerla entrar en razón.

–¿Por qué te empeñas en poner las cosas tan difíciles, Granger?–preguntó Malfoy fuera de sí.

–¿Yo? Eres tú el que se empeña en complicarlo todo. ¡Lárgate y vuelve mañana, cuando esté muerta!–gritó ella notando como acudían las lágrimas a sus ojos.

La visión del cuerpo inerte de la chica en el lago de Hogwarts, se coló en la mente de Draco como un fogonazo. Sin pensar en lo que hacía dio una zancada en su dirección y la aferró por los hombros. Ella trató de zafarse de su agarre instantáneamente, pero Malfoy era más fuerte que ella. Durante el forcejeo el jersey ya dado de sí, se le resbaló por el hombro y cuando la mano de Draco se posó sobre la piel de la chica, tuvo una visión que lo cambió todo.

Hasta aquí el capitulo de hoy. ¿Qué os parece? Se avecina un gran momento en esta historia :) Espero que os haya gustado, no os olvidéis de dejarme una review se agradece mucho ^^