Semana 2
Día 8 / al este del sol, al oeste de la luna
Mi amado esposo es un monstruo AU Parte 2
Me tardé tres semanas en hacer este capítulo y fueron 27 páginas de words, así que espero que lo disfruten mucho.
Otra cosa, por momentos no es lo suficientemente descriptivo o muy repetitivo es porque está inspirado en la estructura de los cuento.
Si tienen dudas de ciertas cosas que pasan en la historia es porque corresponden a la primera parte.
La mujer, que vestía un fino Kimono de seda blanca, caminaba con paso lento debido a sus a que llevaba una getas muy pesadas por estar hechas con el hierro más duro. A pesar de que su ropa estaba un poco sucia y estaba cansada de tanto caminar, probablemente desde una tierra lejana, ella se seguía viendo como una mujer muy bella.
— ¿Onee-san, por qué vistes la piel de un hollow?
— Era la piel de mi esposo.— Respondió tranquila a la inocencia del niño.
— ¿Eh? ¿estuviste casado con un hollow o qué?
La mujer vestía la gruesa piel de un Arrancar en realidad aunque el niño no pudiera distinguirla. La piel era blanca como la de un armiño, excepto por el pelaje rojo del cuello . Se hacía destacar por dónde quiera que caminara por los enormes cuernos, sostenidos por una máscara de hueso, aunque apenas y le podía esconder hasta el hueso frontal, que le servían de capucha. La gente se hacía a un lado para dejarla pasar. Algunos habían escuchado de ella, la novia del Vacío, la que vive en el palacio entre las nubes.
— Mmm, no exactamente, yo no lo llamaría un hollow.— Detuvo su paso y se giró en torno al pequeño, que, a su vez, la miraba expectante, seguramente ansioso de conocer la historia. Nada le costaba dedicarle unos minutos al pequeño para contarle cómo una terrible hechicera maldijo a su marido y que, por una imprudencia de ella, no pudo levantar su maldición y que ahora era su deber ir a salvarlo.
— ¿Sabes dónde puedo encontrar el Palacio de Xcution?— Preguntó la dama al pequeño una vez que terminó de contarle su triste historia.
— ¿Xcution?— El niño inclinó su cabeza en confusión.— Mmm, creo que no... tal vez la curandera la pueda ayudar, ella es muy sabia, me curó de una fiebre muy alta la semana pasada.
— ¿Me dirías cómo llegar con ella, pequeño... uh? ¿Cómo te llamas?
— Soy Kon, Onee-san— El pequeño le sonrió mostrándole una enorme y chimuela sonrisa.— Sólo siga el camino, es la casa con la puerta de Campanilla.
— Mucho gusto, Kon. Yo me llamo Rukia. Gracias por toda tu ayuda.
Rukia, se levantó para seguir su camino, cuando el pequeño corrió y le dió un pequeño huevo de bronce como regalo antes de correr de regreso con su madre, una guapa mujer morena, que lo estaba esperando.
El camino a la puerta de campanilla no fue tan corto, le tomó medio día llegar, todo por sus pesadas getas de hierro.
Dio tres golpes a la puerta, esperando por fin encontrar un lugar para descansar o, al menos, alguna pista del lugar dónde se encontraba su esposo. No tardó demasiado en que le abriera una joven de cabello cenizo.
— Buenas noches, ¿se encontrará, la Unohana-sama?
— Ah, uhm...— La sirvienta no parecía segura de qué responder, no muchos recibirían a alguien con una piel de un hollow, mucho menos con la de un Arrancar.
— No la molestaré mucho, si es eso lo que le preocupa.
— ¿Isane-san, hay alguien en la puerta?— Se escucha una voz que proviene del interior de la cabaña que hace que la chica de un brinco con algo de miedo.
— Sí, Unohana-dono, es una-
— Entonces hazla pasar, ya se hizo tarde y quisiera servir la cena.
— Uhm, pasé, por favor...
La chica se hizo a un lado para cederle el paso al interior. Ya en su interior, que tenía una temperatura agradable, pudo por fin quitarse la capucha de su capa de piel. Frente a ella, junto a la chimenea, se encontraba una dama con ropas de curandera. A Rukia esa mujer le inspiraba respeto, a la par de temor, por su postura afable y sus ojos fríos.
— Buenas noches, jovencita, ¿a qué debo el honor de tu visita?
— Estoy en busqueda del Palacio de Xcution, y un niño que encontré me dijo que usted tal vez pueda ayudarme.
La mujer suavizó su mirada después de unos segundos de examinarla someramente. Inmediatamente se levantó de su lugar junto a la chimenea y le acercó un asiento a Rukia que ella tomó gustosa. El castigo por su imprudencia era muy duro y, a veces, la obligaba a detenerse para descansar.
— He escuchado acerca de ese lugar. Desafortunadamente no sé dónde se encuentra ese lugar, pero sé de alguien que sí lo sabe.
— ¿Quién es? ¡Es urgente que me encuentre con esa persona!— Rukia se levantó de su asiento, pero al instante tuvo que volver a él, víctima de un mareo repentino.
— Siéntate y descansa, pequeña, nadie en tu condición debería estar tanto tiempo de pie.
— Se lo agradezco, mi señora, pero es imperativo que encuentre el Palacio de Xcution.
— Pero no lo harás esta noche— La decepción cruzó el rostro de Rukia—, creo que lo mejor ahora es que descanses, la cena ya casi está.
La joven llamada Isane le sirvió a ambas mujeres mujeres un abundante puchero con arroz y cuando se hubo sentado junto a ellas con su propio plato fue cuando comenzaron a degustar los deliciosos alimentos. Isane, que antes estaba temerosa de la mujer con la piel de hollow, pudo notar que, al igual que sus señora, debía de venir de una familia de clase acomodada o, mínimo, recibió una educación de élite.
Ambas mujeres comían casi con los ojos cerrados, tomaban bocados pequeños y sujetaban sus ohashi con firmeza y precisión, deteniéndose cada tanto para darle un sorbo a la sopa miso que acompañaba sus alimentos. El silencio duró hasta que terminaron de comer.
— Isane-san, cuando termines de recoger los platos, por favor retírate y déjanos solas, yo llevaré, ¿a...?
— Rukia.
— Rukia-san y yo tenemos muchas cosas que discutir.
— Cómo diga, Unohana-dono.— Se retiró después de hacer una reverencia.
— ¿Por qué le pidió que se retirara, Unohana-sama?, si no es una impertinencia de mi parte preguntar.
— Porque sería incorrecto de mi parte oscultar a mi paciente cuando aún está convaleciente
— ¿Su paciente?, yo no vine por una consulta, yo vine por...
— Por su puesto, pero no puedo permitir que una mujer en su estado no reciba, por lo menos una vez, atención prenatal.
— ¿C-cómo lo supo?— Rukia se miró a sí misma, tratando de esconder, y proteger, su pequeña barriga.
— Soy una doctora con mucha experiencia, nada se me escapa.— Rukia pudo observar un brillo extraño en los ojos de la doctora.
— Ya veo, pero aún así...
— Pero nada— La mirada se volvió furiosa otra vez, Rukia sintió un escalofrío recorrerle la espalda.—, además, a las personas que buscas no pasarán por el pueblo hasta dentro de tres semanas.
— Con que son un grupo— Susurró Rukia—, ¿entonces qué haré hasta que lleguen? ¿Y si ellos no me pueden ayudar?
— Creeme, tal vez ellos no puedan llevarte hasta el castillo, pero saben dónde está y cómo podrás llegar.
— Pero no tengo mucho tiempo, si no llego al Palacio de Xcution y rescato a mi esposo antes de que nazca nuestro bebé...
— ¿Y darás vueltas por toda la comarca sin ninguna pista de a dónde tienes que ir incluso si eso arriesga la vida que cargas?
Rukia guardó silencio, también debía de pensar en su bebé, si no fuera por las aves, que le facilitaban agua y alimento, hubiera muerto por el agotamiento y el castigo que le impuso la Bruja del Amor.
— N-no q-quier-ro, p-pero— Sus ojos se llenaron de lágrimas, empezó a sollozar y se cubrió el rostro para que la Doctora no fuera testigo de su dolor— m-mi I-ichigo es, fue mal-maldecido por una Bruja y-y por m-mi c-culp-pa ella s-se lo ha llevado.
Unohana la abrazó para permitirle llorar y darle algo de consuelo.
— Quédate a descansar en lo que llega el grupo Deathberry, cuando ellos lleguen tendrás más energía para seguir con tu viaje.
Rukia sólo asintió contra el estómago de la señora. Necesitaba descansar, se sentía tan cansada y sus getas eran tan pesadas...
— Duerme, no puedo ayudarte, pero para cuando despiertes ellos ya estarán aquí.
La próxima vez que Rukia despertó ya había pasado una semana y tuvo que esperar otras dos semanas, en las que las que le contó su historia y forjó una pequeña amistad con Unohana, antes de que Deathberry le prometiera acercarla al Palacio.
— Cuídate, pequeña, a ti y a ese bebé tuyo, espero que nazca muy sano.
— Eso haré, Unohana-sama.
— Ya tenemos que irnos— Era la voz amable de una de los miembros del grupo de teatro, una pelirroja, de agraciadas facciones y cuerpo de infarto, llamada Inoue Orihime. Junto a ella se encontraba sus compañeros que llenaban la carreta con provisiones. Después de todo, su parada por el pueblo era por eso.
— Toma, Rukia-san, es un regalo por tu paciencia— Puso su mano un pequeño huevo de plata.—, espero te ayude en tu viaje.
— Gracias por todo, Unohana-sama.
El amable gigante de piel tostada del grupo, al que todos llamaban cariñosamente Chad, la ayudó a subir a la parte trasera de la carreta que utilizaban y se sentó junto a ella. Deathberry, una tropa viajera de guardabosques, conocida porque muchas veces causa alborotos en aquellos lugares a los que llega a prestar ayuda.
— ¿Entonces, Rukia-san a dónde dijo que deseaba ir?— Preguntó la dulce pelirroja, que se encontraba sentada al frente. Junto a ella se encontraba un joven de anteojos plateados, cabello negro y complexión delgada, Su nombre era Ishida Uryuu.
— Necesito llegar al Palacio de Xcution, no tengo mucho tiempo para llegar ahí.
— Es un lugar difícil de encontrar— Comentó el de los lentes y fue secundado por sus compañeros.—, es probable que no te podamos llevar todo el camino.
— Eso no importa, mientras me acerquen lo más posible.
— ¿A qué va a ese palacio, Rukia-san?
— Por mi esposo, la dueña de ese lugar lo tiene bajo un embrujo.
— ¿Y qué le hace creer que logrará salvarlo?— Preguntó toscamente Ishida, se notaba que era alguien huraño.
— No lo sé— Rukia la miraba con mucha tristeza.—, pero voy a intentarlo, al menos quisiera pedirle perdón, ya que por mi culpa es que ella lo atrapó.
— Ishida, ayudémosla.
— ¿Qué? Pero, Chad, nosot-
— Ayudemosla.
— Por favor, Ishida-kun, no podemos permitir que una malvada Bruja separe a una familia. Noso-
— Nosotros no podemos ayudarla, ya tenemos una misión, tenemos que ir al campo de las Noches y derrocar al hechicero Aizen.
— Aww— Orihime estaba acongojada—, ¿podemos hacer algo por ella?
— La acercaremos al palacio y le diremos cómo entras a sus alrededores.— Ishida trataba de aplacar al gigante de hierro entre ellos y alegrar a la chica.
— Eso no es suficiente— Intervino otra vez Chad, que se caracterizaba por ser muy callado, pero que también era alguien muy romántico.
— Está bien, le daremos un huevo Gikon.
— Bien— Concluyó Chad—, pero será uno de oro.
Por dos semanas más el grupo se encargó de llevar a Rukia a través del bosque que escondía el camino al palacio de Xcution. Conforme avanzaban el camino se cargaba más y más de una espesa niebla, pronto tendrían que abandonarla pues la carreta ya no podría seguir el camino.
— Para llegar al palacio de Xcution deberás seguir este camino por las noches, te tomará llegar unas tres noches— Empezó a darle instrucciones Ishida.
— Las luciérnagas la llevarán— Concluyó Chad.
— ¿Cómo es que saben cómo llegar?— La duda acompañó a Rukia durante todo el viaje por el bosque de Rukongai.
— Chad vivió un tiempo en ese palacio— Agregó con cierta alegría Orihime.
— Ya veo.
— Eso fue antes de que la bruja nos expulsara.
El grupo la dejó en una senda muy estrecha, en el punto en el que la carreta no podía avanzar más, junto a una gran roca en la que tuvo que esperar sentada hasta el anochecer.
La espera se sintió larga, ya estaba la luna en todo lo alto y las luciérnagas no habían aparecido aún.
— Será mejor que comience a caminar— Dijo Rukia con un suspiro.
Siguió el estrecho camino, muy lentamente porque la luz de la luna casi no podía atravesar la niebla. de seguir así, ¿cómo podría encontrar a las luciérnagas si apenas y podía ver más allá de dos pasos de distancia?
Un momento, la Bruja no quiere que me acerqué.
Desde que llegó con Unohana-sama no se había puesto la capucha de piel. Asustaba a Isane y Orihime parecía muy incómoda con la piel. Ojalá que lo que está a punto de hacer realmente funcione o habría perdido a Ichigo para siempre.
Otra de las razones por las que no se había puesto la capucha fue porque modificaba sus sentidos. Escuchaba mejor, olía mejor, la hacía sentirse más fuerte, pero también le hacía sentir más hambre y una sed insaciable.
Esto fue lo que debió sufrir Ichigo todos esos años... sentirse un hollow, ser un hollow, tan sólo si ella no hubiera echado todo a perder.
En cuanto se puso la capucha las cosas cambiaron. La neblina demostró su verdadera naturaleza, era mágica, diseñada para mantener alejados a todos. A todos menos a Ichigo, y esta era la piel de Ichigo. Cuando la neblina se despejó las luciérnagas se acercaron y formaron un círculo alrededor de ella.
Rukia tomó una bocanada de aire, sintiendo placenteramente las patadas de su bebé. Se sentían como gritos de aliento. Dio un paso al frente, las luciérnagas que la rodeaban se alejaron por un momento, y al siguiente formaron una fila que Rukia comenzó a seguir hasta que comenzaron a salir los primeros rayos de luz del alba.
Cuando las luciérnagas por fin se fueron, ahuyentadas por el sol, Rukia decidió que era momento de descansar y dormir, y al ponerse el sol continuaría con su travesía. El proceso lo repitió dos noches más. Empezaba con el atardecer y terminaba con el amanecer.
En el amanecer del tercer día, Rukia decidió tomar descanso bajo la sombra de un viejo olmo, hacía mucho que el camino había terminado y las luciérnagas empezaron a desaparecer. Estaba segura que pronto el final del camino revelaría para ella.
— ¿Está bien?— Una voz despertó a Rukia de su sueño, sueño en el que podía ver a su esposo y a su hijo jugando a lo lejos en el jardín donde, hasta hace unos meses, se encontraba su hogar.— ¿Se encuentra perdida, Ojou-san?
— ...— Rukia observó a su interlocutor, un hombre de cabello canoso, y se notaba era muy amable.— Eso creo, estoy buscando el Palacio de Xcution.
— Que buena suerte tiene, nosotros nos dirigimos a esa dirección.— Fue entonces que Rukia notó que el hombre parado frente a ella venía acompañado. Detrás de él se encontraba un camino que antes no se encontraba ahí, y una carroza de considerable lujo en la que venían otras dos personas. Un hombre que llevaba un viejo kimono rosa en los hombros y una mujer con lentes y kimono de mangas cortas, seguramente era la esposa de alguno de esos hombres.
— ¿Van a Xcution?— Preguntó tímidamente Rukia.
— Sí, estamos a una hora de distancia del pueblo a las afueras del palacio.
— ¿Ojou-san, desea acompañarnos?— Preguntó el hombre del kimono rosa.
— ¿No será mucha molestia?
— Por supuesto que no— Agregó la mujer.
— Entonces, acepto con mucho gusto,— El hombre de cabellos canos la ayudó a levantarse y a subir a la carroza—, gracias por su ayuda.
Cuando Rukia subió a la carroza notó que sus interiores eran extremadamente lujosos y que tampoco había caballo o cochero que la guiara.
— ¿Este?... disculpen mi impertinencia, ¿pero cómo es que se mueve el coche sin la ayuda de corceles o cochero alguno?
— Por magia, obviamente.— Dijo la mujer que estaba leyendo un pesado libro de cuero.— Si no, ¿de qué otro modo hubiera encontrado el camino a Xcution?
— Ya veo. Soy Rukia, por cierto. No me presenté como debía.— Hizo, cómo pudo por su barriga, una pequeña venía a cada uno de sus anfitriones.
— Oh, perdónenos a nosotros, tampoco nos presentamos.— Comentó el hombre del kimono rosa.
— Déjeme presentarme primero, mi nombre es Ukitake Jushiro, soy ministro. Y estos son mis amigos Kyoraku Shunsui y su hermosa esposa, Ise Nanao.
— Espero que no le moleste mi pregunta, Rukia-san, ¿pero a qué va al Palacio de Xcution? Desde que la Bruja magenta, Dokugamine Riruka, tomó el control ya no es fácil llegar allá.
— Voy por mi esposo, se encuentra secuestrado en ese lugar.
Ante esa respuesta, guardaron silencio, uno extraño, y sus rostros palidecieron un poco.
— ¿Ustedes a qué van al Palacio?— Preguntó Rukia, sintiendo como la atmósfera se volvió pesada.
— Nosotros— Empezó Kyoraku—, vamos a acompañar a mi amigo, Ukitake-san a, a...— Parecía temeroso de terminar lo que debía decir.
— Vamos a una boda, Rukia-san— Nanao decidió tratar de sacar a su esposo del embrollo en el que se habían metido.
Rukia entendió perfectamente a qué boda se referían. La Bruja planeaba casarse con Ichigo y mandó traer a un ministro para que oficiara su ceremonia.
— ¿C-cuándo será la boda?
— Dentro de cuatro noches.
— Eso es demasiado pronto, todavía debería de tener unas semanas antes de que se me acabe el tiempo.— Susurró para Rukia para sí, mas eso no impidió que la escucharan.
— ¿Tiempo para qué?
— Se supone que ella no puede apoderarse de Ichigo antes de que nazca nuestro hijo, él es el que impide que su hechizo borre todos sus recuerdos.
— Tal vez esté confiada de que lo ha hecho olvidar lo suficiente como para obligarlo a casarse con ella.
— Tal vez— Concordó Rukia.
El resto del camino lo siguieron en silencio, lo cual agradeció Rukia, estaba nerviosa con lo que podría encontrar en el palacio.
— Oh, miren, hemos llegado... el pueblo Fullbring.— Comentó el Ministro.
Fue increíble, como si hubieran cruzado un portal, porque apareció de repente un pueblo, bullicioso, lleno de vida, muy colorido, aunque había algo muy extraño en los pobladores. Sonreían, todos lo hacían, aunque sus sonrisas no se veían normales.
— ¡Están bajo un hechizo!— Rukia se volteó en dirección de los demás ocupantes de la carroza.
— No lo están, Rukia-san— Dijo Ukitake, pero su rostro no reflejaba un mejor destino.
— ¿Entonces, en sus ojos se puede ver sufrimiento?
— Bueno ellos...— Quiso decir el buen Ministro.
— La Bruja los tiene bajo amenaza— Intervino Nanao.
— Dokugamine Riruka es la bruja del Amor y la Felicidad. Antes solía ayudar a las personas a encontrarlo, pero desde que fue rechazada se ha obsesionado con ser amada, especialmente por los que viven en este pueblo.
— Pero como también quiere la felicidad de su pueblo, les ordenó sonreír siempre que estuvieran bajo los cielos o los castigaría por traer la infelicidad a sus tierras.
— Creemos que perdió la capacidad de traer la felicidad.— Comentó Nanao.
— Porque la robó.— Y también quiere el amor de quién la rechazó.— Concluyó Rukia en su mente.
Cuando el la carroza se detuvo en el hostal que el grupos tenía planeada pasar su estadía, le dijeron a Rukia que debía de bajar de la carroza con una sonrisa enorme en su rostro y que podría relajarse siempre que estuviera debajo de un techo.
— Perdone, ¿es usted el Ministro Ukitake e invitados?— No habían alcanzado a poner un pie en la posada cuando fueron alcanzados por un joven que llevaba una capucha y un paraguas a pesar de ser un hermosos día soleado.
— Eh, sí, soy Ukitake Jushiro, y estos son mis acompañantes.— Señaló a todo el grupo, incluido a Rukia.
— Soy Hans Vorarlberna Yukio, soy uno de los sirvientes de la Bruja del Amor y la Felicidad, Rirukia-Majo. Ella me mandó a recogerlos y a invitarlos a pasar estas festividades en su palacio.
— Oh, no esperaba tan amable invitación de parte de ella— El Ministro estaba nervioso, no deseaba tener que pasar la noche en su el Palacio de Xcution.—, es muy amable de parte de Riruka-sama, pero ya habíamos hecho reservaciones en el hostal.
— No se preocupe por ello, Riruka-sama ya se encargó de cancelar sus reservaciones.
Sin otra opción que ir con el joven bajo el paraguas, el grupo regresó a su carroza para ser guiados al interior del palacio. Bien, eso era lo que Rukia necesitaba, un medio para entrar al palacio sin ser descubierta.
Por su seguridad, Rukia se acomodó su capucha para asegurarse de no ser descubierta por el sirviente de la bruja.
Ya en el interior fueron recibidos por la servidumbre que los guió a las que serían sus habitaciones, que estaban al lado contrario de la mansión donde se encontraban la señora y su futuro esposo. Fue extraño que no se asustara nadie por la máscara de hollow con la que estaba escondiendo su rostro, actuaban como si nada.
Dentro de cuatro noches Riruka obligará a Ichigo a casarse con ella— Rukia pensaba en el silencio de su habitación.
Ya estoy aquí, ¿ahora qué hago?— Estaba acariciando su barriga para calmarse a sí misma. Era agradable sentir las patadas de su bebé en momentos como ese, sabía que tenía un pequeño aliado de su lado.
— Cierto, los huevos gikon.
Sacó de las mangas de su kimono los huevos que le regalaron las personas que había conocido en todo este tiempo. Puso los huevos en el suelo y comenzó a analizarlos. Los tres eran diferentes, con intrincados diseños de flores y astros.
— Debo romperlos si quiero obtener los que está en su interior, pero tengo que tener cuidado de no desperdiciarlos...
Con eso en mente Rukia salió de su habitación y se dirigió al engawa. Eligió el huevo que usaría y guardó los otros dos de nuevo en la manga de su kimono.
— Por favor, funciona.
El huevo en su mano era el huevo de bronce, lo rompió en dos contra la orilla del engawa. De una de las mitades del huevo sobresalía un colorido pedazo de tela. Rukia decidió tirar de él y averiguar qué era, se supone que los huevos gikon le dan a su dueño algo que le será útil en su momento de crisis. Cuando terminó de sacar el pedazo de tela se dio cuenta que era un gran trozo de tela, suficiente para formar un rollo pequeño.
— ¡Es seda! ¡De las más fina que haya visto jamás!
No podía dejar de preguntarse para qué necesitaría tela, no importando que tan fina sea. Volvió su vista nuevamente al huevo, de él sobresalía otra punta de tela. Decidió tirar de ella, y se la punta que salió después de esa, y la siguiente y la siguiente.
— ¿Qué es todo esto?— Era la grave voz de Riruka, jamás olvidaría su voz del único encuentro que hubo entre ellas.— ¿Eres acaso una bruja?
—... — Rukia no sabía cómo responder, pero tenía que inventarse algo—, no, Señora, estoy preparando mi ropa para mañana. No estaba segura que complacería más a sus ojos así que traje todas estas telas.
— Mmmm...— En su rostro había un gesto de desagrado.— No sé si creerte.
— ¿Por qué no, mi Señora?
— No creo que merezcas vestir esas sedas, eres muy poca cosa para ellas.
— ¿No, mi Señora?— Rukia fingió un momento de duda—, temo que no puedo hacer nada al respecto, son mías así que tendré que vestirlas para su hermosa boda.
Rukia empezó a recoger las telas del suelo, no le quería dar oportunidad a la Bruja de decirle nada.
— ¡Espera!
Rukia se detuvo, quería saber que tenía la bruja que decirle.
— Te compro tus telas.
— No puedo venderselas, mi Señora.— Pero Rukia detuvo su tarea, en espera de lo que Rurika pueda decirle.
— ¡Tonterías! Dime tu precio, te daré lo que sea.— Riruka se volvió a acercar a las sedas y a pasarla por su rostro para sentir su suavidad.
— Lo siento, pero no puedo venderla— Repitió Rukia, al ver cómo le brillaba la mirada a la Bruja al contemplar las telas—, sólo puedo intercambiarla.
— ¿Un trueque? ¿Por qué? Explícate.
— Mmm— Rukia fingió que no sabía qué pedir.—, deseo pasar una noche con su amado. Esta noche.
— ¿Con mi ornamento? ¡Jamás!
— ¿La zorra se refiere a Ichigo como ornamento?— Entonces me las llevaré, usted quédese con lo suyo y yo con lo que es mío.
— Espera— Ella se restregaba la tela con tanto gusto que casi caía en lo vulgar—, seda, deliciosa seda ¡AH! ¿Solo una noche con mi ornamento favorito? Él es mi tesoro, ¿sabes?, pero seré generosa contigo. Consideralo un regalo de mi parte.
Con eso ambas aceptan los términos del trueque. Rukia entregará sus telas para pasar esa noche al lado de Ichigo. Y, ojalá, rompa el hechizo que tiene la bruja sobre él.
Esa tarde, todos se reunieron en el comedor para un pequeño banquete. Y ahí estaba Ichigo, su amado esposo, con la misma mirada vacía de cuando se fue con la Bruja. Hablaba con los invitados y los sirvientes, pero no había luz en sus ojos, como si no los viera.
Era la voz de Ichigo, el cuerpo de Ichigo, pero él no se encontraba presente, al menos no del todo. Fuera cual fuera el hechizo que pesaba sobre él, sus sentidos parecían alterados. Aceptaba la cercanía de la Bruja cuando ella lo tomaba del brazo o se recargaba sobre su hombro derecho, y no reconocía la piel con la que Rukia escondía su rostro y presencia. Por lo demás, fue una cena más que placentera y acompañada de comida deliciosa.
Después de la cena, todos regresaron a sus respectivas habitaciones a dormir. Únicamente Rukia recibió a un sirviente, que tenía dos velas en la mano, que la guiaría a los aposentos de Ichigo.
— Riruka-Majo-sama me ha pedido que la acompañe para cumplir su acuerdo.
El camino no fue tan corto como Rukia hubiera deseado. Cruzaron tres jardines y dos salones laberínticamente unidos hasta llegar al ala en la que se encontraría con Ichigo. El palacio mágicamente escondía secretos en su arquitectura. De no ser por sus sentidos aumentados por la piel y la vela que le dio el sirviente se habría perdido en la magia del castillo.
— Ya estamos aquí, Okyaku-sama— Dijo el sirviente mientras abría el shoji— Vendré por usted antes del amanecer.
Rukia entró a la habitación que se encontraba a oscuras y dio un brinco cuando el sirviente cerró el shoji sonoramente.
Se adentró con cuidado a la habitación, con la vela por delante.
— ¿Ichigo, dónde estás?— Lo dijo en voz baja, asustada de lo que la bruja podría hacerle si esto era una trampa. Sólo el silencio le contestó.
Se agachó cuando la vela la guió a un futón que se encontraba ocupado.
— ¡Ichigo, oh, Ichigo!
Ahí, en el futón, se encontraba su amado esposo completamente dormido. Junto a él se encontraba una taza de té, aún tibia y a medio beber.
— ¡Oh, maldita Bruja, me has engañado!
La taza contenía un poderoso somnífero del que Ichigo no despertará hasta mucho después del amanecer. Abatida por su derrota, Rukia se quitó la capucha para poder observarlo con sus propios ojos.
Ichigo seguía siendo tan atractivo como la única vez que lo pudo ver bajo la luz. Ahora, a diferencia de ese entonces, su cabello le llegaba, apenas, a los hombros.
— Oh, Ichigo, cómo te extraño, perdóname por lo que hice, por mí estás aquí.— Se sentó a su lado comenzó a depositar besos ligeros en su mejilla derecha.— Sientelo, nuestro bebé también te está buscando.— Tomó una de las manos de Ichigo y la posó en su barriga para que sintiera las animadas patadas que el bebé daba.
Al ver que eso no le sacaba ninguna respuesta, se dedicó a pasar sus manos por los cabellos de Ichigo, a depositar pequeños besos en su mejilla derecha, y a cantarle hasta el amanecer, esperando obtener alguna reacción, por más mínima que fuera. Y, por momentos, juraba que se movían ligeramente las comisuras de sus labios.
Como le fue prometido, antes del amanecer, el sirviente anunció su presencia.
— Ya voy— Dijo Rukia mientras se volvía a cubrir su rostro con la piel de hollow.
El camino se sintió aún más largo, Rukia no sabía definir si era por el abatimiento que sentía o porque el laberinto mágico se había hecho aún más poderoso.
Al regresar a la habitación que le había sido asignada se recostó a descansar y a dormir un poco antes de que le trajeran el desayuno.
El resto de la mañana la pasó mirando a los peces koi que nadaban en el estanque, el desayuno que le dieron fue sencillo, pero Rukia se aseguró de no comer nada.
— Oh, que bien comió, Okyaku-sama, ¿desea que le traiga algo más?
— No, gracias— Le respondió Rukia mientras comía unas frutillas que tenía en su regazo— No será necesario.
— La cena será otro banquete en honor a Riruka-Majo-sama.
— Gracias, ahí estaré.
Seguramente, eso significaba que la bruja deseaba presumir las sedas que obtuvo de ella, lo cual le daba la oportunidad de hacer que la Bruja intercambiara otra noche con Ichigo.
Con eso en mente Rukia salió de su habitación y se dirigió al engawa. Eligió el huevo que usaría y guardó el otro de nuevo en la manga de su kimono nuevamente.
— Por favor, dame una oportunidad para salvar a Ichigo.
El huevo en su mano era el huevo de plata, lo rompió en dos contra la orilla del engawa. De una de las mitades del huevo sobresalía algo brillante y muy colorido. Rukia tiró de él para averiguar qué era, qué regalo le daría el huevo gikon en esta ocasión. Cuando terminó de sacar el objeto se dio cuenta que era una gema preciosa.
— ¡Es una esmeralda!
No podía dejar de preguntarse para qué necesitaría una piedra como esa, no importando su pureza. Volvió su vista nuevamente al huevo, de él sobresalía otra gema. Decidió agitar del huevo para que salieran las gemas y que producían un espectáculo precioso de luces al caer en la engawa.
— ¿Qué es todo esto?— Era la grave voz de Riruka, que ahora se veía ridícula mezclando todas las telas que había obtenido de ella el día anterior.— ¿Eres acaso una bruja?
—... — Rukia no sabía cómo responder, pero tenía que inventarse algo—, no, Señora, estoy preparando la joyería que usaré el día de mañana. No estaba segura que complacería más a sus ojos así que traje todas estas gemas.
— Mmmm...— En su rostro había un gesto de desagrado.— No puedo creerte.
— ¿Por qué no, mi Señora?
— Eres demasiado insignificante para tan bellas gemas.
— ¿Eso cree, mi Señora?— Rukia fingió un momento de duda—, temo que no puedo hacer nada al respecto, son mías así que tendré que portarlas para su hermosa boda.
Rukia empezó a recoger las gemas del suelo, no le quería dar oportunidad a la Bruja de decirle nada.
— ¡Espera!
Rukia se detuvo, quería saber que tenía la bruja que decirle.
— Te compro tus gemas.
— No puedo venderselas, mi Señora.— Pero Rukia detuvo su tarea, en espera de lo que Rurika pueda decirle.
— ¡Tonterías! Dime tu precio, te daré lo que sea.— Riruka se volvió a acercar a las gemas y a tocarlas para pesarlas con sus manos.
— Lo siento, pero no puedo venderlas— Repitió Rukia, al ver cómo le brillaba la mirada a la Bruja al imaginar toda la joyería que podría montar—, sólo puedo intercambiarla.
— ¿Un trueque? ¿Por qué? Explícate.— Estaba tan fascinada con la joyería que no se daba cuenta que ya habían tenido una conversación similar el día anterior.
— Mmm— Rukia fingió, otra vez, que no sabía qué pedir.—, deseo pasar la noche con su amado. Esta noche.
— ¿Con mi ornamento? ¡Jamás!
— Entonces me las llevaré, usted quédese con lo que es suyo y yo con lo que es mío.
— Espera— Ella se restregaba sostenía las gemas con tanto gusto que casi caía en lo vulgar—, rubíes, esmeraldas, zafiros, incluso diamantes ¡AH! ¿Solo sería una noche con mi ornamento? Me costó mucho trabajo traerlo a mí, ¿sabes?, pero seré generosa contigo. Consideralo un regalo de mi parte.
Con eso ambas aceptan los términos del trueque. Rukia entregará sus gemas para poder pasar esa noche al lado de Ichigo.
Esa tarde, por órdenes de Riruka, todos se reunieron en el comedor para un pequeño banquete. Y ahí estaba Ichigo, su amado esposo, con la misma mirada vacía de la noche anterior. Hablaba con los invitados y los sirvientes, pero la luz de sus ojos seguía ausente, como si no los viera o como si viera otra cosa.
Aceptaba la cercanía de la Bruja, le permitía que lo tomara de la mano y se recargara en su hombro derecho, aunque la esquivaba cada vez que quería tocarle el rostro. Aunque seguía sin reconocer la piel con la que Rukia escondía su rostro y presencia. Por lo demás, fue una cena más que placentera y acompañada de comida deliciosa, de la que Rukia se aseguró de comer del mismo plato del centro que el Ministro Ukitake y sus invitados.
Después de la cena, todos regresaron a sus respectivas habitaciones a dormir. No obstante, Rukia recibió al mismo sirviente de la noche anterior, nuevamente con dos velas en la mano para guiarla a los aposentos de Ichigo.
— Riruka-Majo-sama me ha pedido que la acompañe para cumplir su acuerdo.
El camino fue más largo que el de la noche anterior. Cruzaron los tres jardines y dos salones de la noche anterior, pero ahora también pasaron por por dos bibliotecas y un cuarto de entrenamiento hasta llegar al ala en la que se encontraría con Ichigo. La magia del palacio estaba concentrándose en su arquitectura. De no ser por sus sentidos aumentados por la piel y la vela que le dio el sirviente se habría perdido en la magia del castillo.
— Ya estamos aquí, Okyaku-sama— Dijo el sirviente mientras abría el shoji— Vendré por usted antes del amanecer.
Rukia entró a la habitación que se encontraba a oscuras y dio un brinco cuando el sirviente cerró el shoji sonoramente. Se adentró a la habitación, con la vela por delante. Y le preocupaba que la habitación estuviera a oscuras otra vez.
— ¿Ichigo, dónde estás?
Se agachó en busca del futón, que se encontraba ocupado.
— ¡Ichigo, oh, Ichigo!
Ahí, en el futón, se encontraba su amado esposo completamente dormido. Junto a él se encontraba una taza de té, aún tibia y a medio beber.
— ¡Oh, maldita Bruja, me has engañado otra vez!
Ichigo había vuelto a beber de la taza y no despertaría hasta mucho después del amanecer. Abatida por su derrota, Rukia se quitó la capucha para contemplarlo con sus propios ojos.
— Oh, Ichigo, ¿cómo voy a salvarte de esa mujer si ella se encarga de separarnos?.— Se sentó a su lado comenzó a depositar besos ligeros en su mejilla derecha.— Sientelo, nuestro bebé también te está buscando.— Tomó una de las manos de Ichigo y la posó en su barriga para que sintiera las animadas patadas que el bebé daba.
Al ver que eso no le sacaba ninguna respuesta, se dedicó a pasar sus manos por los cabellos de Ichigo, a depositar pequeños besos en su mejilla derecha, y a cantarle hasta el amanecer, esperando obtener alguna reacción, por más mínima que fuera. Y, por momentos, juraba que podía ver el fantasma de una sonrisa dibujarse en sus labios.
Y, como le fue prometido, antes del amanecer, el sirviente anunció su presencia.
— Ya voy— Dijo Rukia mientras se volvía a cubrir su rostro con la piel de hollow.
El camino se sintió aún más largo, Rukia no sabía definir si era por el abatimiento que sentía o porque el laberinto mágico se había hecho aún más poderoso.
¿Cómo sería si lograba conseguir una última noche con Ichigo?
Al regresar a la habitación que le había sido asignada se recostó a descansar y a dormir un poco antes de que le trajeran el desayuno.
El resto de la mañana la pasó mirando al estanque que se encontraba vacío, el desayuno que le dieron fue sencillo, pero Rukia se aseguró de no comer nada de lo que le ofrecieron.
— Oh, que bien comió, Okyaku-sama, ¿desea que le traiga algo más?
— No, gracias— Le respondió Rukia mientras comía unas semillas de calabaza que tenía en su regazo— No será necesario.
— Esta noche habrá otro banquete en honor a Riruka-Majo-sama.
— Gracias, ahí estaré.
Seguramente, eso significaba que la bruja deseaba presumir la joyería que mandó a engarzar cuando hicieron su último trueque, lo cual le daba la oportunidad de hacer que la Bruja intercambiara otra noche con Ichigo.
Con eso en mente Rukia salió de su habitación y se dirigió al engawa. Tomó su último huevo, ya no tendría más oportunidades y su hijo ya no tardaría en nacer. Sentía como se impacientaba por salir.
— Por favor, eres mi última oportunidad para salvar a Ichigo.
El último huevo en su mano era el huevo de oro, lo rompió en dos contra la orilla del engawa. De una de las mitades del huevo sobresalía un brillante pedazo de metal. Rukia tiró de él para averiguar qué era, qué último regalo le daría el huevo gikon. Cuando terminó de sacar el pedazo de metal se dio cuenta que era una moneda de oro.
— ¡Cuántas monedas son!
No podía dejar de preguntarse para qué necesitaría monedas de oro, no importando la pureza del metal. Volvió su vista nuevamente al huevo, de él sobresalía otra moneda. Decidió agitar del huevo para que salieran las monedas del huevo, que no dejaban de tintinear al caer en la engawa.
— ¿Qué es todo esto?— Era la grave voz de Riruka, que ahora se veía ridícula con todas la telas mal coordinadas con la horripilante joyería que mandó a hacer día anterior.— ¿Eres acaso una bruja?
— No, Señora— Rukia ya estaba harta de la misma conversación—, estoy preparando las compras que haré el día de mañana, para tener un hermoso regalo para su boda. No estaba segura de que la complacería más así que traje todas estas monedas.
— Mmmm...— En su rostro había un gesto de desagrado.— No puedo creerte.
— ¿Por qué no, mi Señora?
— No podrías comprarme nada adecuado en este pueblo.
— ¿Eso cree, mi Señora?— Rukia fingió un momento de duda—, temo que no puedo hacer nada al respecto, son mías así que tendré que llevarlas de regreso a casa conmigo.
Rukia empezó a recoger las monedas del suelo, no le quería dar oportunidad a la Bruja de decirle nada.
— ¡Espera!
Rukia se detuvo, quería saber que tenía la bruja que decirle.
— Regálame las monedas.
— No puedo, mi Señora.— Pero Rukia detuvo su tarea, en espera de lo que Rurika pueda decirle.
— ¡Tonterías! Dime tu precio, te daré lo que sea.— Riruka se volvió a acercar a las monedas y a tocarlas para pesarlas con sus manos.
— Lo siento, pero no puedo hacerlo— Repitió Rukia, al ver cómo le brillaba la mirada a la Bruja al imaginar todo lo que podría comprar con todo ese oro—, sólo puedo intercambiarlo.
— ¿Otro trueque? ¿Por qué? Explícate.
— Mmm— Rukia fingió, otra vez, que no sabía qué pedir.—, deseo pasar una noche más con su amado. Esta noche.
— ¿Con mi ornamento? No estoy segura.
— Entonces me las llevaré, usted quédese con lo que es suyo y yo con lo que es mío.
— Espera— Riruka tenía el rostro deformado por la ambición de tener el oro—, es que es tanto oro ¡AH! ¿Solo sería una noche con mi ornamento? Siempre lo he deseado y al fin dejó de rechazarme, ¿sabes?, pero seré generosa contigo. Consideralo un regalo de mi parte.
Con eso ambas aceptan los términos del trueque. Rukia entregará su oro para poder pasar esa noche al lado de Ichigo.
Esa tarde, todos se reunieron en el comedor para un pequeño banquete. Y ahí estaba Ichigo, su amado esposo, con la mirada vacía. Hablaba con los invitados y los sirvientes, pero la luz en sus ojos se veía ausente... aunque pareciera que por momentos podía ver las cosas como eran realmente.
Aceptaba la cercanía de la Bruja, pero si ella se quería recargar en su hombro o tocarlo la esquivaba, sin embargo, seguía sin reconocer la piel con la que Rukia escondía su rostro y presencia, aunque le pareció que, por momentos, la miraba muy fijamente. Por lo demás, fue una cena extraña, las sirvientas no dejaban de cuchichear por algo que no alcanzó a escuchar. Al menos la comida fue deliciosa, la que alcanzó a probar de los platos del centro, de los que comía el Ministro Ukitake y sus invitados.
Después de la cena, todos regresaron a sus respectivas habitaciones a dormir. Únicamente Rukia recibió al sirviente con tenía dos velas en la mano y la guiaría a los aposentos de Ichigo.
— Riruka-Majo-sama me ha pedido que la acompañe para cumplir su acuerdo.
El camino fue aún más largo que la noche anterior. Cruzaron los tres jardines, dos salones
las dos bibliotecas, el cuarto de entrenamiento de la noche anterior, pero ahora también pasaron cerca del establo y un aviario hasta llegar al ala en la que se encontraría con Ichigo. La magia del palacio estaba concentrándose en su arquitectura. De no ser por sus sentidos aumentados por la piel y la vela que le dio el sirviente se habría perdido en la magia del castillo.
— Ya estamos aquí, Okyaku-sama— Dijo el sirviente mientras abría el shoji— Vendré por usted antes del amanecer.
Rukia entró a la habitación que se encontraba a oscuras y dio un brinco cuando el sirviente cerró el shoji sonoramente.
Se adentró ya sin la necesidad de la vela, conocía la habitación lo suficiente para avanzar sin necesidad de la luz.
— ¿Ichigo, dónde estás?— Lo dijo en voz baja, asustada de lo que la bruja podría hacerle si esto era una trampa. Sólo el silencio le contestó.
Se agachó cuando la vela la guió la guió a un futón que se encontraba ocupado.
— ¡Ichigo, oh, Ichigo!
Ahí, en el futón, se encontraba su amado esposo. Junto a él se encontraba una taza de té, aún tibia.
— ¡Oh, maldita Bruja, me has engañado! ¡Me has robado mi última oportunidad de recuperar a mi amado Ichigo!
Abatida por su derrota, Rukia se quitó la capucha para poder observarlo con sus propios ojos.
— Oh, Ichigo, cómo te extraño, perdóname por lo que hice, por mí estás aquí, si tan solo no hubiera escondido tu piel… Me dejé engañar por lenguas maliciosas de nuestra felicidad.— Se sentó a su lado comenzó a depositar besos ligeros en su mejilla derecha.
— No, ahí no— era la voz de Ichigo—, lo prometí.— Él trataba de alejarse de ella.
— Ichigo, qué bueno que estás despierto.— Rukia no le permitía que se alejara de ella.
— ¿Quién eres?
— Sientelo, nuestro bebé también te está buscando.— Ella tomó una de sus manos y la posó en su barriga para que sintiera las animadas patadas que el bebé daba.
— ¿Bebé?— Se sujetó la cabeza.
— Tu eres la ninfa que me cantaba por las noches...
— ¿Escuchaste mi canto?
—... ¿Rukia? ¡Rukia!— La tomó por los hombros para poder verla.
— ¡Oh, Dios, Rukia! ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¡Estás a punto de dar a luz!
— ¿Ichigo, cómo es que estás despierto?
— Los sirvientes no dejaban de chismear a mis espaldas, decían algo de una ninfa que me cantaba, así que decidí no tomar el té que me enviaron para comprobar si lo que me decían era cierto.
— Tenemos que salir de aquí.
Ichigo se levantó y buscó algo en el armario de la habitación. Era una espada completamente negra, Zangetsu.
— ¿Rukia, aún tienes a Sode no Shirayuki?
Ella negó con la cabeza.
— La perdí cuando Riruka te secuestró, sólo logré conservar tu piel.
— No importa— Le acomodó la piel encima—, no te quites mi piel, saldremos de aquí sea como sea.
— Bien, pero más te vale que no te arriesgues a lo tonto.— Rukia lo regañó preventivamente, ya lo conocía.
— ¿Eh? ¿Qué no me arriesgué si estás a punto de dar a luz?
— Sí, pero yo tuve que venir a rescatarte.
— ¿No puedo opinar sobre mi propio rescate?— Ichigo sonaba indignado por la falta de confianza de la mujer que amaba.
— ¡Claro que no! ¡Es más, desde ahora todas tus opiniones quedan descartadas!
— ¡Qué! ¿Cómo te atreves, mujer? Soy tu marido.
— ¿Y eso qué?
Se echaron duras miradas por la preocupación de la seguridad del otro, aunque no se separaron ni un centímetro. Ichigo aún la tenía entre sus brazos y Rukia sujetaba sus mejillas entre sus manos.
— ¿Y cómo propones que salgamos de aquí?— Preguntó Ichigo, ya rendido a la voluntad de Rukia, al cabo ella siempre hacía su voluntad.
— Podemos ir al establo y robar un carruaje. Llamar a tus caballos de fuego alertaría a la Bruja.
— ¿Sabes cómo llegar?— Él no sabía cómo hacerlo, no se le permitía moverse con libertad en el palacio.
— Creo que puedo hacerlo— Ella tenía una pequeña sonrisa en su rostro.
Se acercaron al shoji de la habitación, preparándose para salir, con Ichigo por delante, mentalizado en proteger a su esposa e hijo nonato.
— Ichigo, antes de salir...— La voz de Rukia sonó tímida de repente.
— ¿Sí?— Se giró para verla.
Cuando lo hizo ella lo tomó de la ropa para acercarlo a sus labios. Ichigo se dio cuenta que había extrañado besarla, sentía que había pasado un siglo entero desde la última vez que la había sentido.
Tuvieron que detener el beso antes de que este se tornara demasiado pasional, no tenían tiempo que perder y ya después podrían recorrer con gusto el cuerpo del otro a placer.
Mientras recorrían los pasillos, Ichigo con su Zangetsu desenvainada, lista para pelear. El silencio sólo era roto por el crujir de sus pasos en los pisos de madera.
— Espera, Ichigo, por ahí no— La voz de Rukia tomó un tono de pánico.
— ¿Eh?, ¿por qué no?
— Porque creo que no vamos a alcanzar a llegar— Ichigo pudo escuchar como su agua cayera al suelo. Como si un vaso hubiera derramado su contenido.
— ¿¡Qué fue eso!?
— Creo que ya va a nacer— La voz de Rukia temblaba un poco.
— Tengo que sacarte de aquí.
— No creo que sea lo más conveniente.
Los dos se voltearon alarmados al escuchar una inesperada voz a su izquierda.
— ¿M-ministro Ukitake?— Rukia empezó a jadear por los nervios crispados que tenía.
— ¿Quién es usted y qué hace aquí?— Ichigo cubrió a Rukia con su cuerpo y dirigió su espada hacia el hombre.
— ¿Eh? ¿Ichigo-kun, no me reconoces?
— ¡Usted no puede ser el Ministro Ukitake, él es un anciano!— Ichigo estaba un poco más alterado.
— Mmm, debe ser por el hechizo que pesaba sobre ti— Junto sus manos para rezar—, me alegro tanto de que ya estés mejor.
— Ministro Ukitake, creo que estoy a punto de dar a luz— Se sujetaba su henchido vientre, preocupara por la salud de su bebé—, no tengo tiempo que perder.
— Entonces, vengan conmigo, mi amigo Kyoraku y su esposa son médicos, Nanao-san, en particular, tiene mucha experiencia como partera.
Sin esperar más, Ichigo tomó a Rukia en sus brazos con cuidado y siguió al Ministro por los pasillos del palacio. El hombre se movía con sigilo y sin dudar ni un paso que daba, no se confundía por los múltiples pasillos o de repentinas vueltas que el laberinto mágico los obliga a tomar. No tardaron ni cinco minutos en llegar a la otra ala del palacio y otros tres para llegar a las habitaciones de las visitas.
— Pasen
Habían llegado, Ukitake los había llevado a salvo, no encontraron a ningún sirviente, y el palacio tenía muchos, o activar alguna alarma.
— Te tardaste mucho, Jushiro, dos minutos más y habría ido por ti— Shunsui abrió la puerta antes de que
Entraron a una habitación en la que los esperaba la pareja que acompañaba a Ukitake.
Al parecer la pareja ya imaginaba que venían en camino porque tenían preparado su equipaje médico listo para atenderlos junto con el futón listo para ellos.
— Ichigo-kun, acuesta a Rukia-san, mientras Shunsui y yo preparamos una barrera en el cuarto.
Ichigo hizo lo que le pidieron, confundido con la verdadera identidad de los invitados de la antigua Bruja del Amor y la Felicidad.
— Muy, Rukia-san, tendré que quitarte la piel para asegurarnos que su magia no infecte a tu hijo— Nanao comenzó a desvestir a Rukia para poder examinarla—, en este momento su magia debe de estar muy sensible y podría afectar a alguien.
Aunque Rukia trató de resistirse por un momento, Ichigo la convenció de quitarse la piel con la mirada y al prometerle que no se alejaría de su lado.
— Creo que no tardará mucho en nacer, probablemente para el amanecer ya lo tendrás en tus brazos, Rukia-san.
— Eso es bueno, podemos huir y encontrar refugio en el pueblo.
— No lo recomiendo, ella no está en las mejores condiciones para moverla, los movimientos bruscos de un caballo o carreta podrían afectar al bebé.
— Pero Riruka tratará de matar a Rukia, no quiero arriesgar su vida.
— Ella los perseguirá y tratará de matarla independientemente de la locación en la que se encuentren— Comentó Shunsui desde la puerta.
— ¿Entonces, qué puedo hacer?
— Devolverla la maldición que puso sobre ti, es una buena opción.
— Eso no se puede, no soy hechicero ni nada por el estilo.
— No necesitas serlo, ella te hechizó porque rechazaste su amor, devuélvele su amor.
Con eso en mente, Ichigo tomó su antigua piel.
— Volveré pronto, Rukia, te prometo que nos irémos juntos de aquí y visitaremos a tu hermano— La tomó de la mano y depositó un cariñoso beso en sus nudillos y labios.
— N-no, no te vayas— Rukia estaba asustada, por fin había recuperado a su marido y podría perderlo esa misma noche.
Ruidos en el exterior les indicaron que la Bruja se había dado cuenta de que Ichigo no estaba en su habitación.
— Vendrá por mí y tengo una idea de cómo derrotarla, y mi vieja piel será la clave.
Kyoraku y Ukitake miraron a Ichigo aprovatoriamente.
— Te recomiendo que esperes hasta casi el amanecer— Dijo Kyoraku, antes que un médico era un estratega militar— le dará menos oportunidades a la Bruja de evadir tu ataque.
— Por el momento no te debes de preocupar de que ella entre, no puede hacerlo a menos de que alguien salga.— Agregó Ukitake
Esas palabras parecieron calmar a Rukia, que tomó las manos de Ichigo y lo hizo sentarse junto a ella mientras esperaban, al amanecer ya que las contracciones dieran paso al bebé.
Por horas escucharon a la Bruja gritar y llorar por saber dónde se encontraba Ichigo. No dejaba de llamar por su Tesoro y de tirar objetos, seguramente muebles por su peso, aunque también se escuchaban gritos de personas y de algo que cortaba el viento.
¿Estaría matando a los sirvientes?
Las contracciones de Rukia, conforme pasaban las horas, también se aceleraron hasta el punto en el que en cualquier momento Rukia tendría que empezar a pujar.
Ya cerca del amanecer, Rirukia pareció haberse calmado un poco, ya no se escuchaban cosas ser aventadas de un lado al otro, aunque sí se escuchaba cómo arrastraba algo con mucho filo.
— Creo que ya tengo que salir— Dijo Ichigo—, será mejor que la confronte.
Ichigo tenía a Zangentsu en su mano, listo para desenvainarla, y, sujeta a su cadera, su piel de hollow.
— T-ten m-mucho c-cuidado, Ichigo— Rukia ya estaba algo roja, muy sudada y levantándose, con ayuda de Nanao para poder pujar.
— No te preocupes, Ichigo-kun, nosotros la protegeremos— Dijo, muy seguro de sí mismo, un sonriente Ukitake.
— Cuando regrese me dirán quienes son en realidad.
Ichigo los miro serio, aun sin saber quiénes eran o cuáles eran sus intenciones, pero les agradecía de todo corazón la ayuda que les estaban ofreciendo. Si no fuera por ellos tal vez hubiera cometido una imprudencia.
Con cuidado Ichigo abrió el shoji se hizo el silencio en el exterior, al cerrar la puerta esta desapareció, incluso dejó de sentir las auras de los que lo acompañaban.
Con qué así fue que nos escondió, y así fue que Riruka se volvió loca, ya no pudo sentir mi presencia.
Ichigo se adentró al jardín con paso decidido. Si Riruka lo estaba buscando, le permitiría encontrarlo.
— ¡Bruja, aquí estoy!
Al grito de la voz de Ichigo, se escucharon los pasos acelerados de Riruka que iba en su dirección. Cuando Ichigo por fin la tuvo frente suyo se sorprendió con su apariencia. Riruka siempre se presentaba a todos como una joven bonita y, por sobre todas las cosas, tierna. La Riruka frente suyo no se parecía en nada a ella, su cabello estaba desordenado y sus usuales coletas deshechas, su ropa hecha jirones y su tamaño ya no se ajustaba a su complexión, que también había cambiado. Ella ahora era mucho más alta que Ichigo, mucho más corpulenta y su rostro era similar al de un cerdo salvaje, incluso tenía colmillos. Estaba mostrando la verdadera apariencia de las brujas caídas, cuando ellas perdían el rumbo de sus actos y utilizaban sus poderes para forzar su voluntad de aquellos a los que juraron ayudar.
— Ichigo, mi tesoro, ¿dónde estabas?— Su voz sonaba deforme y reverberante.
— Siempre estuve aquí, mi amor.— Ichigo extendió sus brazos para verse inofensivo ante ella.
— ¿Y la zorra, dónde está?— Oteaba su cabeza para olfatear mejor el aire en búsqueda de Rukia
— ¿De qué zorra hablas?
—... — Ella lo miró dudosa— Hablo de la mujer que pasó la noche contigo.
— ¿De qué estás hablando, mi amor? ¿Tratas de decir que me usaste?
— Claro que no, pero ella insistió en que quería pasar la noche contigo— Ella comenzó a acercarse a Ichigo.
Mientras ella se acercaba, Ichigo pudo notar que en su mano derecha ella arrastraba una hermosa y fina espada que tenía un largo listón blanco, tan blanco como la nieve que se creaba por donde quiera que esta pasaba. Con que ella se llevó a Sode no Shirayuki, por eso Rukia no podía encontrarla. Al haber tomado la espada de Rukia, la bruja se aseguró de que ella no pudiera seguirla, pero hubo un fallo terrible en su plan, Rukia tenía su piel de hollow. Ahora él le haría pagar caro ese error a la nueva Bruja de los Celos.
— ¿Por eso desperté en este patio, mi amor?— Ichigo abrió más los brazos, invitándola a un abrazo.
Ella pareció olvidar, por un momento, que buscaba a Rukia y se acercó a Ichigo. El cielo ya se había empezado a aclarar y pronto saldrían los primeros rayos del sol.
— Oh, mi querido Tesoro, no te preocupes, volveré a verme hermosa tan pronto me coma a esa zorra y su cría.
Si hubiera podido, en ese momento Ichigo la hubiera aventado al suelo, pero ese era el momento perfecto.
— No sé de qué hablas, amor— La abrazó cuando ella se acercó a él, al parecer complacida porque redujo su tamaño, pero no perdió ni la corpulencia ni la deformación de su rostro—. Mirate, tus ropas están todas deshechas— Dirigió su mano a su costado—, permíteme taparte, está haciendo mucho frío.
Ella se apretó contra él y afirmó con la cabeza.
— ¿Sí qué, amor?
— Tápame por favor, no quiero que los sirvientes me vean así.
Eso quiere decir que no los mató.— Pensó Ichigo tranquilizadoramente.
— Por supuesto— De su costado sacó la piel y con ella cubrió los hombros y cabeza de Riruka—, suelta esa espada para que puedas taparte bien...— Se escuchó el tintineo de la espada al caer al suelo— Riruka, bruja de los Celos.
— ¿Qué dijiste?
No le contestó porque se escuchó el primer llanto de un recién nacido a la distancia, su hijo había nacido.
— ¿Qué fue eso?— Ella se soltó de su agarre buscando el origen del llanto.
— Debe ser mi hijo, Rukia al fin lo ha dado a luz.
— ¿Qué? ¿Lo recuerdas?
Ella trató de quitarse la piel de hollow pero entre más intentaba quitarse más se le pegaba al cuerpo.
— ¿Qué sucede? ¿Por qué no me puedo quitar esta piel?
Ya era muy tarde, ya había amanecido y los rayos del sol habían tocado la piel, y aceptó que ponerse la piel maldita.
Se abrió la puerta, que antes era invisible, y se dejaron sentir las energías que estaban en su interior.
— ¿Riruka-Majo-sama, qué no reconoce esa piel? Usted misma cazó al hollow que le pertenecía— Le dijo Ukitake.
Ella rugió en furia y se lanzó a atacar al Ministro, si consumía su magia tal vez podría romper la magia que pesaba sobre la piel, pero no logró alcanzar a su víctima cuando tuvo la sensación de que algo punzante se enterró en ella. El dolor fue tan penetrante que cayó al suelo de inmediato.
— Basta, Riruka, ya todo terminó. Levanta tus hechizos y vete para siempre de aquí— Le ordenó Ichigo.
— WAAAHHH...— Ella se retorcía en el suelo, buscando el modo de quitarse a Zangetsu de su espada.
— También te ordeno que no te presentes ante nadie nunca más.
Esa orden acabaría con ella, alguien tenía que quitarle la piel durante un año y devolvérsela para romper la maldición... pero ahora eso nunca sucedería.
Ella seguía retorciéndose de dolor y porque se negaba a acatar la orden, pero pronto ya no podría hacerlo, la magia la obligaría a acatar o perdería el control de su mente.
— Váyase, Riruka-Majo-sama, debe de abrirle paso a la próxima bruja del amor y la felicidad.
De un momento a otro, la piel cubrió por entero a Riruka y esta salió corriendo en cuatro patas hacia el bosque de bambú, rugiendo por la ira de su derrota.
— ¡Rukia!— Ichigo reaccionó, cuando la bruja desapareció de su vista, y corrió al interior de la habitación en su búsqueda.
Ella estaba ahí, recostada, lucía cansada, pero muy feliz de amamantar a una pequeña niña de cabellos amarillos.
— Ichigo-kun, que bueno que llegas— Era Nanao, que se encontraba a su lado—, ¿no es hermosa?, pero tu hijo no se queda atrás.
— ¿Qué?— Ichigo estaba confundido, y volteó a verla.
— ¿Quieres cargarlo?, aprovecha ahora que está dormido— Ella le pasó al bebé que estaba cubierto de una cálida tela de algodón blanco—, tiene unos pulmones poderosos, su llanto logró salir de la habitación a pesar de la magia.
Ichigo tomó al bebé entre sus brazos y se sentó junto a Rukia.
— Ichigo, por fin podremos regresar a casa— Rukia estaba contenta, ahora entendía porque le daba semejantes patadas y no podía dormir muchas veces.
— Sí, Rukia, ya podremos irnos a casa— Ichigo se sentó junto a ella, feliz de estar junto a la mujer que amaba.
— No tan rápido, feliz pareja— Kyoraku los interrumpió—, eso no será posible.
— ¿Qué, por qué?— Rukia se estaba preocupando, por fin habían logrado vencer a Riruka.
— Lo que sucede, es que mi amigo Shunsui, me estaba acompañando como testigo.
— ¿Testigo de qué?— Preguntó Ichigo.
— Bueno, de la designación de la nueva bruja del Amor y la felicidad— Dijo Ukitake señalando en dirección de Rukia.
— ¿Yo?— Dijo Rukia perpleja.
— ¿Ella?— Ichigo, también estaba perplejo, Rukia tenía algo de magia propia pero no la suficiente para ascender a Bruja.
— No— rió Ukitake ante la idea—, la bebé por supuesto.
— ¡NO!— Dijeron los dos al mismo tiempo— ¡OLVÍDELO!
— Mi niña no va a crecer en un lugar tan peligroso— Rukia dio por terminada la conversación.
— P-pero, ella... yo tengo...— Ukitake no pensó que los padres se negarían a tal honor.
Ichigo soltó un silbido que fue respondido por el relinchido de unos caballos de inmediato.
— Lo sentimos, Ministro, pero tenemos que irnos— Dijo Ichigo mientras subía a Rukia y a los bebés en el carruaje tirado por caballos de fuego.
— Gracias por su ayuda, pero no he visto a mi hermano hace mucho y lo hará muy feliz saber que estamos bien— Dijo Rukia antes de que el carruaje comenzara a moverse por el cielo.
— No te preocupes, Jushiro, si nos apuramos estoy seguro de que Byakuya los convencerá.
A Ukitake le temblaban los hombros ligeramente.
— ¿Está llorando, Jushiro-san?— Le preguntó Nanao, preocupada por el hombre.
— ¿Y ahora cómo voy a darle estos dulces a los bebés?— Sacó de su bolsillo un saquito de dulces de estrellas, excelentes para fomentar el desarrollo mágico y la buena salud.
— ¿Eso le preocupa?, podemos alcanzarlos— Sugirió Nanao.
Kyoraku silbó y frente a ellos apareció rápidamente otro carruaje tirado por caballos invisibles, caballos de aire.
— No podemos irnos hasta romper todas las maldiciones de la Bruja de los celos— Dijo Ukitake que sacó unas espadas dobles, que enterró un momento en el suelo, antes de regresarlas a su lugar—, listo, vámonos.
— ¿Y con qué pretexto vamos a ir a casa de Byakuya-sama?— Preguntó Nanao, siempre lista para seguir los protocolos de la buena educación.
— Podemos llevarles sus Zanpakuto— Sugirió Kyoraku.
Todos soltaron una sonora carcajada, ahora Byakuya, el estirado hermano de Rukia-ojou-sama, podría impedirles ver a la joven pareja.
— Nunca nadie ha escuchado de shinigamis que no tengan sus espadas.
