AVENTURAS EN TOKIO

XLVII.

Entre las muchas cosas que Honoka hacía trabajando en modalidad freelance en internet, además de la programación de software para diversos sitios, encontró algo interesante en el creciente mercado de los planos y diseños para impresoras 3D. Había de todo tipo, había de todo para todo y ella encontró su nicho en el diseño de piezas para aparatos electrónicos y mecánicos. Decidida, se hizo de un buen programa de modelado en 3D y aprovechó cada momento libre de sus tardes para aprender el arte de diseñar objetos en tres dimensiones. Y para ello también tuvo que conseguir su propia impresora 3D, compró una con parte del dinero de la paga mensual de su beca.

Tomando el ejemplo de muchos, primero ofreció diseños estándar gratis. Con el paso de las semanas y conforme mejoraba sus diseños, se dio la libertad de cobrar por diseños más trabajados y por aparatos completos, y también aceptar pedidos privados. Siendo Honoka una chica hambrienta de conocimiento, encontraba muy entretenidas las tardes diseñando piezas de mecanismos más complejos. Era un mercado muy competitivo, pero su única intención era hacer algo de dinero mientras aprendía más y más cosas.

El Tecnológico tenía impresoras 3D más sofisticadas, así que se apuntó a un taller sabatino dedicado al tema. Nagisa podía dar fe que su novia estaba increíblemente entretenida con todo lo que estaba aprendiendo.

Y una de esas noches fue que Nagisa encontró a Honoka sentada frente a su computadora, tan concentrada estaba que no percató que entró si no hasta saludarla. Y el escándalo del par de pequeños enamorados ayudó también.

─Ah, Nagisa, Mepple ─la chica sonrió en automático─. Bienvenidos ─no tuvo que levantarse de su sitio, Nagisa fue quien se acercó a ella para besar sus labios a manera de completar su amoroso saludo de costumbre─. ¿Te fue bien en el trabajo?

─Sí, no hubo incidentes y traje una nueva receta de ramen, a todos los clientes les encantó. A mi me gustó, espero que a ti también te guste ─Nagisa le mostró la caja que usaba para las entregas, ahí llevaba su cena─. Anda, cenemos mientras está caliente.

─Enseguida ─una sonriente Honoka guardó su trabajo y despejó la mesa. Le gustaba trabajar en el comedor. El par tenía un pacto de no meter nada del trabajo o estudios en el dormitorio. Mientras Nagisa estaba en el baño, Honoka acomodó la cena en la mesa─. ¿Ustedes cenarán con nosotras? ─preguntó Honoka a sus compañeros mágicos y estos negaron.

─Queremos comida de Ompu-mipo ─respondió la princesa y ambos volvieron a sus formas de móvil para poder ser alimentados por la aplicación de Ompu. Quedaron en su lado de la mesa cenando algo más ligero─. ¡Gracias! ─eso lo dijo junto con su Héroe y se dedicaron a cenar.

Minutos después, Nagisa salió del cuarto de baño ya refrescada y solo con ropa interior y su camiseta. Tomaría una ducha después de cenar. ─Listo, cenemos ─se sentó frente a Honoka, ambas dieron gracias por la comida y comenzaron a cenar─. Por cierto, Nao dice que va a poder estar en el partido del domingo ─comentó Nagisa con una sonrisa─. Ahora sí podré presentártela.

─Dices que siempre se va pronto a casa, ¿verdad? Tengo ganas de conocerla, por lo que me cuentas de ella, debe ser una chica muy simpática.

─¿Sabes? Tengo la extraña sensación de ella tiene algo con su amiga de la que te conté, Reika ─Nagisa siempre tuvo esa espina desde que las conoció─. Quizá sean más que amigas, me dan esa impresión.

Honoka soltó una pequeña risa. ─Siempre has sido una persona muy romántica, Nagisa, incluso en romances ajenos. ¿Qué te hace pensar que ellas son pareja?

─Cuando habla de ella tiene la misma cara que yo cuando pienso en ti ─fue la simple respuesta de Nagisa, sonrió al ver que Honoka reía de nuevo─. ¿Qué es gracioso, eh? ─y comió el trozo de verdura que ella se ofreció.

─Ahora tengo curiosidad por saber cómo es que estás consciente de tus propios gestos cuando piensas en mi ─Honoka estaba sinceramente sonrojada por esas palabras. Nagisa nunca fallaba en hacerla sentir amada con cualquier detalle por muy inesperado que fuera.

─Chika, Fumiko y Kaede me dicen que me pierdo y que pongo cara tonta cuando pienso en ti o hablo de ti ─dijo la jugadora con un gruñido─. Las chicas del equipo me dicen lo mismo. Y una vez mientras estaba pensando en ti cuando estaba en sanitario lavándome las manos, me vi al espejo y sí tenía un gesto muy perdido. Y Nao tiene el mismo gesto.

─Suficiente prueba de ello. Acepto tu teoría ─la científica sonrió─. ¿Vas a comprobarlo o te quedarás con la duda?

─Estoy tentada a preguntarle, pero no quiero parecer entrometida, no nos tenemos TANTA confianza ─coincidía poco con Nao por asuntos de clases y entrenamientos. Le agradaba mucho y le constaba que no le era molesta a la alta chica, pero todavía no se sentía con la confianza suficiente de preguntarle algo tan personal.

─Quizá si le das tu confianza primero, ella te dé la suya ─dijo luego de pasar otro bocado verduras. Era una receta vegetariana, le gustó─. Dar tu confianza es un riesgo, Nagisa, sobretodo con estos asuntos de romances ─romances prohibidos y señalados como inapropiados por su sociedad, claro─. No la conozco, pero... Por lo que me cuentas de ella, tengo la sensación de que podemos confiarle lo que sea. Solo lo siento.

─Yo también siento eso... Bueno, estarás en el partido de todos modos ─Nagisa sonrió, sería en domingo y Honoka tenía los domingos completamente libres─. Cuando la conozcas ya me dirás.

─Así que me dejas la misión de averiguarlo por ti, ¿verdad? ─rió la científica, Nagisa sonrió de manera amplia y traviesa─. Estás de suerte, también tengo curiosidad.

─¡Genial! Tratemos de pasar algo de tiempo con ella. Con suerte su amiga vendrá también. Su amiga en especial te caerá bien, usa palabras complicadas así como tú, hasta parece que hablan el mismo idioma ─la deportista rió un poco más. Aun le era sorprendente cómo siendo ellas dos tan distintas, eran capaces de amarse tanto. Ya averiguarían cómo eran las cosas con esas conocidas que se sentían más como viejas amigas.

Ese era su plan para el domingo, siguieron con su semana con la normalidad de costumbre.

Era viernes. Honoka estaba en su última clase en el taller. Estar en segundo año le daba la libertad de hacer más cosas fuera del temario académico. Luego de su pequeño vehículo de girasoles y lo que estaba aprendiendo a hacer con el diseño de partes mecánicas, comenzó a trabajar en un sistema vertical horticultor autónomo usando todo su conocimiento en mecánica, química y hasta electrónica. Algo casero, algo simple para la gente que vivía en espacios estrechos. Y vaya que Honoka había aprendido mucho sobre espacios gracias a que estuvo todo el año pasado viviendo en una caja de zapatos con otra persona y dos pequeñas criaturas más.

Ese era su nuevo proyecto y ya había hecho el escrito debido de introducción de su proyecto para presentarlo a su profesor. Con el visto bueno ya tenía oportunidad de poner manos a la obra en el taller. Su primera opción fueron flores, pero luego pensó en algo más... Práctico. Y por práctico se refería a comestible. Eligió tomates cherry y tomó las herramientas para comenzar a construir la base de la estructura.

Y una hora después estaba de nuevo en la enfermería. Tenía una cortada grande en el brazo izquierdo, en su bícep, producto de un accidente ajeno. No era profunda pero sí escandalosa. Un par de sus compañeros la llevaron a la enfermería de inmediato a pesar de que Honoka les dijo que podía ir por su cuenta. Ella estaba más calmada que los demás y nadie podía explicarse porqué, y ella tampoco podía explicarles que perdió mucho de su miedo luego de pelear contra la Oscuridad.

No tenía la intención de convertirse en una cliente frecuente de la enfermera, pero para sorpresa suya, la mujer apareció con alguien más. Y esa otra persona era la que se iba a encargar de ella, así lo decidió la enfermera luego de dar un primer vistazo a la lesión y confirmar que no era de gravedad.

─¿Puedes con esto, Kenjou? La lesión no requiere hospitalización como podrás ver, ¿te encargas? ─preguntó la experimentada enfermera a una chica bastante alta y con el cabello de un color rojo bastante intenso, todo mientras quitaba por completo la toalla de mano que la paciente se enredó en el brazo para minimizar un poco el sangrado. La pelirroja asintió, la enfermera sonrió a la estudiante─. ¿Otra vez por aquí, señorita Yukishiro?

─¿Qué puedo decir? ─Honoka rió un poco. En ese momento no le dolía nada─. Mejor un corte limpio en un brazo que algo más grave ─no le dolía nada en ese momento, debía confesarlo, pero sí sentía el brazo adormecido por culpa del sangrado. Le retiraron la bata de laboratorio, por suerte llevaba una blusa sin mangas así que la enfermera hizo un sencillo torniquete cerca del hombro y fue la pelirroja la que comenzó a encargarse de la revisión.

─¿Yukishiro, verdad? Soy Kenjou Akira, practicante de medicina. Un gusto conocerte ─se presentó la chica. Primero limpió la herida con agua oxigenada y gasas. A primera vista no había daño grave como bien dijo la enfermera, el daño fue en el músculo solamente. Sonrió─. Tienes suerte, no hay daño en ningún ligamento. ¿Puedes mover la mano? ¿Qué sucedió?

Honoka comenzó a mover los dedos y la mano en círculos. ─Puedo hacerlo, puedo mover mi mano. Y lo que pasó fue que un compañero dejó encendida una de las cortadoras, hizo un mal movimiento y se fue de espaldas contra la sierra, lo empujé y fue mi brazo el que rozó la máquina ─y miró a la pelirroja una vez más. Le dio una extraña sensación, una sensación que no era nueva, fue como cuando conoció a Tsubomi, Erika e Itsuki en la exposición de la Luna el verano pasado─. No tenemos Facultad de Medicina aquí.

─Lo sé. Estoy haciendo mi servicio de parte de la Facultad de Medicina de ésta misma universidad ─explicó la chica con una galante sonrisa que le salía bastante natural─. Llevo algunas semanas aquí y estaré el resto del año para cubrir las horas de práctica que me pide el programa.

Honoka era inmune a esa sonrisa gracias a su propio enamoramiento y a su distante personalidad, pero que no cayera en el hechizo de la pelirroja no quería decir que no admitiera y admirara que de verdad tenía un aire muy galante. Sonrió. ─Debes ser una estudiante muy aplicada para entrar a esa facultad en especial. Y para estar en servicio entonces debes ser de grado avanzado.

─Me faltan dos años aun para terminar la carrera ─respondió Akira con gesto risueño. Ya limpia la herida de cualquier partícula y desinfectada, le colocó un anestésico local en aerosol en la piel para poder cerrar y engrapar la herida con grapas adhesivas de última generación. Fue una herida bastante grande y hacía un tiempo que habían abandonado eso de coser la piel con aguja e hilo. Sabía hacerlo, sí, pero no era necesario y sería una pena dejar una marca fea en una piel tan linda. Eso pensó, le recordaba la piel de su querida Yukari de alguna manera─. ¿No te duele?

─No me dolía cuando llegué y ahora ya no siento la piel alrededor de la herida por culpa de la anestesia ─respondió Honoka con mucha propiedad, y era verdad─. Pero sí siento el resto de brazo un poco frío, es normal debido al sangrado.

─Así es, chica lista ─rió la futura doctora. Algo tenía esa chica que le agradaba y no sabía exactamente el porqué. Llevaba ya unas semanas ahí, ya había hablado con muchos alumnos y alumnas del Tecnológico. Las chicas en especial le trataban como estaba acostumbrada, admirándola quizá más de lo debido; no le molestaba. Pero algo que notó era que muchos tenían aires presuntuosos. No que algo debiera detenerlos de presumir por estar en el Tecnológico, eran genios que estaban destinados a hacer avanzar su país, pero tenían un algo la hacía negar ligeramente con la cabeza cada vez que se iban del consultorio.

La chica frente a ella se veía bastante lista, como todos ahí, con la diferencia que tenía un aura totalmente distinta. Más calmada, más suave, más... ¿Cómo explicarlo? Ninguna de sus más jóvenes amigas tenía una presencia como esa. Y ni qué decir de Yukari. Estuvo sonriente todo el tiempo, era como si ya la conociera.

─¿Crees que quede marca? ─preguntó Honoka de repente. Tardó todo ese tiempo en darse cuenta que la herida en verdad era grande, la más grande que se había hecho hasta el momento.

─¿Uh? No quiero darte falsas esperanzas, es posible que sí, la herida fue con un objeto de metal ─explicó Akira, su paciente parecía atribulada de repente, no asustada, más bien alterada por algo. Iba a mencionar algo al respecto, pero ella abrió la boca primero.

─Nagisa va a preocuparse mucho ─dijo más para sí misma que para la doctora, apretó los labios. No quería ni imaginarse el susto que debió llevarse Mipple, ella estaba en su bolsillo, pero el escándalo que se hizo por el accidente fue bastante. Se miró la ropa, vio su bata de laboratorio arruinada en una silla. Comenzó a sentirse mal pero por la preocupación que debía tener Mipple y por cómo se pondrían Nagisa y Mepple. Apretó los ojos, pero una cálida mano en su cabeza la hizo levantar la cara.

Akira conocía esos gestos, los había visto más de una vez, sobretodo en su hermana. Sonrió a su paciente sin dejar de darle cariños en su cabello. Un cabello muy suave, por cierto, y olía a lavanda, ese aroma predominaba más en ella que el de la sangre con la que se manchó.

─No quieres preocupar a esa persona que mencionas, ¿verdad? ─comentó a manera de retomar la conversación. Siguió cerrando la herida con las grapas.

─Es la persona más importante para mi, se va a asustar mucho cuando lo sepa ─y le iba a reñir, eso era seguro. Ahora sí estaba nerviosa. En su momento no lo pensó, no quería que su compañero saliera herido, su cuerpo se movió sin pensarlo. De haberse lastimado él, entonces hubiera tenido un daño grave en la espalda, incluso en los pulmones y todo sería un desastre en ese momento.

─Los accidentes pasan, evitaste que sucediera algo mucho más grave, eso es de admirarse ─mantuvo su sonrisa─. Y afortunadamente no te pasó nada grave. Sí, vas a preocupar a esa persona de la que me hablas, pero te aseguro que lo comprenderá ─por alguna razón desconocida podía decir esas palabras con mucha seguridad.

─Lo va a comprender, ella es la mejor ─dijo Honoka con una sonrisa y un sonrojo que no pudo ocultar─. Y también se va asustar.

Ya con la herida cerrada, la futura doctora colocó una venda alrededor. ─Trata de no mojarte mucho la herida, solo lávate con jabón neutro y no frotes mucho para que no se caigan las grapas. Te daré medicamento para evitar infección e inflamación, y unos analgésicos también. No te miento, esto va a doler cuando disminuya la adrenalina en tu sistema. De momento no debes hacer fuerza con el brazo izquierdo, ¿entendido? ─se sentó para escribir las instrucciones para su medicación. No sé si tengas cursos mañana o no, yo vengo hasta el lunes, pero la enfermera podrá encargarse si la herida llega a infectarse, que esperemos no suceda, ¿de acuerdo? Te daré a beber suero para que recuperes líquidos, tendrás que comer mucho en casa.

─Lo haré, entendido ─se miró de nuevo a sí misma mientras se sentaba, seguía ligeramente mareada, pero con el suero se sentiría mejor. Miró a la estudiante de medicina una vez más y sonrió. Ésta vez no se quedó callada─. ¿Sabes? Siento como si ya nos conociéramos.

─¡Justo eso pensaba! ─respondió la pelirroja de inmediato y con emoción─. Como si ya fuéramos amigas o algo así. No puedo explicarlo.

Mipple podía explicarlo, pero no era su trabajo hacerlo. Había muchas más guerreras legendarias cerca de las que podrían haber imaginado, esa chica era una de ellas. ¡Y por supuesto que se asustó por el accidente! Pero si Mepple y ella prestaban su poder y Nagisa se enlazaba a Honoka, entonces podrían ayudarla a curarse más pronto.

Akira le entregó la prescripción y las medicinas a Honoka, de hecho la hizo tomar una pastilla junto con el suero. Debía acabarse el medio litro de suero en ese momento.

─Aún no estás en condiciones de ir a casa ─no con la blusa y la falda manchadas de sangre─. ¿Usas transporte público, tienes automóvil o algo?

─Tomo el tren y camino cuatro calles hasta mi apartamento, Nagisa es mi compañera de cuarto ─y su pareja romántica, pero por mucho agrado que sintiera por la pelirroja, no podía soltar esa información de la nada.

─A menos que quieras quedarte un par de horas más aquí hasta recuperarte por completo ─y por el gesto que la chica puso, era claro que esa no era una opción─, podemos pedir un taxi ─y de nuevo ella frunció el ceño. Era de esperarse, todo mundo sabía que los taxis ahí era más costosos de lo debido─, o podemos decir que ya somos amigas y puedo llevarte a casa, tengo automóvil y también estoy por salir, ¿qué dices?

Honoka lo pensó dos segundos y abrió la boca, pero notó algo en la futura doctora que la hizo sonreír. ─Solo si la persona que te dio ese anillo no tendrá problema con ello ─señaló un anillo que colgaba de una cadena en el cuello ajeno.

Akira sonrió.