Disclaimer: How to train your dragon no me pertenece, es propiedad intelectual de Cressida Cowell y DreamWorks.
Advertencias: OoC leve. OC. Crack pairing. Lenguaje fuerte. Muertes de personajes canon. Posible porno dragonezco.
Pareja: Ruffnut Thorston/Hiccup Horrendous Haddock III.
Referencia (sin seguir formato APA porque soy rebelde): La Saga Synchronicity es una trilogía hecha por Hitoshizuku-P, e ilustrada por Suzunosuke, la historia fue escrita por Kumagai.
¡Hola a todos! En este nuevo capítulo hallarán referencias a la mitología nórdica, obviamente, pero me he tomado la molestia de modificarlo (digo, tampoco es que el universo de HTTYD se apegue totalmente al estilo vikingo). Quiero que sea una historia simple, disfrutable, de esta pareja que me encanta.
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Capítulo Cuatro
Resolución
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"Nunca olvides qué eres, porque, desde luego, el mundo no lo va a olvidar. Conviértelo en tu mejor arma, así nunca será tu punto débil. Póntelo como armadura y nadie podrá usarlo para herirte".
—George R.R. Martin.
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Hiccup respiró profundamente antes de bajar con Toothless a recibir a sus imprevistos invitados. En el muelle, Gobber y Valka lo flanquearon. Snotlout se les unió en cuanto terminó de dirigir el desembarco de los drakares. Cloudjumper, Windshear, Grumpy, y Barf y Belch emprendieron vuelo para no estorbar, pero no fue lo mismo con Hookfang y Toothless, quienes permanecieron cerca de sus jinetes.
—¿Qué descubriste en la choza de Gothi? —preguntó Heather, cautelosa. Había visto los drakares de los Defensores del Ala, por lo que su reacción estaba justificada dadas las rencillas que se habían suscitado hace dos años entre ella y su líder.
—Gothi envió por ayuda —fue breve, especialmente porque ya no había tiempo para explicarlo todo. Heather simplemente pidió a sus hombres, los dos que quedaron, que desembarcaran junto a los hombres de Berk—. ¿Estarás bien?
—¿Por qué no habría de estarlo? —replicó con frialdad—. Enfoquémonos en lo que debemos hacer, si al menos ella hace eso, todo irá tan bien como pueda esperarse.
Él volvió sus ojos hacia el horizonte. El drakar principal iba en la punta por lo que era el más cercano al muelle y pudo divisar a la mujer a cargo para en la proa.
La Reina había dejado crecer su cabello, pero seguía teniendo esa postura intimidante, esa expresión dura que afilaba su perfil y, muy seguramente, sus palabras continuarían siendo tan directas y certeras como una flecha al corazón. No habría amabilidad en sus conversaciones ni nada más que compartir, supo enseguida, en cuanto ella no sonrió o pareció dar señal de comodidad cuando atracaron. A la derecha de Mala estaba Throk, silencioso y estoico como siempre, una estatua de músculos fuertes y temple de acero. Detrás estaban cinco defensores, todos con el rostro cubierto dejando sólo los ojos expuestos por la ranura de sus trajes.
Hiccup notó como los ojos de Mala se desviaban un momento para evaluar a las personas junto a él. Por su ceño fruncido, supo que no estaba satisfecha con lo que veía. Primeramente porque Heather y Mala tenían una relación problemática ya que Heather se había rebelado contra Dagur y ambas mujeres tuvieron que pelear para proteger lo que era importante para ellas.
No sabía qué era exactamente lo que Gothi había escrito o pedido, pero estaba seguro que había puesto a Mala al tanto del regreso de Valka, lo que se sumaba a la lista de problemas por tratar. No que le importara demasiado lo que la Reina opinara, pero por experiencia personal sabía que los pequeños disgustos escalaban rápidamente a grandes peleas.
La única certeza que tenía de que las cosas podrían llegar al final —no sin tropiezos, eso sí— era que Mala ponía su deber por sobre todo lo demás. Mala no los abandonaría por deseos personales (como él tantas veces había hecho desde que conocía a Toothless).
—Sea bienvenida a Berk, su Gracia —dijo Hiccup cuando ella y su sequito bajaron al muelle. Evitó hacer una reverencia. Gothi pudo pedir su ayuda, pero no quería dar la impresión de que podía llegar a mandar en su isla como le placiera.
Mala no pareció molestarse. Dejó que el silencio llenara el espacio por unos minutos. Una respuesta al gesto de Hiccup. Ella tampoco había olvidado nada.
—Es bueno haber llegado a tiempo, Hiccup Haddock III —saludó, o fue lo más cercano a un saludo, con lo que la Reina se presentó. Ella no dirigió palabra alguna a Heather, una jefa tribal, o a Gobber y Valka, lo que eran faltas de respeto que Hiccup no podría dejar pasar a menudo—. Espero haya leído la nota que la Grandísima Sabia Gothi dejara antes de su muerte.
Al parecer Gothi había sabido sobre lo que pasaría desde antes de viajar a Isla Dragón. Hiccup se preguntó qué tanto la anciana habría descubierto y qué tanto había ocultado estando consciente de moriría antes de que pudiera contarles todo.
"Si Gothi estaba preparada para morir sin decir nada, debió ser por algo", al menos ese pensamiento pudo tranquilizarlo. Hiccup era muy curioso e impaciente cuando de investigar se trataba.
—Así es —dijo Hiccup—. Nos informó que la Madre tardará cuatro meses en llamar a sus hijos e hijas. Debo admitir que desconozco todo lo que Gothi haya solicitado de los Defensores del Ala, su Gracia. Hace menos de una hora llegamos de la Isla Dragón.
—Hice bien en mantener bajas mis expectativas —dijo Mala con pretensión. Gobber resopló por el insulto, pero Hiccup lo instó a no decir nada por ahora—. A pesar de este inconveniente los Defensores del Ala estamos dispuestos a brindar nuestro conocimiento para que la ceremonia final sea completada.
—¿Ceremonia final?
—Hay muchas cosas de las que tenemos que hablar al parecer, Jefe Haddock —dijo Mala—, en privado.
—Mi madre y Gobber son parte del consejo principal, su Gracia, al igual que otros vikingos de mi confianza. Su presencia es absoluta.
Mala miró otra vez a Gobber y Valka, evaluándolos un momento que no duró ni un segundo.
—¿Un vikingo que creó armas para matar dragones durante décadas? —cuestionó con ironía—. ¿Una mujer que olvidó su deber con su familia y su tribu para abandonarlos por veinte años? Y no gastaré saliva mencionando a los otros vikingos que seguramente serán de la misma calaña. Ha escogido personas de su confianza, pero no es adecuado contar con aquellos cuyos consejos no podrían brindar nada al asunto.
—Puedo aceptar que su opinión sea distinta a la mía, todos tienen derecho a estar equivocados —dijo Hiccup sonriendo angelicalmente, intentado hacer parecer que fue un comentario casual—. Un hombre experto en armas, armas que usaremos en la guerra que viene para no depender de los dragones. Una mujer que decidió cuál era su verdadero deber y obtuvo conocimiento que nunca antes una persona hubiera soñado sobre dragones. Vikingos que han peleado en cientos de batallas. Mi consejo está formado por guerreros experimentados, no por adoradores.
Fue turno de Mala de detener la respuesta de sus subordinados. Throk fue el único que se mantuvo quieto, salvo la ligera flexión de sus labios que indicó que el comentario de Hiccup había sido certero.
Hiccup había estado al tanto de que Mala lo estaría calando.
—Muy bien —dijo la Reina—. Parece que nuestro viaje no fue en vano, después de todo. Es un alivio saber que está tomando este asunto con seriedad.
Hiccup habría querido decir que todo era serio para él… pero no lo hizo. Comprendía por qué Mala lo había dicho. Como su arrogancia e inexperiencia, su ingenuidad, le habían hecho perder a una de las personas que más le importaban en el mundo.
"Ah, ahora entiendo porqué Ruffnut me gritó". Había estado tan furioso por sus reproches, que no había pensado cuán sola estuvo con un peso que nunca quiso cargar. No pudo evitarlo. Había sido inevitable estar aliviado que Astrid no fuera escogida y no tener que afrontar otra vez las consecuencias de su falta de responsabilidad… que fue fácil olvidarse de que podía perder a una amiga.
—Tengo que insistir que debe ser privado —continuó Mala echando un vistazo a los curiosos ojos de cada vikingo en el muelle—. Su consejo tiene que estar presente y Lady Astrid también, por supuesto.
—¿Astrid? Ella escoltó a la tribu Bog-Burglar de vuelta a sus islas. De todos modos, ella no pertenece al consejo formalmente, pero si considera oportuno que esté presente…
—Creo que me ha malentendido, mi señor. La presencia de Lady Astrid no es sólo oportuna, es necesaria. Como la Voz Elegida tendrá que aprender las canciones en nórdico antiguo y a bailar para rendir homenaje a la Gran Madre.
Mala ni siquiera había considerado la posibilidad de que otra persona, además de Astrid, fuera elegida. Bueno, no la culpaba. Todos, sin excepción, habían quedado impactados del resultado de la ceremonia de selección. Desde Gobber hasta Valka, todos habían esperado que fuera Astrid, u otra vikinga hermosa y valiente, la que fuera elegida.
—Ella no es a quien eligieron —respondió Hiccup tratando de elegir bien sus palabras. Si Mala vino con la intención de tratar con Astrid, podía cambiar de opinión al saber la verdad. Hasta ese momento, los Thorston se habían mantenido hasta atrás, por lo que Hiccup pidió que Ruffnut pasara adelante justo cuando ella se limpiaba un trozo de carne atorado entre los dientes.
"Bueno, no puedo decir que esté dando una primera mala impresión", pensó Hiccup cuando ella caminó hasta ponerse a su lado.
—Ya conoce a Ruffnut Thorston, jinete de dragón, y desde hace unos días, la Voz Elegida.
El ceño de Mala se frunció tanto que parecía como si sólo tuviera una ceja por un instante. Su mirada verde recorrió a Ruffnut de pies a cabezas como si en algún momento fueran a decirle que era broma (una broma de mal gusto, cabe decir). El silencio y la estoicidad en las caras de los demás confirmaron lo que no preguntó.
Mala conocía a Ruffnut y a su gemelo. Siempre le habían parecido un par de idiotas sin sentido común cuyas explosiones desastrosas habían hecho que ganaran una reputación formidable en el archipiélago. Su segundo al madno se había enamorado de Ruffnut por un malentendido, y aunque la opinión de Throk era importante para ella, la puso en duda por esta ocasión.
Ruffnut no había cambiado mucho desde la última vez. Su apariencia desaliñada era inadecuada mientras la de Astrid imponía presencia a donde fuera. No había elegancia en sus movimientos ni firmeza en su postura, cuando Astrid era como un Deadly Nadder cazando. No tenía el rostro más agraciado con sus ángulos extraños y sus expresiones exageradas, salvo su larga cabellera nada la hacía resaltar, cuando Astrid gozaba de una belleza equilibrada.
Bajar las expectativas no iba a servir para poder aceptar este enorme sinsentido. La Voz Elegida debía ser una mujer formidable —como Astrid—, que cantaría a una madre dragón de leyendas antiguas.
Su desencanto se notó rápidamente.
—Mi reina —susurró Throk—, dele una oportunidad. Lady Ruffnut es más que sus errores. La Grandísima Sabia nos previno del desastre. Pidió que no nos cegáramos ante la verdad. Si Lady Ruffnut fue elegida por las sáls, no nos corresponde cuestionarlas.
Las sáls eran algo desconocido en tanto a su naturaleza, por lo que aventurar un juicio contra ellas sería oponerse a las decisiones de entidades divinas. Mala no cometería una afrenta a los dioses sólo por sus prejuicios.
—Bien —fue lo más parecido a una aceptación que Ruffnut pudiera obtener de ella (no que Ruff la pidiera). Añadió dirigiéndose expresamente a ella—: Pido perfección de cada uno de mis soldados, por lo que no toleraré ninguna tontería durante la preparación. Tenemos poco tiempo para asegurarnos que saldrá como se espera.
Ruffnut tuvo ganas de golpearla, ¡quién se creía mirándola como si fuera un animal de corral que pudiera comprar! Y lo que había dicho, como si estuviera haciendo un enorme sacrificio de su parte, como si esto no representara para Ruffnut una apuesta por su vida.
Hiccup notó la furia en los ojos de Ruffnut. Sabía que no era fácil para ella contenerse, pero se estaba esforzando (probablemente el corto momento que estuvo con Tuff sirvió para templarse). Quiso hacer algo para consolarla, pero se detuvo cuando se percató que fue motivado por un impulso desconocido. Trató de ignorarlo porque tenía otras cosas en que pensar. Como la posibilidad de pedirle a Toothless que lo dejara caer desde una gran altura hasta hacerse mierda contra el suelo. Una muerte así de dolorosa no parecía la gran cosa comparada con lo que tendría que lidiar en los siguientes meses.
—Hay mucho por hacer, jefe Haddock —dijo Mala volviendo su atención a él.
—Concuerdo con usted, su Gracia. Como lo ha dicho anteriormente necesitamos hablar en privado de… de todo esto. Sígame, por favor, usaremos el Gran Salón. Sus hombres pueden desembarcar mientras tanto.
—Bien —dijo Mala dando una señal.
Los encapuchados empezaron a moverse, más silenciosamente que los vikingos, echando fuera de sus drakares las cosas que habían traído desde Caldera Cay. Hiccup dio un discreto vistazo, notando objetos y libros que se aseguraría de analizar en cuanto tuviera oportunidad.
La comitiva avanzó por el muelle para dirigirse a la aldea. Para aligerar los ánimos o al menos cumplir con el protocolo, Hiccup preguntó por el estado de Caldera Cay y por el Eruptodon, a su vez habló sobre Berk y sus avances en cuanto a estructura. Las reparaciones después de la batalla contra Drago —Mala no pudo evitar preguntar, pues rumores habían llegado a su isla—, y la muerte de Stoick el Vasto.
Fue una conversación para ponerse al tanto que fastidió a Ruffnut por aburrida. No pudo volver con su hermano para entretenerse, ya que Mala había decidido que Berk era inseguro, por lo que necesitaría una escolta de cuatro defensores. Lo peor fue cuando el torpe de Hiccup propuso sustituir a dos defensores por dos berkianos. Era más para mostrar buena voluntad, pero Ruffnut sólo pudo rolar los ojos. ¡No necesitaban que la protegieran! Ella era fuerte, ella podía…
"Me llevaron sin que pudiera hacer nada", se dijo perdiendo la confianza. No fue la primera vez que era capturada, pero Dagur había conseguido lo que nadie nunca logró: dudar de ella misma. Él menguó su determinación. Ruffnut tecordó las palabras de su madre, una de las pocas veces que descansaba de sus largos e interminables viajes y compartía piezas de su gran sabiduría con sus hijos: "La fuerza se vuelve debilidad, una vez doblegada".
Mala echó un vistazo a las chozas adaptadas para soportar el peso de los dragones; los abrevaderos, las máquinas con pescado, los aparatos para mimarlos. Era cierto lo que decían. Berk se había vuelto la utopía donde humanos y dragones trabajaban codo con ala.
Aunque… había algo que no terminaba de convencerla.
—Han logrado un trabajo impresionante —dijo Mala sabiendo cuán defensivo se pondría Hiccup y los berkianos si les decía lo que realmente pensaba. No era momento de hacerlo, por lo que tendría que ser lo más sutil que pudiera—. ¿Tiene que ver con la presencia de esa mujer?
—Esa mujer tiene un nombre, su Gracia, sugiero que lo utilice desde ahora.
"Sigue siendo un niño", meditó la Reina. Un niño que jugaba a ser hombre cuando le convenía, que no diferenciaba que convivir pacíficamente con los dragones no significaba tratarlos como mascotas. Los dragones eran criaturas inteligentes, con su propio idioma y sus propias maneras de vivir, no podían tratarlos como perros falderos.
Notó que no solamente ella se sentía así. Valka también lo hacía, pero lo disimulaba. La mujer no le agradaba a Mala, pero por el bien de los dragones, podía considerarla una aliada para hacerle entender a esos vikingos, de una vez por todas, que no estaban tratando con reptiles sin cerebro.
—Es inesperado que la defienda siendo que se ausentó durante la mayor parte de su vida, mi señor. Supongo que, sin importar la edad, un niño siempre necesitará a su madre.
—¿Alguna vez dejamos de ser niños? —respondió sintiendo irritación por la clara mención a su inmadurez—. Basta una palabra, una sola acción, para mostrarnos que nuestra infancia nunca ha sido dejada atrás. Uno pretende actuar como adulto y empieza a berrear cuando las cosas no salen como quiere.
—Supongo —aceptó vagamente—. ¿Debo temer que ella se vaya otra vez?
—Mi madre se quedará en Berk por lo que resta de su vida —prometió—. Ella ha dedicado su vida a defender y proteger a los dragones, algo que ella y usted tienen en común, su Gracia.
Hiccup se abstuvo de sonreír cuando Mala frunció la nariz ante la comparación. Sin embargo, comprendía que no podía defender a su madre de todos los ataques (no era como si lo necesitara, pero era mejor que lo hiciera; Valka no sería tan cortés con él con la Reina). Cloudjumper pudo secuestrarla, pero la decisión de no regresar fue de ella. No quería pensar en ello, pero solía hacerlo a menudo ya que fue fácil darse cuenta que Valka no había tenido esperanzas que sobreviviera a su infancia. Seguramente no habría querido estar ahí para ver a su único hijo morir por ser un Hiccup.
A veces no podía evitar pensar que sería mejor no haber descubierto que seguía viva.
A veces desearía no haber aceptado que Valka creyó que ya estaría muerto luego de tantos años.
No era un pensamiento que pudiera compartir con cualquiera. Astrid sólo le alentaría a alegrarse por tener de vuelta a su madre. Fishlegs era un buen amigo y un experto en dragones, pero apestaba dando consejos, sobre todo en casos tan complicados como el suyo. Su relación con Snotlout mejoró desde la muerte de Stoick, quizás podría hablar con él. Estaba seguro que no lo juzgaría, a pesar de que podría esperar burlas y pullas por quejarse de no haber tenido nunca a su madre porque ella había preferido a los dragones.
Vidgis y Mulch, el resto del consejo, los esperaron afuera del Gran Salón. Seguramente Vidgis había sido avisada con antelación porque llevaba su mejor atuendo, y había hecho que Mulch se acicalara. Hicieron una reverencia a Mala cuando Hiccup los presentó formalmente.
—Él no puede entrar —dijo Mulch señalando con su dedo a Tuffnut.
—¡Debes estar bromeando! Soy el hermano de la Voz Elegida y el jefe del Clan Thorston. ¡Incluso dejarán que los dragones entren, así que no pueden prohibirme nada!
—Tuff tiene razón —intercedió Hiccup para evitar una discusión innecesaria—. Su presencia es adecuada.
Tuffnut sonrió triunfante ante la cara de limón chupado que puso Mulch. Entraron al Gran Salón sin mucha ceremonia ocupando la mesa principal con Hiccup sentándose en el asiento grande de Stoick luciendo, en opinión de Snotlout, como una sardina en una olla enorme. Toothless y Hookfang ocuparon los espacios vacíos detrás de la mesa, acostándose cerca del fuego, pero permaneciendo con los ojos bien abiertos.
Ruffnut no se sentó cerca de Hiccup, como era de esperarse. Optó por hacerlo junto a Snotlout para consternación de Mala. Mulch masculló quien sabe qué cosa sobre eso. Vidgis simplemente trató de disimular su incomodidad. En otras circunstancias, siendo alguien más la elegida —Astrid—, no habría más que felicitaciones, orgullo y augurios de victoria, pero con ella sólo hubo silencio y resignación.
Ruffnut tocó las heridas de su rostro. La inflamación había disminuido, pero el corte del labio era visible todavía. Tuffnut fue el único que notó su repentino cambio, pero no hizo nada ya que Ruffnut odiaría que hiciera pública su debilidad.
—Señorita Thorston —susurró Vidgis con gentileza—. Tiene que sentarse erguida.
Nunca nadie le había pedido que lo hiciera porque a nadie nunca le había importado. Se dio cuenta que la miraban esperando que lo hiciera. Tuffnut aventuró una sonrisa para reconfortarla, mientras que Snotlout resopló.
"Quiero gritar", se paró derecha y asintió hacia la madre de Snotlout, ganando un gesto de aprobación.
Mala no habló hasta tener la certeza que Ruffnut se comportaría.
Miró a cada uno con desdén. Si no fuera por su férreo honor, se habría ido al encontrarse circunstancias tan desfavorables. Ninguno estaba ni estaría preparado para lo que iba a compartir. Sin embargo, lo mínimo que podía hacer era contar las historias sobre la Gran Madre, historias que había pensado eran mitos de su pueblo hasta hace poco (pero eso nunca lo admitiría frente a ellos).
—La historia sobre Fridtjov es mentira —declaró Mala ganando una airada mirada de Mulch—. Todos ustedes creen que fue un héroe que conquistó el archipiélago y fundó todas las tribus durante la guerra contra los dragones, pero no es así.
—¿Viene a decirnos que todo lo que creemos, no es más que mentira? —escupió Mulch sin ocultar su desagrado—. Espero no se lo tome personal, su Gracia, pero ya estamos al tanto que Fridtjov le arrebató un tesoro valioso a Moa Ildri, lo que provocó la guerra.
Mala le dirigió una gélida mirada que tuvo la cualidad de poner de los nervios a Mulch. Él trató de que no se notara y de no ver como Throk parecía complacido de que su Reina lo dejara callado.
—Mis disculpas, su Gracia —dijo Hiccup—. Los berkianos no estamos acostumbrados a usar los modales.
—Tampoco a usar su cerebro, por lo que veo. Dejaré pasar este oprobio ya que uno no puede pedirle a un perro que deje de ladrar… a menos que le corte la cabeza. Mi deber es contarles las historias de la Madre de los dragones y eso tiene relación con Fridtjov, por eso abrí el tema de esa manera. Ustedes la conocen como Moa Ildri, en las islas berserker es La Primera Madre. Los Defensores del Ala la llamamos la Gran Madre. Su título no es de adorno. Ella fue el primero dragón que existió en el mundo, si las leyendas son verdaderas, y quien originó a cada especie existente que conozcamos o que falte por descubrir.
—Una madre olvidada en la historia, pero preservada en el espíritu —comentó Valka con una sonrisa amable—. Cuando viví con en el nido de los dragones, Bewilderbeast compartió lo que sabía sobre Moa Ildri. Impresiones de sentimientos, más que evidencia tangible era lo único que lo unció a él y a los demás dragones a su madre.
—Así es —asintió Mala, sin corresponder la sonrisa de Valka—. La Gran Madre era una criatura con un puro corazón que no deseaba dañar a nadie, quería a sus hijos e hijas y era amada por los dioses. Para mostrarle su cariño, los aesir y los vanir le dijeron que le darían un regalo especial, una tesoro valioso creado de la sangre y carne de la Gran Madre, pero diferente en esencia. Cuando le dieron lo que crearon, el corazón se le hinchó de amor y esperanza.
—Espera, si estaba hecho de su sangre y carne, ¿no sería como uno de sus hijos dragones? —cuestionó Snotlout, escandalizando como siempre a su madre por su falta de delicadeza.
—Las leyendas no describen cómo era el tesoro —respondió Mala, más que habituada a la desfachatez del que había sido uno de sus prospectos a rey—, sólo que era muy íntimo para ella. Fridtjov lo robó para llevárselo a Elin, su prometida, y cuando la guerra se desató se perdió para siempre.
—Seguramente su tesoro tenía que ver con la música —meditó Gobber—, digo, Niels pidió ayuda a una bruja y que eso originó la leyenda de la Voz Elegida.
—No esté del todo seguro que Niels pidió ayuda, mi señor. Puede que quieran ver a la descendencia de Fridtjov como héroes, pero no es así —aseveró la Reina—. En ese tiempo las brujas no existían como tal. La magia era algo que sólo algunos dioses usaban. Niels fue un hombrecillo desesperado, que acudió a una solución rápida.
—¿Cómo sabe eso, su Gracia? —preguntó Mulch—. Las historias del origen de las aldeas se remontan a la época de Niels. No creo que nadie…
—Los Defensores del Ala son preservadores de la Historia… aunque ésta no sea del todo honorable —cortó Mala volviendo a mirarle con furia por haberla interrumpido—. Tenemos información sobre cada tribu, incluso de la de los Hairy Hooligans. No me aferraré a que toda es verdadera, pero tiene más sentido si consideramos la evolución de los eventos y el contexto. Niels no pudo acudir a una bruja porque los vikingos conocieron el seidr hasta que lo usaron para crear las ceremonias y rituales para la Voz Elegida. En otras palabras…
—Niels obligó a una persona a aprenderlo —completó Valka con una mirada seria-
El seidr no era algo que los vikingos en Berk aceptaran. Más por su estilo de vida que por otra cosa, en su opinión el seidr era usado sólo por cobardes que no eran capaces de defenderse con espada y escudo.
—La magia de manipulación y adivinación —dijo Vidgis, muy consciente que no era un asunto para a la ligera. El seidr no era algo malévolo, pero para los berkianos, y muy seguramente para los Meathead, las Bog-Burglar y los Berserkers, era un golpe a su orgullo como tribus guerreras.
—Magia para mujeres —dijo Mulch con indignación.
—El seidr no sólo es para mujeres —interrumpió Vidgis sorprendiendo a Mulch por su repentina voz dura—. Freyja es una adepta a los misterios del seidr, se dice que fue ella quien le enseñó a Odin cómo usarlo.
Eso no aminoró el malhumor de Mulch al ver mancillado a su héroe.
—Los dragones no gustan de esta magia —comentó Valka—. Durante mis viajes cada dragón que conocí tenía una aversión por el seidr.
—Si es así, ¿por qué asistieron a la ceremonia de selección? —preguntó Hiccup con mucha curiosidad—. ¿No deberían alejarse?
—Las sáls son espíritus antiguos y no tienen que ver con el seidr, Hiccup —dijo con paciencia—. Los dragones reaccionaron a las sáls. Escuché historias sobre brujas que usaron seidr para doblegar o debilitar a los dragones, pero ya no hay brujas en el Archipielago.
—Esperen, ¿eso quiere decir que Ruffnut tendrá que aprender seidr? —interrumpió Tuffnut—. Y si es así, ¿yo también puedo? Digo, no me importa si no es muy apreciado aquí, pero manipular a alguien debe ser lo máximo. Haría que muchas personas hicieran las tareas que yo no quiero hacer.
—¿En serio, Tuff? —comentó Hiccup aunque no pudo disimular su sonrisa. Snotlout sí se rió abiertamente.
Ruffnut permaneció callada, sumergida en sus propios pensamientos.
—No lo creo —respondió Vidgis—. El seidr cumplió su propósito al idear la manera de detener a la Madre.
—En efecto —intercedió Mala—. La Voz Elegida deberá aprender otras cosas, mucho más importantes que cualquier magia. A pesar de que ha pasado casi un siglo desde que se escogió a una mujer, mi tribu ha preservado los rituales más importantes. Será un camino largo, pero estoy segura de poder conseguirlo a pesar de la situación. He traído todo lo que podríamos necesitar. El ritual de limpieza es el prioritario en este momento.
—Oh, al parecer alguien por fin hará que te bañes, Ruff —dijo Snotlout. Supo que ella no estaba del prestando atención, porque no reaccionó.
—Habría preferido que la Voz Elegida viajara a Caldera Cay, como es la tradición —dijo Mala con un tono condescendiente que Ruffnut detestó—, pero la Grandísima Sabia Gothi fue persistente en que se hiciera aquí. El ritual es para asegurar la máxima limpieza e integridad de la mujer elegida.
—Dudo que sea adecuado usar esos adjetivos para describir a Ruff —susurró Snotlout hacia Tuffnut. Sea porque se había puesto del lado de su hermana, el gemelo le dio una pisotón.
—Cabrón —se quejó Snotlout aguantándose las ganas de sobarse el pie. Se movió unos asientos para ponerse junto a Hiccup—. Jamás creí decirlo, pero me alegro que tú tengas que tenerla en tu casa mientras duré esto y no yo.
A Hiccup no le sorprendió que hablara como si ella no fuera a morir. Snotlout era más cercano a ella que él, incluso compartían muchas cosas. Nunca le había importado antes, pero los consejos de Valka no habían caído en oídos sordos. Ruffnut viviría con él y para evitar más peleas debía descubrir sus gustos y pasatiempos ya que no creía que solamente le atrajera el caos y las explosiones. ¿Habría algo más en ella que eso? No perdía nada con averiguarlo.
La perspectiva no sería desalentadora si no tuviera que vivir cuatro meses con una persona aparentemente destinada a morir.
—¿Hay algo más que debamos saber? —preguntó Heather hacia Mala. Su voz sonó plana y sin emoción.
Hiccup alternó su atención entre ella y Mala, esperando que el Ragnarok estallara por esa simple pregunta. Heather había dicho que no había nada que discutir, seguramente aferrándose a que Mala se portaría a la altura. Incluso si no era así, Heather no podía permanecer callada. Era una jefa tribal, después de todo. Debía hablar.
La Reina no miró a Heather, no siquiera le dedicó unos instantes de su atención. Hiccup evitó exhalar con cansancio. La sala se tornó incómoda y tensa en cuestión de segundos. Mulch hizo anotación mental de no sentarse jamás cerca de ninguna de las dos. Vidgis parecía un venadito asustado, sin saber a dónde mirar. Sólo Valka reunió el suficiente valor para mostrar sólo impasibilidad.
—Es mejor que desembuche todo, su Gracia —dijo Gobber haciendo gala de toda su ligereza. Su voz tuvo la cualidad de llamar la atención de ambas, así como la del resto. Gobber hizo una de sus típicas sonrisas bonachonas—. No quiero ser irrespetuoso, y Odín sabe que es difícil para un vikingo curtido como yo, pero necesitamos saber todo lo que los Defensores del Ala puedan brindarnos. A mí personalmente me gustaría averiguar qué demonios quiso decir Gothi en la nota que nos dejó.
Hiccup disfrutó ver la molestia en el rostro de la Reina, pero no a causa de la impertinencia de Gobber sino por haber sido regañada, de alguna manera, por dejarse llevar. Por supuesto, Mala actuó como si no pasara nada e hizo un esfuerzo por ignorar la sonrisa de Heather, que había captado la insinuación también y dejado de lado su propio disgusto.
—No puedo aventurar demasiado sobre las intenciones de la Grandísima Sabia Gothi —repuso Mala enderezándose en su asiento—. Sean cuales sean sus palabras, nos pidió buscáramos la verdad. Por eso es imprescindible que contemos las historias de nuestra tribu. Hay un cuento muy popular en Caldera Cay sobre una bruja que vivió en los tiempos de la Primera Voz Elegida.
—¿Primera? —preguntó Ruffnut rompiendo el silencio.
—El cuento de otra bruja intentando detener lo que Niels había conseguido, de boicotear sus planes. Esta Bruja aprendió más que seidr, al parecer intercambió su alma a entidades oscuras para poder manipular artes oscuras. Al parecer la primera bruja no pudo hacer nada ante el poder de la segunda. Desde entonces, gracias a la maldición de la Otra Bruja, las mujeres elegidas no sobreviven.
Hiccup notó que Tuffnut abrió los ojos tan grandemente que pensó que se le saldrían. ¿Cómo había podido olvidarlo? Tuffnut no había estado enterado del fatídico destino que enfrentaría su hermana. Quiso decirle algo, quiso hacer algo, pero se detuvo cuando Snotlout fue el primero en moverse. Su primo puso una mano sobre el hombro de Tuffnut para darle ánimo, un gesto que sugirió consuelo, pero que lo instó a no hacer un drama (porque era algo que Ruffnut tampoco apreciaría ni necesitaba).
Tuffnut pareció querer tomar la mano de Snotlout para torcerla y quitársela de encima, pero no lo hizo. Como autómata la apartó, dirigiendo una mirada a su hermana y luego a Hiccup. Cuando Tuffnut lo miró percibió claramente la exigencia de una explicación inmediata.
"Cree que lo traicioné", por primera vez guardar secretos no pareció tan buena idea. Habría sido justo enviarle un mensaje con un Terrible Terror para alertarlo, incluso si eso significaba quitarle a Ruffnut la oportunidad de decírselo primero.
—Me gustaría saber más sobre este ritual de limpieza, su Gracia —dijo Vidgis, ajena a la turbación de Tuff como el resto—. En Berk es poco lo que se ha preservado sobre esta iniciación.
—Es sólo un baño, ¿no? —aventuró a decir Ruffnut, pero la expresión de Mala, como si hubiera dicho algo estúpido, le indicó lo contrario.
—Es un rito que servía para preparar físicamente y espiritualmente a la Voz Elegida. La mujer debía bañarse en un lago, donde se hiciera una trenza por cada ásynjur y campanillas de plata por los dioses, diferenciando a Loki, por supuesto, con una campanilla negra. Usualmente no se incluyen a todos los dioses en los rituales comunes, pero debido a que la Gran Madre era su favorita, se hace la excepción.
—Genial, me tendré que bañar en un lago y hacerme un peinado complicado y…
—Oh, no lo harás sola —replicó Mala—. La Voz Elegida es una mujer que protegía a su pueblo con su sacrificio. Era un honor para todos asistir en este rito. Los jefes y jefas tribales, los líderes de los Clanes y la gente común se sentían bendecidos por ayudar en su iniciación.
—Wow, wow, espera —dijo Hiccup pidiendo un alto cruzando las manos—. No creo que sea necesario que todos estemos presentes…
—Será un grupo particular, mi señor, no todos.
—Eso no hace que sea menos incómodo —dijo Hiccup sin tratar de ocultar el evidente sonrojo de sus mejillas.
—Ruffnut está comprometida con el jefe de la Tribu Meathead —se apresuró a comentar Snotlout, llamando la atención de Mala—. Thuggory no sólo es hijo del difunto Mogadon, sino de una princesa de Uglithug. Las tradiciones de los Uglithug expresan claramente que ningún otro hombre puede ver desnuda a la prometida del príncipe, en este caso jefe, so pena de muerte. No me malentienda, su Gracia, pero violar tradiciones sólo por no modificar un poco el ritual de limpieza me parece tonto.
Hiccup tuvo una mezcolanza de emociones en su interior. Una parte de él aplaudió la intervención oportuna de Snotlout. Otra resintió que él fuera el último en enterarse sobre el compromiso de Ruffnut y Thuggory. La conversación de Eret y Ruffnut tuvo más sentido. Los Uglithug no sólo procuraban que sus herederos tuvieran la esposa adecuada, a sus princesas les buscaban el mejor partido y no olvidaban cuidar a su descendencia sin importar en que tribu se aliaran.
La madre de Thuggory, Nilsa, había sido la hermana menor de Ug Uglithug, el padre de Tantrum, lo que los convertía en primos, obligando a Thuggory a escoger una esposa que cumpliera las expectativas no sólo de los Meathead, sino de los Uglithug. Por eso Ruffnut había tenido que ir a la isla de Tantrum como pupila, una práctica que no era común para los vikingos como ellos, a aprender sus deberes como esposa de Thuggory.
—Yo sustituiré el lugar de mi hijo en esta iniciación, su Gracia —propuso Valka con gentileza—. Vidgis irá en lugar de mi sobrino, ¿no es así?
—Será todo un honor asistir —dijo con tanta devoción que a Snotlout le incomodó escucharla.
—La señorita Berserker, usted misma y las hijas de los demás consejeros serán el mejor grupo que se pueda tener —prosiguió Valka, aunque era de conocimiento común que Gobber no tenía ninguna hija—. ¿El ritual debe realizarse en la mañana o en la noche?
Si Mala tuvo intención de discutir, pareció considerarlo ante la expresión de Valka. No era estúpida para no saber que no haría cambiar de opinión a una mujer que había vivido veinte años con dragones salvajes. Habría más batallas que ganaría, de eso estaba segura, así que daba igual si no perdía ésta.
—Mañana por la mañana —respondió—. La puntualidad es importante. Las mujeres que asistirán deben vestir adecuadamente y llevar una campanilla que mis subordinados les entregarán luego de que nos instalemos. ¿Hay un lago, incluso río, que sea seguro de usar en Berk?
"Dile que no, Hiccup, que puedo bañarme sin que se necesite su presencia ni la de todas las mujeres chismosas de la isla", rogó Ruffnut.
—Sí, lo hay. Puedo llevarla cuando terminemos aquí.
"Maldita sea".
—Throk se ocupará de eso.
—Como ordene, mi Reina —dijo el hombretón haciendo una reverencia—. Me aseguraré que sea adecuado por y para el bienestar de Lady Ruffnut.
—Perfecto —dijo Mala poniéndose de pie dando por terminada la reunión sin agregar más palabras. Era un gesto grosero, pero si los vikingos de Berk se jactaban de sus nulos modales, no les tendría que molestar.
Además… no quería discutir algo que seguramente surgiría si postergaban más la junta.
—Su Gracia —interrumpió Hiccup previniendo su huida—. Antes hay otro asunto importante que discutir.
Mala fue detenida de golpe. No regresó a su asiento, pero Hiccup no esperaba que lo hiciera. No era tan ingenuo para creer que Mala sería un muro irrompible en lo que se avecinaba. Tenía una grieta que podía derrumbarla como todos.
Después de todo, la Reina no era inmune a hacer cosas por amor. Al menos no desde que conoció a cierto berserker demente.
—Dagur secuestró a Ruffnut y se ha aliado con los Outcast —informó, y no se sintió decepcionado por la falta de reacción de Mala. Era obvio que no dejaría ver si le estaba afectando que su ex prometido los traicionara otra vez.
—No hay nada que discutir sobre él, Jefe Haddock —sentenció ella con dureza. Su perfil no reveló dolor ni nada parecido, sólo quietud—. Estoy aquí para cumplir mi palabra, es lo único que me interesa en este momento, sin importar lo que pase o las personas que quieran impedirlo yo haré lo que debo.
Mala salió procurando no apresurarse para no darles un motivo para desconfiar de su lealtad. Throk y los subordinados que habían ido con ella se quedaron. Mulch resopló como yak, pero se arrepintió cuando Throk lo miró como si fuera despellejarlo vivo. La mano derecha de la Reina sabía cuán difícil había sido para ella tomar una decisión, considerando lo que había sucedido. Mala no era una piedra. Sus sentimientos podían no controlarla, pero tuvo que hacerlos a un lado por el bienestar de todos.
La Leyenda de la Voz Elegida era un cuento sobre valor y sacrificio del que apenas habían rescatado fragmentos. No tenían todas las respuestas, como Gobber había solicitado al cuestionarles sobre la nota de Gothi, por lo que Mala tenía que cargar con un peso más denso.
Su Reina estaba apostándolo todo por honor.
—Qué mujer —dijo Gobber, silbando con aprehensión—. Me disculparas, muchacho, pero si continúa con esa actitud no serán pocas las veces que un malentendido se dé.
—A veces un poco de violencia resuelve cualquier malentendido —sonrió Heather rozando el mango de su hacha doble dejando claro el mensaje: No tenía ningún inconveniente en pelear contra una reina.
—Cualquier malentendido que se dé, será aclarado antes de que se necesite violencia, Heather —declaró Hiccup, sintiéndose repentinamente cansado. Había mucha información que digerir, muchas cosas por hacer, muchas cosas que pensar, como para agregar rencillas entre dos mujeres que querían cortarse el cuello la una a la otra.
Ya era tarde, pero el trabajo no acabaría pronto. Tenía que asegurarse que sus invitados estuvieran cómodos, verificar que las bodegas de suministros pudieran sustentar a más personas; por Odín, había cometido un error al enviar lejos a Astrid y Fishlegs. Ellos dos cumplían sus tareas sin que Hiccup temiera incendios o desacuerdos como con otros vikingos.
—Y su Gracia debe entender que ella puede ser una invitada de honor, pero no es la Reina de Berk —dijo Hiccup dirigiéndose a Throk.
—No pidas imposibles, abadejo —apremió Snotlout levantándose de su asiento y estirando su espalda—. Mala no cambiará su manera de hacer las cosas porque se lo pidas. Mejor espera lo peor, será más fácil manejarlo desde esa perspectiva.
—¿Desde cuándo tus consejos tienen tanto sentido, Snotlout? —preguntó Heather con una sonrisa burlona.
Snotlout bufó, a la vez que se ajustaba sus muñequeras.
—Siempre lo han tenido, señorita engreída —dijo ignorando la expresión consternada de su madre ante su falta de modales. Como si no conociera cómo era—. Como sea, tengo cosas por hacer al igual que ustedes. ¿O acaso creen que la Reina dejó el Gran Salón sin últimas órdenes por nada? Ella espera que hagamos nuestra parte. La conozco muy bien.
—Su actitud es inadecuada —dijo Heather.
—Lo es —aceptó Hiccup, pero agregó cuando Thork lo miró mal—, pero es quien más nos ha ayudado con información y no ha dudado en responder a la solicitud de ayuda de Gothi. Pero Snotlout tiene razón. Ella nos está calando y no es para menos, con lo que compartió.
—¿En serio crees en el seidr y la pelea entre esas dos supuestas brujas en el pasado? —dijo Heather, escéptica.
—Viste un montón de esferas espirituales en la caverna de Isla Dragón y todavía preguntas eso. Vamos, Heather —replicó Snotlout— ¿desde cuando eres tan poco perceptiva?
—Basta, Snotlout —pidió Hiccup—. Como lo han repetido varias veces, tenemos mucho por hacer y parece que poca disposición para realizarlo. Tendrán que soportarlo, a menos que tengan un plan que abarque todos los problemas que se nos vienen encima, ¿no es así? Bien, entonces cállense. Veamos, Mulch busca a Bucket, ambos deben coordinar una expedición de pesca. Habrá pronto una guerra y uno no gana una guerra con hombres y mujeres muriéndose de hambre. Gobber, Snotlout, hagan un registro de nuestro suministro de armamento y una lista de materiales que se necesiten para aumentarlo.
—Los herreros de los Defensores del Ala ayudarán —dijo Throk haciendo una señal a un encapuchado.
—Bien —asintió Hiccup—, que sean los cuatro, Throk. No me mires así, sé que Mala pidió que dos escoltaran a Ruffnut, pero será más rápido si ayudan más y así podré buscar a dos berkianos que completen la escolta. Sé paciente. Tía Vidgis, incluso si la Reina prepara todo para el ritual de limpieza, sugiero que seas tú quien escoja a quienes irán.
—Yo revisaré las patrullas de dragones sobre lo que han visto estos días. Cuando terminé, Toothless tendrá que tomar una decisión sobre cómo manejará los horarios de las nuevas rondas —dijo Valka sin necesidad de esperar una orden. Era más que obvio que se manejaba mejor si ella decía cuál era la tarea que debía llevar a cabo.
Hiccup miró a Heather. Ella era una jefa, por lo que mandarla era algo que no iba a hacer al ostentar estatus similares.
—Descuida, sé lo que tengo que hacer —dijo ella dándole una sonrisa tranquilizadora—. Gothi habrá dejado más cosas en su cabaña. Me aseguraré de investigarla bien. Seré cuidadosa con sus cosas, lo prometo.
—Gracias, Heather —dijo Hiccup sabiendo que sería así. Se dio cuenta que debían escoger a otra anciana ahora que Gothi estaba muerta, pero no era algo que quisiera hacer pronto. Ninguna mujer podría llenar el hueco en ese momento—. En cuanto tengamos noticias de las otras tribus, hablaremos de planes de ataque y defensa. La Isla Meathead es la más cercana a Berk, por lo que el tío Baggybum ya debe estar de regreso. Astrid y Phlegma se tomarán su tiempo con las Bog-Burglar, sus números disminuyeron por la emboscada así que ellas ayudarán en lo que puedan. Spitelout y Fishlegs son quienes tendrán el viaje más largo a las tierras de los Uglithug, por lo que no los veremos hasta dentro de dos semanas.
—¿Fishlegs no usará a los Terribles Terrores para comunicarse? —preguntó Heather.
—No cuando las tierras Berserker están tan cerca. Fishlegs no correrá ningún riesgo y Spitelout consiguió convivir con una manada de Singletail durante meses, así que podrá armar una estrategia en caso de ataque. La princesa Tantrum me aseguró que reuniría a todo su ejército y vigilaría los límites del Archipiélago para evitar que Dagur y Mikli hagan contacto con los romanos, si pretenden buscar más aliados.
—¿Y yo, Hiccup, qué debo hacer? —preguntó Tuffnut muy serio.
Hiccup ni se molestó por su tono. De todos sus amigos fue al único al que Tuff había pedido que, si algo malo le sucedía, cuidara de su hermana. Nunca entendería el extraño modo de quererse de los Thorston, pero sí entendía que Tuffnut no estaba explotando ahora porque esperaba que, al menos, le explicara por qué iba a sacrificar a Ruffnut sin haberle dicho nada.
—Ruffnut se mudará conmigo. Es algo que la mayoría de jefes decidió —dijo para dejar en evidencia que en esto, él no había estado de acuerdo—, pero esta noche será mejor que se quede contigo, Tuff. Seguramente tendrán cosas de que hablar.
—Sí, muchas cosas —dijo Tuffnut cuando Vidgis, Gobber, Mulch, Valka, Heather y los demás defensores habían salido para cumplir con sus tareas, por lo que sólo Throk, Snotlout, Tuffnut, Ruffnut y Hiccup se quedaron—. Venga, hermana, vamos a casa. Has estado tan callada que creo que ya no podrás ser la Voz Elegida porque perdiste la capacidad de hablar.
Hiccup sí se había percatado del retraimiento de Ruffnut también, aunque lo había asociado al esfuerzo por comportarse. No pudo menos que sentirse totalmente estúpido por siquiera pensarlo. Tuffnut debió notar algo que él no, y al igual que Snotlout, había hecho algo al respecto. La situación sobrepasaba a Hiccup en muchos sentidos. No había podido dormir bien en los últimos días y se pasó el tiempo pensando en sus sueños, sus visiones y en cómo podría ayudarla sin que ella rechazara su ayuda.
Todo pintaba ser un desastre en los siguientes días.
Tuffnut se llevó a Ruffnut con él subiendo en Barf y Belch, que habían esperado con los demás dragones afuera. No irían a su casa por ahora. Los Thorston, al igual que todos los jinetes, volaban para meditar en todos sus problemas.
—Debí haberme casado con ella en cuanto tuve la oportunidad —dijo Throk observando al Zippleback desapareciendo en la lejanía. No parecía preocupado porque se alejaran, lo que le indicó a Hiccup que Throk confiaba en que Ruffnut estaría a salvo.
—Te salvaste de un matrimonio con una chiflada con un pie de seis dedos —comentó Snotlout montando a Hookfang. Había dejado que Gobber y los defensores fueran primero a propósito. Gobber tendría un desastre en el almacén, por lo que quería evitar sus gruñidos al comienzo del conteo—. Pobre Thuggory.
—Eso no decías cuando eras uno de los que babeaba por ella —comentó Hiccup muy divertido del atragantamiento de su primo ante la mención de sus penosos cortejos hacia Ruffnut—. Todavía recuerdo ese día con las anguilas y las crías de Typhoomerang.
—Calla, Hiccup, y puede que conserves tus bolas.
—Tú perdiste los tuyas cuando los Typhoomerang bebés…
—Te lo advierto.
—Me callo, me callo —levantó ambas manos en gesto de rendición, no sin antes prometerle en un susurro a Throk que le contaría lo que pasó en cuanto estuvieran en el aire con Toothless.
—Justo lo que esperaba de Lady Ruffnut —dijo Throk muy orgulloso—, sólo una mujer tan magnifica como ella podría generar tanta pasión en el corazón de tantos hombres.
—Ugh, eres tan cursi que podrías matarme del asco —comentó Snotlout con una expresión agria—. Como sea, tengo trabajo que hacer, y por lo visto, esta noche no dormiré. Los dioses saben que cuando Gobber se pone a hacer el inventario, se entretiene con cualquier arma que encuentra y no ha visto en años.
Cuando estuvieron a solas, Hiccup no quiso escuchar más alabanzas hacia la belleza de Ruffnut de la boca de Thork. Hiccup no podía decir demasiado al respecto. Ruffnut siempre había sido Ruffnut para él. Una amiga, pero no una cercana. No había ningún punto de inflexión, ninguna similitud que pudieran compartir… hasta que recordó su discusión, como Ruffnut le había escupido un par de verdades que habían sido desagradables, pero muy certeras.
Era irónico que ella sí parecía conocerlo bien.
—¿Cómo es el lugar al que iremos? —preguntó Throk poniéndose detrás de él, cuando montaron a Toothless.
—Lo verás en cuanto lleguemos.
Stoick había negociado el compromiso para que los Meathead apoyaran a Hiccup como jefe de los Hairy Hooligans. Y con eso consiguió también una unión indirecta con los Uglithug sin arriesgarse a casar a su heredero con la princesa Tantrum. Un movimiento muy inteligente de parte de su padre, pero no uno que Hiccup haría.
Thuggory era una buena persona, un más que perfecto partido para quien fuera, pero no quería… no quería que ella lo escogiera sólo para asegurar una alianza.
Decidió que haría lo que fuera para que Ruffnut pudiera tomar sus propias decisiones, sin que nada más que su propio bienestar importara.
Al menos intentaría hacer eso.
El vuelo en Barf y Belch sirvió a Tuffnut para asimilar la verdad que se le había administrado de manera tan dura. Usualmente no dedicaba grandes momentos a meditar. Tuffnut era más del tipo ágil, más movimiento que reflexión.
Pero necesitó hacer el esfuerzo.
Por primera vez en su vida, Tuffnut requirió pensar en lo que iba hacer. Golpear a Hiccup por haberle mentido sonaba tentador, pero no había tiempo para venganzas personales (no por ahora). El rostro de Hiccup estaría intacto unos meses más, suficientes para Tuff lo preparara todo.
No podía decir que siempre había mostrado afecto por su hermana. Peleas, bromas pesadas y más que un incidente que casi les costaba la vida, así era la manera de los Thorston. Así era la manera en que ellos mostraban que los únicos que podían herirlos o matarlos, eran ellos mismos.
Tuffnut había creído desde pequeño que si bien no moriría si su gemela lo hacía, sí mataría a quien le quitara la vida. Humanos, dragones, incluso dioses, no se detendría hasta que quien le arrebató su otra mitad estuviera de camino hacia el Helheim. Habían sido pensamientos muy oscuros, lo admitía, y actualmente habían cambiado para no incluir dragones en la lista y ser menos sanguinarios. Aun así la promesa permanecía.
¿Cómo podría cumplirla si un sacrificio implicaba que la misma persona renunciaba a su vida?
Todo le había parecido una situación normal considerando lo que había visto durante su estancia en la Orilla. Casi ni le había sorprendido que les tocara revivir una antigua leyenda. Había sido lo normal, pero lo normal también habría sido que Astrid fuera la escogida —siempre la protagonista femenina de sus aventuras como jinetes—, que Hiccup les pidiera su ayuda para salvarla —como siempre lo hacía, cuando su doncella estaba en peligro—, y que todo se resolviera tras una épica y divertida batalla.
Que Ruffnut fuera la Voz Elegida cambiaba todo, desde el inicio hasta el desconocido final. Tuffnut ni siquiera estaba seguro que en el final se volviera a repetir su racha de victorias.
Tuffnut no estaba seguro de qué hacer. Como jefe del Clan Thorston tenía —aburridas—responsabilidades que cumplir. Sus familiares no tardarían en llenarlo de felicitaciones porque su hermana fue bendecida con semejante honor (no todos sabían qué las mujeres elegidas morían, justo como él no lo supo hasta ahora). Su estatus subiría en Berk, lo que no le importaba, pero le metería en asuntos políticos que le mareaban. También estaba el asunto del compromiso de su hermana y como él tendría que hacer uno para asegurar la descendencia de la rama principal del clan.
Aunque ésas preocupaciones le parecían mínimas en comparación a lo que debía decirle a Ruffnut.
Cuando volaron de vuelta a su casa, Barf y Belch no los dejaron. El pequeño establo al lado pocas veces era usado por ellos. En esta ocasión no fue la opción, pero no porque prefirieran la comodidad de la choza, sino porque sus humanos los necesitaban.
Cuando Ruffnut entró a su hogar se detuvo a tan sólo unos pasos del umbral, mirando el interior. Desde la muerte de sus padres, no habían modificado nada de la decoración. Los escudos, las armas, las pieles y los trofeos de Tuffnut I y Valhallarama colgaban de las paredes. Los cofres con joyas, cadenas de oro y plata estaban acomodados en las orillas. Sus padres no habían sido los más atentos, pero habían procurado que tuvieran al alcance riquezas que les permitieran vivir cómodamente.
—Recuerdo que mamá solía ocultar sus joyas —dijo Ruffnut caminando hacia el cofre con las pertenencias de Valhallarama. No necesitaba abrirlo para conocer su contenido; vestidos exquisitos, joyas valiosas y artículos de belleza, fue la herencia que su madre le dejó a ella. La herencia que pasaría a sus hijas a su debido tiempo—. Nos ponía a buscarlas, justo como la abuela hizo con ella cuando era pequeña. Nos contaba una historia por cada que encontrábamos una.
—Una vez juntamos tantas que habló y habló durante todo el día —agregó Tuffnut sentándose sobre el baúl que su padre le dejó. A diferencia de muchos vikingos que dejaban armas y oro, Tuffnut I legó mapas de sitios lejanos, mapas que la misma Valka había estado asombrada de ver. Su padre había sido un vikingo estático hasta que se casó con Valhallarama, ella era todo movimiento y ni su matrimonio impidió que siguiera viajando; Tuff I tuvo que aprender a ceder ante su esposa si quería tener algo que compartir con ella—. Nos contó las viejas canciones, las historias del pueblo de la abuela, todas sus aventuras. Eran buenos tiempos.
—Sí, lo eran.
Tiempos donde su única preocupación había sido sobrevivir a las redadas de dragones.
—¿Qué pasó, Ruff? —preguntó Tuffnut haciendo la pregunta primordial.
Ruffnut había esperado este momento desde que Eret le había permitido montar a Skullcrusher para llegar con Tuffnut. Como Valhallarama contándoles historias a cambio de sus joyas, Ruffnut narró lo que sucedió desde que partieron a Isla Dragón, exceptuando sus sueños y las voces que había escuchado. Aún no estaba preparada para darles sentido. Conforme sus palabras eran escuchadas, Tuffnut ponía una expresión concentrada que en otras circunstancias había provocado la pulla de su hermana.
—Mierda —fue lo más atinado que pudo decir cuando ella finalizó. Tuffnut pasó sus manos por sus rastas, tirando con mortificación.
—Efectivamente. Mierda —sonrió Ruffnut sin ánimos. Sentándose sobre su baúl y abrazándose una pierna, mientras Barf y Belch los miraban con preocupación.
—¿Qué harás,?
—¿Qué más puedo hacer? No es como si supiera como funciona esto o cómo debe funcionar para evitarlo.
—¿Y dejarás que hagan contigo lo que quieran?
—De nada me servirá hacerlo a mi manera, yo…
Tuffnut la miró, atónito. Ruffnut nunca había titubeado. Su hermana nunca se había sentido avergonzada de su manera de ser porque sabía exactamente quién era. Ruffnut le había contado su encuentro con Dagur. El berseker era un tipo intimidante y fuerte, y aunque sólo veneno salía de su boca, sus palabras pocas veces estaban exentas de verdad. Lo que le dijera a su hermana, probablemente ella ya lo había pensado.
Ruffnut nunca se había sentido tan menospreciada como cuando la escogieron para ser la Voz Elegida.
La Ruffnut de catorce años habría hecho oídos sordos. La Ruffnut de diecisiete años, habría luchado contra quienes no la consideraran digna. Pero la Ruffnut de ahora, que había perdido a sus padres y presenciado la muerte de Stoick, sólo pudo sentirse pequeña ante todo.
—Por fin me sucede algo importante a mí y resulta que voy a morirme —masculló ella tapándose la cara con la mano. Dentro de ella, los sentimientos formaban un remolino confuso. Enojo, frustración y desazón, eran los más poderosos.
Las manos de Tuffnut se colocaron sobre sus hombros. Ruffnut mantuvo la cabeza gacha, sin observarlo.
—Escucha, Ruff, no voy a mentirte diciéndote que Dagur no tiene razón, pero tampoco puedes dejar que su opinión te afecte. Se pierde y se gana, se baja y se sube, se supone que la vida debería ser así de simple, pero no lo es. La vida es una galleta que remojas en leche, y cuando estás a punto de llevártela a la boca, se rompe, cae y te salpica, dejándote con la boca abierta y cara de idiota.
—Eso no me hace sentir mejor.
—Déjame terminar y puede que eso cambie —replicó. Tuffnut respiró hondo y apretó los hombros de Ruff—. Concéntrate en el ejemplo de la galleta. Nosotros no somos cómo ellos, no, nosotros las ponemos en un cuenco, les echamos leche y las disfrutamos a cucharadas mientras esos idiotas salpicados de leche se burlan de nosotros. Siempre hemos hecho las cosas a nuestra manera. Las lecciones que aprendemos no han cambiado eso y nunca lo harán. ¿Y qué si no eres lo que ellos esperaban? ¿Me van a decir que todas las voces anteriores eran mujeres perfectas? Si te escogieron fue porque vieron algo en ti que nadie más vio. Astrid pudo haber sido la opción de ellos, pero tú fuiste la opción de esos espíritus del pasado. Eso tiene que contar en todo.
—Tuff —susurró recargando su frente en su pecho—. Gracias.
—¿Cuál gracias? Te voy a cobrar. Esto de ser usado como paño de lágrimas podría dejar mucho dinero, si ideo cómo sacarle provecho.
—Bonita manera de arruinar el momento, torpe —le dio un suave empujón. Barf y Belch se acercaron a ella, rozándola con sus cabezas para brindarle apoyo.
—Podemos hablar sobre eso o sobre qué bromas prepararas cuando vayas a vivir con nuestro estimado abadejo. Te recomiendo la de huevos podridos con leche agria de yak. Hiccup podrá olerla, pero no sabrá dónde ocultaste el recipiente —dijo Tuffnut—. Un momento… ¿estarás bien viviendo con él?
—No creo que sea de los que se aproveche. Es tan mojigato. ¿Por qué lo preguntas?
Tuffnut hizo una señal hacia las trenzas de Ruffnut.
—Oh, eso… no creo que él sea consciente de lo que significa. Una vez escuché que Astrid le contó a Heather que su noviecito no conocía el significado de las trenzas de las Hairy Hooligans. Parece que si no son dragones, no da una. Como sea, no planeo que me vea con el cabello suelto. Astrid no estaba feliz, lo que menos quiero ahora es tener más problemas.
—Astrid nunca te ha importado.
—Y nunca me importará. Más que temerle me fastidia. Ya es suficiente que crea que no merezco ser la Voz Elegida, como para añadir que quiera asesinarme por "coquetearle" a su noviecito. —dijo Ruffnut. Aún se sentía mortificada, pero la conversación con Tuffnut le hizo darse cuenta que no podía dejar que los demás decidieran por ella. Vivir con Hiccup y aprender lo que necesitaría para ser la Voz Elegida, eran las únicas concesiones que daría—. No tengo tiempo que desperdiciar en las paranoias de Astrid, y no quiero que rumores se extiendan.
—¿No me digas por fin que te enamoraste de Thuggory?
—No, pero Stoick quería paz en el ascenso de Hiccup. Lo menos que puedo hacer para honrar lo que hizo por nosotros es cumplir con el compromiso. Sobreviviré a lo que sea que tenga que enfrentar y luego me casaré con Thuggory.
—Nuestro padre estaría orgulloso de escucharte. Por mucho tiempo creyó que serías como mamá respecto al matrimonio —dijo Tuffnut—, pero creo que habría sido más feliz si te casaras con Snotlout.
—Madre nunca lo habría permitido —sonrió Ruffnut—. A ella no le agradaba Spitelout. Si me casaba con Snot, me habría aconsejado llevar una daga debajo del vestido para impedir que me tocara sin antes haber demostrado que era digno de ser mi esposo.
—Sí, eso habría hecho —admitió—. Ya que vivirás con el estirado de Hiccup, ¿qué te parece una pijamada al estilo Thorston? Así tendrás de que reírte cuando estés con él.
—Esta noche seremos nosotros y Barf y Belch —asintió Ruffnut—. Celebremos y adivinemos cuál de nuestras primas será la primera en venir a felicitarme. Ellas nunca habrían creído que pudiera pasarme a mí. La prima Thernut estaba furiosa. En la fiesta de Isla Dragón no dejaba de mirarme como si quisiera arrancarme el cabello.
—En realidad fue para buscar marido. Al parecer, un Ingerman la bateó —contó Tuffnut.
Aislados de toda intriga y futuras tragedias, los gemelos Thorston pasaron la noche compartiendo bromas, viejas anécdotas, jugando hasta cansarse. Evitaron ponerle por título última pijamada, pues no iban a rendirse ante la idea de la muerte. Cuando avanzó la noche, se acomodaron para dormir sobre las cabezas de Barf y Belch, sosteniéndose las manos.
Mientras en la choza de los Haddock, Hiccup miró desde su ventana hacia la casa de los gemelos. Había regresado hace poco de mostrarle a Throk todos los lugares disponibles para el ritual (ya que él primero no cumplía con sus requisitos). A pesar de estar extenuado, no podía dormir. Toothless no compartió su insomnio, por lo que estaba echado cerca del fuego haciéndole sentir a Hiccup una enorme envidia.
Mala había dado información intrigante sobre Moa Ildri, pero más que eso, a Hiccup le había atraído la historia de las brujas. Gobber solía contarle que eran mujeres muy listas, que te engañaban para que hicieras tratos con ellas. En uno de los pocos viajes en los que Stoick lo llevó al sur, habían ido a un mercado de baratijas donde una señora vieja le había querido predecir el futuro usando su sangre (la mujer terminó castigada por haberse atrevido a herir al heredero de los Hairy Hooligans).
Una mujer escogida no para cantar, sino para obtener la magia seidr. La primera bruja, y otra que había intentado detener a la primera Voz Elegida. Faltaban piezas en ese rompecabezas. Tenía la certeza que Mala no lo había contado todo, o que había sido muy selectiva en las partes que quería compartir. No podía adivinar sus intenciones, pero por ahora se había mostrado leal a su causa.
Hiccup prefirió pensar en lo que Gothi les había dejado. Su nota era clara. Debían averiguar la verdad y no tomar todas las historias por lo que eran. Valka le había dicho que sus sueños podían ser visiones causadas por su linaje, si era así, ¿significaba que podría acceder a eventos del pasado?
"Estoy perdiendo el tiempo en pensamientos ilógicos", apremió soltando un gran suspiro. "Con razón Gothi puso que no diéramos por hechas las cosas, que no dejáramos que el lobo…"
—¿Lobo? —dijo Hiccup dándose cuenta de un detalle importante.
Se dirigió a la mesa donde había anotado cada suceso que había vivido, incluido sueños y voces; el comportamiento extraño de los dragones era lo que más llamó su atención, pero por eso había dejado de lado la constante mención del "lobo que devoró a la luna". Durante la ceremonia de elección, Rjupa lo mencionó en sus oraciones, pero en el drakar de regreso a Berk lo maldijo con é buscaba a Ruff también le fueron susurradas palabras extrañas, como parte de una visión del pasado.
—¿Qué significará?
La historia de los hijos del lobo Fenrir, Hati y Sköll, era cómo la luna y el sol serían perseguidos por ellos respectivamente. El Ragnarok sucedería cuando los lobos consiguieran alcanzarlos. Recordó que en Berk, cuando había eclipses, salían con trastos, cacerolas y palos, a hacer mucho ruido para ahuyentarlos (así descubrieron también que los dragones eran desorientados por esto).
Era una gran historia, ¿pero cómo se relacionaba con el presente? De nuevo faltaba información.
Necesitaba que Fishlegs estuviera aquí. Era el más indicado para discutir este tema sin tener que caer en peripecias vikingas. Él único de sus amigos al que le importaría descubrir y sería discreto con todo lo que estaba sucediendo.
Se sentó intentando acomodar los papeles. No podía esperar a Fishlegs, no cuando tenía el tiempo contado y su amigo tardaría en volver. Heather era una buena consejera, pero no eran tan cercanos como para contarle sobre lo que sucedía. Su madre le diría lo que supiera desde la perspectiva de los dragones. Sí, era la opción más aceptable. Quizás debería presionar a Mala a que le contara todo, pero ella era hermética en cuanto sus secretos y no dudaba que se pondría a la defensiva.
Extrañaba a Astrid. Ella había sido una consejera fiable, tratando —a veces sin resultado— hacerlo pensar las cosas antes de arrojarse al peligro. Pensó en ella, armando una imagen en su mente. No le costó trabajo. Conocía bien el cuerpo delgado de Astrid, las caderas finas, las piernas largas, el rostro redondo con su sonrisa confiada y sus grandes ojos azules… pero la imagen cambió tan aprisa a otra que sacudió su cabeza.
Sumamente confundido, Hiccup sintió que era momento de ir a la cama e intentar descansar. Faltaba poco para que amaneciera. Mala había enviado a decirle que, incluso si no iba a participar, debía presentarse siendo el jefe de los Hairy Hooligans.
Tanto había intentado alejarse del título para que en sólo unos días tuviera que tomarle, así fuera por apariencia.
Ruffnut tenía razón.
Era un maldito mentiroso.
Por más que trató, Hiccup no pudo dormir. Cansado y aletargado tuvo que pedirle a Toothless que lo llevara a tomar un baño en la cava, si es que no quería cabecear durante todo el evento. Toothless se mostró entusiasmado por pasar unos momentos solamente con él. Había percibido la presión y el ánimo bajo de Hiccup desde el comienzo, y aunque no podría ayudarlo a escapar de sus responsabilidades por siempre, esta vez podía salirse con la suya.
El baño en la cava no tomó mucho tiempo. Hiccup pudo refrescar sus ideas en el sitio donde sus aventuras habían comenzado.
—Bien, amigo, es hora —dijo Hiccup ajustándose la capa negra, encima de su traje rojo. No era usual que vistiera atuendos tan formales. En Berk no había habido tiempo para las vestimentas ornamentadas y elegantes, sino sólo para armaduras y ropa de guerra. Los tiempos de paz no habían cambiado eso. Era extraño que se usara esta ropa en su aldea.
Hasta Toothless estuvo incómodo con el arnés "elegante" que tuvo que ponerle.
—Al menos no será para siempre —lo alentó Hiccup mientras lo montaba.
"Bueno es que no lo sea", dijo el dragón resoplando ante el diseño voluptuoso del arnés. "Esto Pica".
Volaron de vuelta a su choza donde una multitud lo aguardaba. Identificó a Mala, Throk y su sequito de defensores, además de Gobber, Eret y un grupo de chicas conformado por doncellas Hairy Hooligans y Defensores del Ala. Cuando Hiccup descendió, Mala lo miró como si quisiera degollarlo, pero él sólo se encogió de hombros y tomó su lugar.
Hiccup miró a su alrededor. Estaba acostumbrado a las armaduras, cota de mallas, trajes de pelea en las escuderas, por lo que verlas en vestidos clásicos era todo un espectáculo. Por supuesto, en la caverna de Isla Dragón tuvo la ocasión de presenciar algo similar, pero estaban en Berk ahora lo que sin duda lo hizo inusual.
Su tía Vidgis había sido una mujer hermosa por lo que su padre le había contado. No una guerrera totalmente, pero sí una mujer muy inteligente para hacer que el bruto de Spitelout la eligiera a ella sobre escuderas más fuertes y agresivas. Vidgis llevaba un hermoso vestido rojo con azul que acentuaba su piel blanca y realzaba su cabello negro. Su hija, Adelaide, estaba su lado, siendo una versión más agraciada y femenina de su hermano Snotlout, con un vestido azul con tiras verdes en las mangas y la cadera.
—Así pareces una princesa, Hiccup —dijo Snotlout con burla. Él llevaba un camisón azul oscuro, pantalones marrones y se había quitado el casco para la ocasión. Por supuesto, su abrigo de piel de oso no pudo faltar.
—Y tú a nuestra tía Freda. Tienes su misma barba.
—Es lo mismo que dije yo, primo —pronunció Adelaide con una gran sonrisa—, pero mi hermano insiste en que ese intento de barba lo hace verse viril.
—Tú te vistes como chica cuando te pareces a un gronckle con pelo y yo no digo nada.
—¡Eres un tonto! —chilló dándole un golpe en el costado, que Snotlout ni resintió—. La tía Valka dijo que me veía bonita. Ella me ayudó a vestirme. Puedo confiar en que ella sí tiene gustos refinados, no como tú.
Adelaide se había vuelto cercana a su grandiosa y poderosa tía Valka, como si no le importara que dejara Berk por veinte años para irse a vivir con dragones. Valka había tomado cierto aprecio por su sobrina, al punto que permitía que estuviera con ella cuando era usual verla en solitario, o acompañando a su hijo y sus amigos. A Vidgis parecía molestarle, pero no se permitía mostrarlo.
Valka estaba despampanante con un vestido anaranjado, poniéndose sobre los hombros una capa de piel café oscuro con los emblemas de Berk para sostenerla. Hasta Gobber se había puesto sus mejores pieles.
Pero era Heather quien se llevaba todas las miradas.
Tantrum era la mujer más bella del Wilderwest con su larga cabellera pelirroja y sus ojos índigos, pero Heather tenía sus propios encantos. Astrid podía competir en muchos aspectos con ella, pero en este era fácilmente superada. Heather había escogido un vestido morado con detalles en las mangas y en la cintura, a diferencia de todas las mujeres en Berk tenía el cabello suelto. Hiccup se sintió ligeramente embobado al verla, al igual que muchos otros vikingos que habían madrugado para presenciar la iniciación.
Se obligó a desviar su atención a Mala, que lucía bien con un vestido amarillo y marrón, mientras daba las últimas instrucciones. Al parecer la Reina había enviado a un par de doncellas para asistir a Ruffnut para vestirse.
Un cuerno sonó.
Todos tomaron posición. Desde su lugar, Hiccup pudo ver la choza de los Thorston, pero los vikingos agolpados alrededor impidieron ver más.
"Bueno, es Ruffnut, no creo que…"
En Berk cada uno era responsable de hacerse su vestimenta, tanto niñas y niños aprendían a coser y cortar tela y pieles desde pequeños. Las madres solían hacerse cargo en ocasiones, para arreglar las prendas que no quedaran bien, pero correspondía a cada uno crear su propio guardarropa. Tuffnut y Ruffnut no habían intentado hacer atuendos complicados, sino funcionales que no se rompiera fácilmente ni que necesitara lavarse seguido.
Por eso fue impactante cuando aparecieron con ropas tan distintas a su usual ropa rota y maloliente. Tuffnut llevaba un camisón verde y pantalones grises con botas de piel de cordero, una capa de seda gris colgaba sobre su hombro agarrada con un pendiente con esmeraldas que formaban las cabezas de un Hiddeus Zippleback. No traía su casco y había peinado su cabello en una coleta alta, dándole una apariencia intimidante. A su lado, Ruffnut se había puesto un atuendo vestido con bordados verdes en el cuello y mangas. Tenía el cabello en sus tres trenzas habituales, pero Hiccup pudo notar las pequeñas trenzas entre los mechones que seguramente las doncellas habrían agregado al peinarla. La capa de piel que traía le pareció curiosa a Hiccup, muy similar el estilo de…
"… los Meathead". Incluso pudo ver el Silver Phantom, la insignia de esa tribu, en los medallones que sostenían la capa. Un claro mensaje para todos. Elegida o no, ella era la prometida de Thuggory.
¿Qué la habría motivado para hacer una declaración como ésa, en este momento?
—Oh, es la primera vez que usa uno de los regalos de Thuggory —dijo Snotlout, ligeramente sorprendido.
—¿Regalo de Thuggory?
—Ya sabes, en un compromiso siempre hay intercambio de regalos. Ruff sólo se había puesto ese colguije en la oreja, pero supe que Thuggory le envió todo un cofre con vestidos, capas y joyas. Qué presumido, ¿no te parece?
—No… no pareces molesto de que ella esté comprometida con Thuggory —dijo en tono casual, para no evidenciar que se había enterado hasta mucho después.
—En su opinión, soy demasiado guapo y sólo pienso en mí, como para que funcione.
—Pues si quería batearte, pudo haber dicho una mejor mentira —sonrió—. Al menos le atinó a que eres muy egocéntrico.
—El yak hablando de cuernos. ¿No te mordiste la lengua, Hiccup?
—No, mi lengua está a salvo.
Mala inició el ritual cuando Tuffnut dejó a Ruffnut frente a ellos. El rostro de Ruffnut permaneció inexpresivo. Las mujeres empezaron a cantar Alysanne, una vieja canción sobre una reina Uglithug que gobernó con gentileza y sabiduría durante el reinado más largo y próspero de su tribu. Hiccup notó que detrás de la aparente calma de Ruffnut, la tensión estaba en cada uno de sus movimientos.
Mala estaba demasiada metida en su papel como directora para notarlo.
Los dragones también se habían interesado. Algunos volaban sobre ellos, otros observaban desde las chozas cercanas, y los más osados se abrían paso entre los vikingos para acercarse hacia Ruffnut. Toothless tuvo que intervenir algunas veces, aunque él mismo trató de permanecer cerca de ella.
Mala recitó versos a las diosas, principalmente a Frigg y Freyja, no parando ni siquiera cuando la comitiva empezó a moverse hacia el lugar donde se llevaría a cabo el baño. Caminar hacia el otro lado de Berk fue tedioso, pero nadie se quejó. Conforme salían de la aldea, las personas fueron disminuyendo y los dragones aumentando. Cuando la canción Alysanne terminó, empezaron Las Doncellas que florecieron en primavera.
El pequeño lago que Throk había escogido estaba rodeado por árboles altos y rocas cubiertas de musgo. El agua era clara, agitada por una diminuta cascada. Mala no tuvo reparo en correr a Snotlout y Hiccup, los únicos hombres que se quedaron al final, pero insistió en que Toothless podía quedarse. Después de todo, el Alfa de los dragones sería el mejor protector de la Voz Elegida.
Aunque la perspectiva de dejar a Toothless no era de su agrado, Hiccup accedió. Snotlout refunfuñó por tener que regresar a pie ya que Hookfang también había decidido tomar una siesta cerca de la orilla.
Cuando las mujeres estuvieron solas fue momento del baño. Ruffnut se quitó el vestido gris, mientras las demás chicas hacían lo mismo. La tortura llegó cuando Mala ordenó que le deshicieran las trenzas. Las Hairy Hooligans no se distinguían por su tacto, así que el cabello de Ruffnut fue jaloneado por muchas manos con tanta fuerza que por un segundo creyó que se quedaría calva.
"Cumple tu deber como Voz Elegida, salva a todos y luego podrás asesinar a cada una de ellas".
Levantarse temprano y meterse al agua fría no era su manera de comenzar el día. Lo único bueno fueron los jabones y aceites perfumados con los que acariciarían su piel, lo peor fue cuando Mala insistió en que la tallaran con piedras rugosas hasta dejársela rojiza. Sus compañeras de baño no fueron sutiles con sus tratos, menos con sus comentarios poco constructivos sobre las formas de su cuerpo y lo mucho que se le complicaría tener hijos.
Ruffnut no había heredado ni un gramo de la belleza de su madre o de las caderas anchas y pechos enormes de las mujeres Thorston. Era una mezcla extraña, que formó una figura muy delgada, brazos y piernas finas, caderas poco pronunciadas y pechos pequeños. Su cabello era lo único hermoso, y Ruffnut solía cuidarlo con mucho esmero por eso.
Su madre había sido la mujer más bella de su generación. Había tenido los ojos grises la niebla y el cabello rojo como el fuego. Había sido muy alta con caderas insinuantes y pechos prominentes. Pero más que su belleza, fueron sus habilidades de pelea y navegación los que la posicionaron en lo alto. Valhallarama le había contado que estuvo a punto de casarse con Stoick, pero que él había preferido a Valka.
"Él me cambió por ella porque creyó que yo intentaría destronarlo. Qué estúpido. Si hubiera querido hacerlo, nada me habría detenido de engatusar al imbécil Spitelout o al descerebrado de Baggybum e iniciar una guerra civil en Berk. Yo habría ganado. Nadie tenía amor por Valka salvo Stoick".
Tuffnut I, su padre, consiguió que la comprometieran con él cuando compartió un mapa sobre un tesoro con la familia de su madre. Valhallarama no estuvo feliz, por lo que tuvieron que usar tretas para que se casara. Aun así el matrimonio no se consumó hasta que Tuffnut I mostró que era digno de ella. El día de su boda, si bien no pudo ganar a Stoick, Valhallarama se encargó de dejarle en claro que se había equivocado al elegir a Valka. Muchos le contaron que su madre había estado tan hermosa que una gran cantidad de hombres intentaron matar a Tuffnut I parar evitar que se casara con ella.
También le contaron que Valhallarama se rió cuando dio a luz a los gemelos. Todo un hito en Berk, ya que nadie en cien años había parido a dos bebés sanos. Ella se había reído porque lo había logrado en su primer intento, cuando Valka tuvo a Hiccup luego de tres abortos.
Ruffnut había pensado que su madre se había amargado por no haber obtenido lo que quería.
Valhallarama se encargó de aclararle que no era así.
"Una mujer puede ser dulce como la miel o amarga como el ajo. Su corazón está lleno de bondad, así como de veneno". Su madre había sonreído, mientras le enseñaba a sostener su primera lanza: "Aprende a amar tus derrotas, cariño, pues son las que te construirán. Son tus derrotas lo que le dará sabor a tus victorias".
—Las clases de canto comenzarán luego del desayuno —informó Mala mientras varias chicas le cepillaban el cabello y otra le limpiaba los dientes a Rufnut—. Me han dicho que fuiste pupila de la tribu Uglithug, y que la prima de tu prometido, la princesa Tantrum, vigiló tu avance en tus lecciones. Es algo con lo que podemos trabajar. He escogido canciones adecuadas para la ceremonia final. Alysanne, las Lágrimas de la Madre y Una Rosa de Oro, servirán como práctica.
—Mejor cantaré la Mujer del Berserker o El Oso y la Doncella —dijo Ruffnut haciendo que Mala frunciera el ceño, pero eso no borró su sonrisa burlona.
—O Seis Escuderas en un Estanque —dijo Adelaida con picardía, salpicando de agua.
—Es un homenaje, no una fiesta de borrachos —declaró Mala, severa. Adelaide se encogió ante su mirada intimidante, escogiendo ocultarse al lado de Ruffnut—. Como decía, las clases empezarán hoy. De acuerdo con las historias de mi pueblo, la Voz Elegida cantaba en nórdico antiguo. Es fundamental que lo aprendas.
—No te azotes, la propia Tantrum me enseñó esa lengua —dijo Ruffnut, lo que era mitad mentira porque Tantrum había desistido cuando no dio inicios de avance.
Mala dejó pasar su vocabulario poco educado.
—Las clases de baile empezarán más tarde. No tenía información al respecto, por lo que tuve que recurrir a un contacto cercano para encontrar maestras adecuadas.
—¿Acaso nadie en tu isla baila?
—Los bailes de los Defensores del Ala son sumamente complicados, requieren una destreza que lamentablemente no posees. Así que tuve que hacer modificaciones. He enviado un mensaje a la Isla Wingmaiden para que nos auxilien.
—¿A las Doncellas Aladas? ¿Atali vendrá a Berk? —preguntó con genuino interés.
Ruffnut nunca fue amiga cercana de Astrid o de Heather. Ellas preferían otras cosas que Ruffnut encontraba tediosas. Nunca le había importado realmente. Tuffnut era toda la compañía que necesitaba. Sin embargo, cuando Wingnut la escogió como la Wingmaiden que debía protegerlo, todo cambió. Atali había sido comprensiva al principio, y con el tiempo, ambas formaron una amistad estrecha y valiosa. No fueron pocas las veces que visitaba la Isla Wingmaiden. Wingnut tampoco seguía siendo el pequeño dragón que se colgaba de su espalda, pero continuaba siendo leal a ella, como Scauldy.
La futura presencia de Atali había dado el empujón que Ruffnut necesitaba para cimentar su resolución. Dagur tuvo razón al hacerle ver sus errores. Tuffnut la hizo reflexionar sobre su posición y cualidades. Era momento de que se comprometiera por primera vez para algo importante en su vida.
Lucharía, por los dragones, por su pueblo, por ella misma. Lucharía para saber la verdad y para poner fin a esta ridícula leyenda.
Mala tomó su interés como una buena señal. Animándose, explicó que las Doncellas Aladas serían importantes en su preparación. Ruffnut no era muy perspicaz, pero sabía cuándo alguien intentaba engañarla. Mala no conocía toda la historia, pero la petición de Gothi la había obligado a representar un papel, del que no había tenido la certeza de conocer bien. Así que todo lo estaba haciendo al tanteo, sacando lo que podía de lo poco que tenía.
"Si las cosas salen mal, ya no será por mi culpa solamente".
Cuando el baño acabó, Ruffnut no dejó que le trenzaran el cabello, ni que le pusieran las molestas campanillas o que la vistieran.
—Basta —pidió a Mala cuando empezó a insistir. El tono incivil de Ruffnut tomó a la Reina por sorpresa—. Puedes estar a cargo de mi preparación, su Gracia, pero las decisiones sobre cómo vestiré y qué haré, son mías. Usé un vestido y acepté la asistencia de tus doncellas como pruebas de que confío en lo que haces, pero soy una vikinga. Un traje de guerra es mejor armadura que cualquier vestido.
No era una doncella delicada (había abandonado ese sueño hace mucho tiempo). Mala volvió a insistir, pero Valka le puso una mano sobre el hombro para detenerla. Claramente para la madre de Hiccup poco importaba que ella fuera una reina.
—Déjela ser, su Gracia —intercedió Valka—. Las mujeres en Berk viven con una espada en la mano, un escudo en la otra. Siempre listas para dar batalla.
—Ella no luchará en ninguna batalla —su tono fue cortés, pero el desdén se dejó ver—. Ella brindará un homenaje a la Gran Madre.
—Y lo haré —interrumpió Ruffnut colocándose la capa de nuevo, cuando se puso el vestido—, sea cantando, sea con una espada, haré frente a todo lo que venga. Procura no olvidarlo.
Ruffnut se acercó a Toothless, que permaneció en silencio disfrutando el espectáculo que ofrecía la repentina resolución de la humana. No era común que permitiera subirse a los gemelos por seguridad propia, había decidido que eran demasiado arriesgados, más que Hiccup, y eso era decir mucho. No que no supieran cómo volar con él, sólo que prefería evitar caídas feas y choques adrede.
Toothless miró al grupo de humanas. Muchas parecían escandalizadas. Otras, como Valka, sonreían con ese toque misterioso. La madre de Hiccup compartió una mirada con él aunque Toothless no estaba seguro de qué estaba pensando. Heather parecía divertida y resignada, como si lo hubiera esperado. Adelaide fue la única emocionada por la actitud de Ruffnut. Acercándose a Hookfang, la hermanita de Snotlout tomó vuelo junto a Ruffnut.
—¡Eso fue bárbaro, cuñada! —dijo posicionándose a su lado con Hookfang (el dragón no podía negarle nada a Adelaide, por eso había permitido que fuera la jinete de una de sus crías). Adelaide tomó por costumbre decirle "cuñada" a Ruffnut porque aún esperaba casarse con Tuffnut—. Pero sí deberías cambiar tu estilo, no porque sea malo sino porque eres la Voz Elegida. Tienes que enseñarle a todo ese montón de brujas que dicen que no lo mereces, que eres más que un abrigo con mal olor.
"No me importa lo que digan", pero si Valhallarama estuviera viva no permitiría que su hija fuera menospreciada por algo tan trivial como la ropa.
Ruffnut pensó en sus habituales atuendos. Su estilo le agradaba, era práctica y acentuaba las pocas curvas con las que se había desarrollado su cuerpo.
—Quizás tengas razón.
—Te ayudaré —prometió Adelaide—. Mi padre me regaló unas pieles de armiño que se te verán bien. Eran para cuando me casara, pero ya encontraré otra cosa. Y mi mamá me prestará sus telas más finas, si se las pido… ¡Cierto, eres una Doncella Alada! Podríamos inspirarnos en sus trajes de vuelo para hacer algo nuevo. ¡Me encanta el estilo de esas mujeres! Aunque tendré que pedirle ayuda a Gobber con las partes de la armadura, si es que se las pongo…
Dejó que la niña divagara. Ruffnut se enfocó en otra clase de pensamiento. Si Mala supo parte de las historias, ¿sería lo mismo con Atali? Si era así, quizás sabría sobre algo que Ruffnut no había dejado de pensar desde su encuentro con Dagur.
"La Leyenda de los Gemelos Separados", pensó avistando la aldea y escuchando el grito de Snotlout, pidiéndole a su hermana que se bajara de su dragón ya.
¡Hasta aquí! Espero haya estado decente considerando que metí a varios personajes nuevos.
La riña entre Heather y Mala sale del canon del final de la serie, donde Mala se casa con Dagur. Esta ship no me llama demasiado la atención, pero tampoco me desagrada. Me hizo tremendamente feliz que Dagur se convirtiera en rey, pero me gusta más el drama por lo que aquí todo será eso. Mala no es una persona insensible, pero me apegué más a su comportamiento de los primeros capítulos para escribir la reacción que tendría hacia Hiccup y los demás.
"Su Gracia", es más bien cómo llaman a los reyes y reinas en Una Canción de Hielo y Fuego de George Martin, pero como es imposible para mí no hacer una referencia a su saga, pues así se quedó. Prometo ya no hacerlo (y seguramente romperé esta promesa porque amo los libros).
Respecto a las críticas que Mala dijo a Valka… pues tiene razón. Sé que tocó un tema delicado con respecto a la maternidad, pero no me van a decir que Valka siempre creyó que su hijo no estaba muerto. Varias de sus frases apuntan a que no esperaba que Hiccup sobreviviera, y que el único que tuvo fe en que sí, fue Stoick *se esconde porque sabe cómo se ponen las personas cuando les tocas un totém*
No culpen a Mala por pensar que sería Astrid. Si una historia así se hubiera dado en la serie, sabríamos que ella sería la elegida :'v
La frase de Ruffnut "La Fuerza se vuelve debilidad una vez doblegada", pertenece a una serie que ve el novio de una amiga, y de la que olvidé el nombre. Lo siento, soy muy mala recordando títulos de series que no me interesan, pero la frase me gustó tanto que eso sí no lo olvidé. Como sea, aclaro que no me pertenece. Tampoco me pertenece la frase de Valhallarama, sobre las derrotas y victorias, es de Joël Dicker.
Ruffnut no estaba actuando como ella ya que las palabras de Dagur sí le calaron. Por eso la mantuve en bajo perfil hasta el final, cuando encuentra la determinación de salir adelante. La razón por la que Ruffnut se vistió así fue para mostrar su poder; usar uno de los vestidos que su madre le heredó, siendo Valhallarama tan conocida le dio confianza, y la capa con el símbolo de Thuggory mostraron que, incluso de no ser elegida, seguía siendo una guerrera comprometida con un jefe tribal (aunque todavía no por méritos propios, pero eso se verá más adelante).
Mala no conoce toda la historia, pero "miente" para mostrar control.
El seidr no es… magia mala u oscura, pero para propósitos de este fic se manejara así. Si quieren saber más, les invito a buscarlo ya sea en libros o en internet. El conocimiento es poder, chavos.
Tuffnut se encabronó con Hiccup, pero no lo tomen a mal. Obvio que no le va a pegar a Hiccup, y obvio que hubo atenuantes que impidieron que se lo dijera antes.
Las campanillas en las trenzas las saqué de los Dothrakis. Cuando un dothraki gana una batalla, añade una campanilla a su trenza. Si pierde, para mostrar su vergüenza debe cortarse el cabello. Como dato interesante, pero irrelevante para la historia, Khal Drogo fue el único dorhtaki que murió teniendo una trenza que le llegaba hasta los tobillos y un montón de campanillas.
Realmente nunca se menciona quién es la madre de Thuggory. Dado que las alianzas son importantes, creí que los Uglithug habrían querido tener relaciones con cada tribu. La madre de Thuggory era una princesa, lo que haría de Thuggory un príncipe en todo menos en el nombre.
La tradición de no ver desnuda a la prometida del jefe Meathead fue solamente una mentira de Snotlout. En los comics, hay una escena donde Ruffnut y el resto de los jinetes se bañan y ella usa una especie de traje de baño, por lo que no hay demasiado problema con eso. Pero lo escribí porque no sólo Ruffnut se bañaría, sino Vidgis, Adelaide y muchas mujeres que no querría ver desnudas.
Por cierto, Adelaide es un personaje canon de los libros. Aquí la modifiqué a mi manera, como Valhallarama, quien no tiene los ojos grises (pero su afán por navegar sí es canon).
La tradición del cabello suelto de las Hairy Hooligans se me ocurrió cuando pensé en porqué nunca se les veía con el cabello suelto en las series (sí, ya sé que porque animar cabello suelto puede ser complicado o porque no se pudo). Al estar peleando con dragones, lo mejor era mantener sujetado el cabello, por lo que rara vez lo traían suelto. Obviamente había días en que podían hacerlo, y cuando una mujer dejaba que su pareja o esposo la viera así, significaba una demostración de confianza, ya que el cabello suelto vendría siendo "vulnerabilidad, ligereza". Mmm, realmente no quiero que lo tomen como: "Uh, hace ver a las mujeres débiles", porque no va por ahí. Es como cuando tu novio o novia te ve con tu pijama de Winnie Pooh, y sabes que no se aprovechará de eso.
Hay más información sobre Fenrir, y sus hijos, Sköll y Hati, en la wiki, o en cualquier libro sobre mitología nórdico que una biblioteca puede proveer.
Las canciones que se mencionan como Alysanne, las Doncellas que florecieron en primavera, La mujer del Dorniense (puse Berserker porque no hay dornienses aquí xD), el Oso y la Doncella, y Seis Escuderas en un estanque (en realidad, fueron doncellas) son mencionadas en los libros de Canción de Hielo y Fuego.
Head-canon: Stali y Ruffnut son mejores amigas luego de los sucesos de "Ruff Transition"
Adelaide quiere casarse con Tuffnut. Le gusta lo mayores.
Voy a hacer un montón de dibujos de Ruffnut con otros atuendos. No que no me gustarán los que ha tenido, sólo que pienso que los demás jinetes son desplazados por Hiccup y Astrid en cuanto a diseño, pero bueno, supongo que es porque son los protagonistas.
Respuestas a sus review:
Ali Nav: Espero no haber tardado tanto en actualizar… Ja, sí si me tardé xD. Gracias por apoyar esta historia. Me he propuesto finalizarla porque es de las pocas que, como has señalado, ha sido escrita para darle protagonismo a otros personajes. Muchas gracias por tus palabras. Saludos.
Zeilyinn: Siempre es un placer leer un review tuyo, mi señora. Desde que leí en Munr que Valhallamara sería la madre de Ruffnut, lo volví mi head-canon. Excepto que aquí no hay tanto misterio en eso como en "La Prisión Cósmica". Yo creo que Eret y Ruff serían buenos amigos, pero pasarían por un montón de tropiezos. Me habría gustado ver más escenas de ellos en la tercera, pero es que Eret salió tan poquito que me sentí decepcionada. Siempre he tenido la misma impresión que tú con el hiccstrid y nada hará cambiar mi opinión.
Stoick no pensó en Ruffnut por ser cómo era –a pesar de ser de mejor familia-, y él es más de creer en el amor, supongo. Todos deben amar más a Stoick que a Valka, bueno no, que cada quien adore al personaje que más le guste.
Un Hiccup celoso es una idea tentadora, pero es que ni con Astrid es así (sólo con Toothless xD). Pero puede que llegue a hacerlo, si no lo siento forzado.
Gracias por seguir mis historias. Todos los fanfickers merecen una lectora como tú.
Oveja Salvaje: Gracias por tus felicitaciones. Me gusta descubrir que hay más personas que les gusta el ruffcup y encuentran entretenido mi fanfic. Astrid tampoco me gusta demasiado, salvo en Race of the edge, donde los guionistas hacen un buen desarrollo de su personaje.
Qué bueno que te guste mi trama, y que te parezca misteriosa y con potencial. ¿Astrid celosa? Mmm, quizás podría hacerse, pero no de una manera simple. Bien podría intentarlo, digo, Astrid no se pone celosa porque no tiene competencia en las películas y series por ser la protagonista, y porque Ruffnut fue creada precisamente para ser todo lo contrario a ella. Lo pensaré.
¿Te gusta ver a Astrid sufrir? A mí también. En la saga que escribo "El Sello Roto", la hago sufrir bien sabroso, pero también le doy desarrollo porque es imposible para mí no hacerlo.
Hiccup es el personaje al que quiero golpear/amar. Siempre sale con sus mamadas, y en ninguna maldita película madura. Joder, cuando enfrentó a Grimmel parecía que no aprendió nada de la muerte de Stoick y… bueno, me calmo. Después de todo, nunca fue el fuerte de Hiccup ser un líder responsable. Espero este capítulo te agrade. Saludos.
