Disclaimer: How to train your dragon no me pertenece, es propiedad intelectual de Cressida Cowell y DreamWorks.
Advertencias: OoC leve. OC. Crack pairing. Lenguaje fuerte. Muertes de personajes canon.
Pareja: Ruffnut Thorston/Hiccup Horrendous Haddock III.
Referencia (sin seguir formato APA porque soy rebelde): La Saga Synchronicity es una trilogía hecha por Hitoshizuku-P, e ilustrada por Suzunosuke, la historia fue escrita por Kumagai.
¡Hola de nuevo! Ha pasado bastante tiempo desde que actualicé jajaja. No tengo excusa, sólo quiero dejar claro que no abandonaré este fanfic. Lo que sucede es que estoy en un nuevo fandom donde interactúo con más personas que en éste, así que casi todo mi tiempo se va en eso. Como sea, gracias a los que han comentado y a quienes aún siguen esta historia, que sepan que tendrá continuación y su respectivo final.
Perdonen cualquier falta de ortografía. Mi programa de Word no está funcionando como debería.
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Capítulo Seis
La Madre y la Hija
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"Se puede ignorar la realidad, pero no se pueden ignorar las consecuencias de ignorar la realidad".
—Ayn Rand.
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Camicazi estaba sentada en el borde del acantilado continuo a la playa donde las doncellas desembarcaban. Tras el fiasco del reencuentro con Hiccup, interrumpido por la discusión entre Atali y Mala en el Gran Salón así como el llamado de emergencia de las Islas Meathead, había decidido concentrar su ira jugueteando con su daga, pensando en creativas maneras de confrontar al piernas de hilo después.
Shadowlight descansaba detrás de ella, enroscado sobre sí, pero atento a cualquier orden. Camicazi estaba muy consciente que la pereza de su speed stinger era sólo una máscara, incluso entre los de su especie, Shadowlight era el más veloz.
Camicazi casi deja caer su daga cuando unas sombras pasaron sobre ella. Cuando miró se dio cuenta que no eran sombras, sino un grupo de jinetes de dragones, el mismo que había acudido a ayudar a los Meathead. Llevaban cargando una especie de red, y por lo que pudo apreciar, se trataba de algo delicado.
Las Islas Meathed no quedaban lejos de Berk y volando la distancia era nada, pero habían vuelto hasta el mediodía, por lo que habían tenido que volar lenta y cuidadosamente. Thuggory no era el tipo de vikingo que pedía ayuda si un hacha o sus puños solucionaban el problema, por lo que cualquier cosa que hayan encontrado allá y se vieran obligados a traerla, era porque se trataba de algo serio.
Camicazi suspiró.
Hiccup podía olvidar que ella era su aliada, pero ella no correspondería su insolencia con la misma moneda. Que se supiera que de los dos, al menos uno mantenía su palabra de honor.
En cuanto se levantó, Shadowlight se había desenroscado y sus ojitos rojos la miraban con expectación.
—Parece que Hiccup tendrá que tragarse sus palabras pronto, bebé —dijo Camicazi subiendo al lomo del dragón. Ella era la única vikinga en tener el físico adecuado para montar un speed stinger sin que el pobre animal sufriera dolores de espalda—. No podrá evitar que me entere de esto.
Shadowlight saltó con gracia del acantilado, sin aparentes problemas se movió con agilidad por el terreno irregular de Berk, pasando desapercibida por las doncellas a las que Atali encargó vigilar a Camicazi.
En poco tiempo llegó al pueblo, apoyándose en las sombras de las casas y establos para moverse sin ser vista siquiera. La combinación de una Bog-Burglar con un speed stinger era imparable.
Camicazi llegó a la plaza central, donde ya se aglomeraba la gente ante el regreso de Hiccup y su pandilla. Valka y Gobber fueron los primeros en movilizarse al percatarse enseguida de la situación; Camicazi tuvo que subir al tejado de una cabaña para ver más de cerca. Había tenido razón al suponer que traían algo preciado, porque hasta Atali y Mala habían decidido parar su pelea para quedarse pasmadas por lo que estuviera dentro de la red.
Por las caras que todos tenían parecía como si alguien hubiera muerto.
Vio a Ruffnut hablando con Valka sobre algo que no alcanzó a captar, ya que no era tan diestra como lo había sido su madre para leer los labios. Valka, esa mujer sí que era alta, puso una mano sobre el hombro de Ruffnut y le sonrió tan amablemente como pudo, luego se dirigió a unos berkianos que casi vacilaron en seguir sus órdenes, de no ser por el lamento entrecortado que provino de la red.
Camicazi estaba cada vez más intrigada. No era una experta en dragones, pero eso había sonado como uno. ¿Estaría herido?
Atali intervino, siempre la mediadora, poniendo orden tan rápido que Camicazi apenas tuvo tiempo para registrar lo que sucedía. Unos hombres trajeron una especie de enorme camilla donde subieron al dragón herido, llevándoselo con Valka y Gobber yéndose con ellos. Los aldeanos restantes fueron dispersados por Mulch y Vidgis, mientras que Mala parecía ordenar a sus defensores que apoyaran en lo que pudieran mientras que Atali envió a Minden a hacer los mismo con las doncellas, ellas tendrían medicinas muy efectivas para cualquier herida de dragón.
Luego Atali se dirigió a Ruffnut, deteniéndola porque muy posiblemente no quería dejar solo al dragón en ese estado. A Camicazi no le sorprendió eso. Astrid podía ser a la que más mostraran preocupándose por los dragones, pero sabía que los otros jinetes también sentían la misma —o hasta más— preocupación por el bienestar de esas lagartijas sobrealimentadas.
Camicazi vio a Snotlout acercándose a Hiccup para despedirse probablemente, pero tan pronto subió a la silla de Hookfang, Atali lo detuvo. Al parecer, tras la discusión con Mala, habían llegado al acuerdo que tendrían que hablar de algo importante. Tuffnut se inmiscuyó, claramente ofendido de que siquiera consideraran dejarlo fuera de esto (Camicazi sonrió, era obvio que el gemelo no abandonaría a su hermana; eso es algo que admiraba de ellos secretamente).
Entonces Hiccup, Snotlout, Tuffnut, Throk, Mulch, Vidgis, Heather (quien llevaba unos pergaminos debajo del brazo) y Mala entraron al Gran Salón. Atali retuvo un momento a Ruffnut, susurrándole algo en el oído antes de que tuvieran que entrar. Un par de defensores del ala, doncellas aladas y unas guardias berkianos se apostaron en la puerta.
"Un juego de niños", pensó Camicazi haciéndole señas a Shadowlight para que entrara en acción.
El speed stinger actuó con rapidez. Congeló a los seis en sólo unos segundos, haciendo que parecieran que estaban parados vigilando cuando la realidad era que no podían moverse de su posición.
—Bien hecho, cariño —dijo Camicazi premiándolo con un trozo de carne seca de yak. Los premios favoritos de los dragones veloces como el suyo—. Ahora, mántenlos así en lo que dura esto.
Shadowlight asintió sabiendo que eso significaba inyectarles pequeñas dosis de su veneno paralizante.
Fue momento de que Camicazi usara las increíbles habilidades por las que las Bog-Burglar eran famosas. Los gemelos le habían mostrado el sistema de túneles debajo de Berk, y cómo uno de ellos conectaba con grietas en el Gran Salón que permitían entrar sin ser detectados. Camicazi se escabulló por uno con sigilo, maravillándose de la elasticidad que los gemelos debieron tener para pasar entre grietas tan estrechas (aunque no debía sorprenderle tanto. Ellos tenían sangre Bog-Burglar corriendo por sus venas).
Camicazi llegó al punto trasero de la mesa de reuniones, donde un fuego tenue brillaba en medio de la mesa dándole al oscuro salón un ambiente algo siniestro. Su posición era perfecta, se dijo triunfal. Podía ver el perfil de Hiccup sentado en la silla de Stoick y a los otros reunidos alrededor.
Como era de esperarse, Mala abrió la reunión vociferando sobre la irresponsabilidad de Ruffnut al abandonar Berk sin siquiera avisar. Camicazi sonrió cuando Ruffnut contestó que no abandonaría al pueblo Meathead sólo por la posibilidad de morir al ser la Voz Elegida, porque estaba segura que si Astrid fuera la que estuviera ahí Mala hasta habría aplaudido su audacia.
"Ah, como cambia el significado de los actos dependiendo de quien los ejecute", pensó oyendo a Atali alzar la voz para pedir a la reina que no hablara como si Ruffnut estuviera tratando de arruinarlo todo.
—Ruffnut conoce su deber —dijo Atali—, es momento de que usted recuerde el suyo.
La cara que puso Mala debió ser tan épica, que oyó a Snotlout y Tuffnut ahogar una carcajada.
—Los Defensores del Ala han sido los guardianes de la Voz Elegida —pronunció Atali—, pero es deber de las Doncellas Aladas compartir toda la historia y mostrarle a todos porque las decisiones espirituales no deben cuestionarse por mortales. Basta de dramas, su Gracia, si usted vino a quejarse a pesar de la llamada de la Sabia Anciana Gothi, recomiendo que vaya.
—¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera? —cuestionó Mala con un tono de voz sombrío. Throk quiso intervenir, pero una mirada de ella bastó para detenerlo.
—Soy una jefa tribal —dijo con naturalidad—, pero ante esta situación mi deber no es sólo con mi tribu, sino para con todas las tribus del archipiélago. Su entrenamiento inadecuado ha ocasionado un atraso en las preparaciones, pero no estoy aquí para iniciar una discusión al respecto. Hay que dejar de lado los errores y las diferencias, a menos que usted prefiera seguir peleando sólo para tener la razón.
"Es como pedirle a un dragón que no babee por pescado", se rió Camicazi en su mente notando que todos esperaban la reacción de Mala, ya fuera para pedir paz o para empezar una guerra.
Camicazi no conocía bien a la Reina, pero Bertha sí lo había hecho. Su madre le había dicho que Mala era una líder capaz y con un orgullo tan grande como el de una Bog-Burglar, y eso le había bastado a Camicazi para comprender que Mala era de pocas pulgas y muy arrogante.
Poco sabría Camicazi lo que las palabras de Atali calaron en Mala. La Reina parecía a punto de sacar su espada y blandirla... pero no ocurrió eso. Mala respiró profundamente y se irguió en su asiento, aparentado una solemnidad que estaba lejos de sentir.
—Está bien —accedió para la tranquilidad de Throk y los demás—. ¿Qué propones, entonces?
De entre los jefes tribales era Atali a quien Camicazi respetaba más. Tenía todo lo necesario para liderar la unión floja de las tribus en esta nueva situación, al menos para asegurarse que no harían tantas idioteces. Después de todo, las Doncellas Aladas eran las protectoras de la historia, aunque esto, por evidentes motivos, no era del conocimiento general de las tribus (lo que al final resultaba mejor). Infortunadamente fue algo que los romanos aprovecharon para saquear sus pergaminos. Atali era consciente que si los romanos se aliaron con sus enemigos en el archipiélago y les daban esa información, sería más difícil.
Por su parte Camicazi misma estaba intrigada con lo que Atali contaría. Ella conocía la leyenda de Fridtjov, el valiente vikingo en llegar al archipiélago y conquistarlo, cuya sangre corría en las venas de cada tribu reinante. Para Camicazi era una especie de héroe, aunque cuando se lo mencionaba a Atali dudaba.
Atali no parecía compartir la misma impresión.
¿Qué sabrían las Doncellas Aladas, que las había orillado a vivir casi alejadas de las otras tribus y sólo aparecer para esto de la Voz Elegida? Camicazi y los demás estaban a punto de descubrirlo.
—Han aprendido la historia de Fritdjov, cómo fundó las primeras aldeas vikingas y combatió contra los dragones —dijo Atali mirando a cada presente—, pero la razón detrás del inicio de esa guerra no. Eso es algo que no todos conocen.
—¿Nos contarás un cuento aburrido como Valka y la Reina? —interrumpió Mulch que no deseaba que pisotearan más el nombre de su héroe.
A diferencia de la mirada intimidante de Mala, Atali usó su silencio y calma para minimizar la impertinencia de Mulch. El vikingo comenzó a entender que lo mejor era cerrar la boca hasta que ella terminara de hablar.
Antes de proseguir, Atali miró a Heather que inmediatemente colocó los pergaminos que trajo sobre la mesa, empujándolos hacia Atali.
—Estos sólo contienen recetas para incrementar la espiritualidad, si es que entendí bien su contenido —explicó Heather que aún no estaba segura si era cierto o no lo que estaba escrito—, aunque nada sobre qué hacer o cómo entrenar a la Voz Elegida.
—Lo que hay es lo que más importa —dijo Atali leyendo uno con rapidez, sonriendo levemente cuando obtuvo lo que necesitaba saber
—¿Qué quieres decir? —preguntó Vidgis con cautela.
Atali respondió a Vidgis, pero se dirigió hacia Ruffnut con una sonrisa gentil.
—El camino que recorre la Voz Elegida es tanto físico como espiritual. No puedo decir que conozco todo el procedimiento, pero lo cierto es que durante tu preparación debes acercarte a los espíritus antiguos. Ellos te escogieron. Así que es de vital importancia que usemos estas recetas cuanto antes.
A Mala no le agradó que Ruffnut pareciera más entusiasmada con Atali que cuando a ella le tocó dar la clase.
—Por ahora —retomó Atali con seriedad—, es importante contar la verdad. No la historia envuelta en velos de mentiras de Fridtjov, ni siquiera la de su hijo Niels sobre el comienzo de la Voz Elegida. Lo que voy a contar es la historia de Moa Ildri, la madres de los dragones... y de su Hija.
—¿Hija? —repitió Tuffnut.
—No hay ninguna mención de que la Madre haya tenido una hija, a menos que te refieras a los dragones —dijo Vidgis.
De pronto a Ruffnut se le vino a la mente el recuerdo de la cueva y el de sus visiones. La mujer con grilletes y cadenas, quien le había pedido que protegiera a su hijo y a sus hermanos y hermanas. ¿Acaso ella era la Hija de Moa Ildri?
—Sí y no —pronunció Atali.
—Guou, estás dejando todo muy claro, mujer —el comentario provino, como no, de Snotlout ante la mirada irritada de Vidgis, cansada de la bocota que nunca se cerraba de su hijo.
Atali no se molestó por la actitud incorregible de Snotlout, ya era habitual para ella (lo que le pareció injusto a Mulch, pero no se quejó) y prosiguió.
—La Madre fue la primera y de sus huevos emergieron los dragones —dijo Atali—. Ella los quería, pero no fue hasta que los dioses, dispuestos a premiar a su creación favorita, le brindaron un regalo especial. Ellos tomaron carne y sangre de ella combinándolo con la materia de la que habían hecho a los humanos, pidieron a Moa Ildri que soplara fuego a la figura para traerla a la vida... y así nació su Hija.
Las flamas de la fogata en el centro de la mesa crepitaron. Atali creó rápidamente un ambiente misterioso, distinto al que cualquier hubiera hecho al contar parte de la historia. Camicazi estaba pendiente de hiccup. El tonto ignoraba la mayoría de las leyendas de su puenlo por andar con la cabeza por las nubes, literalmente.
—La Hija era tanto humana como dragón.
Cuando la verdad fue revelada, las reacciones fueron distintas. Mulch no estaba seguro de entender por completo las implicaciones, no fue así con Hiccup, Vidgis y Mala, quienes pronto hilaron los hechos (después de todo, la Reina ya había contado esa parte de la historia, pero este detalle lo había desconocido). Heather y Snotlout tardaron un poco más, y los gemelos estaban completamente perdidos.
Hiccup y Toothless se miraron mutuamente, al comprender el significado de esa perdida. El Night Fury se acercó un poco más a su jinete, permitiendo que los dedos largos de Hiccup le acariciaran la trompa.
—Madre e Hija vivieron pacíficamente durante años. La Hija consideraba a los dragones como sus hermanos y hermanas, y ellos la amaban. Cuando Fritdjov y su grupo llegó al Archipiélago, la Madre no quiso dañarlos. Como criatura pacífica ella pretendió darles la bienvenida pidiéndole a su Hija que cantara. Nuestra historia asegura que su voz era incomparable en entonación y belleza, algo que cautivaba a quienes la escucharan. Cautivó a Fridtjov, pero en él no sólo se cultivó amor y admiración, sino ambición y avaricia. Fritdjov deseaba conquistar todo, quería tener a la Hija para él solamente, pero la Madre no lo permitiría, así que...
—Se la llevó —completó Mala reconociendo esa parte de la leyenda—. Y de ese modo todo el problema inició.
—Así es —dijo Atali, asintiendo—, pero la Madre no era vengativa. Sólo quería a su Hija de vuelta, pero sus métodos pacificos para recuperarla no funcionaron; los dragones que envió para traerla no volvieron jamás. Fritdjov los asesinó aprovechando su gentileza. entonces, presa de la ira y el dolor, Moa Ildri declaró la guerra y Fritdjov, en un arranque de locura, asesinó a la Hija dejando una herida eterna en el corazón de la Madre. Desconsolada, la única esperanza de la Madre fue intentar rescatar al bebé...
—Espera, ¿bebé? —inquirió Mulch, aunque para ese punto nadie se molestó por su interrupción. Ellos también estaban intrigados.
—No me digas que Fridtjov logró tener descendencia con... —dijo Heather sintiendo nauseas.
—Con la Hija, sí, al menos así es como nuestras historias lo cuentan —dijo Atali con simpatía—. Niels es nada menos que el nieto de Moa Ildri, cuya sangre de dragón ha pasado de generación en generación hasta ustedes —miró a los jefes de cada tribu.
—Ahora entiendo de donde sacó tu madre lo de alma de dragón, Hiccup —dijo Tuffnut mirando a Hiccup con algo parecido a la admiración.
—Eso si resulta ser cierto —masculló Mulch de malhumor.
—Eso es... es... totalmente increíble —admitió Mala, pasmada de lo que acababa de suceder.
—¿Por qué Niels fue contra Mod Ildri, entonces? —exigió Snotlout—. Sé que las abuelas pueden ser pesadas, pero la Madre no tenía rencor contra él.
—Niels pudo tener la sangre de la Hija, pero era como su padre —explicó Atali—. Él no quería traer paz entre las especies, sino guerra. Pero sabía que no podría derrotarla, incluso si el amor de la Madre no estuviera en medio, así que buscó una alternativa. Una bruja que manejara la magia seidr.
—La Reina nos contó que Niels pudo obligar a una persona a aprender esa magia —comentó Mulch.
—Y es cierto —asintió Atali, brindando ese pequeño reconocimiento a la poca historia que los Defensores del Ala tendrían sobre ello.
—¿Qué hay sobre dos brujas? —preguntó Hiccup—. Una que creó el ritual y otra que trató de boicotearlo.
—No hay nada como eso —respondió Atali—. Una sola bruja creó todo, joven Hiccup, su Gracia debió contarles una leyenda de Caldera Cay solamente porque la historia real dice otra cosa. Quien creo el ritual de la Voz Elegida fue una bruja llamada Managram.
—El lobo que devoró a la luna —musitó Hiccup construyendo en su mente todo un rompecabezas que empezaba a tener sentido, pero a la vez carecía de detalles. Algo faltaba... y pensó que sus visiones y sueños sobre el pasado podrían dárselo.
Atali notó el estado de Hiccup, pero no dijo nada. Ya había deducido quienes eran los más implicados en el caso. Ruffnut, por haber sido escogida, y Hiccup, por ser quien era; antes no habría dado tanta importancia a la leyenda de la Voz Elegida, sólo la habría tomado como una advertencia ligera... pero recientes eventos habían demostrado lo terrible que era no tomar con seriedad las lecciones del pasado.
Cuando abandonó la Isla de las Doncellas Aladas, Atali había hecho un juramento. Cumpliría con su deber y ayudaría a la Voz Elegida en lo que hiciera falta. Eso incluía ponerla en pruebas difíciles. Muy difíciles.
—Esta Managram es el lobo que devoró a la luna, que Gothi mencionó en su última nota —dijo Heather más propensa que Hiccup a compartir sus suposiciones—. ¿Por qué nos advertiría sobre ella, si fue una bruja que debió morir hace tanto tiempo?
—Cierto, también esa anciana loca lo dijo —recordó Snotlout el capítulo de locura de Rjupa en el drakar de regreso.
—No lo sé —Atali tuvo que admitir con resignación—. Gothi era una sabia conectada a los espíritus, si ella vio algo y dejó constancia de ello, queda en nosotros averiguar su significado. Como sea, Managram construyó el ritual que pudo dormir a Moa Ildri cuando alguien le cantaba.
—¿Por qué una mujer? —preguntó Throk muy curioso—. ¿Y por qué el canto? Comprendo que la Madre es una criatura poderosa a la que no podían derrotar, pero pudieron hacer otras cosas para intentarlo.
Pero no fue Atali quien respondió, sino Ruffnut para sorpresa de todos.
—La Hija le cantaba a la Madre, ¿no? Como no iban a devolverle su tesoro le dieron un sustituto.
—La Hija murió cuando nació Niels —enfatizó Atali con pesar—, por eso Managram usó esa debilidad para el ritual sumergiendo a Moa Ildri en un sueño profundo. Una pesadilla en mi opinión.
—Eso cambiará esta vez —declaró Hiccup con voz decidida. Para nadie pasó desapercibido lo serio que hablaba; por primera vez tenía una meta fija por la cual pelearía hasta el final—. La Madre sufrió grandes injusticias de parte del pueblo vikingo. No puedo devolverle a su hija, pero sí su libertad.
—¿Estás loco, niño? —dijo Mulch con los ojos muy abiertos. Incluso Vidgis parecía escandalizada con el asunto.
Snotlout, Tuffnut y Heather ya esperaban algo como eso de su parte. Era Hiccup, y no habría dragón en el mundo al que no deseara ayudar.
heather sonrió sabiendoq ue hiccup haría algo como eso. gobber ´solo suspiró.
—Y bien, abadejo —dijo Snotlout subiendo los pies a la mesa y cruzando las manos detrás de su cabeza—, ¿qué hay dentro de esa cabezota tuya que seguro nos llevará a una aventura llena de mierda, sangre y muerte?
—No planeo hacer que la Madre duerma otra vez —dijo Hiccup sabiendo que con eso Snotlout le estaba diciendo que lo apoyaría—, ¿qué tal si usamos el ritual de otra manera? Podemos hablar con ella.
—Claro, y luego le damos a Ruffnut como un apestoso, andrajoso y nada especial sustitituo de su hija muerta —comentó Tuffnut con acidez—, porque es mejor tenerla a ella que a nada. Ya en serio, Hiccup, hasta como broma es demasiado. ¿Cuál es el plan verdadero?
—Uno que no incluya la manera Hiccup —agregó Heather más para bromear que para molestar realmente.
—Qué bueno contar con ustedes, chicos, en serio —dijo con sarcasmo.
—¿Qué tienes en mente, Haddock? —preguntó la Reina sabiendo que incluso si salían mal al princpio, los planes de Hiccup finalizaban con un adecuado resultado al final.
—He estado investigando sobre la Voz Elegida. Casi no hay registros debido a la pereza y arrogancia de los vikingos por registrar sus conocimientos, pero encontré algo de hace dos siglos —dijo Hiccup poniendo encima sus papeles de notas, previamente preparados para la reunión—. Mi antepasado Chuklehead, líder de los Hairy Hooligans luego de que su padre Grimbeard muriera, describió en pocas palabras que el ritual de su época había tenido cosas diferentes. Han pasado dos siglos desde eso así que debió pasar algo importante para que el ritual tuviera un efecto tan fuerte, considerando que el registro más antiguo apunta que el período más corto luego de una chica cantó fue de cuatro meses. Hay que investigar más sobre esta época porque podríamos encontrar algo que nos brindará la oportunidad de acercarnos a la Madre.
—Estás confiando todo en un registro inexacto —dijo Heather—, pero viniendo de ti y sabiendo que has logrado más con poco en el pasado no me sorprende —suspiró—. De todos modos, ya sea que esto salga bien o no, al menos lo habremos intentado.
—Enviaremos terribles terrores con Tantrum, Siriana y Thuggory, para averiguar si tienen información al respecto que pueda ayudarnos —dijo Atali—. Las Doncellas Aladas revisaremos la información que logramos rescatar de los asaltos de los romanos para buscar lo que solicitas, joven Hiccup. Por ahora, debemos enfocarnos en lo esencial. Las tribus deben prepararse para la guerra y Ruffnut debe dar el siguiente paso.
—¿Siguiente paso? —inquirió Ruffnut, que habría querido irse pronto para ver como se encontraba el skrill.
—Ya lo había dicho, el camino que debes seguir es físico y espiritual —sonrió—. Así que empezaremos a abrir tu alma.
—¿Y cómo lo harás? —se cruzó de brazos, ya sin tantas ganas de hacer algo.
—Sígueme, por favor —indicó Atali. Una señal tanto para Ruffnut como para los demás de que la reunión había acabado por ahora—. Oh, no, su Gracia, usted no puede venir. Tiene cosas importantes que hacer. Los romanos son una amenaza potencial para el plan del joven Haddock. Los Defensores del Ala no sólo han sido historiadores, sino también protectores del Archipiélago en tiempos de crisis. Han habido rumores de tribus vikingas esclavizadas por ellos, tribus que no acudieron al llamado de los Hairy Hooligans por ese motivo.
—Así que quieres que me encargue de eso —Mala ocultó bien su tono acusativo.
—Nadie más sería capaz de hacerlo, su Gracia.
—Si los romanos son el problema, nosotros nos encargaremos —dijo Mala, molesta por que creyeran que podían ganarse su favor con algunos halagos, pero feliz de no tener que atender más el entrenamiento de Ruffnut—. El territorio de princesa Tantrum es el que colinda con el continente, así que tendré que ponerme en contacto con ella.
—Fishlegs Ingerman y Spitelout Jorgenson son quienes escoltaron a los Uglithug de vuelta a sus islas —apuntó Hiccup—, aunque se supone que ya debieron llegar y avisarlo por mensajería.
—Iré yo misma a verificarlo —replicó Mala—. Volaré en dragón con algunos de mis hombres y Throk se quedará como mi representante.
Ruffnut evitó hacer una exclamación de triunfo, no fuera a ser que la Reina la viera y decidiera quedarse.
Con la junta oficialmente terminada, los demás abandonaron el Gran Salón dejando rezagadas a Atali y Ruffnut, quienes compartieron otro abrazo.
—Es bueno verte de nuevo, hermana —dijo Atali . Era conocido que las Doncellas Aladas compartían lazos de hermandad para quienes se hacían parte de su tribu.
—Es bueno verte también, Atali. ¡Tengo muchas cosas que contarte!
Wingnut las esperaba afuera. El razorwhip jugueteaba con su cola cuando miró a Ruffnut salir y se abalanzó sobre ella para que lo acariciara.
—Es por ser la Voz Elegida, Ruff —explicó Atali con amabilidad cuando otros dragones también quisieron recibir los mismos mimos—. Los dragones están conectados al mundo espiritual y pueden sentir tu alma.
—Estas últimas semanas han sido agobiantes, por no decir aburridas y una tremenda patada en los riñones. Nunca creí que estaría en esta situación, yo... —fue difícil para ella admitirlo—, me siento un poco angustiada.
—¿Qué es lo que mas te angustia?
—Las posibilidades. Trato de ser optimista, mantenerme ocupada, pero... a veces...
—Nadie nace teniendo una determinación inquebrantable, Ruffnut —dijo Atali empezando a caminar junto a ella. Wingnut las seguía—. A veces puedes estar tan decidida a hacer algo y de repente algo llega, incluso si no sabes qué exactamente, a hacernos dudar. El punto es que a pesar de eso estás aquí, enfrentándote a esto.
La luz tenue del atardecer sumergió a Berk en un estado taciturno. Los guardias prendieron varias antorchas para iluminar, de vez en cuanto echando miradas hacia Ruffnut con nada de disimulo. Para Atali fue claro que nadie había querido que el papel protagónico terminara en las manos de alguien como Thorston. Una idea muy injusta, considerando que Ruffnut estaba dándole todo a cambio de nada.
Gracias a las sombras intensas entre las cabañas, Camicazi fue capaz de seguirlas sin que la vieran aunque ella no era la única. Apoyándose en la escamas negras de su Night Fury, Hiccup también lo hacia.
—Atali —dijo Ruffnut— dijiste que tenías algo que contarme, ¿qué es exactamente?
—Antes que nada, me gustaría que fuéramos al punto más alejado de la villa en Berk —pidió Atali para confusión de Ruffnut.
—Bueno, sí sé donde es. Supongo que podemos ir en Wingnut.
El dragón pareció feliz de que lo montaran y sin preámbulos emprendió el vuelo siguiendo las direcciones que Ruffnut le indica al tocarle en el cuello para que fuera hacia las colinas al sur de Berk, dejando a Hiccup y Camicazi sin otra opción más que seguirles también con sus dragones.
—Atali —dijo Ruffnut creyendo que a esa altura nadie las escucharía—, ¿sabes algo sobre la leyenda de los Gemelos Separados? Cuando Dagur me secuestró... él lo mencionó.
La mirada de Atali se oscureció, dejando a Ruffnut con una sensación de desconfianza que nunca antes había sentido. El silencio se tornó eterno a pesar de que sólo duró unos minutos, los mismos en los que Wingnut aterrizó en un punto alto que tenía vista hacia el mar. Cuando bajaron de su lomo, Ruffnut tuvo ganas de repetir lo que había dicho para evitar que Atali la dejara con la duda.
Atali miró a Ruffnut. Antes no habría sido posible diferenciarla de Tuffnut (lo que indicaba lo mucho que los Thorston se habían aferrado a su vida como gemelos, no como individuos), pero ahora... ahora Ruffnut no se parecía nada su hermano. No había más complicidad entre ambos, ya que Ruffnut iba a morir y Tuffnut no podía hacer nada para evitarlo.
Atali hace una oración a los dioses que termina en un juramento. Ayudará a Ruffnut como ninguna otra voz tuvo la oportunidad en el pasado. Hiccup quería hablar con Moa Ildri para evitar que Ruffnut diera su vida para sellarla y Atali estaba de acuerdo con la idea.
—Aún no es tiempo —respondió la jefa de las Doncellas Aladas poniendo una mano sobre su hombro—. Hay cosas que son mejores vivirlas que escucharlas, Ruff.
—No lo entiendo, ¿a qué te refieres?
—Pronto lo sabrás —contestó misteriosamente—. Cada cosa tiene su tiempo y lugar, y por ahora prepararte espiritualmente es prioridad. No te preocupes, sé que lo lograrás.
—Quieres que me calme, pero te aseguro que me estás asustando más.
—Has visto cosas en tus sueños, ¿verdad? —dijo Atali acercándose a Wingnut para susurrarle algo cerca del oído. El dragón estaba confundido, pero al final accedió permitiendo que ella cortara debajo de las escamas de su vientre, donde eran más delgadas hasta extraer un poco de sangre—. Cosas que asustarían a muchos, cosas repletas de dolor y pesar.
Ruffnut recordó la marca que le había quedado en la muñeca luego de su primer sueño en Isla Dragón. El ardor aún era persistente aunque casi se había desvanecido de su piel.
—Falsas luces y cadáveres que se movían —respondió .
Atali se puso frente a ella y, para total asombro de Ruff, comenzó a dibujar símbolos en su piel con la sangre del dragón mientras recitaba algunos versos. Quiso decirle algo, bromear para calmar la inquietud que comenzaba a llenarla, pero confiaba en que Atali sabía lo que hacía porque, incluso si no era una sabia como Gothi, aún tenía cierta habilidad para ayudarla a "dar el siguiente paso", como había dicho.
Y justo cuando creyó que nada pasaría... Ruffnut las escuchó. Voces fuertes y claras, femeninas, perdidas en el tiempo y recordadas hasta ahora. Se mareó por el vaivén de energías espirituales que se presentaron ante ella. Las oraciones de Atali parecieron ceder ante ellas, por lo que Ruffnut se sintió cada vez más alejada del suelo.
—Tu alma guarda la llave —recitó Atali poniendo un último símbolo en su frente—. Y ahora serás libre.
Los ojos de Ruffnut emitieron un brillo azul claro, cubriendo desde el iris, la pupila y la esclerotica. De su pecho brotó la esfera de luz de su alma, pero esta vez el canto fue suave, casi un arrullo, que se perdió ante el sonido de las olas impactando en las rocas debajo.
Ruffnut se desvaneció en segundos, cayendo por la colina directo hacia el mar...
La sombra de un Night Fury precipitándose hacia ella fue lo único que Atali necesitó para confirmar sus sospechas. Hiccup y Toothless aterrizaron frente a ella, el chico sosteniendo a una insconsciente Ruffnut entre sus brazos.
—¿Qué demonios pretendías hacer? —preguntó con la voz agitada, sosteniéndola tan cerca que a Atali le dolió verlo.
"Se repite el pasado", pensó con pesadumbres.
—Era necesario que Ruffnut creyera que estaba a punto de caer y morir —explicó Atali con calma—. De esa manera su natural instinto de supervivencia no se interpondría con la conexión que su alma debe tener con las sáls de pasado. No fue con mala intención, Hiccup Horrendous Haddock III, lo hice porque para dar el siguiente paso debe enfrentarse a la oscuridad que las acciones de los vikingos nos han dejado.
—¿Oscuridad?
—Como Voz Elegida es un faro de luz. Los vikingos que han perpetuado la masacre de los dragones, el odio que se les tiene, no tienen descanso.
—¿Qué rayos estás diciendo? Si eso es así, ¡entonces estarías hablando de miles de almas vikingas condenadas, Atali! ¿Qué tiene que ver eso con Ruffnut?
—Que para abrir su alma tendrá que hallar la manera de equilibrar esa oscuridad —respondió—. Justo ahora ha comenzado su prueba. Ni tú ni yo podremos ayudarla. Todo depende de la voluntad de Ruffnut para continuar.
Hiccup se mordió los labios para evitar decir algo. Miró a la chica inconsciente en sus brazos. Ella estaba condenada a muerte, debía convertirse en algo que nunca habría escogido, ¿y ahora debía enfrentarse a almas en pena? ¿Qué clase de juego del destino era éste? ¿A los dioses no les parecía suficiente lo que le habían arrebatado?
—Hablaremos de esto cuando ella despierte —ordenó Hiccup. Atali asintió.
Cuando Hiccup y Toothless, con Wingnut siguiéndoles detrás, abandonaron la colina, Camicazi apareció sobre Shadowlight, habiendo sido testigos lejanos de lo que ocurrió.
—No sabía que harías algo como esto —dijo Camicazi—, aunque quizá deba preguntarte por qué lo hiciste. ¿No habría sido más fácil sólo decirles lo que necesitan?
—¿Y lo entenderían? —cuestionó Atali—. Aquí no sólo se juega el presente, Camicazi, sino el futuro, pero para eso deben conocer bien el pasado; la relación que esos dos tienen con la historia de la Voz Elegida. Ninguno está tratando, por lo que tuve que tomar medidas drásticas.
—Si tú lo dices —comentó la Bog-Burglar mirando hacia donde Hiccup se había llevado a Ruffnut, tratando de entender qué era lo que tenían que descubrir esos dos para cambiar el destino.
Tras haberse instalado oficialmente como las invitadas especiales en las Islas Bog-Burglar, Astrid y Phlegma habían iniciado el entrenamiento con las guerreras de Siriana. Bertha no había permitido que nadie en su tribu se atreviera a montar a un dragón, aun si había jurado no pelear más con las endemoniadas criaturas luego de que Stoick le asegurara que no volverían a haber redadas en sus islas, pero Siriana no tenía la misma mentalidad de la antigua jefa, por lo que Astrid y Phlegma inmediatamente comenzaron a trabajar.
Aunque la responsabilidad caía más en Astrid, ya que Phlegma tenía un trabajo más político y militar al tener que hablar con Siriana sobre la dispersión de sus tropas cuando Dagur y Mikli y Durs volvieran a atacar. Astrid con gusto habría participado en formar la estrategia, pero la experiencia de las mujeres mostró su inmadurez, sobre todo porque sus planes se parecían demasiado a lo que Hiccup haría en tal situación.
Y si algo había quedado claro a través de los años era que Hiccup no tenía tanto ingenio militar como aparentaba.
—¿Lo estoy haciendo bien, señorita Hofferson?
—Dime Astrid, y sí, lo estás haciendo bien, Merci —dijo Astrid a una chiquilla de doce años que montaba una Nadder de escamas magentas y azules—, pero tienes que hacerla sentir cómoda contigo en su espalda. Moja las palmas de tus manos con el tónico humectante que les di al principio y frótalas en sus escamas. Le gustará mucho.
Merci hizo lo que le pidió, obteniendo un suave ronroneo de su dragón.
—Ahora estará dispuesta a escucharte, Merci. Los Nadder son muy vanidosos, así que si quieres volar en ella tendrás que ser especialmente buena con los cumplidos, ¿de acuerdo?
—Así lo haré, señorita Astrid.
Astrid sonrió con aprobación, dejando a la niña para observar a sus otras alumnas que ya no batallaban tanto para comunicarse con sus dragones. Había sido cosa de suerte que en esas islas la mayoría fueran Nadder, la especialidad de Hofferson, por lo que había sido sencillo hacer que toda una manada estuviera dispuesta a ser domesticada por las impacientes Bog-Burglar.
Astrid había visitado el lugar pocas veces, debido a que Camicazi solía molestarla demasiado y para no arruinar la alianza con esa tribu, había preferido distanciarse. De todos modos, había notado algunos cambios tenues, pero el más notable era la manera en que Siriana dirigía a las Bog-Burglar, muy distinto a como Grandísima Bertha lo había hecho en el pasado.
Siriana no sólo presumía de las habilidades de sus guerrera, demandaba perfección. Astrid no pudo evitar estar de acuerdo con ella, entrenarse hasta alcanzar altos niveles era lo ideal. Algo que no habrían logrado si Camicazi hubiera estado al mando, a pesar de que Astrid se sintió un poco culpable por pensar en eso.
¿Qué pensaría Hiccup de esto? Se preguntó por quinta vez aunque ya sabía la respuesta... o tal vez no. Ellos se habían distanciado un poco desde la muerte de Stoick, cuando comenzaron a surgir diferencias que no habían sido un problemas hasta entonces. La constante búsqueda de nuevos horizontes de Hiccup siempre había sido un problema para Astrid, acostumbrada a pensar más con los pies en la tierra; ella deseaba quedarse en Berk, Hiccup no. Astrid conocía sus obligaciones, Hiccup inventaba excusas para no hacer las suyas.
Astrid quería que él sentara cabeza y liderara la aldea. Hiccup quería... todo lo contrario.
Sentirse menospreciada —ser siempre la segunda en la lista de prioridades de él— no era algo nuevo, sin embargo, haberlo vuelto una costumbre no era algo que le gustara. Hiccup la quería, de eso estaba segura, pero ese amor no lo mantendría cerca de ella. Ante Toothless y todo un mundo por descubrir para alguien tan curioso como Hiccup, la perspectiva de vivir en una aldea sin nuevas aventuras debía ser todo menos atractiva.
"¿Por qué yo tengo que ser quien lo persiga?", se mordió el labio recordando las palabras de Snotlout, sabiendo muy bien cuánta razón había rezumado.
Astrid estaba harta de tener que perseguirlo.
Pero había tenido que ser así desde el inicio. Había tenido que moldearse a las necesidades de él, a algo bonito que de vez en cuando pudiera escuchar. Astrid se había ablandado, y no tenía que ver con la furia de sus años adolescentes, sino a su determinación. Ahora dudaba de sí misma y sus convicciones.
—Parece que ni tú eres inmune a los efectos del amor, Hofferson —comentó Siriana, sobresaltando a la pobre Astrid que no siempre era pillada con la guardia baja.
Cuando intentó componerse, Siriana la tranquilizó dándole una palmadita torpe en el antebrazo.
—No pretendo reclamar nada —dijo—. Has entrenado bien a mis chicas como para hacerlo, además si estás o no enamorado, no es asunto mío. Además no servirían en nada mis palabras. Los corazones de las Bog-Burglar no son como los de otras mujeres, no buscamos alguien a quien amar, sino a quien nos acelere el pulso en una buena noche. Pero si aceptas un consejo, pequeña, es que nunca te olvides de ti misma. El Amo de Dragones puede ser un gran hombre, pero ninguno vale el abandono de una misma, ¿entiendes?
—Yo... bueno, él y yo estamos...
—Te dije que no entiendo esas cosas —replicó Siriana—, y sólo es un consejo. La verdad debes buscarla por ti misma y enfréntarla. Así de simple. Las mujeres no somos perros tras un hueso. Somos guerreras que obtienen lo que desean por su propia fuerza o lo votamos cuando se ve que es inútil. Nunca hay punto medio. Nadie debería querer vivir en un punto medio.
—Yo... —de nuevo, la duda, ¿desde cuándo era así?
—Cuando encuentres tu respuesta podrás recuperar la capacidad de hablar —comentó Siriana, yéndose a verificar a sus guerreras ella misma para ver sus avances.
A veces Astrid se preguntaba si se había vuelto tan fácil de leer. Demasiado aturdida para enfocarse prefirió seguir con el entrenamiento, agradeciendo cuando Phlegma vino para pedirle apoyo con una estudiante particularmente torpe en el manejo de los dragones. Aun así, cuando Astrid consiguió que la chiquilla de diez años dejara de temblar cerca del Nadder, no pudo evitar preguntarle a la vieja Hairy Hooligan.
—¿Qué opinas sobre el amor?
Phlegma le miró con cierta duda, como si no creyera que Astrid le hubiera hecho una pregunta de ese tema en particular. En sus tiempos todo era más sencillo. Los compromisos se arreglaban, las bodas se celebraban y si no funcionaba, siempre existía el divorcio. No había complicaciones con el amor, porque no había tiempo para eso, pero la generación de Astrid no era como la suya, por lo que Phlegma tuvo que compadecerse un poco.
—Hace quince años todo se habría arreglado con un hacha —comentó—, tanto desacuerdos entre vikingos como líos amorosos. Pero matar al niño Haddock no sería benéfico en esta situación tan anormal, ¿qué es lo que te preocupa realmente? Durante años han estado juntos y eso no tendría que cambiar.
"Pero lo ha hecho", quiso responder. Ambos habían cambiado, pero no sabía si aún así permanecerían juntos.
—Esperaba ser la Voz Elegida —dijo Astrid. Phlegma tuvo que guardarse la verdad por ahora; Astrid aún no parecía consciente de la bendita suerte que había tenido al no ser escogida—. Ruffnut es... bueno, no voy a decir que estoy celosa de ella, pero cuando éramos más jóvenes...
—¿Temes que te quite a tu hombre? —cuestionó con burla.
Hasta ese momento a Astrid no le había parecido tonto, pero cuando Phlegma lo expresó de esa manera no pudo evitar sentirse avergonzada.
—No hay nada de malo en tener sentimientos tontos —dijo Phlegma echando un vistazo a un hacha bonita que estaba sobre la mesa donde las Bog-Burglar preparaban su armamento para la batalla—, quien no los haya tenido jamás es el más tonto de todos. Todo es cosa de no dejar que te consuman. Todo este asunto con el chico Haddock no se resolverá con dudas. Eres una Hairy Hooligan, una gran guerrera. No lo olvides.
—Gracias —dijo Astrid tras un pequeño silencio, tras el que le sonrió a la mujer.
—No hay de qué —desestimó con un manotazo al aire, tan brusca como toda mujer Hairy Hooligan—. Ya es hora de comer. Reúne a las chicas para ir a las barracas. Que los dragones vengan con ellas, compartir comida ayudará a profundizar su relación.
—Pide a las cocineras que añadan un poco de hierba de dragón en la comida para los dragones, por favor —pidió Astrid antes de dar la vuelta para empezar a reunir a las Bog-Burglar.
Cuando el grupo se encontró las barracas, Astrid aprovechó la hora de comida para meditar un poco. ¿Qué quería en realidad? No le fue difícil descubrirlo. Ella deseaba ser una vikinga fuerte y habilidosa al servicio de su pueblo, ¿pero Hiccup estaría en ese futuro?
Astrid lo quería, pero no sabía qué era lo que él deseaba hacer.
Quizá se había apresurado al besarlo hace seis años, pero había sido necesario. Astrid había deseado su atención, había quedado deslumbrada por él... su admiración había escalado a sentimientos tenues con lo años, por eso se dio cuenta justo en ese momento que no era suficiente.
—¿Aún no despierta? —preguntó Tuffnut recargado en el marco de la entrada de la habitación de Stoick, mirando a su gemela tendida en la cama.
—No —respondió Adelaide mientras limpiaba la cara de Ruffnut con un paño húmedo. La expresión de la niña era de desconsuelo y eterna preocupación, su mano tocaba con sumo cuidado la piel pálida como si temiera romperla.
Había pasado una semana completa desde la llegada de Atali. Una semana desde la más reciente revelación de la historia de la Voz Elegida, así como de la iniciación de Ruffnut en un sentido espiritual. Atali no había revelado demasiados detalles, salvo que había hecho uno de los hechizos que Gothi dejó para prepararla; uno para abrir su alma, como había explicado en tantas ocasiones. La duración del hechizo dependería de la fuerza de voluntad de Ruffnut.
Nadie podía ayudarla en ese estado de sueño espiritual.
Tuffnut le había rogado que lo pusiera bajo el mismo hechizo, dispuesto a sufrir la misma prueba que su hermana, pero Atali, a pesar de estar conmovida de su entrega, le dijo que no sería posible. Atali tampoco quiso decirles el tiempo que debería tardar esto, por lo que los que estaban enterados de esto (no le habían dicho al pueblo, ya que no querían ponerlos más nerviosos de lo que estaban por ser Ruffnut de quien se trataba) estaban a la espera.
—Deben ir a descansar, ustedes dos —dijo Hiccup evitando acercarse más de lo necesario a la habitación. Si antes había tenido reparos en estar en la habitación de su padre, ahora tenía una razón extra para mantenerse al margen—. Cuando Ruffnut despierte serán a los primeros que avise.
—Promételo, Hiccup Horrendous Haddock III —replicó Tuffnut con seriedad aunque Hiccup había tenido que repetir el juramento tanta veces ya durante esa semana.
—Lo prometo —dijo Hiccup—, pero tienen que dormir. No estamos en la mejor situación y lo saben.
No habían recibido ningún mensaje de Fishlegs o Spitelout cuando ya deberían haber tenido noticias sobre su llegada a las islas de la princesa Tantrum. Mala había viajado hacia allá para verificar, por lo que estaban a la espera de más descubrimientos. Por otro parte, Atali había enviado escuadrones de sus doncellas para vigilar las islas exteriores, recibiendo informes alarmantes de los romanos. Se habían vuelto más atrevidos en sus incursiones, no dejando otra opción a los Hairy Hooligans y los Meathead enviar algunos hombres para fortalecer las defensas de las Bog-Burglar, quienes eran las más cercanas a las zonas de ataque. Finalmente no habían podido infiltrarse en las islas de los marginados ni tampoco espiar los movimientos de Dagur. No sabían qué planeaban hacer.
—Venga, Adelaide, hay que irnos —dijo Tuffnut—. Si no te enfocas en la nueva ropa de mi hermana, no la tendrás lista cuando despierte.
Adelaide asintió sin ganas. Era la única manera de despegarla del lado de Ruffnut. Justo cuando pasaron por la entrada, Heather apareció cargando algunos pergaminos que se notaban muy viejos. La ausencia de Fishlegs había dejado a Hiccup con pocas opciones sobre quienes serían capaces de investigar a fondo lo que necesitaba, sin terminar destruyendo los pocos papeles que existían.
—No han dejado de venir ni un solo día —suspiró Heather poniendo los pergaminos sobre la mesa y sonriendo dulcemente—. No creí que lo diría jamás, pero estoy celosa de Ruffnut. No todos pueden presumir de tener la preocupación de un hermano. Con Dagur... bien, hace que me pregunte si alguna vez sintió algo así por mí.
—La mente de Dagur funciona de una manera que prefiero no descubrir —comentó con sinceridad, sabiendo que por el momento no tenía nada amable que decir del maniático Berserker—. ¿Qué tal estuvo la búsqueda?
—No soy tan buena como Legs, pero creo que encontré algo importante —dijo Heather negándose a sentarse. Como jefa de tribu se le habían asignado más tareas, por lo que no tenía tiempo de estudiar lo que buscaba con Hiccup como habría querido; ella estaba ayudando en lo que podía—. Vidgis me ayudó. Con la ausencia de Spitelout y Snotlout, se está haciendo cargo de su clan. Nada fácil considerando lo tercos que son los Jorgenson.
La madre de Snotlout no había estado tranquila desde que anunciaran la desaparición de su marido, pero se anteponía ante la desgracia y dirigía a los Jorgenson lo mejor que podía. Infortunadamente no saber el paradero de su marido había hecho que otro de los tíos de Hiccup, Baggybum, quisiera sacar provecho. No habían sido pocas las veces que Valka o Gobber habían tenido que hacer retroceder las malas intenciones del gordo vikingo.
Hiccup se había asegurado de mantener informado a su primo de todo lo que sucedía. Snotlout estaba haciendo un excelente trabajo con los Meathead, lo que menos quería era que otros problemas, ocasionados por un idiota que no comprendía en que situación estaban, lo molestaran.
—Parece que los Horrendous Haddock han tenido mucho que ver con esto —señaló Heather a un pergamino—. Por lo que entendí de esa letra ilegible es que dos de ellos han estado relacionados con las voces elegidas en el pasado.
"Eso lo sé", dijo Hiccup en su mente. Los sueños se habían vuelto más insistentes en la última semana, al punto que Hiccup pudo dilucidar que su familia estaba muy involucrada en el asunto, y que si quería encontrar respuestas tendría que estudiar el árbol y los registros familiares hasta donde pudiera.
—Y te interesará saber esto —sonrió Heather abriendo uno con sumo cuidado y poniendo su dedo sobre las líneas borrosas de un apenas visible árbol familiar—. Hallé a Niels y a su descendencia. Al parecer el primer Hiccup fue su hijo, el Heredero de la Sangre del Dragón.
Desde que Atali revelara ese detalle se había corrido el rumor y ahora todos lo usaban como si dentro de él estuviera la sangre completamente pura de la Madre. Eso había llenado más de esperanza a los aldeanos que seguían inconformes con el nombramiento de Ruffnut. Toothless lo encontraba entretenido, otra manera de llamarle hermano y asegurarle que era más dragón que humano.
Y por eso necesitaba a Fishlegs. Hiccup tenía un montón de dudas al respecto y su amigo regordete habría sabido manejar la información mejor que él. La posibilidad de perderlo había acechado el corazón de Hiccup, pero trataba de mantener la fe en él. Después de todo Fishlegs Ingerman no era un niño débil, sino un vikingo fuerte y capaz.
—¿Es todo lo que necesitas?
—Sí, eh, gracias, Heather.
—Cuando gustes —dijo ella—. Sabes, tu madre me ha pedido ayuda con los trajes especiales. Astrid se va a poner muy celosa cuando se entere que ayudé a crear algo tan genial. A ella le gustaría estar aquí para eso.
Heather había intentado averiguar sobre el estado actual de su relación. Como amiga íntima de Astrid creía que era su deber estar informada y asegurarse que todo marchaba bien. Hiccup había logrado evadirla varias veces, pero se estaba cansando. No debía explicaciones a nadie sobre lo que había ocurrido entre él y Astrid.
—Ella lo está haciendo realmente bien con las Bog-Burglar —respondió Hiccup con un encogimiento de hombros—. Sabe que hará que te quedes con la boca abierta cuando veas a toda una tribu montando dragones con tanta perfección gracias a su entrenamiento.
—Ah, bonita forma de hacernos competir —le sonrió—. Como sea, ya resolveremos eso en batalla. Apuesto a que machacaré más enemigos que ella. Puedo apostarlo.
—Te mentiría si te dijera que ella perderá, Heather —se rió cuando ella le dio un golpecito amistoso en el brazo—. Ah, ¿por qué las mujeres son tan violentas?
—Bueno, no deberías darnos motivos para golpearte, Hiccup —finalizó Heather para después salir por la puerta.
Suspiró cuando se quedó a solas. Heather tenía un poquito de razón al preocuparse por su noviazgo con Astrid. Hiccup no era tan ciego como todos creían. Se había dado cuenta de cuánto las cosas habían cambiado entre los dos, cómo todo tenía ahora un transfondo de reproches y expectativas por llenar que Hiccup no quería ni discutir. Ser jefe no era para él. Había quedado demostrado muchas veces que su juicio no decidía lo que era mejor para todos, sino lo que le convenía más a él y a sus intereses. A veces, cuando se sentía al límite, Hiccup tenía ganas de dimitir, empacar lo necesario, subir en Toothless y largarse para siempre; dejarle el liderazgo a alguien a quien sí le importara.
"Ugh, mejor no pensar en eso".
Revisó el pergamino que Heather le había dado. Era peor de lo que imaginaba. La letra apenas se entendía y parecían garabatos hechos por un niño pequeño. A Hiccup le tomó más de media hora descifrar los nombres para pasar el árbol genealógico en limpio.
"Niels tuvo un hijo llamado Hiccup", escribió en un nuevo pergamino con su impecable letra. "De lo que sabemos sobre él es que fue un Rey... y se casó con una chica llamado Gunhild. Bien... luego de eso se entiende casi nada. Quizá pueda convencer a Camicazi de que me ayude. Las Bog-Burglar son buenas con estas cosas".
Tan pronto como lo pensó lo desechó. Camicazi no le dirigía la palabra desde que Ruffnut perdió el conocimiento, lo que le molestaba de sobremanera. Otra persona que no se tomaba la situación con seriedad. Y no podía obligarla porque Shadowlight le congelaría el trasero si intentaba acercarse a su jinete.
Hiccup tenía ganas de arrancarse el cabello.
Tenía que encontrar la forma de hacer que le ayudara. Atali podría echarle una mano en ese aspecto.
La puerta volvió a abrirse. Toothless entró dando pasos pesados hasta echarse frente al fuego, aparentemente demasiado cansado para responder al saludo de Hiccup.
—¿Mal día, amigo?
"Tu Padre hacía que Esto se viera fácil", se quejó de las obligaciones que tenía como alfa de una manada grande. A pesar de tener a Cloudjumper y Skullcrusher para ayudarle, era agobiante tratar con tantos dragones a la vez.
—Supongo que sí —dijo Hiccup llevándole una canasta con salmones, los favoritos de Toothless. Cuando el dragón se zambulló en la cesta, Hiccup sonrió ante su apetito—. Tienes que aguantar tres meses más, mi amigo, para que esto sea cosa del pasado.
Toothless estaba demasiado ido en su cena como para notar el súbito cambio en Hiccup.
Ruffnut había dormido en la sala durante los primeros días, pero con lo que pasó ahora lo hacía en la habitación de Stoick. Hiccup había tratado de no acercarse, porque cuando la veía era un recordatorio de que había roto una promesa. Había dicho que lo que sea que pasase, él estaría con ella y le ayudaría en lo que fuera necesario.
Se armó de valor, parándose en el umbral de la habitación iluminada tenuemente con algunas velas.
Ella estaba sobre la cama, vestida con un camisón blanco y cubierta con las mejores pieles que se habían podido conseguir. Su rubio cabello suelto, pero bien peinado gracias a los cuidados de Adelaide, fluía como una cascada dorada por todos lados. Esa imagen lo sobrecogió horriblemente. Ruffnut nunca le había dado esa impresión de vulnerabilidad, de quietud...
Cuando le habían informado a Thuggory sobre esto —no había podido evitarse, Valka y los otros consejeros insistieron en eso—, el mensaje que envió de vuelta había demostrado de nuevo que no había perdido la esperanza de que ella despertara.
"Mi esposa saldrá adelante de esas cosas espirituales y les mostrará por qué fue escogida entre todas".
Desde antes de casarse formalmente, Thuggory ya le otorgaba el respeto y el lugar que tendría cuando lo hicieran. Thuggory había visto en ella más de lo que cualquier persona en Berk, incluido él, había hecho. Snotlout ya se lo había dicho, que Ruffnut no era sólo una loca y estúpida mujer con la inteligencia de una cabra.
Y eso, por un motivo desconocido para él, le estaba empezando a molestar.
—Despierta ya, Ruff —susurró Hiccup desde su sitio—. Tu hermano y Adelaide están preocupados por ti. Todos lo estamos. ¿Recuerdas al Skrill? Mi madre y Gobber lograron salvarlo, aunque le quedarán marcas en la espalda y las alas. Tienes que volver, tengo muchas cosas que contarte...
Hiccup respiró con abatimiento cuando no hubo respuesta. Había sido tonto por esperarla
—Yo también tengo que descansar —se dijo dando la vuelta para ir con Toothless. El impresionante alfa se había quedado dormido sobre el cesto, con un salmón mordisqueado entre los colmillos. Hiccup sonrió enternecido con la escena. Colocó más leña al fuego y se recostó al costado del dragón, reconfortándose en el calor que expedía su escamoso cuerpo.
No le tomó demasiado tiempo quedarse dormido.
Lo despertó el rugido de un trueno en medio de la noche. Una tormenta inesperada había comenzado, lo que no era tan preocupante considerando las mejoras a la estructura de las chozas del pueblo. Toothless también se había despertado, odiando que interrumpieran su tan merecido descanso. El frío viento interrumpió dentro, apagando el fuego y dejándolos a oscuras.
La puerta estaba abierta.
No se suponía que debiera estarlo.
Hiccup tuvo un mal presentimiento. Se movilizó tan aprisa como pudo, primero yendo a la habitación donde Ruffnut dormía... sus ojos se abrieron de golpe cuando no la encontró. Hiccup se apresuró hacia la salida con Toothless siguiéndole de cerca. La lluvia caía intempestivamente dificultando la visibilidad, pero Hiccup pudo detectarla cuando la luz de una relámpago iluminó el firmamento.
Ruffnut caminaba por la plaza central.
—¡Ruffnut! —gritó Hiccup, su voz ahogada por los sonidos de la tormenta.
Sin importarle nada se precipitó hacia ella para detenerla. Ni siquiera le importó averiguar qué era lo que la había despertado. Cuando estuvo a unos pasos de ella, se detuvo. La lluvía que con tanta rapidez lo empapó de pies a cabeza, a ella la evitaba como si hubiera una barrera circular alrededor.
—Puedo verlo —pronunció Ruffnut con un tono ansioso, mirando insistentemente hacia un punto particular—, allá voy... allá voy... puedo verlas...
Y para total sorpresa de Hiccup se puso a decir un nombre tras otro. Nombres de mujer. Alejándose de él, Ruffnut se abrió paso mientras líneas brillantes pintaban su piel, sobresaliendo de la tela de su camisón. Esferas de distintos colores aparecieron a su alrededor, las azules manteniéndose cerca de ella y las rojas brincando de un lado a otro.
Entonces, Hiccup pudo escucharla.
No fue como el sonido de su alma que todos escucharon en la cueva, ni siquiera como cuando Ruffnut cantó al volar con Wingnut. Porque esto era a lo que Atali se había referido con alinear lo físico con lo espiritual.
Ruffnut y su alma estaban cantando al unísono.
Y el ruido de la tormenta pasó a segundo plano para él ante la voz más hermosa que había escuchado en su vida.
A Hiccup le tomó tiempo reaccionar para ver que ella continuaba caminando, parecía dirigirse hacia el muelle. Lo que sí no le tomó demasiado pensar era que debía seguirla. Regresó rápido a su cabaña, agarrando lo que necesitaría (el equipo especial para proteger su prótesis de metal y el arnés de Toothless en la tormenta) y dejando una nota tan detallada como pudo sobre lo que había pasado. Confiaba en que Atali convencería a todos de mantener la calma hasta que volvieran.
Hiccup tomó una gruesa capa y salió montando a su dragón.
La encontró, como había deducido, en el muelle. Justo al final del camino de madera. Sin embargo, Ruffnut no cayó al agua. Sus pies no rompieron la superficie, por lo que comenzó a caminar como si hubiera tenido siempre esa habilidad.
—Bien, supongo que debemos seguirla, amigo.
Toothless asintió con determinación, alzando el vuelo, manteniendo una distancia adecuada, observando como el agitado mar parecía calmarse un poco cuando ella pasaba sobre él.
No fue un viaje sencillo. Cinco días enteros pasaron con lentitud en lo que Hiccup y Toothless la mantuvieron vigilada... aunque habían descubierto que algunos dragones se acercaban para protegerla, dándoles la oportunidad de descansar, comer o hacer sus necesidades en alguna isla cercana.
Hiccup había intentado hablar con ella, pero parecía en trance. Las marcas en su cuerpo continuaban brillando, así que él había aprovechado para registrarlo en un cuaderno, dibujándola en todos los ángulos posibles.
A la mañana del sexto día, justo cuando Hiccup comenzaba a pensar que no llegarían a ningún lado, sus expectativas fueron rebasadas con la aparición de una isla en el horizonte. Revisó los mapas que había traído, calculando el lugar a dónde estarían por esas latitudes... le intrigó descubrir que esa isla no aparecía, lo que era extraño. Él había actualizado los mapas con las indicaciones de su madre, ella conocía muchas islas dentro y fuera del archipiélago.
Y Ruffnut se dirigía hacia allá.
—Bien, amigo, parece que por fin sabremos qué está sucendiendo —dijo Hiccup a Toothless, que pronto se animó ante la posibilidad de permanecer más de un par de horas en tierra firme—. Sólo espero que no sea una trampa.
Supongo que esto se pone interesante. Sinceramente creo que de todos los líderes de tribus, Atali es la mejor. Es madura, inteligente y bastante buena en lo que hace, así que la puse como la más centrada aquí. Queda claro que Mala sobrestimó su papel, porque se supone que ellos son los protectores de la voz no sus guías.
Corté un fragmento que pondré en el siguiente capítulo. Evidentemente es la explicación del cómo y por qué Ruffnut logró despertar. Como dato curioso, ella no ha sido la chica que más se ha tardado en hacerlo, pero tampoco la más rápida en conseguirlo.
Ahora si me permiten contestaré sus review:
Oveja Salvaje: Yo también estoy comenzando a darle más importancia al Thuggory/Ruffnut. No sé, formaron una dinámica tal que realmente me gusta, pero esto es Ruffcup, así que no importa cuanto me esté gustando, eso no va a cambiar. En el siguiente capítulo sabremos más sobre los demás personajes. Saludos.
Amantedelacomida: Yo también creo que Dagur tiene mucho potencial. La leyenda de los Gemelos Separados tiene mucho que ver con la pareja principal, en el sentido que revela parte del destino final que tendrán. Ruff merece todo el amor del mundo, por eso hago que todos los chicos mueran por ella xD jajaja. La tregua entre ella y Hiccup queda pendiente, aunque quizás eso se resuleva en el siguiente capítulo donde ya veremos cómo él actúa hacia este nuevo descubrimiento. La Skrill se encuentra bien y pronto la podremos ver en acción. El romance lento es el mejor, pero me agradó escribir sobre la preocupación de Hiccup por Ruffnut, de cómo se da cuenta que no sabe cómo ayudarle porque ella realmente es un personaje independiente. Bueno, espero le des chance a este nuevo capítulo. Nos leemos.
Esparro Man: Ay, hombre, qué ganas de hablar tu idioma para responderte como se debe, pero lamentablemente soy pésima en ese aspecto, así que supongo que tendrás que conformarte con mi respuesta en castellano. Muchas gracias por tu review, realmente comparto algunas de tus ideas respecto a Hiccup y Ruffnut y me alegro que te haya gustado mi fanfic. Espero leas este capítulo también porque sería bueno recibir otro comentario tuyo :)
