Título: Innecesariamente cursi.

Personajes: Música, Sung-Joo, Gilda, Emma, Ray, Don, Chris.

Pairings: Música x Sung-Joo.

Línea de tiempo: ¿Semi-canon? Ah, se vale soñar (?).

Advertencias: Disclaimer Yakusoku no Neverland/The Promised Neverland; los personajes no me pertenecen, créditos a Kaiu Shirai y Posuka Demizu. Posible y demasiado OoC [Fuera de personaje]. Situaciones dramáticas, vergonzosas, cómicas y no tan románticas. Nada de lo ocurrido aquí tiene que ver con la serie original; todo es creado sin fines de lucro.

Clasificación: K+

Categoría: Comedia, Familiar.

Total de palabras: 3040

Nota de autora: Lo siento, sólo quería escribir algo de esto—

Ya no quiero ser escritora de fics, consumen mi alma (?).


Summary: Y mientras todos vuelven a su trabajo, Ray suspira pesadamente y, sin ganas, piensa en una manera de preparar un pastel de bodas en medio del bosque.


—¿Crees que Sung-Joo y Música sean pareja?

Ray se atraganta con la cucharada de sopa que se había llevado a la boca apenas termina de escuchar la pregunta de Emma, y varios segundos de estar tosiendo y acabando por tener la mirada de todos sus hermanitos, incluyendo la de la niña culpable de su accidente, se recompone lo mejor que puede, se limpia elegantemente la boca con un pañuelo y dirige su vista de un solo ojo visible a Emma, componiendo una expresión que fácilmente podría leerse como:

—¿Por qué te importaría eso?

—No digo que esté súper curiosa al respecto —aclara la pelirroja, terminando lo último en su plato y dejándolo sobre su regazo—. Es sólo que... No sé, nunca había visto a una pareja, solo leía de ellos en libros y... Diría que ellos parecen una.

—¿Y cuál es la necesidad de compartirme tus grandiosas dudas? —gruñe descontento, agarrando el plato vacío de la niña y juntándolo con el suyo, dispuesto a lavarlo más tarde. También los de los demás niños que ya han terminado de comer, quienes guardan silencio porque, de pronto, están realmente interesados en la conversación de los mayores.

—Es que tú eres más objetivo y todo eso... —Emma hace un puchero con los labios desvía la vista y juega con sus dedos de manera infantil—. Así que pensé que tal vez sabrías si es verdad o no.

—Lo sabría si me hubieran dado ganas de preguntárselo a Sung-Joo o a Música para confirmarlo —dicta con falsa afabilidad—, pero como que no soy muy aficionado en meterme en las vidas de demonios que llevan vivos cerca de mil años.

—Oh, no, sólo tengo novecientos veintidós años.

Todos los niños se quedan observando a Música, quien acababa de aparecer de la nada al lado de Emma, quien no pudo evitar soltar un gritito de espanto y dar un salto, cayendo de su roca usada como asiento. A esa cómica reacción le siguen las risas de todos los niños, con la excepción de Ray, claro. Él no entiende la gracia de algo así, por lo que sólo se dedica a ordenar los platos y cucharas, mientras lanza una mirada de duda y curiosidad a la nueva acompañante en esa agradable tarde de almuerzo familiar.

Hace una pequeña mueca de rendición y suelta un suspiro, viendo cómo Música ayuda a Emma a ponerse de pie mientras se disculpa.

—¿Entonces es así? —Inquiere el azabache, recostándose contra una pared rocosa y cruzando los brazos, en tanto mantiene la mirada fija en la demonio, y una pequeña sonrisita socarrona adornando sus labios—. ¿Son pareja?

—No sé mucho sobre las costumbres humanas —aclara Música, dudosa—, pero si intentas referirte al hecho de que estamos románticamente juntos...

—¡¿Lo están?! —exclama Gilda, sorprendida. Nadie se esperaba esa reacción de parte suya, así que todos la miran un segundo, y luego vuelven la vista a la chica de la máscara, cada vez más expectantes al respecto.

—Pues eso es–

—¡¿Y cuánto tiempo llevan juntos?! —aventura Emma, tan o más emocionada que cualquier otro niño en el grupo. Incluso se acerca lo suficiente a Música hasta casi pegar su cara a la de ella, tomando de paso sus manos y manteniendo la mirada fija en el rostro enmascarado de la mayor.

Música empieza a sentirse nerviosa, sumamente nerviosa. Tanto que le tiemblan los codos y su cabeza hace corto circuito, porque nunca antes había tenido a alguien tan emocionado, sujetando con tantas fuerzas sus manos, ni teniendo unos ojos tan brillantes y emocionados como los que tenía la niña en ese momento. Su sonrisa también ya llegaba a dar un poco de escalofríos de tan grande que era.

—A-ah... —balbucea Música, sin saber qué contestar exactamente. Siquiera entiende a esos niños humanos y su repentino y extraño interés en la relación que lleva con Sung-Joo. No tiene idea de qué hacer más que decir lo que se supone que es la respuesta que conoce—. Ya llevamos juntos... unos setecientos años... y algo más.

Tanto a Emma como a Don casi se les desencaja la mandíbula de tanto que han abierto la boca por la sorpresa, en cambio, Ray frunce el ceño y Gilda empieza a hacer cálculos sobre alguna cosa a la que nadie presta atención, por el momento. Mientras, los niños chiquitos están todos sorprendidos por la cantidad de años que acababa de mencionar la casi milenaria demonio, y tanto Thoma como Lani se abstiene de soltar un comentario sobre lo anciana que ya debería estar Música, en tal caso, no querían ofenderla y terminar en un estofado.

—Eso es... wow... —Emma aún está sorprendida, pero hace lo posible por mantener la calma. Suelta las manos de Música y empieza a hacer sus propios cálculos mentales sobre la situación—. Entonces... ¿Se conocen desde hace cuánto?

—Pues setecientos años —asiente la mayor, de nuevo. La pelirroja hace una mueca de extrañeza—. Es algo difícil de explicar, pero...

—¡Eso es sorprendente! —Exclama tanto Emma como Gilda, quien de pronto ha dejado atrás su tranquilidad sobre su asiento y, junto con la pelirroja, se acerca de nuevo a Música mientras sus ojos brillan en admiración y curiosidad—. Si ya va tanto tiempo, entonces eso significa que...

—¡¿Ustedes están casados?!

Si Música no tuviera su máscara, todos los niños presentes podrían ver claramente su expresión de total desconcierto, como si hubiese escuchado alguna cosa en otro idioma, uno que realmente no conoce ni tiene remota idea. Pero como no se puede, lo único que presencian Emma, Gilda y Don (quien terminó uniéndose porque la curiosidad pudo más que cualquier cosa) es a la demonio de pelo morado fruncir ligeramente los labios.

Y esa es suficiente respuesta, no por nada son carne premium.

Ray se dice que debería detenerlos ahí mismo, pero luego se dice que no porque lavar los trastes es más importante, entonces regresa a eso.

—Música, ¿sabes lo que significa casarse?

La aludida niega lentamente, muy lentamente, con la cabeza.

Emma, Gilda y Don intercambian miradas entre sí un momento, y después los tres sonríen de manera completamente sospechosa. Antes de que Música pueda preguntarles qué sucede y la razón de tales perturbadoras expresiones, ellos se dan vuelta y se dirigen a sus hermanitos menores, en especial a las niñas, quienes tienen los ojitos brillantes en algo que podría leerse como emoción pura.

—¿Escucharon eso, chicos? —Pregunta la hermana mayor en voz alta, y toda la horda de infantes asiente. Ella pone sus manos sobre su cintura, mientras una brillante expresión de decisión surca por su rostro—. ¡Tenemos que hacer algo al respecto! ¿No les parece? —Todos vuelven a asentir, felices—. Así que, Gilda —apunta a la susodicha, y ésta da un paso al frente mientras se acomoda los lentes seriamente—, tú encárgate de explicarle a Música lo necesario. Los demás haremos los preparativos.

Música, quien se acerca a los chiquillos, un poco temerosa, pone una mano sobre el hombro de Gilda.

—¿Preparativos para qué? —aventura dudosa.

—Para tu casamiento —contesta Ray con monotonía, mientras se dedica a guardar los platos limpios en una mochila—. Felicidades. —Agrega sin cambiar su desinteresado tono de voz. Eso no causa más que mala espina en la pobre y confundida demonio.

—¡Ray! —Emma grita de repente, espantando al niño y haciendo que casi termine echando un plato. Hace un par de malabares antes de conseguir tenerlo seguro otra vez, y después dirige una mirada molesta a la pelirroja, quien ignora completamente el gesto y, de la nada, empieza a empujarlo por la espalda—. Ve a buscar a Sung-Joo, rápido.

—Espera, espera, espera —ordena, plantando las botas en la tierra y evitando que Emma continúe empujándolo—. No, no. Yo no soy parte de esto.

—Claro que lo eres —afirma animadamente, empujando con más fuerza y logrando moverlo otra vez—. Así que tienes que ayudarnos. Ve a buscar a Sung-Joo, dile que lo necesitamos aquí rápidamente.

—¿Tienes idea de lo que me estás pidiendo? —Gruñe el azabache, volviendo a detenerse, esta vez con más esfuerzo gracias a la increíble fuerza de la niña—. ¿Por qué no vas tú, eh? A mí no me involucres más en tus ideas raras, estoy cansado.

—¡Dijiste que me apoyarías siempre desde que salimos de Grace Field!

—¡Esto es diferente!

—¡Ve!

—¡No!

—¡Yo estoy ocupada!

—¡Y yo también! ¡Tengo que planear la siguiente comida del día!

Y tras muchos otros forcejeos, finalmente llegan al acuerdo de que mejor quedaba como una sorpresa para Sung-Joo.

Música no cree que esa es una buena idea, pero no le dan tiempo de decirlo.


—¿Qué está pasando aquí?

La voz del demonio pelirrojo hace que todos los niños se detengan inmediatamente de sus labores; Gilda, Jemima y Alicia paran de acomodar las flores en el cabello de Música, Anna deja de arreglar las pequeñas arrugas del vestido de la misma, mientras que al otro lado de la habitación Nat, Thoma y Lani se encontraban improvisando varios instrumentos (entre ellos, un violín que nadie sabe cómo demonios consiguieron construir en menos de tres horas), y Don se encuentra con los demás chiquillos juntando pétalos de distintas especies de flores dentro de varias cestas, y no había que olvidar a Chris, quien estaba haciendo algunas coronas con otro tipo de flor.

—Yo no tengo nada que ver. —Anuncia Ray a un lado de Sung-Joo, observando con desagrado toda la imagen.

—¡Eso no es cierto! —Exclama en negación Emma, quien de pronto aparece detrás del amargado niño de mechón. Y justo después mira a Sung-Joo y le enseña un papel con muchas inscripciones extrañas—. Ray hizo el acta de matrimonio.

—Me obligaste.

—No, tú aceptaste.

—¿Acta de qué? —Inquiere el demonio, agarrando el papel y examinando su contenido. Cabe resaltar que, a pesar de entender las palabras no tiene idea de qué significa todo aquello junto ni para qué sirve—. ¿Y esto qué es? ¿Una especie de juego?

—¡Más importante! No deberías estar aquí —reclama Gilda de repente, y de pronto se encuentra interponiendo la vista hacia Música—. Es de mala suerte ver a la novia antes de la ceremonia.

—¿Eso de dónde lo sacaste? —pregunta Don, confundido.

—Lo leí en un libro.

—Ah.

—Ray, ¿podrías escoltar a Sung-Joo afuera de la habitación?

—No formo parte de esto, dejen de intentar mangonearme —advierte Ray, malhumorado—. Además, esto no es una habitación, es una cueva. Y somos unos fugitivos. No deberíamos estar preparando una boda.

—¿Boda? ¿Qué rayos están diciendo, niños? —inquiere Sung-Joo, cada vez más confundido y perdiendo la paciencia de a poco.

—Te lo explicaré afuera —afirma Emma rápidamente, agarrando del brazo al demonio para empezar a estirarlo hacia la salida—. ¡Gilda, termina rápido con Música! ¡Yo me encargaré de Sung-Joo!

—Está bien.

Y mientras todos vuelven a su trabajo, Ray suspira pesadamente y, sin ganas, piensa en una manera de preparar un pastel de bodas en medio del bosque.


¿Tú sabes qué está ocurriendo aquí? —aventura en voz baja el demonio, mientras sostiene de la mano de Música y ambos caminan por un sendero lleno de pétalos de distintas flores, que son arrojados por un par de niños que caminan enfrente de ambos al compás de la marcha nupcial.

No realmente —responde Música, y ríe nerviosamente, afianzando su agarre en el ramo de flores en su mano. Se traga un suspiro y observa extrañada a los alrededores, los árboles adornados con cintas, los niños acomodados a los lados del sendero, y al final, un par de arbustos puestos en arco—. Pero supongo que están haciendo que celebremos una fiesta humana.

¿Y sabes de qué se trata?

Tengo una vaga idea...

Ambos se detienen al llegar bajo el arco. La música se detiene y allí mismo los espera, detrás de una especie de mesa auxiliar a base de una roca de buena altura, Emma, quien trae encima su abrigo más limpio y una bufanda desenrollada que casi toca el suelo, mientras mantiene una expresión serena y casi seria. Entonces todos los niños guardan absoluto silencio y, tanto Sung-Joo como Música, se miran entre sí con dudas cada vez más grandes.

—Estamos hoy aquí reunidos... —la niña pelirroja empieza con el discurso, con una diminuta sonrisa que quiere hacerse cada vez más grande. Pero ante todo la compostura—, para celebrar la unión de estas dos personas...

Que ceremonia más extraña... —murmura la supuesta novia.

Me recuerda a una celebración de la realeza...

¿Era así de aburrido?

Ah, no. Sólo me recordó a la vez en que mi hermana mató a nuestro padre en medio de una reunión parecida...

Oh, vaya...

—¡Entonces! —La fuerte voz de Emma los regresa a ambos a la realidad con un pequeño susto, y la ven sonreír radiantemente—. Música, ¿aceptas a Sung-Joo como tu esposo, para amarlo y respetarlo, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe?

Música frunciría el ceño si tuviera cejas visibles.

—Um... ¿Sí...?

—Bien. Y tú, Sung-Joo, ¿aceptas a Música como tu esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe?

Eso suena cursi... —murmura el pelirrojo, y recibe una ligera patadita de parte de su acompañante—. Digo, ¿sí?

—¡Bien! —Emma no podría tener una sonrisa más grande—. Entonces, por el poder que se me ha conferido sólo por esta tarde, yo los declaro marido y mujer —asiente una vez y después guarda silencio. El par de demonios se mira entre sí un segundo, sin llegar a entender nada todavía—. Ejem, puede besar a la novia. —Agrega rápidamente, con un ligero rubor en las mejillas.

—¿Besar?

—Sí, besar.

—Espera, ¿qué? Un momento, ya sé de qué va esto —masculla Sung-Joo, y después observa de nuevo todo su alrededor, soltando un largo suspiro antes de volver a ver a Emma—. Niña, estás malinterpretando algo.

—No te preocupes. Cerraremos los ojos. —Informa de pronto, poniendo ambas manos sobres sus ojos. Enseguida todos los demás niños hacen lo mismo.

Música deja escapar una risita y Sung-Joo lleva una mano a su rostro, soltando otro largo suspiro. A lo lejos, Ray rueda los ojos y empieza a servir la comida en los platos.

—No me estoy refiriendo a eso...

—Emma, Sung-Joo y yo no–

—¡Oh, dios mío! —De repente la pelirroja vuelve a abrir los ojos, mostrando un rostro lleno de espanto que alerta a todos—. ¡Casi olvido los anillos! ¿Cómo se me pudo pasar eso? ¡Chris, ¿tienes los anillos?!

Enseguida aparece el niño, corriendo hasta quedar frente a los mayores y extendiendo un par de anillos hechos de flores con los colores del cabello de cada uno.

Los demonios vuelven a mirarse entre sí, y al final, acaban por agarrar los obsequios, haciendo que el chiquillo a cargo sonría enormemente, y pronto vuelva a desaparecer. Entonces ambos se ponen los anillos correspondientes a sus colores en el dedo que más les queda.

—No, esperen. Se supone que el rojo es para Música y el morado para Sung-Joo. —Explica Emma en lo que se supone que es una voz baja. Los aludidos vuelven a intercambiar miradas antes de obedecer las indicaciones.

Y justo después, todos los infantes se ponen de pie y empiezan a aplaudir, otros lanzan pétalos por todos lados, la música vuelve a sonar de manera más alegre y muchos empiezan a bailar felizmente. Vatios se acercan a felicitarlos y otros ya están yendo con Ray a comer bocadillos.

Todo mientras que Sung-Joo y Música continúan procesando todo, e intentando comprender la absurda felicidad de todos esos niños por una costumbre humana tan extraña.

—¿Deberíamos decirles? —pregunta el pelirrojo, todavía viéndolos festejar.

—No, no, se ven alegres —ríe su compañera, contagiándose del ambiente tan animado. Tras un par de segundos, toma de la mano de él y recuesta su cabeza en su brazo—. Déjalos ser, ellos festejan por nosotros.

—Todo esto fue innecesario... —masculla, chasqueando los dientes con ligero fastidio.

—Pero eso no quita el hecho de que, al final, te ha gustado seguir la corriente antes de descubrir la razón —recuerda la pequeña demonio, sonriendo divertida. Él vuelve a chasquear los dientes, pero no lo niega—. Vamos, sigamos la corriente por otro rato.

Acabando sus palabras, lo jala para ambos entrar en la nueva pista de baile junto a los demás.

Ray, a lo lejos, suelta un muy largo suspiro y piensa en lo difícil que sería limpiar más tarde todo ese desorden. Por otro lado, también piensa en la respuesta que Sung-Joo le había dado hace varios días en cuanto se atrevió a preguntarle respecto al tipo de relación que lleva con Música.

«—Ella es todo lo que tengo que proteger, hasta el día en que muera».

Una sonrisa se le escapa.

—Eso suena cursi.


¿fin?