Disclaimer: How to train your dragon no me pertenece, es propiedad intelectual de Cressilda Cowell y DreamWorks.
Advertencias: OoC leve. OC. Crack pairing. Lenguaje fuerte. Muertes de personajes canon.
Pareja: Ruffnut Thorston/Hiccup Horrendous Haddock III.
Referencia (sin seguir formato APA): La Saga Synchronicity es una trilogía hecha por Hitoshizuku-P, e ilustrada por Suzunosuke, la historia fue escrita por Kumagai.
¡He vuelto! Decidí continuar con esta historia porque, pues porque sí. Me han llegado sus review pidiéndolo y creo que debería corresponderles de buena manera. Después de todo, son pocas personas las que leen sobre esta pareja.
Este capítulo ya lo tenía escrito, por lo que nada más fue cuestión de subirlo. Espero no tardarme en subir la continuación, ya que la tengo a la mitad.
Y, por si se lo preguntan, ya vi la tercera película. Y, por si en verdad se lo preguntan, no me gustó *le llueven piedras*. Así que no esperen que Grimmel, la tan famosa Light Fury y demás aparezcan porque no. Eso no va a pasar.
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Capítulo Dos
Rojo y Azul
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"Rasgué la garganta de la razón y la realidad. Me corté a mí mismo y grité por su locura. Desperté en esta pesadilla que nunca acabará siendo la atracción principal de este retorcido plan maestro."
—Fade. One Reason.
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La atrajo una suave canción, como una sirena a los marineros. Encima el cielo estaba oscuro con algunas esponjosas nubes blancas merodeando por ahí. Debajo, estaba el océano. Caminó descalza por el espejo de agua, creando ondas a cada paso. Su peso no rompía la superficie. Las bolas de luz aparecieron de nuevo, rodeando su cuerpo, creando un sendero luminoso que la llevó a un islote de piedra blanca y húmeda. La piedra estaba tallada con grabados de símbolos que le parecieron familiares.
"Estoy destinada a estar completamente sola...".
Una silueta se encontraba en medio moviéndose grácilmente. El perfil reveló una mujer de intrincadas trenzas rubias que llegaban hasta los tobillos. Tenía labios delgadísimos, pómulos planos y grandes ojos verdiazules; una larga trenza rubia se escurría por su espalda como una serpiente. Si tenía que decirlo, no le parecía encantadora.
"En las distorsionadas entrañas de este mundo moribundo, mi destino es cantar plegarias...".
—¿Quién eres tú?
"Sin saber nada, tan sólo he cantado durante toda mi vida...".
—¿Quién eres tú? —repitió.
La mujer paró de bailar y la miró. Ruffnut se sintió sobrecogida por esos ojos, que reflejaban una fortaleza incomparable. Las bolas de luces se esfumaron de repente. Ante la falta de luz, hilos blancos empezaron a trepar por sus cuerpos. Ruffnut sintió miedo. ¿Por qué esa mujer se veía calmada rodeada de esas cosas?
"Cuanto más mi angustia se transforma en sonrisas, más me hundo en mis lágrimas".
No estaba entendiendo nada de lo que decía. Los hilos casi la cubrían. Ruffnut levantó una mano para alcanzarla. Los hilos se extendieron por su brazo tornándose como serpientes negras.
—¡Vamos, dame la mano! —rogó, estirándose lo mejor que podía.
"Ya es tarde"¸ esta vez sí hubo una respuesta. La mujer llevó su mano izquierda a su garganta y la otra a su pecho. "Por favor, no dejes que el lobo te devore como yo dejé que lo hiciera".
La sangre emanó y ella se desvaneció en la oscuridad. Gritos desgarradores de múltiples orígenes zumbaron en sus tímpanos. Pero la histeria fue callada por una voz más potente y siniestra.
Canta por siempre.
Ruffnut despertó sobresaltada en una celda del drakar de Dagur. El apestoso hedor a humedad y las tres antorchas en el pasillo exterior no lograron calmarla. Estaba bajo custodia de un demente, y lo extraño era que eso no la asustara tanto como ese sueño. ¿Quién había sido esa mujer? Y esa voz... le había dado un escalofrío.
—Por fin despiertas, elegida, pensé que la dosis que te di te había matado.
Ruffnut se giró tan rápido que se mareó. La oscuridad no permitía distinguirlo, pero no había duda que era Dagur. Ruffnut se sacudió. Los grilletes hicieron ruido. Ella chistó molesta. No los había sentido antes. Sintió su cabeza ligera: no tenía su casco. Era simplemente perfecto.
—No es por facilitarte la vida y eso, pero te recomiendo que dejes de hacer ruido —dijo Dagur con desinterés—. No eres la única prisionera aquí, ¿sabes?
—Como si te importara mi comodidad —replicó irritada—. ¿Por qué haces esto, Dagur? ¿Acaso no habías cambiado? ¿Qué fue todo ese teatro de volverte bueno por el bien de Heather? Pensé que estabas harto de que te pateáramos el trasero cada vez que tratabas de matarnos, por lo que veo, fue pura palabrería. ¡Sigues siendo el mismo demente que pierde siempre!
La mano del berserker cruzó el espacio entre rejas y la tomó del cuello. La cara de Ruffnut quedó estampada en el frío metal frente a frente al rostro deformado de Dagur. Una vez más, otra también... hasta que se completaron diez golpes. Los pómulos de la chica terminaron amoratados y el labio le estaba escociendo.
—Voy a dejarlo pasar porque te necesito viva —siseó Dagur con lentitud apretando el agarre, procurando dejar las marcas de sus dedos—. No creo que sea necesario castigarte. Mikli ya tiene un lugar para ti en su cama.
—P-Púdrete... tú y él... váyanse a la mierda.
—¡Guou, qué boquita! Y pensar que esperan que tu voz los salve —bufó socarrón y la soltó. Ruffnut lo miró con fiereza—. Esa mirada me gusta, llena de desafío. Me pregunto cuánto tardará Mikli en doblegarte. Aposté con Durs a que lo lograba después de cuatro días, así que no vayas fallarme, elegida. No me gusta perder mis apuestas.
—No te saldrás con la tuya —replicó Ruffnut. La mandíbula le dolía horrores—. Vendrán por mí, ¡y volverás a probar la derrota!
—Considerando que fue fácil secuestrarte, el rescate suena lejano, eso si todavía viven. Los marginados de Mikli y Durs han cambiado desde que Alvin murió, parecen más berserker que nada. Incluso a mí me fue difícil luchar contra uno, seguro que con los que se quedaron, su ejército quedó reducido a menos de la mitad. Además, tú tienes la culpa, ¿por qué saliste sin protección alguna? Tendré que lavarme la boca con jabón después de decir esto, pero la rubia noviecita de Hiccup tiene toda la razón. No estás hecha para ser una verdadera guerrera nórdica. Eres patética.
—¿Qué puedes saber tú de mí? ¿De lo que he hecho y...?
Pero Dagur la ignoró.
—Llamar logros a tener mera suerte es como ganar una batalla porque tu oponente está enfermo. No hay gloria en eso, elegida. Un guerrero vive para la batalla, entrena su alma y cuerpo para darlo todo al pelear. ¿Tú qué has hecho sino simplemente dar por sentadas las cosas? No mereces el título de guerrera, ni siquiera el de Hairy Hooligan —y la dejó sola.
Ruffnut se dejó caer en el piso mojado. Juraba por Odín que había querido rebatirle a Dagur, había deseado fervientemente cerrarle la boca con su habitual impertinencia. Por una desconocida razón, no lo hizo. El valor la abandonó porque, en el fondo, entendía que Dagur tenía razón. Ruffnut no podía defenderse con su usual argumento de hacer las cosas a su manera, pero tampoco lo desecharía. Su insolencia y lógica torcida le encantaban, sólo debía enfocarlas, por primera vez, a mejorar sus habilidades. Se rió al llegar a esa conclusión. Teniendo en cuenta que iba a morir, era gracioso que por fin quisiera superarse a sí misma.
Su autocompasión no le permitió percatarse que unas pupilas argentas la acechaban desde una celda frente a la suya.
No hubo grito de guerra ni tampoco señal alguna. Hiccup no supo cuándo empezó. Había querido ir a descansar, y apenas se había recostado cuando Toothless —ligeramente borracho— lanzó una bola de plasma. Hiccup se levantó enseguida y antes de preguntar observó al gigantesco vikingo inconsciente en la entrada de su tienda.
—¿Qué está pasando? —preguntó.
"Ataque", respondió Toothless instándole a montarse en él. El cansancio abandonó el cuerpo del Hairy Hooligan y sin titubear, trepó y salió.
El caos lo recibió con brazos abiertos. El sonido de las hachas degollando y los mazos machacando carne humana y de dragón, lo despertó por completo. Donde antes hubo alegría y un ambiente de esperanza, la guerra perpetró con cuerpos mutilados y sangre por doquier.
—¡Traición! —chilló una Bog-Burglar arremetiendo contra un colosal soldado marginado. La mujer podía ser fuerte, pero en cuanto el brazo musculoso blandió la espada sarracena cortó su carne desde la garganta hasta la mitad de su torso. La sangre salpicó el piso.
—¡Vuela, Toothless! —exclamó Hiccup tomando impulso. Necesitaba un panorama general.
Redes lo recibieron en el aire de los drakares marginados, una línea de enemigos se dedicaba a derribar a los dragones que quería proteger a los humanos. Hiccup y Toothless cayeron en un golpe seco. El humano sacó su espada de fuego y la accionó justo a tiempo para cortar las redes. Bastó que el Night Fury agitara sus alas para liberarse.
—¡Cuidado!
La advertencia vino en el momento adecuado. Toothless desvió el hacha lanzada. Su enemigo era uno de los subordinados de Mikli y Durs. A Hiccup no le quedaron dudas ya. No necesitaba más evidencias para saber que habían sido traicionados. Montó de nuevo a Toothless y se unió a la lucha protegiendo a sus aliados Meathead, Bog-Burglar y Uglithug por el cielo. Heather también apoyaba, su grupo pequeño se encargaba de proteger la retaguardia. Sin temor, su hacha doble se incrustaba en los estómagos de los colosales vikingos rasgándolos hasta que las tripas se mezclaban con la arena.
Mikli y Durs no tenían el ejército más extenso, pero sus soldados no eran débiles. Armados hasta los dientes —literalmente, sus dientes estaban afilados, listos para desgarrar gargantas o arrancar orejas—, sus cuerpos eran del tamaño de yaks sobrealimentados y habían peleado en tantas batallas como siglos tenía la historia vikinga. A diferencia de Alvin el Traicionero, Mikli no había querido soldados inútiles de puro músculo, quería máquinas de matar con imaginación para llevar a cabo sus órdenes. Incluso las mujeres, en apariencia delgadas y maltratadas, al empuñar un arma no les temblaba el pulso al hundirla en las gargantas de los moribundos.
Los guerreros de las otras tribus eran valientes, fuertes y hábiles. Pero habían sido tomados con la guardia baja. Varios cayeron antes de que la batalla estuviese en su apogeo, los restantes lograron superar la impresión y encargarse de la situación. Tomaron espadas, arcos y flechas, hachas, mazos, incluso piedras o sus propias manos. Los Hairy Hooligans se respaldaron con sus dragones, sin embargo, los Outcast estaban preparados y más de un dragón pereció protegiendo a su humano.
—¡Deja de lloriquear, imbécil! —exclamó Thuggory cuando un muchacho Hooligan se aferraba a su muerto Gronckle. Cansado de su debilidad, Thuggory lo pateó y lo hizo reaccionar—. ¡Estamos en una pelea! ¡Hasta que no te rebanen por la mitad, no tienes excusa para ahogarte en tu miseria! ¡Creí que los Hairy Hooligans eran guerreros, no una bola de niñitos llorones!
El muchacho berkiano sorbió la nariz y se paró sacando su puñal, siguió gimoteando cuando atravesó su primera garganta, pero luego vertió su furia en cada contrincante que se le ponía enfrente. Thuggory asintió satisfecho y continuó blandiendo su espada. Vio a unos metros de él a Tantrum y a Siriana abriéndose paso sin perder la elegancia.
"Fuertes y guapas, lástima que sólo les vayan las mujeres", pensó con jocosidad rompiéndole la mandíbula a uno con el mango de su espada.
—¡Snotlout! —dijo Hiccup en cuanto lo localizó—. ¡Cúbrete!
El gas verde de su espada salió y, con una chispa, explotó la fila que acorralaba a su primo. Toothless aterrizó al lado de Hookfang, quien había protegido con sus alas a su jinete. De un rugido, Toothless ordenó a cada dragón no desistir y deshacerse de los humanos traidores. El hedor permitió diferenciar amigos de enemigos. Los marginados apestaban a muerte, como Mikli y Durs.
—¡Ellos se han ido! —informó Snotlout de inmediato. Tenía el labio partido y un moretón grande en el brazo derecho—. Intenté buscarlos en cuanto empezó, pero no estaban. ¡Malditos cobardes! Dejar a sus hombres pelear solos no es honorable.
—Ellos no importan de momento, luego nos encargaremos de buscarlos con dragones rastreadores —dijo Hiccup notando que el esfuerzo en conjunto de los guerreros y guerreras de las tribus restantes rendía frutos. Había menos soldados marginados—. ¿Dónde están los demás?
Snotlout arrojó su mazo a un tipo que se había abalanzado a ellos. El mazo demolió la nariz y la boca del desdichado, y Snotlout lo pateó en la entrepierna para acabar de noquearlo del puro dolor.
—Astrid y Stormfly están en la parte sur lidiando con los que quieren escapar —respondió—. Eret, Gobber y Fishlegs están apoyando a Thuggory en la bahía, y la última vez que vi a Valka fue dentro de la caverna. Creo que no ha salido y se está cargando a unos con Cloudjumper.
Hiccup respiró. No quería pensar que uno de sus amigos hubiera muerto. Pasó por su mente la idea de que Berk estuviera siendo atacado, pero no sería posible. Berk tenía dragones centinelas, y cualquier drakar sospechoso se acercara lo reducirían a cenizas. Además, Tuffnut estaba allá, y él tenía inventivas formas de mantener el área resguardada.
Entonces, reparó en un detalle de suma trascendencia.
—¿Dónde está Ruffnut?
La pregunta sorprendió a Snotlout, quien desvió la mirada para buscarla. Con eso, Hiccup obtuvo su respuesta. Pidió a Toothless ascender de nuevo, y esta vez Snotlout lo acompañó. Los primos sobrevolaron la zona ayudando a los que podían y buscándola. A cada minuto, la desesperación aumentaba. Ni un rastro de las rubias trenzas aparecía. El corazón de Hiccup se comprimió en su pecho. No había pensado en ella por estar tan perdido en otras abofeteó mentalmente para quitarse la lástima por sí mismo. Las lamentaciones no servían de nada.
"...busco la voz perdida...".
Hiccup abrió los ojos y detuvo a Toothless en el aire. ¿De dónde había provenido esa voz? Meneó la cabeza, no tenía tiempo para aquello. Reanudó la marcha, rodeando el exterior del volcán. No había ninguna señal de ella. ¿Por qué no se había dado cuenta? ¡Había estado tan contento de que Astrid no fuera elegida, de que estuviera a salvo! Ruffnut no merecía que fuera así de desconsiderado. Así como Hofferson, él también olvidaba en ocasiones a quienes lo rodeaban, por seguir sus propios intereses.
"...sigo al este sin rumbo...".
De nuevo esa voz. En un parpadeo, una imagen le sobrevino. Un sepulcro de una mujer, y al lado de la pira, un hombre arrodillado mientras el fuego consumía el cuerpo. "Hasta el día que te encuentre, no desistiré".
—Ella no está aquí.
Snotlout lo miró como si hubiera dicho un disparate.
—Ruffnut no está aquí —repitió en automático, girando hacia el este—. Se la llevaron.
A pesar de la repentina declaración, Snotlout lo escuchó con atención. Si se detenía a pensarlo, tenía sentido. Mikli y Durs no ordenarían matar a Ruffnut, la necesitaban. Era lógico que se la llevaran. Apretó el agarre en los cuernos de Hookfang. Esos dos iban a pagar lo que habían hecho.
—Ayudemos a terminar allá abajo —ordenó Hiccup—, luego hablaremos con los demás y haremos un plan de búsqueda y rescate.
—Tendrán que regresar a sus aldeas también —opinó Snotlout mientras descendían rápidamente—, si Mikli y Durs se aliaron con alguien más puede que hayan aprovechado para saquear las islas.
No dudaba lo inteligente que su primo era en ocasiones. Hiccup había pensado lo mismo. Mikli y Durs simplemente no podrían hacer solos una cosa como ésta. Quien fuera su aliado sabía de tácticas y conocía las magnitudes de cada ejército.
Al descender, Snotlout saltó antes de tocar el suelo cayendo detrás de un tipo y apretándole el cuello. Snotlout se veía como una garrapata colgando de la espalda ancha, pero no desistió hasta que cayera muerto.
—De nada —sonrió hacia Astrid que se había quedado con el hacha levantada. Ella no le dio las gracias—. ¡Guou, te ves fatal! Ningún maquillaje cubrirá ese moretón en el ojo, parece que tu hacha no fue suficiente contra la fuerza de esos yaks subdesarrollados.
El vestido blanco estaba cubierto de lodo y sangre, roto de la falda. El cabello suelto despeinado. La cara golpeada de Astrid era un espectáculo poco común. La vikinga no tenía rival femenino en Berk, sin embargo, su título no podía valer siempre en otros contextos. Se limpió la sangre de su labio. La batalla había terminado, pero mantenía aferrada su hacha.
—Cállate, Snotlout —siseó entre dientes, luego se dirigió a Hiccup—. ¿Qué haremos ahora?
—Tengo que reunirme con los demás —respondió al instante, pero enseguida se volteó hacia Snotlout—. Estoy seguro que están rematando a los que quedan vivos, pero quiero que conserven a unos como rehenes, podrían tener información valiosa. Cuenten a los caídos de nuestro lado, hay que preparar el funeral adecuado. Eret se encargará de preparar un drakar para eso.
—¿Y los dragones que murieron?
Hiccup miró a Toothless, que avanzó hasta quedar en medio.
"Irán con sus Jinetes. Dragones No los abandonarán ni siquiera en el Mundo-de-Los-No-Vivos".
—Siendo así, tendré muchas cosas por hacer —dijo Snotlout sintiendo en ese momento los golpes recibidos—. Es un dolor en el culo, pero creo que hay nadie mejor que yo para el encargo. Cuenta conmigo, abadejo.
Hiccup cabeceó. Astrid se quedó anonadada. ¿Acababan de ignorarla?
—¡Lord Haddock! —llamó un soldado Meathead con sumo respeto. Su cara golpeada estaba enrojecida—, ¡lo buscan!
—Lo sé —dijo con solemnidad. Toothless lo tocó con su hocico—. Descuida, amigo, ve con los dragones. Te necesitan más que yo —Toothless asintió y se retiró. Stormfly y el otro Nadder lo siguieron—. Nos vemos luego, Astrid —finalizó Hiccup yéndose con el sirviente.
Ella se quedó parada sin saber qué hacer, viéndolo partir. ¿Qué Hiccup no la ignoraba? Qué patrañas. Siempre lo hacía, de un modo que no podría llamarse ignorar. Era sutil y a la vez claro. No podía detenerle. Astrid tenía que seguirlo donde fuera si es que quería que no la dejara atrás. Descubrir más dragones, salir en busca de aventuras, eran cosas de Hiccup, cosas que nunca pudo quitarle, con las que tuvo que aprender a lidiar.
¿Desde cuándo se había vuelto tan permisiva?
—¡Astrid, ven acá! —gritó Eret en la lejanía. El aspecto del ex cazador era mejor que el de muchos, y montaba a Skullcrusher.
Astrid no dijo nada. Se guardó sus quejas y su repentino malestar para ir ayudar en lo que pudiera.
Ruffnut buscó la manera de escapar. Primero intentó romper los grilletes azotándose de un lado a otro. No resultó. Terminó con los brazos y piernas lastimados. Posteriormente, quiso abrirlos con una lengüeta de hierro oxidada, pero ésta se deshizo entre sus dedos con sólo tocarla. También quiso pasar entre los barrotes pensando que, siendo tan delgada, no habría problema, cabe decir que no terminó degollada por suerte. Con las opciones limitadas, Ruffnut empezó a patalear y a maldecir a gritos, de esta manera atraería a uno de los guardias y podría robarle algo (ya lo había hecho antes con buenos resultados).
La advertencia de Dagur se le había olvidado. Un gruñido peligroso le hizo detenerse al instante. Reconociendo la procedencia, miró hacia el frente. En la celda al otro lado del pasillo detectó el brillo inconfundible de escamas color moradas apenas iluminadas por la luz de las antorchas. Las alas se extendían lo máximo que podían, sin importar las cadenas forradas con cuero que lo mantenía a raya.
Era un Skrill.
La impresión la dejó en blanco. ¿Cómo asimilar el cautiverio de un dragón extraordinario como ése? Dagur había logrado su anterior propósito, el cómo lo había hecho era un misterio. Si de algo tenía certeza era que el desquiciado había obtenido un arma de potencial inimaginable. Sin embargo, Ruffnut sólo podía ver directo a esos ojos grises... que la reflejaban como un espejo.
Aferró sus manos a los barrotes, quería estar cerca. Los grilletes tintinearon. ¡Quería verlo por completo! El dragón gruñó en respuesta, interesado y a la vez intimidado. No confiaba en los humanos. Pero esta humana... a esta humana la conocía. Sus mentes actuaron en sincronía. Ruffnut lo reconoció como el Skrill que Hiccup había dejado libre. El dragón, como la chica en el Zippleback.
—¡Eres tú! —dijo Ruffnut.
"¡Eres tú!", pronunció a la vez.
¡Y no podían apartar la mirada! Por algún motivo desconocido, Ruffnut sonrió dulcemente como raras veces lo había hecho. Se sentía feliz,como si hubiera encontrado una parte de sí misma que ni siquiera había creído que faltara. ¿Qué era aquello que palpitaba en su corazón?
Aquellos ojos grises se enfocaron en ella. Por ellos, pasó un sinfín de imágenes despejadas de una niña rubia de ojos verdes. "He vuelto". Y sintió su pecho arder.
No oyeron los pasos de Dagur al bajar, ni tampoco escucharon sus palabras. ¿Por qué notarlo cuando se tenían entre sí? Dagur continuó hablando sobre cómo había capturado a su bestia, como lo arrebató de los cielos y lo esclavizó.
—Cállate —soltó Ruffnut harta de sus palabras.
Dagur puso cara no de haberla escuchado.
—¡CÁLLATE DE UNA VEZ! —rugió agitándose salvajemente. Ruffnut quería golpearlo—. ¡NO TE PERTENECE!
—Creí que había sido claro con lo de guardar compostura, pero... —la tomó del cabello y volvió a estamparla contra las rejas— supongo que Mikli no me dirá nada si te encuentra un poquito maltratada. Mientras él pueda usar tu cuerpo para follarte a fondo, no le importará.
Ruffnut rezongó llena de odio. No había tenido una particular razón para odiar a Dagur antes. Ahora sí que la tenía.
—Tú y yo nos vamos a divertir un rato, elegida, y cuando Mikli se encargue de ti hasta dirás que soy un bendito santo en comparación con él.
—Vete a la mierda —le escupió.
Dagur sonrió dispuesto a cerrarle su impertinente boca de un puñetazo. De repente el drakar se agitó violentamente, una, y otra, y otra vez. Dagur soltó a Ruffnut y miró arriba. Gritó de rabia y salió para ver qué diablos pasaba. En el exterior sus hombres se movían presurosos. Las ballestas con redes fueran colocadas a cada lado, y se accionaron sin parar.
—¿Qué rayos sucede, inútiles? —rugió preso de una ira incontenible.
—¡Ataque de dragón! —respondieron sin mirarle y señalando al agua donde sobresalía una aleta color verde—. ¡Scauldron!
Dagur refunfuñó. Maldecía tener una tripulación tan estúpida. ¡Era un maldito dragón, por Loki! Ni siquiera lo estaba montando un jinete, así que se trataba de una lagartija sin cerebro. Si no podían deshacerse de eso, Dagur se desharía de ellos. Una idea cruzó su mente. Quizás era momento de jugar un poco con su bestia. Después de todo, necesitaba entrenarla.
—¡Abran las compuertas! —ladró—. ¡Usaré a mi bestia! ¡Preparen las correas especiales!
Sus tripulantes eran jóvenes que dudaron. La duda es una sentencia de muerte si estás bajo el mando de un desquiciado. Al no ver cumplidas sus órdenes en menos de un segundo, Dagur desenfundó su espada y de un tajo le cortó la cabeza a quien tenía más cerca. La cabeza rodó hasta dar con los pies de sus compañeros... en un parpadeo, las compuertas estaban abiertas y las correas listas. Dagur estuvo satisfecho.
—Ya conozco tu poder, es momento de que lo pongas a mi servicio —dijo Dagur asomándose por el hueco. El Skrill bramó inconforme y abrió su hocico mostrando chispas—. Yo no lo haría si fuera tú. Vas a pelear y no hay tormentas eléctricas. Si se acaban tus disparos, tu oponente te matará.
El dragón no se intimidó. No iba a ceder. Abrió su mandíbula donde una bola eléctrica se formaba. Dagur chasqueó los dedos, y de inmediato, las correas fueron jaladas por sus hombres. La fuerza lo estampó contra el piso, y el ataque quedó cancelado.
Dagur rió a todo pulmón.
—¿Lo ves? ¡No tienes opciones! ¡Eres mío al fin!
—No lo creo, Dagur.
Al desquiciado berserker se le deformó el rostro cuando Ruffnut se presentó en cubierta. La Hairy Hooligans había aprovechado la confusión. Al abrirse las compuertas, quedó un espacio reducido entre la parte alta de los barrotes y la cubierta, fue cosa de deslizarse entre ellos y buscar algo para abrir los grilletes. El ego de Dagur era grande, por lo que había colocado la llave en la entrada. Ruffnut quedó libre. Noqueó a uno de los subordinados y se hizo con la ballesta. Ahora apuntaba a Dagur, con otras diez personas apuntándole a ella.
—Interesante, creí que eras más estúpida —dijo Dagur evaluativo, casi como si no le importara tener un arma dirigida a su persona—. La vida da sorpresas inauditas. Pero olvidas algo, tú sólo eres una y aunque llegues a darme, mi gente te matará. ¡Míralos! —abrió los brazos—. ¡No temen matar a nadie! Podrás ser la Voz Elegida, pero no eres inmune a la muerte.
—Tú tampoco —refutó dando pasos cuidadosos hacia atrás. No alternó su atención entre Dagur y el Skrill, no quería poner en evidencia sus intenciones—. Una flecha en tu estúpida cabeza acabará con esto.
—Oh, pero esto no terminará, elegida —dijo Dagur esbozando una sonrisa demente—. ¿No conoces la leyenda? ¿No conoces la historia? ¡Sin importar la luz que haya, la oscuridad siempre ganará! Incluso si por un milagro logras matarme, Mikli y Durs continuarán y te destruirán a ti y a todos. ¡Si supieras lo que va a suceder! ¡Un mundo nuevo está a punto de ser creado! ¡Empezará un nuevo orden! ¡Y yo seré el nuevo REY de todo Wilderwest!
Ruffnut bufó mientras ponía los ojos en blanco.
—Sólo voy a cantar —espetó ajustando la mira de la ballesta—, que tú y ese par de holgazanes crean que el mundo cambiará con eso, es producto del abuso del whisky de fuego.
Dagur rió roncamente y negó con la cabeza.
—Sin duda alguna, no sabes lo que te espera —dijo con tono soberbio—. Pensaba que mi hermano Hiccup te lo habría dicho con lo corazón blando que es.
—Te equivocas. Hiccup no guarda secretos para sus amigos —refutó Ruffnut intentando que no se notara que mentía—. Sé que moriré.
Dagur hizo una expresión sorprendida. Ruffnut sonrió victoriosa por haber acertado.
—Así es, lo sé todo —continuó, asombrosamente, evaluando cada palabra. Conocía de sobra lo que sucedería si decía cosas de más—. ¡Anda, maldito berserker, dime algo que no sepa ya! ¡Te reto!
Ruffnut aguardó un minuto que le parecieron mil años. Una gota de sudor resbaló por su sien. Dagur se mantenía en silencio, como meditando su desafío, sin embargo, lo que pensaba era distinto; notaba que Ruffnut mentía y a la vez decía la verdad. Dedujo que tal vez se haya enterado de otra forma porque Hiccup era demasiado sensible como para contar lo que realmente sucedía. Quizá podría divertirse con eso, soltar algunos detalles y ver qué cambios se producían. Dagur era curioso como Hiccup.
—Parece que perderé un reto por primera vez —pronunció desganado, pero manteniendo la sonrisa—, si sabes eso seguro que también conoces la Leyenda de los Gemelos Separados.
Haciendo un monumental esfuerzo por fingir que sí, Ruffnut resopló como si lo hubiera esperado.
—¿En serio? ¡Pensé que dirías algo más emocionante! Vamos, Dagur, sé que puedes hacerlo mejor.
—Oh, y lo haré, elegida, lo haré. Recuerda que tú estás sola...
—En eso también te equivocas, cretino —dijo con confianza—. ¡Mientras esté en el océano, jamás estaré sola!
Ruffnut chifló. A sus espaldas, la inmensa cabeza del Scauldron se asomó. Era Scauldy. Su buche se llenó de agua hirviendo. Dagur fue lo suficientemente rápido para esquivarlo. El soldado detrás de él no corrió con la misma suerte. El agua hirviendo quemó su piel y dañó sus ojos severamente. Gritando de agonía, corrió por la cubierta y chocó con la borda cayendo al mar.
Ruffnut activó la ballesta, pero Dagur esquivó las flechas ocultándose detrás del mástil. Rodeando al drakar, seis Scauldron más salieron a la superficie. Ruffnut actuó en consecuencia. Se dirigió hacia Scauldy que le permitió subirse a su lomo. Muchos años habían pasado desde la primera vez que lo montó oficialmente. Ella misma y sin ayuda entrenó a toda la manada de Scauldy, por lo que pedirles que atacaran con cierta coordinación no era difícil. Chorros de agua hirviendo no podían destruir un barco tan eficazmente como lo haría con su Zippleback. De todos modos, la ventaja que tenían en el océano era importante. Los Scauldron golpearon el drakar por abajo y cocinaron a los hombres arriba.
—¡Necesito tu apoyo, amigo! —dijo Ruffnut al Scauldron que no dudo en darle una decidida mirada—. Ahí —señaló las compuertas donde el Skrill luchaba por liberarse. El agua era su debilidad y los Scauldron estaban inundando la prisión—, tengo que liberarla.
En un segundo, Scauldy soltó un chorro de agua hirviente en la cubierta, logrando que se pusiera resbalosa y que los incautos trataran de aferrarse a donde pudieran. Scauldy aprovechó para golpearlos con su cola o su cabeza. Con la confusión creada, Ruffnut bajó de un salto directo en la celda del Skrill. A pesar del momento fortuito de hace unos minutos, éste seguía alerta y le gruñó.
—No voy a lastimarte —musitó con firmeza extendiendo su brazo con cuidado para tocarle la punta del hocico. El Skrill se encogió, inseguro de aceptar, y perdido en difusas imágenes donde algo similar le habían ocurrido en el pasado—. Voy a liberarte.
La conexión que antes tuvieron volvió y el dragón se relajó. Pero antes de que el contacto se diera, una daga irrumpió entre ellas y se clavó en el suelo.
—No tan rápido, elegida, eso que pretendes liberar es mío —dijo Dagur. Después de esquivar a Scauldy, notó que Ruffnut se había escabullido a las celdas. El mismo accionó la palanca para cerrar las compuertas—.Si esto se cierra no podrás salir, lo construí especialmente para mi bestia. ¡Si fueras inteligente te habrías ido en cuanto pudiste!
Volvió a reír disfrutando de la cara mortificada de Ruffnut. Dagur ignoraba que ella en verdad no podía abandonar a un dragón. Así como tampoco sabía qué era lo significaba ganarse la lealtad de uno. Scauldy no permitiría que la capturaran. Rugiendo a los demás miembros de su manada, crearon un remolino dando vueltas veloces por debajo del barco, los movimientos bruscos lo desestabilizaron. Ruffnut aprovechó para usar la llave y abrir y quitar los grilletes.
Las compuertas aún no se cerraban.
—Vete —pidió Ruffnut.
El dragón se le quedó viendo. Y luego vinieron esas palabras: "Vete. Vete y olvídame". ¿Cómo olvidar a quien llegó a amar? ¿Cómo ignorar la memoria de aquella que logró entrar en su corazón? Había pasado mucho tiempo desde aquel día en que sintió dolor en su más pura esencia. Abrió sus alas batiéndolas con fuerza y partiendo antes que se cerraran las compuertas. Había tomado con sus patas a Ruffnut y la había colocado a la altura de la cubierta. Dagur gritó furioso al ver al Skrill escapando.
—¡NO, NO DE NUEVO! —gritó trastabillando por la cubierta—. ¡Usen las redes! ¡Necesitamos que caiga al océano!
—¡Scauldy! —exclamó Ruffnut saltando por la borda justo para caer en el lomo del dragón. Los Scauldron no podían estar mucho tiempo fuera del agua, así que tendría que luchar desde el mar—. ¡Ahora!
Tomó una bocanada de aire cuando Scauldy y su manada se hundieron en las profundidades. El agua estaba helada y le aguijoneó la piel como si miles de navajas la cortaran. Se aferró al cuello escamoso cuando empezaron a girar velozmente aunque sabía que podría no ser suficiente. Y no lo fue. Justo cuando el remolino comenzaba a tomar forma, se soltó. Ya había sucedido antes, por lo cual supo estabilizarse y salir a flote a tiempo para observar que es lo que un grupo de Scauldron provocaba trabajando en conjunto. El remolino marino se alzó fuera de la superficie y volcó el drakar con todos sus tripulantes. Si Dagur había sobrevivido o no, no le interesó a Ruffnut. Cuando Scauldy la buscó, supo que la pesadilla había terminado de momento.
—¡Buen trabajo! —felicitó a cada uno de ellos—. ¡Vámonos de aquí!
El recuento de los daños reveló el costo total de la batalla. Sin contar a los hombres y mujeres traídos por Mikli y Durs, había un total de 2000 vikingos. Quedaron sólo 507. Además los dragones caídos se contaban en tres docenas. Entre los muertos se contaban las sabias y los sabios, los habían encontrado con el cuello cortado y sin ojos y orejas. A Gothi también. Fue duro hallar su cadáver, pues era la más vieja de todos. Gothi había escrito sus últimas palabras con su sangre, pero no fue hasta que Gobber lo descifró que pudieron obtener la respuesta: "No sigan el camino del lobo".
—¡Pero eso no sirve ahora! —ladró Siriana presa de una ira incontenible. Mikli y Durs habían escapado llevándose a un grupo de mujeres de cada tribu, especialmente Bog-Burglar. Era de esperarse que Siriana quisiera perseguirlos y degollarlos ella misma.
—Tranquilízate, Siriana —pidió Thuggory con aparente calma, recargado en la pared. Estaba molesto por la manera en que los Hairy Hooligans dejaban de pelear cuando un dragón moría, provocando que la ofensiva flaqueara. Los muertos aumentaron con cada dragón que el enemigo derribaba. La ira que pudieron haber empleado para ganar, se esfumaba como agua entre las manos. Terminada la batalla había gritado a Hiccup por una explicación, una que se le dio pero que no le pareció suficiente.
—Thuggory tiene razón —intervino Tantrum dejando que el servicio médico le curara el brazo donde le habían incrustado una lanza afilada—. Comprendo su ira y que quiera hacerlos pagar, pero no olvide las prioridades. La Voz Elegida fue secuestrada, y sin los sabios y las sabias, hemos quedado en blanco. Ellos podrían haberla encontrado por medio de su magia.
—Estoy preparando una brigada de dragones rastreadores —informó Hiccup.
—¿Confiando en dragones de nuevo? Cada vez los Hairy Hooligans se vuelven más inútiles —escupió Thuggory con desagrado.
—Si quieres lo hacemos como antes, qué más da tardarnos cinco semanas en encontrarla —replicó, cruzando los brazos. Si todos pensaban que ningún Hooligan había caído, estaban equivocados—. Eso si todavía sigue viva.
—No la matarían, Hiccup —planteó Heather. Ella había perdido a la mitad de sus hombres, por lo cual le quedaban sólo dos.
—Mikli mostró interés en Ruffnut en cuanto la vio en la bahía —dijo él—, después de la ceremonia no apartó su atención de ella en ningún momento. A diferencia de nosotros, Mikli fue el único que aprovechó que ella salió. Ustedes conocen tan bien como yo la reputación que tiene con las mujeres que le interesan y cómo terminan cuando se cansa de ellas.
Los demás jefes callaron. Hiccup endureció su expresión y pensó en lo que debía hacer. Tenía que salvar a Ruffnut, pedirle una disculpa y decirle la verdad. No tenía idea de cómo reaccionaría, esperaba que no con tanta violencia y locura.
—No perdamos tiempo en discusiones sin sentido. Hemos venido aquí con el objetivo de una alianza y cada jefe que ordenó no atacar a los de otra tribu ha demostrado que no es una guerra lo que queremos, por lo menos, no entre los que estamos aquí —miró a cada uno—. Si esta alianza es imposible y las diferencias son demasiadas, entonces váyanse. Ya quedó claro qué sucederá con aquellos que cometan traición. Prefiero que decidan ahora y conocer quien es mi enemigo, que pasar por esto de nuevo.
Aguardó un minuto. Ninguno se fue. Hiccup asintió modestamente y descruzó los brazos.
—Cuando el equipo de rastreo esté listo, saldré con ellos. Toothless y yo cubriremos una distancia más larga en poco tiempo, si es que se han alejado mucho —explicó.
—Organizaré las piras funerarias —dijo Heather—. Opino que nadie debe irse sin despedir a sus muertos. Así que en cuanto regreses iniciaremos con los funerales. Pero antes dejaré en claro una cosa, ya que no pienso abandonar esto —se paró en medio con los mechones de su recortado cabello moviéndose por todos lados—: ¡dejen de buscar excusas para pelear entre nosotros! Comprendo que usted, Siriana —la señaló— desee vengar a sus subordinadas, y que tú, Thuggory —lo miró esta vez—, estés furioso porque tus hombres murieron, ¡pero también lo hicieron los míos, los de Tantrum y los de Hiccup! Cada uno de nosotros tiene la carga de lidiar con eso, así que basta ya. Nadie dijo que comenzar con esto nos exentaría de las perdidas.
Inocentemente habían creído que era cuestión de realizar la ceremonia y que después la Voz Elegida se encargaría de todo, incluso, tuvieron que admitirlo, la responsabilidad final recayó en Hiccup. Ser conocido como el Amo de dragones a pesar de no desearlo, había provocado que las expectativas en él crecieran. Se habían alegrado que la responsabilidad recayera en los Hairy Hooligans.
—Si las cosas son así —dijo Tantrum de mejor humor, sacó su espada y la colocó al centro—, yo también entraré en esto. Como jefa de la tribu Uglithug dejo en claro que ni yo ni ninguno de mis hombres iniciará un conflicto desde ahora y cargará con la responsabilidad equitativamente.
Hiccup y Heather imitaron el gesto con su espada de fuego y su doble hacha, respectivamente.
—Rayos, ¿cómo no unirme con semejante discurso? —dijo Thuggory sonriéndole a Heather y colocó su espada al lado de las otras—. Como jefe de los Mercyless Meathead declaró que los guerreros y miembros de mi tribu no levantarán su espada en contra de sus hermanos de otras tribus.
El trato estaba hecho. La atmosfera por fin cambió a una más soportable. Hiccup y Thuggory se encargarían de llevar a cabo la búsqueda. Heather de organizar los funerales, mientras que Siriana y Tantrum se quedarían a hablar con los suplentes de los jefes que faltaran para decidir cómo procederían a partir de ese momento. Sin la guía de los ancianos estaban en una situación precaria. Gobber y Valka se quedarían en representación de Hiccup. Por parte de Thuggory, estaba un hombre alto y de barba marrón de nombre Godi.
—¿Estás seguro que la encontrarán? —preguntó Thuggory cuando Hiccup le presentó al Monstruos Nightmare que montaría.
—Son buenos rastreando —dijo guiando al dragón frente a Thuggory. Los tres hombres Meathead que le acompañarían se pusieron tensos ante la enorme criatura de color rojo. Detrás estaban Eret con Skullcrusher, Snotlout con Hookfang y Astrid con Stormfly—. Dame tu mano.
—¿Mi qué? No estamos para propuestas matrimoniales ahora, Hiccup, quizás después cuando tengas tiempo de invitarme a una cita apropiadamente.
Snotlout y Eret se rieron. Sólo a Thuggory se le ocurría hacer ese tipo de comentarios en un momento como ése. Finalmente, el Meathead accedió. Su mano izquierda fue dirigida a la trompa del dragón.
Fue la primera vez que tocó escamas sin haberlo atacado antes. Sentir lo vivo de esa piel, lo cálido del tacto... ver directo a los ojos amarillos, era como verse a sí mismo en un espejo, vacío de maldad e intenciones. Thuggory no pudo evitar boquear impresionado.
—Cuídala bien, Thuggory —dijo Snotlout recargándose en los cuernos de Hookfang—. Es una chica fuerte y orgullosa, pero Fireworm es leal hasta la muerte.
—¿Fireworm? ¿Es una ella?
—Es la hermana menor de Hookfang —respondió—. Un día simplemente vino a Berk, y hubo malos entendidos y verdades incómodas, y bueno, al final dejó que me acercara y que la entrenara. Obviamente lo hice. Soy un experto en Monstruos Nightmare.
—Pero primero le prendió fuego en el trasero —musitó Astrid a Eret, riendo bajito.
—Fireworm, eh —dijo Thuggory con una sonrisa coqueta—. Creo que nos llevaremos bien, querida, mientras no quieras prenderme fuego.
"Hueles agradable. Mejor que Snotface", ronroneó Fireworm restregándose en la mano de su nuevo jinete.
—No tengo ni idea de lo que dices, por tu expresión lo tomaré como un cumplido —sonrió—. Bueno, ahora tengo que montarla, ¿no?... Por Thor, acabo de darme cuenta que eso se escuchó muy mal.
—No tanto —alentó Hiccup mientras que presentaba a tres Gronckles a los subordinados de Thuggory, ellos no habían aceptado quedarse con los dragones una vez terminara la búsqueda como su jefe. Una vez listos, Hiccup dio la orden para elevarse en el aire. Contuvo una risa al ver a los Meathead asustados por la altura—. Los dragones conocen bien a Ruffnut y su olor, es cuestión de que les pidan que los guíen. Nosotros iremos hacia el este y nos dividiremos para abarcar más territorio.
—Nosotros al oeste, entonces —indicó Thuggory afianzándose bien de los cuernos de Fireworm—. Si se topan con el enemigo, no tomen prisioneros. Estoy seguro que ellos no harán lo mismo con nosotros. Nuestra misión es traer sana y salva a Ruffnut, ¿entendido?
Tanto Hairy Hooligans como Mercyless Meathead afirmaron decididamente. Partieron a la vez, perdiéndose en el horizonte. Hiccup y compañía siguieron juntos durante cinco minutos, y al llegar al punto de reunión se separaron por rumbos distintos. Astrid se extrañó cuando Hiccup no le dirigió una última palabra. En cada salida peligrosa, antes de separarse, había entre ellos un pequeño intercambio de palabras por si no volvían a verse de nuevo.
—Algo malo ocurre con Hiccup —dijo a Stormfly, su confidente más cercana.
"Piensas mucho en Él. Más que en ti", respondió.
—Bueno, se supone que somos... quizás aún no estemos comprometidos, pero sin duda somos algo —aseguró.
"Ser Algo es igual a Ser nada. Si Todo puede ser, Nada es".
Astrid a veces pensaba lo mismo. Decidió que no era la ocasión para eso, estaba en una misión.
Ruffnut no quiso regresar a Berk aún. Scauldy no la presionó, y ordenó a su manada volar hacia una isla que los gemelos habían descubierto hace cinco años. Era pequeña de playas de arena blanca y un oasis con aguas termales. Scauldy acompañó a Ruffnut a darse un baño, pues ella no quería seguir apestando al hedor de la celda. Los otros Scauldron se entretuvieron en atrapar percas.
La terma tenía forma circular rodeaba de vegetación densa y piedras altas negras. Ruffnut respiró profundamente, y sin pudor alguno, se quitó la cinta roja de su vestido y procedió a desnudarse. La mirada de Scauldy viajó por cada porción de piel que era descubierta. No era extraño sentirse atraído por una humana. Los dragones no tenían límites al amar. Scauldy amaba a Ruffnut, y éste amor hacia desearla como si las diferencias físicas no existieran. Sin embargo, Ruffnut no lo amaba de la misma forma, y por eso, se mantenía al margen. Scauldy nunca la obligaría a nada que ella no quisiera. Además, sabía que no era para él. Los dragones tenían formas de saber quién sería su destinado. A veces lo hallaban, otras no.
—¡Ah, necesitaba esto! —exclamó Ruffnut cuando se hundió en las calientes aguas. Las sales que contenía le daban una tonalidad verde y un olor agradable a hierbas silvestres. Deshizo sus trenzas usando el agua para desenredarlo. Sonrió pícara hacia el Scauldron y jugó con su cabello—. Dime, Scauldy, ¿te gusta lo que ves?
Scauldy le dirigió un bufido de reproche. Ruffnut le salpicó tantita agua de forma juguetona. Scauldy se lo devolvió usando su cola. Ruffnut rió, y poco a poco su risa murió hasta quedarse con una expresión desoladora. A Scauldy le hería verla así. Acercó su cabeza y ella, repentinamente, le abrazó con fuerza.
El momento fue ideal para que pudiera hablar, y sin soltarlo, contó todo. Desde su charla con Tuffnut hasta su secuestro. Scauldy escuchó con atención, algunas cosas las conocía como a la historia de la Madre, otras no como que Ruffnut tuviera que morir. Ella había dicho entre dientes que era un gran honor.
Scauldy difería. ¿Qué honor había en la muerte? La muerte era el final, nada más. No había nada más que tristeza para los que se quedaban. La gloria era para los vivos, no para los muertos.
—Una voz tuvo que ver, creo —dijo a Scauldy—. Oí que cantaba y me pedía proteger a su hijo y a sus hermanos y hermanas... sigo sin entenderlo. No tengo idea de que haré... y ahora que lo pienso parece que yo elegí esto.
"No Elegiste morir, Ruff-Nut", apremió Scauldy. "Elegiste Ayudar, como me Ayudaste a Mí".
Ruffnut pudo sonreír.
—No podré hacerlo esta vez, Scauldy. ¿Cantar y bailar? Mmm, quizás sería más adecuado preguntar, ¿cantar y bailar de modo delicado, coordinado y feliz? Creo que quieren matar a la Madre de desencanto. Mi voz no suena precisamente como un jilguerillo.
"Tu Voz me gusta".
Ella rió con verdadera intención.
—Bueno, eres el único —le dio un beso en la punta del hocico—. Gracias. Necesitaba hablar con alguien. Sin Barf cerca mis opciones desaparecieron.
"Tu Hermano y el Otro Barf cuentan", la regañó.
—Lo sé, lo sé, pero no quiero que se preocupen. Ya es suficiente con que yo esté preocupada, y ahora tú, ¿no crees? Tengo que regresar, Scauldy, me necesitan... o eso espero.
"Ellos te necesitan", aseguró con vehemencia.
—Tu optimismo es irritante —le dijo en broma—, pero es tu mejor virtud. Si por algún milagro concedido por los dioses sobrevivo, quiero pasarme unas largas vacaciones alejada de todo este rollo. Ahora tengo muchas cosas que hacer... Scauldy, ojalá nos veamos de nuevo.
Scauldy soltó un gruñido afirmativo.
—¿Quieres que te cante de nuevo? —preguntó Ruffnut. Scauldy gorgoreó felizmente—. ¡Serás el primero en escuchar a la Voz Elegida!
Hiccup y Toothless llevaban volando varias horas. El rastro de Ruffnut se había perdido kilómetros atrás, y aun así continuaron considerando que posiblemente lo habían borrado para que no pudieran rastrearla. Si fuera el caso Toothless podría percibir los restos de esencia. Sin embargo, nada había ya.
Hiccup luchaba por no impacientarse. Si deseaba hallarla, entonces tenía que mantenerse tranquilo.
Toothless podía percibir su lucha interna. De los dos siempre había sido el más concentrado. Por eso es que funcionaban tan bien como equipo. Toothless se propuso ayudarlo en lo que pudiera porque sabía que en cuanto se encontrara con Ruffnut le correspondería a Hiccup confrontar los problemas. Se preguntaba cómo es que no había percibido que ella sería la escogida, si fue tan claro en la ceremonia. Toothless pudo escuchar voces que sus hermanos y hermanas también escucharon. También escuchó la voz de Ruffnut cantando, quien habría dicho que podía producir semejante sonido agradable. Aunque siendo justo todos tenían razón al ponerse escépticos.
—Quizás no se la llevaron al este, amigo —dijo Hiccup pensativo.
"¿Cambiamos de ruta?", preguntó.
—Creo que será lo mejor, y...
"Al final del camino hacia el paraíso, manos cálidas se extendieron...".
Se detuvo al instante. Alguien estaba cantando, ¡podía oírlo con claridad, como si estuviera dentro de su mente! Le estaba llamando. El centro en su pecho ardió. La angustia se apoderó de él. ¿Qué eran esos recuerdos que le venían? Veía escenas borrosas de escenarios donde el suelo había sido humedecido por sangre. Gritos desoladores... oyó el llanto. ¿Por qué de repente pensó que llegaría tarde? No sabía ni siquiera a qué, pero era un sentimiento poderoso de impotencia. Esa sensación de derrota lo hacía sentirse incómodo.
"Pero no pudieron alcanzarme".
El volumen aumentó; igualmente los gritos y el llanto. Hiccup se tomó la cabeza ante las punzadas. Era como si la canción lo trasladara a épocas perdidas en el tiempo. El alma de Hiccup fue transportada como si alguien simplemente la hubiera tomado y colocado en otro cuerpo. Las prendas que vestía eran opulentas, confeccionadas con tela de buena calidad; tentó el mango de su espada y supo que quien estaba a su lado no era humano y era de confianza.
"Tu Corazón no se Curará: tú sientes como Nosotros, siempre duele más cuando Sientes como Nosotros", le dijo aquella figura a su lado. "Y el lobo que acogiste en tu Corazón es la muerte".
—¿Q-Qué tratas de mostrarme? —preguntó aturdido.
Toothless se preocupó al oírlo, tal parecía que Hiccup estaba en estado hipnótico; él también escuchaba, pero era un zumbido que taladraba sus tímpanos.
La cabeza de Hiccup estaba a punto de estallar. El asedio de imágenes no paraba. Una tras otra llegaban a su mente. Se vio de niño en una aldea jugando con una niña de pelo negro a la que no se le veía el rostro. Se vio en el bosque buscando osos y encontrando una criatura misteriosa y herida atrapada en las ramas de un árbol. Se vio enfrentando a una terrible bestia y poseyendo una joya de increíbles poderes. ¿Quién era ese dragón que estaba junto a él? Y luego, apareció una mujer rubia. Y sangre, tanta sangre. Las manos y la ropa se tiñeron de rojo, y de su boca salieron palabras confusas: "Perdóname. No pude salvarte. Es mi culpa".
Harto de la confusión, Toothless rugió. Perderse en el pasado era igual que pensar mucho en el futuro. No llegabas a nada. Hiccup terminó respirando arduamente. El pecho y la cabeza dejaron de dolerle y los recuerdos se habían ido. Apenas pudo registrar que acarició la cabeza del Night Fury como agradecimiento.
—Lo que sea que fuera eso no es normal, Toothless —dijo con esfuerzo. Recuperarse le tomaría unos minutos—. Rayos, amigo, ¿qué es lo que está pasando? Creo que la ceremonia también nos afectó.
"Apenas te percatas. Te llaman desde el Inicio, y apenas te enteras", espetó Toothless con resignación ganando una mirada airada de Hiccup.
—¡Pues disculpa si pensaba que oía voces por no dormir desde hace dos días! —rezongó—. ¿Acaso tú sí las oíste? Lagartija traidora, ¿por qué no me dijiste?
"Decírtelo No sirve, si no estás dispuesto a Escuchar".
—Eso fue muy profundo—dijo Hiccup meditabundo—. Supongo que Cloudjumper está haciendo un buen trabajo como tu mano, bueno, ala derecha.
Toothless se sintió ofendido.
—Además, ¿a qué te refieres con que no estoy dispuesto a escuchar? ¡Siempre te escucho!
"No desde Ese momento", respondió Toothless apesadumbrado. "Entre nosotros, la Herida no se ha curado".
La muerte de Stoick el Vasto fue a causa de la ingenuidad de Hiccup. Había creído que dialogar con Drago sería como con su padre. No sólo había sido ingenuo entonces, también egocéntrico. Los otros tenían razón cuando se burlaban de él por ser conocido como el Amo o el Domador de Dragones. Ahora que lo veía a la luz de la experiencia, era absurdo haber creído que iba a ser así de fácil.
Y eso había marcado para siempre su relación con Toothless.
Aunque habían arreglado las cosas persistía ese malestar. Hiccup entendió que nunca se iría y que era un justo castigo por lo que ocurrió excepto que Toothless no merecía sufrir igual que él.
"No te atrevas a Pensar que No habernos conocido es mejor", regañó Toothless leyéndole la expresión. "Separados es Peor porque Odio habría marcado nuestro Corazón: Odio que devora y daña".
—Quizás —accedió Hiccup—. Sin importar que pase en el futuro, seguiremos juntos. Eres mi mejor amigo, Toothless.
Toothless emitió un sonido bajo, sellando el pacto.
Imprevistamente una canción volvió a escucharse. Esta vez reconoció la voz. También reconoció la canción, la recordó de aquella vez que encontró a Ruffnut cantando, detrás de su cabaña. Pudo verla claramente recargada en la madera y con la mirada perdida en el cielo. Su perfil, ahora lo notaba en el recuerdo, le parecía más relajado de lo que estaba. Nunca la había visto de aquella manera.
—Por allá, Toothless —señaló el este—. La escucho.
Toothless no perdió el tiempo. Batió sus alas y se dirigió a la ruta decidida.
Anocheció para cuando Ruffnut terminó de vestirse y pasar un rato con Scauldy. La manada de Scauldron había sido amable en invitarle dos percas medianas. Ruffnut limpió los pescados y con un poco de agua hirviente y unas cuantas hierbas consiguió hacer una sopa que le quitó el hambre. Comer rodeada de dragones le restauró las energías. La tranquilidad vino a su mente, y aunque sabía que era temporal, dejó que el optimismo la llenara. Se la pasó entonando viejas canciones vikingas, unas eran creaciones suyas.
Posteriormente Ruffnut se despidió de Scauldy. Su manada también había escuchado el llamado de la Madre y estaban al pendiente de lo que sucedería. Tenían que mantenerse en movimiento. Ruffnut le dio un abrazo, y le prometió que se mantendría oculta en la isla hasta que vinieran por ella.
—Nos vemos luego, Scauldy —dijo en lugar de decir adiós. No le quitaría la esperanza a su amigo.
"Hasta entonces, Ruff-Nut".
Los Scauldron se adentraron en el océano. Ruffnut siguió meneando su mano hasta que desaparecieron. A solas, respiró profundo. Scauldy había querido llevarla a casa, pero ella se negó. Probablemente Mikli y Durs estaban navegando. Así que si llegaban a toparse con ellos, no dudarían en asesinar a los dragones. Scauldy y su manada volcaron un drakar berserker porque era uno y habían trabajado en equipo. Mikli y Durs no pelearían limpio, eran peores que Dagur (y hasta conocerlos personalmente, creía que no había nadie peor que él). Si Scauldy o cualquier dragón moría por su culpa, no se lo perdonaría.
Así que se dedicó a vagar por la playa echando vistazos en el horizonte marino por si un barco se veía. Sus aliados irían en dragones, por lo que cualquier barco sería tomado como enemigo. En ese tiempo a solas pensó en lo que iba a hacer.
—Por donde lo vea —suspiró por quinta vez—, son cosas que pegan más con otras que conmigo. ¿Por qué elegirme? Más que resolver la situación, pienso que quieren crear un montón de problemas más.
Miró al cielo ataviado de estrellas. Sin luna justo como le gustaba. La claridad del cielo le hizo apreciar cada cosa. Se imaginaba las bolas de luces como estrellas, rodeadas de oscuridad, pero brillantes y únicas. Recordó la esfera azul que salió de su pecho y que en su sueño sólo las de ese color cantaban. Se preguntó si ésa era la razón por la cual fue elegida. Si su sál era la adecuada, entonces ni siquiera Astrid podría ocupar su lugar.
Suspiró por última vez. Quién habría dicho que su interior contenía más de lo que ella podía apreciar.
—Menos mal que Tuffnut no estaba, se habría burlado de mí hasta morir —dijo.
De repente el sonido de alas batiéndose sobre su cabeza le hizo dirigir su mirada a un punto alejado, donde la silueta de una sombra ocultó por un segundo a las estrellas. Reconoció ese sonido, como un pitido, y creyó que su optimismo no duraría tanto como había querido.
Antes de que Toothless descendiera en la arena, a unos dos metros de distancia, Ruffnut cruzó los brazos y puso una mueca fastidiada.
Hiccup bajó de un salto y acomodó sus mancuernas. Se acercó ignorando el ánimo que ella tenía. Toothless no le siguió. Él sí había percibido lo que Hiccup no, y se limitó a echarse en la arena. Total, no había olfateado sangre lo cual sugería que ella estaba bien físicamente. En lo que respecta a lo emocional, se lo dejaba a su jinete.
—Ruffnut —dijo Hiccup a falta de otras palabras. Sonreía como tonto, y cuando se dio cuenta de lo emocionado que parecía, se sonrojó un poco. Agradecía que no hubiera luna o estaría en problemas.
—Hola, Hiccup, ¿dando un paseo nocturno? —espetó secamente.
Las gruesas cejas de Haddock se juntaron al percibir el tono, sin embargo, lo dejó pasar pues seguramente Ruffnut había tenido un peor día que él.
—Vine a buscarte. En cuanto desapareciste la guerra se desató. Mikli y Durs nos traicionaron. Hubo bajas, dragones y vikingos por igual.
—Lo sé —replicó Ruffnut— porque no desaparecí, me llevaron. Si todos hubiesen estado más atentos en lo que hacían esos dos que en celebrar una victoria que ni siquiera han conseguido todavía, quizás se hubiera evitado una tragedia.
—Ruff... —llamó con seriedad.
—No, nada de Ruff, Hiccup —avanzó hasta él plantándose frente a frente. Por un segundo resultó curioso para Hiccup que hace cinco años ella había sido más alta que él y ahora podía verle la coronilla; ella no traía el casco puesto—. Voy a dejar varias cosas claras para que te hagas a la idea que pienso que son una banda de egoístas y mierderos. ¿Toda la mentada ceremonia para que al final me hicieran de lado? ¡Qué bueno que soy la Voz Elegida, o no habrían venido a buscarme si fuera una más!
—¡Nosotros nunca...!
—¿Nunca qué, Hiccup? Es ley vikinga sobreponer el bien grupal al individual. Si no hubiera sido escogida, en cuanto Mikli y Durs me subieron al barco me habrían abandonado. Sin importar cuanto quisieran rescatarme, al final sería daño colateral —exclamó—. Tuffnut es el único que me habría buscado porque es mi hermano, pero aparte de él, dime, ¿quién lo haría? Soy sólo la parte femenina del dúo Thorston, y ni siquiera tú puedes negarlo.
—Basta de esto —aclamó Hiccup avanzando también—. Nunca te he dado razones para que pienses...
—¡Por Odín, Hiccup! —estalló en cólera—. Cada vez que me miras, que me hablas, me tratas como a una tonta. Y sí, puede que sea yo la que te haya dado razones, pero también he demostrado que no soy inútil.
—Si quieres decir algo, dilo —espetó Haddock empezando a ponerse de malhumor—. Tú que nunca piensas antes de hablar, di lo que tengas que decir.
La retó con la mirada. Ella aceptó sin dudar.
—Eres un hijo de perra —siseó Ruffnut. Por primera vez en su vida Hiccup tuvo el deseo de abofetearla—. Te vanaglorias por ser el más bueno, el más objetivo, pero es todo lo contrario. Como un niño de cinco años haces berrinche si no se cumplen tus caprichos. Dices aceptar los defectos y perdonar los errores de los demás, pero la verdad es que te jode trabajar con nosotros. Se nota en tu maldita expresión de hastío, como si nosotros no nos cansáramos de tu insufrible forma de ser. Pues lástima por ti, Hiccup, que yo no sea como el obediente Fishlegs o la acomedida Astrid, ambos lamiéndote los pies.
—Si fueras la mitad de lo que ellos son, probablemente ganarías el respeto que tanto aclamas merecer —refutó fríamente—. Pero no, claro que no puedes, porque eres Ruffnut Thorston. Porque en tu cabeza llena de aire sólo hay espacio para pensar en explosiones, caos e ideas estúpidas. Me acusas de fingir, pero nunca me he comportado traicionando mis ideales.
—Ése es el asunto, Hiccup, tus ideales, por alguna razón, siempre terminan metiéndonos en problemas —rebatió duramente—. ¿Qué nunca los has traicionado? ¡Ja, ja, ja! Repítelo sin poner esa cara compungida. ¿Acaso no estás fingiendo ser jefe cuando nunca has deseado serlo? ¿Por qué no decir la verdad? Heather y Thuggory te habrían apoyado, incluso habrían intercedido para que el consejo, y no tú, ocupara el lugar de jefe de los Hairy Hooligans. Has roto protocolos antes, así que ¿por qué sería diferente ahora?
—Antes...
Pero Ruffnut no lo dejó terminar.
—¡No me vengas con excusas! Siempre tienes una cuando te conviene, pero si alguien más las tiene, no las aceptas. Si tú rompes las reglas está bien, porque lo haces por una buena causa. Si yo las rompo, no tengo justificación alguna porque sólo es un acto de deliberada estupidez y rebeldía. Pues sabes qué, Haddock, no necesito justificar mi forma de hacer las cosas o mi comportamiento, así como tú nunca lo das del tuyo.
—¡Hablas de mí como si fuera un maldito desconsiderado, Thorston! ¡No puedo asegurarme de que todo saldrá bien! ¡Ya no puedo hacerlo! —por un instante, su voz parecía quebrarse—. He fallado. No lo negaré, pero nunca me he regodeado de mi fama. Pero esto no tiene que ver con el tema.
—¡Claro que tiene que ver! Sacaste a relucir mis defectos en comparación con los de Astrid, Fishlegs y los tuyos, por lo que me dejaste como una estúpida cabeza hueca que sólo busca hacer estallar cosas.
—¡Es porque eres así! Desde que te conozco, cada día y noche, es para lo único que tienes interés. No te importa nada, sólo divertirte. ¡No piensas en las consecuencias! ¡Tú...!
—¿Yo qué, Hiccup? —masculló apretando la mandíbula—. ¿Qué no soy adecuada para ser la voz elegida? ¿Qué soy demasiado tonta y estoy demente para tomármelo con seriedad? —apretó las manos en puños hasta herirse las palmas—. Pues si tanto te jode que sea así, oblígalos a que realicen de nuevo la ceremonia. Con suerte Astrid será elegida y no tendrás que preocuparte que yo arruine tus malditos planes.
La mirada verdosa de Hiccup se tornó oscura y dolida, pero el fuego que ardió en ella al encontrar una respuesta a Ruffnut, la tomó con la guardia baja.
—Tal vez tengas razón —dijo lentamente—. Para un asunto tan delicado como éste se necesita estar enfocado y tener seriedad, no impulsividad y comportamiento estúpidamente excesivo.
—Entonces deberías pedírselo a Fishlegs si de inteligencia y seriedad se trata —torció Ruffnut sin piedad—. Ah, cierto, no lo harías. Ya que no quieres hacer sentir mal a Astrid porque sabes que nadie más aparte de ti, la escogería.
Hiccup quedó en silencio, bastante frustrado de la conversación. ¿Por qué le decía todo eso? Comprendía que se sintiera mal, incluso furiosa, pero no… no debía…
Cuando la vio con detenimiento, se dio cuenta de su apariencia. A pesar de estar limpia, las marcas de golpes, el labio roto y las ojeras delataban su estado. ¿Le habrían hecho algo? Recordó la mirada de Mikli y sintió rabia.
—No me pasó nada —dijo ella. Hiccup respingó. No creía que ella hubiera leído sus pensamientos—. Cuando salí a la bahía, Mikli me siguió, tuvimos un pequeño intercambio de palabras hasta que Dagur me hizo perder el conocimiento. El labio roto y los moretones fue porque, para variar, abrí de más la boca.
—¿Dagur? —se alteró. No pudo evitar tomarla por los hombros y verificar que estuviera bien.
—Sólo cierra el pico y escucha —ella quitó sus manos con las propias. Respiró hondo. Era hora de decirle lo que había pasado. Miró al cielo nocturno. Esperaba que eso no le tomara mucho. Quería dormir.
Habló pero omitió la alucinación de la mujer y la Leyenda de los Gemelos Separados.
Hiccup la escuchó atentamente. Con la pelea aparentemente terminada, su enojo disminuyó. Además ya no sentía esa urgencia. La voz guiándole ya no provocaba anhelo estando con Ruffnut. Se percató que con ella al frente, a pesar de los roces, se sentía calmado.
—Lo lamento —dijo Hiccup mirándola a los ojos. Ruffnut se sorprendió, no había visto eso venir—. Sé que no es lo que quieres escuchar en este momento, pero sinceramente, Ruffnut, ¡nunca sé que esperar de ti! Eres impredecible, lo impredecible causa problemas.
—Pero a ti te gustan los problemas, Hiccup, los atraes por montones —planteó naturalmente, incluso llegó a sonreír.
Hiccup correspondió el gesto.
—No puedo contradecir eso.
Toothless lo observaba de lejos y resopló con aburrimiento. Esos da wingless tan dramáticos, les tomaba mucho tiempo solucionar simples problemas.
—Suéltalo, Hiccup —dijo Ruffnut de repente—. Deja de aparentar lo que no eres, y dime la verdad.
Al principio, él no lo había entendido, sino hasta pensarlo un poco. La chica esperó su respuesta. Se asombró de su valor. Ruffnut no le parecía tan cabeza hueca como había creído.
—Morirás —pronunció de forma simple—. Las voces elegidas...
—Mueren.
Él parpadeó con perplejidad. Ella rió hoscamente.
—La herencia Bog-Burglar por parte de mi abuela —contestó a la pregunta que Hiccup no había formulado—. Me escondí debajo de la mesa cuando estaban en la junta de los jefes. Nadie se dio cuenta, supongo que creían que nadie sería tan estúpido para esconderse y escuchar. ¡En verdad nos subestiman a los Thorston! Mi hermano y yo somos especialistas en conseguir información. Claro, yo soy mucho mejor que él.
—Mierda —fue lo más atinado que pudo decir mientras pasaba una mano por su cabello—. En verdad, una disculpa no enmienda nada.
—¡No es como si vaya a morir! —le golpeó el antebrazo con un poco de fuerza—. La leyenda dice que mueren y un montón de tonterías más. Si yo hubiera aceptado ese destino, entonces me habría rendido cuando Dagur me secuestró. No he perdido la esperanza. Voy a pelear, a mi modo. Que no te queden dudas de eso.
—No te dejaré sola —por segunda vez una de sus declaraciones la había sorprendido. Hiccup lució abochornado por un segundo—. Sé que no te gusta que te ayuden, pero no importa lo que venga, te apoyaré, Ruffnut.
—¿Lo prometes? Esto no va a ser una promesa que puedas romper, Hiccup. Si no la sellas con un cabezazo, no te creeré.
Hiccup cabeceó con determinación.
—Lo prometo.
Ruffnut le miró con incredulidad, para luego tomarlo de la cabeza y estrellar la suya con la de él. Hiccup quedó aturdido, pero satisfecho. Al menos habían hecho las paces.
Hiccup caminó hacia Toothless con Ruffnut a su lado. Montó al Night Fury que se mostró feliz de que por fin esos dos se movieran porque ya se estaba quedando dormido. Ruffnut dudó en subirse. Ya había montado a Toothless antes con Hiccup. Hacerlo ahora... era imprevistamente incómodo. Hiccup no se percató de ello y simplemente le extendió su mano.
—¿Pasa algo? —preguntó con inocencia.
—Es que... ¿no te molesta montar con alguien más?
Hiccup quedó perplejo por esa pregunta.
—Bueno, no es la primera vez. Ya has montado conmigo antes, ¿no es así?
—No en estas circunstancias.
—¿Cuáles circunstancias? —inquirió más perplejo todavía.
—¡Olvídalo! Pero espero que sea horrible para ti.
—¿Sigues poniéndote grasa de pescado en el cabello?
—No desde que lo corté aquella vez —respondió.
—Bueno, si es así, no hay nada que me parezca horrible —se alzó de hombros y la instó a tomar su mano—. Anda, quiero ir dormir y seguramente cuando lleguemos todavía habrá cosas por hacer.
—Vale, pero que quede claro que lo hago porque no tengo un dragón a la mano —dijo ella mostrando sus palmas, como evidenciando su inocencia. Hiccup entornó la mirada y le ofreció de nuevo su mano.
Y entonces, sucedió.
El contacto entre sus manos fue más que físico. No fue una sensación avasalladora lo que les recorrió, mucho menos sus corazones se agitaron. En sus almas algo reconoció a la contraria, y sonrieron. Inconscientemente, Hiccup apretó más la mano de Ruffnut, tiró de ella y la alzó para ayudarla a subir.
—¿Lista? —preguntó viéndola sobre su hombro.
—Lista —respondió asiéndose de su cintura.
—Si es así —colocó una mano sobre la coronilla de Toothless—. Vámonos, amigo.
—¿De qué me perdí todo este tiempo? —inquirió Ruffnut perdida en el cielo nocturno. Las estrellas lejanas se veían tan cerca que no detuvo el impulso de alzar una de sus manos para intentar tocarlas.
Fue turno de Hiccup de iniciar un relato. Tuvo la delicadeza de ser breve y preciso con sus palabras. No quería hacerla dormir por aburrirla. Sin embargo, Ruffnut no durmió. La notaba perdida, pero sabía que lo escuchaba. Cuando estaba así de quieta, podía apreciar detalles que antes no. Su aroma no era pestilente, sino similar al de árboles después de la lluvia. El cuerpo delgado desmentía la brutal fuerza que era capaz de emplear.
—¿Tienes frío? —cuestionó al sentir que tiritaba.
—Un poco, pero no me voy a morir por eso —aun así, un temblor violento desmintió su afirmación.
—Si tienes frío, dilo. ¿No que debía ser honesto? Pues predica con el ejemplo.
—Odio que uses mis palabras en mi contra. De todos modos, ¿de dónde sacarás algo para...? —pero la pregunta se esfumó de su boca al momento en que Hiccup abrió un compartimiento oculto en la silla de Toothless y extrajo una camisa verde, como las que siempre usaba—. ¿Me estás tomando el pelo?
—No, traigo ésta por si ocurre un accidente. Cuando tienes a un Night Fury que le encanta lamerte, tienes que ser precavido.
Toothless emitió un gorgoreo risueño a la vez que Hiccup una sonrisa resignada. Ruffnut tomó con cautela la camisa y se la puso sin más.
—¿Mejor?
—Humm, no tan mal como creí, por lo menos es de mi talla —volvió a asirse de la cintura de Hiccup y recargarse en su espalda—. Gracias, supongo.
—Que me parta un rayo ahora mismo —dijo Hiccup ciertamente maravillado—. Creí que nunca te oiría decirme eso. Empiezo a pensar que me quedé dormido y caímos en el mar, y que esto es un sueño, ¿cierto, amigo? —el Night Fury bramó curiosamente en respuesta—. ¿Segura que estás bien?
—Serás tú el que no lo estará como sigas hablando —amenazó seriamente.
Viajaron durante toda la noche. Con ella aferrada a él, Hiccup podía sentir con claridad los latidos de su corazón. Ese corazón del cual Hiccup había visto emerger una bolita de luz azul que había producido un sonido sublime. Hiccup había leído una vez sobre ello. Una cosa era la coraza que resguardaba la esencia de un vikingo; el cuerpo, incluso la mente y los pensamientos, eran parte de esta coraza. En cambio, la sál era distinto a toda materia, no era conjunto de características ni cosa similar. No poseía un espacio anatómico. La sál se regía por fuerzas indómitas, no conscientes, no accesibles. La literatura era escasa —en estos temas, siempre faltaba literatura. Gothi lo había ayudado un poco, pero ella misma no deseaba compartir su conocimiento. Ella había escrito: "Estudiar las sál, es exponer la tuya al proceso. Ninguna otra explicación puedo darte, más que empieces buscando en ti". Hasta la ceremonia, Hiccup había olvidado aquello.
—¿Quieres oírla cantar? —preguntó Ruffnut de repente sobresaltándolo. Ella se rió abiertamente y recargó su mentón en su hombro—. Parece que estabas pensando en lo mismo que yo. Me cuestionaba sobre esas estúpidas cosas espirituales. Admito que fue... genial, aunque por otra parte no me gustó que mi esencia quedara así de expuesta. Todos me miraban como si fuera un bicho raro.
—Siendo sincero, hasta que Toothless y Gothi no te nombraron oficialmente, no te estaban prestando atención —dijo él pensando que lo golpearía—. No creí que te importaran cosas así, ya sabes, quedar expuesta. Siempre me has dado la impresión de querer llamar la atención.
—Cierto —concedió—, pero no del todo. Hay cosas que me guardo para mí, que no compartiría ni con Tuff. Mi Barf es mi confidente, con quien comparto la mayoría de mis secretos. Creo que, sin darnos cuenta, nuestros dragones se han convertido en una parte fundamental de nuestras vidas. No me imagino un mundo sin montar a un dragón.
—Yo tampoco lo imagino —sobó la cabeza de Toothless. El pecho se le oprimió por un segundo.
—Y bien, ¿te gustaría escucharla de nuevo?
Hiccup elevó una ceja con sutileza.
—Acabas de decirme que hay cosas que guardas para ti misma.
—Y ahora compartiré ésta contigo —replicó con indiferencia—. ¿Qué, acaso no te interesa? No toda la vida tienes la oportunidad de estudiar una sál tan de cerca. ¡Qué mejor que empezar con la de una amiga! Además, probablemente se me exponga de todas formas, sin importar si estoy de acuerdo o no. Haré lo posible para que no se sobrepasen, pero creo que habrá límites para mi oposición.
—No creo que sea apropiado que me... eh, muestres tu alma —torció los labios, demasiado incómodo con el tema. No es como si diariamente alguien decidiera mostrar lo más privado de su ser a otra persona.
—¡Oh, pero admite que te mueres de curiosidad! —le picó una costilla—. Yo sí que la tendría. Si otra hubiera sido escogida estaría acosándola para que me dejara verla al desnudo.
—¡Ruffnut! —la amonestó.
Ella rió con fuerza, casi como si lo hubiera necesitado. Y era cierto. El estrés y la tensión no le gustaban, principalmente porque interferían con su diversión. Observó a su costado, donde los primeros rayos del sol aparecían. Había pasado toda la noche hablando con Hiccup. Se corrigió: había hablado cortésmente con él. Si Hiccup había pedido que lo partiera un rayo, Ruffnut también estaba en una similar situación.
—Sabes, Hiccup —retomó ella con un tono calmado—, todo esto es un tremendo error. Piénsalo un poco. La Voz Elegida tiene que cantar como una especie de homenaje hacia la Madre. No soy precisamente afinada, ya me has escuchado cantar para el Death Song. Casi logro que me maten.
—Han pasado varios años desde esa ocasión, seguramente no será lo mismo —comentó sin saber si debía decirle que la había escuchado esa vez en la parte trasera de su casa. Al final, decidió que lo mejor era ser honesto—. Te oí, ehr... bueno, cuando estabas cantando afuera de tu casa.
—¿Cuándo fue eso?
—Cuando regresé con Snotlout de mi misión —respondió esperanzado de que Ruffnut no se enojara por eso—. Aunque en ese momento no sabía que eras tú. Te pido una disculpa si esto te incomoda.
—Mmm, no esperaba que alguien se enterara, sobre todo porque cantó a cierta hora de la noche cuando todos supuestamente están dormidos —reprochó—, pero ya lo sabes. Como sea, es simple práctica. Cuando visité la Isla del Mañana, alguien me enseñó a cantar.
—¡Oh, cierto! Recuerdo que estuviste un par de meses fuera de Berk. No sabía que habías ido con la tribu de Tantrum.
—No fue tan grandioso, créeme, sin poder montar un dragón me estaba muriendo de aburrimiento, pero tuve que hacerlo. Cosas de compromiso, ya sabes.
—Entiendo —dijo—. Espera un momento... ¿compromiso?
—¿No lo sabías? Estoy...
—¡La encontraste!
La repentina aparición de Thuggory encima de ellos tuvo la cualidad de arrebatarles la privacidad. El cándido Meathead era ajeno a esto y pidió a Fireworm colocarse a la altura de Toothless. De inmediato Ruffnut quitó los brazos de la cintura de Hiccup y se sentó más atrás. Él se extrañó de ese comportamiento. Ruffnut lucía ligeramente nerviosa.
—¡Por las barbas de Bálder! ¡Lucen terribles! —no era raro que Thuggory fuera sincero en sus comentarios—. Tienes que contarme qué ha pasado. ¡Pensé que yo la iba a encontrar primero! Quería más acción después de que los hombres de ese par de traidores me dejaran con ganas de incrustarles un hacha entre ceja y ceja.
—Contaré todo de vuelta a la Isla Dragón, cuando nos reunamos con los demás —declaró Hiccup—. Enviemos la señal a los otros jinetes para que sepan que hemos terminado la misión.
—Aye, aye, ¿y cómo vamos a hacer eso? —preguntó Thuggory.
Hiccup sonrió, tomando las mancuernas de la silla de Toothless. Un brillo travieso apareció en sus ojos, y sin decir nada indicó al dragón elevarse dando vueltas tan rápidas que Ruffnut tuvo que volver a asirse a él para no caer. Thuggory comprendió que haría, pidió a Fireworm seguir a su alfa, y la orgullosa Monstruos Nightmare batió sus alas con elegancia. Una bola de plasma fue lanzada por Toothless, aderezada con una de magma de Fireworm. La colisión causó una tremenda explosión en el cielo, de colores azul y rojo, cuyo eco resonó por algunos minutos.
—¡Guou, eso estuvo de locos! —alabó Thuggory para después tocar los cuernos de Fireworm y sonreírle con camarería—. Eres fabulosa, preciosa. De no ser porque ya tengo a alguien, me casaba contigo sin dudarlo.
Fireworm ronroneó gustosa por el elogio. Usualmente no los aceptaba porque venían de Snotlout. Y los elogios de Snotlout no eran buenos para algo.
Tardaron unas horas más en llegar a Isla Dragón. Cuando divisaron la bahía, los otros jinetes se les unieron. Fishlegs y Snotlout no dudaron en volar cerca de Toothless para verificar que Ruffnut estuviera bien. Astrid se colocó a la derecha de Hiccup, sonriendo animosamente y preguntándole si estaba herido.
—Estoy bien —contestó con amabilidad—. Algo machacado. Nada que dormir unas cuantas horas no remedie.
—Te prepararé el té que mi madre hace cuando desea descansar profundamente —guiñó un ojo—. Sé la receta de memoria.
Hiccup tragó hondo. Astrid no era un as en la cocina, y hasta hacer un té podría representar un peligro mortal.
Al aterrizar en la playa fueron recibidos por un grupo de vikingos que les proveyó de agua. Heather, Tantrum y Siriana estaban ahí, esperando. Los drakares funerarios contenían los cuerpos de los caídos; los que contenían los cadáveres de los Hairy Hooligans se distinguían por los cuerpos de los dragones muertos en acción.
El funeral duró poco tiempo. A Hiccup le pareció así. Comparado con las horas que usaron para la ceremonia, para la fiesta, incluso para la batalla y la búsqueda... parecía que no quedaba tiempo para rendir un homenaje adecuado a los caídos.
Hiccup observó los drakares consumiéndose por las llamas. El aullido de los dragones componiendo una melodía suave y enternecida. Si no lograban hablar con la Madre, las muertes serían en vano.
—No les robes su victoria —susurró Thuggory a su lado, sin dejar de mirar hacia el horizonte—. Somos vikingos, Hiccup, la muerte es parte de nuestra forma de vida. Los hombres y las mujeres que murieron no habrían querido que estuvieras lamentándote.
—Ponerlo en práctica es complicado, Thuggory —dijo Hiccup con nostalgia—. Un jefe protege a los suyos, ¿no?
—Las palabras de tu padre... —sonrió apenas, pues había escuchado a Stoick decirlas un par de veces a Mogadon cuando estaban de visita en Berk—. En ocasiones creo que nuestros padres hacían parecer fácil el puesto de jefe, ¿no lo crees?
Observando a los drakares hundirse en el mar, Hiccup pensó en su padre. Stoick el Vasto había muerto por salvarlo, porque la vida de su único hijo era más importante que la propia. El dolor de la perdida no se iba, y tenía la certeza que nunca desaparecería. En su opinión, se lo merecía. Su ego había dado como resultad eso. Hiccup tendría que aprender a cargar con el peso de sus decisiones.
Cuando el funeral se terminó, los jefes se reunieron de nuevo al interior del volcán. Sin la guía de los ancianos, no tenían idea de cómo proseguir. Afortunadamente, justo en ese momento un soldado Meathead entró para informar que habían encontrado a Rjupa escondiéndose entre las rocas sueltas del otro lado de la isla. Tenía heridas graves en todo el cuerpo, casi como si la hubieran querido matar a golpes. Aprovechando su estado neurótico, los jefes obtuvieron cuantiosa información acerca de los planes inmediatos de Mikli y Durs, que incluían debilitar al enemigo y retirarse para reagruparse en las Islas de los Marginados. Hiccup aportó a eso la recién descubierta alianza con Dagur, y cómo el secuestro de Ruffnut fue llevado a cabo. Pero sobre qué era lo que buscaban con llevársela, no pudieron saberlo. Rjupa no tenía información sobre ello. Mikli y Durs no habían compartido con ella esos detalles.
—Las respuestas están con ella, con la voz elegida —decía Rjupa entre susurros incoherentes, para después caer inconsciente.
—Llévenla a que la curen y descanse —ordenó Thuggory a sus soldados al percatarse que no podrían obtener más información de ella—. Tenemos suerte que haya sobrevivido. Con una anciana viva podremos seguir con el ritual. Por lo que pienso que es esencial prepararnos para la batalla por venir. Mikli y Durs no se detendrán para conseguir a Ruffnut. Ella ahora es la esperanza de las tribus.
—Concuerdo con Lord Meathead —dijo la princesa Tantrum—. El bienestar de la Voz Elegida es primordial. Tiene que estar protegida mientras nosotros nos encargamos de preparar al resto de nuestros ejércitos. Tengo la impresión de que Mikli se aliara con otros aparte de Dagur. He oído que los romanos y los galeses han intentado hacerse con islas del archipiélago. Si unen sus fuerzas, las cosas podrían ponerse feas.
—Nada que no podamos enfrentar —replicó Lady Siriana al instante—. Aquí tenemos a las tribus más fuertes de todo Wilderwest. Indiscutiblemente, no debemos subestimarlos, pero nuestra unión es más poderosa. No nos rendiremos fácilmente.
—Considerando eso —intervino Heather—, opino que Ruffnut debe quedarse en Berk. No hay lugar más seguro que el hogar.
—Pensaba lo mismo, me has quitado las palabras de la boca —acotó Thuggory sonriendo—, y creo que debería vivir en la zona más segura.
—Ésa sería mi casa, ¿no? —conjeturó Hiccup—. A Ruffnut no le gustará, sobre todo si eso implica separarse de su hermano. Ella y Tuffnut tienen un Zippleback. Antes de transferirla a mi casa, quiero que esto se tome a consideración.
—La cosa es, Lord Haddock —dijo Siriana con paciencia—, que como Voz Elegida ella no puede luchar más. Comprendo su sitiación, pero la causa demerita sacrificios. Ruffnut Thorston no podrá seguir ejerciendo su papel como jinete de dragón, a menos que sea totalmente necesario. No es porque ella sea débil o delicada, sino porque tiene que estar cien por ciento enfocada en aprender el procedimiento. Usted posee a un Night Fury, uno de los dragones más poderosos de su clase, y usted es un guerrero reconocido entre las tribus. Lord Haddock, es perfecto para ser el guardián de la Voz Elegida.
—Lady Siriana tiene razón, Hiccup —dijo Heather al ver que iba a replicar—. Las leyendas nos dicen que nadie se atrevía a hacer daño a la mujer elegida, pero con Dagur y Mikli buscándola no podemos tomarnos la libertad de dejarla desprotegida. Ruffnut tendrá que entenderlo. Esto no es sólo por su bien, sino por el de todos.
—Lo entiendo —dijo Hiccup suspirando profundamente, pensando que ellos no serían a los que Ruffnut les enterraría una lanza en el trasero por privarla de montar un dragón.
La partida de cada tribu se realizó al atardecer. Tal y como lo había previsto, Ruffnut no se tomó bien la noticia y no había estado de humor para despedirse de nadie. Por supuesto, despachar a cada flota de vuelta al mar era más sencillo con la ayuda de Valka y Gobber. Por decreto de Hiccup, y sin aceptar peros de los otros jefes, dos jinetes de Berk los acompañarían de vuelta a sus islas. Astrid y Phlegma The Fierce irían con las Bog-Burglar, por mucho que a Lady Siriana no le agradara Phlegma. Baggybum (un tío lejano de Hiccup y Snotlout) iría con los Mercyless Meathead, pues Thuggory no había aceptado a nadie más que a él ya que "prácticamente somos vecinos, Hiccup, deja de actuar como esposa celosa. ¡Ya tengo mi dragón! No hace falta más para proteger a mi tribu"; se había decidido que Fireworm (con el permiso de Toothless) residiría en Meathead Island junto a su nuevo y permanente jinete. Mientras que con los Uglithug serían escoltados por Fishlegs y Spitelout, pese a lo mucho que Ingerman detestaba trabajar con el soberbio padre de Snotlout. Por último, quedaba Heather. Ella era un caso aparte. Su tribu quedaba reducida a un grupo que no podría denominarse como tal, y las islas de su territorio habían vuelto a pertenecer a Dagur. Sin dudarlo, Hiccup le dio la bienvenida a Berk, asegurándole que, después de arreglar la situación con la Madre, contemplarían recuperar el territorio Berserk bajo el mando de Heather.
Los drakares partieron sin más contratiempos. Los Hairy Hooligans les imitarían media hora después. Rjupa iría en un barco custodiada por los Terribles Terrores que le pertenecieran a Gothi. Su vida era tan valiosa como la de Ruffnut, siendo ella la única que podría guiarla en su camino. Hiccup habría querido volar con Toothless, pero estaba tan cansado que ni sus mejores intentos por permanecer despierto convencieron a Valka de no mandarlo a dormir. Ella y Cloudjumper y Eret y Skullcrusher se encargarían de vigilar.
—Llevas demasiado días sin dormir —dijo Valka sin obviar las profundas ojeras de su hijo—, más que ayuda, entorpecerías el viaje si te quedarás dormido y Toothless cayera al mar por eso.
—Puedo soportar otros dos días más —refutó Hiccup.
—No seas terco, hijo —apremió Valka inflexible—. Descansar no es debilidad. No necesitamos más accidentes por ahora, así que ve a descansar. Si algo pasa, nos encargaremos.
Suspirando resignadamente, Hiccup se dio la vuelta acompañado de Toothless. Entraron en las barracas donde varios vikingos dormitaban. Buscó la más apartada y se zambulló en ella, deseándole buenos sueños a Toothless. El Night Fury era fan de su pedazo de roca en el cuarto de Hiccup en Berk, pero el piso de madera del barco también era cómodo. No tardó en dormir, donde la única pesadilla era el recuerdo del fatídico día en que Stoick el Vasto dejó de existir.
Las ligeras olas mecían el barco con suavidad. Las hamacas se movían al compás relajando el cuerpo cansado de Hiccup. Estaba perdido en las sombras, imposibilitado de la vista. Frente a él no había nada, de lo oscuro que estaba ni sus manos podía ver. Estaba solo. Toothless no estaba ahí. Se oían gritos cerca y lejos, horribles gritos y exclamaciones de furia y guerra. Quería irse. Sin ver nada, ¿a dónde podía huir? Llamó por Toothless y no obtuvo respuesta.
"Voy hacia al este, sin rumbo fijo...".
¡Ah, de nuevo esa voz! Tan familiar, de suave tenor. Pudo reconocer su identidad. Era un hombre. Por eso había visto esas imágenes, ¡por eso se sentía encarnado en esos recuerdos! ¿Qué significarían? No conocía ninguna historia relacionada con eso.
"Sigo vagando tratando de hallar el fragmento de mi corazón...".
En la oscuridad, frente a su nariz, pudo distinguir una esferita de luz. Era amarilla y emitía destellos anaranjados. Al levantar su mano para tocarla, más esferas aparecieron, de distintos colores y tamaños formando una masa colorida y brillante que iluminó lo suficiente para que pudiera verse, más no borró la oscuridad. Las sombras seguían allí, sigilosas y renuentes a irse, pero no se sentían peligrosas. Hiccup se supo a salvo.
Las esferas se esparcieron a su alrededor. Había pocas azules claro, y menos rojas aún. Las esferas rojas tenían un diminuto tamaño, y tres de ellas estaban junto a tres esferas azules y tres esferas que no eran de luz sino de fuego. Fuego protector que se extendía a las esferas juntas. Y cuando Hiccup tocó una de las rojas fue jalado violentamente y puesto en el fondo de un recuerdo.
Como anteriormente le había sucedido, se vio en el cuerpo de otro. Esta vez no tuvo tiempo de registrar todo porque su pecho ardió cuando la helada hoja de una espada lo atravesó. Sangre fue escupida de su boca y sus ojos buscaron al causante. Frente a él, un hombre muy parecido a su primo lucía frenético y asustado. "Ah, creo que lo conozco". Pero no pudo pronunciar su nombre. La pesada muerte envolvía su existencia y antes de que Hiccup cerrara los parpados, oyó un grito femenino y un rugido consternado que se le grabó a fuego en su mente.
De nuevo fue Toothless quien lo trajo de vuelta. Su toque logró estabilizar a Hiccup lo suficiente para que su corazón volviera a latir rítmicamente.
"Oí Voces. Pero no vi nada", dijo Toothless.
—A mí me tocó ambos, amigo —no sonrió, estaba impactado. La sensación de la espada atravesando su pecho fue tan real para él, que podía jurar sentir la sangre escurriendo—. Es el pasado, eso creo, o, bueno, realmente no lo sé. Pero siempre es distante... y esas esferas rojas y aquellas de fuego son sál, ya no tengo dudas de eso. No se parecen a los hilos blancos que vimos en la ceremonia.
"Los Hilos no eran sál. No tenían núcleo. Las sáls son lo que son por sus núcleos".
—Cuando toqué a esa roja, su núcleo estaba construido de recuerdos —se llevó una mano a la cabeza—. Voy a necesitar a Fishlegs. Él debe saber más sobre ello, ya que se pasó todo un mes aprendiendo de Gothi algunas cosas y es quien sabe más de historia vikinga.
"Preguntaré a Cloudjumper lo que sepa. Él fue el segundo al mando del antiguo Alfa. Muchos secretos oculta en su mutismo", aportó Toothless empujándolo con su hocico para que se recostara. "Mientras duérmete. Tiene razón tu Madre. Si no descansas, no serás útil".
—Ja, ja, lo dice quien se quedó dormido como piedra en menos de un segundo —espetó Hiccup pero no hizo amago en levantarse. No sabía cuántas horas durmió, supuso que no fueron muchas. Seguía cansado—. Espero no tener más sueños así, de lo contrario sí me volveré un inútil.
Sin embargo, cuando consiguió dormirse, no vio de nuevo las sál. Se vio sentado en un trono dirigiendo a un pueblo desconocido. A su derecha estaba un dragón que no pudo identificar. A su izquierda, una mujer rubia vestida con ropas nórdicas. ¿Él era el Rey? Ah, no le importaba. Se sentía bien estar allí, con esos dos a cada lado.
"Tu voz se desvanece. Te buscaré en esta interminable lluvia hasta el final de mi vida".
¿Qué les pareció? Sinceramente no sé si reciba más review, pero ya me comprometí a terminarla. Tengo los borradores de cada capítulo, ya es cuestión de pasarlos a limpio.
Sin más que decir, espero les haya gustado.
Hasta el siguiente capítulo.
