Disclaimer: How to train your dragon no me pertenece, es propiedad intelectual de Cressida Cowell y DreamWorks.

Advertencias: OoC leve. OC. Crack pairing. Lenguaje fuerte. Muertes de personajes canon. Posible porno dragonezco.

Pareja: Ruffnut Thorston/Hiccup Horrendous Haddock III.

Referencia (sin seguir formato APA porque soy rebelde): La Saga Synchronicity es una trilogía hecha por Hitoshizuku-P, e ilustrada por Suzunosuke, la historia fue escrita por Kumagai.

¡Hola de nuevo! Creo que no me tardé demasiado en actualizar. Espero les agrade el capítulo (y si no es así, nada puedo hacer xD).


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Capítulo Cinco

Punto de Concordancia

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"La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo".

—Victor Hugo.

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Casi una hora después de que Hiccup y Snotlout volvieran caminando a la aldea, Ruffnut y Adelaide aterrizaron frente a la choza de los Thorston. Tuffnut se había encargado que los defensores del ala mudaran el cofre que Ruffnut preparó la noche anterior, con las cosas justas para su estancia en la casa Haddock. Él la saludó con un asentimiento cuando ella bajó de Toothless para luego entrar. Adelaide soltó una risita boba cuando pasó al lado de Tuffnut, cuando siguió a Ruffnut rumbó a la casa de los gemelos.

Tras unos minutos Ruffnut salió. Había cambiado su vestido por su atuendo normal de pieles y sus guantes con lazos; la capa fue sustituida por un cinturón con el Silver Phantom grabado en un medallón. "Seguramente otro regalo de Thuggory", pensó Hiccup de inmediato. Las tres largas trenzas estaban diferentes, aunque por lo que Adelaide parloteaba había sido porque no se habían hecho con cuidado después del baño.

Ruffnut se dirigió al Gran Salón, sin brindarles una mirada siquiera. Adelaide seguía hablando de telas, medidas y materiales para hacer un nuevo traje, y saltaba cuando se le ocurría una nueva idea para peinar el largo cabello de su "cuñada". Ambas se sentaron al inicio de las escalares, para esperar el regreso de Mala y empezar las —muy seguramente— tediosas lecciones de canto. Toothless regresó con Hiccup mientras Hookfang permitió que Adelaide adornara sus cuernos con flores, simulando los futuros peinados que haría.

—Si la miraras menos y le hablaras más, evitarías que te corte el cuello esta noche, Hiccup —comentó Snotlout.

—¿Cómo no lo pensé antes? Yo que iba a hacerlo a la manera berkiana, golpear primero y preguntar después —dijo con sarcasmo. Evitó masajear el puente de su nariz para no mostrar lo turbado que se sentía por lo que pasaría una vez que ella se instalara en su casa (una idea sumamente estúpida, a la que se habría opuesto si no hubiera estado tan cansado en ese momento). Prefirió recargar su mano en la nuca de Toothless y acariciarlo para distraerse—. No es como si ella vaya a escucharme. No es de las que oyen razones.

—Parece que se te atrofió el cerebro por el cansancio, Haddock, me tomaré la molestia de explicarte porque estás equivocado al pensar así. Soy de los muchos que creen que los gemelos son lunáticos imbéciles con un interés insano por la estupidez y las decisiones suicidas, pero no son irracionales. Hay que saber cómo hablarles. Los ejemplos, las metáforas o las palabras suaves no sirven con ellos, hay que ser franco para que lleguen a escucharte.

—Heather tiene razón, ¿desde cuándo tus consejos rezuman tanta sensatez?

—Ah, no me acuses de insensatez. Yo no fui quien espero cambiar a su padre mostrándole que un dragón no era peligro, precisamente el día en que debía matar uno. Siempre he sido el más sensato. No sé por qué todos se empeñan en decir lo contrario, cuando es a ti a quien deberían decírselo.

—No soy tan irresponsable.

Las expresiones que hicieron Snotlout y Toothless fueron tan juzgonas, que no le quedó más que aceptar que, quizás, tenían razón.

—¿Quizás? ¡La tenemos, pedazo de animal! —exclamó Snotlout dándole un golpe en el hombro (ya que no alcanzó su nuca por la diferencia de alturas)—. Siempre buscas problemas y no acudes a tu sentido común para evitarlos, y lo que es peor siempre los encuentras.

—Algo parecido me dijo Ruffnut.

—Ésa es mi chica, mostrando el camino. Pero esto es en serio, abadejo, no puedo pedirte que dejes de ser un insensato. Ya es parte de lo que eres, y todos hemos aprendido a lidiar con eso.

—Haces ver que es todo un dolor de cabeza relacionarse conmigo.

—Porque lo es —enfatizó—. Como sea, nos hemos desviado del tema. ¿Quieres llevarte bien con Ruff? No la trates como si fuera Astrid.

—Nunca haría algo así.

—Bien, creo que no di a entender mi punto. No es que la hayas tratado así, sino que esperas las mismas reacciones que Astrid habría tenido de ser elegida. No me convertiré en el señor Obviedad señalando lo diferentes que son, pero es así. Mantén tu mente abierta y sé honesto con Ruff, créeme, funcionará.

—¿Te ha funcionado a ti? —preguntó sabiendo lo cercano que era con los gemelos.

Snotlout asintió.

—Hablé con Tuff antes del ritual del baño. Le conté todo, por eso no te golpeó esta mañana cuando te vio, así que me debes una, eh. No estuvo bien ocultar la verdad a ellos… debimos decírselo a todos.

—Yo… no puedo deshacer las consecuencias de mis decisiones. Apoyé la idea de ocultarlo aunque sabía que estaba mal porque… un jefe debe ser capaz tomar decisiones difíciles en los momentos más complicados. Mi padre me lo enseñó. Pero sé que no fue lo correcto, así que intentaré remediarlo. Hablaré con todos, cuando estamos juntos otra vez. Sea lo que sea que tengamos que enfrentar, lo haremos juntos.

—Tan cursi como siempre —resopló Snotlout, pero su sonrisa mostró que estaba de acuerdo—. Haces que parezca fácil lo que posiblemente podría matarnos, pero en fin. A veces es incómodo, doloroso y hasta triste enfrentar las cosas, pero es lo que hay que hacer.

Hiccup asintió, compartiendo con su primo uno de los recientes momentos en que sus diferencias se desvanecían y sus objetivos se coordinaban. Sabía que lo apoyaría sin importar qué, porque Snotlout había comprendido que debían que trabajar juntos en los momentos difíciles.

Por ahora era imprescindible descubrir la causa que provocó la muerte de las voces elegidas del pasado. Si eran capaces de dilucidarlos, quizás… Compartió una mirada con su primo y Toothless cuando halló su determinación. Snotlout bufó y su dragón, como era usual entre ellos, le dio un asentimiento para mostrar su aprobación.

—Mira quien regresó y no se ve nada contenta —Snotlout señaló hacia el puente que conectaba a la aldea con el bosque.

Hiccup, que supo de inmediato de quien se trataba, no quería quedarse a enfrentar el malhumor de Mala por las rebeldes acciones de Ruffnut. Había cumplido con el protocolo al asistir al ritual, por lo que su presencia ya no sería necesaria, así que huyó montándose en Toothless, aprovechando que su madre se acercaba por los cielos con Cloudjumper —había ido a recogerla, al parecer— para ir con ella. Necesitaba hablar a solas. Snotlout también se escurrió, optando por gritarle a Adelaide que dejara de mimar a Hookfang. Entre refunfuños, su dragón lo llevó a la armería de la academia, aún había trabajo por hacer.

Ruffnut no se movió de donde estaba. El desplante sería severamente castigado en un civil, pero sacó ventaja de su posición como la Voz Elegida. No era tan estúpida para esperar que Mala soportara su actitud siempre, pero por ahora era delicioso saberse intocable por ella.

"Mi deber me alejará de lo que soy y de lo que quiero hacer", pensó con amargura. No obstante, empujó su queja infantil al fondo de su mente. Ya no era una niña para patalear o hacer berrinche. "Soy una mujer adulta. Ya es hora de que sea responsable de lo que hago con mi vida".

Su padre estaría orgulloso de ella, aunque Tuffnut I no era precisamente el padre más comprometido de todos.

Se dio cuenta que era observada (no por Hiccup y Snotlout, que habían preferido escapar a enfrentarse a la Reina) por algunos aldeanos, mientras se dispersaban conforme Mala se acercaba. Era un tanto raro para ella recibir miradas distintas a las usuales de indiferencia y molestia. No eran del todo halagadoras, y no fue difícil descubrir que la mayoría eran de desconformidad.

"Ése de ahí es el padre de Astrid", señaló a un vikingo con el cabello y el bigote casi blancos, alto y fornido, con un nada fingido orgullo por su única hija. "Como no estar orgulloso si dicha hija sacó a todo el clan del foso de estiércol de yak al que Fynn Hofferson los lanzó".

Valhallarama le había contado a Ruffnut que el señor Hofferson había intentado casar a Astrid con Tuffnut, en un intento por recuperar su estatus. Uno frustrado porque su madre no iba a permitir que su hijo tuviera nada que ver con los Hofferson. Quién habría predicho que las cosas cambiarían tanto en unos años y la dignísima Astrid pudiese comprometerse con el hijo de Stoick el Vasto.

¿Qué habría pensado Hiccup si hubiera sabido que Astrid sólo creía que era un sucio gusano tramposo en el entrenamiento dragón? ¿Qué sentiría al enterarse que Astrid había llegado a odiarlo, al punto en que era difícil estar con él sin sentir la necesidad de incrustarle el hacha entre las piernas?

"Por supuesto que no le importaría". Hiccup no era diferente a esos hombres que hacían todo de lado por una cara bonita, sobre todo si era la cara de la chica que les gusta. "El amor hace más idiotas a las personas".

El señor Hofferson la miraba con desprecio, como si el hecho de que su preciosa hijita no fuese la Voz Elegida fuera toda una tragedia. Ruffnut bufó con desdén, ocasionando que Adelaide, que había estado explicándole las propiedades de distintas telas, se detuviera y la mirara con confusión.

"Con gusto le daría esto a Astrid", sería más fácil. Ella no tendría que hacer cosas que nunca habría hecho por sí misma y nadie luciría como si les hubiera caído una sentencia de muerte (porque las felicitaciones y buenas maneras en Isla Dragón fueron falsas, siempre lo supo). Le puso una mano a Adelaide en el hombro para hacerle saber que no estaba enojada con ella. "Seguramente el imbécil se sentiría muy orgulloso, cuando su querida hijita se muera como todas las voces elegidas".

—Es tiempo de tu primera clase —informó Mala, muy molesta por la actitud de Ruffnut, pero dispuesta a enfrentar todo lo que vendría—. El Jefe Haddock prometió que el Gran Salón estaría desocupado, así no habrá nadie que interrumpa o te distraiga. Es cuestión de que estés concentrada.

—Mi cuñada lo hará genial, su Alteza —dijo Adelaide con una sonrisa deslumbrante—. Creo que quedará impresionada.

Era bonito que alguien esperara más de ti, que sólo las metidas de pata habituales. Ruffnut nunca había tenido a un admirador antes, alguien que creyera que era genial por ser quien era.

Era… nuevo y fascinante.

—Las opiniones que no implican acciones, no aportan nada —dijo Mala apenas mirando a la niña. Añadió dirigiéndose expresamente a Ruffnut—. Las lecciones de la Tribu Uglithug son una base, pero hay que pasar al siguiente nivel.

La sonrisa de Adelaide vaciló, conmocionada por el trato de la Reina. No supo a donde moverse, si debía quedarse o no.

—Adelaide Jorgenson es mi doncella, su Alteza, ella tiene que acompañarme —pronunció Ruffnut levantándose. Con grata sorpresa, notó que su altura rebasó a la de la Reina por unos centímetros, dándole un poco de confianza. Mikli había dicho, aunque no quisiera pensar en él, que las voces elegidas tenían el mismo estado de un jefe tribal. Si era así, Mala no tenía la autoridad para sobreponer su voluntad a la suya.

—Habías dicho que no necesitabas doncellas.

—Y así es —replicó con un tono controlado, pero con presencia—. Adelaide es la única que necesito. Por eso rechacé su oferta, yo ya había elegido quien estaría a mi lado en todo el procedimiento.

Los ojos azules de Adelaide brillaron con regocijo. Ruffnut sabía que no saltaba y se ponía a gritar para evitar que Mala insistiera en que debía irse. No solía ser cariñosa con nadie, pero se permitió acariciar la cabecilla de la niña. Mala tenía cara de que iba a decirle algo, pero Ruffnut le quitó la oportunidad.

"Si dejo que los demás sigan decidiendo por mí, ¿qué me queda? No soy lo que esperaban, pero es lo que tendrán, es lo que yo tengo y no se puede cambiar".

Ruffnut sabía que no sería la última vez que sus opiniones diferirían con las de Mala, en algún momento tendría que pelear y estaría lista para que eso sucediera.

Fue encontrar vació al Gran Salón. Usualmente, cuando no se celebraban reuniones, fiestas o festividades, podías encontrar a algunos vikingos tomando el desayuno acompañado de sus dragones. La ausencia de un público no hizo más sencillo el inicio de las clases. Los defensores del ala que acompañaban a Mala y Adelaide, que se sentó a su lado, eran suficientes para ponerla un poco nerviosa.

Cantar para todos no era algo que hiciera diariamente. De hecho, no lo había hecho nunca, sin contar esa ocasión en la que su alma brotó de su pecho y dejó que todos lo escucharan.

—Tú puedes, cuñada —susurró Adelaide cuando Ruffnut se movió hacia el centro del salón. Se había cerrado la gran puerta, por lo que las antorchas continuaban encendidas. Si Ruffnut fuera la chica taimada de antes, no habría escatimado en tratar a la hermana de Snotlout como una sirvienta. Lo había hecho con Fishlegs cuando se "casaron" y con Throk cuando él la cortejaba.

Ruffnut era el nombre correcto para ella. La brutalidad era parte de su ser, desde que había dejado esa época de su niñez donde había suspirado y anhelado ser una dulce doncella, como las princesas Uglithug.

—Tu voz física y tu voz espiritual deben fundirse en una para cantar a la Madre —dijo Mala recitando un resumen de un libro. Ruffnut había convivido lo suficiente con Hiccup y Fishlegs para saber cuándo una persona sólo repetía lo que leía—. Por ahora, te enseñaremos cada canción tratando de sincronizar tu cuerpo con la voz de tu espíritu.

—¿Y cómo haré eso?

—Hazlo desde el fondo de tu alma. Canta como si fuera la única cosa para la que vives.

"Destinada a cantar para siempre", recordó de su sueño. Más que una labor honorable, parecía una pesada carga.

La pésima dirección de Mala en las clases fue clara para Ruffnut. Desde sus explicaciones hasta sus consejos, todos eran distintos cada vez que fallabn a su propósito. Mala no esperó a que hiciera ejercicios de vocalización o que aprendiera la letra de las canciones.

Una hora después de que iniciaran, la garganta de Ruffnut se irritó por la insistencia de la Reina exigiéndole que cantara a todo volumen, pues se suponía que todos debían escucharla.

"Lloraría si fuera la niñita de antes", pensó. Pero eso había sido hace tantos años cuando fue una niñita estúpida, una que creyó que la guerra contra los dragones permitiría que un sueño de brillos y flores se cumpliera. Ruffnut no siempre había sido la desaseada y demente vikinga, cuando tenía cuatro años había tenido la cabeza llena de esperanzas y cosas bonitas. Toda una damita aunque pareciera increíble.

Tuffnut I había estado decepcionada de que no quisiera afilar las hachas con él mientras le contaba historias de sus viajes y peleas contra dragones, pero Valhallarama había intervenido, sabiendo muy bien que sería el mismo tiempo y las circunstancias las que le harían ver lo inútil de su sueño.

"No hay espacio para cosas bonitas cuando un dragón quema tu casa o te arranca una parte de tu cuerpo. Es a la manera vikinga o no se sobrevive".

Y había cambiado los vestidos bonitos y las buenas maneras, por una lanza y ropa de guerra. El primero en probar a la nueva Ruffnut fue su gemelo, cuando le dio un puñetazo por haberle robado su postre. Recordaba bien ese momento, la nariz enrojecida de Tuff, la expresión sorprendida de su padre y la sonrisa orgullosa de Valhallarama, que no desapareció ni cuando tuvo que vendarle la mano porque se había lastimado los dedos.

Entonces empezaron las comparaciones, especialmente con Tuffnut y con Astrid (ella y Ruff fueron las únicas niñas sobrevivientes de su generación; hubo otras… que nacieron muertas o murieron en las redadas). Astrid no había sido tan buena, empezó como cualquier otra, pero había mejorado cuando su tío arruinó la reputación de su familia. Ruffnut nunca tuvo esa presión encima, y si alguna vez las comparaciones eran demasiado, se encargaba de responder con violencia para dejar en claro que nadie debía hacerla de menos (aunque al final le creara otro tipo de reputación, la de pocas ideas e ingenio corto).

"Lo único que tendrás allá afuera", le explicó su madre la primera vez que la entrenó para que pudiera defenderse, "será tu mente y tu lanza. No desprecies ninguna. No entrenes una más que otra. La lanza tiene que ser una extensión más de tu cuerpo, tu mente controla tu cuerpo, así que tienes que aprender a dominarlos a los dos".

Pero Ruffnut había fallado. La lanza nunca se volvió parte de ella porque tenía la mente metida en otras cosas. Valhallarama viajaba demasiado para ser constante con los entrenamientos, regañándola por su poco avance y prometiéndole que le enseñaría en cuanto tuviera tiempo.

"Pero los muertos no tienen tiempo para nada". Sus padres habían muertos, y con ello, la oportunidad de un momento más con Valhallarama. Nadie había podido derrotar la lanza de su madre en vida, pero fue el ácido de los Changewing lo que acabó por matarla.

No estaba segura qué habría pensado Tuffnut I de que ella fuera la Voz Elegida, pero Valhallarama definitivamente habría estado orgullosa y se habría afanado en que su única hija había sido electa por las sáls antiguas. No habría permitido que nadie ignorara su opinión, ni que la menospreciaran.

"No vale la pena enfocarse en lo que hubiera sido", eso no le ayudaría en nada.

Ruffnut decidió abrazar el presente, ése que era complicado y difícil de comprender, porque era lo único que podía hacer.


Hiccup había interceptado a Valka en pleno vuelo hacia Berk. Bastó una mirada de él hacia Raven Point para intuir que necesitaba hablar con ella. Desde que había regresado a la aldea, Hiccup había resuelto hablar con ella sobre cualquier tema. Si era para recuperar el tiempo perdido o para asegurarse que no volvería a irse, no le interesaba. Valka se aseguraría de mostrarle poco a poco a Hiccup, que estaba dispuesta a dejar de lado su deber anterior para quedarse con él en Berk (aunque no todos fueran felices de que la furtiva esposa de Stoick regresa y él no).

Valka redescubría una parte nueva de la personalidad de su hijo con cada conversación. Sus motivaciones, sus aventuras, sus miedos, sus pasiones, incluso sus gestos demostraron lo que las duras experiencias que tuvo que vivir hicieron con su hijo. Por eso, guardar silencio y escuchar era la mejor forma de conocer a Hiccup.

Habían ido a la caverna, donde Hiccup y Toothless forjaron su precioso vínculo, intrigándola. Su hijo solía ser protector de este lugar, negando el acceso a los extraños, recurriendo a él cuando necesitaba pensar a solas. Por eso Valka dejó que fuera Hiccup quien iniciara la conversación, tomando nota de cada inflexión en su voz, cada gesto, cada repetición de palabras, para ir descartando los problemas que no tenían tanta importancia (los que Hiccup podía resolver fácilmente) de los que no podía hallar una sencilla solución, los que necesitaban del consejo de Valka.

Pronto supo que la preocupación principal de su hijo era darle sentido a toda la leyenda de la Voz Elegida y descubrir por qué su sangre lo conectaba a ese pasado lleno de lagunas. Valka admitió compartir la misma curiosidad por el tema, sólo que su experiencia le había hecho aguardar para no saltar a precipitadas conclusiones.

Porque había deducido las verdaderas intenciones de su hijo desde que Hiccup negó toda acción violenta contra la Madre de los Dragones. Era imposible para él, quizás debido a la influencia de la sangre de Valka en él, que abandonara a un dragón aun si no lo conocía en persona ni lo que haría una vez Moa Ildri fuera liberada. Hiccup quería crear la oportunidad para acercarse a ella, usando la Voz Elegida para conseguirlo. Su buena voluntad lo cegaba a menudo. Ahora entendía que eso era la mayor virtud, pero el peor defecto de Hiccup.

Creer que todos se rendirían ante la luz que les mostraba.

"Aún le falta madurar. Debe saber que no todos accederán a sus deseos", porque bastó analizar la mortificación que Hiccup sintió cuando Ruffnut fue escogida. "Ella no es como Astrid, quien cree que mi hijo es imparable, que no hay límite que no pueda cruzar. Lo ama y por eso lo apoya en todo lo que haga, esté de acuerdo o no. Ruffnut puede seguir a Hiccup por ser quien es, pero de ella no obtendrá la misma sumisión que Astrid":

Cuando tuvo la oportunidad de conocer a los amigos jinetes de su hijo, se sorprendió cómo esos pequeños bebés se convirtieron en jóvenes adultos tan distintos a sus progenitores. Fishlegs no se parecía nada a su menuda madre, toda una guerra consagrada cuando su hijo era más un erudito. Snotlout podría parecerse a Spitelout a simple vista, pero la diferencia era tremenda cuando notabas la sensatez de Snotlout. Astrid tenía la tenacidad de su padre y toda la belleza de su madre cuando era joven. Valka entendió por qué Hiccup se enamoró de ella, aun si no fuera el mejor partido para un heredero como él. Al último estaban los gemelos, hijos de Tuffnut I y Valhallarama. Ellos eran simples, un par de locos con amor por el caos y la aventura, pero distintos el uno del otro, como el sol y la luna. Tuffnut era un digno heredero de su clan, mientras que Ruffnut decepcionó como la hija de Valhallarama (aunque estaba segura que, de estar viva, a la mujer no le habría importado).

Ruffnut era una chica simple. Nada de la gracia, fuerza o talento de su madre había sido heredado en ella. Si hubiera sido así, Astrid Hofferson habría obtenido una rival digna. Sin embargo, Valka sí había encontrado algunos de los rasgos de Valhallarama en su hija conforme más la observaba. La impertinencia, la astucia y la ambición, aderezada con la loca sangre Thorston, hacían de Ruffnut una mezcla interesante. No se sabía qué esperar de ella.

Era esa rebeldía lo que Hiccup temía enfrentar sin acabar con reumas por los corajes. Astrid había sido moldeada por Hiccup para llenar sus necesidades —si es que se fiaba de lo que él y ella le contaron sobre su acercamiento—, había sido necesario pues el férreo sentido del deber de Astrid no concordaría nunca con la flexibilidad de Hiccup. Astrid tuvo que aprender a ceder, a aceptar que si a Hiccup se le metía una idea en la cabeza, no le saldría así lo amenazara con su hacha y sus miradas asesinas.

Ruffnut acataba órdenes si eso aumentaba su goce. Ruffnut era como Hiccup, tan centrada en ella misma que olvidaba que las opiniones de los demás también importaban. Nada bueno podría surgir de personalidades tan similares…

—Te aconsejo hagas caso a las palabras del joven Jorgenson —dijo Valka cuando Hiccup terminó de desahogarse—. Por cómo todo Berk ha tomado su nombramiento, Ruffnut sabe que no debe esperar aplausos de nadie. Todos esperaban que fuera Astrid la elegida, incluso tú.

Hiccup no pudo negarlo. Había estado tan asustado de perder a Astrid, que simplemente no pensó que otra mujer podía ser escogida. Valka sonrió con suavidad, cortando un diente de león cercano y soplándole. Las pequeñas semillas se esparcieron ante los ojos confundidos y desesperados de Hiccup.

—Mira qué interesante es esto, Hiccup —dijo Valka—. Estas semillas crecerán para ser dientes de león. Podrás querer otra flor, como una rosa de invierno o un tulipán, pero sólo será un diente de león.

—Todo sería más fácil si ella fuera una flor —se quejó arrancando el resto de dientes de león, aventándolos al frente provocando que Toothless estornudara cuando unas semillas le cubrieron la nariz.

Valka roló los ojos ante el berrinche de su hijo.

—Veinte años en Berk no te han servido para entender que las mujeres podemos ser todo, menos frágiles flores —lo tomó del hombro para que la mirara—. Temes que ella arruine las cosas. Pero no eres el único que lo pensó, pese a las felicitaciones que recibió, los presentes en su mayoría estaban consternados por la elección. Ella tampoco lo esperaba y puedo asegurarte que compartió los mismos pensamientos que los demás. No necesitó que nadie se lo dijera para saber que no esperaban que hiciera la gran cosa.

"Todo esto es un tremendo error", eso había dicho Ruffnut mientras regresaban. ¿Habría estado triste al decirlo? ¿Molesta? ¿Lo habría dicho para que Hiccup lo confirmara?

—No puedes esperar que ella sea como Astrid o se convierta en algo parecido a ella. Ella no está para cumplir las expectativas de nadie, menos las tuyas. Tienes que tratar de entender cuál es su posición ahora. Nadie nunca esperó nada de ella, y ahora quieren que haga lo imposible para que no tengan que preocuparse, dejándole todo en sus manos. Es injusto.

No era una situación totalmente desconocida para Hiccup. Había tenido una similar hace cinco años, cuando todos en Berk apenas lo soportaban, cuando creyó que sería incapaz de llenar las expectativas que su padre tenía de él por ser el heredero de los Hairy Hooligans.

"No es el mejor punto de concordancia, pero…", pero ahora tenía algo con lo que podía entenderla mejor.

—Piénsalo un rato, Hicc —dijo Valka brindándola una última sonrisa de apoyo, antes de dirigirse hacia Cloudjumper para montarlo—. Oh, por cierto, sobre algunas de tus dudas… la idea de trajes especiales antifuego, no creo que sea descabellada. Iré a los nidos debajo de la aldea para reunir los materiales que podrían servir.

—Gracias, má —dijo, todavía aturdido por lo que acababan de discutir.

—Ah, sí, y no creo que puedas hacer nada respecto al compromiso con los Meathead.

Hiccup la miró con duda. ¿Había dicho algo sobre eso? Seguramente sí, o su madre no lo había mencionado, pero había estado demasiado sobrexcedido para darse cuenta.

—¿Por qué no? Si llego a ser el próximo jefe, podría deshacerlo y hacer otra oferta. Thuggory lo entendería.

—No todo es tan fácil como crees —suspiró Valka—. Es un acuerdo entre dos tribus. Si lo rompes, estarás insultando al pueblo Meathead, haciéndoles ver que su heredero no es digno de desposar a una berkiana o que planeas realizar otra alianza con el compromiso.

—¡Nunca le haría eso a Ruff!

—Por eso mismo no estás preparado para ser jefe —dijo con amabilidad—. No puedes esperar que todos sigan tus ideales, hijo, cada tribu tiene sus propias costumbres, tradiciones e ideas. Un compromiso entre tribus ayuda a soportar esas diferencias. Un jefe debe hacerlo si eso asegura el bienestar de su pueblo.

—No creo ser capaz de obligar a alguien a casarse sin amor.

—Una idea dulce, pero poco práctica. No creas que te estoy diciendo esto porque me queje, pero tu padre puso su amor por mí por sobre la aldea. Lo ideal era que se hubiera casado con Valhallarama, ya que ella era una opción más benéfica para Berk.

—¿La madre de Ruffnut? Nunca supe sobre eso.

—Te contaré la historia un día de estos, pero tienes que entender que debes hacer lo mejor para la tribu, sea de humanos, sea de dragones —enfatizó—. Gobber me contó sobre el compromiso algunas semanas después de mi regreso. Thuggory no reaccionó a cuando Ruffnut fue escogida, a pesar de ser consciente de lo que pasaría con ella. Las cláusulas de su compromiso son peculiares, sin duda idea de tu padre. El compromiso no se anunciaría hasta después de tu nombramiento oficial como jefe y se casarían luego de una semana, por solicitud del joven jefe Meathead.

"¿Una semana?", con razón su padre había estado tan emocionado con nombrarlo jefe, dejaba a Berk en manos de Hiccup y aseguraba una alianza que enriquecería su posición. Ruffnut había dicho la verdad, cuando la escuchó hablar con Eret. "Pero esos planes tendrían que haber cambiado con lo que pasó con Drago… Thuggory no ha dicho nada sobre esto, ¿por qué?".

Cloudjumper despegó, impidiendo que Hiccup pudiera obtener más información al respecto. Toothless se acercó a él y Hiccup le pasó una mano por sobre la cabeza, pensando en que la ausencia de respuesta de Thuggory podría deberse a que quería romper el compromiso.

"Si es así, Ruff se pondrá de mejor humor cuando sepa que será libre de estar con quien ella desee".


La primera clase de cantó se tornó en un infierno, y en un rotundo fracaso para Ruffnut. No era difícil cantar, no al menos como los Uglithug le habían enseñado, como ella estaba acostumbrada. Sin embargo, la Reina convirtió esa simple tarea en algo imposible y doloroso. Su pésima disposición a escuchar opciones y su terquedad por imponerse, hicieron que Ruffnut quisiera gritar maldiciones y soltar algunos golpes para bajar su ansiedad. En momentos así echaba de menos la presencia de Gothi. La sabia anciana no podría hablar, pero seguramente sus garabatos contendrían cosas más lógicas y verídicas, que las suposiciones de Mala.

"Lo peor es que no admitirá que se equivoca, aunque se lo digas".

Mala tenía un horrible sentido musical. Para ella, gritar a todo pulmón era sinónimo de cantar desde lo profundo del alma. Para colmo, había escogido canciones dulces y suaves como Alysanne, que Ruffnut sí podía cantar, pero que simplemente no "encajaban". Finalmente, los pocos espectadores en la práctica no hacían más que juzgarla, especialmente los defensores del ala (¡esos juzgones!) que no dejaban de mirarla con desaprobación.

"Como si me interesara tener su aceptación", al menos Adelaide se mantuvo leal a ella y la apoyó durante el laaaargo transcurso de la clase.

Ruffnut había tenido que recurrir a todas sus artimañas para que Mala perdiera la paciencia y dejara de lado su enseñanza para sermonearla.

"A este paso me quedaré ronca y sólo podré cantar con gruñidos", aunque no mala idea. A la Reina le daría un paro cardiaco, darse cuenta que por su testarudez había arruinado todo. "Realmente, ¿por qué motivo estoy haciendo esto?".

La leyenda decía que la Voz Elegida salvaba a su pueblo cantándolo una canción a Moa Ildri y luego moría. Mala había dicho que era por la maldición de una bruja, pero Ruffnut no lo creía… no todo al menos. Ella había escuchado muchas voces en la caverna, había visto dos mujeres: una de cabello blanco que estaba atrapada con cadenas y grilletes y otra rubia con los irises verdiazules, que entonó una canción muy triste para luego desvanecerse en la oscuridad, con la garganta y el pecho rebozando de sangre.

Ruffnut se tocó su propia garganta. ¿Habría sido un sueño de advertencia? Había mencionado que permitió que un lobo la devorara… argh, Ruffnut era mala para las metáforas que la incluían, y que estuviera tan agotada no ayudaba a su perezoso cerebro a pensar más allá.

"Podría ir con Tuff. Él es bueno encontrando significados, o al menos sacar alguna tontería que me dé pistas", pensó con emoción luego de salir del Gran Salón y despedirse de Adelaide (la pequeña le había asegurado que trabajaría arduamente en diseñarle un gran atuendo, y que no dormiría si era necesario). "Quizás deba preguntarle sobre las palabras de la mujer de cabello blanco. Me pidió que salvara a su hijo, y a sus hermanos y hermanas… pero no le encuentro sentido alguno".

Y aun así, Ruffnut no dudaba que la determinación que reunió para prometerle que lo haría, seguía en ella.

Infortunadamente, Tuffnut no se encontraba en casa.

"Cómo pude olvidar que ya no suele llegar temprano por su trabajo", se palmeó la frente. Con todo lo que había sucedido, cada vikingo en Berk estaba ocupado apoyando en lo que fuera. "Y yo aquí en clases estúpidas de canto cuya maestra no sabe lo que hace. Lo divertido siempre le toca a los demás".

Tenía la certeza que Mala se opondría a que entrenase, y aunque podría negarse, no tenía ganas de ver a la Reina ni un minuto más. Tenía otra opción, una que no quería tomar tan pronto. Sin nada que hacer, podría meterse un rato a su casa y practicar con el juego de navajas que su padre le había regalado hace tres años (era un juego que podía hacer sin que hiciera demasiado ruido), pero eso significaría postergar lo inevitable.

Vivir con Hiccup no era algo por lo que brincara de la emoción. Habían hecho las paces… aunque no estaba segura. Quedaron en términos poco claros. Eran amigos, pero eso no servía para hacer funcionar "esto". La repentina intimidad en la que estarían era inesperada.

"Bueno, siempre puedo actuar como si no me importara", era lo mejor. Después de todo, aunque no eran muy cercanos, habían acampado junto a los demás jinetes, habían nadado en los lagos de las islas que encontraba y sido encadenados. Si eso no era útil, al menos haría las cosas menos tensas. "Necesito su ayuda para descubrir cómo hacer que mi sál cante como aquella ocasión… mmm, o podría esperar hasta que Atali llegue".

Porque no era tonta para creer que su voz natural serviría para la ceremonia final. Si era algo místico, supuso que debería escucharse mejor, más "espiritual". Heather todavía buscaba pistas en la cabaña de Gothi y Ruffnut empezaba a preguntarse por qué no les había dejado todo preparado, si sabía que iban a matarla en Isla Dragón.

"No puedo juzgarla. Gothi debió tener sus razones… aunque en este momento puedan parecerme absurdas. Argh, ahora me dolerá la cabeza. Si es que no es bueno para nadie andar pensando todo el tiempo".

Pensar para algo que no le interesaba, era tedioso. De por sí, pocas cosas le llamaban la atención.

"No es malo mentir, pero cuando es a ti misma lo es", dijo una voz en su mente, la voz de Valhallarama, recordándole una de sus tantas lecciones que había procurado ignorar. "No es que haya pocas cosas que te atraigan, es que no sabes lo que realmente quieres, Ruffnut. Cuando uno se acostumbra a no conseguir lo que desea, es lo que pasa. Todos deben luchar para crear sus oportunidades y llegar a sus metas. No hay de otra, a menos que prefieras conformarte".

No podía negar que sentía una especie de admiración por su madre, pero era hasta ese momento que apreciaba la sabiduría de sus palabras. Su madre no había querido que fuera un clon de sí misma, sino que encontrara su propio camino y motivaciones, aun si diferían de los suyos. Valhallarama era esa clase de madre.

"Tiene razón. He encontrado mi resolución y debo continuar mi camino, ¿pero qué deseo realmente?".

Eso todavía no lo sabía. Pero podía pensar en algunas cosas.

Primero tenía que asegurarse de sobrevivir para planear un futuro propio y enfrentar sus responsabilidades. Tuffnut tendría que casarse en algún momento (y le había prometido a Adelaide ayudarla, aunque tenía la certeza que eso no funcionaría) y asegurar el legado de los Thorston. Si ella vivía, el compromiso con Thuggory se formalizaría, se casarían y se iría a la Isla Meathead para gobernar con él.

"Tanto critiqué a Astrid por querer ascender acercándose a Hiccup y vine a hacer lo mismo con Thuggory", aunque lo suyo había sido para corresponder la amabilidad de Stoick cuando sus padres murieron. "Como sea, es inútil pensar en eso. Mi padre me dijo que no sirve preocuparse por el futuro si no está todo resuelto en tu presente".

Se dirigió hacia la choza de Hiccup, sorprendiéndose de hallar las ventanas iluminadas por las velas y antorchas del interior. ¿No se suponía que estaría ayudando en otras cosas? Vaya jefe qué sería.

Cuando llegó a la puerta se detuvo. ¿Debería tocar o abrirla? Astrid no tendría problemas con pasar. Stoick la había considerado parte de la familia desde que ella besó a Hiccup frente a todos. Pero Ruffnut no era Astrid, y definitivamente si ella hubiera besado a Hiccup, Stoick no lo habría aceptado.

—¿Lady Ruffnut?

—¿Throk? —dijo ella dándose la vuelta para encontrarse con el segundo al mando de los Defensores del Ala.

La apariencia de Throk había cambiado. Había dejado crecer su cabello hasta agarrárselo en una coleta baja. Su rostro que siempre había tenido la barba recortada, ahora lucía una de pelos pelirrojos que lo hacían ver más intimidante. Su armadura era más elaborada y su enorme hacha tenía otro diseño. Por lo demás, desde su expresión de estreñimiento perpetuo y sus ojos firmes, permanecía igual.

Ruffnut recordó ese tiempo en el que él estuvo enamorado de ella (todo por un malentendido). En raras ocasiones pensaba en eso, pero si lo hubiese tomado con más seriedad, si lo hubiese aceptado, las cosas serían diferentes. O quizás no. No había muchos hombres que estuvieran dispuestos a aceptarla como era en realidad.

"Snotlout y Fishlegs lo intentaron, y al final la venda se les cayó de los ojos".

—Hola, amor de mi vida —era inevitable para ella coquetear un poco.

A diferencia del coqueteo incómodo con Eret, Ruffnut bromeaba con Throk usando este apodo (aunque había sido difícil que el honorable y serio Throk comprendiera las bases de un falso coqueteo). El defensor se rió, y aun así sus mejillas se ruborizaron levemente.

—Tu jefa se enojará cuando descubras que estás reuniéndote a solas con la Voz Elegida.

—Ella está ocupada desahogándose por… lo que pasó durante la clase —informó Throk sin inculparla.

—Supongo que lo hará lo que resta de este día —resopló cruzándose de brazos—. Así que podríamos aprovechar este tiempo de ocio en actividades más divertidas.

—M-Mi señora…

Ruffnut se rió, sin malicia, de la cara granate de Throk. Él, cuando descubrió que estaba bromeando, volvió a reírse.

—Ya entiendo por qué tantos hombres se han interesado en ti, mi señora —dijo Throk—. Sin duda, eres una mujer única.

"¿Hablas por Snotlout? Fui su tercera opción, chico guapo. Astrid lo rechazó. Heather lo rechazó. Así que se fijó en mí". Snotlout era su amigo, pero hasta que el imbécil no encontrara a la persona indicada, a la que quisiera de verdad, no dejaría de actuar como un casanova ante cualquier chica. "¿A quien trató de engañar? Yo tampoco me he tomado las cosas amorosas con seriedad. Todo han sido coqueteos y juegos para mí".

Por eso el compromiso con Thuggory era lo más cercano a una relación verdadera que tendría en su vida. A veces no podía evitar pensar que había sido una coincidencia afortunada. Los consejeros de la Tribu Meathead habían pedido por ella específicamente, gracias a la riqueza y estatus que sus padres consiguieron legarles.

—¿Qué te trae aquí, Throk? —preguntó sin ganas de postergar su conversación a temas delicados.

Throk se arrodilló frente a ella. Fue tan repentino que ella no supo cómo reaccionar al principio. Él la tomó de la mano, pero no se la besó para su gran alivio.

—Desde hoy hasta el final, estoy a tu disposición, mi señora Voz —pronunció con tono solemne, tan devotamente que Ruffnut, que no estaba acostumbrada a esto, estuvo a punto de ruborizarse—. Haré lo que sea para protegerte. Daré mi vida si es necesario desde ahora soy tu leal servidor.

Ruffnut no supo qué decir. Esta clase de juramentos no eran inusuales, pero Throk ya que tenía una reina a la que servir, por lo que jurar a otra personas era… no tenía palabras para describirlo. Su desconcierto así como su confusión, no pasaron desapercibidos para Throk. Él sonrió con amabilidad, se levantó sin soltar su mano y le dijo:

—No tengo dudas que eres una persona segura de sí misma. Sin embargo, a veces nuestra confianza es puesta a prueba. La vida nos hace dudar en ocasiones, más si son circunstancias difíciles. Conozco cuál es el deber que se te ha dado y el destino que podrías enfrentar, y es por eso, Ruffnut, que no puedes rendirte. Cree en quien eres, cree en todo lo que tienes para lograrlo.

Las palabras de Throk aliviaron a Ruffnut más de lo que quisiera admitir. Le dio un apretón a su mano y le dedicó una sonrisa gentil, de las pocas veces que podía esbozarlas.

—Así será, mi señor —dijo imitando un tonto tono de dama, incluso hizo una reverencia torpe que causó que Throk sonriera. Él le soltó la mano, dio una inclinación con la cabeza y dio media vuelta—. Oye, guapo.

Él la miró. Ruffnut lució un poco incómoda, aún conmocionada.

—Gracias —pronunció—. De verdad, gracias.

—Estoy para servir, Lady Ruffnut. Ah, sí, permíteme felicitarte por tu compromiso. Definitivamente es el hombre más afortunado del mundo. Aunque, cuando esto acabe, puede que lo desafíe por tu mano.

—¿Dos vikingos peleando por una chica? No sería la primera vez que lo vea —bufó—. Me halagas, guapo, pero Thuggory no es un mal tipo y es decente, lo que es mucho decir de los vikingos en general.

—¿Lo conoces siquiera? Lady Astrid y Lord Fishlegs me dieron una clase completa sobre la importancia de conocer a mi pareja —dijo Throk.

—Descuida, si resulta ser un completo idiota, no dudes que solicitaré el divorcio tan pronto sea posible. Así que más te vale permanecer soltero por si eso pasa.

—Romperé algunos corazones, pero lo haré por ti.

"¿Quién lo diría? Él sabe bromear".

—Mejor vete ya, o puede que sea yo la que te rapte y me fugue contigo. Nos vemos luego, Throk.

Cuando se quedó a solas de nuevo, sintió su ánimo renovado. Su confianza había vuelto. Ella sabía quién era y no debía olvidarlo. Así que antes de entrar a casa de Hiccup se lo puso como escudo. No importaba si los demás esperaban o no esperaban algo de ella, si la comparaban, si la veían por lo que era o no. Ella era la Voz Elegida y sobreviviría.

Al abrir la puerta, la tenue luz de la fogata central iluminó su figura. Lo que vio, le dio una sensación de desasosiego. Todo estaba en el mismo lugar, nada fue movido o remodelado desde la muerte de Stoick, salvo las nuevas lámparas que funcionaban con extracto de saliva de Fireworm (toda una innovación, pues duraban encendidas toda la noche y provocaban grandes incendios si se empleaban correctamente –Tuffnut y ella lo habían comprobado). Podía decirlo por la posición en la que estaba la mesa, las sillas y los objetos a simple vista, pero si algo resaltaba, si algo decía que aún el único ocupante en la casa estaba en duelo, era la posición de la silla de Stoick.

Hiccup estaba sentado allí, con hojas y pergaminos dispersos en la mesa, mirándola con una combinación de incomodidad. Simplemente inhabituado a la idea de compartir su casa con alguien que no era tan cercano a él. Un silencio pesado se instaló entre ellos. Hiccup no se había levantado para darle la bienvenida ni Ruffnut hizo una de sus usuales bromas.

Por primera vez se dieron cuenta que vivirían juntos por cuatro meses.

Toothless roía una canasta con salmón detrás de Hiccup. Dedicó unos segundos de su atención hacia los humanos, rolando los ojos cuando notó que ninguno haría el esfuerzo por dar el primer paso.

"Que no se diga que los Thorston somos cobardes", Ruffnut entró y cerró la puerta. Avanzó hasta acercarse a la mesa y tomó asiento frente a él. Echó un vistazo a su alrededor.

—Tus cosas están debajo de la escalera —informó Hiccup.

—¿Eh?

—Tu baúl —aclaró, carraspeando—. Me sorprendí que sólo trajeras uno.

—Bueno, incluso si vivo contigo, mi casa está en la plaza. Puedo ir por lo que necesite si no lo tengo aquí. ¡Argh, esto es una tontería!

—Concuerdo en que es una gran tontería. Tal vez si hablo con Mala y los demás, pueda…

—¿Cambiarlo? —cuestionó, claramente escéptica a que pudieran lograrlo—. Tenemos muchas cosas por hacer, Hiccup, y tratar de convencer a los demás jefes que fue una idea tonta sería una pérdida de tiempo. Considerando que sabemos poco sobre la historia de las voces elegidas y todo es un misterio más grande que el trasero de un Gronkcle, deberíamos enfocarnos en resolverlo. Hagamos que esto sea tan fácil como podamos, ¿te parece?

—Bien —cedió Hiccup no muy convencido. Ruffnut sabía que una vez se le metía una idea en la cabeza, era imposible sacarla—. Dormirás en el dormitorio de abajo, aunque si quieres usar el de arriba, no me negaré.

—No voy a ocupar la habitación de tu padre.

—Sólo hay dos habitaciones, y como has dicho, no hay tiempo. Construir otra sería una locura, así que…

—Vamos, Hiccup, no es como si fuéramos desconocidos. Aunque no dormir en una cómoda cama me pondrá malhumorada, no significa que no lo pueda hacer. Puedo descansar en esta sala y puedes avisar cuando bajes para evitar situaciones incómodas.

—Evitaríamos cualquier situación incómoda si sólo aceptaras dormir donde debes. ¿Hay algo que te desagrade?

—Stoick durmió allí, Hiccup, él es… fue el jefe. No se siente correcto que ocupe un lugar tan personal para él cuando estaba vivo.

—Ya lo has dicho, cuando estaba vivo. Mi padre murió. No creo que le importe quien usa su habitación ahora.

Ruffnut notó su tono duro, pero lo dejó pasar. Bastaba con mirar el interior para saber que la herida seguía abierta. Por respeto a Stoick, iba a cambiar de tema.

—No tienes que ser tan considerado. Soy una chica dura. Puedo vivir cuatro meses en una sala poco aseada, ¿de acuerdo? Además, tampoco puedo usar tu habitación. Temo que los ronquidos de tu Night Fury me despierten.

"Yo no Ronco", se quejó Toothless dándole una indignadísima mirada de reproche.

—Claro, campeón —sonrió Ruffnut—. Bien, como te decía, todo se puede respetando horarios. Avisa cuando vayas a bajar para apurarme a arreglarme.

—¿Tú lo haces?

—Por el bien de la conversación, ignoraré tu obvia estupidez. Y sí, a mi modo, pero me visto y peino. Como sea, no hay que complicarnos tanto la vida. Tú dormirás en tu habitación aguantando los ronquidos de Toothless. Yo lo haré aquí y nadie entrará a la habitación de Stoick. Si nos va bien, los cuatro meses pasarán volando debido a nuestras responsabilidades y todo volverá a la normalidad. No soy una doncella frágil que se ruboriza por vivir con un hombre que no es de su familia, además, vivir con Tuffnut ha logrado que sea inmune a las cosas asquerosas o raras que los hombres hagan cuando están a solas, así que no hay nada que puedas hacer que me sorprenda. De hecho, lo único bueno de esto es que eres más aseado de lo que Tuffnut es.

"Hiccup teme que Abuses de su Virtud mientras duerme", pronunció Toothless cuando terminó su último salmón, interrumpiendo su conversación.

—¡Toothless! —jadeó Hiccup como una doncella ruborizada.

"Como se la ha guardado para Astrid, teme Perderla", continuó.

—Basta, amigo —amenazó, pero Toothless sabía que Hiccup nunca estaría enojado con él, por lo que sólo se rió.

—Creí que para estas alturas, esa virtud estaría más que profanada —comentó Ruffnut, uniéndose a la pulla contra Hiccup—. Muy mal, Haddock, la pobre Astrid delira en las noches por ti y tú solamente la ignoras.

—¿En serio no tienes vergüenza, mujer? —preguntó Hiccup visiblemente abochornado.

—No.

Hiccup se pasó una mano por la cara, un intento para minimizar su sonrojo. Debió haber esperado el cinismo y la aspereza de Ruffnut, tan naturales que resultaría extraño no presenciarlos. La miró de reojo, mientras ella y Toothless continuaban diciendo bromas y chistes, viniéndosele repentinamente un tema que había esperado tratar después, cuando se habituaran a sus mutuas presencias.

El compromiso de Ruffnut con Thuggory fue una noticia inesperada, por no decir impactante. Que su padre se lo haya ocultado, le dolió, aún más cuando Snotlout, Tuffnut, Gobber y muy posiblemente los ancianos del consejo, lo supieron antes que él.

"Todo para asegurarse que mi ascenso estuviera asegurado". No dudaba que fuera un secreto precisamente por su opinión al respecto de los matrimonios arreglados.

Al principio, había creído que Ruffnut estaría molesta por ser usada para firmar una alianza, pero después de hoy —todos vieron la capa Meatheah, incluso quienes no habían sabido sobre el compromiso en Berk— no tenía dudas de que ella lo había aceptado. ¡Incluso lo dijo en la conversación que tuvo con Throk afuera de su propia casa!

Eso le había quitado el aparente apoyo para romper el compromiso que pudo haber tenido de ella, dejándole meditando otras maneras de hacerlo. Si hablaba con Thuggory personalmente, quizás lo convencería. No estaba del todo en contra, pero le gustaría que se conocieran más, que se casaran cuando un poco de amor naciese entre los dos.

Luego de su charla con Valka, Hiccup había ido con Gobber a hablar sobre esto. El herrero estaba tan ocupado que Hiccup prefirió no molestarlo, dejándole con su segunda opción. Su tía Vidgis fue reservada al conversar, pero le había respondido todas sus preguntas.

"Tus padres se casaron por amor", contó Vidgis, "y Berk pagó el precio. Valka era fuerte, era hermosa y lista, pero sus ideas costaron muchas vidas, sobrino. Las Bog-Burglar estuvieron a punto de romper su alianza con nosotros, cuando Valka ofendió a Bertha cuando le dijo lo diferentes que serían las cosas si las tribus se unieran para hacer las paces con los dragones. Bertha había perdido a una docena de Bog-Burglar por una redada de dragones, cuando navegaban hacia Berk, así que te imaginarás que no estaba contenta en ese momento por las ideas pacifistas de tu madre".

El amor es la muerte del deber. Hiccup recordó que Mala se lo dijo una vez hace muchos años, cuando ciertos problemas con Dagur habían probado dificultar los planes de su todavía vigente boda.

Aun así…

—No te casarás con Thuggory.

No supo por qué eligió esas palabras, mucho menos porque las dijo en ese momentoni porque sus propias reacciones se tornaron lentas. Ruffnut y Toothless se quedaron callados, la primera muy confundida y el segundo, intrigado. Envalentonado por un impulso desconocido, Hiccup continuó.

—Sé que mi padre hizo este compromiso por el bien de una alianza con los Meathead, que aceptaste para asegurar mi ascenso como jefe, pero no tienes que hacerlo. No mereces algo así, Ruff.

Toothless debió presentir algo porque se movió hacia una zona apartada, tan sigilosamente cómo fue posible. El que Hiccup no lo haya tomado como una señal para detenerse, debió ser porque estaba muy concentrado en explicarse.

No se dio cuenta que con cada palabra que salía de su boca, era como cuando Barf dejaba salir su humo verde, esperando que Belch soltara la chispa para provocar una catastrófica explosión.

—Fue difícil para ti y tu hermano salir adelante cuando sus padres fallecieron, pero hay otras formas de que…

—¿En serio piensas tan poco de mí?

Hiccup calló al instante, disuadido por el tono que ella empleó. Cuando la miró, y aunque ella seguía con su apariencia desaliñada y su postura encorvada, había algo que lo inquietó.

—Tu padre, ese que dices que se aprovechó de nuestra desgracia, sólo estaba ayudándonos cuando tú preferías salir a explorar más malditas islas. Él lo propuso, pero quedaba en Tuffnut como jefe del Clan Thorston, y en mí, como la prospecta, aceptar o rechazarlo. Y luego vienes tú a decirme que no lo merezco. Pues lamento no ser lo que tú escogerías en una esposa, Haddock.

—No me hables como si estuviera decepcionado de las decisiones que mi padre hizo por el bienestar de la idea, porque no es así —el volumen de su voz se elevó, Hiccup se levantó de la silla de Stoick para enfrentarla—. Sé que es difícil entenderlo para ti y todos en el pueblo, pero ustedes perdieron un jefe, ¡yo perdí un padre!

No había sido su intención estallar. No había sido su intención dejar al descubierto una parte suya, que no había permitido que nadie, más que Toothless, viera. Tomó un instante darse cuenta de su exabrupto, el mismo que usó para observarla. No había furia ni burla en la cara de Ruffnut, sino una expresión que pocas veces le había visto.

Hiccup se derrumbó de nuevo en la silla, poniendo su mano en su rostro para que no lo viera. Había tratado de llevarse mejor con ella, hacerle caso a Snotlout y a su madre, pero no había considerado sus propios conflictos, lo que no había resuelto por no darse el tiempo. Ella no tenía la culpa, lo sabía, pero…

—Haz lo que quieras —dijo Hiccup levantándose decididamente para subir hacia su habitación. Toothless no le siguió, y aunque eso le dejó un gusto amargo, era lo mejor. Toothless lo conocía mejor que nadie, si había decidido darle su espacio era porque Hiccup lo necesitaba.

Se quitó la armadura entre jalones, balbuceando maldiciones cada vez que se atoraba con las correas. Apenas escuchó el movimiento en la parte baja, Ruffnut seguramente estaría cambiándose también. Cuando Hiccup quedó en pantalón y camisa, se tumbó en la cama, sin pensar en nada directamente, pero con las emociones a flor de piel.

No pudo conciliar el sueño. Durante dos horas estuvo removiéndose, viendo hacia las escaleras hasta que las luces de las lámparas se apagaron y la cabezota de Toothless apareció soltando un gran bostezo.

—¿Cómo está ella?

Porque aunque estaba enojado consigo mismo, con ella y con el mundo, Hiccup no dejaría que eso impidiera que el remordimiento hiciera que preguntara por Ruffnut.

"Nunca Pensé que te importara tanto con quien Ruff-Nut se apareara".

—Es mi amiga, deseo que sea feliz con una persona que la aprecie por como es. Sé que una alianza es importante, pero la felicidad de mis amigos es importante para mí.

"Menospreciar a una Hembra, no es una Buena Idea".

—No la menosprecie —replicó en un susurro.

"Dijiste que no merecía Aparearse con Thuggory, el Jefe Meathead".

—¡Yo nunca…! —se irguió, deteniéndose cuando recordó exactamente las palabras que había dicho—. Oh, mierda de Gronckle. Lo hice, ¿verdad? Metí la pata.

"No es como si fuera la Primera Vez", dijo Toothless. "Piensa como si fueras Alfa, Hiccup, no sólo como su amigo".

—Lo sé, entiendo las implicaciones de su compromiso. Los beneficios que traería a nuestro pueblo —dejó caer su cara entre sus manos—, y que mi padre nunca habría sacado provecho de la posición de los Thorston. Si el compromiso se oficializó fue porque Ruffnut estuvo de acuerdo y él no la obligó.

"¿Entonces…?".

—Eso significa que no le molesta casarse con Thuggory —y eso era extraño. Hiccup había creído que ella escogería a Snotlout o a Fishlegs—. No la conozco, Toothless, no sé nada sobre ella. No supe por qué la escogieron como la Voz Elegida, ni que sería capaz de comprometerse por el futuro de la aldea. Yo…

"¿En serio piensas tan poco de mí?"

"No ganas Nada martirizándote", dijo Toothless apoyando su pata en su pecho, en un claro mensaje de que debía descansar. "La Noche todavía es Larga. Duerme".

—Estuve intentándolo durante dos horas, Tooth, no creo que pueda hacerlo ahora.

"Antes no estaba Contigo", frotó cariñosamente su hocico en la cara de Hiccup. "Anda, duerme".

—Gracias, Toothless —acarició las escamas cercanas. En sus peores momentos, en lo que no encontraba salida alguna, en los que perdía el horizonte, era su Night Fury quien se mantenía como un pilar, una constante en su vida desde el momento en que su mano lo había alcanzado.

Repentinamente se sintió cansado. Apenas registró a Toothless acomodándose en su cama de piedra, calentándola para acostarse, cuando se quedó dormido.

Imágenes difusas se materializaron frente a él. Después de un rato, entre la bruma reconoció una figura pequeña jugando en la nieve. Dio pasos cortos para acercarse, notando que se trataba de una niña pequeña formando bolitas de nieve. No podía verle la cara, que estaba ensombrecida. Cuando ella le extendió su mano para darle una, él se alejó. Dio la vuelta para ir hacia otra niña a la que sí le pudo ver el rostro. Tenía rasgos curiosos e irises de dos tonos, azul y verde, en cada ojo. Sostenía una rosa azul entre sus manos y se la presentó.

"Canto para el sol, canto para el amor, el réquiem de una suave canción".

La luz de la luna iluminó sus pálidas mejillas, su cuerpo se movió en una danza etérea dándole un aspecto casi divino. De pronto, la oscuridad consumió todo. La niña de la rosa azul se volvió una imagen grotesca empapada de sangre, con la flor marchita entre sus manos.

Hiccup miró hacia atrás. La primera niña estaba detrás de él, con la cara aún oculta, pero los ojos brillando en un intenso carmesí. La misma voz masculina de su sueño anterior repitió la misma frase de antes, cuando una energía poderosa y maligna se desprendió de ella.

"El lobo que acogiste en tu vida, ha acabado con la de ella. En su alma nunca hubo ni un pedazo de compasión, y el amor que te tuvo lo convirtió en veneno para nutrir su odio. He visto el futuro, mi Rey, y el lobo no se detendrá hasta devorarlas a todas".

Hiccup despertó envuelto en canciones, gritos y confusión. Extrañamente no estaba sobresaltado, sino decepcionado. Toothless lo miraba desde arriba, sus insondables ojos verdes parecían entender que algo había sucedido, lo que era natural siendo tan cercano a Hiccup.

—El lobo que devoró a la Luna —susurró tocando la nariz de Toothless—, no sólo se le conoce como Hati, sino como Managarm. No sé lo que signifique y sólo puedo aventurar teorías por el momento, pero tengo certeza de algo.

"¿Qué descubriste?", preguntó sabiendo que Hiccup era extremadamente inteligente entendiendo metáforas.

—La luna que el lobo devoró es la primera Voz Elegida —contestó—, y el lobo no es nadie más que una de las brujas de la historia de Mala.


Dagur arribó a las islas de los Marginados dos semanas después. Su nueva flota fue un espectáculo sorpresa para sus anfitriones, por lo que su bienvenida no fue la mejor. Si fuera el mismo muchacho de sus correderas por el Dragon Eye, habría atacado. Pero había aprendido de sus derrotas (demasiadas, si era honesto con él mismo). Había aprendido a fortalecer su paciencia, sabiendo que la victoria lo aguardaría su esperaba los tiempos correctos.

Cuando los estúpidos marginados descubrieron que era él, le dejaron anclar sus barcos y corrieron a informar a sus jefes. Los hombres de Dagur se movilizaron sin que tuviera que ordenarles nada. Había hablado con ellos una hora antes, para asegurarse que supieran que hacer. No amarrar los barcos al muelle, ni tampoco desembarcar hasta tener la certeza que Mikli y Durs no ordenarían a su tribu a írseles encima. Dagur era su aliado, pero para ellos sólo era un subordinado más.

Un subordinado que había fallado en su misión.

"La sorpresa que traje apaciguará su furia primitiva", dijo sin mirar a los tres knarr que habían sobrevivido a asedio de su ataque, cuando interceptó a una flota entera con los pocos drakares que tenía a mano. Toda una proeza considerando que no lo había planeado al principio.

Sus planes ya no eran fijos, se adaptaban (lo aprendió de Hiccup y todas sus descabelladas maniobras). Los marginados eran brutales e inmisericordes, no podía pedir constancia y lealtad de ellos, por eso siempre debía actuar con cautela y tener estrategias para apaciguarlos. Por eso, una vez pudo recuperar a sus berserker del mando de su hermana, los había sometido a un duro entrenamiento hasta convertirlos en esos hombres poderosos de los cuentos. Sin embargo, para "salir", prefería llevar a los más débiles, a los que aún no eran tan listos con el fin de que Mikli y Durs creyeran que tenía fuerzas mermadas, que los necesitaba, que tenían el control.

"Que crean que soy su marioneta, que no vean los hilos que les cuelgan y se unen a mi mano".

Había sufrido contratiempos, pero había aprendido a recuperarse rápido. Había buscado un dragón que intimidara más que su fallecido Gronckle o el Triple Stricke que se quedó con Mala cuando se separaron. Uno que lo colocara en una posición intocable, que compitiera con el Night Fury de Hiccup. Su ambición por un Skrill regresó, y tras averiguar dónde podría hallar uno, fue cuestión de persistir. Claro, perdió hombres y barcos, pero no se detuvo hasta tener a esa magnífica criatura entre sus manos.

"Y esa maldita me lo quitó".

Además de Hiccup, no solía dar de su atención a los jinetes restantes. Todos le parecían poca cosa. Snotlout era un bocón bueno para nada. Fishlegs un miedoso cobarde. Astrid estaba tan enfocada en perseguir a Hiccup, que se olvidaba de sus propias ideas. Los gemelos eran unos dementes sin sentido común. Si la Voz Elegida hubiera sido la noviecita gritona de Hiccup, ¿pero la de trenzas largas? Podría haber sido escogido un maldito sapo con pelos y Dagur no estaría ni la mitad de sorprendido. Realmente no le encontraba nada interesante, pero Mikli había insistido en que la secuestrara, se la llevara y no la matara, mientras ellos iniciaban la guerra.

Habría sido fácil asesinarla, así las demás tribus perderían la esperanza ya que la historia indicaba que era imposible escoger una segunda mujer. Si lo hubiera hecho tendría a su Skrill y la cabeza de Ruffnut Thorston adornando su pared. Pero si Mikli dejó ver su deseo por ella, podía aprovecharlo. Dagur estaba preparado. Hiccup no era el único que había creado armas nuevas. La de Dagur yacía oculta en sus botas, como una especie de segunda arma que podía atravesar cualquier escudo.

Cuando llegó al Gran Salón, le asqueó el estado en el que estaba. de por sí, el trayecto fue una faena donde tuvo que soportar ver a los marginados violando a las Bog-Burglars que habían secuestrado en Isla Dragón, tomándolas en los más sucios lugares. Al menos Alvin había mantenido cierto orden, pero ahora la sangre, la peste a orina y a muerte… eran insoportables hasta para su férrea insensibilidad.

Sus anfitriones estaban en sus tronos malhechos. Mikli y Durs eran colosales, tanto como lo fueron Stoick y Alvin, quizás más. Durs tenía montones de pelo pelirrojo en sus brazos y pecho, no tenía todos los dientes y su expresión estúpida desmentía lo habilidoso que era cuando quería ver sangre correr.

Él lo recibió arrojándole un hacha que habría rebanado el cuello si Dagur no fuera igual de habilidoso para esquivar. El imbécil de Durs se rió como foca con retraso.

Dagur imaginó que lo cortaba con una daga, abriéndole desde el vientre hasta la garganta para formar una sonrisa sincera, que pudiera interpretar como una aceptación de su broma. Dagur se sentó al otro extremo, procurando tener un ángulo adecuado para ver las acciones de Durs, ya que esa bestia era el mejor guerrero de todo el archipiélago. Él mismo lo había comprobado, cuando Durs lo retó a practicar "juguetonamente"; una enorme cicatriz detrás de su omóplato izquierdo le enseñó que no debía subestimarlo y debía debilitarlo antes si quería matarlo.

—Ah, miren quien finalmente ha llegado. El hijo prodigo de Oswald —dijo Mikli arrastrando las palabras. Era obvio que estaba ebrio—. Cuando me llegaron susurros inquietantes, pensé que estabas muerto y que mi carga estaba perdida para siempre. Parece que aún no has aprendido nada.

—De pocas partidas he aprendido tanto como de la mayoría de mis derrotas —dijo Dagur. Sus soldados permanecían afuera, como vigías por si marginados se acercaban en una emboscada.

—Y vaya si que has sido derrotado —silbó Durs antes de dar un gran trago a su cerveza. La chiquilla que servía el ale, temblaba en la orilla.

"Ella es nueva", pensó Dagur aceptando el horrible licor que le sirvieron. La niña tenía el vestido roto dejando ver sus delgadas piernas marcadas con horribles moretones de manos. "Los dioses deberían matarla antes de que alguno de los dos, la tome".

Dagur tenía estómago de acero y estaba preparado para sacrificar a cuantos pudiera para ganar, pero lo que Durs había hecho a la anterior… no había creído lo que le habían dicho sobre que se divertía follando cadáveres hasta que lo vio en persona.

—Es inversión, si lo vemos desde una perspectiva amplia —dijo Dagur.

—¿Llamas inversión al haber perdido a la Voz Elegida y a un temible Skrill?

—Sé que tienes ganas de follártela a fondo, pero seguro encuentras a alguien que la remplace por ahora —comentó mirando como la escuálida y desvalida sirvienta temblaba más—. Quien no saca nada bueno de sus pérdidas, es un verdadero idiota. Y sé que lo sabes, o el hacha que me arrojó tu hermano habría estado acompañada de la tuya.

Mikli rió a carcajadas y se sostuvo su inmensa barriga.

—¡Me tienes ahí, maldito berserker! Y bien, ¿cuál es tu plan ahora?

—Desconocemos todo sobre los rituales que siguen, sobre la preparación. Si las viejas historias en algo son ciertas, es que tendremos acceso a un dragón milenario que se ha pasado más de un milenio encerrado. ¿No te parece mucho mejor que sólo tenerla a ella? Moa Ildri podría ser capturada si jugamos bien nuestras cartas.

—¿A qué te refieres? —los ojos de Mikli brillaron con ambición.

—Mi padre era un solo un pelele pacifista, pero sabía mucho sobre la Voz Elegida, sobre la historia de los vikingos.

—Ya nos contaste sobre la Leyenda de los Gemelos Separados —bramó Mikli con gotas de cerveza escurriéndosele en la barba negra—. El nacimiento de gemelos vivos es extremadamente raro. O uno nace muerto, o los dos mueren antes del año.

—Por eso esta leyenda es importante, aunque quienes deberían conocerla la hayan olvidado —dijo Dagur—. Gemelos provenientes de un Rey Loco y una Reina Desolada, separados al nacer por una supuesta profecía. Uno fue desterrado a las Tierras del Exilio por haber nacido con debilidad y el otro, una niña, fue entregada por su madre a otra tribu para protegerla, ya que fue la primera vez alguien tan joven fue escogida para ser la Voz Elegida. Años más tarde, el Rey Loco encontró a su hijo desterrado, que había estado viviendo con dragones. Su hazaña fue tal que lo reintegró a la corte. La niña creció con la belleza y fuerza de su madre, y regresó al reino sin saber qué destino le deparaba. Ambos hermanos se encontraron, pero al no saber su parentesco, se enamoraron. La leyenda dice que su amor logró algo nuevo en la ceremonia final, que Moa Ildri no amenazó con despertar de nuevo.

—¿Y tú crees esa tontería?

—Creo que hay algo más —respondió—. Si han pasado tantos años desde la última vez que se requirió su presencia, debe haber algo que usaran los hermanos.

—¿Y lo que ofreces es dejar que la chica aprenda todo, la tomemos cuando eso suceda y podamos acceder a la Madre?

—Hiccup no descansará hasta encontrar la verdad —sonrió Dagur—, y cuento con ello para que busque por nosotros. Su ejército ha sido mermado, aun así nos superan cuatro a uno, por lo que tardarán en hilar una estrategia de ataque, donde tendrán que incluir dragones. Ser sigilosos será nuestra ventaja.

—Eso suena a lo que haría una puta Bog-Burglar —berreó Durs.

—Pero es brillante —sonrió Mikli mostrando sus dientes ennegrecidos—. Ellos trabajarán el doble y nosotros sólo deberemos prepararnos para pelear.

Dagur sonrió, bastante complacido por haber convencido a Mikli. Si el imbécil supiera que le había omitido partes importantes de la historia, como el que par de gemelos habían sido hijos de un Rey Hairy Hooligans, y que uno de ellos había sido un Hiccup. Algo que posiblemente no sería importante para ellos, pero que sería fundamental para que Hiccup III descubriera la verdad e hiciera lo que Dagur esperaba.

No sabía si Ruffnut correría a los brazos de Hiccup para pedirle ayuda, pero estaba seguro que había mordido el anzuelo.

"Y cuando descubran lo de la Bruja, será cuando haga mi movida". Si la bruja todavía existía, entonces podría coronarse Rey.

—¿Y cómo pretendes iniciar? —cuestionó Mikli.

—Las ancianas no eran las únicas que sabían sobre el ritual. Tengo una vieja conocida, que también conoces, a la que le dejaste un ojo sano.

Mikli sonrió cuando supo que quien hablaba.

—Después de lo que le hice a su hijito adorado, no creo que nos ayude.

—Lo hará si le dices que devolverás los huesos de Alvin —señaló el esqueleto que pendía sobre la mesa, del que había sido el anterior jefe de los Marginados.

Mikli pareció considerar su propuesta.

—¿Y qué hay de tu reina? —preguntó Durs en un atisbo de inteligencia—-. Estuviste a punto de casarte con ella para abrirle las piernas.

—No puedes culparme. Una mujer hermosa no es cualquier cosa y me gustó demasiado el título de rey como para no arriesgarme, pero prefiero lo que tu hermano me prometió, a mi querido Hiccup, su dragón y a todos sus amiguitos jinetes.

—Y lo cumpliré —Mikli alzó su tarro hacia él—, pero antes debemos conversar sobre el castigo que mereces por no traerme a Ruffnut Thorston.

—Sabía que sería descortés venir aquí con las manos vacías —se apresuró a decir, tratando de sonar calmado—. Verás, luego de que tu novia escapara, la busqué por las islas cercanas, pero no la encontré. Cuando amplié la búsqueda, me topé con algo muy interesante. Al parecer, mi hermano envió a algunos de sus jinetes para acompañar a las tribus a sus islas. Los Uglithug comparten territorio con los Berserker, por lo que pude embosqué la flota de la princesa. Su flota estaba constituida por knarr en su mayoría, y Hiccup sólo puso a dos jinetes, por lo que fue sencillo abordarlos.

—¿Y lograste vencerla? Los Uglithug no son cualquier marinero —alabó Mikli.

—Conozco mejor estos mares que cualquiera de ellos. Tantrum ha permanecido encerrada en sus islas, yo exploré cuanto pude, por lo que usé mi conocimiento para una emboscada.

Y había usado otros trucos, que prefería mantener en secreto de sus anfitriones.

Dagur chasqueó sus dedos. Un grupo de sus hombres entró rápidamente sosteniendo a dos personas y poniéndolas frente a la mesa. Cuando les quitaron las máscaras que cubrían sus rostros, Mikli sonrió de placer.

Dagur supo que había postergado su castigo.

—La princesa cometió el error de haber traído a la mitad de sus guerreros con ella. Todos se ahogaron en el mar cuando los arrojé por la borda y me quedé con los barcos que quedaron. Me aseguré de ello. Ahora mismo el territorio Uglithug está desprotegido. Si vamos a debilitar a nuestros enemigos, debemos atacar intensamente.

La princesa Tantrum O'Ugerly se sacudió, provocando que las cadenas hirieran su blanca piel. Su cabellera usualmente picuda estaba hecha un lío y sus ropas estaban rasgadas, pero ni eso, ni toda la mugre que la cubría podía opacar su belleza. Fishlegs, que había abierto los ojos con horror al darse cuenta a donde los habían traído, cometió la estupidez de querer desviar la atención de Mikli hacia él.

Durs le dio un puñetazo en la papada de su cuello, que lo hizo toser con dificultad debido a la mordaza que llevaba.

—Mencionaste un remplazo de la Voz Elegida, no imagine que quisieras darme a una princesa de los Uglithug. Parece que no hay límite para tu depravación, Dagur —dijo Mikli, su enorme sombra devorando el cuerpo de Tantrum.

—Ah, parece que no conoces nada acerca de la infinita maldad que habita en el corazón humano, Mikli.


Una flota pequeña confortada por drakares apareció en el horizonte de Berk. Los dragones centinelas habían informado a Toothless. Él y Hiccup volaron hacia allá, después de informar a Snotlout, Gobber y Valka que estuvieran listos para un posible ataque.

—Ni siquiera Dagur y esos tontos de Mikli y Durs atacarían con esa flota tan insignificante —dijo Snotlout. Su argumento no fue rebatido por nadie, incluso Mala se mostró. Tenía razón—. De todos modos, nos prepararemos, ya sabemos lo preocupón que eres.

—Sí, no queremos que envejezcas antes por tanta ansiedad —sonrió Tuffnut. Después de dos semanas de pocas palabras y trato cortante, el gemelo había levantado la ley del hielo involucrándolo en sus bromas y estupideces usuales (no sabía si eso era totalmente bueno, pero admitió que ser receptor de su indiferencia era desconcertante)—. ¿Te imaginas? Si flacucho ya es feo, arrugado se verá igual que Old Wrinkly.

Hiccup, Heather y Valka fueron a Punta del Frailecillo para observar llegar a los imprevistos visitantes desde el binocular.

—Snotlout tenía razón. No tendremos que preparar nada —dijo Hiccup con una sonrisa misteriosa hacia las dos mujeres, luego de verificar de quienes se trataban.

—¿Los conoces? —preguntó Heather.

Las conozco, y mi madre también —respondió guardando el binocular y montando en Toothless. El alfa dio una señal al grupo de cinco dragones que había traído por si acaso, dispersándolos—. Llegarán a la Playa Larga en menos de diez minutos. Debemos esperarlas ahí.

—Pensamos que estarían aquí antes. Debemos averiguar qué ha sucedido —dijo Valka subiendo en Cloudjumper, para dirigirse a la extensa playa de arena blanca en Berk.

—Agradecería que me incluyeran en la conversación.

—Oh, vamos, Heather, tú también sabes quiénes son —y le dio una significativa mirada a Windshear, logrando que ella sonriera cuando captó las identidades de los visitantes.

Playa Larga no era el lugar donde solían desembarcar las flotas que venían a Berk, pero por tratarse de invitados tan especiales, harían la excepción. Tan pronto como los drakares se hicieron más próximos, pudieron notar la peculiaridad de la flota. No eran el tipo de barcos ni tampoco la falta de bandera, sino las mujeres que volaban alrededor.

Las Doncellas Aladas eran una tribu que cuidaba y protegía a los bebés Razorwhips de los machos adultos de su especie, y un valioso aliado para Berk en tiempos de guerra. Habían esperado que vinieran pronto, considerando lo fácil que era movilizarse gracias a los Razorwhips que se aferraban a sus espaldas y cinturas. Casi no usaban barcos, por eso era extraño que trajeran algunos.

Cuando las doncellas arribaron, la bienvenida no salió como Hiccup esperaba. Primordialmente porque quedó congelado por el veneno paralizante de un Speed Stinger. Valka actuó de inmediato, tratando de calmar a la criatura que había atacado a su hijo, pero Heather, que no pudo disimular su cara de disgusto, la detuvo.

—Ya lo esperaba, Astrid me pidió que estuviera atenta por si ella aparecía.

—¿Ella?

Del primer drakar, una persona dio un salto para caer elegantemente sobre la arena. Al principio, Valka no supo quién era. Hombreras de piel cubiertas de cota de malla, un corsé de piel tejido con tiras de cuero que hacían sobresalir una prominente delantera, heredada de su madre. Su camisón rojo y pantalones azules, junto con las botas, la hacían parecer intimidante pese a su corta estatura (bastante baja para ser una vikinga). Fue su cara lo que hizo que la identificara. Su nariz respingona también venía de parte de su madre, y el largo cabello rubio despeinado con dos trenzas al lado, era inequívoco de una Bog-Burglar.

—¿Princesa Camicazi? —dijo Valka, con el lejano recuerdo de una bebé berreante entre los brazos del tamaño de un jamón de la ex Jefa de las Bog-Burglar, Grandísima Bertha.

Camicazi no le dio ni un segundo su atención, estaba enfocada en el pobre Hiccup, al que los efectos del veneno se le pasaban rápido debido a la resistencia que había adquirido —él y todos sus jinetes— al ser picados varias veces por los Speed Stingers. Esos dragones eran veloces, pero no tanto como el que Camicazi había adoptado para ella misma.

"Debí fijarme mejor", se lamentó Hiccup pensando en el drakar principal, ese que tenía el símbolo de las Bog-Burglar, y que se distinguía de muchos en el archipiélago, un roble sobre el mar. Además, estaba hecho exclusivamente para que una persona lo navegara, construido con madera resistente de islas que sólo una Bog-Burglar podía conocer.

—No puedo creer que lo que hiciste —dijo Camicazi. Sus pasos hablaron de acecho. Hiccup estaba siendo cazado. Puso una mano sobre la empuñadura de su espada, el relieve de dragones brillando ante el sol del día—. En cuanto noté el comportamiento de los dragones, supe que algo no estaba bien. Creí que me buscarías, prometiste que lo harías en caso de emergencia, pero no lo hiciste. Si no hubiera estado en las Islas de las Doncellas Aladas, no me habría enterado de nada. Cuando llamaste a las tribus… ¡eres un maldito traidor! Me olvidaste a mí, pero decidiste llamar a esa usurpadora. ¡Yo soy la heredera de las Bog-Burglar!

—No desde lo que pasó con tu madre —respondió Hiccup cuando pudo mover sus labios. Sabía lo que vendría, por lo que debía prepararse. Notó la ligera inflexión en la cara de Camicazi ante la mención de Bertha, sin embargo, Hiccup no se disculpó.

Había esperado esto, desde que envió el Terrible Terror a las Islas Bog-Burglar, desde que nada pasaba desapercibido en el Wilderwest. Pero no había podido evitarlo. Las leyes eran claras, y aunque él solía romperlas, Gobber, Phlegma y Mulch habían insistido en que no lo hiciera esta vez.

"De todos modos, alguien se enojará", dijo Phlegma. "Mejor que sea la furia de la princesa, a la de toda una tribu. Las Bog-Burglar son muy orgullosas y han reconocido a Siriana como su líder, hacerles un desaire llamando a su heredera desterrada, no nos convendría en lo que viene".

La mujer había tenido razón. No podía cuidar los sentimientos de su amiga, cuando eso pondría en peligro a todo su pueblo. Un jefe tenía que tomar este tipo de decisiones, Hiccup se percató que todo este tiempo echó la culpa a quienes lo aconsejaron para no asumir las consecuencias.

Hace tres años, hubo un conflicto civil en las Islas Bog-Burglar cuando Siriana retó a Grandísima Bertha por el control de la tribu. Los rumores dicen que la pelea fue tan grande y sangrienta, que cuando Siriana ganó estuvo a punto de perder su nuevo título a causa de sus heridas. Obviamente, Camicazi no aceptó el cambio, retó a Siriana sólo para toparse con que, al perder su madre, la nueva jefa tenía el derecho de decidir su estadía o expulsión de la tribu.

Siriana exilió a Camicazi.

Camicazi no se rindió e intentó recuperar su trono, su herencia. Visitó tribus aliadas cuando sacrificó su orgullo para pedir ayuda, para ser echada ya que la alianza era la tribu Bog-Burglar, no con una princesa desterrada. Camicazi tuvo que aceptar que estaba sola, por lo que cuando fue a Berk, no se molestó por la respuesta negativa de Stoick, y sólo pidió hablar con Hiccup.

"Me pidió mis conocimientos sobre dragones y después se fue", y lo poco que sabía Hiccup sobre ella había sido por menciones de Tantrum, cuando la mimada princesa los visitaba para reafirmar sus tratos, de cómo le había prestado una de las islas del territorio Uglithug para resguardarse cuando volviera de sus viajes. "No puedo dejar que la ira de Camicazi arruine todo sólo por sus problemas personales".

"Si los demás rompen las reglas, está mal. Sólo está bien cuando tú lo haces".

Ah, no quería pensar en las palabras de Ruffnut en este momento. El movimiento regresaba a su cuerpo. Estaba listo para tomar a Inferno y tratar con Camicazi.

Cuando ella tomó el pomo de su espada, le demostró a Hiccup lo mucho que había mejorado desde la última vez que se vieron. Como un relámpago, la primera estocada vino de ella. Hiccup apenas pudo detenerla, de por sí no era el mejor combatiente. Su Inferno chocó contra el metal de la espada de Camicazi, produciendo un chillido espantoso.

Pero la lucha no se postergó, para buena suerte de Hiccup. Quizás no podía pelear tan bien como un vikingo promedio, pero era bueno observando. Había notado las pequeñas variaciones en las estocadas de Camicazi. Estaba herida, por lo que usó toda su fuerza para sacar provecho y desgastarla.

Blandió a Inferno cuando vio una apertura, y prendió la espada para distraer a Camicazi y ganar la contienda. Camicazi quedó en el suelo, con la cara roja y ganas de seguir peleando. Hiccup se arrepintió de traer armadura, pues el calor y la agitación lo tenían bañado en sudor.

—Basta, Camicazi —dijo Atali interponiéndose entre ellos, la miraba expresamente a ella—. Permití esto para dejarte descargar, porque lo necesitabas, pero no dejaré que tu ceguera haga que tus heridas empeoren. No te has recuperado de nuestra pelea con los romanos.

—¿Romanos? —preguntó Hiccup recuperando el aire que le faltaba.

—Es una larga historia, joven Hiccup —sonrió Atali. Mantenía su expresión adusta, pero amable, y había cambiado su peinado a uno más suelto, sostenido por una tiara más sencilla—. La Reina Mala de los Defensores del Ala nos puso al tanto en su mensaje, pero lo cierto es que todo se resuelva hablando debidamente. Tenemos mucho que discutir.

—Hablar, hablar y hablar, es todo lo que hacen los jefes últimamente —refunfuñó Camicazi poniéndose de pie. Shadowlight, su Speed Stinger, se acercó a ella cuando una mancha roja apareció en su costado derecho.

—Primero irás a que atiendan tu herida —dijo Atali, y por su tono y el gruñido de Camicazi, Hiccup se percató que habían llegado a una especie de acuerdo del que luego hablarían—. Ya luego tendrás oportunidad de conversar con tus amigos.

—No son mis amigos —sentenció dándole una mirada fría a Hiccup y desdeñando a Heather, con la que nunca se había llevado bien—. Iré a que me curen, si eso te hace feliz, pero nada me impedirá ir a donde quiera.

—No se molesten con ella —pidió Atali cuando Camicazi subió a Shadowlight para dar un gran salto de vuelta al drakar—. Ha tenido una vida dura desde lo que pasó a su madre.

—Muchos han tenido una vida dura y no van por allí desquitándose con los demás —dijo Heather.

—Por el momento, dejaremos la discusión de esos temas de lado —intercedió Valka para evitar conflictos innecesarios, y agregó mirando a Atali—. Es bueno volver a verte, mi estimada colega.

—Siento lo mismo, Valka —dijo Atali—. Han pasado años desde la última vez. Por lo que se dice en el Archipiélago, han pasado muchas cosas.

—De eso hablaremos a su debido tiempo, por ahora siéntanse como en su casa. Tus guerreras pueden acomodarse en la zona del bosque que está arriba de esta playa. Sé que prefieren la privacidad.

Cuando finalmente se dirigieron volando hacia Berk, Atali les contó sobre las recientes batallas que tuvieron sus doncellas aladas contra los romanos. Al parecer, ellos estaban intentando hacerse con las islas exteriores, aunque su objetivo final permaneció desconocido. Cazaban y esclavizaban a los dragones, vendiendo su carne y piel en el continente, o poniéndolos a pelear para entretener a los nobles.

Atali contó que los romanos habían conseguido esclavizar a otras tribus, como la temible tribu Histérica que había terminado dentro de un barco romano para ser vendidos. Cuando todo había empezado, es decir, desde que los dragones se portaron extrañamente, Atali había estado decidida a responder al llamado, pero su isla recibió un sorpresivo ataque romano que tuvieron que atender hasta solucionarlo.

—Peleamos durante tres días seguidos. Camicazi llegó a mitad de la contienda y gracias a ella, los hicimos dispersarse. No lograron llevarse ningún bebé Razorwhips, pero muchas doncellas murieron. No podíamos abandonar la isla por la amenaza constante de los romanos, pero eso tuvo una solución natural. Las Razorwhips respondieron al llamado de la Madre, llevándose a sus huevos y algunas crías con ellas a las islas interiores.

—¿Estarán a salvo? —preguntó Heather.

—No subestimes a una madre dragón —dijo Valka—, por ahora estarán a salvo mientras se movilizan.

—Tratamos de seguirlas —admitió Atali—, pero no nos llevaron a ningún sitio. Fue como si… como si aún no supieran a dónde ir exactamente. Pienso que lo sabremos en cuanto la ceremonia se complete.

—No sabía que las doncellas aladas estuvieran involucradas en la historia vikinga —dijo Heather con sinceridad.

—Mi tribu cree firmemente que para evitar repetir errores del pasado, hay que preservar bien toda la historia. Sea o no sea "agradable". Sin embargo, los estragos ocasionados por los romanos han resultado en valiosas pérdidas de información, pergaminos enteros fueron quemados o robados.

—¿Para qué querrían los romanos robar cosas así? —preguntó Heather—. No tiene sentido, excepto por los dragones, no hay nada en nuestra historia que sea de su interés.

—Heather tiene razón, es sospechoso —dijo Hiccup.

—Lo dejaremos a decisión del consejo —intervino Valka antes de que a Hiccup se le ocurriera pensar en una misión de exploración en la situación que estaban—. Por ahora, lo mejor será que Atali se reúna con Ruffnut, para después hablar debidamente.

—No luces sorprendida de que Ruffnut haya sido elegida —señaló Hiccup. La aldea apareció a la vista, los del consejo, Snotlout, Tuffnut y Eret los esperaban fuera del Gran Salón.

—¿Tú crees? —replicó con amabilidad—. Hay distintas maneras de mostrar grandeza, joven Hiccup, y no siempre es obvio ante nuestros ojos. Siempre hay que verlo desde otro ángulo. Si todos fuésemos iguales, ¿qué sentido tendría esforzarnos? Nada cambiaría, nada evolucionaría.

—Pero no habría caos —dijo Heather.

—Con gusto aceptaré el caos si eso lleva a la evolución. No desestimes los tiempos difíciles, Heather, son los que nos fortalecen.

Aterrizaron justamente cuando Snotlout se estaba quejando de que Mala se rehusó a abrirles la puerta del Gran Salón para que no la interrumpieran. La presencia de Atali, a diferencia de la de la Reina, fue recibida con curiosidad por los berkianos. Desde que Berk había hecho alianza con las Doncellas Aladas, y desde que una de ellas se había casado con un miembro del Clan Ingerman, se trataban con más familiaridad que con la que tratarían con los Defensores del Ala.

—¿Por qué está enseñándole a cantar en un lugar tan cerrado? —preguntó Atali.

—Su Alteza dijo que eso ayudaría a mi hermana a concentrarse —respondió Tuffnut—, como si no fuera fácil distraerse contando las vigas del techo.

Atali miró hacia el Gran Salón con aprehensión. El mensaje de la Reina pidiéndole ayuda no había sido necesario, pero le había mostrado lo que planeaba hacer. Sin decir más, avanzó hacia la puerta y sin pedir permiso, abrió la puerta. Llegó a escuchar parte del sermón de Mala hacia Ruffnut, quien por la cara que tenía se veía a punto de estallar.

La luz derramándose al interior aturdió a los ocupantes (Adelaide se despertó completamente después de estar cabeceando la última media hora). Mala frunció tanto el ceño por la interrupción que habría podido competir con la expresión más iracunda de Stoick el Vasto. Ruffnut se cubrió los ojos con la mano hasta que fue capaz de descubrir quien era.

—¡Atali! —una sonrisa de total alegría puso fin a su malhumor. Sin perder tiempo, corrió a recibir a su amiga con un abrazo.

Hiccup llegó justamente detrás de Atali, mirando la escena con satisfacción. Desde que había comenzado el entrenamiento, Ruffnut había dejado de sonreír. A menudo lo hacía, cuando en escasas ocasiones podía conversar con Tuffnut, Snotlout, y sorpresivamente, Eret. Porque con Hiccup casi no hablaba desde la noche que discutieron. Él y ella no tenían nada en común, y salvo las circunstancias en las que ella estaba, Hiccup ya no pensaba que tuvieran algo que compartir. Incluso Toothless, que había ordenado que un dragón la custodiara al día si no lo hacía él mismo, parecía más cercano a ella.

Ruffnut había cambiado. Ahora parecía centrada, enfocada en desenvolverse en su papel a pesar de tener que soportar las lecciones de Mala, a pesar de terminar con la garganta reseca por el esfuerzo. Estaba soportando lo que había que soportar sin quejas, cuando él resentía la falta de libertad, producto del aumento de sus responsabilidades. Aunque no era un jefe, lo parecía ahora, pero Hiccup estaba seguro que de no ser por la asesoría de Gobber y Valka, y la ayuda de Snotlout, Eret y Tuffnut, no lo habría logrado. Hasta Mala y Heather habían aportado con sus oportunos consejos, cuando la usual actitud de Hiccup ante los monótonos problemas de la aldea lo conducían a decisiones que apresuradas.

"Pensé contarle sobre mis sueños y las voces que oí, pero no parece que ella vaya a tomarlo en serio".

—Sólo digo que no ha sido la mejor manera de hacer las cosas —dijo Atali.

Hiccup se dio cuenta que no se lo había dicho a él, sino a Mala. La Reina se erizó al ser contrariada. No estaba en sus cinco sentidos, pues así como Ruffnut estaba harta de ella, Mala simplemente continuaba por cumplir su deber.

—He estado haciendo lo mejor para enseñarle —replicó Mala—, pese a que no es una alumna considerada.

—Parece que necesitamos aclarar un par de cosas antes de continuar, Reina Mala, porque no estoy de acuerdo con su opinión sobre Ruffnut. Ella es la Voz Elegida, no es ninguna alumna —no le dio tiempo de replicar, porque se enfocó en Ruffnut y le tocó el hombro—. Hay una sorpresa para ti allá afuera. No se atrevió acercarse, pero sé que si le llamas, aparecerá.

—Gracias, Atali —dijo Ruffnut sabiendo que luego tendrían tiempo para hablar adecuadamente.

Ruffnut salió sin quejarse, contenta por no tener que seguir adentro. Nadie la detuvo ni la siguió, ya que los curiosos estaban empezando apuestas cuando Mala y Atali iniciaron un intercambio poco medido de verdades incómodas. Tuffnut estuvo más que feliz de meter cizaña. Eret se encogió de hombros y prefirió irse a seguir con su trabajo en el muelle. Snotlout saludó a Minden, la doncella alada que lo había besado hace tantos años. Gobber y Valka le hicieron un favor deteniendo a los demás miembros del consejo, para que la dejaran ir.

Ruffnut corrió hacia la plaza central con una gran sonrisa de expectación. Cacareó fuertemente y esperó. No pasó ni un minuto para que una sombra sobrevolara su cabeza, un dragón de escamas plateadas y ojos verdes descendió frente a ella.

—¡Wingnut! —lo tomó de los costados de su hocico y unió su frente con la de él—. Por Freya, es genial que estés aquí.

"Te veía cada noche en mis sueños", declaró Wingnut con tono infantil. Después de todo, aún seguía siendo un niño en edad de dragones. "Volábamos juntos".

—Hagámoslo ahora —propuso Ruffnut—. Atali ha conseguido llamar la atención de Mala para darnos la oportunidad de divertirnos, antes de que se enojen conmigo por escaquearme.

Obviamente, siendo tan joven como era, Wingnut no comprendió qué consecuencias habrían por escaparse. Contento por volar otra vez con Ruffnut, permitió que lo montara y emprendieron vuelo. Ruffnut gritó de gozo al estar una vez más en el aire. No podía ser un punto fijo en la tierra, necesita moverse, necesitaba el viento golpeando su cara, la sensación de vértigo de las alturas.

Se sintió irremediablemente feliz y completa conforme dejaban atrás la Isla de Berk, que no se dio cuenta que Hiccup y Toothless la estaban siguiendo. Estaban a una distancia considerable, un par de metros arriba de ellos lo suficiente como para tener una vista adecuada de ella.

Hiccup no comprendió por qué estaba allí, detrás de ella. Ruffnut no le agradecería que interrumpiera su momento de privacidad, cuando después de dos semanas cada uno de sus movimientos había sido vigilado por los aldeanos. Se preocupaba por ella, a pesar de todo, deseaba entenderla para que le permitiera acercarse sin sentirse incómodo e inapropiado.

"Es mi amiga", se repitió para convencerse que nada más podía crecer entre ellos. "Si es así, ¿por qué lo estoy considerando? Ella es Ruffnut. Ella no me gusta. Astrid es la única para mí".

Estaba hecha polvo y con las alas cortadas…

Hiccup parpadeó. Ruffnut estaba cantando. No la había escuchado desde hace dos semanas. Mala no había permitido que nadie se acercara al Gran Salón para saber lo que hacía. A diferencia del increíble volumen de su alma, la voz material de Ruffnut era menos ruidosa, menos impresionante, pero agradable.

Tenía voz, pero no podía cantar. Me dejaste sin fuerzas.

No reconoció la canción, no era como si Hiccup conociera todas las canciones vikingas, pero… Toothless voló más cerca, percatándose primero de las intenciones de su jinete. Wingnut no se dio cuenta de su presencia, embelesado por la voz de la mujer sobre su lomo.

Ahora lucho por volar.

De repente, en la mente de Hiccup se empalmaron la canción de su sueño y la canción de Ruffnut. Fue confuso. Ambas decían cosas diferentes, pero hablaban de una voluntad inquebrantable, de continuar pese al dolor y las heridas. Lo condujeron a meditar sobre sí mismo, sobre todo lo que había hecho hasta ahora desde que esto había iniciado.

"Me he comportado como un niño. Me he convencido que soy el único que puede hacer algo aquí, pero no he hecho nada. No quiero afrontar nada y escapo siempre. No puedo actuar como jefe cuando me dé la gana y luego hacer como que no quiero el mando".

Observó a Ruffnut. Ella sabía lo que esperaban de ella, lo que perdería si fallaba, lo que vendría si ganaba, y no estaba escapando. Ruffnut era una mujer loca por la destrucción y el caos, pero no era desconsiderada. Estaba dando todo de sí, no sólo por ella misma, sino para proteger las personas que le importaban (su hermano, su pueblo —humanos y dragones por igual).

Era momento de que Hiccup actuara a su altura.

Había encontrado su punto de concordancia.

Toothless asintió cuando notó el cambio en el ánimo de Hiccup y se rió cuando su jinete le reclamó por ser tan sabiondo al haber llegado, por fin, a su resolución.

—¿Eh? ¿Qué hacen ustedes aquí? —preguntó Ruffnut cuando se dio cuenta de su presencia—. Olvídalo, sea lo que sea, no volveré pronto. Aunque sería divertido ver a Atali poniendo en su lugar a Mala, prefiero ocupar mi descanso para relajarme.

—Necesito hablar contigo —pronunció Hiccup ganándose una mirada ceñuda de ella—. Por favor.

—Me quedó muy claro en estas dos semanas, que lo que menos quieres es hablar conmigo, Haddock. También lo que piensas de mí. Bonita manera de hacerme sentir bienvenida. Diciéndome en mi cara que no soy un buen partido para un jefe.

—Está bien, lo siento, no debí decirlo, ¡pero sabes que no pienso eso de ti! Es sólo… los problemas siguen apareciendo uno tras otro desde la muerte de mi padre, que me siento agobiado.

—Noticia de última hora, Hiccup: ¡Siempre habrán problemas! Esté o no esté tu padre, siempre habrá algo nuevo con lo que tratar, ni yo soy tan estúpida para creer que todo permanecerá igual. Oh, sorpresa, el mundo siempre está cambiando, ¡aprende a vivir con ello!, y deja de pensar que los demás sólo están para seguirte. Tenemos vidas propias, metas que podrían alejarnos de Berk y méritos que, quizás no pueden competir con lograr la paz entre humanos y dragones, pero nos hacen sentir orgullosos —gritó ella—. Estás agobiado y lo entiendo, pero deja de poner excusas y afréntalo. Si lo logras, celebra tu victoria. Si fallas, aprende de tu derrota. Si tienes algo que decir, dilo. Si sabes que debes callar, entonces cierra la boca. No es tan difícil, ¿no crees?

Ruffnut no se sonrojó, ni el viento agitó sus trenzas, ni la luz del mediodía le dio vida a las facciones de su cara. No había nada etéreo, ni una belleza demoledora, ni efectos naturales mágicos.

Era sólo ella hablando directamente de una verdad que Hiccup se había rehusado a aceptar.

—Tienes razón, Ruff —dijo después de un momento.

—No lo digas sólo para alabarme, Haddock.

—No estaba tratando de alabarte, sino decirte que estoy de acuerdo contigo. Estaba equivocado, pero quiero repetir mi promesa, Ruffnut. ¿Aún puedes confiar que cumpliré mi palabra?

Ruffnut no dio una respuesta hasta después de media hora mientras volaban de regreso a Berk. Cuando estuvieron a punto de descender a la plaza central, le dijo:

—Quiero vivir. Haré lo que sea para continuar existiendo en este mundo.

—Yo quiero lo mismo —confesó Hiccup.

—¿Haces esto por lástima o para quitarte la culpa?

—No me atrevería a ofenderte tanto. Aprecio mi vida, aunque no lo parezca. Además, estuve en el mismo lugar en el que estás ahora, sabes.

Ruffnut exhaló con resignación y estiró su mano para cerrar el trato.

—De acuerdo, Haddock, hagamos esto juntos.

—¿No lo haremos con un cabezazo como antes?

Ruffnut se sorprendió de que se lo pidiera.

"Ah, por fin otra mirada a la que me estuvo dando durante estas semanas", era un pequeño triunfo, pero Hiccup lo tomaría. Nunca le había tocado presenciar la indiferencia de Ruffnut, y podía decir libremente que era peor la furia de Astrid (al menos con Astrid sabías que un hachazo o un golpe en la cara era lo peor que recibirías, con Ruffnut nada estaba asegurado).

—Qué bueno que han regresado, cuando me di cuenta que no estaban, creí que era porque Ruff había decidido asesinarte por fin —informó Snotlout. El barullo entre Mala y Atali continuaba, por lo que los berkianos estaban entretenidos soltando reclamos y vitores—. Acaba de llegar un mensaje urgente de la Isla Meathead.

—¿Nuestro tío seguirá postergando su estadía con los Meathead? —inquirió Hiccup.

—Por mucho que me agrade no tenerlo rondando a mi madre, no es algo como eso. Tiene problemas con un dragón, y antes de que digas algo, no tiene relación alguna con el entrenamiento que Thuggory empezó. De hecho, me sorprende que nuestro tío esté haciéndolo bien, aunque debe ser porque Fireworm no permitiría que dragones salvajes se portaran mal con Thuggory, así que todo el trabajo recae en ella.

—¿Te dijo qué clase de dragón es?

—No, pero por su letra apresurada puedo suponer que no estaba preparado. Nuestro tío sabe sobre Monstrous Nightmare y Nadders, pero quizás en las islas hay otras especies salvajes.

—Bien —dijo Hiccup, montando otra vez en Toothless, mientras Ruffnut lo hacía en Wingnut—. Responderemos la llamada de Thuggory. Snotlout, tú irás conmigo.

—¿Qué hay de Mala y Atali? —dijo Snotlout—. Si no las invitas estarías ofendiéndolas como jefas.

—Iré con ustedes —se ofreció Minden con firmeza. Ella había cambiado su apariencia también, tenía el cabello negro trenzando complicadamente y había añadido una imagen de Monstrous Nightmare a una de sus hombreras—.. Atali me pidió que me encargara de los asuntos secundarios mientras ella trataba con la Reina.

—Me apunto en este viaje —dijo Throk tras abrirse paso en la muchedumbre. Llevaba su larga hacha en la espalda, y por su expresión, pudieron notar que lo hacía para que no tuvieran problemas con Mala. Throk se dirigió hacia Hiccup, que le dio espacio para que se sentara detrás de él.

Snotlout llamó por Hookfang. Minden acarició la cabeza de su bebé Razorwhip para prepararlo para el viaje.

—¿En serio pensaban irse sin invitarme? —dijo Tuffnut situándose del lado de su hermana. Barf y Belch saludaron a Wignut, restregando sus cabezotas con la suya—. No puedes ir a una isla con un dragón potencialmente peligroso sólo con mi hermana.

—Con suerte, éste será el día en que uno te coma, Tuff.

—Preferiría que te coma a ti, pero no deseo causarle semejante indigestión. El pobre sufriría mucho.

Ambos sonrieron con complicidad. Tuffnut subió en Belch y le hizo señas con las manos a Barf para indicarle cuando debían despegar. Anteriormente había sido complicado que el Zippleback se moviera si uno de los gemelos faltaba, pero tras años de práctica, había superado su debilidad y convertido en una ventaja, ya que la cabeza vacía podía ser ocupada casi por cualquiera.

—Parece que has tomado una decisión —pronunció Valka apareciendo frente al grupo. Tenía una expresión conciliadora y miraba a Hiccup con orgullo.

—Así es —sonrió él con confianza, y echó una mirada breve hacia Ruffnut que estaba retando a Tuffnut a una carrera—. Ahora sé qué es lo que tengo que hacer.

Valka asintió, totalmente complacida por el aparente cambio de su hijo.

—Me encargaré de manejar todo en tu ausencia. Si algo más sucede, no dudes en informarme. Llegaremos tan pronto como podamos.

—Gracias, madre.

Despegaron al mismo tiempo, llamando la atención de los pocos vikingos que se dieron cuenta de que se iban. Hiccup lideró la formación, con Snotlout y Ruffnut detrás de él. Minden volaba alrededor de ellos, parando de vez en cuando en la cabeza de Barf cuando su pequeño Razorwhip se cansaba, después de todo, había salido del huevo hace tres semanas.

—¿Y ya has pensado un nombre para el pequeño? —dijo Tuffnut que era el mejor cuando de cuidar bebés Razorwhip se trataba.

—Usualmente no lo hacemos, pero desde que Wingnut se ha vuelto parte de nuestra tribu, creemos que los nombres hacen que el vínculo se profundice. Wingnut no es como los otros machos, él no daña a las crías —respondió Minden.

—Yo tengo varias ideas, como Destructor Sanguinario de Cabras, Destripador Colador el Dragón…

Mientras Tuffnut continuaba diciendo nombres cada vez más irreverentes, Snotlout informó del contenido total del mensaje. Al parecer, el dragón estaba herido por lo que no dejaba que nadie se le acercara. Habían logrado calmarlo momentáneamente con dragon nip, pero no era suficiente.

—Espero que al imbécil de Baggybum no se le haya ocurrido hacer algo para dañar más al dragón —masculló Ruffnut entre dientes. Para nadie era inusual lo mucho que Ruffnut se preocupaba por los dragones. No había abandonado a Scauldy cuando la necesitaba. Se había sentido decepcionada por no poder hacer nada para ayudar a Wingnut.

—¿Está bien que vengas con nosotros? —preguntó Snotlout, aunque por su tono parecía que lo preguntaba más por compromiso, que por preocuparse por la reacción de Mala y los demás.

—Corro exactamente el mismo peligro en Berk que en la Isla Meathead —respondió ella—. Soy la Voz Elegida, pero también soy un jinete de dragón y haré lo posible por ayudarlos. Además, los Meathead serán mi tribu una vez me case con Thuggory. Se vería mal que la prometida de su jefe no se aparezca cuando hay problemas.

—Suenas igual que tu madre —rió Snotlout—. Lástima que no tengas su apariencia. Freya sabe lo difícil que será para ti tener a los pequeños herederos Meathead, con esas caderas tan delgadas que tienes.

—Estás disfrutando mucho que haya hecho público mi compromiso, ¿verdad?

—Estoy pasándola de lujo. Los chismes que han corrido entre los de Berk son especialmente divertidos. Como no sabían nada, han perdido la cabeza. No dudo que sepan lo que hiciste hasta en el continente.

—Más vale. No volveré a usar esa capa de nuevo, pica demasiado —se quejó Ruffnut—. Pero tenía que hacerlo o los consejeros Meathead empezarían a buscar otra esposa para Thuggory. No voy a dejar que esta alianza se pierda si es que saben que me voy a morir.

Hiccup entendió al fin la razón por la que Ruffnut anunció su compromiso de esa manera. Los Hairy Holligans no era como los Meathead en cuanto al matrimonio político (al menos no desde que Stoick se casó con Valka, rompiendo los estatus para siempre). Los Meathead eran severos en las características de las parejas de sus herederos. La fidelidad y la pureza debían estar garantizadas, pero no por razones triviales, sino porque en el pasado, muchas esposas engañaron a su marido, haciendo pasar los hijos de otros por herederos legítimos, ocasionando mucha confusión y conflictos. Quien se insinuara o tocara a una prometida Meathead, sería perseguido por toda la tribu y la mujer sería despreciada, o en el peor de los casos, le cortarían la cabeza.

Para verificar que un bebé sí tenía sangre Meathead, era inspeccionado por matronas capacitadas, que conocían bien la marca de nacimiento que debían tener y en dónde.

Unas horas después vieron al conjunto de islas que componía el territorio Meathead. Estaba separado por las Islas del Norte y la del Sur; en el norte, estaban Puerto Oscuro y el Acantilado Porsiempre. En la parte sur, estaba la Villa Meathead, cerca del Cementerio Meathead donde enterraban a sus muertos. Y tenían pequeñas islas como Olvídame y la Isla Caníbal.

En Olvídame se encontraba la Biblioteca Pública Meathead, donde una vez hace tantos años, Gobber robó el Manual de Dragones.

Las chozas eran distintas a las de Berk, ya que usaban la piedra del terreno para hacerlas más resistentes que sólo madera (pues había muy pocos árboles en las islas). De acuerdo con lo poco que los Meathead les habían dejado estudiar de su territorio, cuando Stoick aún vivía y apenas empezaban a aumentar su conocimiento sobre dragones, las especies residentes eran Monstruos Nightmare, Thunderdrum, pequeños Fireworm y unos cuantos Silver Phantom.

—Una vez me case con Thuggory, lo primero que ordenaré es que construyan túneles debajo de la isla. Tanto espacio desaprovechado es horroroso. Uno puede divertirse mucho allá bajo —susurró Ruffnut mirando el terreno, más que burlona siendo contemplativa, pensando en sacarle verdadero provecho a las tierras de su futuro esposo.

"En verdad no le molesta esto", se dio cuenta Hiccup. "Ha aceptado casarse con él".

Lo extraño era que eso le había dejado un regusto muy amargo. Entre sus razones para oponerse, además de un matrimonio sin amor de por medio, era que se figuraba que la vida de casados de ambos serían un martirio siendo Ruffnut como era (todavía recordaba la vez que creyeron que Fishlegs y ella se habían casado). Aunque… después de dos semanas viviendo juntos, Ruffnut no le pareció insoportable. Se habían dividido las labores equitativamente, y de hecho, gracias a su insistencia, Hiccup había empezado a mover objetos que nunca habría tocado para intentar preservar la memoria de su padre. Las veces que Ruffnut cocinaba no tenían la sazón que acostumbraba su paladar, pero no sabía mal.

Thuggory, el jefe de los Meathead, los estaba esperando en su villa. A su lado estaban Fireworm y tres hombres ancianos que eran sus consejeros. Thuggory impuso su presencia sin siquiera hablar. Era alto, esbelto pero con los músculos bien torneados, aunque lo ocultaba bien debajo de su ropa y su capa de jefe. Su cabello negro era largo y revuelto, y sus ojos grises, característicos de su tribu, brillaron cuando los jinetes descendieron. Los aldeanos Meathead rodeaban la plaza y les observaban con curiosidad.

Hiccup notó que algunos ya tenían un dragón al lado. No pudo evitar sonreír con satisfacción, antes de que Thuggory lo sofocara con uno de sus habituales abrazos de oso.

—¡Vaya que son rápidos! Sin duda, ahora que mi pueblo sepa montar dragones, seremos veloces… oh, pero no viniste por eso. Hay cosas importantes que hacer.

Cuando Thuggory lo soltó, tan espontáneo como era, se dio la vuelta para encarar a Ruffnut.

—Han llegado rumores a mí sobre lo que has hecho en Berk, anunciando nuestro compromiso tan descaradamente. Mis asesores no están contentos por eso.

Ruffnut levantó el mentón, tanto para demostrar que no se sentía intimidada por lo que pensaran esos ancianos, como para poder mirarlo frente a frente.

—Pero a mí me hizo gracia. Me habría gustado estar allí para ver las expresiones de tu pueblo —declaró Thuggory mirando con orgullo a Ruffnut—. Los Meathead seremos afortunados en tenerte.

—Espero digas lo mismo luego de mi primer día aquí.

Thuggory se rió. Hiccup parpadeó desconcertado. Su amigo no parecía sorprendido de que Ruffnut le dijera lo peor que podría pasar cuando se casaran. Sin embargo, se dio cuenta que Thuggory no pensó en ningún momento que, por ser la Voz Elegida, ella podía morir. No, él había hecho lo que otros no, tener esperanza en que ella viviría, que Ruffnut sobreviviría para que pudieran casarse y gobernar juntos las islas Meathead.

Y Ruffnut también se dio cuenta, por la sonrisa que le dedicó, una que nunca le había visto antes. Sabía que ella no estaba acostumbrada a los elogios, así que ante la honestidad de Thuggory lo único que pudo hacer fue sentirse conmovida.

Repentinamente incómodo, Hiccup carraspeó para llamar su atención. Tardándose un momento, Thuggory desvió su mirada hacia él.

—¿Qué clase de dragón es? Nuestro tío no lo especificó.

—Justo lo que esperaba de ti, siempre al punto —dijo con una sonrisa—. Su tío se quedó custodiando el lugar dónde está. No dejé que mis hombres se acercaran, ya que se ponían nerviosos y eso sólo complicaba la situación. Como podrán ver, aunque hemos avanzado en el entrenamiento, aún hay… rezagados, pero nada que no se pueda enmendar.

—Una vez que termine esto, Snotlout puede quedarse a ayudar. Baggybum es bueno, pero mi primo es aún mejor.

—Eso suena genial para mí —miró hacia Snotlout—. ¿No hay problema con eso?

—¿Problema? Ja, verás cómo vuelvo jinetes competentes a todos en Meathead. No volverán a ser los mismos, te lo aseguro.

—Entonces cuento contigo, maestro Jorgenson —asintió Thuggory—. Ahora los guiaré a Isla Caníbal. Baggybum quería mostrarnos algunos ejercicios de asedio, pero fuimos interrumpidos cuando descubrimos que un dragón herido se ocultaba en una de las cavernas. Nos tomó desprevenidos, más cuando se negó a que le atendieran las heridas. Fireworm me instó a alejarme y esperar. Suban a sus dragones y síganme.

No fue un trayecto largo. Thuggory mostró lo talentoso que era y lo sincronizado que se volvió con Fireworm en estas semanas. La hermana de Hookfang se había adaptado perfectamente a su nuevo hogar, y a diferencia de su trato grosero a Snotlout, con Thuggory era una dulzura.

La Isla Caníbal no era tan aterradora como su nombre. Había pertenecido temporalmente a los Marginados, hasta que el tataratatara abuelo de Thuggory la recuperó en un combate cuerpo a cuerpo. Tenía muchas cavernas donde ocultarse, así como nidos de frailecillos y gaviotas. Las piedras estaban cubiertas de musgo. Tuvieron cuidado al descender, no había demasiado terreno estable para hacerlo.

Baggybum estaba allí, por su cara pálida que hizo que resaltara su nariz rojiza, y había soltado un gran suspiro de alivio cuando los vio llegar.

—Está allí desde hace rato —indicó rápidamente, señalando con su dedo parecido a una salchicha hacia una caverna, donde podía apreciarse una figura iluminada por chispas que saltaban.

—Es un Skrill —dijo Hiccup tan impresionado como intrigado. Los Skrill eran dragones de clase Strike, de los más temidos y misteriosos en su momento. Eran agresivos, poderosos y casi irrefrenables.

El Skrill sintió la presencia de nuevos intrusos. Un gruñido escapó de sus mandíbulas y más chispas saltaron, pero eran débiles intentos para disuadirlos. Un Skrill en condiciones sanas, no haría advertencias, atacaría.

—¿Cómo son sus heridas? —preguntó Hiccup a Baggybum.

—No las he visto directamente —respondió—, pero… el olor a sangre no es algo que un vikingo pueda olvidar. Apesta en ese lugar y también a quemado.

Hiccup meditó qué debía hacer. Por un instante le pasó por la cabeza que Toothless usara su presencia de alfa, pero sería contraproducente a largo plazo. Los Skrill eran dragones orgullosos, por lo que no descartaba que el vínculo se diera por sumisión, no por confianza.

—Está bien, en este momento necesito sugerencias —dijo Hiccup hacia Snotlout y Tuffnut.

—Darle calmantes hasta que se duerma, porque no creo que nos deje acercarnos con sólo pedírselo.

—Puedo hablar con él —se ofreció Tuffnut. Él era quien manejaba mejor el idioma de los dragones—. Se me da bien hablar con cualquier dragón.

—Es una opción —consideró Hiccup, mordiéndose el pulgar.

Thuggory se unió a su conversación, haciéndoles saber que les ayudaría con lo que pudiera. Throk y Minden también aportaron con sus ideas. Baggybum sólo asintió a lo que decían.

Ruffnut estuvo atenta a su discusión, para después aburrirse y dirigir su atención a la caverna. Un Skrill. Vaya dragón fueron a toparse. Ruffnut dio unos cuantos pasos para acercarse, tratando de ver en la oscuridad. El dragón gimoteó, lo que pretendió ser un gruñido.

"Pretende luchar hasta su momento final", se percató maravillándose de la fuerza y terquedad de la criatura. Por un breve instante, pensó en otro Skrill, el que había liberado hace dos semanas. "No me importa si no nos volvemos a ver, pero que esté a salvo. Es lo único que pido".

"Tengo… que… encontrarla…".

Ruffnut no era tan diestra con el dragonés, pero había captado el susurro. Dejó de lado la precaución para acercarse más. No notó que Toothless la vigilaba, ni que los otros dragones también estaban al pendiente. Paso a paso, entre gimoteos y quejas, pudo escuchar más cosas.

Las personas solían creer que los dragones eran animales, dominados por sus instintos. Pero no era así. Tenían sentimientos, pensamientos, sistemas de valores propios, leyes y jerarquías. No eran criaturas sin intelecto y sufrían igual que los humanos.

—Está buscando a alguien —dijo Ruffnut con un susurro.

Dio un paso en falso.

El dragón creyó que lo atacaría, por lo que saltó de su escondite. Todo sucedió en un parpadeo. Ruffnut quedó atrapada debajo del dragón. Las heridas de él quedaron expuestas, revelando el terrible estado en el que se encontraba. Barf y Belch, y Wingnut quisieron ayudarla, pero Toothless, siendo el más perceptivo de todos, les ordenó detenerse. Hiccup no comprendió por qué Toothless lo hizo. Throk y Thuggory sacaron sus armas. Tuffnut gritó y Snotlout vio como Baggybum se ocultó detrás de una roca. Minden se sintió divida entre hacer o esperar.

Las escamas purpuras del dragón estaba deterioradas. Largos ríos de sangre salpicaban dese heridas profundas donde brotaban un horrible hedor a pus. Enormes quemaduras habían dejado en un estado lamentable sus alas. Fue impactante ver a una criatura tan magnífica reducida a esto.

Ruffnut tuvo la respiración del Skrill frente a su cara. Tal cercanía le permitió mirar directo a los ojos alterados.

No era un Skrill desconocido. Ruffnut podía ser despistada, pero podía diferenciar a cada dragón que había conocido personalmente de los que no.

—Eres tú —dijo con dificultad. Las patas le presionaban el pecho, por lo que respirar era complicado—. ¿Qué…?

"Tengo… que… tengo que… encontrarla…".

"Está sufriendo", Ruffnut no podía soportarlo. No apreciaba ver a tan maravillosas criaturas sufrir. Desoyendo los consejos de Hiccup de quedarse quieta, estiró una de sus manos intentando alcanzar la punta del hocico.

—Soy yo —dijo Ruffnut—. ¿Me recuerdas?

"Vete. Vete y olvídame".

Un sollozo, o algo similar a un sollozo provino del dragón. Ruffnut terminó de acortar la distancia, para tocarlo.

—Estoy aquí —susurró suavemente—. No me iré a ningún lado.

De no ser porque Toothless intervino justo a tiempo cuando la criatura se desmayó, Ruffnut habría terminado aplastada. Tuffnut fue el primero en ayudarla a salir y Ruffnut se vio sumergida en un montón de preguntas por su bienestar, pero no podía quitarse la sensación de encuentro y desasosiego desde que lo tocó.

—Tenemos que curarlo —ordenó Hiccup tomando el mando—. Traje algunos brebajes hechos con la saliva de Toothless, pero harán falta más. Aquí no podremos atenderlo como se debe, tendremos que darle los primeros auxilios y llevarlo de vuelta a Berk.

—Regresaré a la villa por red y una lona para transportarlo —informó Thuggory. No fue necesario que Hiccup le dijera que hacer. Como jefe comprendió la gravedad de la situación, por lo que sólo debió actuar.

—Gracias, Thuggory —dijo Hiccup. Añadió dirigiéndose a Throk y Minden—. Adelántense a Berk. Mi madre y Gobber necesitarán prepararse para cuando regresemos. Nuestro tío Baggybum te llevará, Throk.

Baggybum refunfuñó por lo bajo, pues sus vacaciones se habían acabado con esa orden. Se la había pasado bien con los Meathead, siendo tratado con sumo respeto y cuidado, por lo que volver con los Hairy Hooligans no le agradó demasiado.

—Tuffnut, Ruffnut, ustedes me asistirán. Snotlout, recoge todo el musgo que puedas, haremos compresas para sus heridas con él.

Estabilizar al Skrill no fue una tarea fácil. Hiccup creyó que no lo lograría, pero gracias a la rápida reacción de sus compañeros, pudo detener las hemorragias y vendarlo para que el viaje a Berk no le generara más heridas. El desmayo no aseguraba que no se despertara, por lo que le pidió a Thuggory el sedante más potente que tuviera entre sus reservas.

Cuando terminaron de colocar al dragón sobre la cama especial donde lo transportarían, había amanecido. Todos habían permanecido despiertos, especialmente Ruffnut que no se había apartado de su lado. Wingnut, Toothless, Barf y Belch y Hookfang —regresaría una vez llegara a Berk y volvería con Snotlout a Meathead— lo cargarían sosteniendo cada uno una de las sogas.

No podían quedarse más tiempo. Debían apresurarse, por lo que la despedida fue breve. Thuggory no se sintió ofendido.

—Por Baldur, Hiccup, acaban de hacer algo que no todos pueden hacer. Puedes ignorar los protocolos que quieras por eso —indicó. Sorpresivamente se giró hacia Ruffnut y le dijo—: No tengo dudas que nos veremos pronto, mi señora. Una vez el maestro Jorgenson termine de enseñarnos lo que sabe, los Hairy Hooligans y los Meathed seremos más que vecinos cercanos.

—No lo haces tan mal como esperaba, al menos Fireworm no le ha prendido fuego a tu trasero —pronunció Ruffnut.

—Me agrada tu honestidad.

—¿En serio? Usualmente las personas la encuentran irritante.

—Pues yo no —puso una mano sobre su hombro y puso una expresión muy seria, pero no por eso severa, sino amable—. Mi madre solía decir que cuando se ama a una persona se la ama tal como es, aunque no sea como uno quisiera que fuese. No me malentiendas, lo que quiero decir es que no pretendo que finjas ser alguien que no eres y que desde el principio deseché mis expectativas sobre ti. No espero nada que tú no quieras darme o mostrarme.

De nuevo, Ruffnut se quedó en silencio. Después de todo, no acostumbraba esta clase de conversaciones. Thuggory le confesó:

—Hay una razón por la que pedí que nos casáramos una semana después de que Hiccup se hiciera jefe, pero no es el momento de decirlo. Sé que estás preocupada por el dragón, así que lo dejaremos para otra ocasión.

—Promete que cuando nos veamos de nuevo, me contarás esa razón.

—Lo prometo.

—Thuggory —pronunció con voz baja—. No me arrepiento que nos hayan comprometido.

—Veamos si dices lo mismo cuando nos casemos y tengas que soportar mis ronquidos —comentó, haciendo alusión a la broma que ella había hecho el día anterior.

—Viví con Tuffnut durante veinte años. No hay nada que un hombre pueda hacer que me repugne o moleste —se encogió de hombros—. Nos vemos.

—Nos vemos.

Ruffnut subió a Wingnut, intentado ignorar la sonrisita bobalicona de Tuffnut y los cacareos de Barf y Belch. Se elevaron hacia el cielo, cuidando de no moverse bruscamente.

Ella no volteó ni una vez. No miró hacia atrás para ver si él aún tenía sus ojos grises en ella. No lo hizo…

… pero sí tocó el hombro que en el que Thuggory había puesto su mano.

Ruffnut Thorston nunca tendría una historia cursi como la de Hiccup y Astrid. No habría besos apasionados en momentos cúspide. No sería salvada de ahogarse en el mar o protegida por haberse quedado ciega, como excusas para el romance. No habría —jamás de los jamases— miraditas estúpidas y ridículas palabras (pues lo único que le había dicho Thuggory, era que se esforzaría para que funcionara).

No. Nunca.

Y estaba bien.

Ella no era como Astrid o Heather. Ni como Valhallarama o Valka. Ni como ninguna otra mujer en el Wilderwest. Y eso estaba más que bien, no necesitaba ser como ellas para que alguien se interesara en ella, para que alguien viera más allá del embrollo y estuviera dispuesto a aceptarla.

No todos estaban dispuestos a hacerlo.

Por primera vez en su vida, se sentía perfectamente bien con quien era.


¿Qué les pareció? Unas aclaraciones chiquitas. Ruffnut canta una canción de Sía, no sé, creo que le quedan bien.

Me cuesta escribir romance con ella. No quiero que todo esto sea un revoltijo de clichés románticos (no se pueden evitar, pero quisiera darles un toque especial). No puedo simplemente ponerla en situaciones como las que los guionistas de la serie y películas ponen a Astrid, porque no quedaría. Quiero explorar otras maneras, quiero recalcar las cualidades que nos muestran de Ruff en la serie, y sobre todo, los "romances" que ha tenido y cómo se han dado.

En cuanto a Dagur, sólo queda decir que amor al personaje (a veces más que al mismo Hiccup), y que no puedo maltratarlo mucho porque mi corazón se rompe.

Thuggory es complicado de escribir para mí. Pienso que sería torpe en demostrar su amor, pero su sinceridad lo compensaría. Es muy directo, pero quisiera verlo reservado en su opinión sobre Ruff. Es decir, que a veces dice algo bien fuerte, pero después sólo se comporte como que no sabe cómo acercarse. Dios, creo que no me estoy explicando bien. Cuando Thuggory menciona la frase que le dijo su madre, hago referencia a Anna Karenina de León Tolstoi.

Respuestas a los review:

Oveja Salvaje: Sí, para que Astrid brille, Ruffnut tuvo que ser opacada. En fin. Yo también adoro a Hiccup, por superarse y abrirse paso a su manera. En cuanto al compromiso, quiero usarlo para darle una perspectiva sobre que, a pesar de como es, alguien puede apreciarla, que no necesita ser como alguien más para que suceda (por eso la frase del inicio). Me alegra saber que no soy de las pocas personas que creen que Valka fue desconsiderada con su hijo, realmente quisieron ponerla en una situación donde tuviera una difícil decisión, pero al final la tuvo fácil. Gracias por comentar.

Amantedelacomida: Mala y Throk tendrán una participación importante, ambos me agradaron desde que los vi en la serie. Me agrada la relación de hermanos entre Tuff y Ruff, es decir, harían lo que fuera para infligirse daño y hacerse bromas, pero que los demás no lo hagan, porque ahí sí se protegen el uno al otro. Yo también adoro a Snotlout (al que nos mostraron en las series, porque el de las películas nomás me lo dejaron bien OoC), es que tan precioso, su desarrollo es tan hermoso que realmente no necesita nada para brillar (y eso que sus habilidades fueron disminuidas a como son en el libro, donde sin problemas estaría al tú por tú con Astrid). Ése es el problema de Hiccup (al menos el que los escritores le ponen), primero acepta a sus amigos y luego no, ¿qué onda con eso? Gracias por comentar

Ali Nav: Aww, gracias por tan bonito review. Yo pienso que Ruffnut es un personaje valioso. Es mi favorita desde que vi la primera película, y me entristece que haya pocos fics con ella como protagonista, pero no puedo hacer nada. A muchos les gusta Astrid, y nunca les diría que no escriban o hagan cosas de ella, así que sólo me queda hacer lo mismo sólo que por Ruffnut. Espero te guste este capítulo.