Un cerrojo & una llave


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Escucha por el micrófono que el petulante estudiante genio es llamado al estrado, Loki saca el aire en un bufido mientras ve al chico, con la barbilla erguida y ese aire de superioridad, Loki con un movimiento de su mano crea chispas en las escaleras por donde sube, el joven tropieza y cae de bruces en el estrado.

Hay risas por lo bajo, casi nadie se atreve a reírse a todo pulmón del engreído ese.

Loki mantiene su pose estoica mientras intenta disimular la risa y comprueba que el chico, que ahora se pone de pie, masculla su nombre casi como si quisiera escupirlo. Así que le agrada saber que el otro lo sabe.

Luego su nombre "Loki Strange" es mencionado, sube con la elegancia que le regalan sus largas piernas revestidas de un pantalón negro que le queda como segunda piel, jamás pasó por su mente ponerse la horrible ropa ceremonial de la universidad.

Desde que sube los escalones, mira a los ojos a su profesor. Loki no tiene que ser uno de los chicos más inteligentes de su generación (que vaya, lo es) para darse cuenta de que Bruce Banner se muere por llevárselo a la cama.

Toma el papel que el hombre le extiende, el joven no rompe el contacto visual en ningún momento. Le divierte ese profesor ¿Para qué negarlo? A veces Loki se pregunta qué tan triste debe ser su vida para cargar esas ojeras, esos pantalones que claramente no son de su talla y encima, permitirse ser tan obvio para mirarlo como si fuera lo más perfecto (que sí, casi lo es) sobre la faz de la tierra.

Es un cuarentón, obviamente divorciado por el tono dispar que figura en su dedo anular y encima de todo, es casi de su altura. A Loki no le gustan así. Por ello le sonríe con atrevido agradecimiento mientras finge pasar sus ojos a la hoja.

Sin embargo, Loki no puede evitar centrar demasiado su atención en el enorme "2° puesto" que está justo debajo de su nombre en el diploma. Aprieta los dientes y simula que no le interesa pasar junto al chico engreído y ver su "1er puesto" debajo de su nombre "Anthony Edward Stark" si nadie estuviese mirando, quemaría el dichoso papel.

Loki era un genio, con solo 20 años su investigación de apenas 6 meses, había recibido un premio pues había logrado sintetizar diferentes enzimas tóxicas de las serpientes para tratamientos efectivos en la epilepsia infantil. Lástima que el primer puesto era un ingeniero prodigioso con muchísimos recursos para presumir.

"Es solo un presuntuoso" "Sí, se cree la gran cosa, seguro es un virgen sin vida social" Loki escucha, no porque le interese, sino porque las chicas son muy escandalosas. Por supuesto que él es presuntuoso ¡Pero por favor! Si es perfecto. Los profesores miran por el rabillo del ojo, sabe que más de uno murmura cosas sobre la influencia de su padre adoptivo y el premio obtenido.

No le importaría vivir a la sombra de Sptehen Strange, es la verdad, lo que molesta es lo otro que se dice, que él solo fue recogido por lástima. Odia la lástima.

"Aunque es un tipo patético, todo lo que tiene es por la lástima de ese cirujano..."

Y Loki por fin se cansa.

Empieza por esa chica de trenzas pelirrojas que ha dicho aquello, su asiento sale despedido apenas un par de metros en el aire, la chica cae estrepitosamente sobre las compañeras de chisme a su lado, los gritos y las caras de desconcierto se intensifican cuando la fila entera de asientos comienza a salir volando como si algo debajo de ellos explotara.

"¡Evacúen con precaución!" grita uno de los sinodales de la larga mesa, a Loki le encanta como los adultos siempre quieren hacerse los sabios frente a los demás, mueve sus manos y crea una muy fina banda de cytorak, con la que da un fuerte latigazo a la mesa que lleva a todo el profesorado de espaldas contra el suelo.

Loki toma su diploma y lo parte a la mitad, arroja los pedazos a un costado y sale caminando con tranquilidad en medio de los demás estudiantes que corren buscando la salida mientras más explosiones se escuchan en diferentes lugares de la escuela.

Sí, Stephen no estaría nada orgulloso pues más de una vez le ha recalcado que la magia es para proteger la dimensión y otras muchas cosas parecidas, pero un poco de diversión no va a matar a nadie ¿No es cierto?

El grito de otra chica le martillea la cabeza.

Loki solo bufa.

Camina hacia la salida, avanza con calma hasta la parada del autobús. Mira el marco de vidrio con una publicidad sobre algo relacionado con rasuradoras, piensa en la que usa Stephen, tal vez sería un buen regalo de aniversario.

Luego una mano en su hombro le hace girar el rostro, los ojos con los que se encuentran lo obligan a fruncir el ceño.

— ¿Huyendo antes de que aparezca la policía y tal vez los bomberos?

— No hay forma de saber que yo lo hice.

Antonhy sonríe de lado, con él no es necesario fingir. Aunque Loki nunca ha dicho que es el hijo del Hechicero Supremo que se encarga de cuidar la realidad y que él, eventualmente, le acompañara como su igual, Tony Stark es un genio y más temprano que tarde dedujo que las inexplicables intoxicaciones en el comedor, las fugas masivas de agua en los baños y la ausencia, literalmente, inmediata de algunos profesores (que caían por un espacio negro 1 hora entera) se suscitaban en las fechas de examen de Loki o cuando este estaba demasiado enojado.

Y su enojo tenía nombre y apellido, Donald Blake.

— Aunque creo que exageraste esta vez.

— Es la ceremonia de fin de curso, ¿por qué tendría que medirme?

Loki saca su teléfono ignorando a su compañero quien menciona algo de graduación, futuro y esas cosas que a él no le interesan. Mientras esté con el Hechicero Supremo, todo puede irse por el mismo infierno. Remarca la última llamada y espera. Suena y suena, pero no hay voces del otro lado. Está por colgar la 5ta llamada cuando le contestan, Loki siente un nudo subirse a su garganta pese a las miles de conversaciones con él.

"¿Sucedió algo, Loki?"

Su voz por teléfono tiene un acento que le eriza la piel, entre suave y grave. Loki podría escucharle todo el día.

— He ganado mención honorífica, la ceremonia ya terminó.

En el fondo escucha mucho movimiento, desde el rechinido del metal hasta el golpeteo de puertas, tiene ganas de apartar el auricular de su oreja, pero se resiste.

"¡La ceremonia! Oh Loki, lo siento. Surgieron imprevistos en el hospital y yo... ¿Quieres que pase por ti y vamos a celebrar?"

El pelinegro se muerde el labio cuando siente que las palabras se le escaparán antes de pensarlas bien, inhala con cierta pesadez.

— Si estás...

Un estrépito y un par de gritos le rompen el tímpano, Loki frunce el ceño al escuchar un "¡Oh Dios mío! Lo he roto. ¿Crees que lo necesiten? No, no me respondas. Tengo que ir a casa de emergencia. ¿Me puedes hacer un favorcito?"

Hay otro movimiento de cosas, Loki está por colgar con la rabia subiendo por su garganta, pero escuchar la respiración tranquila de Stephen lo hacen olvidar su propósito.

"Donald necesita algo, una especie de emergencia. Perdóname. Te veo más tarde."

El sonido de la llamada al cortarse le cascabelea en la corva de su oreja, cierra los ojos un momento para evitar hacer una escena y patear el anuncio con la estúpida máquina de afeitar que piensa que le hará bien al estúpido de Stephen.

Loki Strange no tiene que ser mago (que lo es) para saber que su tutor está ocupado y espera que sea con el cráneo abierto de algún paciente y no con el estúpido de Donald Blake.

— Mmm ¿otra vez el amigo de tu padre?

— ¿Por qué diablos sigues aquí, Tony?

Loki guarda el teléfono y aprieta los puños mientras intenta calmar su respiración.

— Es viernes y cada viernes vamos al mismo lugar ¡Yo te llevo! ¿Lo ves? Por cosas como estas ese padre tuyo se preocupa, ya te lo ha dicho, consigue amigos.

Tony sonríe mientras se hecha la mochila, carísima de parís, sobre el hombro. Los bomberos se escuchan a la distancia. Mañana será noticia local.

— Pues Stephen tendrá que encontrar otros argumentos si pretende que ese idiota de Donald Blake y yo nos llevemos bien — Loki casi escupe el nombre del susodicho — Me parece inconcebible que insista tanto en que lo conozca, como si un idiota así pudiera agradarme.

Loki no va a decir el verdadero motivo. No.

— Podrías presentarme a mí — Tony sonríe con burla y Loki rueda los ojos — ¿Qué? Con eso te quitarías el mote de antisocial.

— Tu y yo no somos amigos — recalca el pelinegro haciendo un ir y venir de su dedo, Tony asiente — y aunque lo fuésemos ¿Crees que Stephen estaría menos preocupado si tú, un espiral de droga, sexo y alcohol que viaja hacia la autodestrucción, fuese mi amigo?

— Te recuerdo que vamos en la misma dirección — Antonhy suelta un suspiro con los ojos en blanco cuando su celular timbra.

— Y te recuerdo que nuestras motivaciones son tan distintas como el agua y el aceite, yo no voy porque quiero matarme joven por una sobredosis.

— Oh no no, el joven aquí presente va para olvidar a su amor platónico de años y años — Tony no le mira, su atención está en el celular, sin embargo Loki nota el mote burlesco y se arrepiente tanto de haber dejado que esa información se colara alguna vez de sus labios — Tan platónico y misterioso que por más atención que he puesto sigo sin saber quién es. Loki, de verdad, consigue una novia y olvídate del tema.

— Novio... no me van las rubias escandalosas como a ti.

Loki ve a lo lejos el camión, revisa la tarjeta del pasaje y se decide a marcharse sin Stark.

— Novio, lo que sea. Búscate otro que te saque esas penas que llevas en el rostro, hijo mío, la amargura te va a consumir antes de tus 25 ¡Y qué desperdicio! — Tony cierra el teléfono con la sonrisa de oreja mientras le hace la parada al autobús — y hazlo hoy, yo acabo de conseguir un pase libre al dormitorio de la despampanante rubia del departamento de derecho. ¡Tienes noche libre, Loki!

— Por favor, sólo ve y muérete.

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La gente creía que él era antisocial. Nada más lejos de la realidad, Loki disfruta ser el centro de atención como podría corroborar cualquier invitado a las fiestas de los viernes en el departamento de Erik Jordan, alias Killmonger.

No era la primera vez que se encontraba en esa posición, de cuatro, con la cara en el colchón, el culo bien parado, ahí en el centro del cuarto. Se mira las muñecas, atadas detrás de su espalda. Las cuerdas bajan por su vientre y hacen un nudo adorable al final de sus tobillos. A Loki le encanta ser el espectáculo privado para los invitados V.I.P. Le gustan las miradas, claro que sí, siente su cuerpo tensarse debajo del peso ajeno y su miembro palpitar ante la sensación de ser follado en público.

Y sí, todo era Jijiji y jajaja. Así son las fiestas con alcohol, sexo y drogas de por medio. Nada que no se haya visto venir. Loki va para perderse a sí mismo, por eso no suele prestar atención a nada y tampoco es capaz de prevenir lo que sucede después, porque sí, es aprendiz de Hechicero... no una maldita bruja.

Loki escucha los gritos de algunas mujeres, un descontrol total en la sala. "Se está muriendo" "Yo no tuve nada que ver" "Alguien haga algo", luego alaridos inentendibles, Erik al inicio no presta atención, le sigue follando. Su miembro palpita dentro suyo y las embestidas se aceleran ante los gritos, Loki cree que quiere terminar pronto.

Pero cuando los gritos se extienden por fuera del departamento y más voces se suman a los alaridos, Loki piensa que algo muy malo está pasando. "Recuéstalo, rápido. ¡No me cuestiones!"

Una voz grave irrumpe, él la escucha incluso en esa habitación. Antes de que pueda seguir procesando, la puerta del cuarto se abre de un portazo brutal, todos en el cuarto brincan, incluso Erik.

— ¡Es una sobredosis! Hay un alboroto afuera, vámonos.

Uno de los chicos llega con el sudor en la frente y los ojos desencajados. Erik palidece. Loki disimula una risita, nunca había visto a un negro pálido.

Luego, el resto, no le parece tan gracioso. Killmonger deja de apretarle las nalgas, le empuja contra la cama, sacando su miembro de un movimiento y, mientras se arregla el pantalón, corre fuera de la habitación seguido de todos los que se masturbaban con el espectáculo.

— ¡Bastardo! ¿Y yo qué?

Hay un griterío fuera del cuarto, Loki identifica las voces de señoras, seguramente vecinas cotillas, otros provienen de las chicas y algunos más bajos vienen de las gargantas de los infelices a los que les pareció buena idea tener una sobredosis justo ahora.

Pero esa voz gruesa se destaca por sobre las demás. "Está agresivo ¡No te acerques a él, estúpida! No quiero lastimarte, de verdad, pero no me dejas opción..."

Quisiera saber quién es. Y también quisiera huir, si pudiera.

Básicamente es un muñeco de carne. Amarrado casi hasta los dientes. Y, aunque mago, Loki solo sabia usar la magia de las manos, los hechizos de los mudras con los dedos. No había llegado al momento de hacer conjuros con los labios, Stephen se lo había prohibido "hasta que tuviera la edad suficiente".

Así que ir a que un sexual tipo le amarrara para follarlo era de sus fantasías privadas. Jamás pensó que la situación se le fuese a voltear en su contra. Se retuerce hasta que logra darse la vuelta, mirar la cama no va a ayudarle en nada, así que hace el esfuerzo por estirar su cuello y mirar más allá de la puerta, pero es inútil.

Apenas alcanza a visualizar a más personas correr por el estrecho pasillo, vienen de las otras habitaciones del departamento. Loki tiene miedo de quedarse solo en el mismo lugar que un cadáver por sobredosis.

No sabe qué va a pasar, no sabe si gritar o rodar debajo de la cama. Solo sabe que jamás se volverá a dejar follar por Erik Jordan. ¡Que le follen a él!

"Vas a quedarte ahí con él. ¡Ni una palabra! Su fiestesita provocó todo esto"

Nuevamente escucha la voz que hace que las piernas le tiemblen. ¿Quién diablos es? Porque por el tono usado hay dos cosas importantes: Grita muy fuerte y tiene un carácter de los mil demonios. Como si fuese una película de terror, escucha las pisadas lentas y duras que se acercan.

Traga en seco cuando le ve asomarse por la puerta del cuarto de Erik.

"Oh"

Exclama el tipo.

"Oh"

Exclama Loki que le imita y luego se reprime. Capta detalles rápidos, cabello rubio oscuro, cortados casi al ras en la nuca, ojos azules que le miran con sorpresa, desaliñado, aproximadamente cuarenta años. Agitado.

— ¡Por todos los dioses! ¿Te tienen secuestrado? — El pelinegro quiere reírse, pero lo soporta apenas dejando que el aire se le escape entre los labios, niega con la cabeza — ¿Qué clase de juventud es esta?

El rubio enarca una ceja y frunce el ceño. Loki no le cree la indignación, es evidente que un tipo de su calibre, a su edad, debió ser fiestas, drogas y sexo. El típico cliché norteamericano, si es rubio y tiene esa musculatura, era el chico popular que lideraba el equipo de fútbol. ¡Que le corten un dedo si sus conjeturas fallan! Porque odia las personalidades cliché. Y con esa facilidad, Loki ha perdido cualquier interés en el rubio.

— Tal vez no me he juntado con las mejores personas, pero vamos. ¿Me puedes desatar?

—Esos amarres parecen de principiante. Lo sabes, ¿no? — El hombre se acerca hasta él y se sonríe. Loki tiene que parpadear. Es una sonrisa de lo más simpática en el mundo, un nudo se le arma en la garganta. Es decir ¿Quién puede tener una sonrisa como esa sin ser un playboy? ¿O un idiota? — Con lo que hacen en estas reuniones, yo bien podría entregarte a la policía que viene de camino.

Es un idiota, eso seguro.

Loki le mira desde la cama, odia mirar hacia arriba, pero más odia no poder descifrar las intenciones del robusto tipo. Además, mentiría si dijese que la idea de que Strange pase por él a una comisaría por problemas de drogas, no le aterroriza.

— Entraste a este departamento para hacerte el héroe — Al universitario le gusta ver como el hombre abre los ojos entre sorprendido y, tal vez, enojado — ¿Y no eres capaz de liberar a un chico de la mitad de tu tamaño, que ni siquiera va drogado?

— No sabía que a los jóvenes les daba por retar a sus mayores — El rubio se acerca y en un movimiento que Loki apenas distingue, pasa su mano por debajo de su espalda y su cadera. La piel cálida le estremece, pero no lo demuestra, cuando los dedos se aferran a su piel, Loki tiene que morderse los labios para no dejar salir ningún sonido, ni siquiera el que se genera con la sorpresa que le causa el que el médico le levante como a una pluma. — ¿Qué gano yo de sacarte de aquí?

Al universitario se le ocurren más de cien cosas para que el tipo se deje de estupideces y solo le desate, pero su agilidad mental se ve abruptamente cortada cuando las sirenas se escuchan a poca distancia. Un sudor frío le baja por la nuca. Están en el 6to piso, ¿Cuánto tardarán en llegar los de la DEA y quien sabe cuántos más oficiales?

— Haré lo que quieras.

El chico alza la mirada, el olor del shampoo le inunda las fosas nasales, está tan cerca que se ve en los ojos del rubio.

— ¿Seguro? Podría ser un tipo más enfermo que el que te amarró y te dejó en la escena de un crimen.

Loki maldeciría por todos los dioses, de no ser porque las sirenas ya suenan debajo de ellos.

— Lo que quieras, grandote.

La risa del ojiazul hace que su cuerpo dé ligeros brinquitos y que su voz se le atornille en lo profundo del tímpano. Cuando los pasos se acercan al cuarto, el grandote toma la sábana que reposa en la cama y le envuelve con una destreza digna de admiración, Loki apenas se crispa. ¿Y si son los policías? Cuando escucha a una mujer, una señora, hablar tan rápido que resulta inteligible, se siente casi aliviado. "Doctor, doctor" repite ella.

— No los mueva, si puede traiga agua, si lo ve agresivo simplemente aléjese.

El hombre responde. Nuevamente la señora parlotea, ahora empieza a elevar la voz, pero Loki sigue sin saber qué mierdas dice.

— ¿Esto? — Replica el hombre mientras le mueve como a un muñeco — ¡Es un paciente! Una emergencia médica... con su permiso.

Y entonces el rubio comienza a caminar y, joder, cada zancada es enorme. La cabeza de Loki cuelga del antebrazo del hombre, sus ojos apenas enfocan fuera de la sábana. Jamás había sido transportado de esa manera, no que recuerde. El hombre es veloz, sale por el pasillo y cruza en nada el departamento. Loki es capaz de visualizar a 2 tipos con espuma en la boca, vigilados por un par de chicas. Luego a otro, tirado como un trapo sin más signo de sobredosis que un golpe rojo en la mejilla.

Muchas personas se aglutinan en la puerta del pequeño departamento, pero muy pocas se atreven a entrar, Loki las escucha hablar de la policía, de su tardanza, de su ineficiencia, también hablan de las juventudes perdidas, de los excesos, de la locura. A Loki le da igual, porque al mismo tiempo que escucha los pasos de la policía por las escaleras, siente el latigazo de su cuello al momento en que su cuerpo sin posibilidad de movimiento, es llevado como paquete resistente por las escaleras. Es un pum pum pum, cada escalón le dejará torticolis permanente.

Ese hombre realmente no tiene delicadeza.

No ve la puerta, pero escucha cuando se abre. Mira el suelo de madera y luego el sofá largo y color rojo en donde es casi arrojado. Cae de bruces, con la cara pegada al asiento acolchonado.

— ¡Así que eres médico! — Loki retuerce su cuerpo hasta que este está casi girando y permitiéndole mirar a su salvador o captor, si es que el tipo está loco como una cabra y decide amarrarlo a la cama o algo similar, el rubio asiente y se aproxima hasta la orilla del sofá para sentarse a su lado. — Si no fuera porque vi lo que hiciste, pensaría que, a tu edad, ya no estás para resistir estas sorpresas de la vida.

— ¡Y eso que no me has visto en verdadera acción! — El doctor mueve sus puños como si diera golpes mientras le mira con esos ojos azules que de verdad son profundos, Loki siente que la sangre empieza a subir por su cuello, el médico detiene sus movimientos en el aire y parpadea un par de veces antes de abrir la boca sorprendido — ¡Me refiero a la sala de emergencias! ¡Verme en la sala de...!

El universitario percibe como la mirada azul se desliza por su cuello y se pierde bajando por su cadera. Loki no quiere mirar porque ni siquiera es capaz de saber si tiene o no una erección y no quiere ser obvio. Frota sus piernas una con la otra, ve que la cara del médico se torna roja y que traga con pesadez. Strange quiere jugar más, se mueve hasta poner su rostro en las piernas del rubio.

— Yo no había pensado en ninguna otra cosa, doctor — Sus ojos verdes le miran entrecerrados, Loki es más que consciente de lo que logra con esa mirada y está seguro que con este hombre no tiene por qué ser diferente. Sí, es mayor a sus ligues habituales, pero si puede seducirlo, será una prueba de fuego para el verdaderamente importante... ¡Cosas importantes! — ¡Oh mi Dios! Dejé mi mochila en ese lugar.

El ojiazul abre la boca, pero no puede decir nada. Frunce el ceño, pensativo. Loki siente que es la primera vez que usa sus neuronas. Se pone de pie, empujando con su fuerza su rostro y dejando su cara volver a caer sobre el asiento.

— Tengo que regresar, tendrás que esperarme aquí —. Loki no quiere, pero las cuerdas definitivamente no van a ceder a sus jaloneos y el malvado médico seguro solo está jugando con él. Así que asiente con disgusto. — Regreso a desatarte...

— Es verde, joder ¡No metas la pata! Debe estar en el mismo cuarto...

Cuando el doctor sale del departamento, Loki escruta el lugar con la mirada. Pocas personas conseguían ocultarle su naturaleza a primera vista y jamás, estando dentro de la casa de alguien, había sido incapaz de leer más que lo evidente. El hombre no tenía nada escrito en esas cuatro paredes.

Ni diplomas, ni reconocimientos. Cosas normales en casas de doctores, por lo menos en la suya era lo más natural. Además del sofá y la mesita de centro color mármol con unos recibos del gas y la luz sin nombre, Loki aprecia el pequeño librero a su derecha. Libros de medicina eran los únicos visibles, haciendo evidente que el tipo era cardiólogo por los específicos títulos y que fuera de las lecturas académicas, el rubio no gozaba del gusto por otro tipo de literatura. A Loki no le sorprende el hallazgo, como dijo, es evidente. Tampoco hay fotografías, ni nada que huela a hogar. Limpio, sí. Pero vacío. Un peso en su pecho le incomoda, él no suele ser sentimental y ahora mismo la atmósfera le huele a soledad.

Al otro lado aprecia la puerta que seguro dirige a la habitación del hombre, frente se encuentra la escueta cocina y en el fondo de un pasillo estrecho, el baño. Una organización muy similar al departamento del que acaba de salir. (Aunque tal vez la palabra salir no sea la más adecuada para lo que sucedió) y está claro, casado no es. ¿Divorciado?, ¿soltero?

Hay algo en la mesa de la cocina, pero su visión no es tan perfecta como para averiguarlo, estira su cuello, pero sigue sin ser visible. Mueve piernas, muñecas, las cuerdas ya cortan su piel, se retuerce y pasa lo peor, el movimiento lo saca del sillón y su cabeza golpea contra la estúpida mesa que no era solo color mármol.

Siente líquido que escurre por su frente, mira el suelo de madera y las gotas de sangre. Loki era inteligente, joder que sí. ¿Pero hábil?, joder que no. Se muerde el labio, no hay forma de salir con la integridad entera.

Gracias al cielo es un desconocido con el que no tendrá que volver a cruzarse ni en esta vida, ni en otra.

La puerta se abre.

"Oh"

Exclama el médico.

"Oh"

Repite el universitario.

Lo siguiente que sabe es que el fortachón le deja tirado mientras camina a la cocina llevando su mochila al hombro, Loki no protesta, hasta que ve el bisturí.

— Debes estar bromeando ¿No tienes unas tijeras como todo el mundo?

— Soy más hábil con esto.

Loki contiene la respiración mientras se concentra en su sangre que sigue goteando al suelo. Su piel fría sufre al contacto del fuego que es el enorme hombre. Las cuerdas de los tobillos se sueltan, el pelinegro vuelve a respirar. Luego, los fuertes brazos le ponen de pie. Loki es consciente de su tamaño, de su insignificancia, de su pequeñez. Se reprime "Él es muy grande, demasiado grande, demasiado caótico" se piensa. Pensarlo mucho le sienta bien.

Las manos vuelven a tener movilidad. Ambos se miran cuando las cuerdas caen al suelo. Loki quiere entender esos ojos, quiere entender qué mierda hace él ahí, ahora, en vez de con la policía. Quiere entender ese cuarto vacío, quiere entender por qué siente el corazón inquieto. "Huye" es su mente que le habla "huye" es la palabra que se repite. Y más que nadie, quiere entender por qué.

— Sigues desnudo.

Loki no entiende. Pero la voz, como caricia, le repta por la piel. El instinto, tal vez, le hacen cubrir su desnudez. Loki no lo haría antes, ama ser el espectáculo, pero aquí, ahora, una sensación de pudor lo atrapa descuidado.

— Dime algo que no sepa, doctor.

— ¿Que sangras?

— Eso también lo sé ¿Vas a quedarte ahí parado cuando tienes un herido frente a tus ojos?

El cardiólogo sonríe, es una sonrisa tan sincera que Loki piensa que es falsa. Las manos de él se posan en sus hombros y le empujan a sentarse, se da media vuelta y se encamina hasta su habitación.

— Primero te traeré algo de ropa — Al parecer, toma lo primero que hay en la cama, porque vuelve de inmediato con una playera y un short deportivo — Es lo más pequeño que tengo así que tendrás que conformarte.

Al joven le molesta su propio pudor, así que se enfrenta a ello colocándose la ropa frente a los ojos azules más intensos que ha... los ha visto antes. En un sueño, tal vez. Son azules, como los de esa persona que aparece en sus pesadillas ¿Pero cuántos hombres tienen los ojos azules? Millones. No vale la pena preocuparse ahora.

Antes de que se dé cuenta, el médico se sienta en el sofá e indica con la palma de su mano el asiento de al lado. Loki frunce el entrecejo, pero al ver las gasas y una botella de agua, acepta. La playera roja es el doble de su tamaño, así que la sujeta al momento de sentarse, luego, sin preverlo, tiene tan cerca al cardiólogo que por impulso se echa hacia atrás.

— Es agua, nada que arda. Solo para limpiar la sangre.

Loki asiente, tranquilo de que el hombre no note su nerviosismo que ni siquiera él mismo es capaz de comprender. Lo siguiente que sabe es que él es demasiado. Sus manos pesadas, sus dedos largos, sus ojos de mar, su sonrisa cálida y vacía. Todo tan cerca, mirándole atento, viéndole más allá de lo que se debe ver. Su pecho se comprime hasta que le termina de poner la gasa.

— Supongo que sí te creo, eres un médico.

El universitario sonríe y se aleja al verle terminar su tarea.

— ¿Lo seguías dudando después de lo que hice en su fiestesita?

El médico se levanta y se encamina hacia la cocina, por inercia Loki le sigue. La espalda del hombre es ancha, musculosa incluso debajo de la playera gris. No en exceso, pero tal vez demasiado para un doctor. Él se gira y le ofrece un vaso de agua, Loki hace un mohín antes de inspeccionar rápido la cocina y averiguar que, además de agua, no hay más comestibles. Como guiado por una fuerza más impropia que sus modales, abre el refrigerador y solo una cerveza hasta el fondo le da la bienvenida.

— ¿Por qué no hay nada en este lugar?

— Mi vida transcurre en el hospital.

¡Esa maldita frase! Loki ha perdido la cuenta de las veces que le han dicho lo mismo. Exactamente lo mismo, en un segundo, la ira le nubla el juicio.

— ¿Acaso todos los doctores padecen la misma enfermedad? ¿Les es imposible construir una relación fuera de esas malditas paredes que huelen a muerte?

El rubio se gira, Loki tiene un impulso y es un impulso violento que se convierte en dos golpes de puños justo en el pecho. El médico le mira con los ojos como platos, le toma de las muñecas y de pronto el pelinegro es consciente de lo que acaba de hacer, así que simplemente baja sus manos.

— Suena que tienes algo guardado —. Loki se suelta del agarre del hombre, lo hizo con mucha fuerza esperando encontrar resistencia, pero al no haberla, su ademán se ve exagerado. Incluso para él, que, dicho sea de paso, no se consideraba una Drama Queen. Así que jala una de las 4 sillas de madera y se deja caer en el duro asiento, lleva su cara a la mesa. A su lado, su salvador le imita, recostando la otra mejilla sobre la mesa y viéndole desde tan cerca — No es fácil tener relaciones cuando tienes casi 40 y eres doctor ¿Sabes? No es como a los 20, en que quieres probar, experimentar, divertirte... no atarte a nadie. Bueno, tal vez tú sí —. Loki frunce el ceño y el rubio destensa todo poniendo uno de sus dedos entre sus cejas — Ahora simplemente buscas a alguien con quien compartir las tardes, con quien reír, con quien sentir que hay un hogar. Y eso es más difícil de encontrar ¿Entiendes?

— ¿Y si lo tuvieras frente a ti? — Al doctor se le borra la sonrisa, hay una curva en sus labios apenas visible y sus ojos pierde el brillo por un minuto, es una mueca que Loki no consigue descifrar, pero que jura la ha visto alguna vez, no quiere detenerse en eso así que prosigue — No todos los jóvenes buscamos loca diversión... a veces también queremos algo llamado hogar, amamos a alguien... alguien especial. Único.

Loki se endereza, lleva su cabeza hasta el respaldo y la echa hacia atrás, siente que las sienes le pulsan.

— ¿Y ese eres tú, el que estaba amarrado y follando con quien sabe quiénes?

— ¡Joder! ¿Tenías que sacarlo? No, eso es un intento desmedido de llamar su atención. ¿Has estado con alguien que por más esfuerzos no te mira cómo quieres que lo haga? ¡He hecho todo! Ser excelente, inteligente, admirable, envidiable. E intentado el acercamiento frontal, el sutil, el jalar y estirar. Nada. — Loki se lleva las manos a la cara, suelta un grito ahogado. No ha hablado de esto con nadie, se siente estúpido por hacerlo con un desconocido — Desde Stepehn entró a trabajar, la cosa empeoró. ¿Y sabes por qué? ¡Porque hizo un amigo! El estúpido Donald Blake y su "Mírenme, soy un idiota simpático" que no tiene la mínima gracia y que aún me hace preguntarme qué vio Stephen en él para convertirlo en su amigo y destinarle mi tiempo a él. Si ser bueno no funciona ¿Qué tal ser un completo desastre? ¿Qué tal dejarme follar en fiestas clandestinas y luego acabar en el departamento de un total extraño?

— Cálmate muchacho. Los celos no te pueden hacer tomar estas decisiones extremas. ¿Qué tal si ese Donald no es tan desagradable?

— ¿Disculpa? — Loki retira las manos de su cara, le mira con los ojos de que ha dicho una barbaridad y siente que él entiende porque parpadea anonadado y se endereza en su silla, mirando sus manos — No tengo que conocerlo para deducir que es solo un tipo que quiere hacerse el gracioso.

El rubio va a decir algo, cuando llaman a la puerta. La columna de Loki se tensa cuando al otro lado de la puerta se identifican como "La policía" igual que en los casos de la televisión. Y al ver los ojos azules desencajados sin saber qué hacer con él: un universitario con un golpe en la cabeza, marcas de cuerda en las muñecas y una playera dos veces su tamaño con las piernas casi desnudas... joder.

Loki se levanta y va hacia la puerta, pese a la mirada llena de terror de su mayor. Abre con un gesto de pausa, bosteza en el momento oportuno mientras se toma la playera y finge rascar su estómago, dejando visible la piel de su abdomen. Nota que los ojos del oficial no tienen jodida idea de dónde mirar.

— Oh oficial ¿Qué necesita de nosotros?

Un par de parpadeos después y un carraspeo de garganta, son suficientes para que Loki sepa que ha ganado esa ronda.

— ¿Es usted el médico que atendió el incidente del departamento del piso 6?

Desde la parte de atrás escucha al rubio contestar.

— Soy yo.

Cuando Loki le siente, el médico está a su lado con una sonrisa tonta y saludando de mano a los policías. Loki prefiere no quitarse del marco de la puerta donde ahora esta recargado, mientras estira su desnuda pierna hacia el fortachón.

— Necesitamos tomar su declaración, será rápido. — El policía es incapaz de dejar de mirar su nívea piel, porque Loki ha decidido frotarla contra la pierna de su salvador, el uniformado destensa los hombros mientras saca una pluma de su bolsillo y le señala sin mirarlo — ¿Y este joven?

— Puedo verme joven, pero el grandote aquí presente y yo estábamos pasándola muy bien antes de que llegara, oficial. ¿Ve esto? — Loki señala la gasa — Él tipo es intenso.

El policía frunce el ceño, detrás de él aparece otro uniformado y ambos les miran de abajo arriba.

— Sí, oficial. Acudí a la emergencia en el piso de abajo, pero tenía que regresar rápido para terminar lo que empecé.

Loki se gira a verlo a los ojos, porque estaba casi seguro que el tipo no sabría cómo reaccionar, sin embargo, sonríe y esa sonrisa convencería al mundo. Loki siente envidia y un deje de decepción, pensó en algún momento, que ese tipo no sería capaz de mentir. Por algo que le corre por las venas y es más fuerte que él, Loki termina por retarse a sí mismo a imprudencias que pongan a prueba la resistencia de otros.

El universitario enrosca su pierna detrás de la cadera del rubio, que se gira con una pizca de sorpresa, mueca que se intensifica cuando Loki se acerca hasta enredar sus brazos detrás de su cuello, los ojos azules están tan cerca suyo que se permite hipnotizar un momento y morderle el labio inferior, es carne caliente. El vaho de la respiración le provoca a sacar su lengua, su saliva humedece el labio superior del mayor, quien atrapa su labio inferior entre sus dientes, con la fuerza de quien desea arrancar el pedazo. Strange respinga un poco con sorpresa, pero cuando el ojiazul se separa y sella esa travesura con sus labios posados con delicadeza en los propios, Loki sonríe.

— Como sea, vamos al pasillo.

Loki siente como el cuerpo del mayor se separa y tiene la efímera sensación de que la pérdida es más grande de lo que aparenta.

El dueño del departamento sale por la puerta y a él le cuesta un tiempo entender qué acaba de hacer. El tipo le resulta atractivo, por los dioses que sí. Pero no fue ahí con la intención de seducirlo, ni tampoco de engañarle, al final le debía una grande. Y lo más importante, una sensación de incomodidad se había instalado en su pecho desde el momento 0 de su encuentro. Ese beso le generó sentimientos encontrados, como si quedarse entrelazados fuera la única opción viable y al mismo tiempo como si huir fuera lo único que quisiera realmente. Sacude la cabeza y se acerca a la cocina.

Después de buscar en cada alacena, Loki encuentra dos tazas y con un movimiento de su mano llena ambas de su mejor té, luego la puerta se abre. El tipo tiene una sonrisa nerviosa, pero apenas cierra la puerta detrás de él suelta una risa que, Loki podría jurar, movió el suelo. Se acerca hasta él con pasos veloces. Loki no sabe si el médico está feliz, preocupado o molesto...

— ¡Tienes que admitir que su cara fue lo mejor!

Exclama Loki antes de que el médico pueda decir algo y mientras se sienta en la silla y mueve el líquido de la taza con la única cuchara que encontró en la alacena.

— ¡Lo fue! ¡Lo fue! Sí que eres peligroso —El médico jala la silla con la fuerza de mil mares y se sienta apoyando los codos en la mesa y mirándole como se mira a algo realmente interesante, Loki, por un segundo se siente cohibido, pero le mira también — Preguntaron tu nombre, terminé inventándolo. ¿Eso es un crimen?

— Lo es, lo es. Uno muy severo — El pelinegro le da un sorbo a su té mientras imagina tantas situaciones que pudieron darse por esa locura. Cada una de ellas le eriza la piel de la emoción. Todo se pudo salir de control y ahora él estaría en una patrulla de no ser por el grandote. Cuando pasa sus ojos de la taza, al rubio, este mira su propio té y le da un sorbo para después soltar un suspiro de satisfacción, Loki siente que ha hecho un buen trabajo — No te diré mi nombre, si es lo que esperas.

El cardiólogo regresa la taza a la mesa, se gira a verlo y apoya su cara en la palma de sus manos.

— No lo esperaba.

— Bien, yo tampoco preguntaré el tuyo.

— Oh, soy insignificante, así que no te perderás de mucho.

Cuando lo dice una sonrisa se pinta en la comisura derecha de su boca, Loki siente que algo esconde, pero detesta jugar juegos donde no tiene el control.

— ¿Por qué me ayudaste?

Loki intenta descifrar por su propia cuenta qué empujó a un extraño a sacarle de una situación así ¿Su sentido del deber? ¿Su juramento hipocrático? ¿Tiene un hijo y pensó en él? ¿Y si está casado?

— Supongo que te enterarás en otro momento — Loki frunce el ceño, no quiere tener cuentas pendientes con nadie. Aunque tampoco es que se comprometiese a pagarlas, pero cuando alguien no pide nada a cambio, tiende a serle de desconfianza. El rubio que le sigue mirando parece notar su desconcierto así que sigue — Pero la compañía ha sido muy buena, te lo agradezco.

Los ojos que siguen fijos en los suyos reflejan cansancio y el suspiro que le acompaña incrementa la sensación. Un silencio se instala entre ambos, Loki desvía la mirada y vuelve a mirar el vacío departamento, la ventana parece la única conexión de ese hombre con el exterior y, aun así, parece que toda la luz que emana y que podría cegar, por momentos se apaga, se deja eclipsar por lo que calla.

— Serrure —. Los ojos azules que miraban al suelo ahora le enfocan a él, Loki también se atreve a sostener su mirada y siente que necesita decir más, no sabe si por ese hombre solitario o por él — No es mi nombre legal, fue mi nombre alguna vez. Antes de que él me adoptara, no es que me disguste mi nombre actual, es solo que... a veces extraño escucharlo.

—Es un nombre francés — La voz de él suena sorprendida y, por algo que descoloca al chico, culpable. Loki se limita a asentir — La persona de la que hablaste antes ¿Es la misma de la que hablas ahora? La persona más importante para ti.

— Lo es. Perdí a mis padres muy joven — Loki se muerde el labio para evitar que este lapsus de sinceridad se convierta en una confesión autobiográfica — Vivía sin vivir, él cambió todo eso. Pero no creo que podamos tener una relación más allá de la que él ha impuesto.

— Serrure, no sé dar consejos. Soy bastante torpe en lo que respecta a la vida sentimental — Loki siente que el corazón se oprime al escuchar el nombre que dejó de oír desde hace 8 años y las lágrimas se escapan de sus ojos sin previo aviso, lágrimas que le nublan la vista y cuando va a limpiarlas, su mano queda atrapada debajo del peso de la mano del hombre. Una mano cálida, gruesa, pesada. Tan pesada como el hierro. Tan suave como una pluma. Es caricia reconfortante en el dorso — Solo sé que vivir tiene sus consecuencias y por miedo, a veces somos incapaces de pelear por lo que queremos. Si tú no lo deseas, no tienes que estar solo.

Loki se estremece con las palabras, siente el pecho que se le perfora, inhala reteniendo las lágrimas y sonríe antes de apartar su mano.

— Gracias — Se levanta de la silla y toma su mochila — Supongo que tengo que volver a casa.

El grandote también se levanta y camina hasta la ventana, quita el seguro y la corre hacia arriba, dejando que el frío viento de la noche le cale los huesos.

— Le dije a los oficiales que te quedarías conmigo esta noche, pero ellos no tienen que saber que saldrás por las escaleras de emergencia.

Loki aprieta la correa de su mochila, mira los ojos azules y ruega porque él no le pida quedarse más tiempo. Aunque, en el fondo, desea que lo haga.

La incomodidad de su propio pensamiento le hace romper el contacto visual y acercarse a la ventana, hasta mirar hacia abajo y sentir un vértigo al que está acostumbrado cuando está en lugares altos.

— ¿Seguro que no moriré en el intento, querido doctor?

El doctor sonríe, pone una mano en su hombro y le empuja con suma delicadeza.

— Eres joven, no morirás. Pero si caes, yo te atenderé personalmente ¿Qué te parece?

Loki no mira, pero su voz le ronronea detrás de la oreja, en un impulso, el pelinegro se gira y, parándose sobre la punta de sus pies, atrae al enorme rubio y le planta un beso en la frente.

Luego baja los 6 pisos sin detenerse y al llegar a la calle vuelve su vista hacia arriba. La oscuridad solo le permiten distinguir la silueta remarcada por la luz que sale de la ventana. Loki no tiene que verle para saber que el doctor se despide de él con una sonrisa. Y Loki alza la mano en un gesto de despedida.

No quiere quedarse a entender por qué siente que ha ganado algo esta noche y que, pese a todo, ha decidido perderlo.

Pero Loki no se atormenta, está acostumbrado a renunciar.

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Camina las dos cuadras que separan su casa de la parada del autobús, abre la puerta para encontrarse con la oscuridad. No le importa, aunque el hueco en su pecho diga lo contrario. Se desplaza hasta su habitación, subiendo las inmensas escaleras con el ventanal más perfecto que ha visto en su vida y que, aún después de un año, sigue pareciéndole admirable.

Acomoda la mochila en su escritorio, revisa su closet y se coloca el pijama más sobrio que tiene, uno color verde olivo de pantalón y playera sin dibujo alguno. Se cerciora de que no haya nada fuera de lugar, revisa que el estéreo esté apagado y que la cama esté perfecta. Aún recuerda lo difícil que le resultó aprender a ser ordenado, pero lo logró y está orgulloso de eso.

Revisa la hora en el reloj que Stephen le regaló cuando cumplió 14 años, la verdad es que Loki quería un par de tenis que había visto, pero cuando recibió el presente, sintió que su tutor lo conocía mejor que él mismo.

El reloj en forma de runa celta marcaba unos minutos pasadas las 10 pm.

Loki piensa que es mejor ver algo en la sala de estar, puede que esta sea otra noche en que se encontrará solo. El chico recorre la madera de las escaleras del "Sanctum Sanctorum" y sus pensamientos viajan a cómo ha podido terminar en esa casa.

Cuando fue rescatado de la calle tenía 12 años y realmente le daba igual donde vivir, con que durmiese caliente le bastaba y sobraba. Pero Stephen nunca dejó de sorprenderlo, y cuando cumplió los 15 le reveló una verdad abrumadora. Era un mago, y no cualquiera, era el Hechicero Supremo, el encargado de proteger la realidad de su dimensión.

Loki pensó, aún con 15 años, que esto era el equivalente a lo que debió sentir Potter cuando le revelaron sus orígenes.

Y para él estuvo bien, Stephen podría ser un elfo y aún así, Loki le seguiría amando.

Sin embargo, en el último año las cosas habían cambiado radicalmente. Las largas horas charlando, las noches compartiendo películas y libros, las tardes aprendiendo magia, todo eso se había esfumado en un plumazo. Un buen día Stephen había decidido entrar a trabajar al hospital como en sus viejos tiempos y aunque a Loki le parecía inecesario, lo aceptó de buena gana.

No esperó, jamás, que un médico idiota le quitaría el poco tiempo a su lado. Pero no importaba que tantas excusas pensase para la situación, había un miedo intenso de haber sido descubierto o reemplazado.

¿Qué tal si Stephen se había dado cuenta que sus sentimientos no eran solo fraternales? ¿Qué tal si le estaba alejando a propósito para hacerle olvidar esos pensamientos? ¿Qué tal si Strange no tenía el valor de rechazarle?

Loki encoge sus piernas contra su pecho, ha perdido interés en todo lo demás, solo reconoce su corazón latir como loco ante la idea de perderlo todo. Porque sí, Stephen Strange era su todo. Se muerde el labio ante el abrupto sentimiento de abandono, una sensación que se había colado hasta lo profundo de su médula con cada promesa rota por el neurocirujano.

Antes de que Loki pueda permitirse ser abrazado por un carruaje de pensamientos negativos y catastróficos, la puerta se abre. La sombra que se ilumina con el contraluz del exterior le parece casi celestial. Stephen dobla su bata y la echa sobre su brazo, alza la mirada y Loki piensa que es lo más perfecto que sus ojos han visto.

— ¿Vas a mirar alguna película? Deberías encender la luz.

Loki prefiere hacerse un ovillo en el sillón, el corazón le ha dado un brinco y a veces tarda un poco en reponerse, escucha los pasos firmes pero lentos de su tutor, Stephen es un hombre fuerte, pero en calma. Es paz. La mano fría de él le acaricia los cabellos y se los acomoda detrás de la oreja, Loki tiene que respirar para evitar dar un salto por el tacto, tan suave, tan efímero.

Le mira desde el sillón, las canas que se asoman por los costados de su cabello y sus ojos azules como un cielo en calma. Por un momento piensa en la tormenta, en el mar revoloteando... en los ojos del hombre que conoció en la tarde. No hay punto de comparación.

Loki quiere un lugar para flotar, unas nubes para abrazar.

Loki huye de las tormentas, de los mares que lo pueden tragar.

— Sabes que prefiero la oscuridad.

— Vas a terminar por volverte vampiro un día de estos.

— ¿Me dejarás morder tu cuello?

Stephen suelta una risa entre los dientes y rompe el contacto visual, Loki siente que algo se estruja dentro. El mayor camina hasta la cocina para dejar su portafolio y buscar algo en el refrigerador, el universitario deja de seguirle con la mirada, se gira para encender el televisor y reproducir la película que quedó en el reproductor. Adam está ahí, con la pistola apuntando su pecho.

— ¿No te cansas de ella?

Exclama Strange mientras se sienta a su lado, Loki de inmediato se endereza y sonríe inevitablemente. El neurocirujano le pasa la bolsa de arándanos, él mete la mano y toma un puñado, Stephen de pronto se gira, Loki abre la boca y atrapa con su lengua el pequeño fruto que le fue lanzado.

— ¿No te cansas de ese jueguito?

— No me canso de ti, Locks.

Loki tiene que girar a ver el televisor, a veces quisiera ser lo suficiente valiente para atreverse a romper con esas palabras que le suenan a doble sentido y lo llenan de expectativas que bien podrían ser falsas.

— ¿Quién podría hacerlo?

Loki se acerca, ocultando sus nervios locos, y se queda recostado en el hombro de su mayor, el tacto, el olor, el brazo que le rodea. Loki podría morir ahí y no le importaría.

La noche sigue su curso, cuando las doce les toca la puerta, Loki sube las escaleras y sabe que su camino con Stephen se bifurca por los cuartos separados, de pronto la mano del hombre le detiene de seguir subiendo.

— Mañana puedo tomarme el día libre— Loki no disimula su alegría, con Stephen no hace falta hacerlo — Donald me debe un favor y se las arregló para conseguirme este tiempo.

— Por los dioses, al menos es útil para algo.

— ¿Cuándo me dejarás presentártelo?

— ¿Por qué insistes tanto en ello?

Loki se suelta del agarre de su hombro, Stephen frunce el ceño no en molestia, sino en preocupación. Loki se crispa cada que hace esa mueca, sigue sin comprender a dónde van las emociones de su mentor desde hace meses.

—Quisiera que conocieras a mis amigos y quisiera conocer a los tuyos.

— Todo esto, ¿es porque te preocupa mi falta de "amigos"?

Loki hace un mohín con los labios y frunce el ceño en clara molestia.

— Un poco — admite el Hechicero y deja de mirarle para prestarle atención al suelo — Pero no quiero presionarte, solo déjame presentarte a Donald, creo que eres un poco huraño al respecto y pienso que si le conoces te agradará.

— No me agrada, ni me agradará. Desde que le conoces estás extraño, a veces me evades, cada vez te veo menos y cuando lo hago no dejo de escuchar lo maravilloso que es ese dichoso amigo tuyo. Podrías estar salvando al mundo pero prefieres encerrarte en esas 4 paredes con un bobo —. El universitario le mira fijamente, Stephen tiene un rostro serio, Loki siente como se le hiela la nuca con esos ojos fríos. — Además, hoy hice una especie de amigo.

Stephen cambia la mueca, no es de alegría, pero el enojo se ha difuminado de sus pupilas y eso alivia hasta la médula al chico.

— ¿Me lo presentarás?

Loki asiente y Stephen le dedica una mirada de apoyo para luego darse la vuelta y dirigirse hasta su habitación. Para el estudiante es sencillo tirarse a la cama y acurrucarse hasta caer dormido, ha sido un día realmente largo.

Pierde la consciencia y cuando la recupera tiene sudor bajándole por todo el cuello y la asquerosa sensación de vértigo, de caer. Desde que tiene 12 hay sueños recurrentes que le hacen despertar de la misma manera una y otra vez.

Sin embargo, esta vez el sueño ha sido diferente al resto, en él por vez primera vio un niño, pelo negro, ojos verde intensos. No sabe si es él mismo, pero lo sintió tan cerca que pensó que podría serlo y detrás de él, otra vez el "Tronador de sueños" como él y Stephen le nombraron, sigue sin poder recordar su rostro al despertar, una maldición que ha durado desde siempre.

Siente como las arcadas le suben por la garganta, se levanta a tropezones y camina hasta la habitación de Stephen. Hace mucho que no lo hace, pero hoy el sueño ha sido demasiado intenso, le ha causado calambres por todo el cuerpo y una sensación permanente de malestar.

Entra sin tocar y la imagen que recibe le petrifica un momento. No hay nadie.

Loki se muerde el labio, siente lágrimas contenidas en las comisuras de sus ojos. Maldito Stephen. Ahora escapa de noche. ¿Se ha ido a cumplir su deber mágico sin siquiera avisarle?

No quiere volver a su habitación, así que elimina los escasos pasos desde la puerta y se entrega a la cama que huele al Hechicero. Toma una de las almohadas y la abraza escondiendo su rostro dentro de ella.

Los recuerdos del sueño lo persiguen aún. El niño corría por un prado de flores blancas, le miraba como se mira a lo más importante, pero Loki no era capaz de verse a sí mismo, era una consciencia flotante. El pequeño que bien podría ser él, corre hasta un hombre. Loki sabe que es el tronador, pero por más que intenta, su rostro se le difumina entre los recovecos de la memoria, le llamaron de esa forma porque en cada sueño, truenos acompañaban su presencia. En el sueño Loki parpadeó y de un momento a otro ambos desaparecieron de su vista, asustado, como si perdiera el sendero, la consciencia de sí mismo en el sueño se giró sin poder encontrar nada, cuando volvió la vista, la sensación de caer lo invadió. Lo único que apreciaba eran los ojos azules del tronador, la única característica física que podía remembrar, llenos de angustia, más jóvenes, con menos arrugas y menos experiencia que en otros sueños. Con menos dolor. Sin embargo, Loki siente que cae hacia la nada, sus ojos no dejan de mirar los del invasor de cada noche, luego no hay más. Fue despertar entre espasmos y calambres.

En su presente, Loki tiene la imagen difusa de la puerta abierta y por un momento, solo uno, le parece ver a Stephen levitar, luego el sueño lo vence sin remedio.

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Cuando despierta, siente el cuerpo agotado, por inercia se estira y al abrir los ojos recuerda que está en la cama de su benefactor, gira el rostro para encontrar el lado de la cama vacío, coloca su mano y la sábana sigue tibia. Loki se gira para apoyar la cara en la almohada del médico e inhala con suavidad el aroma de los cabellos del hombre que ama.

La pesadez de su corazón se desvanece un momento, Loki lleva años soñando con el día en que al despertar, tendrá los ojos (y tal vez las manos, ¿por qué no?) de Stephen sobre él, el día en que lo llegue a mirar como la persona con la que puede pasar el resto de su vida.

Luego escucha el timbre, no una vez, sino múltiples ocasiones sin pausa entre cada golpe al pobre botón. Loki no tiene que ser mago para adivinar que ese escándalo sacó a Stephen de la cama y da igual quien sea, tendrá que enfrentarse a su furia mañanera por arrancarle un preciado momento junto a él.

Baja apresurado las escaleras con solo su pijama puesto, cuando llega al recibidor la puerta ya está abierta y Stephen, pulcramente vestido, habla bajo sin darle paso al recién llegado. Loki sabe que su benefactor es un poco ácido, pero no suele dejar a nadie parado fuera de casa.

Cuando se acerca más escucha la conversación y la sangre le hierve.

— No Donald, le prometí que hoy estaría con él.

Loki abre la puerta de remplón, está harto de que ese médico de cuarta le quite la atención de Stephen y no va a arruinarle este día especial. Cuando Stephen da un respiro que se le atora en algún lado y no lo termina, Loki deja de mirarle y encara al hombre. Lo que ve lo frustra, le da comezón en la planta de los pies.

— Hola, Loki.

¿Hola? ¿Hola? Eso es lo que exclama el estúpido rubio parado frente a él, el estúpido rubio con su sonrisa perfecta que le llevó a su departamento ayer... ese maldito mentiroso.

— ¡No lo puedo creer!...tú.. tú, estúpido mentiroso.

— ¿Se conocen?

Loki tiembla ante la pregunta y los ojos curiosos de Stephen, antes de que pueda dar el portazo y darse media vuelta, el rubio empuja y entra a tropezones a la residencia ante la sorpresa de su benefactor que no entiende nada.

— Discúlpame, Loki. No era mi intención, sé que ayer debí decirlo, pero no tuve la oportunidad y sentí que tenía que venir a disculparme por eso.

Donald se acerca por detrás, es imposible que Loki no sienta su presencia cuando es tan abrumadora, cuando él intenta ponerle la mano en el hombro, Loki se aparta enfurecido y se gira a verle.

— No era necesario, no es que me importe tu falta de sinceridad.

— ¡Donald! ¿Puedes explicarme qué sucede?

El robusto hombre mira al suelo, parece avergonzado de su comportamiento

— ¿De verdad quieres saber?

En menos de un minuto esa pregunta desencadenó una secuencia de eventos que Loki no hubiera podido predecir. Ahora se encuentra con un plato lleno de hotcakes y tiene que observar como Donald traga como si no hubiera mañana, esparciendo las migajas por la mesa y casi tirando el café que Stephen preparó especial para él (En casa solo toman té) mientras disfruta contando una anécdota infumable sobre cómo se conocieron en la biblioteca de su universidad. Stephen finge que le cree, porque nadie, nadie podría creer semejante historia menos de los labios del, aparentemente, único rubio con un don para ser un estúpido.

— ¿Esa fue la emergencia de ayer? — pregunta Stephen mientras Donald asiente, Loki rueda los ojos, al menos es mejor que contar que lo encontró en un espectáculo sexual y de drogas, al final, muy en el fondo, Loki le agradece al estúpido rubio — Loki no mencionó nada.

— No le conté que sabía que era tu pupilo, no me dio la oportunidad cuando noté que no le caía nada bien ese tal Donald —El cardiólogo ríe. Stephen da un sorbo a su taza y Loki siente que los ojos del hechichero no se despegan de él por lo que intenta fingir que la conversación ni siquiera es con él. — Pero creo que fallé tremendamente a su confianza ¿Verdad, Loki?

— Para mí fue una conversación trivial, Donald. Me tiene sin cuidado.

Strange de pronto se levanta, tiene la sonrisa más rara que Loki le ha mirado alguna vez. Un escalofrío le baja por la columna cuando se encamina hasta la puerta y toma su bufanda colgada del perchero.

— Voy a salir un momento, me da gusto que se conozcan y creo que necesitan hablar de algunos asuntos.

— ¿Estás loco, Stephen? ¿Por qué tendría que hablar a solas con este idiota?

Loki se pone de pie y corre hasta la puerta para encararlo, la tristeza y el desconcierto lo sacan de su estado de equilibrio.

— Tal vez porque es mi amigo y odio que se lleven mal. Solo iré a la tienda y de ahí pasaremos el día juntos, Locks — Su tutor se gira y pone ambas manos sobre sus hombros, por un momento Loki no entiende la mirada de tristeza profunda que se cimbra en los ojos oscuros y profundos de Stephen, un nudo se forma en su garganta, siente que debe decir algo, quiere implorar un "No te vayas" pero no puede. No entiende esa emoción ni qué es tan burbujeante en su interior — Es necesario, pero su pudiera, nunca te dejaría.

Él se gira y sale sin darle si quiera el tiempo para reaccionar. ¿Qué está pasando? Loki voltea a mirar a Donald que continúa masticando los hotcakes.

— No puedo creer que tú, tremendo neandertal, seas tan importante para que Stephen insista en que nos llevemos mejor.

Donald deja de comer, alza los ojos desconcertado como apenas dándose cuenta que su amigo los ha dejado, parpadea un poco confundido antes de retirarse los restos de comida de las comisuras de los labios, luego le sonríe y Loki siente que está viendo el molesto Sol que entra por las rendijas de la ventana los domingos demasiado temprano por las mañanas.

— ¡Oh vamos! Si todo este asunto de "Odio a Donald" son tus celos hablando. — La columna del universitario se tensa, frunce el ceño y empieza a subir las escaleras para encerrarse en su habitación, le da igual Donald mentiroso Blake. — Aunque está bien, no te preocupes ¡No le diré a nadie de tu amor prohibido!

Loki tiene que detenerse a la mitad de las escaleras para girar a verle con los ojos más llenos de ira que puede crear. Donald le ha seguido desde la cocina y le mira desde lo bajo con la sonrisa aún a flor de piel.

— ¿A cambio de qué?

Donald, con su imponente físico, acorta la distancia caminando por los anchos escalones que retumban bajo sus pies.

— No fui sincero contigo ayer, Loki — Donald hace un intento en vano de tomarle las manos, porque él las retira a una velocidad de rayo — Pero tú lo fuiste conmigo, abriste tu corazón y me sentí tan sucio por escuchar tus secretos escondiendo los míos. No pienso volverte a mentir, jamás.

— ¡Me da igual, Donald!

Loki quiere huir cuando los fuertes brazos del hombre le retienen, ha sujetado su cuello y de pronto una de sus manos pasa por detrás de su nuca.

— Vine porque te fallé, sí. Pero también vine porque, cuando te fuiste, descubrí algo... algo demasiado importante e increíble. Ni siquiera sé por dónde comenzar, necesito que me escuches— Los dedos tan grandes, tan cálidos, se aferran a esa parte desnuda de su cuello, Loki siente que cada vello en su cuerpo se eriza ante el tacto, una descarga le recorre todo el cuerpo en una sensación indescriptible y necesita huir. De forma irracional su cuerpo le exige escapar — Sé que lo que voy a decirte puede sonar como una total locura, pero no puedo callarlo, hermano.

Donald sonríe. Pero Loki no puede, su cuerpo intenta escapar pero cuando Donald le toma por la muñeca para retenerlo, una energía verde sale de su cuerpo y arroja a Donald escaleras abajo. Los ojos del rubio están abiertos con sorpresa, pero el más asustado es Loki.

Esa no es su magia usual, corre tan rápido que se desconoce. Su mente no recuerda, pero su cuerpo está haciéndolo. Es hombre ha estado en su vida antes, en algún lugar, diciendo algo increíblemente parecido. Tocándole así.

¿Quién es él? ¿Por qué su cuerpo le exige escapar? ¿De dónde ha venido esa magia?

En vez de que sus pasos lo guíen a su habitación, los pasos y los gritos de Donald aceleran su corazón y le nublan la mente, quiere escapar de esa vida. Hay un terror que viaja por sus venas y es ciego. Sus pasos lo llevan a la ventana del último piso y le exigen saltar. Una sensación abrumadora le hace perder la consciencia.

Solo siente culpa, un dolor le desgarra el pecho. Hay múltiples imágenes viajando en su mente, son los sueños recurrentes, mezclados sin cuidado. Memorias que no son suyas, deseos de otra vida, culpas de otra alma. Y solo quiere morir, ya no sabe quién es. Cuando recobra la consciencia es por un grito. Su cuerpo cuelga desde una de las ventanas.

— ¡Por favor, Serrure! ¡Reacciona!

Él es Serrure. Y Serrure quiere vivir.

Lo siguiente que sabe Loki es que Donald lo tiene sostenido por la muñeca y le mira como si el mundo se fuera entre sus manos. El rubio se desploma y ambos caen.

Serrure se mira en los ojos del hombre y ahora lo sabe. Donald es el hombre de sus sueños.

Piensa en la muerte. Recuerda que él ya ha caído al vacío.

Pero cuando abre los ojos está al pie de las escaleras de su hogar, hay un portal encima de él con color a fuego que le muestra el cielo. Donald está a su lado y Loki alza los ojos para ver a Stephen levitar con los ojos más triste que ha visto alguna vez.

— Parece que ya lo has descubierto, Loki.

Loki aprieta los ojos, no es quien cree que es.

Y Stephen le ha mentido descaradamente.