Disclaimer: How to train your dragon no me pertenece, es propiedad intelectual de Cressida Cowell y DreamWorks.
Advertencias: OoC leve. OC. Crack pairing. Lenguaje fuerte. Muertes de personajes canon. Posible porno dragonezco.
Pareja: Ruffnut Thorston/Hiccup Horrendous Haddock III.
Referencia (sin seguir formato APA): La Saga Synchronicity es una trilogía hecha por Hitoshizuku-P, e ilustrada por Suzunosuke, la historia fue escrita por Kumagai.
¡Hola, holita! Vengo a traerles el siguiente capítulo, un poco cortito pero creo que lo haré así para no tardarme tanto. Gracias por sus comentarios, parece que este fanfic no está en el olvido. Las respuestas a sus review están al final del capítulo.
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Capítulo Tres
Palabras Malditas
- o – o – o –
"Alguien me habló todos los días de mi vida al oído, despacio, lentamente.
Me dijo: ¡vive, vive, vive!
Era la muerte".
—Jaimes Sabines.
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Tomaría tres días llegar a Berk en los drakares, lo que no importó a los Hairy Hooligans. Un poco de tiempo para recuperar fuerzas después de la batalla, siempre era bienvenido. Hiccup estaba de acuerdo con eso. Luego de dormir unas siete horas, despertó cuando Gobber vino a informarle que Rjupa había despertado.
Los ánimos mejoraron en cuanto Hiccup salió a cubierta. Los Hairy Hooligans parecían contentos de tener un jefe formal al fin, por mucho que Hiccup quisiera recordarles que era sólo temporal. Particularmente Astrid, quien había dejado de tratarlo con condescendencia y le sonrió con verdadera alegría, era la más entusiasmada con la idea.
Snotlout se había reído de él, sabiendo su incomodidad. Hiccup no pudo replicarle, ¿cómo hacerlo frente a los aldeanos sin quedar como un irresponsable al que no le interesaba su pueblo? Hiccup sabía que su primo se reía por estar fingiendo, por aparentar ser algo que no quería. Snotlout lo conocía así de bien. Afortunadamente para Hiccup, sólo era Snotlout quien lo había descubierto.
—Otro día más desvelándote, y tus ojeras se confundirían con maquillaje, Haddock —comentó Eret cuando Hiccup pasó a su lado—, no que te vieras mal, eso sí.
—¿Insultando al jefe tan temprano? —inquirió Hiccup con media sonrisa—. Creo que tendré que asignarte como escolta de Ruffnut para que aprendas la lección.
La cara de Eret palideció dándole a Hiccup la satisfacción que necesitaba para comenzar bien el día. En la cubierta estaban todos los viejos del consejo, excepto por Vidgis y Mulch que se habían quedado a resguardar Berk. Gobber y Valka lucían intactos, como si no hubiesen luchado a muerte hace poco. Otros vikingos estaban igual. Era como si la sangre, el hedor a muerte y la incertidumbre de las futuras batallas no pudieran ensombrecer su humor.
Vikingos serían vikingos hasta el fin de los tiempos, después de todo.
Ruffnut también estaba ahí, vestida de vuelta con su chaleco de piel de cordero y sin la camisa de Hiccup. Por un segundo, eso lo decepcionó. Ella no lo veía, estaba en un rincón con la atención puesta en el mar. Hiccup tuvo el impulso de saludarla, pero se detuvo cuando Astrid lo tomó del antebrazo para detenerlo y darle un beso en la mejilla, ¿por qué de repente esa acción le provocó tanta ira? Las muestras de afecto habían sido normales entre ellos; los besos fugaces, las caricias sobre la ropa, todo… pero ahora no lo sentía correcto. Eso lo abrumó.
—Hola —regresó el beso, tomándole de la mano para que ella viera que estaba bien.
Si Astrid estaba decepcionada de su falta de afecto, no lo demostró. Ella le palmeó el hombro y le permitió irse.
—No ha querido hablar —informó Valka. En el mástil del drakar, Rjupa la Anciana de los Outcast había sido amarrado con cuerdas luego de que intentara escapar.
—Tampoco ha bebido ni comido —aportó Heather con voz baja—. Necesitamos que coopere. Nadie más que ella sabe qué debe hacerse.
—Haré lo que pueda —prometió Hiccup hasta quedar a unos pasos de Rjupa.
La anciana se veía más decaída y frágil desde la última vez, no obstante, su gesto era hosco con los demás. A Hiccup no le tomó mucho entender que Rjupa iba negarse a ayudarlos. Su lealtad para con Mikli y Durs era extraordinaria considerando que casi la habían asesinado.
—¿Se encuentra bien, Rjupa? —preguntó con cortesía.
La anciana escupió a sus pies, y en nórdico antiguo recitó un oprobio sobre su persona. Algunos Hairy Hooligans quisieron desenfundar su espada y cortarle el cuello a la vieja por su afrenta.
—Guarden sus espadas. El metal no servirá en esto —ordenó Hiccup. No había podido quitarse la ropa que usó en la ceremonia, por lo que la combinación de su atuendo con su mirada intimidante bastó para instar a la obediencia.
Ruffnut volvió su atención a él en cuanto oyó su tono autoritario. Casi se rió. Cuando Hiccup quería portarse como jefe lo hacía casi creíble; casi porque sabía que ser jefe nunca había estado entre sus intereses.
Hiccup se hincó frente a la anciana para quedar a su altura. Rjupa tenía la cara horriblemente arrugada, los labios partidos, y ahora que la veía así de cerca, tenía un ojo cegado; lo peor era el cabello, casi no lo poseía y tenía una apariencia de algas secas. Hiccup al menos reconoció que Alvin no hubiera consentido ese trato a una sabia, sabiendo que el difunto líder de los Outcast no habría desaprovechado la oportunidad de alianzas si con eso ganaba más.
Alvin siempre había sido muy ambicioso.
—Pienso que entiende la situación en la que está, Rjupa —dijo cortésmente todavía—. Usted es la única que sabe cómo continuar con esto. La necesitamos, así como también necesita de nosotros. Si decide seguir guardando lealtad hacia Mikli y Durs, entonces no le concederemos perdón.
Rjupa se retorció intentando zafarse de las cadenas.
—¿Perdón? ¡El perdón no lo requiero, Amo de dragones! —vociferó enérgica, desmintiendo su estado debilitado—. ¡Mi lealtad es con mi Tribu! Decidí morir por un bien mayor y dejé mi conocimiento con ellos. ¡Mis señores los destruirán! ¡Retomarán el lugar que merecen! —volvió a retorcerse mientras reía histéricamente—. ¡Y comerán su carne hasta dejar los huesos y harán un trono con sus restos! ¡UN VERDADERO TRONO PARA VERDADEROS REYES! Y ESTO LO JURO, HICCUP HORRENDOUS HADDOCK EL TERCERO, CAERÁS DEL CIELO QUE TANTO AMAS. TU BESTIA MORIRÁ Y LA DESGRACIA CAERÁ SOBRE TU TRIBU. CADA NIÑO Y NIÑA, CADA HOMBRE Y MUJER, CADA ANCIANO Y ANCIANA, SERÁ CAPTURADO Y VENDIDO COMO ESCLAVO. SUS DRAGONES PERECERÁN Y SU PIEL SERÁ USADA EN LOS TRAJES DE MIS SEÑORES. NADIE SOBREVIVIRÁ Y QUEDARÁN EN EL OLVIDO. MALDIGO A TU LINAJE IMPURO. EL LOBO TE DEVORARÁ, AMO DE DRAGONES. EL SENDERO QUE RECORRE TU VIDA NUNCA CAMBIA: LA MUERTE Y EL DOLOR TE PERSIGUEN COMO SKÖLL Y HAVI PERSIGUEN AL SOL Y A LA LUNA. TU FIN ESTÁ CERCA Y NI TENIENDO A LA VOZ ELEGIDA DE TU LADO, PODRÁS SALVARTE. TE MALDIGO MIL VECES.
Ruffnut avanzó hasta quedar frente la desquiciada anciana. Levantó su brazo y estampó su puño en la cara de Rjupa. Sangrando por la nariz y la boca, ella gimoteó lastimosamente. Todos quedaron en shock. Se rumoraba que las sabias de las tribus tenían el mismo poder que las brujas Seidr. Una maldición era asunto serio. Gobber ya estaba pensando qué hacer para revertirla. Hiccup permanecía callado, ciertamente preocupado por lo dicho por Rjupa —ya tenía suficiente con su mala suerte como para añadirle una maldición—, pero mantuvo su expresión controlada. No dijo nada a Ruffnut, pero de eso se encargó Astrid.
—¡Ruffnut! —regañó sujetándola del brazo.
Ruffnut se zafó con brusquedad y la ignoró. Cuando Valhallarama aún vivía contaba historias de sus viajes. La mayoría de búsquedas de tesoros que siempre incluían heroicas batallas a muerte; en otras Valhallarama les había advertido sobre las brujas y sus maldiciones. "Cuídense de ellas", les había dicho, "las palabras han asesinado a más personas que las armas".
—Una maldición le quitaría el valor hasta al hombre más valiente —pronunció Ruffnut. Su madre habría podido no estar durante la mayor parte de su vida, aun así, sus piezas de sabiduría los rescataban de problemas. Valhallarama había dicho: Cuídense de las palabras de una bruja, pero entre líneas había mostrado: Usen las palabras para combatir maldiciones. A veces, es mejor que cualquier espada o hacha—. Nosotros no somos hombres y mujeres simplemente valientes. Somos vikingos. No tememos caer en batalla, y tampoco vivir y arriesgar el pellejo por lo que creemos. ¿Qué tanto puede intimidarnos una maldición contra lo que el futuro nos depara por ser quiénes somos? ¡No me vengas con estupideces, bruja! ¡La muerte, el dolor y las pérdidas son gajes del oficio de un vikingo! ¿No has escuchado el lema de los Hairy Hooligans? ¡Gloria o Muerte! Las maldiciones no tienen poder sobre nosotros.
Hubo una pausa silenciosa. Fue como si los gritos de Rjupa hubieran perdido poder. Gobber fue el primero en hacer eco. Gloria o Muerte, gritó. Gloria o Muerte, repitieron los demás. Astrid estaba estupefacta, no podía creer lo que veía. Snotlout le dedicó una sonrisa burlona mientras se unía al grito de su tribu.
Hiccup miró a Ruffnut. Eran pocas las ocasiones en que podía apreciar un gesto serio en la cara de los gemelos, pero ahí estaba. ¿Qué era lo que veían esas pupilas azules ahora?
—Ayudes o no, continuaremos. El camino ya está tomado, Rjupa —dijo Hiccup con lentitud, cuando su pueblo calmó su clamor—. No permitiré que Mikli y Durs interfieran en nuestro objetivo.
—No podrás capturarlos.
—¿Capturarlos? —repitió intransigente—. Nunca dije que iba a ponerlos bajo custodia si nos topamos con ellos.
La expresión de Rjupa pasó por un rictus de estupefacción y confusión. Dejó de retorcerse y su cuerpo tembló. Hiccup fue indiferente a su dolor. Había aprendido la lección con Drago. La muerte de su padre fue lo que necesitó para comprender que en el mundo de la guerra y la sangre, los métodos pacifistas no servían, por lo menos, no con gente como Drago.
—N-No... serías capaz de...
—Por proteger a mi gente y a nuestros dragones, haría lo que fuera necesario —juró, determinado. Detrás de él, Toothless afirmó también—. Has elegido tu bando, Rjupa, y eso es respetable. Sin embargo, las decisiones tienen repercusiones. Ahora eres una amenaza y tengo que encargarme de ti.
—¿Me matarás? ¿El tan benévolo Amo de dragones, sólo es compasivo con esas bestias sin alma?
—Los dragones tienen alma y son más compasivos que algunas personas que he conocido —argumentó Hiccup manteniendo la calma—. No te mataré, Rjupa, pero ni Heather ni yo te queremos cerca. Te dejaremos en una isla cercana. Si tanto aprecio te tienen tus jefes, vendrán por ti, sino estarás sola. Tendrás comida y agua para un día, así que raciónalos bien.
Rjupa se quedó sin habla. Cuando Bucket y Ack la quitaron del mástil, seguía sin comprenderlo. El encargado de llevarla a la isla sería Gobber. Grumpy ya estaba listo y en cuanto el herrero subió con Rjupa como carga, emprendió vuelo perezosamente.
—No creí que fueras capaz de eso, Hiccup —comentó Heather viendo a Gobber partir.
—Tú la habrías asesinado enseguida. No le habrías dado una oportunidad —respondió en voz baja.
—Es una amenaza, tú mismo lo dijiste; si aceptaba ayudarnos, no lo haría por las buenas, incluso podría echar a perder todo. En fin, en su estado no durará ni medio día. Sus heridas con graves. Mikli y Durs sí querían matarla. Es un desperdicio… nos quedamos sin nada.
—Gothi escribió que no siguiéramos el camino del lobo —comentó Hiccup—. Ella no hacía cosas al azar, quizás ella descubrió la traición desde antes. Sabía que era inevitable, y que debía estar preparada.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Una corazonada —respondió simplemente, dándole la espalda a Heather—. Iré a descansar un rato más. En cuanto lleguemos a Berk, iremos a la casa de Gothi. No me molesten.
Sin agregar más, se dirigió al interior del barco. Los ecos seguían sonando en su cabeza. Su corazonada se basaba en eso. Algo le decía que debía buscar en la cabaña de Gothi. Además, la anciana no moriría sin haberles dejado un punto de partida. Gothi era más lista de lo que parecía.
A pesar de su orden, Valka lo siguió.
—Cuando se le sube lo jefe, es realmente insoportable —masculló Snotlout con los brazos cruzados. Heather se limitó a reír, mientras Eret seguía viendo, al igual que Astrid, la espalda de Hiccup desapareciendo en las sombras—. Me sorprende que no estés siguiéndolo, Astrid, ¿ya te cansaste de perseguirlo como un Terrible Terror persigue a su cola?
—Cuida tu boca, Jorgenson.
Snotlout no se inmutó. Si Astrid creía que podía intimidarlo con eso, no lo conocía. Años atrás todavía habría temido a la fuerza de Astrid, pero ahora no. Si quería desquitarse con violencia, Snotlout podía responderle con lo mismo.
—Bueno, ya que tienes tantas energías, yo también me voy a dormir un rato así puedes encargarte de hacer guardia. Sin mi sueño de belleza, no podré presentarme de nuevo frente a las preciosas doncellas de la tribu Bog-Burglar. No quiero decepcionarlas.
—Para arreglar tu cara vas a tener que dormir una eternidad entonces, Jorgenson —dijo Eret mordaz.
—Eres hilarante, de verás —comentó con acidez, antes de irse a las barracas (las que quedaban frente a las que Hiccup ocupaba; en verdad no quería interrumpir la discusión entre madre e hijo que se estaría gestando, por mucho que le entusiasmara ver a Hiccup siendo regañado).
Además, no mentía con lo de sentirse cansado. No había podido dormir durante toda la noche, por mucho que hubiera querido. Había estado preocupado por Ruffnut al verla tan callada. No era habitual considerando lo boquifloja y burlona que era.
Cuando Hiccup la trajo Isla Dragón, lo notó. Conocía bien a los Thorston, incluso le había prometido a Tuffnut proteger a su hermana aunque ella no lo necesitara. Pocos, incluyéndolo, conocían cómo habían sido esos años sin padres para los Thorston. Habían tenido que valerse por sí mismos, dejar sus tonterías de lado. Después de todo, la comida no iba a venir sin trabajo y el dinero no saldría de la nada.
Habían tenido que entender que el muerto y el arrimado a los tres días apestas, sin importar si eras familia o un amigo muy querido. Los Thorston tuvieron que concientizarse de su papel en Berk, de su posición social. De que eran, después de los Haddock y los Jorgenson, una de las familias con más poder en el pueblo. Tuffnut I y Valhallarama habían asegurado riquezas para sus hijos y una reputación grande gracias a sus batallas y viajes, al punto que ni siquiera las estupideces de los miembros menores de los Thorston pudieran ensombrecer el futuro de los gemelos.
Spitelout había querido sacar provecho de ello, queriendo casar a su hija Aydelaida con Tuffnut. Por suerte, Stoick intervino haciendo un trato más provechoso, uno que lastimosamente incluyo a Ruffnut.
Su cariño por Ruffnut había sido sincero, pero efímero. Fishlegs podía atestiguar tan bien como él que debajo de la expresión de siniestra burla de Ruffnut, había una mujer fuerte e inteligente. Pero Ruffnut no lo mostraría a cualquiera. Había que ver más allá de lo evidente, y eso había sido extraño, porque él no solía ver más allá de lo que tenía en frente.
"Quizás sea hora que empiece a ver lo que no quiero ver", se dijo a sí mismo, tomando una ruta lejos de las barracas. Descansaría mejor en compañía de su dragón.
Buscó a Hookfang y se acomodó a su lado. El dragón lo acogió con una de sus alas. No había sitio donde pudiera dormir mejor, que en el abrazo de su fiel amigo.
Hiccup no se inmutó cuando Valka entró a las barracas. Había esperado que su madre quisiera hablar con él. No es como si la idea le agradara, ya intuía sobre qué iba a tratar.
—¿Qué sucede, má? —preguntó sin rodeos, deseando que no se postergara más aquella reunión.
Valka no respondió de inmediato, en cambio, se dedicó a mirarlo detenidamente. Eso hacía a menudo cuando quería comprender algo desconocido. No era de muchas palabras, pero cuando hablaba era directa con quien se le pusiera en frente. Su madre no tenía miedo a decir lo que pensaba. Había pasado veintes años viviendo entre dragones, ¿cómo podían esperar que se inmutara ante cualquiera?
A Hiccup no le habría molestado otro día, cuando no tuviera que lidiar con un montón de problemas.
—Si vas a decirme algo, que sea rápido. En verdad no estoy humor para esperar a que quieras decirme un sermón.
—No te alteres, muchacho —replicó Valka, imperturbable.
—¿Por qué no? Una anciana acaba de maldecirme. Es una buena excusa para alterarme, ¿o es que no tengo derecho a sentir por ser el jefe de los Hairy Hooligans?
—No eres el jefe de Berk aún, Hiccup, sólo estás interpretando el papel —espetó colocando una mano sobre su hombro. Por una parte, Valka no había querido decirle eso. Veinte años lejos de Berk no le daban derecho a mandar sobre él; Hiccup ya era un hombre que no requería cuidado materno, por lo que ella sólo podía ofrecerle consejo y experiencia—. Sé que te disgusta fingir ser jefe, pero pensé que estabas de acuerdo. Si te hubieras rehusado, te habría apoyado. Deseo verte feliz, Hiccup, y si eso implica ir contra todo Berk, que así sea.
—No puedo ser tan egoísta. Ya no.
—Tonterías —pronunció tomándole de la cara—. Tu padre solía mediar entre el bienestar de su pueblo con el de sus amigos más cercanos. Siempre buscó ser justo con cada causa. Nadie puede evitar ser egoísta, hijo, todos deseamos lo mejor para nosotros y las personas que amamos.
Hiccup se recargó en la palma de su mano.
—He tenido un sueño extraño —titubeó—. Un asesinato, soñé que alguien me asesinaba, bien, no era yo exactamente, pero si estaba ahí, sintiendo el metal atravesándome.
—¿Cuándo fue eso?
—Cuando regresé, y antes de eso, tuve... las llamaré alucinaciones, pero no creo que lo sean, madre, son como visiones. Me veo en el cuerpo del otro y escucho voces —se pasó las manos por el espeso cabello—. No tengo idea de qué pasa, lo que sí sé es que comenzó con la ceremonia. Estos sucesos tienen que estar relacionados con el pasado.
Valka guardó silencio de nuevo. Sus serenos ojos azules ocultaban la retahíla de pensamientos en su cabeza. Por convivir entre dragones, sabiduría antigua había sido compartida con ella. Bewilderbeast había sido bondadoso al descubrir los secretos más oscuros de su raza. Conociendo leyendas, como la de los Gemelos Separados, que ponían en duda historia vikinga como la del reinado de Grimbeard el Espantoso.
—El linaje Haddock tiene una parte desconocida, hijo, ni siquiera Stoick lo conocía bien. Por lo que me contó, los Haddock han estado relacionados a múltiples leyendas, entre éstas, la de la Voz Elegida. En esa época lejana, hay registros de la Voz Elegida, aunque nadie sabe exactamente cuándo no fue necesaria su presencia, precisamente cuando se convirtió en leyenda. Crep que hay una relación entre eso y lo que me has contado, Hiccup, y si es así, los sueños o visiones apenas comienzan.
—Esto es simplemente genial, ¡lo que me faltaba! —se quejó dejándose caer en la barraca. Toothless se le acercó preocupado y rozó con su trompa su regazo—. Ya es malo que tenga que encargarme de tantos problemas y ahora debo lidiar con el pasado porque tengo una aparente conexión con él. ¿Tengo que pensar que lo que veo son pistas, sucesos que (seas quienes fueran esos sujetos) me obligan presenciar? ¿Por qué por una vez en la vida no me toca un problema que no me lleve a otros problemas?
—Deja el drama, Hic —acotó Valka, pidiéndole peras al olmo—. Pienso que cada uno forma su destino, pero nadie puede prescindir de sus raíces, muchacho. Pasado, presente y futuro están enlazados entre sí, una tríada inevitable. Toma una decisión, pero sé consciente de esto: Una vez decidas y elijas lo que quieres, mantente firme en tus convicciones. Retractarte sólo porque las cosas salen mal, es no creer en tus ideales. La indecisión es una de las causas del sufrimiento humano.
—Suena a que nunca dejaré de sufrir, má.
—Eso no depende de nadie más que de ti —finalizó Valka dándole un corto abrazo y una caricia en su cabello—. Ahora sí dejaré que descanses un rato. Lo necesitas. Al igual que la señorita Thorston. Ella estará descansando en las barracas del lado izquierdo, por si deseas hablarle.
Confundido, Hiccup parpadeó.
—No es el momento ideal para tener una charla con ella cuando está tan enojada conmigo.
—¿Enojada? A mí me pareció inconforme, pero supongo que las condiciones que le impusimos han sido severas para ella. No la culparía si quisiera soltar algunos golpes para quitarse el estrés.
—Una razón más para mantenerme alejado —argumentó quitándose las mancuernas de sus brazos—. Lo prometo, cuando esté menos enojada, hablaré mucho con ella, por ahora no quiero buscar más problemas de los que ya tengo. Además, ¿por qué te interesa? ¿No debería preocuparte más el hecho de que Astrid y yo nos hayamos distanciado un poco?
—Confío en que la señorita Hofferson y tú tendrán la oportunidad de arreglar sus diferencias, pero recuerda que Ruffnut vivirá contigo en los próximos meses. No quiero asustarte con esto, que conste. La madre de Ruffnut, Valhallarama, cuando se casó con Tuffnut I, no consumo su matrimonio sino después de un mes. Ella no había querido casarse con él, así que hizo lo posible por hacer insoportable la vida del pobre Tuffnut I. Eso cambió cuando él mostró que la respetaba, o eso es lo que me contaron. Nunca supe la historia completa.
—Entonces, tu consejo es que lime asperezas con Ruff si no quiero que en la primera noche me mate con un cuchillo o algo peor.
—Básicamente, sí.
Valka se rió de la nada convencida expresión de Hiccup.
—Vamos, no puede ser así de malo, ¿no es así? Puede que cuando limen asperezas, se lleven mejor y eso es siempre bueno.
Y se dio la vuelta, saliendo de las barracas, dejando a Hiccup pensando sobre eso.
Las Islas Outcast habían sufrido modificaciones desde que Alvin el Traicionero muriera en sus costas. Si antes las nubes se conglomeraban en un eterno día nublado, ahora provocaban tormentas continuas. Raro era el día que no estuviera lloviendo, o que el aire estuviera impregnado por el hedor a humedad. El suelo infértil era fangoso y pestilente. Los animales morían y sus cuerpos pútridos no ayudaban a mejorar la apariencia del lugar. A falta de sustento, los Marginados había tenido que recurrir a viejas prácticas: si las otras Tribus honraban a sus muertos quemándolos en drakares, entregándolos a las valkirias a través del fuego, ellos comían los restos. La carne era carne, cocinada o cruda, quitaba el hambre.
La de los muertos daba fuerzas.
Mikli y Durs eran asiduos amantes de comer carne humana. Mikli prefería el cerebro, mientras Durs no tenía un gusto particular, le daba igual si era el cerebro o el corazón, pero prefería la carne de vikingos fuertes, de guerreros grandes de potentes músculos para ganar su poder. A su dieta habían añadido la exótica carne de dragón. Los favoritos de Mikli eran los Zippleback. Los de Durs los Hobblegrunt.
Al retornar a la isla principal, un festín les fue brindado con la carne de las desafortunadas Bog-Burglar que habían secuestrado y no habían acatado las reglas, acompañada de tarros del mejor hidromiel.
Sin esperar a Dagur festejaron entre canciones de masacres y eructos de borrachos. A partir de ahora tendrían festines a diario, disfrutarían de la carne de sus enemigos.
Mikli habría disfrutado más, si la carne que tanto deseaba estuviera a su alcance. Pero Dagur no había llegado, posiblemente porque tuvo complicaciones. Mikli ni se sentía sorprendido. Dagur daba la victoria por asegurada y se dejaba llevar. Incluso si le dio los mejores drakares que tenía, sabía que no iba a obtener nada. Pero era imprescindible mantener al berserker a su lado, pues sabía cosas que él no, cosas que su tribu había ocultado por siglos, tal vez milenios.
Mikli no era idiota. Si tenía que aguantar por un tiempo a ese demente para obtener información sobre la Leyenda de los Gemelos Separados, lo haría. Convencer a Durs de no matar a Dagur iba a ser lo difícil.
—Pero vale la pena, si obtengo la mejor carne del mundo —dijo a la nada levantando su tarro frente a la hoguera en medio del comedor. En su mente una femenina figura tomó forma. Gruesas trenzas rubias cubrían un cuerpo delgado y desnudo, ojos azules y piel lista para ser tocada.
¿Quién habría dicho que ella terminaría siendo la Voz Elegida? A simple vista no lo parecía. Mikli les daba el beneficioso de la duda a todos los que lo dudaban. Pero así era, y no podía estar más contento.
La tomaría en cuanto la tuviera en frente y no la dejaría ir. Oh, claro, ella moriría eventualmente, pero mientras... su néctar sería sólo para él, y de igual manera, su canto.
—Mi preciosa cantante. Día y noche. A todas horas, incluso cuando duermas, tu voz me pertenece.
Luego de ser liberada —de nuevo—, voló sin detenerse lejos de la ambición del maldito berserker que había tratado —de nuevo— de atarla.
El afán de Dagur por capturarle se comparaba con sus antepasados, tan desesperados por arrancarla de los cielos como si fuesen los pétalos de una flor.
Por desgracia para ellos y fortuna para ella, no era una flor, sino un Skrill. Un dragón mítico, casi extinto (lo averiguó hace años al buscar a sus homólogos, al no recibir respuesta alguna en su isla, más que el silencio de la muerte). Su encierro en el hielo duró más de lo calculado y en su ausencia la existencia de los Amos del Relámpago y el Trueno había desaparecido. Dolía saberse la única en el mundo.
Su dolor aumentando la furia hacia quien la había aprisionado en esa cárcel fría.
Podrían pasar cien, mil años, sin que pudiera olvidar a aquella fría mirada y esa risa inescrupulosa. Así como tampoco podía olvidar a quien logró entrar en su corazón. A sus tristes recuerdos se sobrepusieron memorias más confortables, cuando aprendió amar a un humano y las consecuencias que conllevaba. Había sabido de congéneres que lo habían hecho y murieron cuando el humano murió, ¡pero ella seguía viva! No había muerto a pesar de verla morir; su corazón continuaba latiendo, roto pero vivo, sollozando por la perdida durante cien años.
"Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré".
Ah, sus dulces palabras, ¡y pensar que había sido tan joven y pequeña con su cabello rubio y sus ojos verdes! Podía recordarla con facilidad, ni siquiera tenía que concentrarse para sacar la imagen a flote. Ni cazar corderos era tan sencillo. Pero con su sonrisa vino la sangre y la muerte, y su cuerpo cayendo en el piso frío... y su voz apagándose. "Me hubiera gustado... presentarte a mi hermano", y los ojos perdiendo vida, "Vete. Vete y olvídame".
Después sólo recordaba furia y venganza, la inconsciencia viniendo al ser atrapada en el hielo.
Y luego la había conocido.
No creyó que su corazón volviera a latir con tal ímpetu otra vez. Atrapada en esa prisión del desquiciado, halló lo que ni sabía que había estado buscando. Esa chiquilla en la celda... había sido imposible quitar su atención de ella. Ya la había visto antes, montada en la cabeza derecha de ese Zippleback. No le había resultado interesante, sólo una vikinga más como otras, pero ahora... ahora sentía la necesidad de verla, de estar con ella.
Las heridas de su corazón ardieron, más en anhelo que dolor. Su sál pedía buscarla, añorando un posible consuelo en su reencuentro, gritaba: "Ve con ella, ve con ella. Ya ha regresado. Ella está viva".
Contradecir a su alma, no era algo que los dragones hicieran a menudo.
Con una determinación renovada, giró y se dirigió hacia donde ella estaría. Conocía su hogar, ya había ido ahí. Su sál se regocijo por su decisión. Pronto, pronto estaría con ella y no permitiría que muriera. No de nuevo, la protegería con su vida.
La Historia se repetirá.
Esa voz la detuvo en pleno vuelo. Buscó por su origen sabiendo quién era y poniéndose furiosa. ¡No, no lo permitiría! ¡Esa bruja no la lastimaría otra vez! Su piel desprendió chispas que se extendieron varios metros a su alrededor. Su rugido tuvo un alcance de varias islas a la redonda, alertando a sus camaradas dragones que no se pusieran en su camino.
Canta por siempre.
Una fuerza invisible la atacó. Cuando se dio cuenta que en realidad era fuego negro, ya era tarde. Su resistente cubierta escamosa no sirvió de nada porque el hedor chamuscado bastó para saberse en peligro. En un movimiento precipitado se dejó caer en el litoral marino, una profundidad en la que podría salir a flote sin dificultad. El agua salada apagó las llamas negras, pero la debilitó terriblemente. Aun así, su determinación no flaqueó por la debilidad física, sacando sus últimas reservas para elevarse de nuevo en el aire. Cada vez que agitaba sus alas, le dolía mucho. En su condición, volar sin tomar descansos sería un suicidio, y no quería morir. Tardaría más en llegar, pero definitivamente le habían dado una razón más fuerte para continuar. No iba a rendirse, y con el recuerdo de su sonrisa retumbando en su mente, voló lo más rápido que podía hacia Berk.
El viaje en los drakares había acabado en cuanto anunciaron que Berk estaba a la vista. Ruffnut nunca había estado tan feliz de ver la vieja isla, hasta se relajó asomándose por el borde para ver si Tuffnut la esperaba. A la distancia apreció la pequeña y delgada figura de Tuffnut Thorston. Obviamente, mostrar su cariño hacia él estaba vetado, tenía toda una reputación que mantener, así que se abstuvo de gritar. La distancia se le hizo masiva. Ningún drakar podría llevarla con Tuffnut con la increíble velocidad de un dragón.
—Esto es de antología, no creí que tu hermano te importara realmente —el comentario provino de un sorprendido Eret, quien la había visto todo el tiempo. Ruffnut apenas si volteó, tan concentrada estaba que cualquier distracción era ignorada al instante. Eret sonrió. Eso también era una sorpresa, que ella no aprovechara una oportunidad para coquetearle.
—Extraño volar.
—Sólo han pasado tres días —dijo—, y no va a ser para siempre, Thorston, deja de lamentarte.
Ruffnut habría querido decirle que siempre era una ilusión. Pero Eret no le inspiraba confianza, le había inspirado deseo cuando vio sus músculos accionando esa enorme ballesta. La atracción, como cualquier sensación de su cuerpo, era espontánea. A veces las más fuertes sensaciones morían al nacer. La insatisfacción provocaba displacer. Ruffnut no se sentía satisfecha. Su constante rebeldía requería una figura afín que pudiera comparársele, y Eret, a pesar de ser un aventurero y un cazador, era demasiado prudente en algunas cosas, cuando ella era todo lo contrario.
Suspiró sin poder evitarlo. Había querido regresar a casa para ver a Tuffnut, pero después de eso, ¿qué iba a pasar? Vivir con el insufrible Hiccup era una perspectiva desagradable, sobre todo porque Astrid le había estado mirando todo el viaje, como si quisiera descifrar un secreto. La cara de Ruffnut no era un maldito código y había estado dispuesta a enfrentar a la otra usando la intriga como su arma.
Astrid podría fingir ser la vikinga perfecta, pero Ruffnut sabía que muy en el fondo no eran tan distintas. Ambas adoraban ser elogiadas, puestas en el centro de atención. Astrid por ser la mejor. Ruffnut por destruirlo todo a su alrededor.
—Ése fue un suspiro bárbaro, mujer —tan ida iba que Eret se colocó a su lado y ella no se dio cuenta hasta que le habló.
—Es por flojera —respondió sin ganas—. ¿Cuánto falta para llegar usando esta chatarra de madera?
—Sólo porque me interesa saber a qué se debe tanta melancolía, voy a dejar pasar el oprobio contra mi obra maestra. Uno no puede insultar el drakar que un hombre construyó con sus propias manos, sin merecer una reprimenda adecuada.
—La que debería sentirse ofendida soy yo —replicó Ruffnut—. ¿Me bateaste estos meses y repentinamente nace interés por mí? Un insulto a tu barco apenas repara tu insolencia, niño.
—Aquí tú eres más joven que yo —le espetó. ¿Quién habría dicho que la demente Hairy Hooligan usaba su boca para algo más que decir estupideces? De haberlo sabido, las misiones junto a ella habrían sido menos tediosas con una charla amena—, por lo tanto, no debes ofenderte. No es como si te importara, ¿o no? De lo que sé sobre ti es que las cosas entran por tu oído —señaló un lado de su cara—, y te salen por el otro.
—¿Es eso una insinuación para que te enseñe los agujeros de mi cuerpo? Porque no tuve tiempo de divertirme en la Isla Dragón. Podrías remediarlo, ¿sabes? No sabes que tan buenos serían mis dedos masajeando esos brazos de agasajo.
—Esto me gano por tratar de saber qué te pasa —roló los ojos—. Búscate un hombre que pueda satisfacer esa hambre tuya tan desesperada, que no sea yo.
—Uy, qué cobarde, pensé que aceptarías el reto considerando la larga lista de conquistas que has tenido. No creas que no lo sé. Los secretos de cada persona en Berk no están a salvo. A veces, llegan a filtrarse sin que te des cuenta.
—¿Te lo contó Snotlout, verdad? —pensó que las tan afamadas Noches de chicos que Jorgenson y Thorston organizaban estaban fuera de su agenda permanentemente por muy divertidas que fueran—. Pues en tu caso, hago una excepción. Hay tormentas que ni yo me atrevería a enfrentar.
—De todos modos, nunca estuve disponible.
—Ahora sí me confundes, Thorston, ¿a qué te refieres?
Por toda respuesta Ruffnut se levantó una de sus trenzas. Sus orejas siempre estaban cubiertas por su cabello, por lo que nadie habrá podido apreciar el broquelillo de oro torcido con ópalos y cuarzos. Eret se le quedó mirando con aturdimiento, y Ruffnut ocultó su oreja bajo su espeso peinado de nuevo. Su sonrisa no había desaparecido.
—No es que seas un partido totalmente inaceptable, pero no creí que tú estuvieras en ese estado. Por Odín, con tu afán por buscar la compañía de hombres nunca lo hubiera pensado. Con tus coqueteos pudiste ponerme en una situación difícil. No necesito una tribu completa queriendo mi cabeza porque la prometida de su jefe no se estuvo quieta —enunció molesto—. Espera, por lo que sé tus padres murieron sin establecer compromisos para ustedes. Teniendo en cuenta que es oro y piedras preciosas los que traes en tu oreja, sé que no es cualquier jefe. ¿Quién es el pobre incauto que va a tener que soportar tus desvaríos, Thorston? Porque oficialmente se ha convertido en mi héroe.
—Thuggory, hijo de Mogadon —respondió mirando hacia Berk.
—Vaya macho te conseguiste —silbó impresionado—. No sabía nada de eso.
—Pocos en Berk lo saben, así que prepárate para guardar el secreto, Eret, Hijo de Eret, porque de esto podría depender el futuro de la aldea. Aunque no lo creas, los Thorston somos deseados por muchos, por nuestro estatus en Berk. Mi padre y mi madre eran muy conocidos, y no eran pocas las ofertas matrimoniales que les fueron presentadas teniendo hijos gemelos, una mujer y un varón. Cuando murieron, Tuffnut se convirtió oficialmente en la cabeza del clan, sin embargo, es inexperto... ambos lo somos. La política no se nos da bien. El padre de Hiccup nos ayudó como chaperón. Sabía que si Tuffnut se casaba, la familia de su esposa buscaría ascender en las familias de Berk. Eso era peligroso.
—Entiendo lo de mantener alianzas bajo control —dijo Eret—, pero lo que no me queda claro es cómo un matrimonio con Tuffnut pondría a la aldea en peligro.
—¿Ya conoces sobre la situación de Hiccup, no? Stoick quería nombrarlo jefe —Eret asintió—. Bueno, pues aunque en Berk lo amamos y adoramos, no es así en otros pueblos. No faltaría quienes intentaran destronarlo. Stoick sabía que debía dejarlo en buenas manos, asegurar su posición si quieres verlo de otra manera. Hacer alianzas con otras tribus era una de las mejores opciones. Stoick lo habló con nosotros luego de regresar de sus visitas a otras tribus. Los Mercyless Meathead buscaban esposa para Thuggory desde que ascendió como jefe después de la muerte de su padre, y lo demás es historia. Stoick concertó una cita para fijar las dotes de cada parte. Mi madre me heredó muchas cosas, Eret, entre las muchachas en Berk soy quien posee más riquezas, por lo que un compromiso conmigo no sería una afrenta para los Meathead. Cuando las partes estuvieron de acuerdo, el compromiso se selló. Soy su prometida. Él es mi prometido. La boda iba a ser después de que a Hiccup lo nombraran jefe, ya sabes, para dar la impresión que su reinado sería apoyado por una de las tribus más fuertes del Wilderwest.
—¿Qué hay de ti? No te imagino como la digna esposa de un jefe, Thorston, pensé que te ibas más por la libre.
—Me gusta la idea de gobernar —contestó—. Aquí sólo sería parte del consejo, si quisiera aspirar a un buen puesto. Siendo esposa de Thuggory mi estatus se elevaría. Mis decisiones se tomarían en cuenta al igual que las de mi futuro esposo. Thuggory es un buen prospecto, y me atrae un poco. Nos conocemos muy poco, ¿pero qué compromiso no es así en estos tiempos? En sí, conviene a todos que nos casemos.
—¿Qué dijo tu hermano de esto? —preguntó.
—Tuffnut respeta mis decisiones siempre y cuando sean mías. Si yo hubiera dudado, se habría negado a dar su bendición. Puede parecer que no nos llevamos bien, Eret, pero sí nos queremos.
Eret no había esperado enterarse de todo eso. Apenas se relacionaba con los jinetes, siendo Hiccup y Astrid sus amigos más cercanos. De Snotlout, Fishlegs y Tuffnut podía decir que se llevaban bien, bromeaban y habían luchado juntos, pero con Ruffnut no era lo mismo. Su obsesión hacía él erosionó cualquier intento de amistarse con ella. Ruffnut era subversiva y su humor más ácido que el de su hermano, destructiva como el propio Ragnarok, con una sonrisa que haría que Loki se meara en los pantalones. Simplemente, hacer amistadcon Ruffnut requería una voluntad inquebrantable, y cuando a eso se le sumaba Tuffnut... era un caos total.
—Seguro te estás preguntando por qué te estoy contando esto —dijo ella sin verlo, sorprendiéndolo por su precisión—. Parece que estás interesado en saber sobre mí o lo que sea. Así que toma esto como una oportunidad para conocerme, y yo también tomaré esto como un chance para conocerte, grandote, que pienso que eres más que un par de buenos brazos. ¿Qué dices? ¿Podemos comenzar de nuevo? ¿Ser amigos?
—Estoy casi seguro que me voy a arrepentir de esto, pero... —fue la primera vez que Eret le dedicó una sincera sonrisa—, acepto. Y como muestra de mi buena fe, te dejaré montar a Skullcrusher para que llegues antes con Tuffnut. Seguro tendrán un montón de cosas por hablar antes de que tengas que enfocarte en eso de ser la cantante que usara su dulce voz para salvarnos.
Eret disfrutó de la morisqueta que Ruffnut hizo.
—¡Iugh! Eso me provocó arcadas —cubrió con sus manos su estómago.
—Ya sabes cómo me sentía cada vez que te acercabas con esas nada sensuales insinuaciones a abusar de mi virtud.
—¡Já, como si tuvieras virtud que proteger! —replicó ella, cruzando los brazos.
—Eso debería decirlo yo, pero nos estamos desviando del tema. Acepta mi oferta y yo lidiaré con el consejo y nuestro esplendido jefe si se enojan porque montaste un dragón.
Ella le miró agradecida y asintió. Eret llamó al Rumblehorn que había estado echado detrás. Ruffnut no pudo evitar sentirse repentinamente abrumada.
Iba a montar el dragón de Eret, el dragón que había pertenecido a Stoick el Vasto.
El Rumblehorn se acercó a ella sin mostrar molestia, bastante receptivo a hacerle este favor a uno de los amigos del hijo de Stoick; Skullcrusher había prometido siempre ver por Hiccup y su pandilla, no importaba si Stoick ya no estaba. Ciertamente le llamaba la atención aquella mujer. Había estado ahí en la ceremonia, y había escuchado a su esfera-alma-azul cantar, y entonces cambió todo. Toothless lo percibió también, por eso había avanzado hasta Ruff-Nut para rendirle ese pequeño reconocimiento.
Cuando Ruffnut lo montó, Eret aguantó reírse. Ruffnut era bajita para la altura promedio de las vikingas de su edad y verla trepada en un dragón tan grande, era gracioso. La Hairy Hooligan puso sus manos en el volante de la silla, era diferente a la de Barf y quizás le costaría trabajo adaptarse. Pero recordó que era sólo una vez.
—Gracias —dijo a Eret antes de dar la señal a Skullcrusher para emprender vuelo.
La revuelta que ocasionó fue ignorada por Eret. Los gritos aprensivos de algunos tripulantes no le importaron mientras veía a Ruffnut llegar en menos de diez segundos al lado de su hermano. Tampoco prestó atención al hecho de que Hiccup había estado ocultándose escuchando su conversación. Eret no estaba enterado que, inexplicablemente, una furia incomprensible se albergaba en el interior de Hiccup, quien no perdía de vista a Ruffnut.
Ante el regreso de Hiccup y los demás a Berk, Tuffnut pudo tomar un respiro. Contrario a lo que se esperaría de él, cumplió esplendorosamente su función de guardián. A su cargo cada barco mercante era debidamente revisado y ante cualquier alusión enemiga, mandaba estar alerta. El trabajo bien hecho no le gustaba, pero las circunstancias no estaban para arruinarlo sólo para divertirse.
Tuffnut había terminado estresado, pero sabía que contaban con él. Pocos en el pueblo sabrían sacar provecho de los dragones en Berk con tanta inventiva como la del Thorston. Sus estrategias, a menudo ignoradas en el pasado, eran recursos valiosos, actos que los enemigos nunca esperarían. Tuffnut era estratega, aunque no muchos lo supieran.
Al llegar el día en que volverían, se plantó en el punto más alto de Berk, el que permitía un panorama abierto del mar. Estaba inusualmente impaciente. Las noticias que le trajo el Terrible Terror le habían dado un mal presentimiento. Que su hermana fuera elegida por los espíritus de sus ancestros, sólo lo incrementó.
Ruffnut podía ser una guerrera, incluso si se esforzaba un poco, una buena apostadora, pero no una salvadora. Sentía que eso no estaba bien, nada bien. Su intuición nunca le había fallado y no sería diferente ahora. Necesitaba hablar con Ruffnut en cuanto regresara a Berk. Necesitaba saber por qué tenía la sensación de que no la vería nunca más.
Al verlo decaído, Barf y Belch hicieron lo posible por animarlo.
—¡Barcos a la vista! —gritó Wartihog desde la torre de vigilancia—. ¡Son de los nuestros!
Tuffnut observó la flota de drakares en el horizonte, sus grandes velas estampadas con el símbolo de Berk. Aun así Tuffnut fue cuidadoso, podía ser que el enemigo se disfrazara y pidió a Barf y Belch estar preparados. En cuanto percibieran peligro harían una señal área para que todo Berk se alistara para el combate.
Afortunadamente, tal escenario no se presentó y él pudo relajarse.
—No habrá acción esta vez, muchachos —indicó al Zippleback con honesta decepción—. ¡Pfff! Vuelven a ponerme a resguardar Berk, en lugar de destruirlo, y me va a dar un retorcijón de puro desencanto. Espero que me asignen mejores misiones después de esto o consideraré unirme al enemigo para ver si cambian las cosas.
"Si te Unes a Ene-Migos, RuffNut se enojará", dijeron Barf y Belch al mismo tiempo.
—Lo sé, lo sé, no lo dije en serio —espetó Tuffnut. De entre todos los jinetes, él tenía un manejo asombroso del dragonés. Podía hablarlo, traducirlo, incluso escribirlo. Ruffnut solía decir que escribía mejor en dragonés que en nórdico—. ¡Espero que se dignen a contarme con lujo de detalle la batalla que me perdí! Si no lo hacen, estaré muy decepcionado.
Pronto ubicó el barco principal, incluso pudo ver a Ruffnut recargada en el borde. Barf y Belch también la notaron y lo instaron a ir con ella, pero él se negó. Su misión no acabaría hasta que los Hairy Hooligans desembarcaran. Observó que de repente su hermana se alejaba de la orilla, y de improviso, apareció la monumental figura de Skullcrusher volando a su dirección. Por un momento creyó que se trataba de Eret, pero cuando notó la diminuta silueta trepada, notó su error. Era Ruffnut.
—¡Ruff! —gritó sin querer contenerse.
—¡Tuff! —regresó Ruffnut sin ocultar lo feliz que se sentía.
La Thorston no esperó a descender, de un salto se aventó del lomo de Rumblehorn hacia Tuffnut. Barf y Belch presintieron un resultado doloroso, así que la cabeza que pertenecía a Ruffnut la cachó justo a tiempo para evitar que Tuffnut sufriera daños por no poder sostener el peso, y que ella se golpeara fuerte debido a eso.
"Estos Da Wingless, nos Matarán más rápido que las Espadas", gimió Belch viendo como Barf colocaba a su jinete a salvo con su gemelo.
Cuando los Thorston estuvieron frente a frente, dejaron de lado su habitual máscara de despreocupación por el contrario. Tuffnut abrió los brazos justo cuando Ruffnut se arrojó contra él.
No lo admitiría, pero ella había necesitado esto tanto como él parecía necesitarlo.
En ese gesto compartieron más sentimientos que de los que las palabras pudieran expresado. Porque ambos podrían hablar tonterías hasta por los codos, pero entre ellos, el lenguaje se transformaba en algo más íntimo; las miradas, las sonrisas, las muecas, pertenecían a un intrincado idioma propio. Se trasmitieron sus miedos y sus dudas, sus mutuos respetos y preocupaciones. Pero también se requería hablar y con frases cortas para que él las comprendiera, Ruffnut narró cada suceso, sin embargo, no mencionó nada de su inminente destino.
Ruffnut lo invitó a bajar en Barf y Belch, de esa forma podrían aprovechar la oportunidad de compartir dragón. Tuffnut estaba incrédulo de que Hiccup apoyara la decisión de prohibir a su hermana ser jinete y que ella lo hubiera aceptado. El mal presentimiento de Tuffnut obtuvo una base más sólida.
—¡Vamos, hermano! —dijo desde la cabeza de Barf—. Tengo que regresarle su dragón a Eret, o pensará que me lo quiero robar.
Tuffnut acató la petición. No era momento de discutir, teniendo en cuenta que habría asuntos más importantes por atender. Subió a Belch y bajaron a los muelles.
La desobediencia de Ruffnut había causado problemas y su hermana fue regañada por Astrid y algunos vikingos. Ruffnut sonrió como si no le interesara, pensado irónicamente que antes no le habrían reñido con tanta importancia.
—Ya, ya, no pasó nada —dijo ella sin bajar de Barf. Los últimos momentos con él serían los más preciados—. Dejen de azotarse, sólo quería ver a mi hermano antes de que esto empiece formalmente.
—Por si no te diste cuenta, Ruffnut, esto empezó formalmente desde la pelea —refutó Astrid ganando la aprobación de unos aldeanos.
—Y por si no te diste cuenta, Astrid, estamos en territorio berkiano. ¿En serio crees que Mikli y Durs atacarían nuestra isla? Creí que yo era la estúpida —devolvió mordaz, cruzando los brazos.
Astrid frunció el ceño tanto que se vio más vieja. Como siempre, Hiccup tuvo que interceder.
—Que esto no se repita, Ruffnut —pidió fingiendo no seguir cansado. El viaje había sido agotador sin poder volar en Toothless como le habría gustado. Los sueños eran pura confusión. Una vez hablara con Fishlegs sobre eso podría darle sentido. Si tenía que compartir sus alucinaciones con alguien, qué mejor que Ingerman para hacerlo.
—Claro que no, jefe —mofó abiertamente, divertida de la irritada expresión de Astrid.
Ruffnut tuvo ganas de reírse. Si Astrid supiera de la que se había salvado. Si supiera que su envidia y mortificación eran mejores a lo que Ruffnut tendría que enfrentarse.
Haddock ordenó desembarcar y descansar hasta el día siguiente, cuando pensara en cómo iba a organizar a su pueblo para el evento que se avecinaba. A Snotlout le solicitó llevar a los dragones a sus establos, y a Astrid apoyarlo (para nadie pasó desapercibida la mueca descontenta cuando recibió la orden). Luego Hiccup se dirigió a Gobber y a su madre, pidiéndoles que lo acompañaran a casa de Gothi.
—Ruff, tú también vienes —se dirigió a ella.
—Yo también voy —intercedió Tuffnut de inmediato—. Sirve que así te cuento lo que ha pasado en tu ausencia y se ahorra tiempo, ¿no?
Hiccup hizo una pausa después de trepar en Toothless. Comprendía que Tuffnut quisiera postergar la despedida con Ruffnut. Ver separados a los gemelos le estrujaba el corazón. Con los años, ellos tomarían un camino distinto, pero ahora... ahora era doloroso.
—De acuerdo —accedió.
Cuando emprendieron el vuelo hacia la casa de Gothi, Tuffnut cumplió con su palabra y relató su aburrida odisea quedándose a resguardar Berk. Al parecer, no hubo ningún problema, por lo que él casi desfalleció del aburrimiento.
La casa de Gothi sólo podía albergar a un dragón, por lo que Cloudjumper, Grumpy y Barf y Belch tuvieron que descender en cuanto sus jinetes tocaron el piso. Toothless se quedó y entró con los demás en la choza. Como siempre, Gothi mantuvo en un impecable orden sus cosas, por lo que Hiccup podría buscar sin problema.
—¿Qué exactamente estamos buscando? —preguntó Gobber sin tocar nada.
Las pertenencias de una sabia fallecida sólo podían tocarse por el jefe en caso de urgencia, por lo que le dio un manotazo a Tuffnut cuando quiso agarrar una extraña jarra con líquido apestoso dentro.
—Lo sabré en cuanto lo vea.
—En idioma Hiccup, quiere decir que en realidad no lo sabe —tradujo Tuffnut, burlón, hacia Valka.
Hiccup buscó por las estanterías teniendo especial cuidado en no romper o derramar los ingredientes que Gothi tanto había apreciado. Por fin dio con un cofre pequeño escondido en un estante grande. El símbolo de Berk plasmado en el medio y el acabado a mano lo distinguían de otros; éste había sido un regalo de Stoick en el cumpleaños de Gothi hace un par de años. Hiccup lo colocó sobre la mesita. Sus dedos no encontraron resistencia. El cofre se abrió revelando en su interior una nota escrita en papel arrugado. La fina letra sorprendió a Hiccup, que había estado esperando ver signos y formas. Sacó la nota y se dirigió a su compañía. Gobber y Valka prestaron tanta atención que parecía que los ojos se le saldrían, mientras que Tuffnut apenas estaba asimilando que Gothi estaba muerta. Ruffnut no quería estar ahí, presentía que le darían más malas noticias.
"Si leen esto, significa que mi sueño se ha vuelto parte de la realidad presente".
A nadie le impresionó el poder visionario de Gothi. Ella debía protegerlos de los peligros usando todo el conocimiento que poseía sobre visiones. Por eso había sido una sabia muy respetada. Hiccup continuó leyendo:
"Cuatro meses tardará la Madre en llamar a sus hijos e hijas. Cambios se darán, cambios que pueden matar o que pueden crear. No teman al lobo que devoró a la luna. No se cieguen ante la verdad. Busquen lo que se ha perdido en el tiempo. Sanen un corazón herido y obtendrán una respuesta."
"He pedido ayuda a la única tribu que posee conocimiento sobre la Madre. Lejos, muy lejos, el destino los llevará a caminar sin parar... y el hijo retornará a la Madre".
La nota no contenía un adiós, ni últimos deseos, cumplió con su deber con su tribu hasta el final. Hiccup dejó la nota dentro del cofre y se lo llevó. Algo le decía estaba escrita para él, que para los demás. Toothless permitió que lo colocara en su silla, mientras montaba de nuevo.
—Aunque no sabemos a quién Gothi eligió para ayudarnos, debemos confiar en su juicio —dijo Hiccup a los presentes.
—Yo no iba a decir nada, muchacho —dijo Gobber levantando su mano y su gancho en señal de inocencia—, nada más que voy a extrañar la sopa de yak que preparaba, sólo eso.
—Procuraremos estar alertas para cuando nuestros invitados lleguen —indicó Valka amablemente.
—Eh... yo no creo que tengamos que esperar mucho —dijo Tuffnut repentinamente, recargado en uno de los doseles exteriores, mirando hacia abajo.
En el puerto de Berk, tres drakares de velas enormes con el símbolo de los Defensores del Ala arribaban; la pequeña flota era un mensaje. No estaban aquí para pelear. Hiccup no había esperado que llegarán tan pronto, ni siquiera había pensado a quiénes Gothi había pedido ayuda. ¿Sería que ella sabía que moriría y por eso se había adelantado a todo sin informarle? Hiccup odiaba las sorpresas.
Y más si esas sorpresas incluían a una reina con la que no había quedado en buenos términos la última vez que la vio.
Hasta aquí por el momento. Espero sea interesante. Tengo algunas cosas que aclarar:
El compromiso de Ruffnut con Thuggory me pareció una buena manera de explorar una relación "estable y fija" con Ruffnut, es decir, en la serie el hiccstrid es la constante, y sí, qué bonito por quienes disfruten esa pareja, pero me habría gustado ver más salseo, más menciones de ships. Por eso quiero explorar cómo se comportaría Ruffnut con un compromiso que es tan importante para su pueblo, para el mismo Hiccup.
Por lo que entendí, los compromisos se fijaban entre familias con el mismo estatus social; una familia con mancha no podía simplemente intentar un compromiso con una cuya reputación estuviera limpia. Ni una familia de bajo estatus podía comprometerse con una de estatus más alto. Ya que las únicas familias que se manejan hasta ahora son los Ingerman, los Jorgenson, los Haddock, los Thorston y los Hofferson, me puse a acomodarlos en jerarquías que en la serie no tienen importancia; y sí, a pesar de lo que parece, los Thorston tendrían más estatus que los Ingerman, incluso que los Hofferson. Un compromiso entre Ruffnut con el jefe de otra tribu sería lógico (bueno, según mi lógica toda pedorra y lo que he investigado sobre los vikingos :'v).
Y no, aunque me gustaría decirlo, Hiccup no se sintió celoso por eso.
Falta ahondar más en los gemelos, lo sé, pero no quería apresurarme. Ellos tendrán su momento entre hermanos muy pronto.
Incluí a los defensores del ala en esta historia, así que sí, Queen Mala is coming.
Una cosa: la frase que la Skrill recuerda es un fragmento escrito por Gabriel García Márquez.
Respondo a sus review:
Amantedelacomida: ¡Qué milagro leerte de nuevo! Ojalá que Hiccup y Ruffnut se puedan hacer amigos bien, pero considerando que en la serie apenas interactúan y no tienen nada en común salvo el amor por los dragones, estará difícil. Pero eso es lo que me gusta del ruffcup. Soy una masoquista. Saludos.
Petunia: ¡He vuelto! No borraré este fanfic. Mi plan es acabarlo para irme quitando pendientes. Espero que esta nueva versión te guste tanto como la anterior.
Zeilyinn: Me puso contenta que andes leyendo de nuevo "El Adagio de los Muertos", ojalá fanfiction sí te permita dejar un review.
La tercera película… bueno, no puedo decir que me desagradó del todo (fue el punto final de una saga que, bien o mal, le dio cierre). Hay algunas cosas que no cuadraron, que parecieron sacadas de la nada, pero qué más da. Me quedo con lo bueno e ignoraré las "fallas". El hiccstrid… me da igual ya. Ni modo, a veces no siempre termina como uno quiere (es una apuesta ver series, porque no sabes si vas a perder o ganar).
¡Tarán! Ruff está comprometida con Thuggory. Me gusta la ship, pero no tanto la verdad (soy como tú, ella me agrada más con Hiccup y Jackson xD). Y el Thurida (o sea, Thuggory y Mérida) es mi OTP y nada ni nadie va a lograr que cambie de opinión.
La muerte de Gothi fue necesaria, simplemente quería dejarlos a la deriva, con sólo pequeñas pistas. Quiero retarme a mí misma, poner a Hiccup en una situación cabrona que le haga tomar buenas decisiones para variar.
Si te dieron ganas de golpearlo por prohibirle montar un dragón, espera el siguiente capítulo xD. Cuídate.
