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Medusa

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Los pasos se oían presurosos por el eterno corredor de la casa Brief. Entre más cerca estaban, más seguro estaba Goten de que sería regañado.

Mai apareció resoplando por el pasillo.

¿Dónde está? — preguntó con inquisitiva amenaza.

Goten solo encogió los hombros sin saber si debía responder o no. La mirada molesta de Mai no dejaba lugar a silencios, pero tampoco quería poner a su mejor amigo en la línea de fuego.

Dijo que subiría unos minutos a cambiarse de ropa.

¿Y eso hace cuánto fue?

Goten miro el reloj en su muñeca y decidió esta vez lo más sabio sería no responder.

Mai suspiró cansada.

Saben que Bulma odia los retrasos… — le recriminó al aire mientras se dirigía escaleras arriba.

— ¿A dónde vas? — preguntó Goten horrorizado. Solo les faltaba una discusión entre Mai y Trunks para definitivamente no salir nunca de la casa.

Voy a ver si esta listo, y si no lo está, voy a empujarlo escaleras abajo como esté. — Respondió al tiempo que subía los primeros escalones.

Goten suspiró temeroso de la guerra que se podía abalanzar sobre ellos.

En su espera le dio una vuelta más a la sala de estar y se acercó a uno de los enormes libreros del rincón. Pasó los dedos al azar entre los libros de distintos tamaños y colores que colmaban el estante hasta el tope y se decantó por una encuadernación verde oscuro.

"Desentrañando los grandes mitos universales".

Un titulo aleatorio para alguien que en realidad no era demasiado adepto a la lectura. Le avergonzaba admitirlo, pero cada vez que se embarcaba en algún libro se quedaba dormido después de unas cuantas páginas. La calma obligada de la lectura lo sumía en una modorra sin remedio.

Con el libro entre las manos se sentó en el amplio sillón frente a la ventana a pasar las páginas distraído, hasta que una ilustración llamó su atención.

A página completa, una mujer hermosa y peligrosa, con insondables ojos oscuros había atrapado su mirada. En medio de la página solo se leía un nombre: Medusa.

"El mito de medusa se incrementó con el paso de los años, hasta ser de conocimiento popular por distintas culturas" , rezaba el primer párrafo. "Los testimonios recogidos desde épocas antiguas la describen como una de las criaturas más peligrosas de la creación. Imposible en su belleza, encierra en sus ojos una condena de muerte a quien se atreva a perderse en ellos. Aunque vale a pena la muerte a cambio de un instante en ese paraíso de emociones y sensaciones que van más allá de lo humano. Más allá incluso de lo divino".

"Su mirada seduce y se roba cada resquicio de cordura, porque nunca antes hubo ni habrá criatura más exquisita en su belleza, ni más inalcanzable en su sensualidad."

"Desde la antigüedad los poetas la han descrito con detalle", continuaba el texto. "Perversa en sus intenciones, es el corazón de los hombres su presa preferida; hombres que una vez han caído en su hechizo, se pierden para siempre en el embrujo de su encanto, hasta quedar despojadas de cada ápice del alma, entregados a su irresistible seducción como la fría piedra en que se convierten, vacíos de cualquier emoción".

Se arrellanó aún más en el sillón y puso el libro abierto sobre su rostro. Se imagino qué rostro podría tener esa mujer tan temible como para obligar a los hombres a entregar cada parte de su alma a cambio de una eternidad de piedra, tan solo por un instante de su mirada.

Se preguntó si acaso él podría resistir tal encanto o si caería con facilidad ante la tentación de ese instante.

Tan distraído estaba en su propia ensoñación que no la sintió acercase escaleras abajo. Con sigilo, Mai se acercó al creerlo dormido, retiró con suavidad el libro de su cara y lo encontró perdido con los ojos cerrados y la respiración en calma.

Mai lo observó en el más absoluto de los silencios por lo que quiso que durara una eternidad. Sin notarlo acompasó su respiración a la de Goten, temerosa de que el más leve sonido lo despertara.

Entonces se percató de lo tupido de sus pestañas oscuras sobre sus ojos cerrados y del breve espacio abierto en su boca. Entregado a la duermevela repentina, abandonado a la mayor de las vulnerabilidades, Goten estaba totalmente expuesto. Y nunca antes lo había visto más exquisito que en ese momento.

Se inclinó sobre él y le habló suavemente.

Despierta, Goten; ya debemos irnos. Abre los ojos.

Abre los ojos, lo tentaba Medusa desde las profundidades del abismo.

Abre los ojos, Goten y ven conmigo.

Entonces entendió por qué los héroes caían a sus pies afiebrados de amor, entregados sin miramientos a una existencia de piedra a cambio de ese único y precioso instante de locura.

Ella era todo; Medusa era la criatura más hermosa y extraña que podía habitar en el universo. Su mirada invitaba a rasgar todo; a ofrecer todo, incluso aquello que no poseyera. Su respiración cálida, el roce de su pelo, tan oscuro y sedoso, era como un abismo al que él saltaría sin ninguna contemplación. Sin arrepentimientos.

Medusa era prohibida y peligrosa, la más peligrosa de todas las criaturas, y el por qué de ello se revelaba ante él: Medusa tenía los ojos de Mai, el cabello de Mai, los labios de Mai. Y besarla, tocarla siquiera, era pisar las puertas del mismismo infierno.

Y él, lejos de querer huir, se precipitaría.

Abrió los ojos en plena caída. Pero el sobresalto no venía del vértigo al brincar al inframundo y ser acogido entre los brazos de Medusa. No; había sido Mai, que removía suavemente su hombro.

Tan cerca, tan condenadamente hermosa y mitológica. No estaba seguro de haber despertado del todo.

Ella le sonrió en esa mínima distancia, pero no con el gesto de inevitable perdición que tenía Medusa. Le sonrió con algo más tierno, más cálido, pero igual de prohibido.

¿Cómo puedes dormirte tan rápido? — le reprochó con dulzura, sin alejarse un centímetro del calor de Goten.

Él se quedó de pronto sin palabras, aturdido por esa belleza que le carcomía el corazón cada día.

Sonrió resignado recordando que esta Mai no estaba prohibida porque lo fuese a convertir en piedra, sino que lo estaba porque el corazón de Trunks pesaba sobre ella.

De pronto, una eternidad de piedra no le pareció tan terrible.

Se sonrieron mutuamente en esa complicidad tan cálida, en ese espacio de vedada cercanía; en esa certeza de saber cuánto amaban al otro en el más absoluto de los secretos. Mientras no sintieran los pasos de Trunks al bajar las escaleras el encanto no se rompería y Goten podría seguir embrujado por esa mirada que no le pertenecía.

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FIN

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