AVENTURAS EN TOKIO
LI.
Nagisa abrió los ojos luego de un rato, se había quedado dormida por culpa de la calidez del kotatsu, uno que ganaron en la rifa invernal de la tienda donde siempre compraban sus víveres. Nagisa descubrió que tenía una frasada en la espalda, sonrió, sabía que Honoka la había arropado. Desde que sus domingos eran libres tenía permitido dormir todo lo que quisiera, un merecido descanso luego de una larga semana de estudios y entrenamientos. El equipo se estaba preparando para el torneo de Año Nuevo y las prácticas eran muy duras, sobretodo para ella.
Gracias a su esfuerzo constante y a su talento natural, se había ganado su lugar como la delantera estrella del equipo y la atacante principal. Y por esa misma razón sus compañeras la trataban con más dureza, era la que recibía más golpes y debía mantener su resistencia y esa habilidad suya de recuperación. Entre todas la ayudaban a pulir esos movimientos, Nagisa lo agradecía, y también se los reprochaba, cada vez tenía más moretones en el cuerpo y en más de una ocasión había vuelto tan cansada que sólo le daba tiempo de comer algo y luego dormir. Y luego Honoka la mimaba y le daba de su energía para recuperarla, de eso no se quejaba en lo absoluto. Honoka la consentía bastante.
Justo como en ese momento. Tenía enfrente la taza de chocolate caliente que ella le preparó, ya vacía, también estaba el plato donde comió pastel. Honoka no estaba en casa, no necesitaba buscarla para saberlo, simplemente podía "sentirlo". ¿Durmió mucho o poco? No estaba segura. Mepple en su forma de móvil también estaba sobre la mesa, dormido el muy bribón. No quiso molestarlo, revisó la hora en el reloj de pared. Eran casi las cuatro de la tarde. Ya casi era hora de comer. Bostezó de manera honda y, sin levantarse, miró el plato vacío de pastel. Adoraba los postres navideños del Kira Patti, pero era imposible no morir un poco con los pasteles del Lucky Spoon. Honoka le compró un pastel completo de chocolate para que lo comiera esos días y ahí yacían los restos de la última rebanada.
Con su meñique alcanzó un poco del merengue de chocolate que quedaba en el plato. Sonrió al probarlo.
Miró a su alrededor. Tuvo de nuevo esa sensación de estar en un sueño, todo lo que le rodeaba era como un hermoso sueño vívido. Su apartamento, sus muebles, su kotatsu... Un libro de Honoka sobre el sofá, su laptop en la pequeña mesa al lado, el televisor encendido que pasaba las noticias de la tarde. Habría una ligera lluvia de agua-nieve. Por suerte, pensó, Honoka siempre salía bien abrigada.
Sonrió de manera amplia, todo eso era fantástico y a veces le daba miedo despertar un mañana y descubrir que todo eso era un sueño. Pero no lo era, la televisión, los libros, el pastel, la laptop, todo le dijo que ya le faltaban solo unos meses para graduarse como Maestra de Educación Física y, sobretodo, que ya estaba reservada para formar parte del equipo profesional anexado a su universidad, todo en cuanto se graduara.
Hacía poco más de un año que había dejado su trabajo como repartidora del local de ramen, pero seguían siendo clientes frecuentes del local, Nagisa se aseguró que el repartidor que ocupó su lugar ayudara a los ancianos y fuera responsable. Hasta el momento era así.
No les sobraba el dinero pero tampoco les faltaba. Tenía una paga mensual adicional gracias a un patrocinador, una marca de ropa deportiva para dama, misma a la que servía de imagen para carteles y catálogos. Entre eso y su beca estaba bien para poner su justa mitad en los gastos de la casa. Saliendo de la universidad dependería de su salario como deportista y de sus patrocinadores, pero todo saldría bien, mientras se esforzara, todo estaría bien. Mientras Honoka siguiera a su lado, todo estaría perfecto.
Sonrió con ese último pensamiento y estiró perezosamente el brazo para alcanzar el control remoto y cambiar de canal. En un canal de espectáculos pudo ver un breve reportaje de un reciente desfile de modas donde participaron un par de sus amigas guerreras: Miki y Kirara junto con Momoka, hermana mayor de otra compañera guerrera muy ruidosa. Erika le agradaba mucho, ni cómo negarlo. Se veían geniales las tres.
Y mientras Nagisa hacía zapping, Honoka estaba en su última parada antes de volver a casa. Se sentía un poco culpable por hacer mucho uso de los libreros, ¿pero cómo no aprovecharlos? Eso sí, sólo los usaba para visitar a sus compañeras guerreras, únicamente con ellas y en sitios bien marcados por todas. Llevaba takoyaki que Hikari le preparó aprovechando que su Akane no estaba cerca, también compró okonomiyaki con Akane y justo en ese momento se encontraba en la oficina del Lucky Spoon esperando por Kanade. Fue por pastel de chocolate. Con Nagisa entrenando de tres a cuatro veces por semana y ejercitándose todos los días, era importante llenarla de energía con todo tipo de comida.
Desde hacía un tiempo tenían la costumbre de visitar el Kira Patti cada viernes para probar las nuevas creaciones de Ichika. Y hablando del Kira Patti, era lindo ver cómo la futura dueña del Lucky Spoon compartía recetas y mejoraba las propias a base de sana competencia.
Kanade entró a la oficina con el pastel en una caja, recibió el pago con una sonrisa enorme.
─Muchas gracias, Kanade, espero no haberte interrumpido.
La pastelera negó. ─Dile a Nagisa que hice ajustes al sabor y necesito saber más opiniones y no sólo las de Hibiki ─la repostera nunca perdía la oportunidad de mencionar a su compañera y novia, quejándose, claro─. Que me diga que todo sabe bien no me ayuda a ajustar sabores ─se siguió quejando.
─Me temo que Nagisa te dará la misma opinión, como verás, llevó muchos sabores para ella ─le mostró el takoyaki y el okonomiyaki aún calientes. Kanade rió─. Necesita energía, sigue agotada de su entrenamiento de ayer.
─¡Oh! Dame un momento, Honoka ─salió corriendo y regresó segundos después con un cupcake en tonos azules con unos hermosos terminados en el que había estado trabajando las últimas noches.
─Vaya ─Honoka sonrió al ver el postre─. La cubierta parece escarcha. Es un postre con tema invernal, ¿verdad?
Kanade se mostró orgullosa. Ichika y Ciel le felicitaron mucho esa receta en especial. ─Así es, es un cupcake de moras azules, hice los cristales con azúcar y tiene un ligero sabor ácido por la fruta, no empalaga pero sí cumple con endulzar el paladar ─metió el postre en una cajita y se la extendió a Honoka─. Me gusta cuando entienden mis diseños.
─Trabajas mucho en ellos, puedo notarlo. Y Nagisa también, créeme, siempre mira el postre unos tres segundos antes de devorarlos ─rió de solo acordarse. Revisó la hora en Mipple─. Te haré saber su opinión por mensaje, ¿de acuerdo?
─Muchas gracias, Honoka. Saluda a Nagisa de mi parte. Y cuidado con todo lo que llevas en manos.
─Lo tendré. Hasta pronto, y gracias por atenderme ─acomodó todo en la bolsa que llevaba, la colgó en su brazo y pudo liberar sus manos para abrir la puerta del librero. Kanade se alejó lo suficiente para no ser absorbida y regresó a su trabajo apenas Honoka desapareció.
La científica reapareció en la sala de su casa justo frente al librero. Tuvieron que moverlo cerca de la puerta para poder dejar su calzado ahí y no cruzar toda la sala con los zapatos puestos. Con las manos llenas sólo pudo quitarse torpemente los zapatos usando sus propios pies. Sonrió en automático al ver a Nagisa y ésta fue corriendo a ayudarla con lo que traía, y mientras lo hacía besó sus labios de dulce manera. ─Esto huele bien ─comentó la deportista con una sonrisa y se llevó la bolsa directo al kotatsu mientras veía de reojo el contenido─. ¡Genial, más pastel!
─El otro se terminó, quiero que tengas postres en casa para comer ─acomodó sus zapatos, colgó su abrigo y lo primero que hizo fue poner a salvo el pastel y el cupcake en la nevera. Escuchó a Nagisa refunfuñar y rió─. Primero la comida, luego puedes comer el cupcake, Kanade quiere una opinión profesional e imparcial, además de las de Hibiki.
─Yo creo que las opiniones de Hibiki son muy profesionales ─y decidió llevar la comida al comedor de la cocina. Sonrió de manera amplia al ver el takoyaki y el okonomiyaki. Honoka fue a lavarse las manos y no tardó en alcanzarla en la mesa─. Gracias por traer esto... Me hubieras dicho y te daba la mitad ─volvió a besar sus labios mientras le reprochaba con dulzura.
─Estos son de mi parte, y no necesito recordarte lo que gastas en mí en ropa ─y fue ella quien le dio un beso más─. A veces me siento como una muñeca a la que vistes a tu gusto ─sobretodo en el departamento de lencería. Y debía admitir que le gustaba lo que Nagisa le elegía─. Yo creo que es justo que yo te pague al menos con comida.
Tomaron asiento una frente a la otra y dieron gracias por la comida, y Nagisa fue la primera en empezar a devorar. Alternaba los bocados, uno de takoyaki por uno de okonomiyaki. ─Sabe genial.
─Akane me dijo que es la receta especial Hino de estamina, perfecta para devolver la energía a un cuerpo cansado ─la científica saboreaba sus bocados con más calma, como siempre. Y también, como siempre, miraba con fascinación la increíble facilidad con la que Nagisa podía comer tanto y tan rápido. Sus gestos de alegría eran encantadores.
─Y eso que dijiste ─devoró un okonomiyaki completo y fue por el siguiente. Honoka compró cuatro, tres eran para ella, el cuarto para su novia─, sobre pagarme. No lo digas, me has dado tanto que siento que soy yo quien está en deuda y nunca podría terminar de pagarte por todo.
Esas palabras hicieron que Honoka se sonrojara de manera visible. Y su sonrojo empeoró cuando Nagisa le tomó una mano y enredó sus dedos con los de ella. ─Nagisa...
─Sólo deja que te siga amando, ¿sí? Es la única manera en que creo que puedo pagarte todo lo que haces por mi y todo el amor que me has dado ─Nagisa no se veía a sí misma, pero su gesto era suave, amoroso, lleno de dulzura y todo eso hizo que su novia casi colapsara. Sonrió al ver su reacción─. Me gusta cuando te sonrojas.
─¡Nagisa! ─la científica se cubrió el rostro con la mano libre. Normalmente era Nagisa la que se sonrojaba más seguido si usaba las palabras y las acciones adecuadas, pero cuando se la devolvía, lo hacía con fuerza. Aprovechando que Nagisa aún le tomaba la mano, la jaló para acercarla lo suficiente y poder besar sus labios. Cuando Nagisa la dejaba sin palabras sólo podía responder con acciones. El beso fue breve pero intenso. Se liberó de inmediato antes de que las cosas se calentaran. Podrían hacer el amor por la noche─. S-se va a enfriar...
La deportista sonrió de manera amplia. Casi siempre era ella la que sonrojaba primero, Honoka sabía por dónde atacarla. Era satisfactorio dejarla muda y con la cara ardiendo hasta las orejas. No dejó de sonreír el resto de la comida. Le guardaron comida a Mepple y a Mipple, no debían tardar en despertar.
Nagisa quedó encantada con el cupcake y Honoka se lo hizo saber a Kanade por mensaje.
─¿Mañana tienes que llegar temprano al Tecnológico?
─Sí, estoy algo atrasada con el proyecto ─y quizá no lo estaría si trabajara en equipo como el resto de sus compañeros y no estuviera metida en otras investigaciones de cursos extras que tomó. Ella igualmente se graduaría en primavera y su trabajo final era precisamente ese proyecto.
─Me alegra que descansaras hoy, has estado trabajando mucho ─antes de limpiar la mesa, tomó de nuevo sus manos. Las estrechó con gentileza─. Y me gusta verte trabajar, créeme, pero no quiero que te enfermes. Además olvidas ponerte las gafas y Mipple me dice que no siempre las usas en clases.
Honoka hizo un lindo puchero. Enredó sus dedos con los de Nagisa, no perdía de vista los cálidos ojos de su novia. ─Suelo olvidarlo, trataré de ya no hacerlo. No quiero que nada falle en mi trabajo ─sobretodo porque era un proyecto delicado, fino en los detalles y con decenas de horas en programación y fabricación de piezas. ¿Y qué era? Un dispositivo craneal y de muñeca que detectaba cambios anómalos en el cuerpo de una persona. Su plan era que personas con enfermedades crónicas pudieran detectar a tiempo si iban a tener un síntoma violento que les dejara desvalidos o en peligro. Un desmayo, un ataque de asma, incluso ataques de ansiedad podían ser detectados antes de que la persona los sufriera y ésta pueda pedir ayuda o ponerse en sitio seguro. Ya había aparatos similares, sí, pero ella buscaba uno más potente.
Pasó mucho tiempo investigando, estudiando, y gracias a pláticas con Akira y Karen, otra compañera guerrera a la que conoció por medio de Akira y que casualmente estudiaba medicina en una institución privada, encontró la inspiración para ese proyecto. Saber que la hermana menor de Akira tenía una enfermedad que únicamente se podía controlar le hizo pensar que, mientras encontraban la cura, podía idear una manera de ayudar a monitorear mejor los síntomas, evitar que se hicieran daño en caso de colapsar y la ayuda llegase a tiempo. Además, el dispositivo estaría conectado a un teléfono y pulsera inteligente por medio de una aplicación, lo que facilitaría la interacción con el aparato.
Llevaba todo el año trabajando en ello y sólo le hacían falta los más pequeños ajustes para lograr lo que quería.
─Tienes razón, si no descanso bien puedo pasar algo por alto.
─Tu proyecto ayudará a muchas personas, en serio me siento orgullosa de ti ─Nagisa se levantó de su asiento para poder abrazar a su novia y besarla como deseaba hacerlo. Honoka no se negó, incluso se abrazó de su cuello. Sonrió─. Te amo.
─Y yo a ti.
El beso se alargó por casi cinco minutos, no se soltaban y no lo hicieron si no hasta que sus pequeños amigos despertaron su siesta vespertina con bastante hambre. Mepple refunfuñó al ver a ese par empalagoso. ─¡Deja a Honoka en paz y aliméntame-mepo!
Nagisa solo liberó una mano para taparle la boca a Mepple y besar a Honoka unos segundos más antes de soltarla, al fin. Sonrió ampliamente, Honoka aún estaba sonrojada, ella también, pero en su defensa era por el beso y no porque hubiera recibido letales halagos. ─Les guardamos takoyaki y la mitad de un okonomiyaki.
─¡Me encanta el okonomiyaki-mipo! ─la princesa tomó a Mepple de la mano para comer sus pequeñas raciones─. Gracias-mipo.
─¡Buen provecho-mepo! ─y ambos comieron con bastante contento mientras el otro par compartía una sonrisa y se disponía a limpiar el comedor.
Aún tenían el resto de la tarde para descansar y cada una lo haría a su manera. Las dos se acomodaron lado a lado en el kotatsu, Nagisa alcanzó uno de los mandos del juego de vídeo para jugar un rato en línea, Honoka se recargó en Nagisa mientras leía el más nuevo libro de Komachi. Estaba feliz de que una de sus autoras favoritas casualmente fuera también una compañera Pretty Cure, y más sorpresa aún que era compañera de equipo de Karen. Consiguió todos sus libros y Komachi le firmó todos. Sí se puso las gafas para leer, Nagisa sonrió al notarlo. Mepple y Mipple miraban a Nagisa jugar e incluso tomaban turnos con para jugar.
Así eran sus tardes de domingo desde hacía varias semanas y le gustaban.
Por su lado, Honoka estaba muy cómoda justo donde se encontraba y con quien se encontraba. Seguían en el mismo apartamento y habían quedado en seguir ahí hasta graduarse. Nagisa tendría su pago como jugadora profesional y Honoka ya tenía un par de invitaciones para trabajar en importantes laboratorios de la capital. Pensaba aceptar la oferta de parte de la sucursal en Tokio del Instituto de Investigación Privada Yotsuba.
Tanto Nagisa como ella quedaron boquiabiertas al saber que la actual presidenta de tan importante corporación era una chica de su edad y una compañera guerrera por igual. Y fue gracioso saber lo que pasó con ella y su equipo. Su Hilo de realidad fue tan escandaloso, que al momento de unirse al principal, borró de la memoria colectiva la identidad civil de su líder de equipo. Mantenían relaciones comerciales y diplomáticas con el reino mágico al que ayudaron, pero lo hacían de manera más discreta. Alice Yotsuba y su gente vieron el potencial en Honoka y querían aprovecharlo. Nagisa apoyaría cualquier decisión de Honoka, ésta lo sabía, así que trabajaría con los Yotsuba apenas se graduara.
─¿Vienes? ─preguntó una enamorada Nagisa mientras palmeaba el lado desocupado de la cama. Quería terminar la noche de la manera más romántica posible y Honoka no se negó en lo absoluto. Sí, había veces en la que una no estaba de humor como para tener intimidad, la otra lo respetaba y eso era un punto más a favor de su sana relación.
Una relación a la que aún le faltaba un escalón por subir, un escalón social en teoría, pero que desde hacía tiempo rondaba la mente de ambas.
─En un momento, iré al sanitario ─Honoka le guiñó un ojo y discretamente hizo una señal a Mipple, quien la siguió como si nada pasara. Pero sí pasaba. Apenas entraron al cuarto de baño, Mipple saltó a los brazos de Honoka─. ¿Está listo?
─Sí-mipo, ya tienen el diamante que mandaste a cortar, llegó el correo de confirmación-mipo.
Honoka sonrió con emoción. Podría terminar el anillo de compromiso que quería darle a Nagisa, lo estaba armando por sí misma.
Le pediría matrimonio.
