AVENTURAS EN TOKIO

XLVI.

En páginas de internet y redes sociales de la Liga Universitaria, así como en breves noticias de las secciones deportivas de variados medios, quedó plasmado el explosivo debut de Misumi Nagisa. Sus nuevas compañeras y su entrenadora quedaron maravilladas al ver a la feroz atacante. De todo el equipo ella era la menos alta, pero bastante fuerte, ágil y resistente. No había manera de derribarla más de dos segundos antes de que la chica se levantara de nuevo, sin más daño que unos raspones en la piel al descubierto y algunos golpes.

Honoka estuvo ahí presente, en primera fila y cerca de la banca de las Archers. Las nuevas compañeras de Nagisa también encontraron agradable a la roomie de su novata, y su más grande fan por lo que comentaba la entrenadora. Estuvo presente en todos los partidos hasta el momento. Ésta vez Fujimura y Kimata no pudieron estar, ellos tenían su propio partido en otro estadio y nunca culparían a Honoka por preferir ir al partido de Nagisa.

¿El marcador final? favor de las visitantes. Nagisa metió dos de esos cuatro puntos, en el caso del segundo fue con un inesperado y veloz ataque segundos antes del silbatazo final, la novata del equipo se lanzó no como flecha, si no como una bala de cañón directo a la portería ajena. Todo el amor que Honoka le dio la noche anterior le ayudó mucho.

La victoria de su primer partido de la temporada puso muy contentas a las jugadoras mayores y a la entrenadora, Nagisa les demostró que no se habían equivocado al elegirla y sus nuevas compañeras la felicitaron de la más brusca y alegre manera posible. La entrenadora Matsudaira llevaría a todo el equipo a celebrar la victoria a un restaurante, las chicas solo tenían que ducharse y cambiarse por el jersey normal de la universidad. Honoka apenas tuvo tiempo de mencionar que se adelantaría a casa, no se lo permitieron. Ella no era la única persona cercana que fue a apoyar al equipo, había familiares y una que otra pareja romántica y todos entraron al autobús con las jugadoras directo a su restaurante favorito. Honoka terminó sentada al lado de Nagisa.

─Estaba pensando en que podría ser una molestia ─Honoka estaba asombrada de ver lo festivo que estaba el ambiente dentro del bus, todos mencionaban sobre el fantástico partido, varias presumían sus propios golpes o bien los que habían dado. Nagisa quedó con varios moretones en los brazos y algunos en las piernas. Eran como pequeñas medallas y Honoka las vio de esa manera también─, me alegra que no sea el caso.

─Y a mi me alegra que te dejaran venir también ─Nagisa estaba demasiado contenta. No le dolía nada en ese momento, estaba cansada pero no tan desgastada─. ¿Grabaste todo?

─Se lo transmití en vivo a Hikari ─Honoka se echó a reír de dulce manera─. Mira éste mensaje ─le dejó a Mipple-móvil en las manos. Hikari anotó que había transmitido el partido en la pantalla del Tako Café y todos los comensales vieron jugar a Nagisa. Y Akane no paró de presumirla ante propios y extraños luego de sus dos goles.

─¡Genial! ─sonrió cuando la propia Mipple cambió la pantalla a varias secciones de noticias que anunciaban la victoria de su equipo. Había un par de fotos bastante buenas de ella corriendo. Ya las había guardado─. Gracias, Mipple ─agradeció a la princesa en voz baja y luego se recargó en Honoka─. Me siento fantástica, Honoka.

─Me alegra saber eso ─por mero instinto, Honoka se acomodó con Nagisa. Dejó que ella se recostara por completo en sus piernas y le regaló una sonrisa. Por un momento parecieron olvidar que había unas dos decenas de personas más en el autobús además de ellas dos─. Lo hiciste fantástico, Nagisa, me siento muy orgullosa de ti ─y ganas no le faltaban de besarla, se contentó con acariciar su cabello en la parte frontal. Los mimos vendrían después cuando estuvieran a solas.

Ninguna de las dos notó las veloces miradas de las demás chicas del equipo y de la entrenadora, nadie mencionó nada al respecto pero sí intercambiaron algunas miradas. A ese par se le demarraba el amor por los dedos, solo hacía falta ponerles suficiente atención para percatarlo.

En el restaurante ya les tenían reservada la zona de bufete, las mesas servidas y bebidas de todas las variedades posibles. Algunas de las jugadoras ya tenían edad para beber, pero la gran mayoría no, entre éstas Nagisa, para ellas había sodas, té y jugo. Todos los equipos de la Gran T tenían sus sitios favoritos para comer luego de sus partidos. La celebración duraría unas horas solamente, tenían clases el día siguiente y varias de ellas aun tenían tareas sin terminar. Afortunadamente éste ya no era el caso de Nagisa.

Para las seis de la tarde ya estaban en casa. Comieron bastante en el restaurante y Honoka tenía suficiente para ese día, no tenía más espacio en el estómago pero Nagisa sí, así que se ofreció a cenarse los dos tazones de ramen de la noche. Aun tenía que trabajar, solo serían unas horas, así que se alistó. Estaba trabajando tanto como se comprometió en hacerlo. Por supuesto, no podía irse sin antes besar a su novia como era debido. Mepple y Mipple se hacían arrumacos solamente, así eran ellos. Mepple nunca dejaría ir sola a Nagisa, tenía que cuidar de ella.

─Ve con cuidado en las calles, ¿de acuerdo? ─era el consejo de siempre. Honoka sabía que Nagisa siempre tenía todas las precauciones al andar en su bicicleta, pero nunca estaba de más mencionarlo entre labios. Besó sus mejillas, su nariz y su mentón haciéndola reír.

─Lo tendré, y tú has algo de estiramiento cada treinta o cuarenta minutos, no quiero que te dañes la espalda ─Nagisa depositó dulces besos a lo largo de su cuello y luego le mordió la oreja, rió junto con ella─. Y prende todas las luces, me encanta cómo te ves con tus gafas, pero no queremos que los ojos se te cansen más.

─De acuerdo ─un profundo beso más y finalmente la soltó y le colocó el casco, ya tenía el resto del equipo protector puesto─. Que te vaya bien en las entregas.

─Y tú en tus trabajos pendientes ─hablaba de sus trabajos como freelance, oh, y esa impresora que estaba dentro de su caja junto a la puerta.

─¿Descansamos juntas en la tina cuando regreses?

─Me encanta esa idea.

Mepple se despidió de Mipple y el par finalmente salió, dejando al otro par en casa. Su tiempo libre era menos a comparación de antes, pero les gustaba lo que estaban haciendo. Se sentían felices por poder mantener su propio apartamento y sus propias actividades.

Nagisa tomó su bicicleta de la base del muro y fue directo a su trabajo cruzando la calle. Los ancianos le dieron la bienvenida y de inmediato le felicitaron por ganar el partido. Unos clientes les contaron sobre eso más temprano, habían visto las noticias en las redes sociales y reconocieron a Nagisa. Ésta recibió de buena gana los cumplidos y felicitaciones, no tuvo tiempo de más, llegó una notificación al móvil del local. Tenía que entregar a unas calles de ahí, así que se apresuró. Las entregas nunca eran tan lejos, la distancia más larga que había recorrido era de veinte minutos, era un edificio de oficinas donde los trabajadores continuamente trasnochaban. Esa sería una de esas noches, nada mal para comenzar el turno.

Por su lado, Honoka decidió comenzar con la reparación de la impresora. Había sufrido una caída en el peor momento posible, según contó su dueña, urgía un poco y hasta le pagó una parte por adelantado. Por fuera solo había sufrido una ruptura en la base, pero el mecanismo que deslizaba el papel estaba dañado. No tenía demasiada prisa con sus encargos de programación, podía dejarlos para más al rato. Se dedicó a la impresora el siguiente par de horas bajo la atenta vigilancia de Mipple, que le recordaba estirarse un poco cada tanto y beber agua, incluso le acercó una caja de pocky para que los comiera mientras trabajaba.

Honoka agradecía todos los cuidados de su pequeña compañera mágica.

El trabajo de ambas pasó con calma. Nagisa terminaba su turno cerca pasadas las diez de la noche, siempre ayudaba a los ancianos a cerrar y a limpiar antes de volver a su edificio al otro lado de la calle. Llevaba la cena como siempre y confiaba en que Honoka para esa hora ya habría terminado al menos esa impresora de la que le había platicado por la tarde, era la que urgía más al parecer. Desde que Nagisa comenzó su trabajo como repartidora de comida cenaban más tarde, pero siempre dormían alrededor de la medianoche y no era incómodo cenar tarde con el horario de sueño que tenían actualmente.

Su cena y el resto de su noche fue calmada, Nagisa necesitaba descansar y reponerse del partido de la mañana. Con besos y arrumacos después de ducharse y antes de dormir estaban bien por ese día, Honoka se dio el gusto de dejar que Nagisa descansara entre sus brazos y de cara a su pecho.

En la Gran T se supo de la victoria de las chicas de lacrosse. Durante los siguientes días tanto la rama de lacrosse como el grupo normal de estudios felicitaron a Nagisa por su fantástico inicio en la liga inter-universitaria. Chika, Fumiko y Kaede, que vieron el partido en el televisor del espacio comunal de los dormitorios, felicitaron a Nagisa por igual y prometieron alcanzarla para la siguiente prueba, entrenarían mucho. No era como si las fuera a dejar de ver, seguirían entrenando juntas, pero ahora la mayor parte de su entrenamiento sería en las filas equipo principal y eso la tenía francamente emocionada. La victoria en el primer partido tenía a todas con la moral hasta las nubes, eso era bueno. Tendrían otro partido la siguiente semana, debían prepararse y pulir sus estrategias.

El detalle de ser la novata del equipo hacía que las mayores siguieran poniendo más presión y fuerza en ella, y más al ver el potencial que tenía Nagisa y que podía mejorar aun más. No pensaban permitir que su novata durmiera en sus laureles como ya había ocurrido con otras tantas, pero ellas no conocían a Nagisa, no del todo. Nagisa no era del tipo que dejaba que las victorias la cegaran, siempre había sido muy humilde en ese aspecto y lo único que buscaba era divertirse jugando y mover su cuerpo porque era lo que le gustaba. Se lo tomaba en serio cuando era debido, pero a la hora de jugar simplemente se dejaba llevar y disfrutaba del juego.

─Nada mal, Misumi ─dijo la capitana apenas terminó el entrenamiento del día. Nagisa estaba recuperando el aliento, tumbada de espaldas en el césped. No podía permitirse lanzarle más flores por mucho que las mereciera─. Arriba, anda, a las duchas ─su entrenamiento era más intenso y riguroso pero terminaba treinta minutos antes a comparación de las chicas del equipo de reserva. Ellas usaban primero las duchas.

─A la orden, Capitana ─Nagisa estaba cansada pero siempre respondía con una sonrisa. Se puso de pie y se dirigió con el resto del equipo a los vestidores. En su camino se despidió de sus tres amigas con un movimiento de mano.

─Por cierto ─otra de las chicas se acercó a Nagisa. Ya varias habían comentado durante esos días sobre cierto algo que habían notado en su novata─. El siguiente partido jugaremos aquí en casa, invita a tu compañera de piso, ¿Yukishiro, verdad? ─Nagisa se las presentó luego de su partido debut durante la celebración.

─¿Uh? Sí, por supuesto que la invitaré ─sonrió de manera inmensa, brillante, al momento de decir eso. No podía decirles que siempre se sentía más animada al tener a Honoka en primera fila animándola. Sabía que llegaría un momento en que quizá caería un partido entre semana y ella no podría asistir, pero con que le diera amor una noche antes le bastaría. Y recordar eso último la hizo sonrojarse y reír por lo bajo. Había ciertos gestos que le eran imposibles de ocultar, no los percataba.

Y tampoco percató cuando las mayores se miraron entre sí. Ya en el vestidor todas se quitaron la ropa sucia, listas para una merecida ducha. Las otras jugadoras sabían que un punto importante en los equipos era que todas se sintieran cómodas y en confianza, de esa manera afianzarían mejor sus lazos y jugarían aun mejor, y su pequeña Nagisa tenía algo que sin duda se contenía de mencionar.

Pero era tan obvio que lo mejor era mencionarlo de una vez y tener a Nagisa cómoda con ellas.

Ya todas estaban en las regaderas. Hablaban, bromeaban, reían y contaban lo que iban a hacer el resto de ese día.

─Debes llegar pronto a tu casa, ¿verdad, Misumi? ─preguntó uno de las chicas, una alta defensa del equipo─. Siempre te vas con prisa.

Nagisa quería llegar pronto a casa para estar con la mujer que amaba, era todo. ─Sí, tengo tareas que no quiero dejar para más tarde. Mi trabajo de medio tiempo no me da mucho tiempo para repasar notas ─cuando no estaba haciendo una entrega ayudaba a limpiar y a lavar los platos. Y era todo lo que podía decir, no podía mencionar (como con sus amigas más cercanas) que llegando a casa comía junto con Honoka lo que ella le preparaba. No podía decir que hacían la tarea juntas y que antes de salir a su trabajo de entregas se quedaba en el sofá con Honoka simplemente abrazadas y dándose besos.

Amaba todos esos momentos, por eso quería llegar a su apartamento con su pareja, pero no podía decir nada de eso ante ellas.

─Saliste bastante responsable, Misumi ─dijo otra de las chicas con tono cómplice. Y no tardó en soltar el tiro, todas querían que Nagisa se sintiera cómoda. Nagisa y Yukishiro eran bastante discretas, debían admitirlo, pero había cosas que no escapaban a ciertos ojos─. Y bastante fiel, tu linda novia te espera en casa, ¿verdad?

Y todas esperaron la reacción de Nagisa.

─Sí, además Honoka siempre cocina algo para mi, me gusta comer con ella y ─y al darse cuenta que habló sin pensar, sintió como si una súbita fiebre le hubiera atacado el cuerpo completo. Tragó saliva y tartamudeó bastante─. ¡Digo! Me gusta estar en casa y tengo cada vez más tareas y...

─Está bien, Misumi, no tienes porqué ponerte nerviosa ─dijo otra de las chicas que estaba en la ducha de la esquina─. No eres la única con novia por aquí, ¿sabes?

─¿Eh? ─eso tomó por sorpresa a Nagisa─. ¿En serio?

─Totalmente en serio, por eso pudimos notar que tú y tu compañera de cuarto se quieren bastante ─respondió la capitana─. Somos un equipo ahora y es importante que confiemos entre nosotras, ¿verdad, chicas? ─y todas respondieron un "sí" al unísono─. Entre menos cosas tengas que callar, más sencillo será mejorar nuestro trabajo en equipo. Así que puedes decir lo que quieras, no tienes qué callar. Y tampoco le diremos de esto a todo mundo, quedará entre nosotras. Puedes estar tranquila.

Nagisa soltó un suspiro de alivio que no pasó desapercibido para nadie dentro de las duchas. Sonrió por lo bajo y sintió que su cuerpo se relajaba por completo. ─Gracias, chicas.

Y para entrar más en confianza, mientras terminaban de asearse comenzaron a contar quiénes tenían novio, quiénes estaban solteras y quiénes tenían novia, entre otras opciones. Había bastante variedad y Nagisa se sentía muy contenta en ese momento. Se lo tenía que contar a Honoka llegando a casa, se podría feliz también. Nagisa ya sabía los nombres de todas las mayores y para cuando terminaron de asearse, ya todas llamaban a su novata por su nombre de pila.

─Ve a casa y saluda a tu chica de nuestra parte, Nagisa, esperamos que venga al siguiente partido ─dijo la portera del equipo, una enorme chica con un cuerpo como para estar en el equipo de lucha.

─Ella vendrá, y les va a agradar mucho cuando la conozcan mejor, es algo reservada pero solo al principio ─contó Nagisa con alegría. Tomó su mochila─. ¡Hasta mañana! ─la mayoría del equipo se quedaban en los dormitorios, ella era de las pocas becadas que optaba por albergarse fuera de las instalaciones. Fue por su bicicleta al estacionamiento y se colocó el equipo. Mepple apareció en la canastilla, listo con su propio y lindo equipo de seguridad.

─Ellas son buenas chicas-mepo.

─Lo sé, Mepple. No me lo esperaba a decir verdad, pero... Pero tienen razón, esto de callar mucho no es cómodo. Tampoco puedo anunciarlo a los cuatro vientos como ellas dijeron, pero... Pero si puedo hablar libremente con ellas y con la entrenadora, estaré bien ─subió a su bicicleta y salió del sitio.

Mepple estaba por agregar algo, pero sintió la inequívoca señal de un mensaje. Se transformó en móvil dentro de la canastilla de la bicicleta. ─Honoka pregunta si quieres el curry con hamburguesa de pollo o de carne roja-mepo.

─¡Genial! Comeremos curry ─Nagisa ya se saboreaba la comida por adelantado─. Dile que quiero carne roja.

─¡Entendido-mepo!

Ahora Nagisa tenía más ganas de llegar a casa no solo para contarle que el equipo sabía de lo suyo, también por la deliciosa comida llena de amor que su amorosa novia estaba preparando para ella.