AVENTURAS EN TOKIO

LIII.

Se dieron a la tarea de levantarse tarde al día siguiente, Nagisa por órdenes de la entrenadora Matsudaira y Honoka por recomendación de cada doctora que conocía. Pasaban de las nueve de la mañana de ese 31 de diciembre. Estaban desnudas bajo la cálida manta de la cama, Honoka en brazos de Nagisa básicamente porque así se acomodaron luego de una obligada visita al sanitario un rato antes. Estaban bien despiertas. Nagisa tenía su Mepple-móvil en manos y revisaba los mensajes del grupo de chat grupal, todas contaban lo que iban a hacer y cenar ese día y su vez se lo comentaba a Honoka, Mipple seguía dormida bajo la almohada de ésta última.

Por su lado, Honoka se contentaba con tener la nariz contra el cuello de Nagisa. Relajarse era una (in)actividad que graciosamente le pedía concentración y esfuerzo. Su mente siempre estaba trabajando en algo y era de mucha ayuda que la piel de Nagisa le distrajera y atrajera todos los sentidos. Sí, Nagisa siempre le ayudaba a sentir que de verdad estaba descansando.

─Ichika nos espera en el Kira Patti para la fiesta de Año Nuevo mañana en la tarde-noche, todas llevarán comida ─informó Nagisa, leyendo lo que las chicas escribían. Respondía los comentarios y en un momento le preguntaron por Honoka, anotó que la tenía justo en brazos, descansando─. ¿Qué podemos llevar nosotras? Recuerda que varias de ellas comen lo de ocho hombres adultos ─y las primeras que pasaron por su mente al decir eso, fueron Nozomi y su equipo.

─Hikari llevará takoyaki, ¿verdad? ─preguntó Honoka sin moverse de su cómodo sitio.

─Sí, justo eso escribió hace unos minutos.

─Llevemos estofado de carne, prepararemos lo suficiente. Si va a haber varios platillos y muchos postres, entonces alcanzará para todas... Al menos eso espero ─la científica rió un poco. La primera que le pasó por la cabeza cuando su pareja comentó sobre compañeras con el apetito de ocho hombres adultos, fue Nagisa.

─Entonces compremos todo hoy, mañana estaremos con lo de ─con lo que fuera que llegara a pasar luego de pedirle matrimonio, pero logró morderse los labios y no decir nada al respecto─... Con lo del partido. Seguro que la entrenadora nos llevará a algún sitio a celebrar luego de que ganemos ─agregó con bastante seguridad y una clara falta de humildad. Estaba bromando, claro, Nagisa era confiada pero no solía presumir tanto y siempre respetaba a sus oponentes.

Honoka se echó a reír al escuchar esas palabras de Nagisa. Se abrazó un poco más fuerte de ella y le mordió el mentón, luego depositó un beso en el mismo sitio y volvió a pegarse a ella. ─Sólo diviértete, Nagisa. Y dedícame el primer gol que anotes.

─El primero y todos los que anote, Honoka, tienes mi palabra ─besó la frente de su chica y dejó que la calma volviera a abrazarlas, al menos un rato más antes de que el hambre fuera más poderosa y las obligara a dejar la cama.

Sólo resistieron treinta minutos más en esa posición, el hambre las derrotó y también necesitaban una ducha si pensaban aprovechar el día. Tenían que preparar su desayuno, hacer sus compras para la fiesta de mañana y alistarse para ir a Shibuya ya entrada la tarde. Los mejores espacios para ver el reloj con el conteo regresivo y los fuegos artificiales se llenaban rápido. Querían el espacio más estratégico posible, aprendieron la lección gracias a salidas de años anteriores.

Y llevarían suficiente dinero para comer todo lo que pudieran de los puestos que se pondrían en la calle, así que la comida y la cena de ese día estaban cubiertos. Ambas sabían que sería un gran día.

Mepple y Mipple desayunaron con ellas y para las doce del día estaban en la zona comercial comprando todo para el estofado de carne, Honoka quedó en prepararlo. El partido de Nagisa sería a las once de la mañana pero debía estar desde las siete de la mañana en la universidad con su equipo y de ahí partirían en bus al estadio de sus rivales, jugarían como visitantes.

El día era frío pero festivo, la gente hacía sus compras de último minuto y era usual ver a familias y parejas, grupos de amigos y hasta trabajadores rezagados caminando por las calles con o sin prisas. Oscurecería en un par de horas y el frío aumentaría conforme avanzara la noche, razón suficiente para que la joven pareja vistiera sus mejores abrigos de temporada. Nagisa y Honoka habían tejido bufandas para regalárselas entre ellas, la de Nagisa era negra con un lindo corazón rosa bordado en un extremo, la de Honoka era blanca con un corazón azul. Ambas con sus iniciales bordabas.

La mejor parte del frío era que permitía más acercamiento físico sin que se viera del todo mal, la joven pareja caminaba del brazo entre comentarios y risas que ambas sacaban casi por la fuerza por una simple razón: bajo sus tibias chaquetas llevaban sus respectivos anillos en sus respectivas cajas, el nerviosismo en ambas aumentaba y trataban de no mostrarse tensas.

─El partido de los chicos es... es el día 3, ¿verdad? ─comentó Nagisa casualmente. Sus amigos Shougo y Kimata se habían graduado el año pasado y en esos momentos jugaban para un equipo de primera división. Recién se habían vuelto titulares y Fujimura Shougo en especial estaba llamando mucho la atención.

─Sí, me encantaría ir a verlos jugar, ¿qué dices? ─propuso Honoka, no veían a los chicos desde su graduación y los mensajes no eran tan frecuentes desde entonces. Bastante normal cuando ellas mismas estaban dándolo todo en su último año en la universidad y ellos trabajando duro para escalar posiciones en la liga.

─¡Me encanta la idea! Podemos mandarles un mensaje para saber dónde van a jugar, con suerte podemos usar el transporte rápido ─dijo Nagisa con una risa pequeña. Usar los libreros era increíblemente útil, pero como bien les dijeron, debían tener cuidado para no asustar a nadie y mucho menos terminar en un sitio indebido. Avisar nunca estaba de más, era imposible no reír al recordar que Yukari le lanzó un jarrón a Akira por salir de sorpresa de su librero. Le dio un tremendo susto, nadie la culpaba por su reacción. Soltó una risa pequeña─. Sólo tengamos cuidado, no queremos un jarrón en la cara.

Y al escuchar eso, Honoka no pudo evitarlo y soltó una risa también. Ella confirmó la historia al día siguiente cuando vio a Akira con banditas adhesivas en la cara, producto de los cortes. ─Harás que Akira estornude ─rió un poco más y luego se recargó en el hombro de Nagisa. Le miró un poco, podía notarla nerviosa y se daba una idea del porqué. Sonrió─. Estarás bien en el partido, sólo diviértete como siempre.

Nagisa respingó un poco. No estaba del todo nerviosa por la final de lacrosse, no más de lo normal, lo que la tenía nerviosa era el otro asunto, pero podía usar la idea de Honoka como excusa. ─Lo haré ─miró el cielo─. Pronto nos graduaremos, Honoka ─sonrió─. Estaré en un equipo profesional y tú trabajarás para Alice en ese enorme laboratorio.

─¿Sabes? Es... Bueno... Deberíamos mudarnos a... A un sitio un poco más grande cuando podamos ─la joven científica suspiró─. Puede ser un apartamento o una casa... Un sitio... Bueno, algo nuestro, no rentado, uno que sea sólo nuestro.

─Ah ─su Honoka hablaba de comprar un hogar, comprarlo, no rentarlo. Y considerando que esa misma noche le pediría matrimonio, la idea le pareció perfecta. Sonrió mucho─. ¡Me encanta la idea, hagámoslo! Podemos hacerlo. Compremos un buen sitio ─su sonrisa se amplió un poco más─. Podemos buscar y ver los planes de pago. Tendremos salarios y podremos cubrir lo que nos pidan... Ah, sólo no le digas a tus padres, aún no nos perdonan por no contarles del otro apartamento ─en el que actualmente vivían.

Honoka no evitó una risa pequeña. ─Ya nos perdonaron, pero todavía me lo reprochan por mensajes cada que pueden ─suspiró hondo, miró al cielo y sonrió─. Quizá ésta vez debamos decirles ─porque si iban a vivir juntas en calidad de prometidas, definitivamente sus padres deberían saberlo. No les contaba aún de su plan de darle un anillo a Nagisa, sería una sorpresa.

─¿Y si quieren ayudar con lo de la casa nueva? ─preguntó la deportista, mirando de reojo a su compañera.

─No pasa nada con dejarme consentir una vez más ─giró su rostro para mirar a Nagisa con intensa dulzura, con una mirada llena de amor, se le notaba de inmediato─. Si tú lo aceptas, yo también lo aceptaré ─hablaba de la casa, trataba de hablar de la casa y no de la propuesta de matrimonio. Se sonrojó un poco con ese último pensamiento─. Pero... Pero creo que me estoy adelantando mucho, primero tenemos que graduarnos y tengo que hacer que mi investigación sea un éxito ─pegó su frente a la mejilla de Nagisa─. Y tú tienes que dar todo de ti mañana en la final, todos tienen qué ver de qué está hecha Misumi Nagisa.

La aludida se sonrojó de manera intensa. La dulce cercanía de Honoka, esas palabras y el sentir contra su costado la caja con el anillo la hizo pensar en ese futuro escenario en una casa propia, más grande, quizá con jardín, o al menos un apartamento con un balcón más amplio. Es decir, ya llevaban una vida muy hogareña incluso desde antes de entrar a la universidad, pero con un anillo en las manos la cosa se sentiría aún mejor.

─Yo... Yo se los demostraré, Honoka, verán de qué estoy hecha ─sentir su aroma floral cerca, su calor y ese lindo tono de voz casi le provocó un desmayo a la pobre. Ganas no le faltaban de besar su mejilla, luchaba contra ese impulso pero no tuvo que luchar más. Abrió los ojos, grandes, al sentir un beso en su propia mejilla.

Honoka se atrevió a hacerlo, no pudo contener el deseo y simplemente besó su mejilla en medio de ese río de personas. Estaba roja por igual, pero no por ello avergonzada, no del todo, más bien emocionada. El haber hecho algo "prohibido" a ojos de los demás era enervante para la joven científica. Su corazón estaba acelerado, sólo atinó a sonreírle a Nagisa y volvió su vista al frente. Si alguien las vio o no, a Honoka no pudo importarle menos, tampoco que pusiera atención a sus alrededores.

─Honoka...

─¿Vamos por té? Tu cara está fría.

A decir verdad, Nagisa se sentía hervir por culpa del beso. Tampoco pudo registrar si alguien las había visto. Miró a su alrededor y todos estaban en lo suyo, gente caminaba en todas direcciones y era más que seguro que nadie les pusiera atención, todos iban en sus propios asuntos y con sus propias prisas. Y si alguien las vio, aunque fuera de reojo, sería su decisión dejar que le afectara o no lo que otras personas hicieran de sus vidas. Sonrió, seguía sonrojada pero pudo sonreír.

─Desde aquí puedo oler el yakitori, ¿vamos? Podemos pasar primero por una bebida caliente para ti.

─De acuerdo, vamos.

Pegaron sus frentes entre sí, compartieron una risa y siguieron alegremente su camino entre las personas, sin ponerles atención o percatar que fueran el centro de atención de alguien.

El cielo poco a poco se oscureció. No había nubes que amenazaran a la ciudad con agua-nieve o alguna ocasional lluvia, no, era una hermosa noche, engalanada de estrellas y con una media luna brillante, hermosa. El cielo era perfecto para el espectáculo de fuegos artificiales.

Nagisa comió todo lo que pudo en los puestos callejeros, Honoka no comió tanto como era de esperarse, pero le gustaban mucho las caras de Nagisa al probar todo lo que estaba a la mano. En todo momento mantenían comunicación en el chat grupal con las chicas y todas contaban lo que estaban haciendo y con quién. Algunas con sus familias, otras fuera de casa, varias en sus propios grupos y algunas de ellas al otro lado del mundo. Era fascinante pertenecer a una pequeña armada de guerreras legendarias.

Y también estaban en comunicación con sus familias, éstas le desearon un buen Año Nuevo por adelantado a las chicas y les dejaron seguir con su paseo por Shibuya.

Y conforme los minutos y las horas pasaban, la joven pareja buscaba cualquier excusa para mantenerse concentradas en cualquier cosa que no fuera sus anillos. Había algunos espectáculos y ceremonias, más comida que Nagisa aprovechaba para no abrir su boca de más y una serie de actividades culturales que Honoka se esforzaba en explicar de manera innecesaria para no pensar en ese hermoso anillo hecho con una aleación metálica totalmente personalizada, la hizo abusando de sus horas extras en el laboratorio, y la piedra que mandó a cortar era un diamante negro que consiguió gracias a Minami. Tener amigas de familias mucho más acomodadas que la propia era... Ventajoso de muchas maneras.

Mientras Nagisa consiguió el anillo gracias a sus futuros suegros, Honoka lo hizo por otros medios para no emocionar de más a sus padres. La única que sabía la historia por ambos lados era Hikari y moría de ganas por saber cómo reaccionarían cuando se declararan la una a la otra, y descubrieran que tuvieron el mismo plan todo el tiempo.

Antes de darse cuenta ya faltaba poco para la medianoche. La joven pareja se encontraba en el crucero principal del distrito comercial, centenares de personas las rodeaban, todos atentos al enorme reloj en el luminoso edificio que ya estaba marcando el conteo regresivo. Faltaban cinco minutos.

Otro año juntas, ese pensamiento pasó por la cabeza de ambas. Estaban tomadas de la mano en silencio, a pesar de los guantes podían sentir perfectamente bien el calor de su compañera. No escuchaban las pláticas ni percibían la emoción a su alrededor, eran simplemente ellas dos dentro de su burbuja. Sí, pelearon por cada una de esas personas en su batalla final contra la Oscuridad, sintieron cada una de esas vibrantes vidas dentro de su ser y de ahí sacaron energías para vencer al final. Pero ese momento, ese simple momento de claridad y sapiencia, de comunión por medio de sus manos unidas, era suyo. Sólo suyo.

Nagisa tragó saliva. Faltaban cuatro minutos ahora. Cual película vieja, en su cabeza se proyectaban todos los momentos al lado de Honoka, desde su forzada asociación hasta sus peleas, los duros momentos de sus batallas donde ambas perdieron algo y donde ganaron mucho. Cuando las peleas eran duras y quedaron más de una vez en el suelo, y mano a mano volvieron a ponerse en pie, dispuestas a nunca rendirse. Nunca se rindieron.

Tres minutos.

Honoka miraba la pantalla digital como hipnotizada, sujeta fuertemente de la mano de Nagisa y rememorando todo lo que su compañera de batallas, su mejor amiga, su novia, su amante, su alma gemela había hecho por ella desde que se conocieron. Aprendió mucho de Nagisa, le enseñó mucho a Nagisa, pasaron por tanto que sus recuerdos se aglomeraban en su cabeza y era incapaz de enfocarse en uno sólo. Suspiró discretamente.

Dos minutos.

Sus compañeros mágicos veían el conteo regresivo por igual desde los bolsillos de las chaquetas. Ellos amaban mucho a sus protegidas y deseaban que siguieran viviendo bien y juntas como hasta ese momento. Ellos siempre estarían a su lado.

Un minuto.

La pareja estrechó un poco más sus manos entre sí, el conteo regresivo de sólo dos dígitos estaba por sumar otro año a sus vidas compartidas de aventuras, de caminos difíciles y de constante crecimiento. Aún tenían mucha vida por delante y planeaban vivirla juntas, de la mano, justo como estaban en esos momentos.

Todos comenzaron a corear a grandes voces el conteo regresivo desde el diez. Nagisa y Honoka se miraron la una a la otra, una enorme sonrisa adornó sus rostros y se unieron a las demás voces. No dejaron de mirarse la una a la otra durante esos últimos segundos del año.

─¡Tres! ¡Dos! ¡Uno!

Un instante de silencio.

─¡Feliz Año Nuevo!

Hubo gritos, hubo saltos, abrazos entre las personas que iban juntas y los fuegos artificiales comenzaron a iluminar el cielo de hermosa manera, en majestuosas explosiones de color que iluminaban toda la zona y los rostros de las personas. Todos celebraban, pero Nagisa y Honoka se miraron solamente, sus manos se estrecharon con fuerza y, sin saber quién de las dos hizo el movimiento, marcaron sus primeros momentos de ese nuevo año con un apretado abrazo y un dulce beso entre ese mar de gente.

No les importó ser vistas, no les importó hacer lo que se supone no debían hacer en público, simplemente dejaron que su amor hablara por ellas.

Su beso duró segundos que se sintieron eternos, graciosamente se soltaron y tomaron suficiente distancia. Se notaban agitadas y pensaban que era por el beso, pero también era por eso otro que estaban por hacer.

─¡Honoka!

─¡Nagisa!

Se miraron con decisión, algunas personas presenciaban la particular escena de esas chicas con el ceño fruncido y una posición recta y casi amenazante. Y todo mientras estaban sonrojadas.

─Tengo algo qué decirte, Honoka.

─Yo también.

─Lo que tengo qué decirte es importante.

─Yo también tengo algo importante qué decirte.

Se miraron unos momentos antes de asentir la una a la otra.

─¿Al mismo tiempo? ─propuso Nagisa.

─Al mismo tiempo ─aceptó Honoka.

Tomaron aire de manera profunda, rápidamente buscaron en el interior de sus abrigos y al siguiente segundo ambas ofrecían con una inclinación el respectivo anillo a su compañera.

─¡Cásate conmigo!