AVENTURAS EN TOKIO
XLVII. Anexo 3
─Déjame ver si entendí lo que hiciste. Atendiste a una linda estudiante en tu servicio, la llevaste a su casa y ─el "y" se remarcó más─, la llevaste a su casa en esa cafetera vieja que llamas automóvil. Y además le regalaste macarrones del último lote que te envié.
─Tenía unos en el auto, los llevo para comer en el camino ─dijo la voz risueña de Akira, estaba lista para dormir, era cerca de la medianoche de ese viernes. Ya tenía su pijama puesta y su diminuto compañero canino mágico saltaba en su cabeza.
Para Yukari era más temprano, siete horas más temprano para ser más exactos. Justo salía de su curso de confitería e iba camino a un apartamento que Ciel le consiguió por medio de Solaine, su ex-mentora. De hecho, seguía haciendo buenas migas con la repostera francesa y la misma Solaine presentó a Yukari con sus actuales profesores. Ventajas de ser una persona carismática y con un talento latente como el suyo.
─¿Y le gustaron? ─preguntó Yukari con una sonrisa recuperada. Su tonta cachorrita siempre le contaba de su día a día, pero prefería provocarla un poco más cuando hacían sus videollamadas de fin de semana, así al menos le veía la cara y los sonrojos y todos los gestos que le podía sacar con reproches juguetones─. Espero que sí o me enfadaré seriamente contigo.
─Le encantaron, dice que nunca había probado nada tan delicioso antes, y me comentó que ella no era muy asidua a los sabores dulces pero le encantaron tus macarrones ─y no pensaba pasar por alto un detalle que no le pasó desapercibido en su nueva amiga─. La cantidad de kira kiraru que produjo cuando comió el macarrón fue demasiado, brillaba mucho. Le regalé los que me quedaban en la caja para que los compartiera con su compañera de piso ─siguió contando la pelirroja. Su apartamento era bastante pequeño pero suficiente para ella, no necesitaba más y vivía sola─. ¿Sabes? Me dio la sensación como si ya la conociera. ¿Recuerdas cuando me contaste de ese evento de repostería hace seis meses? Sobre esa linda chica que mencionaste.
Yukari pronto comprendió a qué se refería Akira, sonrió y ella misma ya estaba en su propio apartamento, que sin duda era más cómodo, amplio y decente a comparación de donde vivía su Akira. Su minúsculo compañero felino salió del bolso y se dedicó a pasear por todo el sitio. Sonrió al ver al minino sin descuidar la llamada. ─Sí, esa linda chica Kanade y su simpática novia pianista.
─Me contaste que tenías esa sensación de familiaridad con ellas dos. Pues sentí lo mismo y ella me dijo que sintió lo mismo conmigo. Tu crees que...
─Estoy casi segura de ello, es como Chourou nos dijo, que había otras Pretty Cure inactivas en éste mundo. No nos dio muchos detalles, pero ─Yukari sonrió ampliamente─... ¿Te arriesgas a preguntarle a tu nueva amiga? Que soltara mucho kira kiraru es un buena pista. El par del que te conté también tenía una cantidad anormal de kira kiraru, lo noté cuando compartían su pastel.
─No sería mala idea preguntar, siempre y cuando tú le preguntes lo mismo a la siguiente persona que te dé esa misma sensación ─la pelirroja rió un poco─. Por cierto, ella notó el anillo, me dijo que esperaba que fuéramos muy felices y... Umm...
Yukari negó un poco con la cabeza. Tenía sus audífonos inalámbricos, podía seguir la conversación mientras seguía su rutina dentro de su apartamento. Normalmente mantenía su plática hasta que percibía que Akira estaba más dormida que despierta. Tenían una media hora más aproximadamente. ─Se lo dijiste, ¿verdad?
─Sí, y ella me contó lo mismo, que tiene algo con su compañera de piso, una estudiante de la Universidad Deportiva Takushoku.
─Me sorprende la increíble capacidad que tienes para que las personas confíen en ti ─la confitera soltó una linda risa que hizo a Akira sonreír, y no necesitaba verla para saber eso último. Conocía a Akira, de tener cola como en su forma de Cure Chocolat la estaría meneando en ese momento─. Deben ser esos aires caninos que tienes ─se dio unos momentos para lavarse la cara y las manos e ir a su pequeña cocina a prepararse algo para comer─. Entonces te topaste con alguien que potencialmente puede ser una de nosotras y además tiene por pareja a una chica. Justo como la pareja que yo conocí.
─Lo explicaste mucho mejor de lo que yo podría haberlo hecho ─Akira se acomodó de costado en su futón y dejó el teléfono a un lado, su compañero canino se hizo bolita en una parte de la almohada para dormir. Aun tenía un rato antes de caer dormida, a veces lo hacía a media conversación sin querer, pero eso nunca le había molestado a Yukari. Sus reproches de día siguiente solo eran en juego─. La seguiré viendo de todos modos, al menos hasta que complete mis horas de servicio, seguramente será por el resto del curso.
─Elegiste hacer el servicio ahí para tu currículo y conseguir un curso de química con referencias y puntos extras, muy listo de tu parte ─Yukari estaba consciente de que su linda pelirroja conseguiría la cura para su hermana sí o sí, y para poder estudiar farmacéutica apropiadamente, unos cursos de química no le vendrían mal. La conocía, su Akira era terca como mula, lo lograría de alguna manera─. Si sigues en contacto con ésta nueva amiga y su pareja, tienes que contarme, ahora estoy curiosa.
Ella ya le había platicado a Akira sobre la chica repostera. Fue en una exposición donde los padres de ésta chica habían sido cordialmente invitados. Los dueños del Lucky Spoon eran conocidos por sus sencillos pero deliciosos pasteles. Terminaron ahí gracias a unos contactos y llevaron a su hija, a quien orgullosamente nombraban como la siguiente en llevar la batuta de la pastelería cuando fuera el momento. Y los pasteles de la chica, sobre todo su pastel de fresa, fueron una sensación.
La sencillez era lo de menos, era un simple pastel de fresas y todos lo decían, pero tenía un algo que nadie ahí podía explicarse. Yukari sí sabía a qué se debía. Era un sabor dulce pero no empalagoso, era suave, era... Cálido. Solo así se lo podían explicar. Era imposible no sonreír luego del primer bocado. Yukari tuvo la oportunidad de probarlo, así que eso último le constaba. Además, sus pasteles tenían una cantidad anormal de kira kiraru, como los pasteles de Ichika. Yukari estuvo ahí acompañando a Solaine y presentando su propia confitería en el stand de la repostera.
Platicó con la chica, alguien de mucho carácter, por cierto. Y justo como se lo platicó a Akira, sintió esa familiaridad no solo con ella, si no con una chica que estaba acompañándola esa noche y que era hija de una famosa violinista y un reconocido director de orquesta japonés. Sabía de ambos. Justamente la joven pianista, de nombre Hibiki Houjou, se presentaría ahí mismo con su madre para amenizar el evento.
Y fue maravilloso. La misma Yukari vio el gesto de orgullo de la joven repostera cuando fue el número musical.
Eventualmente supo que el pastel de fresas era el favorito de la pianista, y entre plática y plática, supo que eran pareja y que Kanade siempre pensaba en su amada a la hora de hornear. No pensaba en nadie más que en su compañera y en su sonrisa, y dicha compañera se declaraba con orgullo la Fanática No. 1 de Minamino Kanade. Para el final de la noche intercambiaron números telefónicos y constantemente platicaba con ellas por mensajes de texto.
Ahora Akira era la que experimentaba eso y quería escuchar todo.
─La chica se llama Yukishiro Honoka, su compañera se llama Misumi Nagisa ─la pelirroja tenía una gran memoria a esas alturas─. Viven juntas, me mostró una foto de ella y créeme que me agradó con solo verla en foto. Está en la liga universitaria de lacrosse femenil. De hecho me invitó a su partido del domingo, y estoy tentada en ir.
─Ve, por favor, estoy segura que tú también estás curiosa con todo esto y quieres saber más.
─Lo estoy, no puedo engañarte ─Akira rió un poco y cambió de posición en la cama para no dormirse tan pronto─. Me dijo que el anillo era lindo y me preguntó si podía verlo de cerca. Le di permiso y vio tu nombre dentro del anillo, tu nombre es muy femenino y... Ella me dijo el resto, que vivía con su mejor amiga, que es su compañera y su novia. Y me dijo que algún día piensa darle un anillo a ella. Me preguntó si no tenía problema en saber que quizá no nos podríamos casar en Japón.
─No tiene que ser Japón, al menos no aún ─dijo Yukari con una sonrisa suave. Ella tenía el anillo en la mano, así se quitaba de encima a los que trataban de cortejarla. Y siendo "Akira" un nombre bastante neutral, todos daban por hecho que estaba comprometida con un prometedor joven que que estudiaba medicina en una prestigiosa universidad de Tokio. No había manera de competir con eso, según ellos. Y Yukari estaba de acuerdo, nada podía competir con su terca, comprometida y trabajadora Cure Chocolat─. Nosotras podemos hacer lo que queramos cuando queramos, Akira. Y nos casaremos donde tengamos oportunidad de hacerlo, así sea en el extranjero.
Akira sintió su cara arder por culpa de un rubor. Su sonrisa se hizo enorme y suspiró tan hondo que incluso Yukari le pudo escuchar. ─¿Vendrás en Verano, verdad?
─Sabes que sí. Nos las arreglaremos con los calendarios. No puedo dejarte con la correa suelta demasiado tiempo, no quiero que nadie te robe ─el tono de Yukari era jocoso, provocador en cierta medida─. Y menos por todas las admiradoras que dices que has juntado. Eres mía, no lo olvides.
─Nunca lo haría ─Akira suspiró y peinó con sus dedos los cabellos de su frente. Suspiró de nuevo─. Limpiaré bien mi apartamento cuando vengas ─rió.
─Si Miku supiera en qué condiciones vives, te reñiría bastante ─el tono de la confitera era claramente de decepción. Akira podía conseguir más, pero prefería lo mínimo con tal de tener más tiempo para estudiar, y por esa misma razón se alimentaba casi exclusivamente con ramen instantáneo, se ahorraba el tiempo de cocinar.
─¡No le digas, por favor, no quiero que me regañé!
─Créeme que le diré como vea un solo envase de ramen en tu mesa ─y era una promesa, no una amenaza. Y se refería a alguna próxima videollamada.
─Estoy comiendo mejor, te lo aseguro. No le digas nada ─rogó una vez más y pronto sonrió al escuchar una risa de su caprichosa gatita.
─De acuerdo, confiaré en tu palabra. Anda, sigue contándome de tu día antes de que te quedes dormida.
Y platicaron veinte minutos más antes de que Akira cabeceara de sueño por tercera y posiblemente última vez. Pudo darle las buenas noches a Yukari, no como en otras ocasiones.
