¡Hola a todos! Este es mi nuevo OneShot, y bueno, qué puedo decirles. Si son seguidores de mis historias sabrán que la mayoría de ellas están basadas o acompañadas con música, y esta no es la excepción. Escribí este fic inspirada por la canción (y su video) What Happens Tomorrow, de la banda Duran Duran. Es bastante cortito en realidad, así que espero que les guste. Un beso gigante a todos, y espero ansiosa sus comentarios ;)
What Happens Tomorrow
(Qué sucederá mañana).
"Si me amas, te protegeré
de la manera que pueda.
Tienes que creer
que todo estará bien al final".
Aquel día me sentía realmente agobiada…
Por alguna razón, mis sentimientos se sentían pesados e inaguantables, y solo quería dormir… Dormir para olvidar todo, para poder superar el dolor.
Todo había sido culpa de una cosa, una sola y patética escusa que mis malditos padres habían usado en contra de mí solo para poder gritarme y desquitarse conmigo por sus propios errores.
Ellos querían separarme de la razón por la cual aún luchaba, del dueño de cada latido de mi corazón… De Edward. Y solo porque él trabajaba como ayudante de limpieza en un restaurante cercano al pueblo.
Renée y Charlie decían que él no era suficiente para mí… Querían convencerme de que mi educación era muy superior a la suya, y que merecía un millón de cosas mejores que ese "desecho de la sociedad", como solían llamarlo. Solo porque él no había tenido la misma suerte que mi familia en los negocios, solo porque su padre había fallecido y su madre se había empeñado en trabajar forzosamente para mantener la vida de su hijo y de su pequeña niña… Solo porque decían que él se aprovecharía de mi dinero, de su fortuna.
Pero a pesar de que algunas veces me planteaba aquello, muy dentro, en el fondo de mi agitado corazón, sabía que todas esas afirmaciones eran falsas. Edward me amaba de una forma natural, sin condiciones, y era el único que realmente se preocupaba por mi bienestar y porque fuera feliz.
Esa noche en Forks se encontraba fresca y húmeda, pero terriblemente estrellada. Era la primera vez en mucho tiempo que tenía el privilegio de observar el cielo libre de nubes, adornado con millones de incandescentes lámparas puestas ahí para mí, para hacerme sentir especial, como Edward siempre me decía.
Porque él era así. A pesar de estar siempre cansado por su trabajo, prefería pasar tiempo conmigo todos los días, susurrándome cientos de cosas hermosas al oído y besándome de una forma que me llevaba al cielo y me traía a la Tierra una vez más.
Un murmullo de pasos pesados comenzó a sentirse del otro lado de mi cuarto, llamándome la atención de inmediato. Sigilosamente me acerqué a la puerta que había cerrado con llave a propósito y me arrodillé junto a ella para escuchar lo que estaba sucediendo del otro lado.
-No podemos dejar que ese maldito pobre se junte con Isabella… Ella tiene clase, proviene de una familia adinerada, y el muchacho no tiene dónde caerse muerto, casi gritó mi madre con su voz molesta y chillona.
-Debemos intervenir antes de que el degenerado deje embarazada a nuestra hija y arruine por completo su futuro, agregó Charlie mientras cerraba la puerta de su habitación con fuerza, haciendo que dos espesas lágrimas escaparan de mis ojos.
No podía creer que mis padres, mi única familia en todo el mundo, fueran capaces de pensar que Edward se aprovecharía de mí indecentemente. Él jamás se atrevería siquiera a pensar en hacer algo que yo no quisiera o en faltarme el respeto.
Sin soportarlo más, me arrojé al suelo rompiendo en llanto, gritando silenciosamente. No quería que me oyeran llorar, que pensaran que era débil, que me quebraría frente a ellos. Debía demostrarles que mi novio y yo éramos fuertes, y que juntos podíamos contra todo el universo.
Un ronroneo bullicioso sonó justo debajo de mi ventana y mi corazón dejó de latir por un momento. Reconocería ese sonido donde fuera… Era el auto de Edward, quien esperaba fuera de mi casa como otras tantas veces lo había hecho.
Antes me hubiera negado a salir por temor a que mis padres me sermonearan… Pero ya no más. Quería huir de mis obligaciones por al menos un par de minutos, y Edward era la persona indicada para esa tarea.
Intentando hacer el menor ruido posible, quité el seguro de las persianas y me trepé a un árbol que estaba junto a mi cuarto, bajando silenciosamente por él y observando con cuidado cada lugar donde pisaba. Lo que menos necesitaba en ese momento era caerme.
-Amor, susurró Edward en cuanto abrí la puerta de su auto para deslizarme en su interior.
-Acelera, por favor…
Sin siquiera preguntarme la razón por la que estaba intentando escaparme con él, puso en marcha el auto y comenzó a conducir, mirándome de reojo cada ciertos minutos. Solo quería olvidar, quería ser feliz.
Bajé la ventanilla y dejé que la suave brisa despeinara mi cabello y llenara mi cuerpo de olor a hojas húmedas. Quería que aquella noche fuera perfecta, lo necesitaba.
-¿A dónde vamos?, pregunté un par de minutos después, cuando mi corazón había recuperado su ritmo normal.
Muy seriamente, Edward me miró y tomó mi mano con dulzura, provocándome escalofríos con su suave tacto.
-A que seas feliz…
Después de conducir por todas las carreteras desoladas de Forks, Edward aparcó en el estacionamiento de un concurrido supermercado, que en aquel momento estaba totalmente vacío. Abrió su puerta con esa elegancia que solo él era capaz de poseer y corrió a abrir la mía, dándome su mano para ayudarme a bajar.
-¿Qué hacemos aquí a esta hora?
Tomándome por los hombros, casi me arrastró hacia la parte delantera del auto, y sentándome sobre el capó, me señaló hacia el cielo, indicándome que observara.
Las estrellas se veían tan brillantes que hasta parecía que era posible tomarlas y guardarlas en tu bolsillo. Era algo realmente hermoso, de esas cosas que rara vez en la vida tienes el placer de observar y que, cuando lo haces, parece simplemente un sueño.
-A veces, cuando me siento mal, vengo solo a ver esto… Es algo tan bello… Claro que contigo aquí es imposible calificar eso como hermoso. Tú eres mi estrella en este momento.
Sentía que iba a morir de ternura… ¡Lo amaba, Dios! Claro que lo hacía, y me volvía loca. Era lo más especial que había tenido en mi vida, y deseaba con todo mi corazón que continuara perteneciéndome por siempre.
Con suavidad me acosté sobre el auto, apoyando mi cabeza en el parabrisas solo para deleitarme con aquella vista. Un par de segundos después, Edward imitó mi acción, y tomándome de la mano, sonrió como nunca lo había hecho, observándome como si fuese lo único en su vida, en su mundo.
-Tengo mucho miedo…
-No debes temerle a nada… Prometo que te protegeré de lo que sea y de quien sea, susurró intentando reconfortarme. Él siempre era así… Atento, desinteresado, angelical.
-No sé qué sucederá mañana… No quiero que nos separen, no puedo imaginar mi vida sin ti a mi lado, me siento impotente de tan solo pensarlo.
Con su suave mano corrió un mechón de mi cabello que había caído sobre mi rostro y besó mi frente, clavando su mirada color esmeralda en mí.
-Tus padres de nuevo, ¿no es así?
Me sentía terriblemente mal porque Edward ya sabía lo que sucedía. Una vez había escuchado a mi madre decirme que él era escoria, que no merecía el amor de nadie, y a pesar de decirme que todo estaba bien, yo sabía que no era cierto.
Los odiaba… Los detestaba por el simple hecho de creerse lo suficientemente superiores como para degradar a una persona. No importaba si era él o alguien más, no tenían ni el derecho de hacerlo.
-Sabes que te amo como a ninguna otra persona en el mundo, ¿cierto? No me importa lo que ellos digan de ti, solo yo sé el significado que tienes para mi vida… y no dejaré que nada ni nadie nos separé nunca.
-Yo también te amo… Juntos por siempre…
-Por toda la eternidad, le susurré antes de acercarme a él y unir nuestros labios en el más dulce beso de todos.
No me importaban mis padres, los prejuicios, el dinero, absolutamente nada. Lucharía contra lo que fuera solo para continuar a su lado.
