—¡No puedes traer a un niño como si fuera un cachorro! —se escucha a una exaltada Wen Qing. Tal como esperaba al salir, Wen Qing lo mira con desaprobación cuando llega nuevamente a los túmulos funerarios. El lado bueno, es que ya no se quejaba por haber cambiado los nabos por papas, se había concentrado perfectamente en el niño que había traído consigo.

—¡No es un cachorro, los cachorros se convierten en perros feroces luego! —refuta Wei Ying, solo pensar en perros le pone los pelos de punta. Wēn Qing no sabe esto, y Wei WuXian prefiere que solo Wen Ning esté al tanto, por ahora.

—Apenas podemos mantenernos, ¿Cómo alimentaremos una boca más? —susurra esta vez más discreta, sin embargo, los ecos de la cueva hacen que su voz resuene más de lo deseado.

—¿Qué es una boca más cuando tenemos 40? —devuelve de igual manera Wei WuXian —, además, no es como si simplemente pudiera retractarme, y tampoco quiero hacerlo.

—¡Pues hay que cosechar y sembrar mejor esas malditas papas! ¡Si hubieras dejado los nabos, sería más próspero y tendríamos un ingreso más fijo todo el año! —Wei WuXian se encoge en su lugar, pensó que tal vez ella habría olvidado ese asunto, pero ahora le toca recibir todo un sermón al respecto.

Wen Qing se había quedado fría al ver que regresaron 3 personas, entonces miró a su hermano y en seguida pidió hablar a solas con Wei Ying. Más que molesta por la presencia del nuevo integrante, le molestaba el hecho de que Wei WuXian hacía lo que quería sin preguntar, como siempre. Realmente no le importaba que fuera solo su discusión sobre papas y nabos, ¡Pero una persona no se compara con papas y nabos! ¡Esto era otro nivel!

Por fuera de la cueva, cerca del pequeño estanque fangoso y los campos de tierra que algún día servirían de cultivo, el pequeño Xue Yang observa la entrada de la cueva donde descansa el demonio, y se pregunta si aquella mujer le dirá al patriarca de Yiling que aquel bastardo asqueroso que es él no podría quedarse bajo ninguna circunstancia. Si ese era el caso, ¿Que hacerle? Igual que con el viejo panadero Pei, seguramente la dama era quien ponía las reglas en la casa.

Es su culpa por pensar que algo así sería en serio y tan simple. Que realmente haya personas que lo ayuden cuando ni siquiera le conocen bien. En este mundo no existen personas tan buenas, y es algo que ha aprendido a lo largo de los años, no puedes confiar en nadie, el único que te puede proteger eres tú mismo, y lo más importante que debes contemplar eres tú y tu supervivencia. Si había alguien más, déjalo morir para salvarte tú.

Había aprendido eso muchas veces, ¿Cuántos niños de la calle no se había encontrado? ¿Cuántas veces no lo dejaron atrás o le robaron lo poco que tenía para comer? ¿Cuántas veces no lo traicionaron para salvar su pellejo? Estaba cansado de ser un niño estúpido que creía en lo que los demás decían.

Odia tener esa esperanza, se odia a sí mismo por ser ingenuo. Tiene ganas de patear una piedra o algo, descargarse en algún objeto simplemente, sin embargo, su pierna no puede moverse y la siente más pesada que hace un segundo.

Cuando mira en dirección hacia su propia pierna, se sobresalta al notar que hay algo más ahí, eso que hacía que su pierna pesara más, era un niño pequeño, tal vez de uno años, que se aferra a su pierna mientras lo mira con sus grandes ojos grises, aunque reconoce está un poco más delgado que un niño promedio, sus mejillas aún siguen siendo redondas como un bollo al vapor, sus ojos brillantes lo observan con entusiasmo.

—¿Eres el nuevo hermano de A-Yuan? —pregunta el chiquillo, con su mejilla apoyándose sobre Xue Yang, siente como este le mira impaciente, balanceándose sobre sus talones, para luego dejarse caer de cuclillas sobre su pie —El hermano pobre dijo que si me portaba bien iban a crecer hermanos para A-Yuan.

Xuē Yáng no entendía a qué se refería, suponía que como era un niño pequeño no sabía qué era exactamente lo que decía. Xuē Yáng no sabe cómo responderle, sinceramente no es que haya convivido con niños tan pequeños, por lo general, en Yueyang él era el menor de la pandilla de ratas callejeras que le hacían la vida imposible a los comerciantes.

—¡Veo que le caes bien! —está tan desconcertado por el niño, que no nota cuando el Patriarca de Yiling y la señora que frunce el ceño han salido. Ahora la señora del ceño fruncido realmente no tiene el ceño fruncido, su rostro se ve más suave, y ahora que la mira bien, es una mujer bastante hermosa —, Cuando le agradas a A-Yuan se va a aferrar a tu pierna y jamás te soltará —se ríe el patriarca, mientras revuelve los cabellos del niño más pequeño, aún aferrado a él.

—Hermano pobre, ¿Este hermanito ha crecido para A-Yuan? ¡Prometo que lo cuidaré, le dará el Sol y agua para que crezca muy alto! —habla el niño, frotando su mejilla contra la pierna del nuevo integrante. Wei WuXian suelta una fuerte risa, y la mujer bonita suspira y baja hasta el niño.

—Él necesitará más que eso para vivir aquí, ¿vas a cuidar bien de tu nuevo hermano?

Cuando la escucha decir esto, Xue Yang siente algo pesado en su estómago, no creía que la mujer bonita realmente lo dejara quedarse, creía que después de esa discusión lo sacarían a patadas usando al general fantasma y tendría que emprender un largo viaje a Yueyang por su cuenta. Cuando el niño más pequeño también escucha que se quedará, lo suelta y comienza a dar saltos de emoción, asintiendo tan fuerte con la cabeza, que Xue Yang se preocupa un poco de que su cráneo siga pegado a su cuerpo una vez que se detenga.

El pequeño ladrón mira al feroz patriarca de Yiling, este le sonríe y le lanza un pequeño guiño. Xuē Yáng a lo largo de unos meses, ha escuchado un sin fin de cosas, cosas horribles sobre aquel mítico hombre que es el Patriarca. Un cultivador joven que desvió su camino a las artes oscuras, que había juntado un ejército de cultivadores para formar su propia secta demoníaca que atentaría con la integridad de las otras sectas, había escuchado sobre miles de ritos innombrables que usaban almas de niños y sangre de mujeres vírgenes, de crímenes atroces y actos irremisibles. Todo esto ahora se escuchaba realmente como una estupidez, porque la persona que todos decían era la peor del mundo, es la única que le ha extendido una mano, sonriéndole de aquella manera tan radiante.

Xuē Yáng no se da cuenta de en qué momento sus ojos se sienten húmedos, pero no derrama una sola lágrima, odia llorar, le recuerda lo patéticos que se escucharon alguna vez sus gritos de dolor. Así que no llora y solo asiente. No escucha muy bien lo que le dicen, está demasiado conmocionado, pero sabe que le están dando instrucciones para saber en qué lugar dormirá a partir de ahora, comúnmente a qué hora comen y que tendría que ayudar con los campos de cultivo.

No le importa lo que tenga que hacer, Xue Yang no podría pedir más, porque desde la fondo de su pecho siente una felicidad que nunca antes había experimentado. El pequeño A-Yuan comienza a decirle todo lo que jugarán juntos, y Xue Yang apenas y concibe el hecho de que apenas y sabe algunos pocos juegos, pero está bien, tendrá tiempo para aprender. Solo esperaba que esto fuera eterno.